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Tema: El Espíritu Santo. Padre Hugo Estrada sdb.

TV Jesus Guatemala36:35

Transcription

[Música] [Música] y reflexiones bíblicas con el padre hugo estrada.

A continuación, recuerdo un domingo que en la misa de 2 estábamos predicando precisamente del Espíritu Santo y algo muy especial. Por esa puerta entró una blanca paloma. Primero se fue al sagrario y después se puso aquí en medio. Perdió sus alas, se quedó un tiempo así. Algo extraordinario. El Señor nos quiso dar una señal. El Espíritu Santo se presentó en este momento.

Y pienso que el día de hoy esto va a ser lo que el Espíritu del Señor va a ser. Se nos va a manifestar de manera especialísima. Desde que comenzó la vigilia hemos comenzado con gozo, con alegría, a alabar, bendecir a Dios, a pedir perdón. Nos hemos estado preparando para tener una nueva fusión del Espíritu Santo.

En los evangelios se habla en pequeñas porciones del Espíritu Santo, pero esto en la última escena cuando el Señor se va a explayar hablando del Espíritu Santo. Imagínense a los doce apóstoles allí junto al Señor. El día siguiente el Señor iba a ser crucificado. El Señor les abrió su corazón y les dijo algo que nunca les había dicho en esa forma: "Yo a ustedes no los voy a dejar huérfanos. Les voy a enviar otro paráclito, el Espíritu Santo. Él va a estar dentro de ustedes, les va a recordar todo lo que yo les he dicho y los va a ir llevando a toda la verdad."

Esta fue la gran promesa que el Señor les hizo en la última cena. Los apóstoles ya les había predicado durante tres años, pero ahora se explayó hablando del paráclito. ¿Qué quiere decir? Un ayudador. Va a estar dentro de ustedes. Jesús nunca estaba siempre con los apóstoles. A veces no estaba con ellos. En cierta oportunidad, en una tempestad, y el Señor no estaba ahí. El Señor, caminando sobre las olas del mar, tuvo que ir a buscarlos.

Ahora, la nueva presencia de Jesús por medio del Espíritu Santo, que es dentro de nosotros. Y el día del bautismo se nos da este regalo, por así decirlo. Se prende la lamparita dentro de nosotros. Y el día del bautismo comienza a iluminarnos. Desde niños, el Espíritu Santo no necesita que tengamos uso de razón para actuar en nosotros. A Juan Bautista, el gobierno desde el seno materno. Y en el seno materno estuvo preparándolo para que fuera el precursor de Jesús.

Entonces, nosotros desde niños y niñas recibimos la presencia del Espíritu Santo. Y si lo dejamos, él se va agrandando, por así decirlo, nos va llenando. Porque lo normal del cristiano es estar lleno del Espíritu Santo. Jesús lo llamó paráclito, es decir, un ayudador, alguien que viene para animarnos. Es un abogado para hablar dos de quién, de Jesús. Y está siempre dentro de nosotros. Y Jesús específico: "Él les va a enseñar todas las cosas. Les va a recordar todo lo que yo he dicho."

El Espíritu Santo no trae novedades. Él para recordarnos lo que ya Jesús dijo y para que entendamos. Una de las secciones del Espíritu Santo es lo que dijo que ellos, cuando él venga, los va a convencer de pecado. Y lo primero que quiere y conversar de pecados no es fácil. Adán y Eva habían ido por el camino torcido. El Señor tuvo que buscarlos porque se habían escondido. "Adán, Adán, ¿dónde está aquel escondido con su esposa?" Al fin salieron. "Adán, ¿dónde están?" "Y aquí estoy." Como que dice que no pasó nada. "¿Por qué no sé?" "Aquí estoy."

Y entonces el Señor los va a buscar. Los tuvo primero que convencer para que salieran. Ellos no querían salir de su escondite. Y el Espíritu Santo viene para sacar lo malo de nosotros, para que salgamos de nuestro escondite y aceptemos el regalo que Dios nos da. El Espíritu Santo dentro de nosotros, ¿para qué? Primero, para enseñarnos todo lo que él dijo y para irnos llevando a toda la verdad. Pero para eso, primero tiene que convencernos del mal. "¿Adán, dónde estás? ¿Dónde estás?" "Aquí estoy." "¿Y dónde está tu hermano?" "Hay otros que el custodio de mi hermano." No se dejó de contar.

