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LA FILOSOFÍA ESTOICA DE EPICTETO - ESTOICISMO

MARTE 1920:36

Transcription

El esclavo, el cojo, maestro de los poderosos e influyentes. Así es, amigos, hoy vamos a hablar de Epicteto. [Música] Bien, pues creo que lo mejor es comenzar diciendo que las ideas de Epicteto corresponden a la escuela filosófica del estoicismo, muy específicamente a lo que los académicos conocen como el estoicismo tardío. Y si no conoces nada acerca del estoicismo, te recomiendo ver el vídeo que tenemos en este canal sobre Séneca, del cual te voy a dejar el link en la descripción. Y si ya estás familiarizado con esta corriente filosófica, nada más agregar que el estoicismo tardío se desarrolla en Roma en los dos primeros siglos después del nacimiento de Cristo.

Ahí podemos encontrar a otros grandes representantes de la filosofía estoica, como son Séneca o Marco Aurelio. Séneca llegó a ser un hombre con un gran poder político y económico, y qué decir de Marco Aurelio, que fue el mismísimo emperador de Roma. Epicteto, el filósofo del cual vamos a hablar hoy, resalta en este grupo por ser el único que no pertenece a una posición de poder, sino más bien todo lo contrario. Epicteto fue, durante gran parte de su vida, un esclavo. Y es que, la verdad, siendo un poquito mal pensado, creo que tanto para Séneca como para Marco Aurelio era muy fácil decir que se podía ser feliz sin tener riquezas, porque ellos siempre fueron ricos; nacieron ricos, vivieron y se murieron siendo ricos. Pero escuchar esas mismas palabras en Epicteto, una persona que experimentó la esclavitud, que recibió golpizas, que vivió en carne propia el hambre y el frío, pues eso ya es otra cosa. Como que si él me dice que se puede ser feliz aún en situación de pobreza, pues de repente le creo, porque él tiene esa credibilidad que te da la calle, que te da el barrio.

Epicteto nació alrededor del año 50 en Hierápolis, una antigua ciudad del Imperio Romano que hoy podríamos ubicar en Turquía. A diferencia de Séneca o de Marco Aurelio, no sabemos con exactitud su fecha de nacimiento, no sabemos quién era su mamá, no sabemos quién era su papá. Era un esclavo. Sabemos que en algún momento se trasladó junto con su amo a la ciudad de Roma, donde se le dio la oportunidad de asistir a clases de filosofía. Ahí fue donde pudo aprender la filosofía estoica, una filosofía que decía que uno podía alcanzar la felicidad aun siendo pobre, aun siendo enfermo, aun siendo un esclavo. Epicteto se enamora de esta filosofía y la llevará a la práctica el resto de su vida. Debía tener alrededor de 40 años cuando obtiene su libertad y, a partir de ese momento, se empieza a dedicar a enseñar filosofía. Rápidamente empezó a alcanzar una gran fama por ser un excelente maestro. Sus clases tenían muchísimos asistentes, entre los que se incluían a personas muy adineradas y políticos muy influyentes del Imperio Romano.

En este grupo de alumnos se encontraba el político romano Flavio Arriano, el cual, con las notas que tomaba de las clases de Epicteto, logró editar ocho libros, de los cuales hoy sobreviven cuatro. Esos libros son conocidos como "Los discursos" y, además, editó otro libro llamado "El Inquirir". Todo lo que hoy conocemos del pensamiento de Epicteto lo conocemos a través de estos textos de Flavio Arriano. Epicteto, al igual que otros filósofos famosos como Sócrates o Diógenes, no escribió ninguna obra.

Entonces, es momento de preguntarnos: ¿qué enseñanzas se pueden extraer de estos textos que refieren a Epicteto? ¿Cuáles eran sus ideas respecto a la felicidad y la virtud? Pues esas son las preguntas que vamos a tratar de contestar en este vídeo. Comenzamos.

Enfócate en lo que puedes controlar y acepta lo que no puedes controlar. Gran parte del pensamiento ético de Epicteto se basa en la idea de que tenemos que tener bien claro qué cosas podemos controlar y cuáles se escapan de nuestro control. Nuestra energía y nuestro tiempo deben estar concentrados en aquellas cosas que podemos controlar, y sobre las cosas que escapan de nuestro control simplemente debemos aprender a aceptarlas.

