📱

Get Our Mobile App

Take your business learning on the go!

Download on the App StoreGet it on Google Play

El PODER SOBRENATURAL de la ORACIÓN Revelado por Brian Tracy

Estrategia de Éxito28:41

Transcription

Hola, soy Brian Tracy y hoy vamos a hablar de la herramienta de éxito más poderosa, más antigua y más accesible que jamás ha existido a disposición del ser humano. Una herramienta que utilizada correctamente tiene la capacidad de transformar cada aspecto de su vida, su salud, sus finanzas, sus relaciones y su paz interior.

Vamos a hablar del poder de la oración a Dios. Ahora quiero que por un momento deje de lado cualquier idea preconcebida que pueda tener. No vamos a hablar de religión en el sentido dogmático. No vamos a entrar en debates teológicos. Vamos a hablar de la oración como lo que es: la forma más elevada de pensamiento disciplinado y el mecanismo de comunicación directa más eficaz para establecer sus metas y alinear sus recursos personales con un poder infinitamente superior.

El éxito en cualquier área de la vida comienza con un principio fundamental e innegociable: la claridad, absoluta claridad. No puede golpear un objetivo que no puede ver. La persona promedio vaga por la vida sin tener metas claras y, como resultado, logra muy poco. La persona de éxito sabe con precisión milimétrica lo que quiere, por qué lo quiere y tiene un plan para conseguirlo. Y aquí es donde la oración se convierte en su mayor activo estratégico.

¿Qué es una oración en su forma más práctica? Es la verbalización y formalización de sus metas más profundas ante la fuente de toda creación y todo poder. Piénselo de esta manera: si usted quisiera conseguir una inversión para su empresa, no iría ante el inversor más importante del mundo con ideas vagas y deseos ambiguos. No. Usted prepararía una presentación, tendría datos, cifras, un plan de acción claro y una visión convincente del resultado final. Sería específico, sería profesional y presentaría su caso con confianza. La oración eficaz funciona bajo el mismo principio.

No es un acto de mendicidad desesperada, es un acto de colaboración inteligente. Es usted presentando el plan de su vida, sus metas y sus aspiraciones al socio más poderoso que podría tener: Dios.

Cuando usted ora de manera efectiva, está forzándose a sí mismo a definir con una claridad cristalina lo que realmente desea. El simple acto de articular una petición, ya sea en voz alta o por escrito, transforma un vago "Me gustaría tener más dinero" en un objetivo concreto como: "Dios, mi meta es aumentar mis ingresos en un 30% en los próximos 12 meses para poder proveer una mejor educación para mis hijos y asegurar mi futuro financiero. Te pido sabiduría, oportunidades y la disciplina para hacer el trabajo necesario."

¿Ve la diferencia? La primera es un deseo pasivo. La segunda es una meta clara con un propósito definido y una solicitud de los recursos internos y externos para lograrla. Esto es pensamiento de alto rendimiento.

Al orar, usted está programando su propia mente y, al mismo tiempo, está transmitiendo esa programación a una inteligencia superior que tiene el poder de orquestar circunstancias y oportunidades que usted no podría ni imaginar. Las personas exitosas no dejan su vida al azar, toman el control. Y el primer paso para tomar el control es definir la dirección. La oración es el compás y el mapa. Es su sesión de estrategia diaria con el CEO del universo.

Cuando usted convierte sus preocupaciones en oraciones, está transformando energía negativa de ansiedad en energía positiva de acción planificada. En lugar de revolcarse en el problema, usted está presentando el problema a la única fuente que tiene todas las soluciones. Este cambio de enfoque es monumental. Libera su mente para que se concentre en la ejecución en lugar de quedarse paralizada por el miedo al "cómo". El "qué" es su responsabilidad definirlo con claridad a través de la oración. El "cómo" a menudo se revela en el camino como resultado directo de haber pedido la guía.

Así que el primer paso práctico es este: Trate sus oraciones como la sesión de planificación estratégica más importante de su día. Tome un cuaderno que llamaremos su cuaderno de metas y oración y comience a escribir sus objetivos como si se los estuvieras presentando a un socio infinitamente sabio y poderoso. Sea específico, sea claro, sea audaz. Este simple acto de poner la pluma sobre el papel, de formalizar su comunicación con Dios, es el primer y más gigantesco paso para convertir lo invisible en visible. No subestime el poder de este simple ejercicio. Es el fundamento sobre el cual se construyen todas las grandes vidas y todos los grandes logros. Es el punto de partida de su nueva realidad.

