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Miércoles VII Pascua 2026

Padre Eugenio Fernández Herrera10:46

Transcription

En aquel tiempo, levantando los ojos al cielo, oró Jesús diciendo, "Padre santo, guárdalos en tu nombre a los que me has dado, para que sean uno como nosotros."

Cuando estaba con ellos, yo guardaba en tu nombre a los que me diste y los custodiaba, y ninguno se perdió, sino el hijo de la perdición para que se cumpliera la escritura. Ahora voy a ti y digo esto en el mundo para que tengan en sí mismos mi alegría cumplida. Yo les he dado tu palabra y el mundo los ha odiado porque no son del mundo, como tampoco yo soy del mundo. No ruego que los retires del mundo, sino que los guardes del maligno. No son del mundo, como tampoco yo soy del mundo. Santifícalos en la verdad. Tu palabra es la verdad. Como tú me enviaste al mundo, así yo los envío también al mundo y por ellos yo me santifico a mí mismo, para que también ellos sean santificados en la verdad. Palabra del Señor.

Nos podemos sentar, hermanos. Esta última semana el Señor nos da unas palabras preciosas, viene a ayudarnos, a darnos el último empujón, hermanos, en esta Pascua para poder llegar a Pentecostés, pues, con la alegría de recibir el Espíritu Santo. Me impresionaba hoy el salmo, que es también el el es el que hemos estado haciendo estos días, ¿te acuerdas lo que decía la antífona del salmo? Reyes de la tierra, cantad a Dios. Digo que me impresionaba porque este salmo no se refiere al rey Felipe VI, ni al presidente de gobierno, ni a los que eh gobiernan las naciones. Reyes de la tierra somos tú y yo también. Y el salmo nos está invitando quizá a a dejar nuestras posiciones de de poder para humillarnos y poder cantar al Señor. Cantad a Dios. Todos, hermanos, todos somos reyes en alguna cosa, en algún lugar. En alguna situación reinamos, en alguna situación tenemos poder sobre otras personas o y luego también está referido eh a que hemos sido llamados a ser reyes desde el bautismo. Todos nosotros, sacerdotes, profetas y reyes. Reyes porque estamos llamados a reinar, es otro aspecto, a reinar sobre nuestras pasiones, por ejemplo, sobre nuestras concupiscencias y sobre nuestras eh realidades que a veces nos dominan, ¿no? Esas realidades no están llamadas a dominarnos a nosotros, sino nosotros como reyes en cuanto a Cristo, que es el verdadero rey del mundo, poder dominar esa esas realidades.

Bueno, me me llamaba la atención porque al final, hermanos, todo nos lleva a lo mismo, a poder ser cristianos. Poder ser cristianos, no ser no ser unos fariseos. Aquí es una de dos. O eres un fariseo o eres un publicano que busca la misericordia y el amor de Dios y lo encuentra. Y el fariseo no lo encuentra porque no lo busca, porque no cree que lo necesite. Y allí está el punto, hermanos. Por eso el Señor hoy, fijaros qué bonito, hoy Cristo reza, ora a su Padre por nosotros. Cristo orando a su padre por nosotros, dice, levantando los ojos al cielo, oró Jesús. Oró Jesús diciendo, "Padre, guárdalos en tu nombre. Te pido por ellos para que sean santos." O sea, Cristo hoy está pidiendo para que tú y yo seamos santos. Fíjate qué bonito es esto. Este evangelio es preciosísimo. Dice, "Santifícalos en la verdad." En la verdad. La verdad es el amor. Santifícalos en la verdad. Por eso, amaos como yo os he amado, santifícalos en la verdad. El Señor les dice el mandamiento cuál es, pero sabe que somos, sabe que son eh débiles los discípulos saben que sabe que somos débiles nosotros. Y por eso, después de decirles el mandato del amor, le pide al Padre que les ayude a vivirlo. Por eso dice, "Estáis en el mundo, pero no sois del mundo y no os retiro del mundo." Es una oración preciosísima que ojalá hoy o en estos días puedas volver sobre ella y rumearla un poquito, como hacen las vacas, rumear, rumear la palabra del Señor.

El mundo los ha odiado porque no son del mundo. El mundo odia lo que no es el mundo. Pregúntate si oyo a ti, el mundo te odia. El mundo, el mundo odia a Cristo. Y por lo tanto, si tú y yo somos cristianos, el mundo nos odia. Nos odia y nos va a buscar la caída y hacer el mal constantemente. Va a buscar que caigamos, va a buscar hablar mal de nosotros, va a buscar siempre intentar destruirnos. Porque nos odia el mundo. Cuando digo el mundo, a ver, no me refiero todo lo que está fuera de la iglesia. No, no, no. El mundo donde el príncipe es el demonio.

