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Meditación y conferencia: “ De espinas a flores ”, con Elizabeth Gayán

Brahma Kumaris España42:28

Transcription

Hola, muy buenas tardes o buenos días, muy buenas, donde sea que estéis. Y encantada de saludaros y de compartir con vosotros este rato con un tema que es así metafórico. Le he puesto "De espinas a flores" y ahí caben muchas cosas.

Pero estaba pensando, ¿no?, primero en las flores antes de las espinas, cuando vemos una flor, lo que nos transmite. Cuando vemos el rostro de un bebé, lo que nos transmite. Cuando vemos un amanecer, cuando vemos una estrella, cuando vemos algo bonito, un ramo de flores, cómo despierta en nosotros algo muy agradable.

En cambio, cuando vemos una espina, vemos un anochecer —no ver el anochecer, sino la oscuridad de la noche—, una tormenta. Vemos, pues, la oscuridad de una relación que no funciona. Vemos, pues, los desastres que están sucediendo. Vemos esos contrastes y, claro, decimos: "Madre mía, ¿no?, ¿en qué momento estamos y quiero volver a ser lo que fui?". Si realmente lo que estoy viendo es el contraste en mi propio ser de haberme visto en un momento muy feliz, como en un momento de esplendor, de relaciones bonitas, de felicidad, de abundancia, y en otro momento de mi vida, de tu vida, verte, pues, en tristeza, sin motivación, sin propósito, sin rumbo. Y esos contrastes se dan en la vida.

Pero yo quería explicaros así, muy en esencia, el viaje del ser. El viaje del ser aquí en la tierra como un ser, un alma que por primera vez —imagínate— que está en la tierra, en este mundo, que todavía no se ha relacionado con nadie, que todavía no ha dañado nada, ni ha interactuado con la materia, ni ha tenido ningún tipo de contratiempo. Baja, encarna en su mejor momento, con todo su esplendor, con toda su pureza, con todas sus cualidades a flor de piel —nunca mejor dicho—, como una flor, una flor que expresa su fragancia.

Y bueno, todo es bonito en su entorno. Si tú por dentro estás llena de virtudes, si todavía no te he relacionado con nadie, si no te ha pasado nada, si no ha habido ningún karma negativo, no puede pasar nada negativo en tu vida.

Pero con esa energía que tú tienes, con la luz que traes y bajando la tierra, empiezas a gastar de esa energía y empiezas a tener relaciones, a interactuar por aquí, a interactuar por allá, a relacionarte de esta manera y vas gastando la energía espiritual que llevas sin darte cuenta. Y cuando vamos gastando la energía espiritual, ese brillo, esas cualidades que estaban al máximo potencial con todo su esplendor, también van perdiendo poquito a poquito su potencial, su luz, su intensidad. No nos damos ni cuenta porque es muy poquito a poco, pero llega un momento en que, después de haber viajado por la Tierra durante un largo viaje, el alma ha tenido muchos nacimientos, muchas relaciones, muchas situaciones, muchas experiencias, se ha cargado la mochila de las experiencias de todos los tipos. Ha perdido su luz.

Y entonces llega un momento en que el vacío llega a ser a tal nivel que ya no toma de dentro lo que antes tomaba. Es decir, esa flor plena, virtuosa, luminosa, esplendorosa, que era una naranja entera, de repente, al perder su energía, hace un clic, ¿no? Como pierde ese justa, esa justa gota que le hace desconectarse de sí misma.

Y en ese momento que el alma se desconecta de sí misma, ¿cómo se llena si ya no ya no conecta con con su ser? ¿Qué hace para recuperar lo que ha perdido? Conectarse fuera. Entonces, al conectarse fuera, quiere tomar de fuera lo que antes tomaba de dentro.

Y es cuando empezamos a depender de las personas, esperando que ellas nos hagan felices. Empezamos a depender de la materia pensando que si tenemos más cosas, más pisos, más casas, seremos más felices. Empezamos a querer tener la razón para autoafirmarnos porque tenemos baja autoestima y entonces queremos, por lo menos, que se note que yo tengo razón cuando en el fondo me siento que no valgo tanto. Y empezamos a irritarnos, a enfadarnos, a tener roces múltiples.