Nosotros podemos obstaculizar la obra del Espíritu Santo. El Espíritu Santo quería encontrar aquí. "¿Dónde está tu hermano?" "Para ayudarlo." "Ya no sé. No soy custodio de mi hermano." Y sigue ocurriendo. Hermanos, eso es lo que hace el Espíritu Santo. Viene a convencernos de pecado, porque el pecado impide que Dios se manifieste en nosotros.

Al Espíritu Santo se le ha presentado como agua, pero en un charquito, no un rito, sino torrente de agua viva. Eso es el Espíritu Santo. ¿Volvió ese torrente de agua viva dentro de nosotros? La carta a los Romanos nos dice: "Ustedes no han recibido espíritu de esclavos para que le tengan miedo a Dios, sino el espíritu de hijos, el espíritu que les hace decir: ¡Abba, Padre!" Por medio del Espíritu Santo dentro de nosotros tenemos un encuentro no con un Dios al que le tenemos miedo, sino un Dios Padre.

Temor de Dios en la Biblia no quiere decir "tengo miedo a Dios". Si no, "tengo miedo de ofender a este Padre tan bueno". Ese es el temor de Dios que nos infunde el Espíritu Santo. Un Dios Padre, no le tenemos miedo porque es misericordia. La carta a los Romanos dice que el Espíritu Santo dentro de nosotros nos hace decir: "¡Abba, Abba!" Era la primera palabra que pronunciaban los niños judíos cuando comenzaban a intentar hablar. ¡Abba! Así como los nuestros dicen papá, mamá. ¡Abba! O sea, lo primero que el Espíritu Santo es hacernos encontrar con un Dios a la papa, no simplemente un Señor ahí arriba, un papá bondadoso, misericordioso.

"Para ustedes no han recibido espíritu de esclavos para que tengan miedo, sino espíritu de hijos para que vean al Padre", dice la Biblia. El Espíritu Santo nos hace encontrarnos con un Dios misericordioso, bondadoso. No tenerle miedo. Tenemos miedo de ofenderlo, pero no le tenemos miedo a él. Nos hace decir: "¡Abba, Padre!" Un Dios cercano a nosotros.

El profeta Ezequiel habló de que el Espíritu nos viene a cambiar el corazón. Nos pone dentro un nuevo nacimiento. Por eso, la presencia del Espíritu Santo nos lleva a un nuevo nacimiento, una conversión profunda, como que hubiéramos nacido de nuevo. Y por eso se dice: "Nacido del Espíritu Santo", porque nos hace cambiar. El día del bautismo se prende esa llamita, pero no quiere que se quede a mitad, sino fogonazo. Si lo dejamos, el Espíritu Santo va invadiendo poco a poco nuestro interior hasta llenarnos. Porque el Señor nos quiere.

Y donde el Espíritu Santo, en la visión que tuvo el profeta Ezequiel, vio un montón de huesos secos. Y el Señor le dijo: "Predícales". Y el profeta obediente comienza a predicarle a los huesos secos. Pero le dice: "Te falta algo. Te falta el Ruah". En hebreo, Ruah, el nombre del Espíritu. "Invoca al Ruah". Y cuando invoca el Ruah, el Espíritu, aquellos huesos secos se mueven y se convierten en un montón de personas. Eso es lo que hace el Espíritu Santo. Esos huesos secos, secos de espiritualidad, hace que florezcan, que se conviertan en un ejército de alabadores. Huesos secos alabando al Señor. El Ruah, invoca Ruah.

El profeta Ezequiel tuvo una visión. Vio un montón de ruinas. Y del costado del templo salía un chorrito de agua. Y ese chorrito de agua iba agrandándose, agrandándose, hasta que entraba en el Mar Muerto y lo convertía en un lugar de árboles y de frutos y de peces de varios colores. Al menos eso es el Espíritu Santo. El agua del Espíritu Santo que nos invade. Y vienen esos peces de varios colores, los dones del Espíritu Santo, los frutos del Espíritu Santo. Y es el Espíritu que está actuando en nosotros.

El don es un regalo de Dios. El que tiene, por ejemplo, el don de predicación, el don de profetizar, el don de sanar, es un regalo de Dios. Solo Dios se lo puede dar. Unos lo tienen en mayor porción y otros menos, pero es don del Señor. Y es para servir a los demás, no es para servirse a uno mismo. Es para servir. El don es para servir a los demás.

