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Escucha este dato. Uno de cada cinco adolescentes en el mundo se autolesionó alguna vez. Se cortó, se quemó, se golpeó. No como un intento de quitarse la vida, más como una forma desesperada de manejar un dolor emocional que no sabe cómo procesar. Hay una probabilidad real de que esto le esté pasando a alguien que conocés, a un hijo, un sobrino, un alumno.
Y hay más. Depresión récord, ansiedad récord. La primera caída del coeficiente intelectual en toda [música] la historia, en todos los países al mismo tiempo. Somos los conejillos de indias del experimento psicológico más grande de la historia. Nadie nos preguntó si queríamos ser parte. Nadie se preocupó por los posibles daños [música] y las reglas las estamos descubriendo sobre la marcha. Algunos expertos advirtieron que el impacto podía ser muy negativo. Bueno, los resultados están empezando a llegar. [música] Y los efectos, los efectos son mucho peores de lo que pensábamos. Los efectos son mucho peores de lo que pensábamos. Soy Santiago Vilquis [música] y esto es futuro en construcción. Este episodio fue posible gracias a personal BBVA.
Parte uno, una generación en crisis. Si el dato de las autolesiones te impactó tanto como a mí, ese no es el único problema. También uno de cada tres chicos en el mundo ha sido víctima de bullying en las redes y uno de cada cuatro recibió alguna forma de solicitud sexual online antes de los 18. El resultado es desolador. En Latinoamérica, casi la mitad de los jóvenes de 18 a 24 vive con tristeza o ansiedad persistente, al punto de ser funcionalmente debilitante. Y otro estudio muestra que la probabilidad de que se sientan así aumenta cuanto más uso de redes hagan. Lo más loco es que las cifras son similares en todas partes del mundo. Es un fenómeno global y arrancó en todos lados al mismo tiempo.
A principio de la década de 2010, miles de millones de personas dejamos nuestro viejo Nokia 1100 o nuestra BlackBerry y adoptamos el smartphone. Y como contamos en el video anterior sobre las redes sociales, eso cambió todo. La amistad, las citas, el sueño, la sexualidad, la autoestima, la identidad, [música] el ejercicio, la política, todo. Pero la pregunta importante respecto de los chicos es, ¿qué es lo que las pantallas reemplazan en la infancia? Porque resulta que los chicos usan una herramienta increíble para construir su cerebro, una que viene funcionando hace cientos de miles de años y que estamos apagando sin darnos cuenta cada vez que les ponemos un celular en la mano. Esa herramienta se llama juego.
Cuando un nene se trepa un árbol, no está perdiendo el tiempo, está calibrando el riesgo, está entrenando [música] equilibrio, está sintiendo miedo y aprendiendo que puede superarlo. Todos los que crecimos en los 80 tenemos alguna cicatriz en la pera o alguna ceja rota. producto de algún experimento que salió mal por riesgo mal calibrado. El juego es el mecanismo principal para que los chicos aprendan a resolver problemas, controlar impulsos y regular emociones. Es fundamental para moldear nuestros cerebros. Pero en las últimas décadas, por muchas razones, la inseguridad real, el miedo amplificado por los medios, la sobrecarga de actividades escolares, fuimos sacando a los chicos de la calle y su tiempo se fue. Primero la tele, después a la computadora y ahora el teléfono.
¿Querés escuchar algo tremendo? Fau Schwartz era la juguetería más famosa del mundo. Quedaba en Nueva York, en un local enorme en la esquina del Central Park. Si viste a Tom Hanks en la peli quisiera ser grande, seguro te acordás de la escena del piano gigante. [música] Bueno, después de 153 años, en 2015, ese local icónico cerró y sabes que abrió en su lugar, no se me ocurre una ironía más completa. Un Apple Store. No es que los chicos estén jugando menos, es que están jugando algo distinto. Y cuando cambias el tipo de juego, cambia el tipo de cerebro que se forma, pero lo peor no es lo que perdieron, es lo que ganaron a cambio.