Buscamos por todas partes cómo recuperar esa flor que un día fui tan hermosa, tan esplendorosa, tan fragante. Y ahora me veo como una espina. Me veo como que pincho, que pincho a veces con con ira, a veces pincho con tristeza, a veces estoy como que agarro a las personas y no las suelto y las quiero controlar, a veces quiero salirme con la mía. Todo eso son espinas del alma, no son físicas, pero a veces daña más lo psicológico y lo espiritual mal llevado que lo físico.

Entonces, ahí es donde el alma nota su enfermedad espiritual. Se da cuenta de que no está bien, de que hay una temperatura que no es la temperatura natural del alma y cada vez está peor porque cuanto más desconectada está y más trata de tomar de fuera, pues al final no consigue nada. No podemos llenar al alma con energía material, con energía física, con energía de los demás, porque el alma, el ser, se nutre con energía espiritual.

Pero ahí uno no se da cuenta hasta que llega un momento en el que toca fondo. No sé, creo que vosotros también. Todos ha habido un momento en la vida, muchos momentos, pero hay un momento clave en el que tocamos fondo. Y cuando uno toca fondo dice: "¡Basta! No quiero más espinas. No quiero ser más una espina. Estoy cansada de ser lo que no soy porque yo no soy una espina, yo soy una flor, pero es que me he olvidado y no sé cómo volver a recuperar mi identidad verdadera. Me he olvidado, pero tengo la intuición, tengo la sensación de que yo he sido esa flor. Y ahora, ¿cómo vuelvo a serlo? Es que no me acuerdo. Me he perdido por el camino con las relaciones, con las historias, me he perdido a mí misma".

Entonces, cuando el alma tiene esa honestidad y cuando tiene la humildad de decir, por ejemplo: "Dios mío, estoy perdida, muéstrame el camino". O dice, o se dice a sí misma con honestidad: "Quiero recuperar mi ser. Quiero salir de esta. ¡Yo quiero!". O sea, esas frases poderosas dichas desde el corazón y con honestidad hacen que a tu vida venga algo que tú no sabes de qué manera ni cómo, que de repente te da una experiencia o te da una lucecita o te marca un camino o te da un libro o aparece una persona, aparece algo que es un antes y un después en tu vida.

De ese pozo, de ese estancamiento, de ese hundimiento, de repente empiezas a ver una lucecita. ¿Será por ahí? Y entonces empiezas a hacer esfuerzos de transformación personal en los que te das cuenta de que tú no eres una espina, tú no eres un cuerpo físico solo, tú eres una flor incógnita, muy escondida por detrás de todas las capas de tus experiencias, de sufrimientos, de alegrías, de dependencias, de apegos, de iras, de tristezas, de subidas y bajadas. Por debajo de todo eso hay un ser pidiendo socorro: "¡Estoy aquí! ¡Estoy aquí! ¿Te acuerdas de mí?".

Ese ser es tu ser auténtico, la flor de tu ser, tu ser verdadero. Y ahora te das cuenta que para rescatarlo tienes que quitar todas las piedras que han caído encima para sacar ese resto arqueológico original que tú eres. Y entonces tienes que hacer muchas cositas porque, claro, esto no es una varita mágica. ¡Pum! El patito feo se convierte en el cisne, el mendigo se convierte en el príncipe, la oruga se convierte en mariposa. Hay un trabajo. La oruga para cambiar a mariposa, hay todo un proceso en la que hay un cierto sufrimiento, pero para salir después victoriosa.

Esa metamorfosis que también vimos en la película de La Bella y la Bestia, ¿no?, como la bestia cuando se está transformando en el príncipe, pues pasa por todo un proceso de sufrimiento o de fuerza, de cambio, de cambio de estructura que supone, pues, ciertas dificultades. Pero ahora sí sé que esas dificultades, esos esfuerzos me llevan en el camino de ascenso, el ascenso para volver a ser quien fui, para recuperar mi identidad perdida.

