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V. Completa. Qué nos enseña la neurociencia sobre la memoria. Rodrigo Quian Quiroga, neurocientífico

Aprendemos Juntos 20301:27:30

Transcription

Hola, mi nombre es Rodrigo Quian Quiroga. Me gusta cuando me presentan, cuando doy charlas en congresos... cuando no saben qué decir de mí, me encanta cuando no pueden encasillarme. Y ahora me encuentro en el compromiso de tener que encasillarme a mí mismo. Soy neurocientífico, llevo muchos años dedicándome a la neurociencia, pero empecé por otro lado, comencé estudiando Física. ¿No adivinan de dónde soy? Me imagino que ya se habrán dado cuenta. Tengo un acento muy fuerte argentino. De Buenos Aires. Estudié en la Universidad de Buenos Aires. Física. Luego, las vueltas del destino me llevaron a hacer un doctorado en Matemáticas en Alemania, en la Universidad de Lübeck. Bueno, y después empecé a dedicarme más y más al estudio de la neurociencia, al estudio del cerebro, y es lo que hago hoy en día, soy profesor en una universidad de Inglaterra, en la Universidad de Leicester.

Bueno, ya iremos hablando durante el transcurso de esta charla de las cosas que hacemos en el laboratorio. Pero, en general, a ver, me gusta escaparme de mi molde de científico, me encanta meterme... Me encanta tocar de oído otros temas. Me encanta escribir, me encanta interactuar con gente que no es de ciencia, pero intentando hacer cosas relacionadas con la ciencia. Bueno, espero que podamos hablar de eso.

Hola, Rodrigo. Estudiaste Física y Matemática Aplicada, pero has dedicado tu vida a la neurociencia. ¿Por qué decidiste dedicarte a la neurociencia? Y, como experto mundial en esta disciplina, me gustaría que nos explicaras en qué consiste la neurociencia. Las vueltas de la vida te llevan de un lugar a otro, es decir, tratamos un poco de torcer nuestro destino hacia la dirección que más nos gusta. Yo tuve suerte de que acabó siendo algo que me gustaba, que me intrigaba, te diría, desde siempre. A mí, de pequeño, el tema del cerebro me intrigaba. Yo decía: "¿Y cómo es esto? ¿Cómo es que aquí dentro están los pensamientos y todo el potencial que tenemos?". En su momento, me dediqué a la física, empecé a estudiar Física, me apasionaba la cosmología. Terminé haciendo algo que se llama teoría del caos en Física. Un día, mi jefa me dijo: "Bueno, mira, te conseguiré unos datos, que es un sistema dinámico, muy complejo, para que los estudies y todo eso, son datos del corazón". Y yo decía: "Pero a mí el corazón no me interesa tanto. Sí, está bien, yo entiendo que es un sistema complejo... A mí me interesa el cerebro".

Y recuerdo que hablé con mi jefa en ese momento, estaba haciendo mi trabajo de grado, es decir, para licenciarme en Física, y le dije: "¿Puedo trabajar con el cerebro?". Me dijo: "Si consigues los datos, ningún problema". Literalmente, fui a tocar la puerta de un instituto de investigación de neurociencia en Argentina. En ese momento, tuve mucha suerte de encontrar a una persona que se interesó mucho por lo que yo le decía, el doctor Horacio García, que fue mi primer mentor en neurociencia. A partir de entonces, empecé a dedicarme a lo que más me apasionaba, que era empezar a contestar preguntas que realmente me interesaban, que es... ¿Cómo funciona el cerebro? Básicamente, la neurociencia, para mí, es eso, son diversas maneras de tratar de entender qué es lo que hace lo que tenemos aquí dentro, dentro de la cabeza.

Hay muchas ramas de la neurociencia, hay gente que se dedica a estudiar las neuronas y qué es lo que hace que una neurona se dispare, todos los procesos bioquímicos que están involucrados en cómo funcionan las neuronas... A mí me interesa una cosa un poquito más, si lo quieren decir así, de alto nivel, más elaborada, que es cómo las neuronas, interactuando entre ellas y activándose, hacen que yo te pueda estar viendo en este momento, que yo sepa que estoy aquí sentado en Madrid, que sea consciente de mí mismo, que podamos tener esta charla... Entonces, si lo piensas, todo esto no es magia, es la actividad de las neuronas que están aquí dentro de mi cerebro. Entonces, lo que yo trato de hacer es estudiar cómo detrás de la actividad de estas neuronas hay todos estos procesos que tenemos.

Por otra parte, hay otro aspecto que a mí me parece fascinante, y te lo explico de esta manera. A mí, una cosa que me frustraba mucho cuando estudiaba Física, era lo siguiente. Yo leía, yo estudiaba Física, y la impresión que tenía, como estudiante, era que yo decía: "Bueno, pero esto ya está todo descubierto. Es decir, nací tarde, ¿no? Porque soy del siglo... a finales del siglo XX, y estudio cosas que se descubrieron hace 100 años, ¿no? Relatividad, mecánica cuántica...". Y era un poco la frustración de... Yo decía: "Qué maravilla haber estado 100 años antes, cuando todo esto pasaba, y ser parte de la gran revolución en física". Y es como que yo sentía: "Llegamos tarde, yo he llegado tarde".

Y uno de los aspectos interesantísimos del estudio del cerebro es que la gran revolución está pasando ahora. Te diría que todo lo que sabemos del cerebro, la mayor parte de las cosas que sabemos del cerebro, pasó hace diez o veinte años. Es decir, no es el conocimiento de hace 50 años, ni siquiera de hace 30 años. Te hablo de hace cinco, diez años. Los grandes descubrimientos, los grandes experimentos, se hacen ahora. Entonces, es ahora el momento para estudiar el cerebro. Y eso es fascinante. Por otro lado, estudiar el cerebro es estudiarme a mí mismo. Es decir, trato de entenderme a mí, trato de entender qué es lo que me hace ser lo que soy.

Hola, Rodrigo. Sé que gran parte de tu trabajo está dedicado a estudiar la memoria. A mí me gustaría saber qué es y cómo funciona. Por ejemplo, ¿es lo mismo recordar la capital del Perú que recordar cómo andar en bicicleta? En principio, podríamos decir que es almacenar, y luego evocar, experiencias de tu pasado, conocimiento que adquiriste en el pasado. Desde hace muchos años, sabemos que la memoria no es una cosa única, sino que tiene diversos aspectos, hay varias subdivisiones. Entonces, con tu pregunta justo has tocado el tema de la gran subdivisión que tenemos en la memoria, que se llama la memoria declarativa y la memoria de procedimientos. Andar en bicicleta es memoria de procedimientos. Es algo que aprendiste a hacer y que no eres consciente de que haces. Cuando andas en bicicleta, no piensas: "Tengo que pedalear por aquí, tengo que pedalear por allá, tengo que agarrar el manillar". Lo haces de manera intuitiva. Lo mismo que si yo te digo: "Átate los cordones de los zapatos", no piensas dónde pones cada tirita de la zapatilla, los cordones de los zapatos, lo haces de manera intuitiva, te sale. Esto es un tipo de memoria, la memoria procedimental. Es la memoria que, por ejemplo, tratamos de generar cuando entrenamos, cuando hacemos un deporte de alta competición. Lo que haces es... Cuando Rafael Nadal hace un servicio de tenis, lo hace automáticamente, no piensa a qué altura lanza la pelota o si la impacta un poquito más atrás o más adelante. Es como que ya le sale todo innato. Es decir, no piensa en eso.

Por otro lado, tienes la memoria, que es la memoria declarativa, que son las cosas de las que sí que eres consciente. Yo te puedo decir: "Mira, recuerdo que estuve en Madrid hace un mes, que quedé con un amigo y que comimos en un restaurante y esto y esto otro". Son recuerdos de mis experiencias, es decir, yo te los explico, yo los almacené de alguna manera y los evoco. Es muy diferente de la memoria que tengo de cómo funciona andar en bicicleta. Dentro de estas memorias conscientes se hace otra subdivisión, que es la memoria episódica y la memoria semántica. La memoria episódica son los recuerdos que tengo del pasado, de lo que hice con mi amigo cuando fuimos al restaurante de Madrid. Y las memorias semánticas, tú has puesto el ejemplo que se usa en todos los libros de texto de neurociencia: "¿Cuál es la capital del Perú? Lima". Son hechos. Memoria fáctica. El ejemplo que siempre se usa es: "¿Cuál es la capital de Francia? París". Son todas estas cosas que no involucran una experiencia, no involucran necesariamente una experiencia personal. Es conocimiento. Es saber que la matemática es algo que trabaja con los números y saber que la geografía trabaja con recordar ríos, montañas y cosas así. Son los conocimientos fácticos.

Pero, bueno, después de haberte dicho esto, que existen estos compartimentos dentro de la memoria, la distinción, si la estudias de verdad, no es tan rotunda, porque a veces... Yo te puedo decir: "Mira, Lima es la capital del Perú". Es un conocimiento, es un hecho. Memoria semántica. Pero yo recuerdo cuando aprendí que Lima era la capital del Perú. Recuerdo que la profesora de Geografía me dijo: "Bueno, fíjense, esto es Perú y la capital se llama Lima". Entonces, aquí, ¿qué es? ¿Episódica o semántica? Porque yo recuerdo el hecho de haberlo estudiado, de haberlo aprendido, pero también tengo el conocimiento. Entonces, es como que tenemos estas subdivisiones dentro de la memoria, pero no son compartimentos estancos, son cosas que a veces es difícil categorizar.