Parte dos. La trampa del plato sin fondo. Escucha este experimento. A un grupo de personas les dieron sopa para comer, pero había una trampa. A la mitad les dieron un plato que sin que se enteraran, se rellenaba solo por el fondo. Vos comías y comías y el plato siempre tenía un poco más de sopa. ¿Cuánto más comieron los del plato trucado? 73% más. Pero lo más loco es esto. Estaban completamente [música] convencidos de haber comido lo mismo que los demás.
Cuando leíamos el diario en papel, llegaba un momento en que el texto se terminaba. [música] Cuando veíamos la tele, nuestro programa favorito se acababa y había que esperar una semana para ver el siguiente capítulo. Aunque quisieras seguir, no podías. Pero ahora las redes te ofrecen contenido infinito. Siempre hay un poco más de sopa en el plato. Siempre hay una dosis extra de dopamina esperándonos. Y frenar depende de nosotros y no nos está yendo bien, pero es más difícil todavía para los jóvenes.
Se supone que las noches son para descansar, pero muchos chicos están en la cama con el teléfono, luz apagada, pantalla prendida, un video corto, después otro, no hay cierre. Y más teléfono a la noche son menos horas de sueño. [música] Dormir poco a esa edad no es solo bostezar, es estar más irritable, más impulsivo, [música] más vulnerable. Después un el despertador, el chico sale a su día sin haber dormido lo que necesita y a lo largo de ese día va a recibir 237 notificaciones diarias [música] en promedio. Si cada una de esas notificaciones fuera una persona tocándote el hombro, ya le hubieras pedido una orden de restricción al teléfono.
El cerebro joven, que todavía está en construcción, se acostumbra a la interrupción constante y a la recompensa instantánea. No puede no tenerla. Y así el día termina. El chico vuelve a su cuarto, hay un feed infinito esperándolo, se acuesta con el teléfono y el loop empieza de nuevo al otro día. Ahora hay un grupo muy reducido de chicos que viven afuera de ese loop. Seguro ya lo escuchaste. Los hijos de los que construyen las pantallas y las redes. Tim Cook, el SEO de Apple, declaró que no deja que su sobrino use redes sociales. Bill Gates no le dio celular a sus hijos hasta pasados los 14. Steve Jobs no dejaba que sus hijos usaran iPads. Cuando los que fabrican el producto no se lo dan a sus propios hijos, algo nos debería hacer ruido.
Yo vivo este problema desde adentro. Tengo tres hijos. Me dedico a estudiar estas cosas. Escribí un libro sobre el tema [música] y aún así la batalla con las pantallas en mi casa es diaria y pierdo más de las que gano. Al final en [música] el bonus track te cuento una que me dolió. Pero si estás pensando, bueno, esto es un problema de los adolescentes, yo ya estoy grande, tengo malas noticias. Tengo malas noticias.
Parte tres. [música] Los adultos también estamos rotos. Hasta que hablamos de los chicos. Pero seamos honestos un momento. ¿Cuántas veces agarraste el teléfono hoy sin saber bien para qué? ¿Cuántas veces ibas a ver la hora y terminaste 10 minutos después en Instagram sin entender cómo llegaste ahí? Pensalo en tu propia vida. Parás en un semáforo. ¿Qué haces? Mano al bolsillo. Estás en la fila del supermercado. Tres personas adelante. ¿Qué haces? Mano al bolsillo. ¿Te levantas al baño en la mitad de la noche? ¿Qué haces? Miras [música] el celular en la mesita de luz. Antes de que pase un instante sin estímulo, ya lo llenamos. Y si hace falta, inventamos estímulos hasta cuando no los hay.
