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Nos situamos de nuevo en la historia de esta noche en Documentos TV. Agosto de 1940. Las tropas de Hitler acababan de dividir Francia en dos cuando un tren con 927 refugiados españoles salía de la estación de Angulema. Sus viajeros creían que los llevaban a la zona no. Pronto se dieron cuenta de que iban hacia el norte.
Cuatro días más tarde llegaron al pueblo de Mauthausen en la anexionada Austria. No le sonaba de nada el nombre de un lugar que llegaría a convertirse en uno de los símbolos del Holocausto y el exterminio. 470 personas quedaron recluidas en Mauthausen. De estas, 409 murieron.
"El convoy de los 927" recoge el testimonio de una treintena de supervivientes, tanto de los que acabaron en el campo de concentración como de los que regresaron a España, así como de refugiados que no llegaron a subir al tren de Angulema. Los españoles fueron los primeros en llegar a Mauthausen. De hecho, podría decirse que ellos lo construyeron. También fueron los primeros en sufrir las consecuencias de la ira de los nazis, en un momento en que ni los judíos ni los rusos habían llegado todavía para ser objeto de su locura exterminadora. Este convoy fue el primer tren de deportados de toda Europa occidental, cargado con familias enteras con destino a un campo de exterminio nazi. Población civil, refugiados en estado puro, que serían considerados apátridas cuando Ramón Serrano Suñer, el ministro de exteriores de Franco, decidió desentenderse de ellos.
Para la realización de este documental, rodado en Francia, Austria y España, los autores han consultado y utilizado fondos documentales de 21 archivos españoles, europeos y norteamericanos.
"El convoy de los 927".
Llegaron los alemanes y en fila india, caminando hasta la estación de Angulema. Allí nos metieron en ese maldito tren. Un tren largo, la cantidad, 30, 40 vagones, como...
Eran familias enteras, de niños pequeños de pecho y todo ese jaleo. En los rostros, en la cara, se veía, se veía miedo. Un miedo que no se sabía de qué, pero con miedo. La gente llevaba miedo. Ya le decíamos a a los alemanes: "Vamos, vamos". Decían: "Vamos para España, pero hay que pasar por arriba porque está bombardeado, hay que pasar por Italia". Un cuento, un cuento terrible. Y cerraron el tren. Dios, ¿para dónde nos llevará? ¿Para dónde nos llevará? No sabíamos nada. Era montar, cerrar las puertas y camino para adelante.
Pues imagínate, un vagón de ganado que solo tenía una rejilla y íbamos cerdos por fuera. Todavía no te podías salir ya desde Francia. Y estuvimos en ese vagón metidos 18 días con sus correspondientes noches. Al encerrarte al vagón, ya perdías tu personalidad, ya no eras libre. Y hacían de ti lo que les daba la gana. Ya no tenías nombre, ya tenías un número.
El 20 de agosto de 1940, la estación francesa de Angulema fue el punto de partida de una tragedia poco conocida y olvidada entre la inmensidad del Holocausto nazi. Muchos españoles empiezan aquí un viaje que acaba en la muerte y el horror de Mauthausen. Son los integrantes del primer convoy, cargado con familias enteras con destino a un campo de exterminio. Ellos inauguraron aquellos transportes de la muerte que dos años después los judíos harían tristemente famosos.
El convoy de los 927 estaba compuesto por hombres, mujeres, niños y viejos españoles que habían huido de una guerra civil ya perdida por los republicanos. Llegaron a Angulema con la esperanza de empezar una nueva vida de refugiados, enfermos, de hambre y de derrota. No siempre encontraron la acogida que necesitaban.
Nos miraban por los alambres, que venían a mirar como si fuésemos bestias. En el parlamento francés, un diputado de derechas dijo: "Nada, nada, con esa gente, unos cuantos viejos barcos, los metemos en el océano y los hundimos". Porque primero dijeron que éramos indeseables y que había que, los rojos hay que liquidarlos a todos. En lo primero que veo cuando paso Francia, eh, "Liberté, Égalité, Fraternité". Y luego me di cuenta que aquello era un eslogan.
Las autoridades francesas no disimulan los esfuerzos para hacer que los españoles se marchen lo antes posible y dejen limpio de indeseables, utilizando las palabras de la época, el departamento de Sagon. Pero los españoles se resisten. Ninguno quiere volver a aquella España de Franco, donde pese a haber prometido el perdón, se fusilaba y se encerraba a la gente en la cárcel.