Hay un experimento o hay un hecho que ocurrió en neurociencia que fue muy sonado. La distinción entre estos dos tipos de memorias viene a partir del estudio de un paciente muy famoso. Es el paciente más estudiado en la historia de la ciencia y, diría, en la historia de la humanidad. Se llamaba H. M. Lo llamamos por sus iniciales: H. M. Después de que murió, nos enteramos de su nombre: Henry Molaison. Era un paciente de Estados Unidos a quien, para intentar curarlo de la epilepsia, un cirujano operó, le extrajo un área del cerebro que se llama "hipocampo". No importa el nombre. Es un área del cerebro que está aquí dentro, que hoy día sabemos que es clave para la memoria, cosa que, entonces, en 1950 y algo, no sabíamos. Este hombre tenía epilepsia, tenía muchas crisis, no las podía controlar, tenía problemas cognitivos, ya no podía ir a trabajar. Entonces, dijeron: "Bueno, si las crisis epilépticas vienen del hipocampo...", como bien sabían en ese momento, que pudieron determinar que venían del hipocampo. "¿Qué pasa si quirúrgicamente extraemos esta área del cerebro, que en principio parece que no hace nada? Es muy probable que curemos al paciente H. M.". Hicieron la operación y H. M. se recuperó de la cirugía. En principio, parecía que todo estaba bien. Todo normal. El hombre hablaba, pero resulta que venían los médicos nuevos, salían y volvían a entrar, y H. M. no sabía quiénes eran. Entonces, es como que tú conoces a H. M. por primera vez y te presentas: "Mira, soy Rodrigo, soy médico, y esto y esto otro...". Salgo y vuelvo. "Bueno, continuemos con el cuestionario". Y el hombre me dice: "¿Y usted quién es?". "¿Cómo que 'quién es'? Si acabo de estar aquí. ¿No me recuerda?". Me acaba de ver. Y el hombre dice: "No, yo no lo he visto nunca en la vida". Este hombre no podía volver a formar recuerdos nuevos. Entonces, a partir del estudio de H. M., sabemos que esta área, el hipocampo, es clave para la memoria. Si tú le quitas el hipocampo a un paciente, lo dejas amnésico. No puede volver a formar recuerdos. Ahora viene lo más interesante. Fue estudiado durante casi 30 años por una psicóloga canadiense brillante llamada Brenda Milner. Ella hizo experimentos para ver qué podía hacer y qué no podía hacer H. M. Hizo un experimento que era intentar hacer... seguir el trazado de una estrella, pero mirando su mano a través de un espejo. Entonces, es como que tú resigues... delineas una estrella, pero lo tienes que mirar a través del espejo. Es bastante difícil porque todo va al revés, porque el reflejo, obviamente, es al revés. Pero, después de un par de pruebas, lo puedes empezar a hacer, lo comienzas a hacer bien. De lo que se dio cuenta Brenda Milner es que H. M. aprendía, podía memorizar esta tarea, es decir, podía aprender. Es como que iba teniendo una especie de memoria de cómo se hacía y cada vez mejoraba y mejoraba. Evidentemente, H. M. no era consciente de ello. Cada vez que Brenda Milner le decía: "¿Puedes dibujar la estrella?", el hombre le decía: "No, yo no puedo hacerlo". De repente, lo comenzaba a hacer y él se sorprendía a sí mismo y decía: "¿Pero cómo puedo hacerlo?". Él no recordaba haber estado aprendiendo a hacer esta tarea, pero lo aprendía. Entonces, la tarea de delinear el contorno de una estrella mirando a través del espejo es una memoria procedimental, como aprender a atarte los cordones de la zapatilla, como aprender a andar en bicicleta. No es consciente. De lo que se dio cuenta Brenda Milner es que este tipo de memorias estaban preservadas, que no dependían de esta área, del hipocampo. En cambio, las memorias que formaba a partir de sus experiencias o de cosas sí que dependían del hipocampo. Eso sí que suponía problemas para H. M. A partir de entonces, desde 1950, 1957, creo que fue, hicimos la gran distinción entre la memoria declarativa, que es la de nuestras experiencias y todo eso, y la memoria procedimental, que es más implícita, es inconsciente, que son estas cosas que H. M. sí que podía hacer, como andar en bicicleta, hacer el contorno de una estrella o atarse los cordones de los zapatos.

Hola, Rodrigo. Descubriste una neurona que bautizaste como Jennifer Aniston y que parece que tiene un papel fundamental en la memoria. Tengo curiosidad por saber por qué la has llamado así y qué función tiene realmente esta neurona. Estos son experimentos que hacemos en pacientes con epilepsia. ¿Recuerdan que les he hablado de un paciente con epilepsia a quien le quitaron el hipocampo y que se quedó amnésico, que no pudo volver a formar recuerdos? Aunque parezca mentira, la idea de quitar el hipocampo para curar a un paciente de epilepsia se sigue haciendo. Pero, ¿cómo dejas al paciente amnésico como H. M.? No, porque con H. M. lo que hicieron fue quitarle los dos hipocampos. El hipocampo es un área del cerebro que está aquí dentro, a un lado y al otro. Tienes dos, uno izquierdo y uno derecho. Lo que hicieron con el paciente H. M. fue quitarle los dos hipocampos. Entonces, se quedó amnésico. Lo que se hace hoy en día es, cuando podemos identificar de qué lado vienen las crisis epilépticas, si es que vienen del hipocampo, quitas el hipocampo, pero siempre dejas el otro, el que está sano, el que no origina las crisis epilépticas. Entonces, muy probablemente curarás al paciente sin tener un trastorno grave de memoria. Ahora bien, ¿cómo sabes cuál es el hipocampo que comienza las crisis epilépticas? ¿Es el izquierdo o el derecho, si es que es el hipocampo? Es decir, puede ser otra área del cerebro, pero, en general, el hipocampo suele estar involucrado en las crisis epilépticas. Entonces, el procedimiento que se hace clínicamente es implantar electrodos en el cerebro. Los electrodos son como pequeñas agujas que te ponen dentro del cerebro para tratar de localizar de dónde vienen las crisis epilépticas. Entonces, lo que hacemos es dejar al paciente una semana en el hospital, en una sala de guardia, monitoreamos el registro intracerebral y vemos lo que pasa dentro del cerebro. Lo que hacen los clínicos es tratar de identificar cuál es el área que origina las crisis epilépticas. Cada vez que el paciente tiene una crisis epiléptica, miran el registro y dicen: "Ah, mira, comienza de este lugar en especial". Y esta es el área que, en principio, intentarán quitar quirúrgicamente o que considerarán quitar quirúrgicamente. Este es el motivo clínico por el cual nosotros tenemos acceso a registros dentro del cerebro. Son registros invasivos. Tienes que poner un electrodo dentro del cerebro, pero, bueno, se hacen para curar al paciente, eventualmente, para intentar curar al paciente. Ahora, ya que el paciente tiene que tener sí o sí estos registros, estos electrodos dentro del cerebro, lo que nosotros hacemos es decir: "Bueno, ¿podemos hacer algún experimento sencillo que no moleste al paciente y tratar de entender cómo funcionan las neuronas que estamos registrando?". Cuando digo "cómo funcionan las neuronas", hay un millón de detalles técnicos que estoy dejando de lado, porque registrar neuronas no es fácil, pero no importa. Tienes electrodos dentro del cerebro y, haciendo un montón de matemáticas y de detalles técnicos, puedes registrar neuronas. Entonces, cuando yo empecé a hacer este tipo de registros, era en Los Ángeles. Bueno, de hecho, yo estaba en CALTECH, pero los registros los hacíamos en UCLA, y era el único lugar donde se hacían. Entonces, empecé a enseñar fotos. Yo voy con mi ordenador y abro el ordenador. El paciente tiene como la bandeja donde pone el desayuno, no lo sé. Bueno, le apartamos las cosas. Yo abro mi ordenador, lo pongo allí y empiezo a enseñarle fotos. Y yo, por otra parte, tengo sincronizado mi ordenador con un cable con el registro neuronal, porque el paciente tiene cables a partir de los cuales sale el registro. Se hace el registro del cerebro. Esto va a un amplificador y guarda la señal del cerebro. Yo, con mi ordenador, envío una señal al amplificador para decir cuándo le he enseñado cada foto. Entonces, lo único que hago es enseñar las fotos. Tac, tac, tac. Jennifer Aniston, Halle Berry, Oprah Winfrey... Toda la gente conocida para la gente de Estados Unidos. Una detrás de la otra. ¿Sí? Centenas de fotos. Varias veces cada una. Es claro, cuando analizo los datos, digo: "Bueno, ahora que tengo el registro neuronal de todas las neuronas... Ya sé cuándo envié la foto, a ver si alguna neurona ha respondido a alguna foto que he enseñado". Bueno, de repente encontré una, canal 53, neurona dos, mira, aún lo recuerdo, que respondió a todas las fotos de Jennifer Aniston. Enseñé siete fotos de Jennifer Aniston. A todas y a ninguna otra. No respondió a Pamela Anderson, no respondió a Halle Berry, a Julia Roberts, a Kobe Bryant, toda gente conocida, actrices, actores, nada. Solo a Jennifer Aniston, y todas fotos diferentes. A partir de entonces, empecé a enseñarlo en los congresos. Iba a un congreso y lo mostraba: "Miren, he encontrado esta neurona, miren qué hace". Y todos: "¡Ostras! ¿A todas las fotos de Jennifer Aniston y a ninguna otra cosa?". "Sí". La gente la empezó a llamar la neurona de Jennifer Aniston y le quedó el nombre. Es decir, no es que yo la bautizara "la neurona de Jennifer Aniston", no es que yo me sentara a ver cómo la podíamos nombrar. Empecé a enseñar esta neurona porque fue la primera. Así como encontré la de Jennifer Aniston, en otro paciente encontré una que respondió a Halle Berry, otra a Oprah Winfrey, otra, a Luke Skywalker... Pero lo interesante es que, en todos los casos, estas neuronas respondían a la persona, no a una foto. Es decir, no es que la neurona de Jennifer Aniston respondiera a una foto de ella porque estaba con un corte de pelo concreto y de perfil. No, respondía a cualquier foto de ella. La mostrara como la mostrara. Con la de Halle Berry hicimos una cosa aún más interesante: escribimos el nombre. Cada vez que enseñaba el nombre de Halle Berry, la neurona respondía. Si escribía otro nombre, la neurona no respondía. A la de Oprah Winfrey hicimos una cosa aún más interesante. Respondía a cualquier foto de Oprah, respondía al texto "Oprah", si yo escribía "Oprah", respondía, y respondía a la voz "Oprah". Era mi ordenador diciendo con voz sintetizada "Oprah". La neurona, pum, se disparaba como una loca. Si el ordenador decía cualquier otra cosa, la neurona se quedaba callada. Entonces, ¿qué quiere decir esto? Esto quiere decir que tienes unas neuronas en el cerebro, en esta área, el hipocampo, que después podemos especular un poquito más sobre qué hace y por qué, que responden a conceptos. ¿Por qué a conceptos? Porque la neurona responde a Oprah, no responde a una foto en particular de Oprah o a algo porque ella tiene un peinado así o asá, responde a ella. Entonces, si yo te muestro la foto de Oprah, si yo te escribo el nombre o si yo te digo el nombre, es lo mismo, es el mismo concepto. El salto de escribirte el nombre a decirte el nombre es brutal, porque escribirte el nombre es un estímulo visual, va por el ojo, va a la parte de atrás del cerebro, es el procesamiento visual, la información va a la parte posterior del cerebro, después pasa por el tálamo y tiene todo un circuito para ir de un área a otra. Esto está muy estudiado. Ahora, el estímulo auditivo no entra por el ojo, entra por el oído. El camino que hace el estímulo auditivo dentro del cerebro es totalmente diferente. Entonces, de repente tienes dos estímulos totalmente diferentes, auditivo y visual, que significan lo mismo porque es la misma persona. Confluyen no solo en el área del cerebro, sino en neuronas individuales que responden igual si dices o si lees un nombre o si enseñas la foto de la persona. Por lo tanto, la conclusión de todo esto, lo sorprendente en ese momento, la gran historia del descubrimiento, fue que encontramos neuronas que representan conceptos abstractos en un área muy especial del cerebro, que es el hipocampo.