Ahora profundicemos en el mecanismo, cómo funciona esto a un nivel práctico, tangible en su vida diaria. Una vez que ha establecido esa claridad de la que hablamos, una vez que ha definido sus metas en forma de oración, se desencadena un proceso fascinante, tanto en su interior como en el exterior.

Hablemos primero del interior, de su propia mente. Su cerebro tiene un sistema increíble llamado sistema de activación reticular (SAR). Piense en el SAR como el guardián de su conciencia. Filtra los miles de millones de bits de información que le bombardean cada segundo y solo permite que pase aquello que usted ha determinado que es importante. ¿Alguna vez ha decidido comprar un coche de un modelo y color específicos y, de repente, empieza a ver ese mismo coche por todas partes? No es que haya más de esos coches, es que usted ha programado su SAR para que los reconozca. Le ha dicho a su cerebro: "Esto es importante para mí."

La oración específica y enfocada es la forma más poderosa de programar su sistema de activación reticular. Cuando usted ora repetidamente por una meta específica, por esa promoción en el trabajo, por la sanación de una relación, por la sabiduría para resolver un problema complejo, está instruyendo a su subconsciente en los términos más enérgicos posibles: "Presta atención a esto, busca soluciones para esto, encuentra oportunidades relacionadas con esto." Su cerebro entonces se pone a trabajar para usted 24 horas al día, 7 días a la semana. Comenzará a notar conversaciones que antes ignoraba. Verá un artículo o un libro que contiene la clave que necesitaba. Se le ocurrirá una idea brillante mientras se ducha. Estas no son coincidencias. Es su mente programada a través de la oración enfocada, trabajando en alineación con su objetivo. Usted se convierte en un imán para las soluciones porque ha definido el problema con una precisión absoluta.

La oración transforma su mente de un campo baldío a un jardín cultivado. Usted está plantando las semillas de lo que desea cosechar y su mente se encarga de regarlas y nutrirlas.

Pero el proceso no se detiene ahí. Eso es solo la mitad de la ecuación. La otra mitad es lo que sucede en el ámbito que no podemos ver, en el plano espiritual o cuántico, como quiera llamarlo. Al dirigir su pensamiento enfocado y cargado de emoción hacia Dios, está emitiendo una señal clara al universo. La ley de la atracción de la que tanto se habla no es una idea mística, es un principio práctico de correspondencia. Su mundo exterior es un reflejo de su mundo interior. Cuando su mundo interior está dominado por la fe, la claridad y la expectativa positiva, todas ellas cultivadas a través de la oración, su mundo exterior debe, por ley, empezar a corresponder. Las personas adecuadas aparecen, las oportunidades surgen, las puertas se abren. Usted se encontrará en el lugar correcto, en el momento adecuado. ¿Por qué? Porque ha alineado su propia energía, su enfoque y su intención con la fuente de todo orden y toda creación. Está nadando a favor de la corriente del universo, no en contra.

La oración le saca del modo víctima y le coloca en el modo creador. La persona que no ora se enfrenta a los problemas con sus propios recursos limitados. Se siente abrumada, estresada y ansiosa. La persona que ora se enfrenta a los mismos problemas, pero lo hace sabiendo que ha conectado con recursos ilimitados. Esto genera un estado de calma, confianza y certeza interior que es magnético. La gente quiere hacer negocios con personas seguras. La gente se siente atraída por líderes que irradian paz en medio de la tormenta. Esta confianza no es arrogancia, es una fe profunda y tranquila que nace de saber que no está solo. Es saber que ha hecho su parte (pedir con claridad y prepararse para actuar) y que su socio, Dios, está haciendo la suya.

Por lo tanto, el segundo paso práctico es la repetición y la inmersión. No ore una sola vez y espere. Conviértalo en un hábito diario. Por la mañana, alinee su día orando por guía y sabiduría. Durante el día, cuando enfrente un desafío, haga una pausa de 30 segundos y pida la solución. Por la noche, agradezca por los progresos. Esta constancia es lo que mantiene su SAR programado y su señal al universo fuerte y clara. Es el entrenamiento diario de un atleta de alto rendimiento. Su rendimiento es su vida y la oración es su régimen de entrenamiento mental y espiritual para ganar el campeonato.