En Angulema, los españoles refugiados en el campo de Les Alliers intentan llevarse bien con el comisario del campo, Marcel Suli, un personaje temido y poderoso. Con un favorable o desfavorable, sus informes eran determinantes para los exiliados. Pero hay un momento en que los españoles empiezan a ser necesarios.
En septiembre de 1939, Alemania invade Polonia y comienza la Segunda Guerra Mundial. Francia se ve amenazada y emprende obras de fortificación de las fronteras, como la Línea Maginot. Aquellos españoles que se había querido devolver a la España de Franco son ahora llamados a luchar contra Hitler.
"Recordaros, son los mismos que han quemado vuestros hogares, los mismos que han matado vuestras mujeres. Es el momento de vengar. Alistar a la Legión". Veo ustedes cómo, porque ahí tenían ya necesidad de la carne de cañón. Francia necesitaba trabajadores para la guerra, para continuar la guerra. El gobierno se negaba, pero la gran industria pudieron más que el gobierno y poco a poco fueron sacándonos de los campos de concentración.
Pero la ilusión de empezar una nueva vida dura poco. El mes de mayo de 1940, las tropas de Hitler invaden Francia. Los refugiados españoles ven con desesperación cómo habían salido de una guerra para meterse en otra. Un mes después, Angulema queda dentro de la zona ocupada por los alemanes.
"Ay, los alemanes, muchos tenían miedo. Los otros, ay, ay. Las mujeres llorando entraron. Y cuando vio aquellos alemanes con los "sidac", unos impermeables fuertes, ellos grandes, decíamos: 'Vaya un ejército, esto es invencible'. Por eso se han comido a los franceses, como se la han comido".
Yo me recuerdo cuando era chavalín, pues había unos micrófonos por las calles en Barcelona y decía: "Catalán, refugia't, que la Generalitat vela per vosaltres". Y entonces, ¿quiere decir por qué? Porque venían las "padas", los "junies" alemanes a bombardear. Alemanes, todos los aviones que bombardearon en España eran alemanes. Quien destruyó Guernica eran alemanes. Nos traían caramelos, nos traían pan, nos traían bolas de queso. Que era miedo. Parecía que lo... rueda de camiones. Y yo me acuerdo de haber oído que decían, decían: "El león no es tan malo como lo pintan", porque todo el mundo tenía miedo a los alemanes y que nosotros se portaban muy bien. Hasta el día que entonces nos echaron la red por encima y nos dijeron: "Sacad las maletas y las ponéis aquí, que nosotros encargaremos de hacerlas". Seguir. Nos cogieron, nos montaron, nos llevaron a pie. Ahí fue del pie del campo a la estación, pero la estación de mercancías.
El día en que aquellos amables soldados mostraron la cara más feroz del nazismo, no dieron muchas explicaciones sobre a dónde llevaban a los 927 españoles del campo de refugiados de Les Alliers. ¿España o la zona libre de Francia no ocupada por los alemanes? Eran los dos destinos que tomaban más cuerpo entre quienes pronto dejarían de ser refugiados para pasar a ser simples deportados.
No sabían cuántas personas había dentro. Y me dicen: "Vaya usted a contarlas". Un cuaderno de niños, sabes, del colegio. Cogí cuaderno en tal sitio. Había tant... Se contaron ellos mismos. Yo no entré dentro del tren. Se contaron ellos mismos. Tanto en cada vagón y total había 900... no me acaba... tantos. Despacho. Le digo: "Hay tanta gente". Pero, ¿sabes? Dijo: "En el campo siempre". Me dijo: "No". Y va en Alemania, va Alemania. Y le dijo: "Es usted". Le dijo: "Es usted un traidor". Yo digo: "Pero hay que decirles, porque ellos van". Y me cogieron así. Me dijo: "Tú no sales". Porque si no...
Sabían las autoridades francesas el destino final de este tren. La documentación oficial habla de organizar un convoy para llevar a los refugiados a Dordogne, a la zona libre no ocupada por los alemanes. Esto les exculparía. Pero, ¿por qué se pide con tanta insistencia el mayor número posible de españoles? ¿Por qué se les vuelve a considerar peligrosos para el orden público? Hay unos datos inquietantes. Este papel pregunta por la suerte de los rojos españoles, cuya eliminación ha sido ordenada por el Arme Overkommando alemán. Este otro reconoce que las autoridades de ocupación alemanas han pedido la salida de los 2000 refugiados españoles del campo de Les Alliers de Angulema.