Hola, Rodrigo. Tienes un libro que relaciona el cuento de Borges "Funes el memorioso" con tus investigaciones. Me gustaría saber por qué Borges y qué aporta la literatura a la ciencia. El tema es que yo descubrí estas neuronas de las que les hablaba hace un rato y lo publicamos en una revista científica muy buena. En neurociencia, fue una gran sorpresa. Lo cierto es que nadie se esperaba que hubiera neuronas que se comportaran así. Todos se sorprendían, comenzando por mí mismo. Entonces, la gran pregunta era: ¿por qué tenemos neuronas que representan estas abstracciones, estos conceptos, en un área que se sabe que es clave para la memoria, el hipocampo? ¿Por qué? Porque si no tienes el hipocampo, acabas como el paciente que les he explicado, H. M. Entonces, tienes esta tarea que es clave para la memoria. ¿Y por qué tienes neuronas que responden de esta manera, de esta manera tan abstracta y conceptual en esta área que es clave para la memoria? Y un día, hablando con un colega, de hecho, con un periodista de "Scientific American", recordé el cuento de Borges, "Funes el memorioso". Yo soy argentino. Leí mucho a Borges cuando era adolescente, me encantaba. Es claro, dije: "Si no tienes estas neuronas, acabas como Funes". "Funes el memorioso" es un cuento en el que Borges relata los avatares de Ireneo Funes, un peón de campo que un día cae del caballo, se da un golpe en la cabeza y recupera el conocimiento con la habilidad extraordinaria, si lo prefieres, con la maldición, de recordar absolutamente todo. ¿Por qué maldición? Porque, al principio, dices: "Esto es maravilloso. Es decir, a mí me encantaría recordar más, mucho más". Pero Borges se plantea: "Bueno, ¿cómo sería tener una memoria infinita? ¿Cómo sería que no olvidaras absolutamente nada?". El cuento va por aquí. Entonces, Borges comienza a pensar, a partir de esta construcción, de esta idea de alguien que se da un golpe en la cabeza y, de repente, lo recuerda todo: "Bueno, ¿cómo sería esto?". Borges explica muchas cosas. Por ejemplo, dice que Ireneo Funes trataba de recapitular lo que había hecho el día anterior y tardaba un día entero porque no olvidaba nada. Entonces, dice: "Cuando él quería recordar un árbol, no solo recordaba el árbol, sino que recordaba cada rama, cada hoja y el aspecto del árbol cada vez que lo había visto". Entonces, te comienzas a hacer una idea de que no está tan bien recordar todo, porque no quieres recordar el aspecto de la ramita del árbol cada día de la semana que lo has visto. Prefieres dejarlo de lado. Prefieres olvidar. Bueno, resulta que este personaje, Ireneo Funes, acaba acurrucado en una habitación a oscuras en una cabaña, donde sea que viviera, y ya no quería ni mirar por la ventana porque estaba abarrotado de memorias. Básicamente, esto me hizo un clic, porque dije: "Es claro, esto es Funes". Si yo descubro unas neuronas que representan abstracciones, conceptos y no detalles, porque la neurona no me responde a Jennifer Aniston con el pelo corto de perfil o con el vestido violeta o con esto o con esto otro, me responde a ella... Los detalles no importan, la neurona ni se da cuenta de los detalles. Entonces, tengo unas neuronas que responden a conceptos en un área que es clave para la memoria. ¿Por qué? Porque esta es la manera en que recordamos, porque solemos olvidar detalles, recordamos las cosas esenciales. Entonces, si hoy día me dices: "Bueno, yo, de esta charla, ¿qué recordaré?". Probablemente, no recuerdes cómo yo iba vestido exactamente, qué aspecto tenía. Es más, es muy probable que no recuerdes las palabras que usé para contestar tu pregunta, pero recordarás la idea. Entonces, básicamente, lo que harás será abstraer un concepto, dos, tres o los que sean y los asociarás. Esto será como el esqueleto de la memoria que tendrás de esta charla. Y así con todo. Lo que nosotros solemos hacer es abstraer información, dejar de lado detalles. Es la manera en que recordamos. Justamente, estas neuronas hacen eso. Te dan el basamento neuronal para generar memorias a base de conceptos, a base de abstracciones. Si no tuviéramos esto, acabaríamos como Funes el memorioso. Este es un poco el vínculo que hay entre lo que yo hago y Borges.

Ahora viene la segunda parte de la historia, viene la segunda parte de tu pregunta. De hecho, te puedo poner una tercera parte también. La segunda parte es que a mí me fascinó esto. Yo era fanático de Borges. Me encanta Borges. Es claro, a mí me vino la pregunta, más una curiosidad, decía: "¿Cómo se dio cuenta Borges si Borges no era neurocientífico?". Es decir, lo que él dice es una genialidad. Es decir, es totalmente contraintuitivo, porque todos decimos: "Sí, queremos más memoria, es claro. Me irá mejor en la escuela, me irá mejor en la universidad, me irá mejor para hacer charlas, cuanto más memoria, mejor". Y Borges dice: "No, un momento. Si recuerdas todo, comienzas a tener problemas". Lo que dice Borges es, justamente, que pensar es abstraer, es dejar de lado detalles, es olvidar. Entonces, Borges te dice: "La gran capacidad del pensamiento no es recordar todo, sino olvidar un montón de cosas". Entonces, él rescata el olvido. Yo dije: "Pero, ¿y a él cómo se le ocurre esto?". Entonces, bueno, contacté con su viuda, con María Kodama. Tuve infinitas charlas con María Kodama. María Kodama me invitó a ver la biblioteca de Borges. Empecé a ver qué sabía Borges de neurociencia, qué libros había leído, qué anotaciones había hecho en los libros y esto y esto otro. Era un poco una búsqueda, tratar de ver qué conocimientos tenía Borges sobre la memoria, pero, en el fondo, para mí era una excusa para hacer una búsqueda interior, que era tratar de entender mi propio descubrimiento. Se trataba de entender el significado de las cosas que yo estudiaba en el cerebro humano y, a partir de eso, bueno, terminé escribiendo un libro que se llama "Borges y la memoria", que es la historia de buscar el conocimiento de Borges para intentar describir una cosa que es fundamental y totalmente contraintuitiva, brillante, genial, sobre el funcionamiento del cerebro humano.

