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40 Mat 01:01-23 - J Vernon McGee - a Traves de la Biblia

Ken Zenk58:54

Transcription

Llegamos ahora en nuestro estudio al Evangelio según San Mateo. Hay solamente 28 capítulos en este libro, pero es un libro muy importante. El hecho es que es uno de los libros claves de la Biblia. Este evangelio nos trae a la misma presencia de la persona de Cristo.

Al llegar hoy a este Evangelio de San Mateo, quisiéramos llenar el vacío que hay entre el Antiguo Testamento y el Nuevo. Es esencial que sepamos algo acerca de este periodo de aproximadamente 400 años para apreciar y tener un conocimiento correcto del Nuevo Testamento. Este es el intervalo comprendido entre los días de Nehemías y Malaquías y el nacimiento de Jesucristo en Belén.

Después que Malaquías había hablado, el cielo guardó silencio. Podríamos decir que la radioemisora de Dios dejó de transmitir y no hubo ninguna transmisión por un lapso de 400 años. Luego, un día, el Ángel del Señor apareció repentinamente al sacerdote Zacarías mientras estaba parado frente al altar en Jerusalén, en la hora de la oración. Anunció el nacimiento de Juan el Bautista, quien sería el precursor del Señor Jesús. Más adelante veremos cuán importante es Juan el Bautista en este evangelio de Mateo.

Notamos que ocurrieron muchísimos eventos durante este intervalo de 400 años. Aunque es un periodo que no es mencionado en las Escrituras, sin embargo, este periodo fue un tiempo conmovedor y emocionante en la historia del pueblo judío y, a la vez, fue un tiempo trágico. Las condiciones internas de Judá sufrieron una transformación radical. Una nueva cultura, algunas instituciones diferentes y varias organizaciones no conocidas emergieron en este periodo, las que aparecen en el Nuevo Testamento pero sin sus antecedentes históricos.

La historia mundial había andado a grandes pasos durante el intervalo entre el Antiguo Testamento y el Nuevo. El Antiguo Testamento terminó con el Imperio medo-persa como poder dominante. También Egipto era todavía un poder que tenía que tenerse en cuenta en la política mundial. Durante el intervalo entre los dos testamentos, ambos países desaparecieron gradualmente como naciones sobresalientes. El poderío mundial cambió su sede del oriente al occidente, de Asia a Europa, y de medo-Persia a Grecia. Cuando principia el Nuevo Testamento, un nuevo poder, Roma, se constituye en el soberano mundial.

Una consideración de algunas fechas importantes nos dará una vista rápida de los eventos principales que señalan la transición. Ahora es importante que usted, amigo oyente, tome nota de esta fecha.

Año 480 a.C.: Jerjes el persa salió victorioso en una sangrienta batalla contra los griegos en Termópilas, pero luego fue derrotado en la batalla de Salamina. Realidad, lo que le derrotó allí fue una tempestad, pero esta fue la última intentona del oriente por obtener el dominio mundial.

En el año 333 a.C. vino del occidente el macho cabrío con un cuerno notable entre sus ojos que Daniel menciona en el capítulo 8 de su profecía. Este era Alejandro Magno, quien dirigió las fuerzas griegas unidas hacia la victoria sobre los persas en Isus.

En el año 332 a.C., Alejandro Magno visitó a Jerusalén. Le fue mostrada la profecía de Daniel que hablaba de él y por eso no asoló a Jerusalén. Jerusalén fue una de las pocas ciudades que Alejandro Magno no asoló.

En el año 323 a.C., Alejandro murió en Persia. Al parecer, había intentado mudar la sede del imperio hasta allí. Luego, el imperio mundial, tanto de oriente como de occidente, fue dividido entre sus cuatro generales.

En el año 320 a.C., Judea fue anexada a Egipto por Ptolomeo Sóter.

En el año 312 a.C., Seleuco fundó el reino de los seléucidas, que pasó a ser Siria. Trató de tomar a Judea, por lo que Judea llegó a ser el campo de batalla entre Siria y Egipto. Este pequeño país llegó a servir de valle entre las dos naciones rivales. El resultado era muy semejante a la tabla de estregar ropa que muchas de nuestras madres solían utilizar. De arriba a abajo, de arriba a abajo, estregaba la ropa, pues así hicieron estas dos naciones, fueron de arriba abajo sobre la pequeña región de Judea.

Ahora, en el año 203 a.C., Antíoco el Grande tomó a Jerusalén y Judea pasó así al dominio de Siria.

En el año 170 a.C., Antíoco Epífanes tomó a Jerusalén y, denigrando, siendo un cerdo sobre el altar, había sido mencionado en el libro del Profeta Daniel como el cuerno pequeño en Daniel 8:9. Lo han llamado el Nerón de la historia judía.

En el año 166 a.C., Matatías, el sacerdote de Judea, levantó una rebelión contra Siria. Este es el principio del periodo de los Macabeos. Los judíos nunca habían sufrido más que lo que sufrirían durante esta época y nunca fueron más heroicos que durante este intervalo. Judas Macabeo, que quiere decir "el martillo", fue el líder que organizó la rebelión.

En el año 63 a.C., Pompeyo el Romano tomó a Jerusalén y así el pueblo hebreo pasó a quedar bajo la soberanía de un nuevo poder mundial. Estuvieron bajo el gobierno romano tanto en el tiempo del nacimiento de Jesús como en todo el periodo en que se escribió el Nuevo Testamento.

En el año 40 a.C., el Senado Romano nombró a Herodes como rey de Judea. Nunca ha habido una familia ni un nombre más inicuo que este. Se ha hablado mucho acerca de la mafia tan terrible, pero esta familia sobrepasó a todas.

En el año 37 a.C., Herodes tomó a Jerusalén y dio muerte a Antígono, último de los reyes sacerdotes entre los Macabeos.

En el año 31 a.C., Augusto César llega a ser el emperador de Roma.

En el año 19 a.C., comenzó la reconstrucción del templo de Herodes. La construcción había estado en proceso ya por mucho tiempo cuando nació nuestro Señor Jesucristo y todavía continuaba durante el tiempo en que se escribió el Nuevo Testamento.

En el año 4 a.C., nace en Belén nuestro Salvador, Cristo Jesús.

La vida interna de la nación de Judea sufrió cambios radicales a causa de sus experiencias durante el periodo entre los dos testamentos. Después de la cautividad babilónica, se volvió de la idolatría a un esfuerzo frenético por lograr una santidad legal. La ley mosaica se constituyó en un ídolo. El hebreo clásico se dio al arameo como idioma de uso común, aunque se retenía el hebreo para la sinagoga. La sinagoga parece haber aparecido después de la cautividad y llegó a ser el centro de la vida en Judea y a donde quiera que fuera que hubiese hebreos en el mundo.