¿Te pasó alguna vez sentir que el celular te vibró en el bolsillo, sacarlo [música] y ver que no había pasado nada? Eso se llama síndrome de vibración fantasma [música] y le pasa a casi nueve de cada 10 personas. Nuestro cerebro está tan pendiente del teléfono [música] que inventa señales que no existen. Ahora te quiero proponer algo raro. Quiero que pares. Me voy a quedar en silencio 30 segundos. El desafío es que no adelantes el video, [música] no revises notificaciones, solo quédate acá conmigo, con vos, sin estímulo. 30 segundos. Vamos. Eh, vamos bien, ya falta poco. tiempo. Gracias, chicos. Bueno, felicitaciones. Si seguís ahí y no te fuiste del video, acabas de hacer algo que la mayoría no puede. Y si no pudiste, si tocaste el celular o adelantaste el video, eso también es información importante. Tu cerebro acaba de mostrarte en tiempo real hasta qué punto depende de que algo lo estimule, pero la cosa es peor de lo que pensás.
Adrian Ward, investigador de la Universidad de Texas, le pidió a personas que hicieran un test de concentración. A unos le dijo que dejaran el celular en otra habitación y a otros que lo pusieran boca abajo sobre la mesa. El resultado fue sorprendente. Los que tenían el teléfono en la misma sala rindieron peor. Aunque estuviera con la pantalla para abajo, aunque no lo tocaran, la sola presencia del aparato le consume recursos al cerebro. Es como tener a tu exa, no hace falta que le hables para que te arruine la noche. ¿Sabes por qué las mejores ideas se te ocurren en la ducha? Porque es uno de los últimos lugares donde no llevas el teléfono. Tu cerebro por fin tiene un rato sin estímulo y hace lo que sabe hacer cuando lo dejan en paz pensar. Pero esos espacios son cada vez más escasos. [música]
La tensión funciona como un músculo. Lo que ejercitas se fortalece. Lo que dejas de usar se atrofia. Estamos constantemente [música] entrenando el cerebro para lo fácil, para lo breve, para lo inmediato. Un cálculo reciente estimó que los estudiantes de hoy van a pasar 25 años de su vida escroleando. [música] 25 años de su vida escroleando. 25 años. Hace más de 15 años, en un emblemático libro llamado Superficiales, Nicolas Cartaba si el uso de internet iba a volvernos más estúpidos. Acá también empiezan a aparecer los primeros datos científicos y los resultados son espeluznantes.
Parte cuatro. Nos estamos volviendo más tontos. Desde que empezamos a medir la inteligencia hace poco más de un siglo, cada generación fue un poco más capaz que la anterior. Durante todo el siglo XX, el coeficiente intelectual promedio subía tres puntos por década. como un reloj. Los expertos lo llamaron efecto fln por el investigador neozelandés que lo descubrió. 30 puntos en 100 años. Eso es enorme. Una persona promedio de hoy, trasladada en 1920 hubiera sido considerada superdotada. No porque tuviéramos más potencial que los que habían nacido antes, sino porque la educación universal, la mejor [música] alimentación y un mundo cada vez más complejo desarrollaron en nosotros otras capacidades. O sea, que si pudieras viajar en el tiempo, serías el más inteligente del barrio. Disfruto, porque lo que viene no es tan lindo.
Durante un siglo, el coeficiente intelectual aumentó sin parar. Hasta ahora, investigadores de Northwestern University analizaron 400,000 test de inteligencia de [música] los últimos 20 años y la tendencia es clara. caídas en razonamiento abstracto, en reconocimiento de patrones, en resolución de problemas verbales, sin importar la edad, el género [música] o el nivel educativo. 100 años de ascenso sostenido y en poco más de una década la curva se vino abajo. En Noruega otro estudio descubrió algo loco. Entre hermanos, los menores rendían peor que los mayores. Mismos padres, misma casa, misma genética. Lo que cambió fue el mundo en el que crecieron.
Acá hay un debate legítimo. ¿Las pantallas son la causa de todo esto o simplemente las dos cosas pasaron al mismo tiempo? Y en eso no todos los expertos están de acuerdo. Una revisión en Nature afirma que no podemos confirmar la causalidad todavía. Son argumentos serios, pero hay algo que no se responde fácilmente. ¿Por qué la crisis apareció al mismo tiempo en todo el mundo, en países tan distintos como Estados Unidos, Noruega o Argentina? Y hay algo más que refuerza esa sospecha. Documentos internos de la propia meta revelaron que sabían que sus plataformas causaban estos efectos nocivos sobre la salud mental. Lo midieron, lo documentaron y priorizaron el crecimiento. No fue un accidente, no fue un error, [música] fue una decisión de negocio.