El convoy de los 927 se convierte así en el primer tren que sale de Occidente con población civil y se dirige a un campo de exterminio. No se producirá un hecho similar en Francia hasta el año 1942, cuando empiezan las redadas contra los judíos. Para Francia, eran indeseables. Para España, luchadores rojos. Y para Alemania, enemigos del Reich. Su destino será Mauthausen, un campo para no reeducar.
Lo sabían perfectamente. Y que, y que desde luego el gobierno francés tenía que haberse, tenían que haberse juzgado. Sí, sí, sí, porque eran responsables de nosotros. En el momento que nos acogieron en su país, eran responsables. Porque, oye, dejar allí mujeres y niños que te llevaran de aquella manera, como animales y maltratados, por Dios bendito. Que había muchos niños en el campo. Muchos. Hemos estado cuatro días en el tren sin salir de los vagones, vagones de mercancías, eh, no de, de viajeros, eh, haciendo todo en el vagón. Fíjese qué día. Todo el mundo, mujeres, niños y, en fin, todo mezclado. Había de todo. Había sudor, olor, calor. Otras veces frío, porque como vas desnutrida, no es como cuando estás bien alimentada. Allí había de todo. Monseñor, había veces que yo, por ejemplo, que tengo un olfato muy delicado, no lo soportaba, no lo soportaba. La trampilla iba cerrada. Lo que va, había por las rendijas que se miraba en una guía Michelin de estas gordas que había. Y mi padre, con esa guía, iba mirando a ver para dónde caminaba el tren, porque de un principio creía que nos mandaban a España. Pero no, el tren tiraba para el norte.
Cuando el tren iba hacia el norte, uno tiene que decir: "A España no nos llevan jamás". Pensábamos que nos iban a llevar a Alemania, a Austria, precisamente. Cuando llegamos a la frontera alemana, la Francia, había un francés que sabía dónde íbamos ya, porque se le ocurrió decir: "Amigos españoles, os deseo mucha suerte y libertad". Nada más. Dijo estas palabras y nosotros dijimos: "¿Qué quiere decir ese señor con esas palabras?".
Llegando a Mauthausen, se para el tren en un apeadero. Era un andén, andén sin techo, eso me recuerdo muy bien. Yo me sumé por ventanuco y había un señor mayor vestido de tiro. Era el tirol. Y él miró así, dice: "El pobre, pequeña", en francés, porque él debía pensar que era francesa, que éramos franceses, como veníamos de Francia. Pues no sé, dice: "Pobre pequeña", dice, "no sé si saldréis de aquí". Dice: "Lo que sí sé es que vuestros hombres no saldrán".
Se abrieron todas las puertas y venía un prisionero con traje de rayas, un oficial alemán. Y el prisionero hablaba español, preguntando: "¿Qué? Venga, vayan bajando los hombres, vayan bajando los hombres". Bajando los hombres. Las mujeres empiezan a abrazarse al hombre, los padres a los... Pero dice: "Obedezcan". El prisionero aquel dice: "Obedezcan ustedes, que es mucho mejor así, no pasará nada". Los hombres para abajo. "Raus, raus". No tuvimos tiempo para comentarse lo que iban a hacer, lo que no iban a hacer. Que estamos, veíamos aquellas letras ahí escritas: "Mauthausen". Pero no sabíamos nada.
¿Qué edad tenéis? Ellos mismos te lo enseñaban. Quiere decir, cuántos, qué edad, qué edad. En cuanto ya te hacías 10, ya estabas parte de la familia. Ya podías... Bueno, "hasta la vista". No podía decir nada más. Ya estabas embarcado. Quiere decir que no había nada, no hubo ningún despido ni nada, absolutamente nada. Porque Galo era un crío. Y cuando llegaron, lo cogieron así. Y mi madre lo coge, dice: "Es muy pequeño". Y hicieron así, que era bastante alto, y se lo quitaron de las manos. No. Yo era joven y separarme de mi madre era, era matarme. Y nunca lo olvidaré ese momento de la cola. Nunca. Sí. Cuando se los llevaba. Sí. Decíamos: "¿Para dónde los llevarán? ¿Para dónde los llevarán?". Era lo que decíamos todos. "¿Para dónde los llevarán?". Qué raro. ¿Y dónde fue el destino?