Hemos establecido la importancia de la claridad y el mecanismo por el cual la oración reprograma su mente y alínea las circunstancias. Ahora vamos a ser aún más prácticos. Como cualquier habilidad de alto valor, hay una técnica para la oración eficaz. No se trata de usar palabras elocuentes ni frases rebuscadas. La sencillez y la sinceridad son mucho más poderosas.

Basado en el estudio de líderes, pensadores y personas de éxito a lo largo de la historia, podemos destilar el proceso de la oración que produce resultados en cuatro pilares fundamentales. Domine estos cuatro pilares y su capacidad para manifestar sus metas se multiplicará exponencialmente.

El primer pilar es la gratitud. Siempre, siempre, siempre comience su oración con gratitud. Antes de pedir cualquier cosa, tómese un momento para agradecer a Dios por todo lo que ya tiene: su salud, su familia, el techo sobre su cabeza, el aire que respira, las lecciones aprendidas de los fracasos pasados. La gratitud es el antídoto contra la mentalidad de escasez. No puede atraer más abundancia a su vida si está vibrando en una frecuencia de carencia. Al comenzar con gratitud, usted cambia inmediatamente su estado emocional y bioquímico. Pasa de la ansiedad por lo que le falta a la apreciación por lo que posee. Esto le coloca en un estado receptivo. Es como decirle al universo: "Gracias por lo que me has dado. Estoy listo para recibir más porque sé cómo valorarlo." Haga una lista. Sea específico en su agradecimiento. "Gracias por la fuerza en mis piernas para caminar. Gracias por la conversación que tuve con mi hijo ayer. Gracias por la oportunidad de trabajar en este proyecto." La gratitud abre el canal de comunicación de par en par.

El segundo pilar es la especificidad. Ya lo hemos mencionado, pero es tan crucial que debe ser un pilar central de su práctica. Las oraciones vagas obtienen resultados vagos. "Dios, ayúdame a ser feliz." Es una petición imposible de cumplir porque es indefinida. ¿Qué significa "feliz" para usted? Sea un ingeniero de sus oraciones. Sea preciso. "Dios, te pido que me guíes para encontrar una pareja con quien comparta valores de honestidad, lealtad y crecimiento mutuo y con quien pueda construir un futuro feliz y estable." "Dios, mi meta es generar $20,000 de ingresos adicionales en los próximos 6 meses a través de mi nuevo negocio. Te pido la creatividad para desarrollar productos excelentes y la disciplina para hacer las llamadas de ventas necesarias cada día." Use números, use fechas, describa el resultado final con tanto detalle que pueda sentirlo, verlo y saborearlo. Este nivel de detalle no solo programa su SAR, como vimos antes, sino que demuestra que usted se ha tomado en serio su propia meta. Es una señal de compromiso.

El tercer pilar es la fe. La fe no es una esperanza ciega. La fe, en términos prácticos, es la confianza inquebrantable en que su oración ha sido escuchada y que la respuesta ya está en camino. Es la certeza que viene después de haber hecho el pedido. Piense en cuando pide algo en un restaurante. Usted no se queda dudando si el chef recibió la orden. No va a la cocina cada 2 minutos a preguntar. Usted hace el pedido y luego espera con confianza, sabiendo que la comida llegará. La fe en la oración es esa misma confianza, pero a un nivel superior. La duda es estática en la línea. La duda cancela el pedido. Cada vez que ora, debe cultivar activamente el sentimiento de que el resultado ya es un hecho consumado en el plano espiritual y que solo es cuestión de tiempo que se manifieste en el plano físico. Puede reforzar esto con afirmaciones: "Gracias Dios, porque sé que me has escuchado y la solución perfecta ya está en movimiento."

El cuarto y último pilar es la liberación o el desapego. Este es quizás el más difícil para las personas orientadas a la acción, pero es absolutamente esencial. Una vez que ha orado con gratitud, especificidad y fe, debe soltarlo. Debe entregar el "cómo" a Dios. Su trabajo es definir el "qué" y el "por qué". El trabajo de Dios es orquestar el "cómo" de la manera más eficiente y sorprendente. Si usted se obsesiona con cómo exactamente va a suceder, genera ansiedad y bloquea el flujo de soluciones inesperadas. Al liberar, usted está diciendo: "He hecho mi parte, he definido mi meta y estoy listo para hacer el trabajo que me pongas delante cada día. Ahora confío en tu sabiduría infinita para que organices las piezas del rompecabezas." Esta liberación no es pasividad, es confianza activa. Usted sigue trabajando diligentemente, pero sin la carga del estrés de tener que controlarlo todo. Esté atento, esté alerta a las oportunidades, pero no intente forzar un camino específico. A menudo, el camino que Dios tiene para usted es mucho mejor y más directo que el que usted había imaginado.

