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Obsolescencia Programada ¿Mito o Realidad Macabra? - VisualEconomik

VisualEconomik18:15

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Empecemos con una pregunta. ¿Cuánto tiempo hace desde que cambiaste por última vez tu teléfono móvil? ¿Un año, dos años, tres? Como mucho. Vamos, si tienes un móvil de más de 5 años, casi que puedes considerarlo un fósil y mandarlo al museo de arqueología más cercano.

Seamos claros, ya prácticamente no se hacen móviles como el famoso Nokia 3310, un auténtico ladrillo indestructible por los años de los años. Y bueno, ¿qué me decís de los electrodomésticos en casa de nuestros abuelos? Hay una nevera que lleva ahí toda la vida. Nadie sabe cómo llegó ni cuándo llegó. Pero la cuestión es que la nevera blanca y vieja de la abuela perdurará por los siglos de los siglos.

Y esto es algo que nos lleva a una pregunta muy evidente. ¿Por qué ya no se hacen equipos tan duraderos como antes? ¿Por qué los móviles o los electrodomésticos modernos parece que se rompen en unos pocos años, justo cuando se les acaba la garantía? Pues amigos, la teoría más oscura apunta a la obsolescencia programada. Las empresas podrían estar fabricando productos defectuosos o con una calidad limitada a propósito, productos que, llegada una fecha de caducidad, se rompen automáticamente. De esa forma, los consumidores nos vemos obligados a comprar productos nuevos una y otra y otra vez, y así las empresas se forran con nuestro dinero. Un negocio redondo a costa del desperdicio y el bienestar de todos los consumidores.

Ahora bien, estas tan solo la teoría que muchas veces aparece en los medios de comunicación. Pero aquí estamos en Visual Economic y, por tanto, en este vídeo vamos a estudiar más a fondo el fenómeno de la obsolescencia programada. ¿Se trata de algo que realmente existe, pues tan solo una teoría de la conspiración sin fundamento? Y si es que realmente existe, ¿cómo de grave es y qué pruebas existen de ello? ¿Se trata acaso de una trampa que ejercen todas las empresas o se centra tan solo en un grupo particular? Hoy en Visual Economic os lo contamos. Atentos.

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Vamos a ser claros desde el principio. La obsolescencia programada no es ninguna teoría de la conspiración sin fundamento. De hecho, existen casos documentados donde sucedió de verdad. ¿Pero queréis un ejemplo de ello? Pues veréis, en el año 1924, en Suiza, los tres mayores fabricantes de bombillas de todo el mundo, la alemana Osram, la sucursal británica del gigante americano General Electric y la holandesa Philips, tuvieron una reunión donde pactaron la creación del Cártel de Phoebus. El nombre de este cartel no fue casualidad. Phoebus era el dios griego de la luz y con el cartel las empresas de bombillas quisieron aplicar un enorme programa de obsolescencia programada a sus productos lumínicos.

Por aquella época, las bombillas podían llegar a tener una vida útil de entre 1500 y 2500 horas. Sin embargo, tras la creación del Cártel de Phoebus, las empresas redujeron esa vida útil a tan solo 1000 horas, prácticamente la mitad. El resultado de Esto fue que las bombillas perdieron muchísima calidad, duraban la mitad de tiempo que antes, pero a pesar de ello, los precios igual de elevados que siempre. El Cártel de Phoebus fue el primer caso reconocido de obsolescencia programada a gran escala. Pero ¿hasta dónde llegó su importancia? ¿Fue la obsolescencia programada un hábito cada vez más común entre las empresas tras Este primer caso del Cártel?

Pues lo cierto es que la literatura académica sobre el tema no es demasiado concluyente. Prácticamente no existen estudios cuantitativos que traten de medir sus efectos. Sin embargo, lo que sí que existe es un gran debate teórico sobre si la obsolescencia programada es un fenómeno extendido y sobre cómo de relevante es. Por ejemplo, en un importante trabajo de 1984, Jeremy Ballow defendió con un modelo matemático que mientras en un mercado competitivo la obsolescencia programada no podía darse, en un monopolio no solo podría ocurrir, sino que es algo que pasaría el 100% de las veces.

Y en realidad, esto parece bastante intuitivo. Las empresas que no tienen un monopolio y que, por tanto, no dominan el mercado, si les da por reducir la calidad de productos y aplicar obsolescencia programada, entonces los consumidores se darán cuenta de ello, dejarán de comprarles y se irán a la competencia que fabrique productos más buenos y duraderos. Y en parte de ahí que el cartel de Phoebus fuera tan importante. Todas las empresas debían actuar como una sola para dominar el mercado, no debían competir entre ellas y de esa forma los consumidores no podrían elegir alternativas de más calidad.