El cielo se me cayó encima cuando la puerta central del campo se abrió para dejar entrar la columna de los españoles. El terrible. Yo miré y dije: "Mira, papá, una ametralladora". Dice: "No es una ametralladora, dice, es una cámara para filmar". Y dije: "No, papá, eso es una ametralladora". Y él, claro, quería que no tuviese miedo. Era el miedo que imponían para que... Yo he visto a españoles que han estado en el frente de Aragón, en España, han combatido a muerte durante toda la guerra de España, han luchado, han llorado, han sacrificado, pero han guardado la cosa de un hombre. El Maut... Y ahí nos vamos dando cuenta que para nosotros es el fin. O sea, que cuando llegamos delante de esas puertas, ya nos hacemos ninguna ilusión. Estado Mayor, Comandante, Franco y todo, el capitán y todo. Y entonces nos dijo que todos estábamos allí, que no salíamos por la puerta, que estaríamos todos por el... Ya nos dijo por dónde íbamos a salir. Nos quitaron la ropa, nos pelaron la cabeza, nos afeitaron las partes, creo que sí. Y nos dieron el traje de rayas. No sabían lo que hacer con nosotros. La prueba, éramos refugiados, eh, políticos, rojos, como ellos decían. Y nos dieron un triángulo azul, que fue como apátrida, no como político siquiera, apátrida. El triángulo azul iría ligado al trágico destino de estos 430 deportados a Mauthausen, abandonados a su suerte, sin patria, sin nadie que quiera saber nada de ellos. Mueren 357, casi el 90%. Eran españoles.
Y antes de decidir su exterminio, el régimen de Hitler tuvo la deferencia de consultar a su amigo Franco. La embajada alemana en Madrid pregunta hasta cuatro veces qué tenía que hacer con aquellos españoles capturados en Angulema. Cuatro cartas en un mes y medio que nunca tuvieron respuesta por parte del Ministerio de Asuntos Exteriores, a cargo en aquel momento de Ramón Serrano Suñer, cuñado de Franco.
Los hombres y los chicos jóvenes, casi niños todavía, se habían quedado en Mauthausen. ¿Qué destino esperaba a las mujeres y a los críos más pequeños? Y ahí estuvimos, en vía muerta otra vez, sin que nadie se ocupara de nosotros. Ahí el tren parado. Oías gritar, chillar y cosas de los otros vagones, pero nada más. Mi madre llorando, aquella otra señora llorando, la otra, allí igual. Cuando se al tren en marcha, que prenden cl de y CR y cosas, es una cosa que nos puede, es que nos puede. Es una cosa que incluso censo. Y cuando llegamos cerca de Berlín, allí nos metieron en un túnel y estuvimos, si fueron 8 o 9 horas allí. Bom, bom, la aviación tirando, la aviación tirando sin parar. Hacían que fuera un bombardeo de los ingleses, horas y horas. Y allí fue donde yo empecé a gritar por entre la oscuridad y fue cuando yo creo que desde aquello tuve yo esta claustrofobia.
La expedición formada por las mujeres se internó en Alemania, regresando por el mismo recorrido y en sentido contrario hasta la frontera española. Hicieron el viaje siempre de noche y a grandes velocidades. Las autoridades españolas fueron informadas del recorrido de aquel tren. El que tenía que ser el viaje de regreso a España fue una vuelta incomprensible por Alemania hasta volver a Angulema. Aquí el tren parará tan solo unas horas para dejar a una única pasajera enferma, que los alemanes temían que fuera contagiosa. A través de ella, la comunidad española de Angulema conocerá el destino de los hombres. Los llantos que salen de ese convoy, que ahora lleva solo a la mitad de los pasajeros, extienden el temor a una segunda expedición.
Y cuando supimos que está el tren en la estación de arriba, de la del mercado de aquí, se oía la gente chillar, chillar, y algo terrible. Es algo terrible. Yo aún a las tengo aquí. No pasaré una vez por ahí sin ver la estación y sin pensar en ese tren. Estábamos muy inquietos. Estábamos preparados, preparados. Algunos, algunos preparados para evadirnos a cualquier punto de Francia o irnos al monte, escondernos en el bosque, cualquier cosa. Pero no ir. Porque hubo unos cuantos días de inquietud. Decían que había una segunda expedición. Papá pensaba que de un día a otro le podían, le podían detener. O sea, que vivían con esa, con esa espada en la cabeza, diciendo, pensando que de una hora a otra los podían detener y mandar a Alemania.