También surgió entre esta nación un grupo de partidos y agrupaciones que son mencionados en el Nuevo Testamento, pero que nunca se mencionaron en el Antiguo Testamento. Ahora, estos partidos o agrupaciones podemos dividirlas en cuatro grupos principales.

Primero, los Fariseos. Estos fueron el partido dominante. Se presentaron para defender el modo de vivir judío contra toda influencia extranjera. Eran legalistas estrictos que creían en el Antiguo Testamento. Eran nacionalistas en cuanto a la política y querían restaurar el reino al linaje de David. Por eso fue un partido religioso-político. Hoy en día, los llamaríamos fundamentalistas, hablando teológicamente, y muy derechistas, hablando políticamente.

El segundo grupo eran los Saduceos. Los Saduceos se integraron a los ricos y a los que se inclinaban a la vida social, los que querían desprenderse de las tradiciones. A propósito, ¿no le recuerda eso la hora presente? No es interesante que las familias ricas sean las liberales. Las migajas todavía caen de la mesa del rico; están dispuestos a dar las migajas, pero no dan su riqueza, eso es seguro. Los Saduceos eran liberales en su teología y rechazaban lo sobrenatural. Por eso eran enemigos de los Fariseos. Los Saduceos tenían mucho en común con los epicúreos griegos. Los epicúreos fueron opuestos a los estoicos. Los epicúreos creían en el lema: "Come, bebe y regocíjate, porque mañana mueres". A veces es posible que tengamos un concepto algo equivocado en cuanto a ellos, pues en la realidad intentaban alcanzar la vida buena. Pensaban que la manera de vencer el cuerpo era dándole rienda suelta y desenfrenada. Muchísimas personas creen que esa es la respuesta hoy en día, pero, amigo oyente, en aquel entonces sometieron a prueba tales teorías y no dio buenos resultados. Así que tampoco podemos hoy obtener buenos resultados en esas condiciones.

Ahora, el tercer grupo era el de los Escribas. Los Escribas era un grupo de expositores profesionales de la ley que existían desde los días de Esdras. Llegaron a ser los que se preocupaban solo de minuciosidad, dando mayor importancia a la letra de la ley que al espíritu de la ley. Cuando el viejo Herodes llamó a los escribas indagándoles dónde había nacido Jesús, ellos conocían muy bien la letra de la ley. Sabían que había sido en Belén. Uno hubiera pensado que habrían viajado en camello y habrían ido hasta Belén para ver a Jesús, pero tal cosa no les interesaba. Su prioridad era solo la letra de la ley.

Amigo oyente, es un peligro el simplemente desear tener la información y el conocimiento de la Biblia y luego no dejar que tal conocimiento llegue a ser parte integral de nuestras vidas. Sí, es verdad que se puede estudiar los bosquejos bíblicos y aprender todos los datos básicos y aún no encontrar la salvación. Bien se puede conocer todo lo que se refiere al anticristo, a la bestia, la predestinación, el libre albedrío, elección y muchos otros temas bíblicos. Es posible que se conozca teológicamente las verdades bíblicas sin que tales verdades realmente tomen posesión de su corazón. Los escribas estaban en tal categoría. A veces creemos que hoy en día las personas menos compasivas que conocemos figuran entre los presumidos fundamentalistas, quienes estarían dispuestos a destruir a una persona solo para poder sostenerse en un pequeño punto que les parece ser correcto.

Ahora, permítanos decirle, amigo oyente, que es sumamente importante que conozcamos bien la palabra de Dios. Es un logro loable y digno de ser estimulado, pero simplemente conociendo los datos de la Biblia no es suficiente. El Espíritu de Dios debe ser nuestro maestro, como lo hemos dicho repetidas veces en este programa, y él debe tomar posesión de nuestros corazones también. Este conocimiento bíblico no es solo para nuestro beneficio, sino que debemos irlo con otros. Hay que integrar este conocimiento a cada aspecto de nuestras vidas.

Bien, el cuarto grupo era el de los Herodianos. Los Herodianos era un partido que existía en los días de Jesús y sus integrantes eran estrictamente oportunistas políticos. Buscaban mantener al linaje y familia de Herodes en el trono. En otras palabras, su único anhelo era ser miembro del partido gobernante.

Ahora, el periodo entre el Antiguo y el Nuevo Testamento fue un tiempo de gran actividad literaria. A pesar del hecho de que no hubo entonces ninguna revelación de Dios, el Antiguo Testamento fue traducido al griego en Alejandría, Egipto, durante el periodo desde el año 285 a.C. hasta el 247 a.C. Fue traducido por una comisión integrada por seis miembros de cada una de las 12 tribus. Por esto, la traducción lleva el nombre de la Versión de los Setenta. Esta versión fue utilizada por el apóstol Pablo y, al parecer, nuestro Señor Jesucristo también la citó.

Los libros apócrifos del Antiguo Testamento fueron escritos en esta época. Estos son 14 libros que no llevan ninguna evidencia de inspiración divina. Hay dos libros que llevan los nombres de dos hombres del Antiguo Testamento, pero no hay evidencia alguna de que estos dos fueran los autores. Son los Salmos de Salomón y el libro de Enoc.

Aunque este es un periodo marcado por el silencio de Dios, sin embargo, es evidente que Dios estaba preparando al mundo para la venida de Cristo. El pueblo judío, la civilización griega, el Imperio Romano y la multitud de civilizaciones en el oriente, todos estaban preparando para la venida de un Salvador que vino justamente en el momento preciso de la escena mundial que Pablo designó como "el cumplimiento del tiempo".

Los cuatro evangelios fueron dirigidos a los cuatro grupos principales en el mundo de aquel entonces. Veamos ahora la comparación de los cuatro evangelios.

El evangelio de Mateo fue escrito para la nación de Israel. Fue escrito en hebreo y dirigido principalmente al hombre religioso de aquel tiempo.

El evangelio de Marcos fue dirigido al mundo romano. El romano era un hombre de acción que creía que el gobierno, es decir, la ley y el orden, era el único método capaz de controlar al mundo. Muchísimas personas creen aún hoy día que por este método es que el mundo debe ser controlado. Es verdad que debe haber ley y orden, pero los romanos pronto se enteraron de que no les era posible gobernar al mundo con tan solo esto. Al mundo no solo le faltaba oír de alguien que creía también en la ley y el orden, sino de alguien que ofrecía el perdón del pecado y la gracia y la misericordia de Dios. Este es el Señor que el evangelio de Marcos presenta a los romanos.

El evangelio de Lucas fue escrito al griego, al pensador, al intelectual de entonces.