La última parte es una crítica a mí mismo y a mis colegas, los científicos. A veces, los científicos estamos muy encasillados en leer las revistas técnicas y ver los últimos experimentos que se hacen en los mejores laboratorios del mundo, publicados en las revistas más importantes de neurociencia o de ciencia, si lo quieres. Para mí, esto es una picardía, porque dejamos de lado un montón de información que es valiosísima. Es un poco como esta teoría arrogante por parte nuestra, ¿no? Porque, por ejemplo, sería muy arrogante por mi parte que yo me pusiera a elaborar la importancia del olvido y que dejara a Borges de lado y que no tratara de entender lo que él mismo había pensado, no lo sé, 70 años antes que yo. Sería muy arrogante por mi parte no detenerme un instante a leer lo que pensaba Aristóteles sobre la memoria. Aristóteles dijo cosas muy interesantes sobre la memoria. Y así como te digo sobre la memoria, mañana me encontraré con un gran amigo que se llama Gea. En Gea es un mago brillante y los magos saben mucho más sobre atención que los neurocientíficos, porque el mago hace todo el tiempo esto. En neurociencia, estudiamos la atención. Hay un montón de gente estudiando la atención, y yo a veces digo: "Chicos, a ver, ¿no miran qué hacen los magos? Porque la verdad es que son los genios de manipular la atención. ¿No les interesa cómo lo hacen?". Yo estudié mucho la percepción visual. ¿Sí? Cómo vemos y un montón de detalles sobre percepción visual. ¿Hay alguien que supiera más de percepción visual que Rembrandt? Sí, probablemente, sí. Pero, ¿no te pararás un minuto a ver qué hacía Rembrandt? ¿Cómo manipulaba la percepción Rembrandt en los retratos o en las cosas que hacía? Entonces, para mí, el arte o muchas áreas del conocimiento que son fuera de la ciencia, nos dan una información que es valiosísima y totalmente ortogonal a la información que tenemos en ciencia. A mí, un poco, haber leído a Borges o releído a Borges y hacer esta conexión con Borges me lo hizo ver muy claro, porque Borges a mí me hizo entender lo que yo había descubierto y lo que yo pensaba sobre el funcionamiento humano.

A mí me gusta, como científico, abrirme al conocimiento que se encuentra del todo fuera de la ciencia para tratar de aprender más de ciencia, justamente. Una idea que te he oído señalar es que te atrae especialmente la idea filosófica sobre qué es lo que nos hace humanos. Mi pregunta es, precisamente, esta, ¿qué es lo que nos hace humanos? Si me lo preguntas hoy día: "¿Qué haces en neurociencia? ¿Cuál es la pregunta que te preocupa?". Es esta. ¿Qué nos hace humanos? Déjame hacerte una pregunta. Déjame elaborar la pregunta, porque la pregunta es fabulosa, pero a ver si, de alguna manera, te puedo hacer entender por qué es tan fabulosa para mí, la pregunta. Esto, para mí, es mucho más importante que la pregunta que te pueda dar. A mí lo que me fascina es lo siguiente, es claro, ¿qué nos hace humanos? Tenemos dos brazos, tenemos piernas y te puedo empezar a describir diferencias anatómicas con los otros primates. Pero dejemos eso de lado, eso lo podemos ver en cualquier enciclopedia o... Pero hay una cosa que a mí me apasiona. Imagina lo siguiente: imagina un chimpancé que está en la sabana de África y mira las estrellas. ¿Sí? Y tú dirás: "Los chimpancés son muy inteligentes, por tanto, no descartaría el hecho de que el chimpancé se dé cuenta de que hay estrellas y que están quietas y que son una cosa diferente de la Luna, que cambia de lugar, o del Sol, obviamente, ¿no?". Entonces, te podrías poner a pensar en un montón de cosas que el chimpancé podría estar pensando, mirando las estrellas. De hecho, perdonen que les diga que los chimpancés no suelen mirar las estrellas, pero imaginémoslo. Sin embargo, tienes al ser humano, y nosotros no es que solo miramos las estrellas y vemos constelaciones, nosotros agarramos vidrio, el polim, creamos lentes, las ponemos a una distancia en particular, hacemos telescopios, miramos hacia arriba, nos damos cuenta de que las estrellas están un poco rojizas. Entonces, decimos: "Bueno, esto es por el efecto Doppler, que quiere decir que las estrellas se alejan". Comenzamos a ver que el universo se expande y, después, inferimos que todo apareció en un Big Bang y comenzamos a descubrir las leyes del universo. Entonces, te das cuenta de que hay un salto cognitivo infernal. Puedes decir: "Pero los chimpancés son muy inteligentes". Es claro que son muy inteligentes. Los chimpancés casi no pueden contar. Probablemente, pueden contar y tienen nociones de cantidad. Pero nosotros no contamos. Nosotros contamos, hacemos derivadas, integrales, resolvemos teoremas, nos planteamos qué hacemos en esta vida, el origen del universo... Entonces, hay una diferencia cognitiva, de capacidades cognitivas, que es abismal. Y esto no es para desmerecer la inteligencia de otras especies, porque el chimpancé sí que piensa, sí que tiene su inteligencia, pero es incomparable a la inteligencia que tenemos nosotros, los humanos.

Doy tantas vueltas a esta comparación porque ahora viene lo más sorprendente. Tú dices: "Ah, bueno, pero el cerebro humano es el cerebro humano". ¿Cuántas veces más grande te piensas que es el cerebro humano comparado con el del chimpancé? ¿Cómo de diferente te piensas que es? Sí, es diferente. El cerebro del chimpancé pesa 400 gramos. Unos 400 o 500 gramos. El humano, 1.300, 1.350. Tres veces más grande. Cuatro veces más grande. Tú me dirás: "No, no, pero un momento, el humano tiene áreas cerebrales que están mucho más desarrolladas". No, las áreas del cerebro humano son casi las mismas que... las mismas, te diría, que las áreas cerebrales que reconoces en el cerebro del chimpancé. Entonces, me dirás: "No, pero las neuronas del cerebro humano son especiales". No. Tú vas y sacas una neurona de un cerebro humano y sacas una neurona de un chimpancé, de hecho, una neurona de un ratón, y no sabes cuál es cuál. Son iguales. Es decir, cuando te paras a pensar, dices: "El sustrato de todo esto es el mismo". Es decir, está bien, es un poco más grande en el humano comparado con el chimpancé. La especie que estudiamos en los laboratorios, cuando nosotros hablamos de monos, experimentos en monos... Los neurocientíficos, en general, los experimentos los hacemos en macacos. Son monos. El cerebro del macaco es más pequeño que el del chimpancé. Tres, cuatro veces más pequeño. El chimpancé es más inteligente que el macaco. El macaco es un mono más pequeño. El chimpancé es claramente más inteligente que el macaco. Pero ni de broma hay la diferencia que hay entre el chimpancé y el hombre. Pero, ¿por qué aquí hay un salto enorme, y aquí, no? Entonces, esta es la pregunta. Esta es la pregunta que a mí me vuelve loco. Es decir, ¿por qué? ¿Por qué? ¿Qué hay? ¿Qué tiene nuestro cerebro de diferente con el chimpancé? Si en todo lo que podemos decir es casi igual, tal vez un poco más grande, pero es casi lo mismo, es cuando vienen las respuestas posibles. Es decir: "Bueno, ¿qué tiene de diferente?". No es que sea más grande, no es que tenga áreas diferentes, no es que tenga tipos de neuronas diferentes. Lo que ha de estar pasando es que las neuronas han de estar haciendo algo diferente. Es decir, no puede estar funcionando igual. Si funcionara igual, seríamos, sí, un poco más inteligentes, tres veces más inteligentes o diez, pero no muchísimo más inteligentes. Entonces, esta es la pregunta que a mí me fascina. Esta es la pregunta a la que yo dedico todos los experimentos que hago con mi tiempo, el 100%, cada vez que hago investigación. ¿Qué nos hace humanos? Cuando digo "¿qué nos hace humanos?", trato de entender cuál es el principio de funcionamiento, cuáles son los principios de funcionamiento del cerebro humano, que son diferentes de los de un chimpancé, de un mono, de una rata, de un ratón. ¿Qué es lo que hacen diferente? Esta es la pregunta. Si te has quedado con la pregunta, me voy muy contento.