El miedo a la formación de un segundo convoy no era infundado. En este documento confidencial, los franceses notifican a las autoridades alemanas la salida del convoy de los 927 españoles y hablan de los preparativos para la salida de más refugiados. En esta ocasión, solo serían hombres y siempre escogidos según su orientación política. Finalmente, esta segunda expedición nunca se haría. Los alemanes empiezan a priorizar ya las detenciones entre la resistencia y los judíos.
Se llevaron a todos los judíos. Todas mis amiguitas judías que íbamos a la escuela, había que los subían en camiones, maltratados y todo. A los niños también. A los niños también les pegaban, con la escopeta, los empujaban.
Los españoles de Angulema que llegan a Mauthausen encuentran con un campo inaugurado hacía años y todavía en construcción. Por tanto, el triste privilegio de ser los primeros moradores y de haber trabajado como esclavos construyendo aquel recinto de exterminio. Cada piedra de Mauthausen, lo que es el bloque que encierra Mauthausen, cada piedra está firmada por un español con sangre, porque esa muralla la hicieron los españoles a fuerza de palos y de matracas y de puñetazos y todo, hasta que morían. Era un campo de exterminio. La única cosa que hacían, si tú eras, tenías fuerzas todavía para trabajar, tenías que dejar hasta la última, hasta la última fuerza y luego después a la basura.
¿Sabe usted lo que es acostarse con uno, hablar contigo, tal, ay, estoy cansado, que tal y cual? Al día siguiente, vamos, muerto. No, hombre, no. Se formaba durante dos o tres horas en la plaza, la pel, la plaza donde formábamos, se formaba dos o tres horas con la lluvia, con el frío, con la nieve. Y nos contaban, nos contaban como corderos, mismo los muertos tenían que salir a la pel, a la formación. Muertos. Había un caballete que lo había hecho expresamente así y había un barrote así, ponía los pies a de interior y otro también, te acostaba allí, te hacían bajar los pantalones. Entonces, a veces había, se ponía uno de cada lado para dar los 25 palos y había que contarlos. Cuando usted recibía un golpe de vergajo hasta 25. Y se ha dado casos que cuando si la persona se equivocaba, tenía que empezar otra vez. Es para que lo sepa. Mauthausen se llamaba la letra "N.N.", Noche y Niebla. Y eso quería decir que nadie tenía que salir del campo. Tenemos que ser todos o ahogados o metidos, quemados. De todas maneras, tiene que salir.
Usted duerme como yo dormí en una barraca en frente al crematorio, donde ve toda la noche las llamas salir por la chimenea. Pues al principio el moral está muy bajo, después te acostumbras y dices: "Bueno, que llegue lo que llegue, sea como sea". Según donde iba el viento, irrespirable el olor de carne quemada. El viento se lo llevaba a uno, dos o tres kilómetros. Así que lo sabían la gente que vivía allí, que había casas de campo alrededor del campo, lo veían.
Pero a las penalidades de los españoles en Mauthausen se añadía la incertidumbre sobre lo que había pasado con las mujeres y los niños. Temían que hubiesen podido ir a parar a un campo como el de ellos. No sabían que el convoy que llevaba a sus familias había regresado a España. Pero el mismo 1 de septiembre, cuando pasaba por la frontera de Hendaya, sus ocupantes ya intuyeron qué futuro.
"Una cosa, la de la de aquí de España. Nos dejaron en el vagón y nadie nos abría. Sabía ni que estábamos allí. Pasó un guardaagujas y sintió llorar. Y al sentir llorar, él pensó que eran maleantes que se habían metido en el tren. Abre y cuando ve aquello, dice: 'Dios mío, pero ¿qué es esto?'. Entonces mi madre llorando y nosotros todos, además de hambre, que ya no habíamos comido ya cuánto tiempo. Un hambre que ya no tenía ni estómago. Y dice él: 'Pero señoras, ¿qué hacen ustedes aquí?'. Y mi madre se lo dijo: 'Dios mío, si yo creí que este tren que habían puesto aquí la había muerta, dejábamos morir allí'. Y al llegar aquí en Asturias tuvimos un recibimiento en esta estación de la gente que era de derechas, esperando que bajáramos del tren, diciendo: 'Ahí llegan los rojos, ahí llegan los asesinos'. Dijo: 'Pero bueno, mujeres y niños, si eso tiene cabida de explicación, yo no lo sé'. Y bueno, y luego pues vino otro martirio que fue el franquismo".