El evangelio de Juan fue escrito directamente para los creyentes, pero también indirectamente para el oriente, donde había millones que clamaban por la liberación. En aquel día, todavía hay un clamor hoy en día de un mundo que necesita la liberación. El hombre religioso necesita a Cristo y no la religión. El hombre de poder necesita de un Salvador que tiene el poder para salvarlo. Al pensador, al intelectual, le falta alguien que pueda suplir tanto sus necesidades mentales como las espirituales. Al gran oriente y sus multitudes hundidas en la miseria, les falta saber acerca de un Salvador que puede no solo salvar, sino también revivificar a un hombre y transformarlo, llevándolo a un lugar donde puede vivir para Dios.

Consideremos ahora el Evangelio según San Mateo. El evangelio de Mateo fue escrito por un publicano, un cobrador de impuestos, sobre quien el Señor Jesús había puesto su mano de una manera muy definida. Así lo vemos en Mateo capítulo 9, versículo 9. Fue seguidor del Señor Jesús, un apóstol. Papias lo dice, y Eusebio lo confirma, y otros de los padres apostólicos se ponen de acuerdo en que este evangelio fue escrito originalmente por Mateo en hebreo para la nación de Israel, un pueblo religioso.

No tenemos suficiente tiempo como para entrar en las circunstancias circundantes a todo esto, pero Dios había preparado toda esta nación para la venida de Cristo al mundo, y así procedió de esta nación, tal como el Señor Jesús mismo lo dijo en Juan capítulo 4, versículo 22: "La salvación viene de los judíos". Un historiador alemán dijo que Dios preparó al Salvador para que viniera de Israel. La salvación debía venir de ellos. Preparó también al mundo pagano para la salvación, porque ciertamente la necesitaba. Todo el mundo la necesita.

El Evangelio según San Mateo es un libro notable y un libro clave de la Biblia. Vuelve su mirada al Antiguo Testamento y reúne allí más profecías del Antiguo Testamento que cualquier otro libro, y esto es de esperarse, puesto que fue escrito principalmente para los judíos. Pero al mismo tiempo, avanza más en cuanto a las enseñanzas del Nuevo Testamento que cualquiera de los otros evangelios. Por ejemplo, ningún otro escritor del Evangelio menciona la iglesia por nombre, pero Mateo la menciona. Solo él anota las palabras de nuestro Señor Jesucristo en el capítulo 16 y versículo 18, cuando dijo: "Sobre esta roca edificaré mi iglesia".

Aún Renán, el escéptico francés, dijo que este evangelio era el libro más importante en todo el cristianismo, posiblemente el más importante que jamás haya sido escrito. Un publicano transformado por Jesucristo fue la persona elegida por el Espíritu de Dios para dirigir este evangelio al pueblo de Israel.

Este evangelio presenta el programa de Dios. La frase "el reino de los cielos" es una expresión que es peculiar a este evangelio. Le encontramos allí unas 32 veces, mientras que la palabra "reino" ocurre 50 veces. Una comprensión correcta de la frase "reino de los cielos" es esencial para cualquier interpretación de este evangelio y de la Biblia. Y quisiéramos declarar categórica y dogmáticamente que el reino y la iglesia no son palabras sinónimas, no son lo mismo. La iglesia está incluida en el reino de los cielos, pero no son iguales. Por ejemplo, Maracaibo está en Venezuela, pero Maracaibo no es toda Venezuela. Si usted no está de acuerdo, pregunte a los caraqueños. Venezuela no es América Latina, pero está en América Latina. La cámara de comercio de algún país, quizá, pueda pensar que su país es toda América Latina, pero no lo es; es solamente una parte pequeña de ella.

El reino de los cielos, declarado con simpleza, es el reino esperado que comenzará cuando Jesucristo, el Mesías, implante su reino de justicia, paz y amor sobre toda la tierra. La iglesia estará presente en este reino, pero no constituirá su totalidad. Ahora, sabemos que los teólogos han oscurecido la atmósfera y ciertamente han hecho de esto una cosa muy complicada, pero los pobres predicadores como nosotros tenemos que salir con una explicación simple, y es esta: el reino de los cielos es el reinado de Jesucristo aquí en la tierra. Los judíos, a los cuales este evangelio fue dirigido, entendieron esta expresión como el total de todas las profecías del Antiguo Testamento con respecto a la venida de un Rey del cielo para establecer un reino aquí en esta tierra con las normas del cielo. Esta expresión, pues, no les era nada nueva.

Veamos ahora que el reino de los cielos es el tema de este evangelio. El que establecerá ese reino sobre la tierra es el Señor Jesucristo. El reino es lo más importante aquí, y el evangelio de Mateo contiene tres discursos principales que tienen que ver con este reino.

En primer lugar, el Sermón del Monte, que se refiere a las leyes del reino. Creemos que es solamente una lista parcial de lo que se llevará a cabo en aquel día.

En segundo lugar, las Parábolas de Misterio. Estas parábolas en Mateo capítulo 13 son acerca del reino. Nuestro Señor nos dice que el reino de los cielos es como un sembrador, como un grano de mostaza, etc.

Y en tercer término, el Discurso del Monte de los Olivos, que anticipa el establecimiento del reino aquí en la tierra.

En nuestro estudio del Evangelio de Mateo, veremos que la expresión "el reino de los cielos" es una expresión de significado progresivo. Es muy importante que veamos esto. Hay un movimiento o acción en el evangelio de Mateo, y si no lo vemos, pues no hemos aprendido el verdadero sentido de este evangelio. Es como estar en la autopista y pasarse la salida sin verla. Si uno se la pasa, amigo oyente, está en apuros. Si no vemos el movimiento de este maravilloso evangelio, no podremos comprender algo muy importante.

Este evangelio es muy semejante al libro de Génesis. Son dos libros claves de la Biblia, y realmente debemos estar lo suficientemente familiarizados con estos dos libros a fin de que nos sea posible reflexionar sobre todo su contenido. Daremos algunos títulos de los capítulos para poder así aprender a reflexionar sobre el contenido de este libro. Sugerimos, pues, que aprenda usted los capítulos de Mateo, pero que no pase por alto la acción que hay en estos capítulos.

Vamos a darle ahora una manera de dividir el evangelio de Mateo. En nuestro estudio, seguiremos una división algo diferente, pero esta le ayudará a reflexionar. Es importante que conozcamos a Mateo para comprender la Biblia.