Y entonces, pues, ¿qué hago? Ya lo sé. Cuando me viene ese arrebato de ira, por ejemplo, o de irritabilidad, entonces puedo decir: "Voy a parar un momento, voy a ir al silencio, no me quiero dejar llevar por esta tendencia mía, voy a actuar desde la paz. Ya sé que no tengo mucha paz, pero bueno, he empezado a meditar porque ha aparecido en mi vida esta persona que me ha hablado de la meditación, estoy meditando, estoy recuperando la energía, puedo recuperar esos, puedo parar y puedo intentar actuar desde la paz".

O también puedo darme cuenta de que he sido un poco avariciosa, he cogido más cosas, ahora puedo renunciar a ellas y decir: "No, con esto tengo bastante, esto para los demás". O esas veces en las que hemos sido arrogantes, queremos quedarnos con la razón, lo que yo digo, aunque no lo verbalice por dentro, renuncio para que salga el autorrespeto original. Yo no valgo por los éxitos externos, ni por lo que digo ni por lo que hago. Valgo por lo que soy.

Mi autorrespeto se basa en saber ahora sí que soy esa flor, esa luz, ese alma escondida en el fondo y que quiero recuperar. Y para recuperarla tengo que practicar a el comportarme como es ella: pacífica, amorosa, serena, benevolente, generosa. Tengo que practicar lo que todavía no soy, pero solo si lo practico llegaré a serlo.

Entonces, es el pez que se muerde la cola. ¿Cómo voy a practicar lo que no tengo? Practicando y practicando y practicando y haciendo esfuerzos hasta que al final, generando la energía de la paz me haga pacífica; generando la energía del amor me haga amorosa y, en lugar de arrogancia, recupere el autorrespeto de la flor. No la arrogancia de la espina, el autorrespeto de la flor. En lugar de la avaricia de la espina, practique la generosidad de la flor. En lugar de, por ejemplo, pues los deseos sensoriales, practique los buenos deseos hacia los demás. En lugar del apego a las personas, controlarlas, atarlas a mí, practique el amor por el bien de ellas, no por mis necesidades personales.

Así que se trata de darle la vuelta, dar un giro de 180 gr y poner luz donde había oscuridad con mi propio trabajo personal, porque ahora lo sé, porque he descubierto a través de un libro, a través de una experiencia que me ha venido gratuita, a través de una invocación a Dios. Sé que mi camino es un camino de transformación, es un camino de oruga mariposa, es un camino de patito feo a cisne y lleva su tiempo, pero no me importa porque conozco el camino y simplemente tengo que seguir caminando.

Entonces, la renuncia a las debilidades no es renuncia, es ganancia. Cuando renuncio a pinchar, estoy ganando a tener más suavidad. Cuando renuncio a imponerme, estoy ganando puntos para tener autorrespeto y dignidad. Cuando renuncio a la avaricia, estoy dejando que la generosidad salga. Dejo espacio a la virtud por no practicar el defecto.

Ese es el trabajo espiritual que dura mucho tiempo, lleva años, pero cada vez cuesta menos cuando somos sin prisa, pero sin pausa, cuando somos constantes, cuando somos perseverantes, cuando vemos pequeños resultados que me motivan a seguir.

Y es muy bueno también ver especialidades en otros. En lugar de ver los defectos que hace la espina, que ve defectos, que critica, que cotillea, que siempre está urgando algo y viendo la botella medio vacía, cuando somos estudiantes de flores, cuando somos aprendices de querer llegar a ser flores, sabemos que aquello que tú ves —aquello que, mejor dicho, tú miras—, esa energía entra en ti. Si tú ves la belleza de un alma, esa belleza la desarrollas en ti. Si tú ves la puntualidad, la generosidad, la alegría, la precisión, la amabilidad de un alma y lo ves genuinamente con el tercer ojo del alma, estás viendo lo que aparentemente otros no verían, esa energía entra en ti. Por lo tanto, aquello que ves, aquello en lo que te fijas, también es aquello en lo que te conviertes. Entonces, si quiero ser una flor, quiero ver especialidades en los demás. Les beneficio a ellos y me beneficio yo. Win win, ganamos ambos.