Mi madre tenía que presentarse todas las semanas al cuartel de la Guardia Civil durante una temporada, hasta que no volvió más. Y luego, pues los que íbamos marcados como si fuéramos los judíos con la estrella de David, pues los rojos, que llamaban, si te encontrabas con la cuadrilla de falangistas, te daban de hostias hasta que se cansaban.
El Santo Cristo de Lepanto ha sido encontrado y devuelto a su templo para recibir de nuevo el devoto homenaje de los catalanes. A la dureza de la represión franquista, repatriados deberán añadir la inquietud por sus familiares presos en Mauthausen. No saben a dónde ir, a quién preguntar. Cualquier gestión se tenía que hacer medio a escondidas, porque revelaba un pasado de exiliados republicanos que los podía poner en peligro. No será hasta casi tres años más tarde cuando empiecen a recibir las primeras cartas de los deportados, unas cartas censuradas tanto por las autoridades alemanas como por las españolas y que había que saber leer entre líneas.
Eran unas tarjetas así. Traía el prisionero: "Solo puede escribir 25 palabras de carácter personal". Y entonces yo me acuerdo como si fuera ahora el día que llegó aquella... Y dice: "Madre, estamos Manuel, Ángel y yo, estamos muy bien, no te preocupes. Pero por desgracia, mi padre murió de la enfermedad que padecía". Tenía ninguna enfermedad mi padre. Man Jacinto y las y siempre... VR VRN no a Francisco, no lo es. Era Francisco. Gusen era uno más de la cincuentena de campos y comandos anexos a Mauthausen. Allí, el infierno del infierno, como muchos deportados murieron muchos españoles. Años, ser viejo, tener un defecto físico era ser inútil. De hecho, unos 60 mutilados del convoy ni siquiera fueron inscritos, porque se les eliminó nada más bajar del tren. Gusen era el destino final de los 5000 catalanes que murieron en Mauthausen. Cuando iban a Gusen, allí para terminarlos, porque ya para ellos no daban un suficiente rendimiento. Y esto ocurría con mucha frecuencia. Cuando esperaban convoys nuevos que venía mucha gente, no había sitio, había que hacer plaza para los que venían por detrás. En la barraca esa 32, les hacían creer a la gente que iban a curarlos al hospital. Y había estos dos señores que estaban abajo, al pie de la escalera, con chiringas, y les inyectaban gasolina. Les ayudaban a subir muy humanamente, dese cuenta, eh. Les ayudaban a subir con mucho cuidado. Y cuando llegaban arriba, los otros lo cogían, montones, porque ya estaba, le quedaba, porque hacía efecto de seguida.
¿Qué vida? No sé si ustedes imaginar lo que es. Yo se lo cuento, pero no es la misma cosa que haberlo vivido. Decías: "Hoy he terminado la jornada con vida". Mañana, el puente, el pon de interrogación. ¿Qué es que va a pasar?
Había judíos allí que se ponían: "Esta noche vamos a pasar al otro lado del mundo". Ya estaban de acuerdo. Y por la noche se levantaban. Y había uno que ya estaba destinado para la alambrada. Y los otros se daban la mano. Y en cuanto había un contacto, se suicidaban. Así llegó a tener que dormir con el hermano atado, atar al hermano a él, porque mi hermano mayor se quería tirar a la alambrada. Y él no podía pensar. Y mi padre decía él, que cuántas veces lo vio llorar: "Hijos, ¿a dónde os he arrastrado por un ideal?". Cuando uno se escapaba, lo arrastraban, lo arrastraban. Y teníamos que pasar todos por su pie el campo mirándolo. El primer persona que yo he visto así, un gitano, y se escapó. Y estuvo dos días buscándole por todas partes y no lo encontraban. Pero después tenían unos perros ya entrenados para buscar a la gente y lo encontraron y lo trajeron al campo. Metieron una como si fuera una jaula de pie, una... Había dos que tiraban el carro y la música detrás tocando. Pues todos no lo pasaban delante. ¿Sabe usted el pedazo de música que tocaba la orquesta? Yo solo decía: "Qui s'enfuit vient chercher l'oubli dans son temps passé court, battant". Y con esa música para que lo colgaran a él. Y lo colgaron.