1. La Persona del Rey (Capítulos 1 y 2)

2. La Preparación del Rey (Capítulos 2 hasta el versículo 16 del capítulo 4)

3. La Propaganda del Rey (Capítulos 4, versículo 17 hasta el versículo 35 del capítulo 9)

4. El Programa del Rey (Capítulo 9, versículo 36 hasta el capítulo 16, versículo 20)

5. La Pasión del Rey (Capítulo 16, versículo 21 hasta el capítulo 27, versículo 66)

6. El Poder del Rey (Capítulo 28)

Continuamos hoy, amigo oyente, nuestro estudio en el Libro de Mateo en el Nuevo Testamento y vamos a comenzar con el capítulo uno, porque solamente pisamos el umbral de este evangelio en el programa anterior y todo lo que hicimos fue presentar una introducción. Ahora confiamos comenzar con este capítulo hoy. Y si tiene usted su Biblia abierta en esta porción de la palabra de Dios, comenzaremos en unos instantes. Pero antes, quisiéramos decir de nuevo unas palabras preliminares relativas a este evangelio de Mateo.

Debemos decir que este evangelio se parece mucho al libro de Génesis. Como hemos dicho, hay dos libros claves de la Biblia y usted necesita leerlos y meditar en ellos. Estos son dos libros con los cuales debemos estar muy familiarizados. Creemos que es importante meditar cuidadosamente al leer estos libros. Este pensamiento es presentado por un profesor de un seminario, quien acostumbraba a decir a sus estudiantes que en lugar de contar ovejas cuando no les era posible conciliar el sueño, lo que tenían que hacer era leer y meditar en el libro de Génesis y luego leer y meditar en el Libro de Mateo, capítulo por capítulo. Por ejemplo, ¿de qué trata el capítulo uno? ¿De qué trata el capítulo dos? Cualquiera de ellos, ya sea Génesis o Mateo. Hay aquellos que dicen que no cuentan ovejas, sino que hablan con el pastor de las ovejas. Bien, la forma mejor de hablar con el pastor es avanzar a través de estos dos libros, ya que eso nos ayudará a conocerlo mejor y, de paso, acercarnos a él. En realidad, lo más importante es que él nos hable en lugar de nosotros hablarle a él, pues no creemos que tengamos mucho que decirle a él. En cambio, él sí tiene mucho que decirnos. Así que probablemente debiéramos hacerlo de esa manera, y le sugerimos que lo haga así.

Hay aquí en este evangelio un movimiento que, si usted se lo pierde, casi lo pierde todo. Ahora, al entrar de lleno en este capítulo uno del Evangelio según San Mateo, notemos que su tema es la genealogía de Jesucristo y la historia del nacimiento virginal de Jesús.

La genealogía con que empieza el evangelio de Mateo y el Nuevo Testamento es, en muchos aspectos, el documento más importante en las Escrituras. Toda la Biblia descansa sobre su exactitud. Usted notará que tiene tres divisiones:

1. Primero, la genealogía desde Abraham hasta David (en los versículos 1 al 6).

2. Luego, la genealogía desde Salomón hasta el cautiverio babilónico (en los versículos 7 al 11).

3. Y en tercer lugar, la genealogía desde el cautiverio babilónico hasta José el carpintero, lo cual se encuentra en los versículos 12 al 17.

Recordemos que el libro de Génesis es un libro que trata acerca de las familias y la importancia que tienen. Aquí, el Nuevo Testamento principia con esta genealogía muy importante. Ahora, debemos confesar que, en primer lugar, esto parece algo pesado. Si le damos a alguien un Nuevo Testamento y si tal persona empieza a leer aquí en el evangelio de Mateo, donde lo primero que encuentra es una genealogía, bueno, no creemos que vaya a continuar leyendo. Un capellán cuenta que durante la Segunda Guerra Mundial había distribuido literalmente miles de Nuevos Testamentos a los que servían en el cuerpo militar, y él vio cómo los hombres se sentaban en sus camas para leer por un minuto o dos en el principio de Mateo, y al empezar a leer aquella genealogía en Mateo, llegaban a la conclusión de que este librito no era para ellos. Y no podemos culparlos. Nuestro punto de vista es que debemos usar un poco de sabiduría en la distribución de la literatura cristiana. La persona corriente debe empezar leyendo primero cualquiera de los otros tres evangelios, más bien que en el evangelio de Mateo. Pero eso no disminuye en ninguna manera la importancia de esta genealogía que se menciona aquí.

El Nuevo Testamento se apoya en la exactitud de esta genealogía porque establece el hecho de que el Señor Jesucristo es del linaje de Abraham y también del linaje de David. Ambos son muy importantes. El linaje de Abraham lo coloca en la nación israelita, y el linaje de David lo coloca sobre el trono. El Señor Jesucristo, pues, procede de aquel linaje.

Las genealogías fueron muy importantes para la nación de Israel, y por medio de ella se podía establecer si una persona tenía un reclamo legítimo en cuanto a un linaje en particular. Por ejemplo, cuando los israelitas regresaron de la cautividad, encontramos en el libro de Esdras que estos buscaron su registro de genealogías y no fue hallado, y fueron excluidos del sacerdocio. Así leemos en Esdras capítulo 2, versículo 62: "Fue posible en el día de Esdras comprobar el registro de la tribu de Leví y excluir a todos los que hacían un reclamo falso". Evidentemente, el gobierno guardaba las genealogías poniéndolas a disposición del público. Creemos que eran guardadas en el templo porque Israel era una teocracia. En realidad, aquí tenemos un lugar donde la iglesia y el estado verdaderamente se unían. La religión y el estado eran uno.

Esta genealogía evidentemente se exhibía y bien pudo haber sido copiada de los registros públicos hasta el año 70 d.C., cuando el templo fue destruido. Los enemigos de Jesús podían haberla comprobado, y es muy probable que lo hicieran. Esto es interesante e importante porque disputaban cada movimiento del Señor Jesús, aún ofreciendo una supuesta explicación para tratar de negar la resurrección, pero nunca disputaron esta genealogía. La razón para esto tiene que ser que la estudiaron minuciosamente y llegaron a comprobar su exactitud.

Ahora, esto es muy importante porque pone a Jesucristo en una posición muy singular. Usted recordará, amigo oyente, que él dijo: "El pastor de las ovejas entra por la puerta, pero el ladrón y el salteador suben por otra parte para entrar en el redil de las ovejas". Aquel redil es la nación de Israel. Jesús no entró en el redil por una cerca de atrás, ni entró por el callejón; entró por la puerta misma. Nació del linaje de David y dentro del linaje de Abraham. Esto es lo que Mateo expone para nosotros. Jesucristo es el cumplimiento de todo lo que se ha dicho en el Antiguo Testamento. Es de suma importancia y debe ser considerado así. A los enemigos de Cristo, pues, nunca les fue posible disputar su genealogía. Tuvieron que buscar otros medios de disputar en su contra, y por supuesto, los hallaron. El que no quiere aceptar la verdad siempre encuentra la manera de disputar o discutirla o alguna excusa para no aceptarla.