Y los dones del Espíritu Santo: sabiduría, entendimiento, consejo, fortaleza, ciencia, piedad y temor de Dios. Sabiduría y entender las cosas del Señor, saber hablar de las cosas de Dios. Consejo, entendimiento, consejo, fortaleza. Dios no la ciencia humana. Alguien puede ser un doctor universitario y puede ser que en las cosas de Dios esté en pañales. La ciencia de Dios, comprender las cosas de Dios. Muchos en el mundo tienen muchos títulos universitarios, pero en las cosas de Dios están en pañales. Y el que está lleno del Espíritu Santo está en el doctorado de las cosas de Dios. Entiende las cosas de Dios. Y no hace falta que sea un gran teólogo. Un gran teólogo puede tener toda la teología en su cabeza, pero si no tiene la llenura del Espíritu Santo, él solo tiene datos de tipo científico y no tiene la experiencia del Espíritu Santo.

Y eso puede darse. Alguien puede ser un teólogo eminente, pero puede ser que no esté lleno del Espíritu Santo. Tiene toda la teología, pero no tiene la experiencia de Dios en su vida. Y lo que interesa. Y puede ser un sencillo campesino que apenas se ha estudiado, tal vez, los primeros grados de primaria, y puede estar lleno del Espíritu Santo y le puede dar clases de espiritualidad al tío que tiene muchos títulos universitarios. Porque ya él tiene en la realidad el Espíritu Santo, el paráclito, el ayudador, que lo va llevando a conocer más y más las cosas de Dios, a vivirlas, a proclamarlas. Cuánta gente sencilla tiene dones maravillosos del Espíritu Santo.

Don de sanación, don de palabra de ciencia. Recuerdo el caso de un matrimonio. Tenían problemas muy grandes. Su hijo joven se había suicidado. Regresaban de la iglesia y encuentran a su hijo suicidado en su casa. ¡Qué tragedia! La mamá se vino abajo, una depresión tremenda. No salía de esta depresión. Nada, todos los doctores de las medicinas. Un día vinieron a la sacristía y me decían: "Dicen que el Padre Tardif va a predicar en el gimnasio del Liceo del Colegio Don Bosco. ¿Le parece bien que vayamos?" Y ellos llegaron. Y ya estaba yendo al gimnasio. Quedaron en uno de los asientos de las gradas más alejadas. Ahí se quedaron.

Pero el Espíritu Santo tenía una palabra que se llama palabra de ciencia. El Padre está libre en ese momento, iluminado por el Espíritu Santo. Dijo: "El día de hoy aquí vino una pareja. Su hijo se murió y la mamá tiene una depresión muy grande y no sale de ella. Y está tomando a escondidas una medicina que le hace peor todavía. El Señor le dice que su hijo ya está con él y que deje las medicinas que era para ellos." Llegó la palabra. Él no los conocía. Ellos no los conocían. Ellos estaban arrinconados allá en los últimos bancos que encontraron en el gimnasio del Colegio Don Bosco. Y ahí la palabra de Dios a través del Padre Tardivo, un hombre lleno del Espíritu Santo, lo que se llama palabra de ciencia. El caso exacto. Lo demás, comprender un pedido. "Si yo sabía que estaba en ella." Ella inmediatamente se fue para arriba, aceptó la situación.

La palabra de ciencia. El Espíritu Santo que llega y trae mensaje muy especial. Y luego, a través de cualquiera que él quiera, a través de cualquiera. Ahí está un eminente padre, el Padre Tardif, un hombre lleno del Espíritu Santo. Pasó por más de 80 países predicando con sencillez, con humildad. Pero todos veíamos: "Ahí está el Espíritu Santo". Se manifestaba en la palabra y sobre todo en la palabra de es. Palabra de ciencia. El mensaje que traía que llegaba a determinadas personas, como el mensaje que les acabo de exponer para que el matrimonio que tenía tanto problema. Es el Espíritu Santo que se manifiesta.