Ahora bien, ¿quiere decir eso que la razón detrás de que ahora todos los productos parezcan durar menos es que las empresas forman carteles como el de Phoebus? Pues a ver, en realidad hay más razones aparte de la obsolescencia programada que podrían explicar este fenómeno. Por ejemplo, algunos autores señalan que no es que los lavavajillas, las televisiones o la ropa duren menos que antes, sino que ahora simplemente no se reparan. Por ejemplo, ¿cuál fue la última vez que os cosisteis unos pantalones? ¿Cuál fue la última vez que desmontasteis una televisión rota para hacerla funcionar de nuevo? Pues seguramente hace mucho tiempo. Y es que reparar cosas era mucho más habitual en la generación de nuestros abuelos que en la nuestra. Por tanto, según esta teoría, no es que ahora las cosas duren menos, es que nosotros mismos no nos esforzamos en que duren más.

Ahora bien, esto es tan solo una teoría y ciertamente podría haber un poco de truco detrás de ella. Y es que veréis, la falta de reparación muchas veces es culpa de los mismos fabricantes, fabricantes que se niegan a reparar sus productos o que hacen que sea algo muy pero que muy caro. Por ejemplo, sustituir la batería de un iPhone o de cualquier móvil moderno suele costar entre 50 y 100 dólares. Con ese coste, no es raro que mucha gente opte por pagar algo más y comprar un modelo renovado. En este sentido, las reparaciones caras son otra forma de obsolescencia programada que nos empuja a comprar productos cada pocos años.

La cuestión es, ¿son las reparaciones cada vez más caras porque las empresas quieren obligarnos a comprar más o se debe a otro factor? Pues en este caso, todo apunta a que en realidad el problema no está en las empresas. Resulta que desde hace muchos años el precio de los productos tecnológicos ha caído en picado. Los materiales son cada vez más baratos, la construcción es cada vez más eficiente y el coste de la mano de obra en países asiáticos, donde se fabrican estos productos, es muy pero que muy reducido. Cuando vamos a una tienda tecnológica a reparar nuestro teléfono, quien lo repara es un técnico occidental con salario occidental. En cambio, un trabajador asiático en una fábrica de Vietnam, como su salario es tan bajo, es capaz de producir un teléfono nuevo por un precio inferior al coste de la reparación de un técnico occidental. Vamos, que el encarecimiento de las reparaciones, al menos en la mayoría de casos, no parece ser ninguna conspiración de las grandes empresas, sino que parece más bien ser un reflejo de que los salarios occidentales son cada vez más altos en relación con los salarios de las fábricas de origen.

Sea como sea, esta no es la única evidencia en contra de la obsolescencia programada. Y es que si lo pensáis, existen muchos productos diseñados para durar muchos años. Pero ¿cuál es el problema? El problema es que casi nadie los compra. En un estudio alemán, donde se analizó la calidad de los electrodomésticos, se encontró que, por ejemplo, los lavaplatos de alta calidad duraban hasta un 50% más que los lavaplatos de calidad media. Los productos duraderos y de buena calidad existen. Sin embargo, son más caros y el público general tiende a decantarse por lo barato.

Y a ver, esto no quiere decir que la gente sea tonta y quiera comprar cosas de mala calidad. En realidad, hay muy buenas razones para no querer un electrodoméstico que dure muchos años. Por ejemplo, las mejoras tecnológicas. Una persona puede preferir un móvil de calidad media que dure dos años, pero que al renovarlo pueda comprar uno de una tecnología mucho más desarrollada, a comprar un móvil caro, duradero, pero que se quede obsoleto tecnológicamente. Es decir, ¿preferiríais un móvil con tecnología de 2010 que duró hace mucho o uno actual que durase dos años? Pues eso.

A fin de cuentas, el avance tecnológico no solo afecta a teléfonos móviles más potentes, televisiones más grandes o lavadoras con más programas. La mejor esencial la encontramos en la principal fuente de gasto de casi cualquier electrodoméstico: el coste de la energía. La tecnología aumenta la eficiencia energética de los electrodomésticos, lo que supone todo un ahorro para las familias. Y esta mejora de la eficiencia es algo que observamos en prácticamente todos lados: calentadores de agua, neveras, iluminación por toda la casa. Por tanto, querer tecnología que dure demasiado tiempo quizás podría ser hasta contraproducente, algo a lo que apuntan los autores del estudio alemán. "Nuestra investigación demuestra que la vida útil esperada por el consumidor se aproxima mucho a la vida útil media que ha tenido el electrodoméstico real. Por tanto, si se aumenta la vida útil de los productos por motivos ecológicos, tanto la industria como los consumidores tienen que cambiar".