Practique estos cuatro pilares: gratitud, especificidad, fe y liberación, y transformará sus oraciones de una lista de deseos a un poderoso plan de creación de vida.

Por supuesto, el camino hacia el logro de grandes metas a través de la oración no siempre es una línea recta y sin obstáculos. Sería poco realista y poco práctico pretender lo contrario. Como en cualquier empresa valiosa, encontrará desafíos. La clave del éxito no es evitar los desafíos, sino saber cómo enfrentarlos y superarlos. Hay tres obstáculos principales que pueden sabotear sus esfuerzos de oración y su progreso: la duda, el retraso y la programación negativa pasada. Entenderlos y tener una estrategia para cada uno es fundamental.

El primer y más grande enemigo es la duda. La duda es el asesino silencioso de los sueños. Es esa vocecita en su cabeza que susurra: "¿Y si esto no funciona? ¿Y si no soy lo suficientemente bueno? ¿Y si estoy perdiendo el tiempo?" La duda es una emoción humana natural, pero no puede permitir que eche raíces en su mente. Debe tratar la duda como trataría a un intruso en su casa: expúlselo de inmediato. La mejor herramienta para combatir la duda es lo que yo llamo una oración de reemplazo. En el instante en que un pensamiento de duda aparezca, no luche contra él, simplemente reemplácelo. Tenga preparada una oración corta y poderosa. Si la duda es: "No creo que pueda lograr esta meta financiera", reemplácela instantáneamente con: "Dios, te agradezco porque tu poder fluye a través de mí y me estás proveyendo de todas las oportunidades y la sabiduría para alcanzar mi libertad financiera." No le dé a la duda espacio para crecer. Niéguese a entretenerla. Cada vez que la reemplace con una afirmación de fe, está debilitando las vías neuronales de la duda y fortaleciéndolas de la confianza. Es un ejercicio mental, una disciplina. Conviértase en el guardián de su mente y no permita que la duda contamine el jardín que está cultivando.

El segundo obstáculo es el retraso. Usted ha orado con fe, ha trabajado duro, pero el resultado no llega en el tiempo que usted esperaba. La frustración empieza a aparecer. Aquí es donde debe entender un principio crucial: un retraso no es una negación. El tiempo de Dios es perfecto. A menudo, un retraso es en realidad una forma de protección o de preparación. Quizás usted aún no está listo para manejar el nivel de éxito que ha pedido. Quizás necesita desarrollar más carácter, más paciencia o una nueva habilidad. Quizás Dios está alineando una oportunidad aún más grande de la que usted pidió y eso requiere más tiempo. Vea los retrasos no como fracasos, sino como tiempo de entrenamiento. Durante estos periodos, en lugar de desanimarse, intensifique su oración pidiendo: "Dios, si hay algo que necesito aprender o una habilidad que necesito desarrollar durante este tiempo de espera, revélamelo. Ayúdame a prepararme para la bendición que sé que está en camino." Esta perspectiva transforma la frustración en crecimiento. El retraso se convierte en una parte valiosa del proceso, no en un obstáculo.

El tercer obstáculo es su programación negativa pasada. Todos cargamos con un bagaje: fracasos pasados, críticas de otros, creencias limitantes que hemos absorbido desde la infancia. "En mi familia nadie ha tenido éxito en los negocios." "Yo no soy bueno con el dinero." "Nunca he tenido suerte en el amor." Esta programación subconsciente puede sabotear sus mejores esfuerzos porque funciona como un ancla. Usted rema hacia su meta, pero el ancla le impide avanzar. La oración es la herramienta más eficaz para cortar la cuerda de esa ancla. Debe utilizar la oración no solo para pedir metas futuras, sino también para sanar heridas pasadas. Dedique tiempo a orar específicamente por la liberación de estas creencias limitantes. "Dios, te pido que me sanes de la creencia de que no soy digno de la abundancia. Líbrame de la memoria de fracasos pasados. Reemplaza mi antigua programación de escasez con una nueva conciencia de prosperidad y éxito que viene de ti." Este es un trabajo profundo y transformador. Al orar por la sanación de su pasado, usted está limpiando el terreno para que las nuevas semillas puedan crecer sin obstáculos. No puede construir un rascacielos sobre cimientos débiles. Use la oración para demoler los viejos cimientos de miedo y limitación y para construir unos nuevos y sólidos de fe, confianza y merecimiento.