El profeta Ezequiel lo vio como un chorrito de agua, pero ese chorro de agua se convertía en un torrente que entraba en el Mar Muerto y el Mar Muerto lo convertía en un mar lleno de árboles con frutos y con peces de varios colores. Los dones y carismas del Espíritu Santo. Y el Espíritu Santo que puede llegar a nosotros un mar muerto de pecado, muchas veces. Y por eso, limpiarnos, vaciarnos y darnos los dones y los frutos del Espíritu Santo.

El don, que es un regalo. Alguien tiene el don de la predicación, el don de profecía, el don de sanar. El fruto es la acción directa del Espíritu Santo. Los dones: sabiduría, entendimiento, consejo, fortaleza, ciencia, piedad y temor de Dios. Todo lo que nos lleva a comprender las cosas del Espíritu. No hace falta que la persona tenga título teológico. El Espíritu Santo le hace comprender. Y les decía, alguien puede tener un título teológico, pero el otro, el campesino, puede comprender las cosas del Espíritu Santo. El otro tiene la sabiduría teológica, puede exponer los puntos, pero no tiene la presencia del Espíritu Santo. Y eso es lo principal.

El fruto del Espíritu Santo es la actuación ya. El fruto del Espíritu: sabiduría, amor, gozo, paz, paciencia, bondad, benignidad y mansedumbre, templanza. Nadie nace manso. Algunos nacen inmensos, pero más son ninguno. El manso se va haciendo. El Espíritu Santo lo va haciendo manso. Es la obra del Espíritu Santo. Muchos que han sido violentos, Francisco, era un hombre impulsivo. El Espíritu Santo lo cambió y se hizo el santo de la mansedumbre, San Francisco de Sales. Y es el caso de muchos santos. No eran santos desde un principio. El Señor los va haciendo santos.

San Pablo. No era ningún santo. Era un hombre que sabía mucho, que era especialista en la escritura y empleaba la escritura para borrar del mapa el nombre de Jesús. Y por eso perseguían a los cristianos. Pero cuando el Señor lo derrotó, cayó, quedó ciego. Y él dijo: "¿Y tú quieres?" "Yo soy Jesús, ¿quién tú estás persiguiendo?" ¡Nada menos que Jesús resucitado! "¿Y qué debo hacer?" Lo mandó a un retiro espiritual a Damasco. Y le mandó un gran predicador. Y él le señaló todo. Ha sido llenado el Espíritu Santo, ha sido sanado. Y entonces viene el cambio de Pablo. Y de perseguidor de los cristianos se va a convertir en el predicador más grande del evangelio de Jesús. Un hombre malo que se convierte en un santo porque el Espíritu Santo está actuando en él. Se metió en el Mar Muerto de Pablo, aquel chorrito. Y ahí un renacer, árboles con frutos, peces de varias especies. Pablo tenía tantos dones y carismas del Señor. Como le digo, los dones es algo que el Señor regala. El fruto es ya la acción del Espíritu Santo.

Amor. Nadie nace con amor. Nacemos con el móvil, egoísmo. Gozo, paz. Nacemos con inquietud. Paciencia, bondad. Eso se va adquiriendo poco a poco que la persona se deja dominar por el Espíritu Santo. Este es el fruto. Va apareciendo el fruto del Espíritu Santo. El fruto no aparece cuando el campesino pone las semillas. No, pasa el tiempo hasta que al fin va apareciendo la plantita y después las ramas y el fruto. Y el fruto del Espíritu Santo va apareciendo poco a poco. Nadie nace santo. Se va dejando santificar por el Espíritu Santo. Nosotros no estamos con inclinaciones al mal. El Espíritu Santo nos va purificando. Y entonces viene el fruto del Espíritu Santo.

Tener muchos dones del Espíritu Santo no quiere decir ser santo. Algunos tienen dones maravillosos del Espíritu Santo y los han empleado y los han empleado algunos para ganar dinero, para sobresalir, porque se puede torcer y no puedes emplear mal los dones del Espíritu Santo. Ahora, el fruto es ya el trabajo interno del Espíritu Santo en la persona que lo va transformando, lo va santificando. Por eso, entre don y fruto, el fruto es lo que nosotros gestionamos. ¿De qué sirve que alguien sea buen predicador si no es santo? ¿De qué sirve que alguien tenga don de profecía para bien de la comunidad si él no se santifica? Porque muchas veces puede ser portador, con el don de profecía, y él no es santo. Así es que lo importante es que el Espíritu Santo nos transforme para nuestra santificación.