¿Sobre qué cosas tenemos control? Básicamente, solo tenemos control sobre nuestros deseos, sobre nuestra forma de pensar y de actuar. Ahora, ¿sobre qué cosas no tenemos control? Entre otras cosas, en este grupo podemos encontrar la salud, la riqueza y la reputación. Esta idea puede resultar controversial y algunos podrían no estar de acuerdo con Epicteto y discutir este punto. Podrían argumentar que si tenemos una buena alimentación y hacemos ejercicio, podremos tener una buena salud; que si ahorramos e invertimos, tendremos riquezas; y que si actuamos de cierta manera, podremos ganar el respeto y la admiración de aquellos que nos rodean.

En cierto sentido, esto es una razón, pero tal vez no tenemos tanto control sobre estos factores como nos gustaría creer. ¿Cuántos casos no conocemos de personas que tienen una excelente alimentación, que hacen ejercicio todos los días y que, de un día para otro, se enteran que tienen una enfermedad crónica? ¿Cuántas personas con buenos hábitos financieros no han quedado en la pobreza por un mal negocio, por ser víctimas de la delincuencia o por una hiperinflación en sus países? ¿Cuántas personas no han sido víctimas de calumnias sin haber cometido las injusticias de las cuales se les acusa? Y están también los casos contrarios: ¿cuántas personas despilfarradoras no han tenido la suerte de tener siempre dinero en los bolsillos? ¿Cuántas personas con cero hábitos saludables han vivido largas y saludables vidas sin haber puesto un pie en el gimnasio, bebiendo y fumando en exceso? ¿Cuántas personas no gozan de una gran fama sin tener un talento o un mérito a la vista?

Creo que entonces sería justo decir que podemos tener cierto grado de control sobre la estima social, que es a la salud, pero hay que admitir que no es un control completo y, por tanto, tal vez deberíamos coincidir con Epicteto en la idea de que son cosas que exceden nuestro control. Que es una idea aterradora, sí, sin duda es aterrador pensar que, por mucho que nos esforcemos, el día de mañana podremos estar pobres, enfermos y calumniados. Pero entre más pronto aceptemos ese hecho de la vida, más rápido vamos a poder dejar de depositar nuestra felicidad y nuestra paz mental en cosas que exceden nuestro control.

Y hay que dejarlo muy claro, lo estoy repitiendo durante el vídeo: Epicteto no dice que esté mal tener riqueza, fama o salud. Lo que dice es que no debemos darle prioridad sobre aquello que sí tenemos control, sobre aquello que es realmente valioso, que es la consecución de la virtud. La riqueza, la salud y la fama son bienes temporales que, así como nos son dados, nos pueden ser arrebatados en cualquier momento. Si, en lugar de enfocarnos en conseguir esos bienes temporales, nos enfocamos en mejorar nuestro entendimiento de la realidad y en dominar nuestros deseos, entonces es que podremos lograr la felicidad y paz mental. Porque el dinero te lo pueden robar, pero nadie te puede robar aquellas virtudes que hayas logrado desarrollar. Nadie puede robar tu compasión, tu honestidad, tu bondad.

El fundamento moral de Epicteto, entonces, es hacer esa elección de vida: elegir darle prioridad absoluta a la virtud, a la sabiduría, antes que buscar la salud; buscar tener una vida virtuosa antes que buscar riquezas; buscar una vida virtuosa antes que buscar el prestigio. Buscar tener una vida virtuosa. Esa claridad en las prioridades es la que debe orientarnos en cualquier elección de la vida. Y, una vez más, no es que Epicteto diga que es malo tener riquezas o fama o salud. No, de hecho, es preferible tenerlos, pero siempre y cuando no interfieran con nuestra paz mental, que no interfieran con la práctica.

Él mismo trabajaba como maestro y no lo hacía gratis; cobraba por sus lecciones. Asimismo, obtuvo una gran fama por ser un excelente profesor. Es un tema de prioridades. Es entender que la felicidad no está en las riquezas, ni en la salud, ni en el reconocimiento social. Para Epicteto, la felicidad está en la práctica de virtudes éticas y en vivir en armonía con nuestro destino.

El progreso moral en tres disciplinas. Según Epicteto, hay tres disciplinas en las cuales un aprendiz del estoicismo debe desarrollarse, tres disciplinas que, cuando se siguen exitosamente, conducen a una vida de paz y felicidad.

Primera disciplina: disciplina de los deseos y las aversiones. La primera disciplina es sobre educar el deseo: desear aquello por lo que verdaderamente vale la pena esforzarse, aquello que es verdaderamente valioso. ¿Y qué es eso? Seguramente ya adivinaste: la virtud. Lo más importante en la vida de un estoico es alcanzar la sabiduría. Todos los demás deseos, abándonalos, olvídalos, no valen la pena. Hay que dejar esas obsesiones enfermizas por alcanzar cosas que no están bajo nuestro control, esas obsesiones que nos hacen miserables porque despiertan en nosotros los sentimientos de ira, frustración y envidia.