Ahora, la respuesta que te daré es mi respuesta. Es muy personal, es lo que yo propongo. Me parece muy interesante, y que no creo que sea coincidencia, que hasta ahora nadie había encontrado nunca estas neuronas de Jennifer Aniston en el cerebro del mono o en el cerebro de la rata. Hasta donde sabemos, son exclusivamente del ser humano. No existen en una rata. La rata no tiene una neurona de Mickey Mouse o lo que sea. Lo que quieras, de una ratita diferente. El mono no tiene una neurona que responda a otro mono que conoce. No existe una representación como la que yo te he descrito de Jennifer Aniston, Oprah Winfrey o lo que sea, no existe en otras especies. Hasta donde sabemos, hasta hoy día, es exclusivamente humano. Entonces, es cuando comienzo a atar cabos y digo: "Un momento. No es que seamos más inteligentes porque el cerebro sea diferente, es que hay algo que pasa que es diferente". Bueno, una de estas cosas que pasa, tal vez un componente muy importante de la inteligencia humana, es que tenemos neuronas que representan conceptos, que representan abstracciones. Entonces, es claro, dices: "¿Y en un área de la memoria?". Entonces, tendemos a recordar en términos de conceptos. Por lo tanto, es como que arrancas desde un nivel muy alto para tu pensamiento, porque ya no piensas en detalles o en términos de detalles, los detalles los has dejado de lado y piensas en términos de conceptos, piensas sobre pensamientos. Entonces, tienes lo que se llama "metacognición", es decir, tienes un nivel mucho más elevado de pensamientos que si estuvieses abarrotado de detalles, que si estuvieses representando con tus neuronas todos los detalles que son irrelevantes. Entonces, la gran pregunta, para mí, "¿qué nos hace humanos?" es tratar de encontrar qué hay en nuestro cerebro que funciona diferente. Lo que yo propongo es que una de las cosas que funciona diferente es que tenemos esta clase de neuronas representando conceptos que, hasta hoy día, no se han encontrado en otras especies. Entonces, ¿por qué el chimpancé no tiene estas neuronas? Por el lenguaje. Y dirás: "Es claro, tiene sentido, ¿no?". Porque estamos aquí, estamos hablando, estamos interactuando. Probablemente, ustedes están adquiriendo algún conocimiento nuevo. Te paras a pensar y, es claro, yo fui a la universidad, fui a la escuela... El hecho de que hablemos... Mi madre me enseñó un montón de cosas, mis profesores, mis maestros, es decir, nos enseñamos cosas, y eso hace que desarrolles una cultura, que desarrolles un conocimiento y que seas mucho más inteligente que otras especies. No, no pasa por aquí. Esto es cierto. Esto es un aspecto fundamental, que el lenguaje te ayuda a transmitir conocimiento y eso te ayuda a desarrollar más inteligencia. Pero, para mí, la clave pasa por otra parte. ¿Por qué te digo esto? Porque hubo gente que se planteó exactamente lo mismo ya hace 70 años y de 70 años para adelante, es decir, desde 1950 para adelante. Entonces, ¿qué hicieron? Eran primatólogos, gente que estudia los monos, es decir, que dedican la vida a estudiar animales, particularmente monos, simios, para ser más claros. Entonces, hubo varios grupos, diversa gente, que lo que hicieron fue decir: "Es claro, si es el lenguaje, por el hecho de yo enseñárselo a mi hijo, de poderle transmitir el conocimiento a partir de hablar, hacemos lo mismo con un chimpancé". Entonces, lo que hicieron fue agarrar un chimpancé de bebé y lo tuvieron en su casa. Esto fue un matrimonio, los Hayes, en Estados Unidos. Lo tuvieron en su casa y, al mismo tiempo, tenían un hijo que crecía. Entonces, lo que hicieron fue educar al mono, perdón, al chimpancé, como educaban a su hijo. Entonces, le hablaban, lo sentaban a la mesa, aprendía las mismas cosas. Lo que vieron fue que en los dos, el bebé humano y el bebé chimpancé, el desarrollo de la inteligencia fue creciendo más o menos en paralelo durante los dos primeros años. A partir del momento en que el bebé humano comenzó a hablar, su inteligencia se disparó y la del chimpancé se estancó. Entonces, no es que dejaran de transmitirle conocimiento. Le transmitieron el conocimiento igual que lo transmitieron a su hijo humano. Este tipo de experimentos los hizo mucha gente. Hubo muchos casos de estos en los que intentaron educar a un chimpancé como un bebé humano para ver si era un tema de cultura, de transmisión de conocimiento. Y sí, obviamente, el chimpancé comienza a hacer algunas cosas, pero se estanca. No llega a tener ese disparo cognitivo de inteligencia que tiene un bebé cuando comienza a hablar. Entonces, para mí, el motivo es otro. Me permito volver a Borges. Les he hablado de Borges hace un rato. Ahora les explicaré otro cuento de Borges. Borges tiene un cuento que se llama "Tlön, Uqbar, Orbis Tertius". Es un cuento muy cortito, como el de "Funes el memorioso", también, unas diez páginas o así. Borges especula en este cuento, se imagina un mundo llamado Tlön, donde no existen los sustantivos. Entonces, él dice que los sustantivos se llaman como una superposición de adjetivos. Por lo tanto, no existe decir "la Luna". Se dice, no lo sé: "Una cosa sobre el firmamento, que esto y esto otro". Entonces, una superposición de adjetivos, de detalles, te genera el concepto de la Luna. Lo que Borges acaba concluyendo es que, en este mundo imaginario, en Tlön, no existe el pensamiento, no existe la ciencia ni el pensamiento. Y el motivo es muy parecido al que discutimos de Funes. Es porque no hay abstracciones, no hay representaciones de abstracciones. Entonces, ¿qué es lo que te da el lenguaje? El lenguaje se encuentra en el hecho de que yo, por ejemplo, he nombrado a Borges. Si lo conoces, es un escritor argentino que escribió cuentos fantásticos. Pero yo te hablo de Borges sentado con su bastón. No te digo que Borges era ciego. No te digo que Borges era amigo de Bioy Casares. No tienes una representación específica de Borges o de otra, qué aspecto tenía Borges. Yo te digo "Borges" y es un concepto. Borges escribió un cuento en el que concluye que en un mundo sin sustantivos no se puede pensar. Te pongo un ejemplo más concreto. Si yo te digo "caballo"... Te digo: "A mí me gusta andar a caballo". Si es un caballo blanco, marrón, negro o con manchas... Si es un caballo grande, pequeño, de carrera o que tira un cabriolo, no importa. Yo te digo "caballo". Entonces, el hecho de que yo haga uso del sustantivo "caballo" implica una abstracción. Por lo tanto, estás barriendo un montón de detalles que ni siquiera tendrás en cuenta. Te concentras en el concepto de "caballo". Agarras dos conceptos, mi concepto, "Rodrigo", y el concepto de un caballo y los unes. No te pierdes en detalles, que si el caballo es así, que si es así o asá. Y es que los detalles te confunden, te distraen de lo esencial. Déjame ponerte un ejemplo más. El último. Les he explicado que estudié Física, ¿no? Uno de los grandes genios de la física fue Isaac Newton. Isaac Newton hizo un montón de cosas. Isaac Newton es famoso por haber descubierto la ley de la gravedad. Si tú dices: "Vaya, qué genio, descubrió la ley de la gravedad". No es que un día se puso a escribir la fórmula de la gravedad. La genialidad de Newton fue darse cuenta de que lo que hace que una manzana de un árbol caiga, la leyenda de su árbol de Cambridge, que la manzana cayó, es lo mismo que hace que la Luna gire alrededor de la Tierra. Es el mismo principio, que es la ley de la gravedad. La ley de atracción de los cuerpos. La genialidad de Newton radica en darse cuenta, en hacer una asociación tan dispar como entre un objeto como una manzana que cae y un objeto que está en el firmamento y que no cae. Ahora bien, si Newton se hubiera concentrado en el hecho de que era una manzana roja o una manzana verde, que tenía un agujero de un gusano, que tenía tres hojitas, que estaba en la tercera rama del árbol y yo qué sé, que la Luna se encontraba en cuarto menguante, que estaba medio amarillenta y que esto y esto otro, es como que los detalles te distraen. Entonces, tal vez lo que hay que hacer es abstraer estos conceptos. Decir: "Manzana es un objeto que cae porque está en la Tierra. La Luna es un objeto que no cae porque gira alrededor de la Tierra". Es claro, los dos objetos responden al mismo principio, que es la atracción de cuerpos, la ley de la gravedad. Entonces, lo que te da el lenguaje es la capacidad de reforzar abstracciones, de pensar en términos de abstracciones. Lo que yo creo, y ahora especulo porque no lo puedo comprobar, es que el Homo sapiens, nosotros, nuestros antepasados, desde hace 100.000 años, más o menos, hemos evolucionado haciendo uso del lenguaje. Hemos ido desarrollando el lenguaje. Y el hecho de haber desarrollado el lenguaje nos lleva a pensar en términos de abstracciones. "Me gusta andar a caballo". Abstracciones. Por lo tanto, el hecho de que pensemos en abstracciones, sorpresa, nos genera una representación de abstracciones en un área que está ligada a la memoria: estas neuronas del concepto, las neuronas de Jennifer Aniston. Entonces, yo creo que, en la evolución del ser humano o de nuestros antepasados, ha habido un círculo virtuoso, y aún lo hay. Por un lado, comenzamos a desarrollar neuronas representando conceptos y, por otro, el lenguaje. No digo que uno vaya antes que el otro, los dos se fueron desarrollando juntos y se fueron realimentando. El tema de que tengas representaciones de conceptos te ayuda a desarrollar el lenguaje, y el tema de que tengas lenguaje fomenta la representación de neuronas de conceptos. Yo creo que este es el círculo virtuoso que es clave de nuestro pensamiento y que no existe en otras especies.