Y en la obra del Espíritu Santo, ¿cómo recibir el Espíritu Santo? Que debemos hacerlo. Jesús dijo: "Si alguno tiene sed, venga a mí y beba. Del interior del que cree en mí van a brotar frutos de agua viva, ríos de agua viva." Si alguno tiene sed, hay que tener sed. Sed de las cosas de Dios, de la oración, de la palabra de Dios, de las obras de misericordia. Tener sed, ansias. "Si alguno tiene sed, venga a mí y beba. Del interior del que cree en mí van a brotar ríos de agua viva." Hay que tener sed. Y esta sed viene cuando la persona tiene oración, acercamiento a la palabra de Dios, a las obras de misericordia. Entonces se va despertando cada vez la sed.

Nadie ha nacido santo. Comenzó el río chiquito, pero voy agrandándose. Y aquellos que fueron aceptando se convirtieron en llenos del Espíritu Santo y se dieron los frutos de amor, de gozo, de paz, de paciencia, de bondad, de benignidad, de fe, de mansedumbre, templanza. Y entonces la gente decía: "Ese santo". Veían el fruto del Espíritu Santo. Los santos son los que demuestran lo que es el fruto del Espíritu Santo. Y nadie nace santo. Nacemos egoístas, nacemos rebeldes, nacemos con inclinación al pecado. Nos dejamos llenar del Espíritu Santo y entonces él va formando el fruto del Espíritu Santo: sabiduría, amor, gozo, paz, paciencia, bondad, benignidad, fe, mansedumbre, templanza.

Efesios 5:18 dice: "Lléñense del Espíritu Santo". Es una orden, es un mandato de Dios. El bombero tiene un mandato: debe tener siempre el tanque. Y no por eso se llama bombero. Hay incendio, inmediatamente sale corriendo. No es el que dice: "Voy a llenar primero el tanque y después, en lo que hay en el tanque, se incendió la casa". El bombero debe tener siempre lleno su tanque. El cristiano es el querer estar siempre lleno del Espíritu Santo. Lleno. No, "me voy a ir a llenar". No, debe estar lleno. Porque tenemos emergencias en la vida. Tenemos que ayudarnos y ayudar a los demás. Si uno no está lleno del Espíritu Santo, no puede ayudar a los demás. Puede tener dones especiales, entonces no está lleno del Espíritu Santo, no puede ayudar a los demás. Por eso debemos llenarlo. Y es una orden. "Lléñense del Espíritu Santo".

Y el Señor nos dice cómo. "Si alguno le pide a Dios", dice el Señor en el evangelio de San Lucas, "pues el Señor no le da una piedra, le va a dar el Espíritu Santo". El don grande es el Espíritu. Hay que pedirlo con fe, con devoción, no para sobresalir, sino para ser transformados y ayudar a los demás. A mí me ha tocado ver como personas muy sencillas han sido llenas del don maravilloso del Espíritu Santo y han sido transformados también y han ayudado en las comunidades.

Una vez se me presentó un señor con una Biblia en la mano, una Biblia muy gastada, algo sucia, diríamos nosotros, en su rosetón. Y de pronto veo yo que en una gran asamblea lo ponen a predicar. Y yo llamé a los dirigentes: "¿Cómo pusieron ese señor en esta asamblea tan solemne?" Ya va a haber paz. Y aquel, que seguramente no había pasado de tercer grado, tomaba la Biblia, Antiguo Testamento, citaba. Yo he pillado, no he podido decir dónde estudió ese, porque ese no había estudiado ni tercer grado. Pero este tenía el don del Espíritu Santo y nos maravillaba. Y predicaba sencillo, pero todos cantaban que estaba el Espíritu Santo en lo que estaba diciendo. Él mismo ni cuenta se daba de lo que el Espíritu Santo estaba haciendo acerca de él. Pero tenía su Biblia bien manchada porque le había gustado mucho. Él me había estudiado Biblia en mi curso bíblico. Él había ido y se había dejado llevar por el Espíritu Santo y hasta lo había convertido el Señor en un predicador. Un predicador. Hubieran podido traer un teólogo eminente con muchos datos, ya que él se hubiera lucido. Pero no tenía la unción que tenía ese campesino sencillo que de veras llegaba al gentío que estaba reunido. Y todos estábamos experimentando como el Espíritu Santo, a través de que a personas sencillas nos está hablando. Él mismo predicaba, ofrecía y sabía lo que el Espíritu Santo estaba haciendo a través de él en todo aquel gentío reunido en ese gimnasio tan grande.