Y luego, hermanos, no solo es bonito ver a Jesús orando por nosotros, sino que nos invita a ser santos. ¿Qué es ser santo? Yo no sé si tú eres consciente de que has sido llamado a ser santo. Y te digo más y me lo digo hoy a mí también. Si muero o si mueres sin ser santo, ha sido un fracaso tu vida. Tú no puedes morir sin ser santo. Es necesario que seas santo. El Señor te ha llamado a eso para que seas feliz, entre otras cosas. No eres feliz si no eres santo. Tendrás alegrías pasajeras como las tiene cualquier persona en el mundo y tristezas y amarguras y situaciones. Pero feliz, plenamente feliz. No vas a serlo. No voy a serlo si no somos santos. Por eso el Señor nos invita a ser santos.

¿Y qué es ser santo? Pues ser santo es tan sencillo, hermanos, como amar. Muy fácil decirlo, muy difícil vivirlo. ¿Por qué? Porque no depende de nosotros. Algo que depende de ti es fácil para ti. Oye, voy a dejar de fumar. Vale, pues te esfuerzas un poquito y dejas de fumar. Vale, depende de ti. Pues sí, y lo dejas. Vale, muy bien. Eso no es no es difícil entre comillas, ¿verdad? Pero algo que no depende de ti. Cuántas veces has querido perdonar a esa persona y no puedes porque no depende de ti. Si dependiera de ti, ya lo hubieras hecho hace años, pero no puedes. Necesitas una acción del Espíritu Santo que te ayuda a ser santo perdonando. Cuántas veces has querido vivir en castidad, pero no puedes. Es que me supera, es que es algo que que no puedo. Puedo porque no depende de ti. Necesitas un toque de la gracia divina para poder vivir en la verdad, para hacer para ser santo en la verdad, en la castidad, etcétera, ¿no?

Cada vez, pero en cosas tan sencillas, hermanos, como pedir perdón. Cada vez que pides perdón a alguien, eres santo. Cada vez que perdonas a tu hermano, eres santo. Eres santo. Cada vez que vives fiel a tu mujer o a tu esposo, eres santo. Si llevas 50 años siendo fiel, 50 años siendo santo en el matrimonio. Cada vez que pones la otra mejilla en el trabajo, en la en el hogar, donde sea, pones la otra mejilla porque te hacen una injusticia, por lo que es, eres santo. O sea, la santidad, hermano, no es una cosa, no se no se trata de de no no quiere decir que tengamos que levitar o que tener el don de bilocación como algunos santos tenían. No, no, no, no, no. Algo más sencillo, más aterrizado, más aterrizado. Cada vez que eres generoso con alguien que está pasando necesidad, eres santo. Cada vez que rezas por tus enemigos, eres santo. Cada vez que puedes cargar con tu cruz y bendecir a Dios en medio de la enfermedad, eres santo. Cada vez que puedes perder tu tiempo, que no es perderlo, es ganarlo, escuchando a otra persona, ayudando a otra. Eres santo. Por eso el Señor hoy nos quiere santificar en la verdad, en el amor. Cada vez que amas eres santo.

Que el Señor nos ayude, hermanos. Qué bonito que hoy Cristo ora por nosotros. ¿Y tú crees que el Padre no va a escuchar a su hijo Jesucristo? Siempre que oraba Jesús separaba el mundo. El Padre lo escuchaba. Acordaros en el evangelio, cuántas veces le vemos orar a Jesús. Ora cuando llega la tumba de Lázaro. Padre, te ruego, yo sé que tú me escuchas, pero lo digo por estos tal. Lázaro, sal fuera. Y Lázaro resucita. Cuando va a elegir a los 12, primero dice que subió al monte a orar y cuando bajó del monte eligió a los 12. En Gesemaní cuando va a orar, Padre, que pase este cáliz, pero que se haga tu voluntad, no la mía. Y se hizo la voluntad del Padre. El Padre escucha a Jesús. Por eso todo lo que pidamos en su nombre nos lo dará. Como ha dicho, este domingo vivimos la ascensión de Jesús al cielo. ¿Para qué subió al cielo? ¿Sabes para qué? Tan sencillo. Para interceder por nosotros ante el Padre. Para orar por nosotros ante el Padre. Para mostrarles ahora mismo, ahora mismo está Jesús mostrándole las llagas gloriosas al Padre, diciéndole, "Yo he pagado por él. Mira, mira mis llagas, Padre. Yo he pagado por él. Perdónale porque no sabe lo que hace." Intercediendo por todos nosotros. Espero que hoy esto te alegre y te dé una felicidad interna, que te ayude a amar a los demás también hoy. Que así sea.