Dicho todo esto, cabe remarcar una cosa y es que más allá del Cártel Phoebus, no ha existido prácticamente ningún caso adicional de obsolescencia programada demostrada. Pero ¿y si os dijera que más allá del concepto tradicional de obsolescencia programada podría haber una nueva forma de manipulación completamente novedosa? ¿Y si os dijera que las empresas podrían haber ocultado la obsolescencia de otra manera diferente a la tradicional? Estamos hablando, pues bien, vamos a verlo.

Obsolescencia marketiniana. Si hay una frase que sintetiza a la perfección las críticas más habituales a la obsolescencia programada, esa frase es la del diseñador industrial Brooks Stevens: "La obsolescencia programada instala en el comprador el deseo de poseer algo un poco más nuevo, un poco mejor, un poco antes de lo necesario". Si os fijáis, el concepto de obsolescencia de Brooks Stevens no tiene nada que ver con la estratagema del Cártel de Phoebus. Pero fijémonos en un caso más concreto: el caso de Apple. Apple saca cada año nuevas versiones de sus productos que, en realidad, muchas veces no son tan distintas a las versiones anteriores. Muchas veces incorporan un par de mejoras tecnológicas, pero poca cosa. De alguna manera, Apple convence a muchísima gente de comprar sus productos continuamente, a pesar de que aparentemente no tengan ninguna gran necesidad de ellos. Por el contrario, el Cártel de Phoebus no trataba de convencer a sus clientes con marketing o pequeñas mejoras, sino que les obligaba a comprar más bombillas cuando estas se fundían. ¿Veis la diferencia?

La actitud de los consumidores que compran por puro marketing o por tener simplemente la última novedad, aunque la mejora sea marginal, a muchos os puede parecer nociva e innecesaria. Al fin y al cabo, si tuviéramos suficiente con productos un poco peores durante unos pocos años más, no generaríamos tantos desperdicios, no tendríamos enormes montañas de ordenadores y móviles en viejos vertederos y, por supuesto, no consumiríamos tantos recursos. Sin embargo, estos productos no dejan de responder a los deseos de los consumidores que, por mucho marketing que haya detrás, saben perfectamente lo que están comprando. Es más, si hace más de una década eras de los que tenías un teléfono móvil Nokia, como vimos al principio del vídeo, estoy seguro de al menos dos cosas. La primera es que a día de hoy seguirá funcionando, incluso puede que aún le quede batería. Pero la segunda es que también es muy probable que ya no lo uséis.

Y a raíz de esto, os hago una pregunta: ¿no hubiera sido mejor que los productos como el Nokia fueran más baratos en su momento a cambio de que duraran algo menos? Es decir, siempre existe un compromiso entre calidad y precio. Y a toda esa vida útil extra que tenían esos ladrillos indestructibles de los Nokia, ¿no le habéis sacado mucho partido? Han durado mucho más de lo que realmente necesitáis.

Y en este mismo sentido, también podríamos sacar otra ventaja a los productos tecnológicos que se renuevan cada poco tiempo, o al menos ventaja para los consumidores. Muchas veces los productos no se compran porque sean realmente útiles, sino que se compran como un símbolo de estatus. De esta manera, cambios estéticos o las versiones más modernas con pocos cambios no se hacen para hacerlos mejores o más bonitos, sino para diferenciar los productos y así diferenciar a quienes se han podido permitir el último modelo de los que no. Y ¿qué queréis que os diga? De nuevo, esto nos puede parecer mejor o peor, pero esa ya es una pregunta que se sale fuera del ámbito de la economía.

Llegados a este punto, muchos os estaréis preguntando: "Vale, es cierto que puede haber motivos para no querer productos tan duraderos como el Nokia, pero ¿acaso no hemos visto ejemplos de empresas gigantescas como las del Cártel de Phoebus que acortan la vida de sus productos sin que eso beneficie de ninguna forma a ningún consumidor?". Pues sí, desde luego es algo que ocurre y que puede seguir ocurriendo. Sin embargo, lo cierto es que, bien mirada, la historia del Cártel de Phoebus es más bien un ejemplo de que este tipo de prácticas no suelen funcionar. Un ejemplo de que la realidad suele ser más aburrida que las interesantes teorías de la conspiración. Aunque antes de ver por qué, fijaos en esta gráfica: más del 80% de las personas que estáis viendo Visual Economic todavía no estáis suscritas al canal. Os gusta la economía, os gusta entender por qué hay países que funcionan mejor que otros, quizá os interesa saber de qué dependen la inflación, la riqueza o el éxito de las medidas políticas o empresariales. Pues si os interesa todo eso y queréis ver más vídeos como este, ya sabéis, dadle al botón de suscribirse. Y ahora sí que sí, veamos qué hubo realmente tras el Cártel de Phoebus.