Entonces, eso ayuda mucho. La meditación, claro que sí, no solo para relajarme, sino la meditación para visualizarme de vez en cuando ese ser que soy, pero que todavía no estoy siendo. Entonces, me empiezo a ver ya suave, amable, generosa, tranquila, especialmente en aquella espina que tengo que pincha más, que cada uno sabe cuál es la suya. En esa espina voy a ser más flor, voy a ser más suave, voy a estar atenta porque sé que esa espina me sale muy a menudo.

Y a base de practicar el antídoto, de practicar aquello que compensa y contrarresta esa espina, te vas limando, te vas reconstruyendo, te vas reinventando desde dentro hacia fuera y al final, pues, vas viendo que este laboratorio de tu vida, este viaje de transformación, es superinteresante. Sobre todo cuando, además de hacer tus esfuerzos a solas, puedes contar con esa energía que nunca se estropea, porque esa energía que nunca se estropea es una energía que no encarna aquí en la tierra como nosotros en un cuerpo y, por lo tanto, nos degradamos. La materia se estropea, envejecemos, engordamos, adelgazamos, pero esos cambios suceden aquí en la materia.

Pero el alma suprema, el ser supremo, la luz pura original, el océano del amor, el océano de la paz, el ser más puro, no entra en un cuerpo como nosotros, de manera que pueda estropearse y convertirse en una espina, como es eternamente una flor fragante con la fragancia más pura de todas las virtudes. Acordarnos de él, tenerle presente, que venga con nosotros al trabajo, que venga a la oficina, que esté con nosotros en medio del conflicto y en medio de la alegría, que te acompañe en una relación de manera que una parte de tu conciencia esté conectada.

Hace un trabajo de limpieza por un lado, de purificación, de limar tus asperezas, de quitar tus viejos hábitos, de quitar todas esas capas que se han puesto encima y ocultan el brillo. Y por otra parte, te ayuda a dibujar, a diseñar y a vislumbrar ese futuro tuyo que tú quieres. No estamos hablando de un futuro físico como se plantea la gente a nivel de las cosas cotidianas, sino de un futuro del alma. ¿Cómo me veo yo si me trabajo esta espina? Visualizarme, recrearme y ver qué camino hacia ahí.

Entonces, este doble trabajo, por un lado, limpio el pasado y, por otro lado, construyo el futuro desde este momento presente. Y en ambos casos, la energía pura me hace falta y esa energía pura es la que viene de arriba. Esa energía pura es como un láser que limpia profundamente el inconsciente y, al mismo tiempo, es una energía de diseñar, de recrear, de visualizar el futuro. Y de esa manera, la vida es muy interesante porque todo lo puedo leer con otra lectura, mirarlo con otros ojos, ver la letra pequeña. ¿Qué me quiere decir esto? No es una situación dramática, es una situación que viene para acabarme yo de arreglar, de reconstruir y puedo verlo de esta forma.

Sí que meditar, conectar, ver especialidades, conectar con mis virtudes, sentarme a hacer meditaciones poderosas, escribir a veces también esas momentos que te salen de tristeza o cosas que querrías decir y no has dicho. Libérate de ellas escribiendo. Practica silencio. Date en soledad, conecta con tu ser.

Observa tus espinas, no para pegarte a ellas y pincharte más, sino obsérvalas para darles amor, abrazarlas y que se vayan, pues, suavizando. Como las olas del mar quedan con las rocas una y otra y otra vez y las erosionan y las hacen arena, de la misma manera que las olas de luz del alma suprema choquen contra mis viejos hábitos, contra mis espinas y las vayan, pues, limando, ¿no?, y haciendo los bordes finitos hasta que al final caiga todo, todo lo que me cubre y pueda salir la luz, la luz del alma que soy, del alma que eres, que no quieres ser nadie más que tú mismo, pero en tu mejor versión, en tu versión original.

