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Señores, te conozco. Entonces, lectura del Santo Evangelio según San Juan.
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Al atardecer de que el día el primero de la semana, estaban los discípulos en una casa con las puertas cerradas por miedo a los judíos. Y en eso entró Jesús, se puso en medio y les dijo: "Paz a ustedes". Y siendo esto, demostró las manos en costado. Los discípulos se llenaron de alegría al ver al Señor. Jesús repitió: "Paz a ustedes. Como el Padre me ha enviado, así también los envío yo". Y dicho esto, sopló sobre ellos y les dijo: "Reciban el Espíritu Santo. A quienes les perdonen los pecados, les quedan perdonados; a quienes se los retengan, les quedan retenidos".
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Palabra del Señor.
No.
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Es conocida esta anécdota que se cuentan los sacerdotes que trabajan en la sierra del Perú y que tiene varias parroquias y tiene que movilizarse con una moto. Y un día estaba viajando a 200 kilómetros por hora y la policía lo detuvo. Se acerca la policía y el policía le dice al sacerdote: "Padrecito, tengo que ponerle una multa. Está yendo a 200 kilómetros por hora y eso está prohibido". Y el sacerdote le dice a este policía: "Jefe, no te preocupes que yo siempre viajo con el Espíritu Santo". Y el policía le dice al sacerdote: "Entonces, padrecito, la multa es doble porque está prohibido ir acompañado".
Hermano, siempre vamos con el Espíritu Santo porque el Espíritu Santo es Dios. Y el Espíritu Santo está en todas partes. El Padre de Dios, el Hijo de Dios y el Espíritu Santo es Dios. Juntos son tres dioses. Hay un solo Dios de personas.
Y miras, preparando la homilía de hoy, pensaba en las cuatro palabras que empiezan con "A" y qué tiene que ver con el Espíritu Santo. Hay cuatro palabras que empiezan con "A" y qué tiene que ver con el Espíritu Santo: el Espíritu Santo aconseja, alegra, alivia y anima.
Las cuatro palabras. En primer lugar, el Espíritu Santo aconseja. Queridos hermanos, el consejo es un don del Espíritu Santo. El Espíritu Santo hace que yo dé buenos consejos. El Espíritu Santo hace que yo conduzca a la gente a que sí. Hoy que hemos escuchado todos lo que nos dice San Pablo en la segunda lectura, hemos escuchado esta frase: "Nadie puede decir que sus enseñanzas y el Espíritu Santo no se respira". Primero de Corintios 12:3. El Espíritu Santo nos aconseja, nos lleva a Jesús y hace que nosotros llevemos a los demás a Jesús. Por eso, cuando tengas que dar un consejo a quien tienes que invocar al Espíritu Santo. Si se acerca un señor a decirte: "Hermano, todo me sale mal últimamente". ¿Tú qué le dices? ¿Qué le dices? ¿Le dices que vaya al grupo, sí o no? No le dices que vaya a la adivinación. No le dices. Le dices que vaya al sagrario. El Espíritu Santo va a poner las palabras correctas para que conduzcas. Sabes, en el sagrario, el Espíritu Santo aconseja. Hace que cada uno de nosotros sea un portavoz de Cristo, no portador de Satanás, porque hoy en día hay muchos portadores de Satanás que llevan a la gente al abismo. Se aconseja mal a los jóvenes. Queridos hermanos, el Espíritu Santo aconseja. Déjate aconsejar por el Espíritu Santo. Pide el don del consejo.
¿Cuál es la segunda palabra que les he dicho? El Espíritu Santo te alegra. Trae hermoso. El Espíritu Santo nos alegra porque nos une a Jesús como los sarmientos a la vid. El Espíritu Santo nos alegra porque hace que tomemos conciencia de que Jesucristo, muerto y resucitado, ha vencido al pecado, ha vencido a la muerte. El Espíritu Santo te alegra la vida porque te unge y te introduce por el único camino que debes recorrer y que se llama Jesús. Queridos hermanos, todos los santos han sido personas alegres porque como santos se han dejado ungir por el Espíritu Santo. Un cristiano debe estar triste o alegre. Debemos estar alegres, pero alegres en el Señor, no con la alegría del mundano. Y para estar alegres en el Señor, necesitamos del Espíritu Santo. Tenemos que invocar todos los días al Espíritu Santo. El Espíritu Santo nos alegra la vida porque hace que tengamos vida cristocéntrica. El Espíritu Santo nos cristifica.
¿Cuál es la tercera palabra que les he dicho? El Espíritu Santo alivia. ¿Alguien sabe lo que significa "paráclito"? Para ti, para Cristo. Viene de una palabra griega, "paráclitos", y significa consolador, defensor. El Espíritu Santo es el paráclito que te consuela, que te fortalece. Por eso hay que pedir al Espíritu Santo el don de la fortaleza para que los problemas no nos agobien. Todos tenemos problemas. ¿Hay alguien aquí que no tenga problemas? Que levante la mano para aprender una velita, porque hasta que el cielo.