Atentos. La conspiración que no fue. Recapitulemos. En 1924, los máximos dirigentes de las empresas más punteras del sector de la manufactura de bombillas pactaron el Cártel Phoebus. Sin embargo, este no fue un pacto secreto, sino algo de conocimiento público. El principal objetivo de este cartel no era reducir la vida útil de las bombillas, sino dividirse el mercado para evitar hacerse la competencia, a la vez que compartían y desarrollaban patentes. Y ojo con estas patentes, porque son mucho más importantes de lo que podrían parecer a primera vista.

Por aquella época, cada fabricante hacía unas bombillas completamente distintas, de ahí que unas duraran 2500 horas y otras 1500. Pero es que en algunos países, como Reino Unido, el estándar ya eran las 1000 horas, al menos desde 1921, tres años antes de que se formara el cartel. Parte de la disminución de las horas de vida útil que sufrieron las bombillas a partir del cartel se explica simplemente porque algunas empresas tuvieron acceso a las patentes de bombillas que duraban menos y porque era algo deseable que esas patentes se desarrollaran. Si duraban menos las bombillas, ¿pues porque aunque durara menos las bombillas eran más baratas y eficientes?

Además, en cuanto al tema de los precios, aunque se suele afirmar que no bajaron tras la formación del cartel, lo cierto es que los datos a nivel de cada país no son tan tajantes. Volviendo a Reino Unido, en un informe de la Asociación de Manufactureros de Lámparas Eléctricas (sí, existe esa asociación, no nos la hemos inventado), se presentó un informe en el que se mostró que en realidad los precios de las bombillas disminuyeron tras la formación del cartel. De hecho, el Cártel Phoebus, como estrategia empresarial, fue un fracaso en el largo plazo. Tras un boom inicial, entre 1930 y 1933, sus ventas cayeron un 20%. De hecho, el cartel se disolvió oficialmente en 1940, debido al inicio de la Segunda Guerra Mundial. Sin embargo, para aquel entonces, ya había cesado buena parte de su actividad, debido a que estaban siendo barridos por la competencia. Para que os hagáis una idea, en 1938, los costes administrativos y de marketing de Phoebus, el cartel, alcanzaron el 48,8% frente al 32,2% de las compañías independientes.

Y quizás la mayor ironía de esta historia es que la competencia no se aprovechó de las bombillas de 1000 horas para ofrecer un mejor producto, sino uno considerablemente peor. Sí, tal y como lo es la competencia, sobre todo nórdica y japonesa, arrasó con unas bombillas de menos de 1000 horas, bombillas mucho menos luminosas, pero eso sí, mucho más baratas.

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Para poder competir, Phoebus lanzó una línea B de bombillas de peor calidad, con una vida promedio de 900 horas y a un precio un 30% más bajo. Eso sí, estas bombillas no se vendían bajo la marca de las principales empresas, sino que se vendían bajo el nombre de pequeñas empresas asociadas al cartel, todo con el objetivo de no ver perjudicada su imagen, que en aquella época era la de un fabricante de gama medio-alta. Vamos, que este famoso cartel fue de todo menos una máquina de hacer dinero para sus dirigentes. El cartel Phoebus duró poco, no fue particularmente rentable y, para colmo, su competencia ganó la guerra comercial con productos de peor calidad.

¿Y cuál es el resumen de todo esto? Uno, la obsolescencia programada es un fenómeno del que existen pocas pruebas y las que existen, como el Cártel de Phoebus, no prosperaron demasiado. Dos, los productos que duran poco no son necesariamente malos todos, y esa costa de precios más bajos y mayor flexibilidad tecnológica. Y tres, en el mercado existen opciones de productos de alta calidad que duran igual o más que los antiguos.

Pero llegados hasta este punto, el turno ahora es para ti. ¿Crees que la historia del Cártel del dios de la luz sea exagerado? ¿Compráis electrodomésticos de alta gama o preferís que se rompan antes a cambio de ser más baratos? ¿Qué opináis de la estrategia de algunas empresas para hacer ver obsoletos sus productos menos nuevos? Podéis dejarnos vuestra respuesta en los comentarios. Y como siempre, no olvidéis que aquí en Visual Economic sacamos vídeos nuevos todas las semanas, así que suscribiros a este canal y dale a la campanita para no perderos ninguna de nuestras actualizaciones. Un saludo y hasta la próxima.

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