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Vamos a hablar de un Sacramento que pocos conocemos en profundidad y que además a veces nos da miedo. Una persona me decía: "Padre, mi hijo estaba muy enfermo y yo ya no sé si lo santolea de este Sacramento como la extrema unción porque se pensaba que solamente se tenía que conferir cuando la persona estaba a punto de morir". Eso ya cambió. Ya se entendió más en profundidad y por eso se llama solamente unción de los enfermos.
La unción de los enfermos es ese Sacramento especialísimo en que Cristo doliente, Cristo sufriente, se hace uno con nosotros. Díganme si no vale la pena recibirlo.
¿Qué efectos tiene este Sacramento? Vamos a ver cuatro que nos dice el Catecismo. Primero, una especial gracia del Espíritu Santo. ¿Cuál es esa gracia? La gracia de unir nuestros padecimientos a los mismos padecimientos de Cristo en la cruz, de unir nuestros dolores a esos dolores de Cristo, de pedirle al Espíritu Santo que venga a nuestra alma y que, si es su voluntad, sane también nuestro cuerpo a través de esta santa unción. Preparamos nuestra alma para luchar contra cualquier dolencia y para que, si tenemos que afrontar el momento de la muerte, lo hagamos de la mano de Dios. Pero también, si es voluntad de Dios, preparamos nuestro cuerpo para sanarnos.
Segundo efecto: la unión con esa Pasión de Cristo, esa Pasión que es la que da sentido a todo sufrimiento. Cuando yo pido que alguien venga a darme la unción de los enfermos, yo estoy pidiéndole a Dios que su cruz sea parte de mi cruz, o mejor, que mi cruz sea parte de la cruz de Él. Es decir, que mis sufrimientos no sean sin sentido, sino que pueda yo darles ese sentido de eternidad que solamente Dios puede darles. ¿Qué nos vino a revelar Jesús con su cruz? Que todo sufrimiento, sea el que fuera, tiene un sentido de eternidad porque nos acerca más al cielo. Recibir este Sacramento es decirle: "Señor, yo quiero que también esta enfermedad, este dolor, me acerque al cielo".
Tercer efecto: una gracia eclesial. Los enfermos, a través de su enfermedad, están ganando gracias para toda la Iglesia. Gracias para esa iglesia doméstica que es su casa, que es su hogar, pero también gracias para toda aquella iglesia que está lejos de nosotros. Y por eso tiene este otro sentido, no solamente el sentido de eternidad, sino que ya en este mundo, a través de mi dolor, yo puedo ofrecerle a Dios y a los cristianos ese dolor para que los santifique y los llene de fuerzas.
Último efecto que menciona el Catecismo: una preparación, si es voluntad de Dios, para el tránsito final, para el momento de la muerte. Recibir la unción es ser conscientes de que la muerte en sí misma no tiene nada de sentido; solo con Jesús la muerte tiene sentido. Recibir al Espíritu Santo a través de ese aceite que se me unge aquí en la frente y en mis manos es prepararme para que, si es el momento de mi partida de este mundo, lo haga junto con Jesús.
Ya vemos entonces que la unción de los enfermos es muy importante. Ahora bien, ¿cuándo hay que pedirla? Cuando la persona está en peligro grave de muerte, por supuesto que hay que pedirle a un sacerdote que venga, le dé la unción. Si puede comulgar, que comulgue, de eso, por supuesto, que también la confiese. Pero también cuando voy a afrontar un momento de peligro, por ejemplo, una operación que puede ser riesgosa, o si estoy con una enfermedad que puede significar eventualmente ese momento difícil que es la muerte, o una enfermedad simplemente grave. Y también, por qué no, cuando uno ya entra en la ancianidad.
El Sacramento de la unción de los enfermos nos ayuda a fortalecernos. Yo les invito a que todos nos acerquemos a ese Sacramento si lo necesitamos o si algún familiar lo necesita. Dios les bendiga a todos y que tenga un bonito día.