El autor de estos estudios bíblicos, el Dr. J. Vernon McGee, contaba que en su juventud llegó a interesarse en la Biblia por primera vez y asistió a una conferencia bíblica de verano, donde el Señor le habló al enseñar la palabra de Dios. Su profesor de Biblia conmovió su corazón y decía el Dr. McGee que una mañana este profesor preguntó: "¿Cuántos de ustedes jóvenes han leído toda la Biblia en un año?". Había como 300 jóvenes presentes, pero ninguno levantó la mano. El profesor hizo la misma pregunta cuatro veces. Por fin, un joven levantó la mano, algo furtivamente y con titubeo, y dijo: "Bueno, la he leído, pero solo leía las partes que eran interesantes. No leí las genealogías". Todos los presentes se rieron, y también el profesor, quien confesó que él tampoco las leía. En aquel mismo momento, decía el Dr. McGee, se me ocurrió que, siendo que el Espíritu de Dios había usado tanta tinta de imprenta para darnos las genealogías, estas tendrían que tener algo de gran importancia para nosotros. Así pues, amigo oyente, quisiéramos dedicar nuestra atención muy especial a esta genealogía en Mateo, porque es muy importante.

Esta es la genealogía del Señor Jesús por parte de José. Tendremos otra cuando lleguemos a Lucas, y esa será la genealogía por parte de María, su madre.

Ahora, comenzando con el versículo 1 de Mateo capítulo 1, dice: "Libro de la genealogía de Jesucristo, hijo de David, hijo de Abraham". "Libro de la genealogía" es una expresión que es a Mateo. Es una expresión singular y no la encontraremos en ninguna otra parte del Nuevo Testamento. Si retrocedemos al Antiguo Testamento, comenzando por Malaquías y Zacarías, Hageo, y luego por el Pentateuco, por Deuteronomio, Números, Levítico, Éxodo y por Génesis, casi llegaremos a la conclusión de que no se encuentra en ninguna parte de la Biblia, exceptuando aquí en Mateo. Luego, de repente, llegaremos al capítulo 5 de Génesis, capítulo uno, donde se lee: "Este es el libro de las generaciones de Adán". Es la misma expresión de Mateo.

Pero vemos que hay dos libros: el libro de las generaciones de Adán y el libro de la generación de Jesucristo. Ahora, ¿cómo se entra a formar parte de la familia de Adán? Simplemente por nacer. Por el nacimiento, usted no lo ejecuta; en efecto, no tiene nada que ver con eso, pero así es como entramos en la familia de Adán. Entramos solamente por el hecho de nacer. Pero notemos que en Adán todos mueren, así lo expresa el apóstol Pablo en su carta a los Romanos, capítulo 5, versículo 12, donde dice: "Por tanto, como el pecado entró en el mundo por un hombre, y por el pecado la muerte, así la muerte pasó a todos los hombres, por cuanto todos pecaron". El libro de Adán, pues, es un libro de muerte.

Luego, hay el otro libro: el Libro de la generación de Jesucristo. Ahora, ¿cómo entramos en esa familia, en esa genealogía? Entramos también por medio de un nacimiento, pero es por medio del nuevo nacimiento. El Señor Jesús dice en el Evangelio según San Juan, capítulo 3, versículo 3, que es necesario nacer de nuevo para ver el reino de Dios. El nuevo nacimiento nos coloca en el libro de la vida del Cordero, y somos inscritos allí al confiar en Cristo Jesús como nuestro Salvador personal. Es el apóstol Pablo, una vez más, quien en su primera carta a los Corintios, capítulo 15, versículo 22, nos dice: "En Cristo todos serán vivificados". Todos estamos en el primer libro, el Libro de la generación de Adán.

Amigo oyente, esperamos que hoy, en este día, usted y yo y todos estemos también registrados en el libro de la vida del Cordero. Mateo dice que Jesucristo es hijo de David, hijo de Abraham. ¿No sabía Mateo que Abraham vino antes de David? Claro que lo sabía, porque lo aclara en el resto de la genealogía. Entonces, ¿por qué lo puso así? Está presentando al Señor Jesús como Mesías, el que es Rey, el que ha de establecer el reino de los cielos sobre la tierra. Por tanto, David está en primer plano. Debe ser del linaje de David en cumplimiento de las profecías que Dios hizo a David. Él es hijo de David. Ahora, también es hijo de Abraham, y eso también lleva importancia. Debe ser hijo de Abraham para pertenecer a esta nación. Dios ha hecho una promesa a Abraham diciéndole: "En tu Simiente serán benditas todas las naciones de la tierra". Recuerde usted que así lo leímos en Génesis capítulo 22, versículo 18. Ahora, el apóstol Pablo dice en su carta a los Gálatas, capítulo 3, versículo 16: "Ahora bien, a Abraham fueron hechas las promesas y a su Simiente. No dice, y a las simientes, como si hablase de muchos, sino como de uno: y a tu Simiente, la cual es Cristo".

Leamos ahora los versículos 2 hasta el 6 de este capítulo 1 de Mateo: "Abraham engendró a Isaac, Isaac a Jacob, y Jacob a Judá y a sus hermanos. Judá engendró de Tamar a Fares y a Zara. Fares engendró a Esrom, y Esrom a Aram. Aram engendró a Aminadab, y Aminadab a Naasón, y Naasón a Salmón. Salmón engendró de Rahab a Booz, y Booz engendró de Rut a Obed, y Obed a Isaí. Y el rey David engendró a Salomón de la que fue mujer de Urías."

Ahora, ¿cuántos de nosotros pensamos que fuera interesante esta lectura? Pues quizá muy pocos. Dejamos de leer allí, pero note usted que en esta sección hay cuatro nombres que sobresalen como si fueran avisos luminosos. Tres de estos nombres son nombres de gentiles. Los gentiles, simplemente, no aparecían en esta genealogía, y sin embargo, aquí hay tres. Hay gentiles en el linaje de David, y en esta genealogía usted encontrará también cuatro nombres de mujeres. Las mujeres, simplemente, no valían en aquellos días y, por costumbre, no aparecían en las genealogías. Los tiempos han cambiado y la posición relativa de la mujer ha cambiado, pero todavía tenemos algo sobrante de aquellos días. ¿Qué apellido toma una pareja cuando se casa? Toma el apellido del hombre; es el apellido de él el que lleva, no el de la mujer. Sin embargo, en ciertos países, una pareja puede adoptar el apellido de la mujer si lo desea, y es. Algunos años, una pareja hizo precisamente eso. Puede hacerse legalmente, pero todavía es la genealogía del hombre la que se toma en cuenta y no la de la mujer.

Sin embargo, estas cuatro mujeres aquí aparecieron en la genealogía de Jesucristo.