Estamos ante la posibilidad concreta de estar criando a la primera generación de chicos con una capacidad intelectual menor a la de sus padres. Vivec Merty, el anterior cirujano general de Estados Unidos, lo planteó así: "En caso de emergencia, no te puedes dar el lujo de esperar a tener la información perfecta. Pensalo como un incendio. Tal vez no sepas exactamente qué lo provocó, pero si tu casa se está prendiendo fuego, no te quedas sentado discutiendo la causa. Agarrass el matafuegos y sabes qué, el matafuegos ya existe y está empezando a funcionar.
Parte cinco. La rebelión ya empezó. Cuando hace más de 10 años escribí mi primer libro, Pasaje al futuro, mi postura era muy a favor de incluir tecnología en las escuelas. 5 años después, cuando publiqué guía para sobrevivir al presente, mi postura se había vuelto un poco más preocupada. Introducir un aparato diseñado para ser adictivo en el aula quizá no era tan buena idea. Después de todo, hoy la tendencia va completamente en la dirección contraria.
En los últimos años, colegios de todo el mundo empezaron a hacer algo simple radical. Sacar los teléfonos del horario escolar. Más de 30 estados de Estados Unidos y cuatro de cada 10 países del mundo ya adoptaron o propusieron políticas en esta dirección. Y sabes qué, parece que funcionan muchísimo. Un estudio con 17,000 estudiantes midió qué pasaba cuando los celulares se dejaban lejos de las aulas. mejores notas, especialmente entre los alumnos más rezagados, menos interrupciones, más concentración y los propios estudiantes después de experimentarlo se volvieron más favorables a la prohibición. Pero lo mejor, no se miden cifras. Según muchos profesores, lo mejor es que se volvieron a oír las risas de los chicos en los pasillos, chicos hablando entre ellos en vez de mirar cada uno su pantalla.
Y hay un estudio todavía más fuerte. En [música] 2024, Sara Abramson analizó el efecto de prohibir los celulares en las escuelas de Noruega, en las que implementaron la medida. Las chicas necesitaron un 60% menos de tensión psicológica y el bullying cayó un 46%. El movimiento no para. Australia fue el primer país en imponer por ley edades mínimas para abrir cuentas en redes sociales. España, Francia y Reino Unido, entre [música] muchos otros, están haciendo lo mismo. Estamos poniendo límite de edad a un producto digital, como si lo ponemos al alcohol o al tabaco. ¿Por qué tendría que ser [música] distinto con las redes?
Y hay un dato que me da más esperanza que cualquier ley. En un estudio de 2025 le pidieron a [música] 467 adultos que bloquearan internet en el celular durante dos semanas. El 91% mejoró en al menos un indicador: bienestar, salud mental o capacidad de atención. Y la reducción de síntomas depresivos fue mayor que la de muchos antidepresivos. Ojo, esto no significa que alguien que necesita medicación deba dejarla, pero sí significa que desconectarse tiene un impacto real y medible. Esto es reversible y sí, las leyes van a ayudar. Las escuelas ya están ayudando, pero ni las leyes ni las escuelas van a entrar a tu casa [música] para que uses mejor el tiempo. Eso solo lo puedes hacer vos. Y esto incluye lo que elegís mirar, compartir y hacer con tu tiempo en las redes. Porque el mismo algoritmo que puede atraparte también puede hacerte pensar. Depende de qué le enseñes [música] que te gusta. Depende de qué le enseñes que te gusta.
Parte final. Lo que tu yo de 85 años ya sabe. Fíjate qué loco. Durante casi toda la historia el problema de la humanidad fue la escasez. Poca comida, poco abrigo, poca información. Sobrevivir dependía de conseguir más. El siglo XXI cambió las reglas sin avisarnos. Hoy el problema no es la falta, es el exceso. Y nuestros cerebros que evolucionaron para un mundo de carencia no saben funcionar en un mundo de abundancia infinita. Cuando todo está disponible todo el tiempo, el verdadero lujo ya no es el acceso, es el filtro y tu atención es el recurso más valioso que tenés, más que el dinero, más que el tiempo, porque sin atención el tiempo se escurre sin dejar huella.