A todos nos gusta lo original, lo auténtico. Y eso es lo que vemos en un niño. Es más bonito ir al cuando vas a al hospital y entras en el departamento de pediatría. Es más agradable que en geriatría, ¿verdad? Porque los niños, pues, tienen esta fragancia. Es más bonito. Te inspira más la juventud que la vejez. Te inspira más el día que la noche en general. Te inspira más la luna llena que la luna nueva. Es decir, donde hay energía, donde hay luz, es, pues, lo que todos queremos. Cuando no hay luz estamos plov.

Entonces, recupera, ¿no?, recupera el brillo original. Pues vamos ahora a meditar con este tema y os lo dejo también para que lo reposéis, para que reflexionéis y escribáis vuestras espinas. No lo tenéis que decir a nadie, pero no esas espinas burdas, las profundas, esas que quiero yo ya sacar, ¿no?, extirpar. Y para eso, acordaros de la meditación y de la conexión. Vamos a meditar.

Muy bien. Pues ahora vas a, como siempre y como seguramente ya estás, pero vas a ajustar la postura que se acomómoda: la espalda recta, las manos sobre las piernas o el regazo, los pies apoyados suavemente sobre el suelo. Y deja que tu cuerpo se relaje desde la cabeza a los pies, soltando tensiones, soltando todo lo que te pesa, soltando todo lo que ha pasado durante el día y estate bien presente aquí y ahora.

Deja tus ojos entreabiertos. Y durante unos momentos, presta atención al ir y venir de tu respiración. Inhala calma y silencio. Exhala tensión, preocupación. Sigue ese vaivén como si vieras las olas del mar que vienen y van. Estás presente, consciente. Estás contigo mismo en silencio y te vas haciendo introvertida buscando tu lugar interior sagrado, sereno y silencioso.

Detrás de tus ojos es el mejor lugar. Ahí, en el interior de la cabeza, detrás de los ojos, está situada el alma invisible, inmortal, consciente, una estrella de luz pura. Enciende el interruptor del alma y que ilumine tu habitación interior.

Y desde ahí, imagínate ahora caminando hacia tu interior, un sendero interior, un espacio que creas con tu propia conciencia. Caminas por un sendero interior y el suelo de ese sendero bajo tus pies es como si fuera tu historia: lo que has vivido, sentido, experimentado. Caminas por encima de tu historia en silencio hacia dentro y por el camino puedes encontrarte con algunas espinas de algunas debilidades que no evitas, ni niegas ni rechazas, solo observas con tranquilidad y compasión.

Pueden ser experiencias difíciles. Alguna espina puede ser una herida emocional o un miedo que no has resuelto. Algo que te dijeron que te dolió. No importa. Observa esa espina mientras caminas hacia dentro con la linterna del alma encendida. Con la luz de tus cualidades observas sin juicio, con compasión, con comprensión y no ves errores sin aprendizajes. Es silencioso.

No te sientas mal por las espinas. No van a molestarte ni a castigarte, sino enseñarte dónde has sido dependiente o has tenido expectativas. O has querido tener razón o llenarte de cosas para saciar tus vacíos o aferrarte a personas por tu falta de autoestima. Estas espinas [música] te enseñan, te hacen ver aquel momento que ahora iluminas con la luz del alma encendida mientras caminas y respira silencio.

Con compasión te acercas con amabilidad a una de esas espinas que quizá es la que más te cuesta de limar. Ilumínala con compasión. Obsérvala con atención. ¿Qué emoción lleva? ¿Qué sensación te produce? Observa ese sentimiento, esa emoción y no la juzgues. Y con la luz del alma de la estrella de paz que eres, sabiendo tu identidad verdadera, te dices a ti misma: "Soy la luz que ilumina esta espina. Soy un ser de amor y abrazo esta debilidad mía. Como una madre abraza a su niño que llora desconsolado, abrazo esta herida del pasado y la integro y la disuelvo Porque el amor puede más que el miedo y la luz más que la oscuridad y me curo a mí misma entendiendo".