Tamar es la primera y se menciona en el versículo 3. Su historia se encuentra en Génesis capítulo 38. Este capítulo es uno de los peores en toda la Biblia, si se me permite la expresión. Tamar apareció en la genealogía porque fue pecadora.

Rahab es la segunda y es mencionada en el versículo 5 de Mateo capítulo 1. No es una persona muy buena en la historia que aparece en Josué capítulo 2, pero llegó a ser una mujer maravillosa después que llegó a un conocimiento del Dios vivo y verdadero. El escritor a los Hebreos, en el capítulo 11, versículo 31, nos dice: "Por la fe Rahab la ramera no pereció juntamente con los desobedientes, habiendo recibido a los espías en paz". Pareció en la genealogía de Cristo por la sencilla razón de que creyó. Tuvo fe. Y note usted la progresión aquí: venga como pecador y luego tienda la mano de fe.

Rut es la próxima mujer que es mencionada en el versículo 5 de Mateo capítulo 1. Es una persona amable y no encontraremos nada malo en ella, pero ahora la ley la había excluido. Más adelante, también la ley habría de excluir a otras dos, pero no había la ley en sus días. En el tiempo de Rut, hubo la ley que la excluyó, porque esta ley decía: "No entrará amonita ni moabita en la congregación de Jehová". Así leemos en Deuteronomio capítulo 23, versículo 3. La ley la excluyó, pero hubo un hombre llamado Booz que llegó a su campo un día y la vio. Fue lo que pudiéramos decir, amor a primera vista. Este hombre Booz la amó y le extendió la gracia al traerla a ella, una gentil, a la congregación de Israel. Ella preguntó: "¿Por qué he hallado gracia en tus ojos?". Y usted y yo podemos hacer la misma pregunta hoy en día. De nuevo, amigo oyente, tomemos nota de la progresión: venimos primero como pecadores, y luego tendemos la mano de fe, y él, por su maravillosa gracia, nos salva.

Betsabé no se la menciona por nombre aquí en el capítulo 1 de San Mateo, pero es llamada "la que fue mujer de Urías" en el versículo 6. Su nombre no se menciona aquí porque su adulterio con David no fue un pecado del cual ella era culpable; fue el pecado de David, y David fue quien realmente tuvo que pagarlo, y lo pagó. Ella apareció en la genealogía de Cristo porque Dios no abandona a ninguno de los suyos que cae en pecado. Es posible que una oveja salga del redil y llegue a perderse, pero tenemos a un pastor que busca a esa oveja y siempre la trae de nuevo al redil. Trajo de nuevo a David, de modo que aquí mismo, en esta genealogía, tenemos la historia de la salvación.

Ahora bien, hay otras cosas interesantes en cuanto a esta genealogía. Si se compara esta genealogía con la que se encuentra en el libro primero de Crónicas, capítulo 3, notaremos que en el versículo 8 de Mateo los nombres de Ocozías, Joás y Amasías se omiten. Esto demuestra que las genealogías se citan para darnos un vistazo de cierta línea de descendencia y que no es necesario que cada individuo sea nombrado en cada genealogía en la Biblia. Creemos que debemos recordar esto: en las genealogías que aparecen en Génesis antes del diluvio, no son necesariamente genealogías completas, pero están allí para trazar ciertos linajes. Nosotros creemos que el hombre ha estado en esta tierra por muchísimos años más que la fecha que aparece en los márgenes de muchas ediciones de la Biblia. Recordemos que estas fechas son dadas por el historiador Ussher y no son parte íntegra de la Biblia misma.

Continuamos hoy, amigo oyente, nuestro estudio en el primer capítulo del Evangelio según San Mateo. En nuestro programa anterior, estábamos considerando la genealogía de Jesucristo y concluimos mencionando que si comparamos esta genealogía de Jesucristo con la que se encuentra en el libro primero de Crónicas, capítulo 3, notaremos que en el versículo 8 del Evangelio según San Mateo los nombres de Ocozías, Joás y Amasías se omiten. Esto demuestra que las genealogías se citan para darnos un vistazo de cierta línea de descendientes y que no es necesario que cada individuo sea nombrado en cada genealogía de la Biblia. Creemos que debemos recordar esto: en las genealogías que aparecen en Génesis antes del diluvio, no son necesariamente genealogías completas, pero están allí para trazar cierto linaje. Creemos que el hombre ha estado en esta tierra por muchísimos años más que la fecha que aparece en los márgenes de muchas ediciones de la Biblia. Tengamos en cuenta que estas fechas son dadas por el historiador Ussher y no forman parte integral de la Biblia misma.

Ahora, en el versículo 11 encontramos que se omite a Jecamías, pero se incluye a Jecónías. Jecónías merece nuestra atención especial porque Dios había dicho que ninguno de su simiente se sentaría sobre el trono. "Vivo yo, dice Jehová, que si Conías, hijo de Jecamías, rey de Judá, fuera anillo en mi mano derecha, aun de allí te arrancaría. Te entregaré en mano de los que buscan tu vida, y en mano de aquellos cuya vista temes, sí, en mano de Nabucodonosor, rey de Babilonia, y en mano de los caldeos. Así ha dicho Jehová: Escribid lo que sucederá a este hombre privado de descendencia, hombre a quien nada próspero sucederá en todos los días de su vida; porque ninguno de su descendencia logrará sentarse sobre el trono de David, ni reinar sobre Judá." Así leemos en Jeremías capítulo 22, versículos 24, 25 y 30.

Por causa del pecado de este hombre, ninguno de su linaje se sentó sobre el trono de David. A que José, aunque figure en este linaje, no debemos olvidar que no es el padre natural de Jesús. Este es uno de los datos más notables en las Sagradas Escrituras, y Mateo trata de presentarlo lo más claro posible. José dio a Jesús el título, el título legal al trono de David, porque José fue marido de María, la que dio a luz a Jesús, y por tanto, José pudo dar el título legal a Jesús. Jesucristo no es de la simiente de José, ni es de la simiente de Jecónías, pero tanto José como María tenían que ser del linaje de David, y lo fueron, pero por dos líneas distintas, a través de dos hijos distintos de David.

Notaremos cuando lleguemos al Evangelio según San Lucas que la línea de María viene de David por su hijo Natán; la línea de José viene por la línea real de su hijo Salomón. Por tanto, José y María ambos tuvieron que ir a Belén para ser empadronados porque ambos eran de linaje de David.

Amigo oyente, usted puede notar cuán interesante, fascinador e importante es el estudio de estas genealogías y cuánto merecen nuestro estudio. Leamos ahora el versículo 16 de este capítulo 1 del Evangelio según San Mateo: "Y Jacob engendró a José, marido de María, de la cual nació Jesús, llamado el Cristo." Es posible ver enseguida que hay aquí algo diferente en la genealogía. En el versículo 2 leemos: "Abraham engendró a Isaac", y luego continúa con...