Hola, Rodrigo. Hemos oído hablar muchas veces de esto de que dormir bien nos ayuda a aprender, porque es entonces cuando la memoria se fija. Pero, ¿esto por qué es? ¿Cuál es realmente el papel del sueño en la memoria? Sí, la pregunta es muy interesante. Dices "sueño" y dices "dormir". Entonces, si encuentras neurocientíficos que se dediquen a esta área específica... Hay gente que se dedica a estudiar el hecho de dormir, ¿no? ¿Qué te genera dormir en procesos cognitivos? Cuando les hablas del sueño, te dicen: "No, un momento, no, aquí no me meto". Tendemos a mezclar las dos cosas. Una cosa es dormir y la otra es soñar. El papel de dormir en la cognición está muy visto, está demostradísimo. Se sabe que el hecho de dormir consolida memorias, te ayuda a afianzar recuerdos sobre todo lo que has vivido durante el día. Lo peor que puedes hacer, si estás estudiando para un examen, es quedarte estudiando toda la noche, porque no tienes ese momento en el que consolidas lo que estás aprendiendo, es lo peor que puedes hacer. Siempre necesitas dormir antes de ir a un examen, porque el hecho de dormir, fíjate que digo "dormir" y no digo "soñar", ¿eh? Trato de ser cuidadoso con la diferencia. El hecho de dormir te ayuda a consolidar los recuerdos. Cuando generas una nueva memoria, la comienzas a consolidar, la vas consolidando, consolidando y consolidando. Hay hechos muy puntuales que te muestran qué pasa cuando no consolidas la memoria. Por ejemplo, hay un libro de neurociencia que comienza discutiendo el caso... ¿Conocen el caso de lady Diana, que murió en un accidente de coche y que el agente de seguridad o el chofer, no lo recuerdo, sobrevivió? En el juicio, el hombre no podía decir qué había pasado. Es que no lo podía decir porque la memoria de lo que ocurrió no la llegó a consolidar porque estuvo grogui, es decir, estuvo inconsciente. Muchas veces pasa que un boxeador, cuando lo noquean, se despierta y no recuerda la lucha, no recuerda que ha estado en el cuadrilátero luchando, no recuerda nada. Es porque lo que ha pasado los últimos minutos, antes de que lo noquearan, antes de que perdiera la conciencia, no se ha llegado a consolidar, no ha tenido esta etapa en la que el cerebro va repitiendo y fijando esta memoria, que es un proceso muy normal. Esto se llama "consolidación de la memoria". Dormir ayuda a eso. Dormir es la etapa del día en que consolidas la información de lo que has aprendido y, probablemente, la pones en contexto.

Ahora, lo que a mí me parece más fascinante es lo que no tenemos ni idea, que es el sueño. ¿Cuál es la función del sueño? Es decir, ¿por qué cada cierto tiempo un monstruo me persigue y yo, por más rápido que quiera ir, nunca escapo? ¿Por qué se me caen los dientes? Es decir, ¿por qué camino por una nube y no puedo bajar? Quiero pisar tierra, pero estoy volando y no puedo bajar a tierra. No lo sabemos. No lo sabemos. Tú le preguntas a cualquier experto del sueño, se llama "neurofisiología del sueño", y no lo sabe nadie. Es más, la respuesta más aceptada es que no lo sabemos. La respuesta más aceptada es decir: "¿Qué función tiene el sueño? No tiene ninguna función". Es que no lo sabemos. Es decir, yo no lo sé. No lo sabe nadie. Pero a mí me parece fascinante y, tanto de bueno... Es decir, yo no me dedico a eso, pero me encantaría que mucha más gente se dedicara. Pero fíjate que hay un montón de evidencias que son fabulosas. El tema "Yesterday" lo compuso Paul McCartney, lo compuso en un sueño. La molécula del benceno, si sabes de química, hay una molécula muy famosa, que es la molécula del benceno, que es como un hexágono y es una molécula clave en química. Había un hombre, creo que Kekulé, así se llamaba el químico, que estuvo mucho tiempo pensando cómo estos átomos, cómo estas moléculas, cómo estos átomos pueden estar juntos compartiendo estos enlaces. Lo soñó. Él soñó en una serpiente que se mordía la cola y eso le dio la idea de la molécula del benceno. La máquina de coser. Quien inventó la máquina de coser soñó que había aborígenes que pinchaban con lanzas un lugar y entonces tuvo la idea de la aguja subiendo y bajando. Fue un sueño. Entonces, hay mucha evidencia, no siempre, pero hay mucha evidencia que, a veces, al menos a veces, el sueño te dispara la creatividad. Yo creo que en el sueño pasa una cosa muy interesante que no pasa cuando estamos despiertos, porque cuando estás despierto estás atado, estás atado a la realidad. Sí, es decir, yo estoy aquí en Madrid. Yo no puedo ser de aquí un minuto, no lo sé, en Japón, soy aquí. Es físicamente imposible. Yo no puedo tener 15 años de aquí un minuto, tengo la edad que tengo y de aquí un minuto tendré un minuto más. Seré un minuto más viejo. Es como que estamos, de alguna manera, encadenados, constreñidos a nuestra realidad, donde estamos en el tiempo y en el espacio y a las cosas que nos pasan en este momento. Cuando tú sueñas, todo eso se va. Yo puedo soñar que estoy aquí, hablando contigo. Y, de repente, de aquí dos segundos, soy un niño de cinco años en una playa, no lo sé, en Japón. El sueño, el tema de que no tienes los sentidos activos, que no ves, que no sientes o que no procesas conscientemente esos sentidos te saca durante un período de tiempo de la realidad, y es entonces cuando hacemos las asociaciones más alocadas. Es decir, yo pienso en mis compuestos químicos y en cómo es la molécula de benceno, estoy todo el día trabajando en este tema y, de repente, cuando me sacas de todo esto, de lo que hago en mi laboratorio, me imagino una serpiente mordiéndose la cola y puff. Sale un vínculo desbaratado, pero que me da la solución. Entonces, todo esto que te digo es especulación pura, porque nadie sabe nada. Hay una cosa que me parece muy interesante. Me parece muy interesante que haya tanta evidencia de la creatividad durante el sueño. No siempre, pero a veces, y me parece muy interesante que el sueño te despoje de la realidad y del continuo del espacio-tiempo y que te permita hacer las asociaciones más desbaratadas, más alocadas, que pueden ser una pérdida de tiempo, pero que, a veces, pueden resultar brillantes, como en los casos que he descrito.