Al enfrentar proactivamente la duda, reinterpretar el retraso y reprogramar su pasado, usted elimina las barreras internas que impiden que sus oraciones se manifiesten plenamente.

Llegados a este punto, usted entiende que es la oración práctica, cómo funciona y cómo superar los obstáculos. El siguiente nivel, el que separa a los aficionados de los profesionales del éxito, es integrar la oración no como un evento aislado que ocurre cuando hay problemas, sino como una disciplina diaria, un hábito fundamental para alcanzar el máximo rendimiento en todas las áreas de su vida. El éxito no es un accidente, es el resultado de prácticas diarias y consistentes. La oración debe convertirse en una de esas prácticas clave, tan esencial como planificar su día o hacer ejercicio.

Para ello, le propongo una estructura de tres partes que puede implementar de inmediato: el ritual matutino, las microoraciones diurnas y la revisión nocturna. Piense en esto como el régimen de un atleta de clase mundial para su mente y espíritu.

Primero, el ritual matutino. La primera hora de su día, lo que muchos llaman la hora de oro, establece el tono para las siguientes 15 horas. En lugar de coger el teléfono y dejarse bombardear por la negatividad y las urgencias de otros, tome el control de su mañana. Dedique los primeros 15 a 20 minutos a la oración. Pero esta no es solo una oración para pedir sus metas. Esta es una oración para alinear su día. Pida sabiduría para las decisiones que enfrentará. Pida paciencia para tratar con personas difíciles. Pida creatividad para resolver problemas. Pida fuerza y energía para ejecutar sus tareas con excelencia. Al hacer esto, usted está siendo proactivo, no reactivo. Está anticipando las demandas del día y equipándose espiritualmente y mentalmente para enfrentarlas. Está invitando a Dios a ser su socio en cada reunión, cada llamada y cada tarea. Una persona que comienza su día de esta manera opera desde un centro de calma y poder, mientras que los demás reaccionan al caos a su alrededor.

En segundo lugar, las microoraciones diurnas. La comunicación con su socio principal, Dios, no debe limitarse a una cita por la mañana. Mantenga el canal abierto durante todo el día. Esto se logra a través de lo que yo llamo microoraciones. Son pausas de 10 a 30 segundos antes de eventos importantes. ¿Está punto de entrar en una negociación crucial? Haga una pausa y ore: "Dios, dame las palabras correctas y favor en esta conversación." ¿Se siente abrumado por una tarea? Deténgase y ore: "Dios, dame la claridad y el enfoque para completar esto eficazmente." Va a tener una conversación difícil con un ser querido. Ore: "Dios, lléname de amor y comprensión." Estas microoraciones mantienen su conexión viva y le permiten recurrir a esa fuente de poder en tiempo real, justo cuando más lo necesita. Convierten la oración de un monólogo matutino en un diálogo continuo, haciendo que la presencia y la ayuda de Dios sean una realidad constante en su jornada laboral y personal.

Finalmente, la revisión nocturna. Así como comenzó el día con intención, debe cerrarlo con reflexión. Antes de dormir, dedique 5 minutos a una oración de gratitud y revisión. Repase su día. ¿Qué salió bien? De gracias específicas por ello. "Gracias, Dios, por el cierre de ese contrato. Gracias por la paciencia que me diste en el tráfico." ¿Qué salió mal? Entréguelo a Dios. "Dios, te entrego la frustración que sentí en esa reunión. Te pido que me enseñes la lección que debo aprender de ella y me des paz." Este acto de revisión y gratitud nocturna tiene dos efectos poderosos. Primero, refuerza los comportamientos positivos y le permite aprender de los negativos. Segundo, limpia su mente de la ansiedad y el estrés del día, permitiéndole tener un sueño profundo y reparador. Su subconsciente seguirá trabajando en las soluciones mientras duerme y se despertará más fresco, más claro y más preparado para el día siguiente.