Muchos engendros, pero aquí dice que Jacob engendró a José, marido de María, de la cual nació Jesús. Mateo explica con toda claridad que José es el marido de María, pero no es el padre de Jesús, el cual se llama Cristo.

Mateo presenta la genealogía en tres agrupaciones para darnos una vista panorámica que incluye toda la historia del Antiguo Testamento. Una época se extiende desde Abraham hasta David, luego desde David hasta el cautiverio babilónico, y finalmente desde el cautiverio en Babilonia hasta el nacimiento de Jesucristo.

Consideremos ahora el nacimiento virginal de Cristo. Ahora que Mateo ha mostrado que José no es el padre de Jesús, nos dará una explicación. Ya en el Antiguo Testamento, un nacimiento sobrenatural ha sido profetizado o predicho por Dios. El profeta Jeremías, en el capítulo 31 de su libro, versículo 22, habló a la nación de Israel diciendo: "Porque Jehová creará una cosa nueva sobre la tierra: la mujer rodeará al varón". Así no se hacen las cosas, amigo oyente, la mujer rodeará al varón. Esto no es, pues, un nacimiento natural, sino sobrenatural. Esta es la nueva cosa que Dios ha hecho.

Y ahora, en este evangelio de Mateo, capítulo 1, leamos el versículo 18: "El nacimiento de Jesucristo fue así: estando desposada María su madre con José, antes que se juntasen, se halló que había concebido del Espíritu Santo". El nacimiento de Jesucristo fue así. Así sucedió, dice Mateo, cuando su madre María estaba desposada con José, es decir, estaba comprometida para casarse con José. Antes de que se juntaran, se halló en cinta, no había tenido ninguna relación física. Ahora escuchen a Mateo: se halló que había concebido del Espíritu Santo.

El evangelista Lucas, que escribió el evangelio que lleva su nombre, era un médico griego. En su evangelio entra en una sección extensa de obstetricia. Ambos evangelios declaran que Jesús fue nacido de una virgen. José no fue su padre, pero María no le fue infiel a José. Jesús no es un niño ilegítimo tampoco. Esto es algo nuevo: la mujer rodeará al varón.

Ahora, amigo oyente, nunca nos hemos opuesto a ningún hombre que diga que no cree en el nacimiento virginal. El hombre tiene derecho a no creer, pero tenemos dos objeciones muy definidas: no creemos que un predicador deba negar el nacimiento virginal de Jesucristo. Si lo niega, entonces debe salir a vender pólizas de seguro y tratar los nacimientos de una manera diferente. Nos oponemos a alguien que diga que la Biblia no enseña el nacimiento virginal de Cristo. Quisiéramos sugerir que los teólogos liberales, o sea, los que se apartan de las enseñanzas bíblicas, debieran regresar a la escuela y aprender algo de esta educación del sexo y enterarse de que Jesucristo sí nació de una virgen. La historia está aquí. Uno bien puede rechazar la historia y rehusar creerla, pero es una triste ignorancia y una negación obstinada decir que la Biblia no enseña el nacimiento virginal de Jesucristo.

Amigo oyente, no caiga usted en la trampa del racionalismo. No se fíe del razonamiento de los hombres pequeños, de aquellos teólogos que giran en las sillas de sus bibliotecas y que dicen que esto no es lógico y que por eso no pudo haber sucedido. Muchas veces los hombres han dicho que ciertas cosas no pueden suceder y, sin embargo, ocurren. Dios es el creador de las leyes naturales; él puede emplear esas leyes naturales o bien puede ponerlas a un lado para lograr sus fines. La historia bíblica expresa con toda claridad que Jesucristo nació de una virgen por medio del Espíritu Santo.

Volviendo al capítulo 1 de Mateo, leamos el versículo 19: "Y José su marido, como era justo, y no quería infamarla, quiso dejarla secretamente". La ley mosaica era muy específica en este punto: decía que una mujer que fuese culpable de ser infiel debía ser apedreada a muerte. Pero este hombre, José, era un hombre extraordinario. Dios no se equivocó al escogerlo. Muchos hombres, en una ira fogosa, quizá la habrían apedreado a muerte bajo tales circunstancias. Otros habrían querido justificarse haciendo de ella un ejemplo público al descubrirla. Pero José no era ese tipo de hombre; era una persona benigna que amaba a María. No quiso, pues, avergonzarla de ninguna manera. Sin embargo, aunque no podía explicarse cómo tal cosa era posible, sentía que ella le había sido infiel.

Ahora bien, no podemos olvidarnos que María también es una persona extraordinaria. Ella fue la que Dios escogió para ser la madre de nuestro Señor, y Dios nunca se equivoca en su selección. Escogió la mejor mujer posible. Note usted que esto pudiera haber llegado a ser una situación realmente trágica, pero continuemos leyendo.

Ahora, en los versículos 20 y 21 de este capítulo 1 de Mateo: "Y pensando él en esto, he aquí un ángel del Señor le apareció en sueños, y le dijo: José, hijo de David, no temas recibir a María tu mujer, porque lo que en ella es engendrado, del Espíritu Santo es; y dará a luz un hijo, y llamará su nombre Jesús, porque él salvará a su pueblo de sus pecados". La palabra Jesús significa Salvador o Redentor. Tendrá el nombre Jesús porque él salvará a su pueblo de sus pecados.

Ahora, note usted en el versículo 22, donde Mateo, quien escribe a la nación de Israel, señala que todo esto fue hecho para que se cumpliera lo que el Señor había hablado. Mateo exhorta a la nación de Israel a que comprenda que este que ha venido es y debe ser el cumplimiento de las profecías del Antiguo Testamento. Se ha dicho que hay más de 300 profecías con respecto a la primera venida de Cristo que han sido literalmente cumplidas. Ahora, no sabemos cuántas hay en Mateo, pero sabemos que Mateo citó más del Antiguo Testamento que todos los otros tres escritores de los evangelios juntos. Parece que registra acontecimientos y los verifica como cumplimiento de profecías del Antiguo Testamento. No trata de dar solo una vida de Cristo, sino que muestra que él es el cumplimiento de las profecías del Antiguo Testamento con respecto a él, el Mesías prometido.

Ahora declara la profecía que fue dada acerca del Señor Jesús por el profeta. Leamos el versículo 23 de este capítulo 1 de Mateo: "He aquí, una virgen concebirá y dará a luz un hijo, y llamará su nombre Emmanuel, que traducido es, Dios con nosotros". Mateo cita el versículo 14 del capítulo 7 de Isaías: "Por tanto, el Señor mismo os dará señal: He aquí que la virgen concebirá y dará a luz un hijo, y llamará su nombre Emmanuel".