Muchos deportados españoles recuerdan las visitas a Mauthausen de los altos mandos del Reich, como la de Heinrich Himmler. Eran visitas de las cuales el régimen nazi hacía ostentación. El artífice de la "Solución Final" contemplaba satisfecho su obra, aunque en las visitas se le ofreciese una visión aligerada de lo que él mismo había tramado. Pero esto no quería decir que lo ignorase. No, no lo había proyectado. Himmler era un personaje importante y uno de sus admiradores en España, Ramón Serrano Suñer.
Lo tuvo claro. Falangista de Franco, trae al del pueblo alemán su cariño y su amistad y su lealtad de ayer, de hoy y de... Serrano estuvo al frente de dos ministerios clave: el de Gobernación, responsable de la represión en el interior, y el de Asuntos Exteriores. Serrano era un germano que no costó convencer al Caudillo de estrechar las relaciones del Eje fascista: la Italia de Mussolini, la Alemania de Hitler y la España de Franco. Fascismo es, sin duda, la de Serrano. A pesar de que después su estrella entró en declive y él mismo se esforzó en desvincularse del franquismo, lo cierto es que Serrano tiene mucha responsabilidad en la suerte de los deportados y no puede alegar ignorancia.
La embajada alemana en Madrid preguntó al Ministerio español de Asuntos Exteriores qué tenía que hacer con los refugiados que había capturado en Angulema. Cuatro cartas entre el día que sale el convoy, el 20 de agosto de 1940, y el 3 de octubre, cuando todavía se pedía una respuesta. No se contestaron nunca. A través de la embajada de España en París se piden instrucciones a Serrano Suñer, porque parece inminente el traslado de los refugiados a campos de concentración. Tampoco se contesta. Casi un año más tarde, la embajada española en Berlín informa de que los españoles han sido deportados a Mauthausen por rojos y por su peligroso pasado político. Ahora sí que el Ministerio de Asuntos Exteriores, con Serrano al frente, contesta con nota manuscrita al margen y lo hace así: "Puesto que no parece oportuno hacer nada en favor de los internos, archívese este". Es la condena a muerte de esos españoles del convoy de los 927.
Franco no levantó un dedo, ni un solo dedo a favor de la República, de los republicanos. Pero ni uno solo. La Iglesia, menos. La Iglesia, menos que la Iglesia tenía "potti" sobre Franco, porque sí la tenía, porque lo que decía la Iglesia se hacía. Hubiese sido Franco que hubiese tenido que decir, o las autoridades, en vez de llevarlos allí, "traedlos aquí". ¿Y por qué no lo hizo? Porque a lo mejor, para ellos, llevar a un campo de exterminio, de exterminio, era deshacerse de ellos. O de nosotros. Es todo. Y eso es lo que quería. Para mí, sí. Y tenía que haber dicho, si o no, que dio la, como podemos decir, la vista buena para que los españoles metieran en esos campos. No hay edad para juzgar. No digo que se la fusile, ni se la ahorquen, pero que tiene que juzgarlo para saber lo que ha hecho o lo que no ha hecho. Eso sí. Un día me dijo uno que era muy religioso: "Pusieran aquí ahora mismo al que mató a tu padre, ¿qué harías?". Porque tú tienes un geniecillo. Dije yo: "Nada, no lo mataría". Dije: "No, ahora sí lo cogería y lo sacudiría y le diría: 'Ojalá no tengas una noche tranquila como las que a mí me diste, para que sepas lo que...'". Y bueno, la carrera de Serrano acabó abruptamente cuando, con la victoria de los aliados, Franco entendió que no le convenía una persona tan vinculada con los perdedores. ¿Cómo podía decir Serrano Suñer que no sabía que había españoles en Mauthausen?
El consulado de España en Viena tramitó muchos certificados de defunción de deportados españoles a través de la comandancia del campo. Pero además, el Ministerio de Serrano había tramitado como mínimo la salida de dos de los deportados que llegaron con el convoy de Angulema. La madre de Fernando Pindado tuvo la precaución de apuntar el nombre de la estación donde la habían separado de su hijo. Eso y unos buenos contactos hicieron que consiguiera sacarlo del campo de concentración. Si el Ministerio de Asuntos Exteriores autorizó la repatriación, es muy difícil justificar que su responsable, Serrano Suñer, no lo supiera.