Hola, Rodrigo. Has escrito un libro, "Neurociencia ficción", en el que me ha llamado la atención cómo dices que tanto el cine como la literatura han adelantado mucho los descubrimientos científicos que se hacen hoy día. ¿Nos podrías dar un ejemplo de estos descubrimientos que hace años eran ficción y que hoy día son realidad? Tenía que dar una charla en un centro de secundaria en Argentina, chicos de entre 14 y 17 años. Yo pensaba: "Ostras, me encantaría transmitirles lo apasionante que es lo que hacemos nosotros en neurociencia", porque para mí es apasionante. A veces, si no te vas emocionado y dices: "Uf, que infernal lo que explica", es que yo he fallado. He fallado como... Te lo estoy comunicando mal. Entonces, yo pensaba: "¿Cómo puedo hacer para transmitirles lo fabuloso que es hacer neurociencia actualmente?". Entonces, se me ocurrió decir, en vez de explicarles experimentos, por ejemplo, decirles que en un laboratorio de Boston hay un grupo de gente que estimula neuronas del cerebro y que pueden generar una memoria, decirles: "¿Saben que lo...? ¿Saben que 'Origen' es real? Es decir, la película de 'Origen', de Leonardo DiCaprio. ¿Han visto lo que hacen, que implantan una memoria? ¿Saben que esto lo hacen en un laboratorio del MIT?". "¡Ostras!". Por ejemplo, a mí, hay una película que me encanta. No es tan conocida. Se llama "Hasta el fin del mundo". Es una película de un cinematógrafo alemán llamado Wim Wenders. Esta película es la historia de un hombre que viaja por todo el mundo con una cámara. Él, con la cámara, va grabando lo que ve y, al mismo tiempo, graba sus señales cerebrales. Digámoslo así. ¿No? Es una película. No es un experimento real de laboratorio. Pero lo interesante es la idea. La idea de que este buen hombre hace estas grabaciones porque su padre tiene un laboratorio en medio del desierto de Australia. Entonces, cuando este hombre llega y le da las grabaciones a su padre, lo que hace su padre es transmitir las señales cerebrales que registró mientras grababa las filmaciones a la madre, que es ciega. Entonces, la idea es que la madre no ve, pero la idea subyacente es que puedes estimular las neuronas tal como las estimula el ojo, es decir, porque el ojo no hace nada mágico. Lo que hace el ojo es percibir. Tiene fotorreceptores y envía señales nerviosas al cerebro. Entonces, dices: "Bueno, si el ojo no funciona, le puedo enviar las señales, los impulsos nerviosos, de alguna manera, eléctricos, al cerebro de esta mujer y hacer que tenga la sensación de ver". La idea me pareció brillante para una película de ciencia ficción. Y ahora viene el clic. Entonces, mediante la película, es claro, el científico dice: "Si yo puedo implantar imágenes en el cerebro de una persona ciega, tal vez puedo hacer el proceso inverso, tal vez puedo leer las señales cerebrales e interpretar lo que la persona piensa, tal vez puedo generar imágenes a partir de los pensamientos". Entonces, lo que hace es comenzar a grabar registros cerebrales durante el sueño y comienza a interpretar los sueños. Viene toda una discusión filosófica de si esto... De qué consecuencias tiene o no tiene esto, pero dejémoslo de lado. Entonces, un poco para ligar a las cosas de las que les estoy hablando... Encontramos estas neuronas de Jennifer Aniston que responden a Jennifer Aniston. Tengo una que responde a Jennifer Aniston, otra que responde a Kobe Bryant, otra que responde a la torre de Pisa, otra que responde a Pamela Anderson. Todos estos son ejemplos reales. En el mismo paciente, en el mismo experimento. Encontré unas diez neuronas que respondían a cosas diferentes. Entonces, lo que yo dije fue: "Yo quiero hacer como Wim Wenders. Quiero hacer como 'Hasta el fin del mundo'". Entonces, me pregunté: "¿Puedo agarrar la señal de estas neuronas, mirarlas en línea y predecir qué piensa el paciente?". Entonces, bueno, es muy sencillo. Agarro un algoritmo matemático que toma la señal de estas neuronas y, de acuerdo con la activación de este grupo de neuronas, trato de predecir qué es lo que ve el paciente. Y sí, lo hicimos, lo publicamos. Más aún, después dijimos: "Podemos hacer una cosa diferente. Podemos hacer que el paciente pueda proyectar lo que piensa en un monitor de ordenador". Suena a locura. Lo hicimos y lo publicamos. Le dijimos al hombre: "A ver, piensa en Jennifer Aniston o en Oprah Winfrey, ¿sí? A ver si puedes proyectar tu pensamiento en el monitor del ordenador". Y sí, lo hizo. Básicamente, para nosotros era muy fácil. Agarramos la neurona, decimos: "Cuando se dispare la neurona de Jennifer Aniston, pon la imagen de Jennifer Aniston, cuando se dispare la neurona de Oprah Winfrey, pon la suya. Pon una especie de transparencia entre las dos que vaya pasando de una a la otra". Sí, lo hicimos y lo publicamos. Es el individuo proyectando sus pensamientos como en "Hasta el fin del mundo". Una vez fui a una conferencia en Estados Unidos y un profesor brillante de San Francisco dio una charla. Lo que el hombre hizo fue registrar señales en MRI, resonancia magnética por imágenes. Entonces, lo que hizo es que tenía a las personas mirando películas y él registraba las señales del cerebro. Lo que hizo después fue dejar de ponerles películas, registrar las señales del cerebro y tratar de predecir qué pensaban, pero generando la imagen a partir de la actividad del cerebro. Cuando yo vi esta charla, me quedé asombrado, porque lo que él sacaba era igual que lo que yo había visto en la película de Wim Wenders. Después, le dije: "¿Conoces la película 'Hasta el fin del mundo', 'Until the end of the world'?". Me dijo: "No". "La tienes que ver, hermano. Es decir, esto es la película de Wenders de los 90. Tus imágenes reales son iguales que las de la película, iguales, es una estética muy parecida, medio difusas". Te explico la parte final para concluir la historia. En "Hasta el fin del mundo", Wenders imagina leer los sueños. Volviendo al tema de los sueños. Proyectar los sueños. Generar imágenes de los sueños. Un hombre de Japón tomó lo que hizo esta persona de San Francisco y dijo: "Hagamos lo mismo, pero cuando los sujetos estén soñando". Entonces, puso a los sujetos a dormir dentro del resonador, dentro de la resonancia magnética, cosa que no es fácil porque, si alguna vez te has hecho una resonancia, es ta, ta, ta, ta. Es un ruido muy fuerte, pero, bueno, con música, auriculares, lo que sea. Lo que hizo fue leer la señal que medían cuando dormían, cuando soñaban, y trataba de predecir qué soñaban, las imágenes de lo que soñaban, y no eran erróneas. Es decir, sí que se equivocaban, pero la cosa iba por ahí. También lo publicaron en unas de las revistas más importantes. Lo que te explico no pasó hace 20 años. Es decir, lo que te explico de leer los sueños lo publicaron no sé si en "Nature" o en "Science", que son unas de las revistas más importantes de ciencia, son muy sólidas, y es de hace cinco años. Entonces, cuando yo te digo: "¿Por qué es fabulosa esta neurociencia?". Porque pasa ahora. Es decir, no te explico cosas que pasaron hace 50 años, te explico cosas que pasaron en los últimos cinco o diez años.

Hola, Rodrigo. Antes nos hablabas de ciencia y de ficción. Ahora que ha avanzado tantísimo la inteligencia artificial, hay áreas en las que incluso supera la mente humana y, en cambio, hay otras áreas en las que se afirma que no superará la mente humana. ¿En qué áreas gana la inteligencia artificial y en qué áreas gana la mente humana? Piensa que hace 25 años decíamos: "Sí, bueno, las máquinas, vaya, sí que pueden jugar al ajedrez, pero a Kaspárov no lo ganan. De acuerdo, a mí me ganan porque yo no sé jugar. Es decir, yo juego al ajedrez, muevo las piezas, es decir, me defiendo, pero a un tipo que se dedica al ajedrez, a un gran maestro, no". Hoy día, sacas tu móvil, pones... Bajas un programita de ajedrez por internet... Este programita que has bajado en el móvil deja a Magnus Carlsen como un trapo sucio. Magnus Carlsen no tiene ninguna oportunidad, tiene cero oportunidades, de ganar al programita de internet que acabas de bajar en una app en tu móvil, cero. Es decir, cuando... No sé si lo recuerdan, pero cuando... Allá por el 2000, cuando Deep Blue ganó a Kaspárov... Lo que teníamos entonces, como decíamos, es cuando los humanos ganábamos en jugar al ajedrez. Es una cosa en la que hay que pensar. La máquina, por fuerza bruta, puede calcular jugadas, pero llega un momento en que tienes la intuición del humano, y siempre acabábamos ganando. No, no hay manera de ganar a un ordenador en ajedrez hoy día, no hay manera. Entonces, dijimos: "Bueno, pero el ajedrez, dentro de lo que cabe, al fin y al cabo, son relativamente limitados, porque no podemos mover las piezas como queramos, hay unas ciertas reglas y el cálculo no es tan fuerte". Pero hay un juego como el go, un juego chino, el de las piedritas, en el que pones las piedritas blancas y negras, a ver quién conquista más territorio, no lo sé. En el go, las posibilidades son muchísimo más vastas que en el ajedrez. Todos los que veíamos los progresos de la inteligencia artificial decíamos: "Vaya, en el ajedrez, de acuerdo, lo acepto, pero en el go no habrá manera". Resulta que, hace menos de diez años, tenemos un programa, lo hicieron en Londres, que se llama Alpha Go y que gana al campeón mundial de go. Pero no es que lo gane, lo deja como un trapo sucio, lo destroza. Entonces, dijimos: "Uy, ¿y ahora nos gana también en el go?". Reconocer caras, yo te puedo reconocer. Es decir, te veo afuera y te puedo saludar: "Sí, recuerdo que estabas en mi charla". Esto, la inteligencia artificial, no hay manera. La inteligencia artificial reconoce caras igual que nosotros ya. No te hablo de que esto venga de hace un siglo, esto tiene... Del 2013. En 2013, se generó un algoritmo de inteligencia artificial que reconocía caras con un nivel más o menos como el humano. La escritura. Tú, cuando envías una carta que has escrito, quiero enviar una carta a Toledo, código postal y no lo sé, lo escribes así... Hace unos años había una persona que estaba con una lupa intentando descifrar qué habías escrito. Hoy, no. Hoy, una inteligencia artificial lo hace mejor que cualquier persona y te envía la carta al lugar correcto. Entonces, lo mires como lo mires, dices: "La que nos espera". Con todo, hay una cosa en la que la inteligencia artificial está en pañales y en la que nosotros la dejamos como un trapo sucio. Esto es porque nos ponemos bien valientes y decimos: "Ahora, sí". La inteligencia artificial trabaja muy bien en áreas específicas, en tareas específicas. Entonces, tú, por ejemplo, la inteligencia artificial, el programa de inteligencia artificial que juega al ajedrez gana a Carlsen, pero no puede reconocer caras. El programa que reconoce la escritura cuando envías una carta no puede reconocer el audio de un idioma. Es decir, tienes inteligencia artificial que reconoce la palabra, tú hablas con Alexa y le dices: "Alexa, pásame tal cosa", y lo reconoce, pero este programa no puede reconocer caras ni puede jugar al ajedrez. Entonces, lo que pasa es que el progreso de la inteligencia artificial está siempre muy... en compartimentos, en tareas específicas. En tareas específicas nos gana. Ahora, tú puedes decir: "Bueno, lo que hago es generarme una superinteligencia artificial. Le pongo un ordenador que juegue al ajedrez, uno que juegue al go, otro que reconozca caras, otro que reconozca la escritura, otra que reconozca el audio para traducir a otro idioma y ya está, nos gana". Sí, pero la gran diferencia es que esto no tiene lo que se llama "inteligencia general". Quiere decir que estos ordenadores no se hablan entre sí, son como compartimentos estancos, están desconectados. Lo que tú haces toda la tiempo como ser humano es generalizar, es tener un sentido común para saber cómo reaccionar en situaciones que te resultan nuevas. Un ordenador que juegue al ajedrez no puede jugar al go. De hecho, sí que puede, Alpha Zero probablemente puede, pero lo que tienes que hacer para tener un ordenador que juegue al ajedrez y comience a jugar al go, lo tienes que entrenar y entrenar y entrenar y entrenar y entrenar con millones de casos. Ahora, tú sales aquí a la calle, te pasa algo que no te ha pasado nunca en la vida, porque son experiencias nuevas, y sabes cómo reaccionar. No necesitas salir un millón de veces a la calle y que te pase esta experiencia para aprender cómo reaccionar, lo haces así. ¿Por qué? Porque haces uso del sentido común. ¿Qué quiere decir que haces uso del sentido común? Que haces analogías, que haces inferencias. Entonces, tú, de acuerdo con tus experiencias pasadas, en un contexto totalmente diferente, probablemente, sabes cómo reaccionar en un contexto nuevo, en una situación nueva, y no necesitas hacer un montón de ejemplos para aprender, te das cuenta, es sentido común. Es intuición. Entonces, esto es lo que en inteligencia artificial se llama "inteligencia general", esto es lo que aún no sabemos cómo desarrollar. Yo no digo que sea imposible, tal vez de aquí un par de años me invitan a una charla y te digo: "Mira, nos han ganado". Es decir, la máquina que juega al ajedrez ha comenzado a reconocer caras porque ha comenzado a transferir conocimiento de un área a otra totalmente diferente. Ahora, este problema es un problema muy complejo, porque tú dices: "De acuerdo". Aprendes a jugar al ajedrez, pero, de repente, aprender a jugar al ajedrez te ayuda a otras cosas. Has transferido conocimientos de una cosa que has aprendido jugando al ajedrez a una situación totalmente nueva que no tiene nada que ver con el ajedrez. No lo sé, sea lo que sea. Pero, ¿cómo lo haces? ¿Cómo lo explico yo a un ordenador o cómo hago yo que el ordenador desarrolle una serie de inteligencia o lo que sea para que se dé cuenta de qué información ha de extraer y cómo la ha de aplicar a un contexto diferente? Esto es lo que no sabemos cómo hacer en neurociencia computacional, en inteligencia artificial o lo que sea. Esto es lo que nos falta, inteligencia general. Lo miro un poco desde mi punto de vista, pero lo quiero ligar a la charla que estamos teniendo toda la tiempo. Si yo te digo: "Lo que le falta al ordenador es transferir conocimiento de un dominio específico a un dominio totalmente diferente, a un contexto totalmente diferente", lo mejor que puedes tener es que la representación de este conocimiento sea independiente del contexto. Es decir, que digas: "Yo he aprendido a hacer esto", pero no importa si juegas al ajedrez, al go o reconoces caras. Has aprendido algo, no lo sé, lo que sea. Has aprendido una cosa que, de repente, esta cosa que has aprendido la puedes aplicar a un contexto o a una tarea totalmente diferente. Entonces, si lo que has aprendido no depende del contexto, lo podrás transferir con más facilidad. Es justamente lo que hacen las neuronas de las que les hablo. La neurona que responde a Jennifer Aniston responde a Jennifer Aniston la muestre como la muestre y haciendo lo que haga. El experimento que haga, si es un experimento de memoria, de percepción o de lo que sea es independiente del contexto. Entonces, lo mejor que puedes tener, creo yo, para desarrollar este tipo de inteligencia humana es tener representaciones independientes del contexto, que justamente es lo que vemos con las neuronas de Jennifer Aniston o neuronas de concepto.