Hay que apagar esos deseos por conseguir riqueza y fama y concentrarnos en conseguir valores más elevados: en ser más compasivos, en ser más amorosos y tolerantes. Pero no solo se trata de él y los deseos enfermizos. Del otro lado de la misma moneda se encuentran nuestras aversiones. Sentimos aversión por aquellas cosas que erróneamente consideramos intolerables. Sentimos aversión por la pobreza, por la enfermedad, por la fealdad, por la humillación pública. Pero la persona sabia, ninguna de esas situaciones le puede quitar la calma. Que, si bien es preferible tener dinero, salud y el respeto de los demás, ni ser pobre, ni estar enfermo, o ser calumniado son sinónimos de una vida desgraciada.

Segunda disciplina: disciplina de acción. Bien, pues entonces ya vimos que lo primero es eliminar el deseo y las aversiones, pero si solo nos limitamos a eso, pues vamos a hacer unas estatuas felices que solo están ahí, respirando y sonriendo hasta que les llega la muerte. Pero, para Epicteto, el sabio no se puede quedar encerrado en su casa y todo feliz, contando las respiraciones hasta el día de su muerte. Bajo su visión, el sabio estoico es una persona de acción, una persona que no solo busca su bienestar, sino también el bienestar de los grupos a los que pertenece. Una persona virtuosa es aquella que cumple con sus obligaciones sociales. Ser virtuoso es cumplir con los deberes que tenemos como hijos, como padres, como amigos, como esposos y como ciudadanos.

Y para cumplir adecuadamente con esta disciplina, Epicteto decía que, en cualquier relación social, debíamos tener en cuenta siempre dos factores: el rol social que estamos cumpliendo en ese preciso momento y las acciones que debemos realizar para desempeñar adecuadamente ese rol. ¿A qué se refiere con esto? Que ante tu esposa no te comportes como si fueras su padre, su hijo o su jefe. Ante tu esposa, tu rol es el de marido y tus acciones deben ser propias de un marido. A tus hijos no los puedes tratar como si fueran tus amigos o tus empleados. Tus hijos necesitan un padre y, por lo tanto, tus acciones ante ellos deben ser las de un padre. Tus amigos no son tus hijos, son tus amigos y, por lo tanto, debes comportarte como un amigo.

Y, además, hay que estar muy claros que tu desempeño en tu rol social no implica que vayas a tener relaciones sociales de lo que se dice por ahí exitosas. En este punto, los estoicos presentan muchas veces la analogía de un arquero. El arquero lo que quiere es dejar la flecha en el blanco y va a hacer todo lo que esté en su poder para que eso ocurra, pero sabe que, una vez que la flecha sale despedida del arco, el resultado ya no depende de él. Algo o alguien se puede interponer en la trayectoria de la flecha, alguien puede mover el objetivo o, de la nada, puede aparecer una corriente de aire que desvía la flecha de su trayectoria. Tú puedes ser un excelente arquero e igual tu flecha no termina en el blanco. Tú puedes ser un excelente ciudadano y que, al mismo tiempo, tu país esté hecho un desastre. Tú puedes ser un excelente esposo o esposa y que, aún así, tu pareja te abandone. Puedes ser un excelente padre y que, aún así, tus hijos te odien. Y, por difícil que parezca, tendrás que aceptarlo y aprender a vivir en armonía con esa realidad.

Y no significa que tengamos que descuidar nuestras responsabilidades como ciudadanos, como esposos, como padres. No, ese es nuestro deber y tenemos que aspirar a ser excelentes en su cumplimiento. Pero actuar con virtud no te asegura que todos te amen, no te asegura una vida de riquezas, ni siquiera te asegura una vida saludable. Lo único que te puede ofrecer la virtud es felicidad y paz mental en cualquier situación que la vida te presente.

Tercera disciplina: disciplina de asentimiento. Asentimiento es una palabra poco usual, una palabra que refiere normalmente a la acción de asentir, un movimiento de cabeza que normalmente usamos para aceptar algo que se nos propone. Y en el vídeo de Séneca ya vimos mucho acerca del concepto de aceptación dentro de la filosofía estoica, así que en esta ocasión quiero irme por otro lado. Quiero ponerme un poquito creativo con la palabra. Y es que la palabra asentimiento me recuerda mucho a otras palabras: afónico, que significa sin voz; o la palabra asimétrico, que significa sin simetría. Con esa misma lógica, podríamos aventurarnos a darle a la palabra asentimiento el significado de sin sentimiento.