"Los alemanes me dijeron que no hablara nada del campo de concentración, eh. Y lo hice. Me hubiera implicado yo en el asunto y no sé si a lo mejor hubieran perjudicado a mi familia y a mí, porque aquí la gesta acampaba por sus como ellos querían, vamos".
A partir de 1943, los prisioneros de Mauthausen empiezan a tener una esperanza. La batalla de Stalingrado es la primera gran derrota del ejército alemán y marca el principio del fin de la expansión nazi. Pero todavía deberán esperar dos largos años hasta la liberación del campo. Los españoles fueron los primeros en llegar y los últimos en irse del campo.
Antes de entrar al campo de Mauthausen, arriba del todo, había dos postes muy grandes y había la bandera del partido nazi y la bandera alemana. Pero un día, poco antes de la catástrofe para ellos, una tormenta terrible y las dos banderas, una batalla contra el viento, una cosa como si fuera un valor para nosotros. Y desde dentro de las barracas, desde la ventana, viendo hasta que en un golpe de aire se llevó las banderas a hacer puñetas. Y a los pocos días, la liberación. Un río que se desborda, igual, un "chantel" internacional, un "chantel" marsellesa. Y unos con, y los soldados que venían con los camiones y con los tanques, pues tomaron el campo. Por un campo de locos. Y esa gente son, son "maladi". Fue t, un catalán también fue. Y cogió unas sábanas. Los excesos, no sé qué. Yo no estaba en el campo. Los españoles saludan a las fuerzas antifascistas. La pusieron grande y otros tirando el águila. Son españoles los que le están tirando para echarlo abajo. Fue algo. La liberación del campo, no, no se puede olvidar. Está condenado a muerte y tiene usted la libertad y la vida. ¿Qué puede usted esperar?
Pero la alegría de la liberación queda escondida por el horror que se descubre en Mauthausen y en muchos otros campos de concentración. Una vez más, los republicanos españoles tendrán un papel decisivo al mostrar al mundo aquella maquinaria de exterminio. Francia celebra la victoria de los aliados en medio de la euforia. Los exiliados españoles, tratados con todos los honores, están convencidos de que pronto podrán volver a casa. No se imaginaban que la Guerra Fría revalorizaría el anticomunismo de Franco más que haber perdido la guerra, más que la estancia en los campos de concentración. Esta es la gran derrota para muchos republicanos. El régimen franquista es inamovible. Muchos españoles serán apátridas para siempre.
"Pensábamos a los días siguientes, pensábamos volver a España y a creo, ya lo creo que pensábamos eso y nada, nada más. No pensamos otra cosa". ¿Y cuándo se dieron cuenta que eso no sería posible? El tiempo. El tiempo. Creíamos que Franco caería inmediatamente, pero no fue así. No fue así, desgraciadamente. Los imperialistas americanos, eh, Franco mal vendió esa patria grande y libre que decía que tenía, se la mal vendió a los americanos. Se implantaron allí. Y luego también las democracias tampoco hicieron nada por ayudarnos. Quiero decir, francamente, yo creo que hubiesen podido devolver el poder que tenía el pueblo español en España, que había, había votado la República, le tenían que haber devuelto eso y no lo hicieron. Y eso no es justo. He combatido por un ideal de libertad y de justicia y yo no vuelvo a España. Yo lo he perdido todo, todo, todo. Mi familia, mi bienestar y la libertad. Perder en España, eso ha sido, es terrible. No se puede usted imaginar.
No se quiten esos recuerdos. Eso no puede olvidarse nunca. Lo que hace un campo de concentración no se puede olvidar. Siempre estamos pensando y pensamos en todos los que se han ido, en todos los que han muerto y en todo. No lo decimos, lo tenemos entre adentro de nosotros. La democracia para mí no ha hecho su trabajo de democracia. Podía haber hecho algo para hacer saber al pueblo español lo que había ocurrido con los españoles. España no ha hecho con sus hijos lo que tenía que haber hecho. Eso es mi opinión. Quizá yo esté en un error, pero no. Una cosa así no se puede. No necesitamos monumentos por todos sitios. Un golpe de, de un reconocimiento al sacrificio que nosotros hemos hecho por odiar el franquismo. Cuando hay un silencio es que nadie habla. Por eso he venido, por eso he venido a verla, para participar.