Hola, Rodrigo. La conciencia es un término que históricamente está vinculado al mundo de la filosofía. Con todo, recientemente está siendo tratada por la ciencia. ¿Me podrías decir qué es la conciencia? Mi cabeza, es decir, cuando yo estaba en CALTECH, en California, uno de mis mentores era un científico brillante que se llamaba Christof Koch. Hablando de la definición de la conciencia, él se dedicaba a una neurociencia más de procesos, de disparos de neuronas, cosas muy biofísicas, muy de detalle, de cómo funcionan las neuronas y eso y eso otro. Él comenzó a juntarse y a hacer charlas muy interesantes con un científico brillante, quizás uno de los científicos más brillantes del siglo pasado, que se llamaba Francis Crick. Francis Crick fue quien codescubrió la doble hélice del ADN. Ganó el Premio Nobel por eso. Francis Crick vivía en San Diego. Christof tenía su laboratorio en CALTECH, en Los Ángeles. Entonces, subía al coche los fines de semana y charlaba con Francis Crick. Francis Crick estaba muy interesado en la conciencia, y Christof Koch, también. Los dos tenían esta pasión por tratar de entender la conciencia y, permíteme que lo diga así, robarla a los filósofos, porque era, como bien dices, una cosa que se discutía en filosofía. Lo primero que hicieron fue decir: "Dejemos de dar vueltas a la definición de la conciencia porque los filósofos no se ponen de acuerdo". Tú haces una conferencia de la conciencia con filósofos y te dan una definición y que no, no la puedes definir así porque esto y esto otro, que la definición es esta otra, que esto y esto otro. De repente, Christof y Francis dijeron: "No nos calentemos más la cabeza. Todos sabemos de qué hablamos. Es decir, tú sabes de qué te hablo. Tú sabes sobre qué me preguntas. Basta de definiciones, hagamos los experimentos". Un poco, lo que ellos hicieron fue escapar de las definiciones y decir: "Basta de filosofar. Filosofar está muy bien". De hecho, Christof es filósofo también. "Pero pasemos a hacer ciencia. Por lo tanto, probemos las hipótesis, propongamos cosas y probémoslas". Esto fue un cambio radical. Fue a mediados de los 90, que es cuando los científicos comenzamos a meternos más y más en la conciencia. Comenzamos a pedir permiso a los filósofos para juntarnos con ellos y comenzar a discutir mano a mano sobre este tipo de temas.

Hay varias cosas que llamamos "conciencia". Una cosa es decir: "Estoy consciente. ¿Por qué? Porque no estoy durmiendo o porque no estoy con anestesia en una camilla, anestesiado". Cuando estás anestesiado en una camilla, no estás consciente. No hablo de eso. Yo, por ejemplo, estoy consciente... Soy consciente de ti. Esto, en inglés, no sé si existe la palabra en español, se llama "awareness". Es decir, yo sé que tú estás aquí y que me haces una pregunta. Es decir, yo soy consciente de tu presencia. Miremoslo de esta manera. Esto lo llamamos, si quieres y es visual, lo llamamos "visual awareness". Hay un montón de ciencia, de neurociencia, que va por aquí. Entonces, ¿qué es lo que haces? Haces este experimento. Bueno, ¿qué pasa cuando yo te reconozco comparado con cuando yo no te reconozco? Por ejemplo, porque te pones

Más allá de estas charlas que tenemos sobre las cosas que te explicaba sobre la educación, el impacto que puede tener la neurociencia en la educación, yo creo que hay un aspecto que es aún más profundo.

Hace poco, yo escribí un libro, o publiqué un libro, titulado 'Neurociencia ficción', que es justamente ver cómo la neurociencia se liga con la ciencia-ficción. Es un juego de palabras. Ciencia-ficción, neurociencia, neurociencia ficción.

Las cosas que eran ciencia-ficción hace pocos años ya son una realidad en el laboratorio. Son neurociencia pura.

Estos dos aspectos, neurociencia y ciencia-ficción, tienen un tercer componente que es fundamental, que es la filosofía. Porque muchas veces las preguntas que nos hacemos, tanto en ciencia-ficción como en neurociencia, tienen una base filosófica de muchos siglos.

Muchas preguntas que yo me hago ahora se las hizo Descartes, se las hizo Aristóteles o Platón. Aleshores, a mí me gusta jugar con la idea de juntar estas cosas, de juntar las ideas alocadas de la ciencia-ficción con lo que pasa en los laboratorios, con las ideas de los pensadores, de los filósofos.

Yo creo que una de las grandes contribuciones de la neurociencia de ahora, no te hablo de hace 50 años, sino de ahora, de los últimos diez años o veinte, es que, modestamente, yo creo que está reescribiendo la filosofía.

Yo creo que la filosofía ha cambiado. Yo creo que ha cambiado en los últimos diez años, veinte años. Las grandes preguntas que tenía Descartes en su época, Leibniz se planteaba estas cosas sobre la conciencia, por ejemplo, yo creo que han cambiado totalmente el foco hoy en día, en el siglo XXI.

Yo creo que la filosofía del siglo XXI, de los últimos diez o veinte años, es muy diferente de la filosofía de los últimos 2.000 años. Creo que ha cambiado radicalmente y creo que el cambio viene de la evidencia que nos da la neurociencia sobre el funcionamiento del cerebro, que, en el fondo, es el funcionamiento de nosotros mismos.

Muchas de las preguntas que hace siglos que nos hacemos, como por ejemplo la conciencia, se comienzan a contestar, pero comienzan a surgir muchas otras.

Entonces, yo creo que, para mí, es decir, como curioso que soy, dígame científico, dígame filósofo o dígame lo que quieras, para mí, esto es lo que yo pienso que es la contribución más fuerte de la neurociencia, que lo está cambiando todo, está cambiando la filosofía, está cambiando nuestro conocimiento, y yo creo que es apasionante.

Bueno, solo me queda agradecéroslo. Lo he pasado muy bien, ha sido una charla muy amena, muy divertida para mí, así que muchas gracias.