Mientras observo y camino en silencio, envuelve, abraza esa debilidad que a veces es como una espina. Compasión, transformación y el dolor cambia en comprensión y la resistencia en aceptación. Y todo se ablanda en mi interior. Ahora sé quién soy. Ahora sé cuál es mi valor. Yo no soy esas espinas ni experiencias del pasado. Soy un ser de luz benevolente, una estrella de paz y ahí quiero seguir y me ayudo a mí misma con amor y comprensión. Me doy el amor que necesito. Me dedico el tiempo que haga falta y la espina transformándose en un brote, en un brote que tiene vida y es mi capacidad de aprender, de crecer, de renacer y ser feliz.

Silencio, conexión. Acepto mi pasado y lo abrazo con amor. Este viaje es interesante y por unos momentos ahora recuerdo a ese ser que nunca ha conocido un defecto, que nunca ha tenido una espina y le invoco, le recuerdo y me viene su compañía y me motivo y recupero la autoestima. Me acompaña en este viaje hacia la raíz más profunda de esa espina. No sé cuál es la tuya. Puede ser un miedo profundo, una gran [música] falta de autoestima o quizá la ira o quizá el apego.

Ve con esta luz suprema hacia la raíz profunda de esa espina. Y juntos enviáis la luz transformadora, mágica, que hace lo imposible posible y del brote empieza a salir la flor con la fragancia de la virtud. Es todavía muy incipiente, pequeñita, pero ahora me motivo y sigo adelante con paciencia hasta que esa espina se transforme del todo en la flor más fragante.

Así que gracias a este sol que me ilumina, he dejado de luchar, de rechazarme. Acepto, me comprendo, me abrazo y tengo paciencia conmigo porque quiero recuperar la flor que fui tranquilamente, consistentemente. Todo lo bello se crea en el silencio. Silencio que empodera, silencio que transforma. El mendigo en el príncipe, la oruga en mariposa, la espina en flor y la noche en el día. Todo cambia, sobre todo cuando la luz más pura te acompaña.

Abraza tu ser, abraza tu sombra, abraza tu alma. Y con un poco de paciencia te aseguro que esa espina se va a convertir en la flor más bella que empieza a verse a través de tus ojos, de tu rostro, de tus palabras y de la vibración que irradias, que es tu fragancia. Bella alma que viajas por dentro para encontrar en el fondo los tesoros sin miedo, haciendo frente valiente. No vas sola, vas con ese amigo eterno que tan solo está a un pensamiento de distancia y quédate ahí en silencio.

Y regresa ahora tu asiento detrás de los ojos. Después de este caminar interno, [música] reposa esta experiencia. Siente tu luz. la compasión y el afecto hacia ti misma, hacia ti mismo. Y ahora extiendes esa energía hacia afuera, hacia todo tu entorno. También la repartes por todo tu cuerpo. Intentas grabarla bien para que no se te vaya enseguida y la puedas usar. Y acuérdate siempre de quién eres, no de lo que pareces, sino de lo que eres eternamente.

Respiras, te mueves un poquito, cuando lo sientas abres tus ojos y mira a ver cómo estás. Flor viviente. Om shanti. Om shanti. Viaje hacia el fondo, iba a decir de la tierra, hacia el fondo del alma, tropezándome con espinas, con historias, pero con la luz de mis cualidades como linterna, iluminando, comprendiendo y con paciencia me voy reconstruyendo. Lleva tiempo, pero es interesante porque todas las carreras en la vida, las oposiciones, todo que lo que la gente estudia, los deportistas, los esfuerzos, ¿cómo no me voy a esforzar por hacer la mejor carrera que puedo hacer, que es la de reconvertirme en mi ser original, cambiar las espinas en flores? Feliz día. Om shanti, hasta pronto.