Esto no quiere decir que ser un estoico signifique ser como un robot incapaz de sentir algo, pero los estoicos sí nos recomendarían que le bajáramos tres rayitas al exceso de carga sentimental con la que solemos reaccionar ante ciertas situaciones de la vida. Y no estamos hablando de sentimientos como la alegría, la compasión o el amor. No, de eso hay que llenarnos. De lo que hablamos acá es de bajar la carga emocional de aquellos sentimientos que perturban la mente: sentimientos como la ira, la desesperanza o el pánico.

Y es que hay ocasiones en las que pareciera que nuestro estado de ánimo es como un papalote, como una cometa que se mueve a capricho del viento. Porque hay algunos que no podemos ver las noticias sin indignarnos profundamente por lo que hace o dice un político. Podemos ver un partido de fútbol sin enojarnos intensamente si nuestro equipo pierde y que caemos en la más profunda tristeza si algún amigo no se acordó de nuestro cumpleaños. Somos expertos para vivir en medio del drama sin darnos cuenta que estamos siendo muy negligentes al no tomar el control sobre nuestras emociones.

La vida feliz requiere que juzguemos las cosas de la forma correcta. Lo que altera la mente del hombre no son los eventos, sino su juicio sobre los eventos. En nuestra vida hemos pasado, estamos pasando y pasaremos por múltiples situaciones, pero si tenemos la mala costumbre de juzgar algunas de ellas como desgracias, grandes injusticias o enormes penas, estamos cargando con un enorme peso emocional que nos impide ser felices. Puede sonar muy raro, pero bajo la visión del estoicismo, las situaciones que se presentan en la vida no son buenas o malas; las situaciones son y punto. Y si en nuestro destino estaba pasar a través de ellas, es por algo. Pero si seguimos atados al rencor, a la tristeza y al sufrimiento, entonces no estamos viviendo en virtud y, por lo tanto, no nos estamos permitiendo ser felices.

Comentarios finales. Pues bien, hemos llegado ya a la parte final del vídeo, donde solo me gustaría dejar algunas anotaciones muy personales sobre lo ya dicho por Epicteto. Y creo que, mayormente, lo que a mí me transmiten las ideas de Epicteto es humildad. Creo que actualmente estamos recibiendo muchos mensajes de empoderamiento que pueden ser muy bien intencionados, pero que a veces terminan por frustrarnos. Creo que a veces recibimos estos mensajes de que podemos curarnos a nosotros mismos o que podemos ser ricos y famosos si nos lo proponemos, y esto contrasta fuertemente con las ideas que acabamos de ver de este filósofo, donde se nos dice: tú te puedes proponer lo que quieras, pero hay cosas que exceden tu control.

Te puedes proponer ser millonario, pero eso depende de ti hasta cierto punto, y luego hay factores que pueden hacer eso realidad o que pueden impedir que eso se convierta en una realidad. Y, aún consiguiendo ese propósito, nada te asegura que eso sea permanente en la vida. Y lo mismo con la salud, y lo mismo con el prestigio. Son cosas que exceden nuestra capacidad y eso los pone en nuestro lugar. Y creo que también está bien reconocer que hay cosas que no están bajo nuestro control, y ese pensamiento nos ayuda también a salir de situaciones que son consideradas como adversas. Porque si sufro de alguna enfermedad, lo que menos necesito es que se me re victimice diciéndome que es mi culpa.

Que en ciertas situaciones el paciente sí tiene cierta responsabilidad, pero hay otras que son fortuitas. Son cosas que exceden nuestro control y que, a veces, lo único que podemos hacer es aceptarlo con toda humildad. Tal vez los únicos triunfos y fracasos de los cuales somos completamente responsables son aquellos que están en el dominio de nuestros deseos, en nuestra forma de pensar y de actuar, y en lo demás toca aceptar la incidencia del azar, de la suerte, de un plan divino, si se cree en ello. Y creo que eso es lo difícil del estoicismo: aprender a aceptar aquello que a veces consideramos como inaceptable.

En fin, espero que les haya gustado el vídeo y, si fue así, por favor regalen un like, compartanlo con sus amigos y suscríbanse al canal. Aprovecho para agradecer a los patrones y, muy especialmente, a Fabián Borelli, quien sugirió que habláramos de este filósofo. Si tú quieres unirte al grupo de mecenas, te dejo el link en la descripción para que puedas hacerlo a través de Patreon. Y antes de despedirme, me gustaría saber qué opinas tú acerca de las ideas de Epicteto: en qué estás de acuerdo, en qué cosas no estás de acuerdo. Por favor, ponmelo en los comentarios; yo estaré feliz de leerte. Por lo pronto, te mando un fuerte abrazo y nos vemos hasta la próxima. ¡Chao! [Música]