Cerrá los ojos un segundo. Imaginá que tenés 85 [música] años, estás sentado en algún lugar tranquilo, puede ser un jardín, un balcón, una plaza, no importa. Lo que importa es que estás mirando para atrás, [música] repasando la película de tu vida. ¿Qué escenas te vienen a la mente? Seguramente ninguna, incluso un teléfono. No vas a recordar ese video viral que te hizo reír, ni ese tweet que te indignó, ni las horas que pasaste croleando en incontables noches que ya se borraron de tu memoria. Lo que vas a recordar son las personas, las conversaciones que se fueron por las ramas hasta lugares inesperados. los silencios [música] cómodos con alguien querido, las veces que estuviste realmente ahí mirando a los ojos, no a una pantalla. Y seguramente vas a lamentar las otras las veces que tu cuerpo estaba presente, pero tu atención estaba en otra parte. Los momentos que se escurrieron porque tu cuerpo estaba ahí, pero tu cabeza y tu corazón no. El teléfono no solo nos roba el tiempo, nos roba la presencia, la posibilidad real de estar donde realmente estamos.
¿Te acuerdas lo que te dije sobre la ducha? [música] ¿Que es uno de los últimos lugares donde no llevas el teléfono y por eso se te ocurren las mejores ideas? Bueno, resulta que toda tu vida podría funcionar así. Si querés más ideas, solo necesitas dejar más espacio para que aparezcan. [música] El experimento sigue corriendo. Nadie nos preguntó si queríamos ser sujetos, pero ahora que sabemos que estamos adentro, la única pregunta que importa es, ¿qué vas a hacer con esa información? Tu yo de 85 años ya sabe la respuesta. La pregunta es si vas a escucharlo ahora o si vas a esperar hasta que sea tarde para darle la razón. O si vas a esperarte a que sea tarde para darle.
Bonus track, dos historias personales. Quiero terminar contándote dos cosas que me pasaron hace un tiempo. En la primera fui espectador y en la segunda protagonista. Estaba sentado en un bar y en otra mesa había una mujer con su hijo que debía tener unos 5 [música] años. Ella estaba totalmente capturada por su celular y mientras el nene la miraba, otro chico tal vez hubiera hecho lío para llamar su atención, pero este nene no. Esperó un buen rato, se levantó de la silla, se paró atrás de ella y empezó a acariciarle el pelo. Se quedó acariciándola varios minutos y ella en ningún momento se dio cuenta de lo que estaba pasando. Me asaltó la pregunta, ¿cuántas veces habría estado yo en la misma situación con mis hijos? Sin tampoco darme cuenta.
Y finalmente el día me llegó. Estaba concentrado trabajando en la computadora y uno de mis hijos me dice, "Pa, ¿qué pasa?", le dije mientras seguía enfocado en lo mío. "Papá, escúchame. Te estoy escuchando." Y ahí me contestó, "No, escúchame con los ojos. Me mató." Quedaba confirmado que yo también era la mujer del bar. Y probablemente vos lo seas también, más seguido de lo que pensás. Si tenés un hijo adolescente, hac la cuenta. ¿Cuántas cenas te quedan antes de que se vaya de casa? Ponle que sean 2000, pero si en la [música] mitad hay un celular en la mesa, te quedan 1000. Y si en la mitad de las que quedan alguien tiene la cabeza en otro lado, te quedan 500. [música] El número se achica muy rápido desde ese día, todas las noches trato de que nadie lleve el celular a la mesa y la verdad que no me va muy bien que digamos, pero sigo intentando conmigo y con los demás porque hay batallas que hay que dar para estar presentes y aunque perdamos muchas hay que seguir peleando. Y aunque perdamos muchas, hay que seguir peleando.