Vamos a mirar algo que es muy importante. La palabra usada en el hebreo es "almah". Un erudito destacado que ha compilado un léxico hebreo muy completo, podemos testificar que también es algo agotador hojearlo. Jemio admitió que la traducción usual de la palabra "almah" es virgen, pero dijo que también se podía traducir como "joven mujer". Lo dijo, al parecer, porque rechazaba lo milagroso. Sin embargo, vemos que la comisión de los Setenta, al traducir el Antiguo Testamento del hebreo al griego, concordaron en que en este caso no había duda de que la traducción correcta era virgen. Tampoco hay duda de que Mateo, al citar esta profecía, la traduce como virgen.

Volviendo a Isaías, capítulo 7, vamos a estudiar el incidente mencionado allí. Esto ocurrió durante el tiempo cuando Acaz se sentaba sobre el trono. Él era uno de aquellos que andaban lejos de Dios y a quien clasificarías como un rey malo. Dios envió a Isaías para llevarle un mensaje, pero Acaz no quiso escucharlo. Por tanto, leemos: "Habló también Jehová a Acaz, diciendo: Pide para ti señal de Jehová tu Dios, demandándola ya sea de abajo en lo profundo, o de arriba en lo alto. Y respondió Acaz: No pediré, y no tentaré a Jehová". Así leemos en Isaías, capítulo 7, versículos 10 al 12.

Amigo oyente, permítanos afirmar que esto que él dijo fue una hipocresía en la que trató de aparentar ser piadoso. Dios había pedido a Isaías que se encontrara con Acaz en el camino para entregarle el mensaje de que Dios le daría a Acaz la victoria. Sin embargo, Acaz no le creyó a Dios y, por tanto, para estimular su fe, Isaías le dice que Dios quiere darle una señal. En su manera seudo piadosa, Acaz dice: "Yo no pediré señal de Jehová". Isaías le contesta entonces que Dios le dará señal, quiera o no lo quiera. "La señal no es solamente para ti, sino para toda la casa de David", le dice Isaías.

Ahora, aquí está la señal: "He aquí una virgen concebirá y dará a luz un hijo, y llamarás su nombre Emmanuel". Es obvio que si esta es solo una mujer joven cualquiera, no le sería señal a Acaz, ni a la casa de David, ni a cualquier otro. Pero si es una virgen que concibe y da a luz un hijo, eso sí, amigo oyente, es una señal sobrenatural. Y eso es exactamente lo que quiere decir aquí en Mateo 1:23. Cuando la palabra "almah" fue usada en el Antiguo Testamento, siempre fue traducida como virgen. Rebeca fue llamada una "almah" antes de casarse con Isaac. Un muy buen cristiano hebreo, que también es un buen erudito hebreo, dijo: "Mírelo así: supóngase que usted va a visitar a un amigo suyo que tiene tres hijas y dos de ellas son casadas y una todavía es soltera. Usted no lo sabe y le pregunta: ¿Son las tres sus hijas? Él le dice: Estas dos son las hijas casadas y esta joven es la tercera hija". Ahora, cuando él le dice "esta joven", ¿piensa usted que él querría decir que era una prostituta? Si usted llegara a implicar que ella era cualquier cosa excepto una virgen, sin duda le daría un puñetazo.

Permítanos decirle, amigo oyente, que no nos gustaría ser uno de aquellos que niegan el nacimiento virginal de Jesucristo cuando lleguemos a la presencia del Hijo de Dios. Tememos que vayan a desear de alguna manera poder retractarse de las cosas que han dicho para difamar el hecho de que la palabra "almah" significa virgen. Está comprobado por la versión de los Setenta del Antiguo Testamento. Durante el período entre ambos testamentos, 72 eruditos hebreos, seis de cada una de las 12 tribus, trabajaron en Alejandría, en Egipto, traduciendo el Antiguo Testamento en hebreo al lenguaje griego. Cuando llegaron a esta señal en Isaías, aquellos 72 hombres dieron que su significado único era virgen. Así es que tradujeron "almah" a la palabra griega "parthenos", y esta es la misma palabra que Mateo emplea en su evangelio. Amigo oyente, "parthenos" no puede traducirse como "la joven"; su único significado es virgen.

Es claro que la palabra de Dios está diciendo precisamente la realidad de las cosas. Leamos ahora los versículos 24 y 25 del primer capítulo del Evangelio según San Mateo: "Y despertando José del sueño, hizo como el ángel del Señor le había mandado, y recibió a su mujer. Pero no la conoció hasta que dio a luz a su hijo primogénito, y le puso por nombre Jesús".

Amigo oyente, parece que aquí hay un problema. ¿Puede usted decir dónde es que a Jesús se le llama alguna vez Emmanuel? Claro que no, se llama Jesús porque ese es su nombre. Le fue puesto este nombre porque iba a salvar a su pueblo de sus pecados. Cristo, a propósito, es su título, que significa Mesías, pero Jesús es su nombre. Pero dice aquí que será llamado Emmanuel, que traducido es, Dios con nosotros.

Amigo oyente, aquí tenemos una de las cosas más maravillosas en toda la palabra de Dios. Vamos a considerarla momentáneamente. Emmanuel significa Dios con nosotros. No puede ser el Dios con nosotros a menos que haya nacido de una virgen. Es la única manera. Y note usted que a menos que sea Emmanuel, no puede ser Jesús. La razón por la cual se le llama Jesús, Salvador, es porque él es Emmanuel, Dios con nosotros, o sea, su Encarnación. Esta verdad acerca del que bajó a la tierra es una de las cosas más maravillosas en la Biblia. El escritor a los Hebreos, en el capítulo 2 de su carta, versículo 9, dice: "Pero vemos a aquel que fue hecho un poco menor que los ángeles, a Jesús, coronado de gloria y de honra, a causa del padecimiento de la muerte, para que por la gracia de Dios gustase la muerte por todos". Debía ser un sacrificio que fuera aceptable. Yo no pude morir, ni puedo morir por los pecados del mundo; tampoco me es posible morir para salvarme de mis propios pecados. Pero él sí puede. ¿Cómo es que Jesús puede ser un Salvador? Porque es Emmanuel, Dios con nosotros. ¿Cómo llegó a estar con nosotros? Naciendo de una virgen.

Decimos de nuevo: fue llamado Jesús, nunca lo llamaron Emmanuel. Pero no es posible llamarlo Jesús a menos que sea Emmanuel, Dios con nosotros. Debe ser Emmanuel para ser el Salvador del mundo. El nacimiento virginal es, pues, de suma importancia.