Al implementar esta disciplina diaria de tres partes: ritual matutino, microoraciones diurnas y revisión nocturna, la oración deja de ser un acto de último recurso y se convierte en su sistema operativo para una vida de alto rendimiento. Es la disciplina que subyace a toda otra disciplina y el hábito que garantiza que nunca estará operando solo con sus propias fuerzas limitadas.

Hemos recorrido un camino completo y práctico. Hemos redefinido la oración como la máxima herramienta de establecimiento de metas. Hemos entendido el mecanismo que reprograma nuestra mente y alínea las circunstancias a nuestro favor. Hemos aprendido la técnica de los cuatro pilares: gratitud, especificidad, fe y liberación. Hemos desarrollado estrategias para superar la duda, el retraso y la programación negativa, y hemos establecido una disciplina diaria para integrar este poder en cada momento de nuestra vida.

Ahora llegamos a la culminación de todo este proceso, al resultado final, que va mucho más allá del simple éxito personal. Llegamos a la transformación del éxito en significancia. El propósito último de desarrollar esta poderosa conexión con Dios a través de la oración no es simplemente acumular riqueza, fama o posesiones para uno mismo. Ese es un objetivo demasiado pequeño. El verdadero poder, la verdadera recompensa es convertirse en un canal a través del cual fluyen las bendiciones hacia los demás.

Cuando usted opera en alineación con un poder infinito, su vida comienza a producir un excedente: un excedente de sabiduría, un excedente de paz, un excedente de recursos, un excedente de amor. Y este excedente ya no es solo para usted. Se desborda e impacta positivamente en cada persona que le rodea. Su éxito empresarial no solo enriquece su vida, sino que crea empleos, provee productos o servicios valiosos y contribuye a la economía de su comunidad. Su paz interior y su sabiduría no solo le benefician a usted, sino que se convierten en una fuente de consejo y estabilidad para su familia, sus amigos y sus colegas. Usted deja de ser un simple receptor de bendiciones para convertirse en un distribuidor de las mismas.

Esto nos lleva a la forma más elevada y poderosa de oración, la oración por los demás, también conocida como oración intercesora. Cuando usted alcanza un cierto nivel de maestría en la oración por sus propias metas, descubrirá un deseo creciente de utilizar esta herramienta para ayudar a otros. Comenzará a orar por la salud de un amigo, por el éxito del negocio de un colega, por la paz en su comunidad, por la sabiduría de los líderes mundiales. Este acto de dirigir la fuerza más poderosa del universo en beneficio de otra persona tiene un efecto transformador monumental, tanto para ellos como para usted. Para ellos, porque está movilizando una ayuda que de otro modo no tendrían. Para usted, porque le saca completamente del egocentrismo, le conecta con la humanidad a un nivel profundo y le llena de un sentido de propósito que el éxito personal por sí solo nunca podrá proporcionar.

La verdadera alegría no se encuentra en obtener, se encuentra en dar. Y la capacidad de dar el regalo de la oración eficaz es uno de los mayores regalos que puede ofrecer. Al final de su vida, lo que definirá su legado no será la cantidad de dinero en su cuenta bancaria ni la lista de premios en su pared. Lo que definirá su legado será el impacto que tuvo en la vida de otras personas. Será la cantidad de vidas que mejoraron porque usted vivió. Una vida guiada por la oración es una vida que por su propia naturaleza construye un legado de integridad, servicio y contribución positiva. Es la diferencia fundamental entre el éxito, que es lo que usted logra, y la significancia, que es lo que usted ayuda a otros a lograr. La oración es el puente entre ambos, le permite alcanzar un éxito extraordinario y luego utilizar ese éxito como una plataforma para tener un impacto significativo y duradero.

Así que mi llamado a la acción para usted hoy es este: No vea la oración como algo místico, pasivo o reservado para los momentos de desesperación. Véala como lo que realmente es: la herramienta de planificación estratégica, de enfoque mental y de logro de metas más práctica, potente y proactiva a su disposición. Es su línea directa con una sabiduría y un poder infinitos. Comience a usarla hoy, no mañana, no la próxima semana. Hoy. Tome un cuaderno. Escriba su primera oración estratégica clara y específica. Comprométase con la disciplina diaria. Enfrente los obstáculos con fe y prepárese para no solo transformar su propia vida, sino para convertirse en una fuerza para el bien en la vida de todos los que le rodean. Su vida más extraordinaria, una vida de éxito, paz y significancia, está esperando a que usted la pida. Está a una oración de distancia. Comienza ahora. Yeah.