En la obra del Espíritu Santo, les decía que San Lucas: "No se pidan". Si ustedes piden pan, Dios no les va a dar una piedra, les va a dar el Espíritu Santo. A celos, pídalo. Hay que pedirlo con humildad, con fe, porque lo necesitamos. Además, es una orden del Señor. En la carta a los Efesios 4:30 dice: "No entristezcan al Espíritu Santo". También dice en la carta a los Tesalonicenses: "No apaguen el fuego del Espíritu Santo". Es decir, uno, si lleva una vida disipada, entristece al Espíritu Santo, bloquea, apaga el fuego del Espíritu Santo. Este fuego se prende en nosotros el día del bautismo y puede irse agrandando cada vez más o puede irse apagando.

Gracias a Dios, nunca se termina del todo. Aunque sea una llamita chiquita, queda la presencia de Dios que quiere salvar a las personas. Nunca podemos anular en nosotros al Espíritu Santo totalmente, apagarlo totalmente, no. Por lo menos una chispita queda la presencia de Dios hasta el último instante, como con el buen ladrón. Aquel buen ladrón, por criminal, por mal, no lo dejaron, pero quedó su chispita. Cuando oyó la palabra de Jesús, las siete palabras comenzaron a calar en él. Y de pronto, después de haber estado insultando a Jesús y maltratándolo, de pronto regañó al otro ladrón y le dijo: "Deja de estar insultando. Nosotros somos criminales, estamos pagando nuestra culpa. Este es justo". Estaba llamando justo a Jesús. Al oír las siete palabras del Señor, se le fueron metiendo la palabra de Dios como espada de doble filo. Se le metió en el corazón. Y aquel, después de insultar a Jesús, solo está diciendo: "Ese es justo". Y fue cuando Jesús le dijo: "Hoy estarás conmigo en el paraíso". Porque aquel hasta llegó a tener una oración: "Señor, acuérdate de mí cuando estés en tu reino". Hasta estando en la cruz, una oración bellísima. "Acuérdate de mí cuando estés en tu reino". Y lo llamó rey. Rey. Y el Señor le contestó a la oración: "Hoy estarás conmigo en el paraíso". Con Jesús entró en el paraíso el mismo día. Un criminal, pero ya no era con un criminal. Había tenido un nuevo nacimiento de tipo espiritual. El Espíritu Santo había actuado. Lo había llevado a registrar: "Acuérdate de mí cuando estés en tu reino". Y en ese momento, que eso le dice: "Hoy estarás conmigo en el paraíso".

Hermanos, es una orden del Señor. ¿Quién es el Espíritu Santo? Es una orden, no medio lleno. "Lléñense del Espíritu Santo". Porque lo necesitamos. Somos los bomberos del Señor. Tenemos muchas emergencias para nosotros mismos, nuestra familia, las personas que nos rodean. Acuden a nosotros que nos llamamos cristianos, es decir, seguidores de Cristo. Y nos exponen. Debemos estar llenos para aconsejar, para ayudar, para dar la mano, para dar ejemplo, para exponer la palabra de Dios. Entonces debemos estar llenos. Nadie debe estar medio lleno, sino lleno totalmente. Y hay que estarlo pidiendo. Somos tan débiles que un día podemos estar llenos después de una vigilia y después puede ser que nos metamos en cosas paganas y va bajando el nivel de nuestra llenura del Espíritu Santo. Nos debemos cuidar. Por eso, "no entristezcan al Espíritu Santo, no apaguen el fuego del Espíritu Santo".

Lo que el Señor nos manda no es un consejito piadoso, es una orden. "No apaguen el fuego del Espíritu Santo". Por eso, el día de hoy, yo estoy seguro que esa paloma que entró este domingo aquí en la iglesia, en una forma misteriosa, que se fue primero al sagrario y después se pone aquí enfrente y extiende sus alas y se queda un tiempo así, delante de todos, una cosa maravillosa. Eso va a suceder el día de hoy, porque estamos reunidos en nombre de Jesús y él nos va a llenar de su Espíritu Santo. Que así sea para todos nosotros. Amén. Aleluya. [Aplausos] Sí. [Música]