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Todos tenemos problemas. Y estoy seguro que estos muchachitos que estaba comentando también tienen muchos problemas, hacer la tarea. Todos tenemos problemas. El Espíritu Santo nos alivia, es nuestro consolador, nuestro defensor. Y también nos alivia porque el Espíritu Santo nos guía al sacramento de la alegría. Pregunto: ¿Cuál es el sacramento de la alegría? Nadie sabe. ¿Son católicos o evangélicos? Vamos a estar atentos al Evangelio. Hoy hemos escuchado el pasaje de la Biblia más importante para hablar de la compresión. Aquellos hermanos les pregunto: ¿La confesión viene de Jesús o es invento de los curas? Porque son chismosos. ¿De dónde viene la confesión? De Jesucristo. Lo hemos escuchado todos. Jesús resucitado se aparece a estos apóstoles, sopla sobre ellos, les da el Espíritu Santo y Jesús le dice a los apóstoles: "Reciban el Espíritu Santo. A quienes perdonen los pecados, les quedan perdonados; a quienes se los retengan, les quedarán retenidos". Juan 20:22-23. Cuando un hermano evangélico te diga que la confesión es invento de los curas, ya sabes a dónde tienes que acudir: a Juan 20:22-23. El sacerdote es un hombre ungido con Espíritu Santo para perdonar los pecados en nombre de Jesucristo. La confesión es el sacramento de la alegría. El Espíritu Santo viene como un viento huracanado y se lleva los pecados. Cada vez que te confiesas.
Y la última palabra, hermanos. ¿Cuál es? Anima.
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El Espíritu Santo te anima. El Espíritu Santo es el que anima a la Iglesia.
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¿Cuál es la misión de la Iglesia? ¿Para qué está la Iglesia en el mundo? ¿Para hablar de fútbol o para hablar de música? No. ¿Para hablar de modas? No. ¿Para qué está la Iglesia en el mundo? Para evangelizar, para anunciar la buena noticia de que tiene un hombre que se llamaba Jesucristo. El Espíritu Santo anima a la Iglesia para evangelizar. Hoy hemos escuchado la primera lectura, un pasaje de los Hechos de los Apóstoles. Los apóstoles tenían miedo, estaban encerrados porque tenían a los judíos. Pero en Pentecostés vino el Espíritu Santo y salieron a evangelizar. No hay salvación. En la segunda lectura nos dice que la Iglesia es el cuerpo de Cristo. Ese cuerpo está vivificado por el Espíritu Santo.
Queridos hermanos, si nos da vergüenza hablar de Jesús a los demás, ¿a quién tenemos que invocar? El Espíritu Santo. ¿Eres capaz de subir a un bus y hablarle a Jesús? Te pregunto. En este momento, ¿hacemos lo bonito? Queridos hermanos, si ustedes siguen con el Espíritu, lo van a hacer. ¿Eres capaz de darles pesos a tus amigos, muchos de ellos tal vez ateos? Si no lo haces, ya sabes a quién tienes que invocar: al Espíritu Santo. ¿Eres capaz de decir que estás en contra del aborto, en contra del orgullo gay, en contra del elogio del género, en contra de la homosexualidad? ¿Eres capaz? Yo no. Porque si no eres capaz, es porque te falta el Espíritu Santo. El Espíritu Santo anima a la Iglesia, trae la valentía, la audacia, las iniciativas para comunicar la buena noticia que se llama Jesús.
Queridos hermanos, ¿quién es el jardín del Espíritu Santo? La Virgen María. María es la obra maestra del Espíritu Santo. Ella es nuestra Señora del Buen Consejo. Ella es nuestra Señora de la Alegría. Nuestra Consoladora. Ella es la que nos anima. Nuestra Señora de la Evangelización. Vamos a pedirle hoy a la Virgen que abra nuestros corazones para que recibamos la fuerza habilitante del Espíritu Santo y que nunca se nos olvide: el Espíritu Santo nos aconseja, nos alegra, nos alivia y nos anima.
Que viva el Espíritu Santo. Estamos en el mes de junio, desde el Sagrado Corazón de Jesús. Vamos a escuchar la reflexión que toca el día de hoy. Día quinto: Corazón de Jesús, templo santo de Dios. Cuando hablamos de un templo, pensamos en un edificio dedicado exclusivamente al culto a Dios. Esto no es incorrecto, pero en un sentido más espiritual, podemos decir que cuando una persona está llena de Dios, es un verdadero templo de Dios. Jesús está lleno del Espíritu Santo y San Pablo dice que en Él habita corporalmente la divinidad. El corazón de Jesús está lleno del amor que el Espíritu Santo le infunde y Jesús, mediante el Espíritu Santo, llena nuestros corazones con el amor de Dios. A propósito, pedirle siempre al Corazón de Jesús que nos haga templos vivos de Dios.
Oración al Sagrado Corazón de Jesús. Oh Jesús, a tu corazón confío esta intención. En el silencio, hacemos la intención al Corazón de Jesús. Mírala después, porque tu corazón te diga de cobrar a tu corazón. Jesús, yo cuento contigo. Yo me fío de ti. Me entrego a ti. Yo estoy seguro de ti. Todo lo temo de mi fragilidad, de mis males, pero de tu bondad, de tu amor.
Que ellos, hermanos, estamos celebrando Pentecostés. Hay cuatro palabras, cuatro verbos que se aplican al Espíritu Santo. ¿Se acuerdan? El Espíritu Santo nos ha como se nos ha de granos, alivia y nos anima. Así que a tratar todos los días el Espíritu Santo. Vamos con la ayuda de la Virgen, nuestra Madre, que ella nos ayude para que nos dejemos guiar por el Paráclito, nuestro consolador, nuestro defensor.
Dios te salve, María, llena eres de gracia, el Señor es contigo. Bendita tú eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.
Ruega por nosotros pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.
Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo. Como en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.
Jesús.
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Jesús, indicando su medio de salvación del alma.
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Tanto cortina como regalo.