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Vamos, hermanos, una vez más al evangelio de Mateo para nuestra serie de sermones consecutivos en el Sermón del Monte. Nos encontramos en este momento para las personas que nos visitan, estudiando las Bienaventuranzas. Y esperamos, con la gracia del Señor, poder concluir esa porción del Sermón del Monte en esta mañana.
Vamos a leer Mateo capítulo cinco, versículos uno al doce. Aunque en realidad estaremos estudiando los tres versículos finales.
"Y abriendo su boca les enseñaba, diciendo: Bienaventurados los pobres en espíritu, porque de ellos es el reino de los cielos. Bienaventurados los que lloran, porque ellos recibirán consolación. Bienaventurados los mansos, porque ellos recibirán la tierra por heredad. Bienaventurados los que tienen hambre y sed de justicia, porque ellos serán saciados. Bienaventurados los misericordiosos, porque ellos alcanzarán misericordia. Bienaventurados los limpios de corazón, porque ellos verán a Dios. Bienaventurados los pacificadores, porque ellos serán llamados hijos de Dios. Bienaventurados sois cuando por mi causa os vituperen y os persigan, y digan toda clase de mal contra vosotros mintiendo. Gozaos y alegraos, porque vuestro galardón es grande en los cielos; porque así persiguieron a los profetas que fueron antes de vosotros."
La semana pasada nosotros iniciamos el estudio de esta última bienaventuranza, la cual, en cierto modo, sirve de epílogo o de conclusión a todas las demás. El Señor Jesucristo ha venido describiendo el carácter del cristiano y el estilo de vida que se deriva de ese carácter. Él nos dice que el cristiano es pobre en espíritu; sus ojos han sido abiertos y ahora tiene una visión realista de sí mismo, una visión que lo lleva a lamentar su condición pecaminosa delante de Dios. Por consiguiente, el cristiano es manso; él sabe que no tiene nada que defender. El cristiano anhela crecer en santidad; es misericordioso, puro de corazón, pacificador. He ahí lo que el cristiano es en esencia y la manera como el cristiano se comporta.
Pero en la última bienaventuranza hay un cambio de perspectiva. Se sigue hablando del carácter del cristiano, pero desde otro ángulo, desde otro punto de vista. En los versículos 10 al 12, el Señor desglosa las consecuencias que vendrán sobre los cristianos precisamente por el hecho de ser como son y por comportarse como se comportan. El mundo los perseguirá, dice Cristo, porque sois diferentes, porque vuestra forma de vivir los expone, les asevera a ellos que no son tan buenos como ellos creen que son. Pero sobre todo, el mundo los perseguirá porque se parecen al Señor Jesucristo. El mundo odia al Señor y por ello persigue a todo el que se le parece.
El mundo os perseguirá. Los hijos de Dios siempre han sido y serán perseguidos por el mundo, no porque son fanáticos, no porque son imprudentes, sino porque se parecen a Cristo. "Por mi causa", dice el Señor, "os perseguirán", por creer las verdades del Evangelio, por obedecer los deberes que el Evangelio impone. Existe un antagonismo irreconciliable entre el mundo y los cristianos. No hay posibilidad alguna de hacer un arreglo amistoso entre estos dos grupos. Es por eso que Santiago nos dice en su epístola que el mero hecho de querer ser amigos del mundo nos constituye en enemigos de Dios. Más aún, nos dice que si alguien afirma ser cristiano y al mismo tiempo anhela y procura ganarse el aprecio del mundo, esa persona es culpable de adulterio espiritual. Santiago dice: "Oh, almas adúlteras, ¿no sabéis que la amistad con el mundo es enemistad contra Dios? Cualquiera, pues, que quiera —no simplemente que sea cualquiera que quiera que lo anhele, que lo procure— ser amigo del mundo, se constituye enemigo de Dios." No hay alternativa, entonces, hermanos y amigos. O somos amigos de Dios y enemigos del mundo, o somos amigos del mundo y enemigos de Dios. Si alguno ama al mundo, dice el apóstol Juan en su primera carta, el amor del Padre no está en él.
El cristiano y el no cristiano son esencialmente distintos. Y no se trata simplemente del estilo de vida de ambos, que es distinto; es algo interno. El cristiano ha experimentado un cambio de corazón en el asiento mismo de su personalidad, de manera que cuando decimos que es distinto, no nos estamos limitando a ciertas cosas como la forma de hablar, los lugares que visitan, la ropa que usan. Hermanos, ese no es el punto. El cristiano es distinto porque su corazón ha sido purificado y él vive ahora para Cristo. Cristo es el móvil de su existencia, la motivación ulterior de todo cuanto hace. "Bienaventurados sois cuando por mi causa —no por ninguna otra cosa, cuando por mi causa— os vituperen y os persigan." He ahí la clave del problema. Seremos perseguidos por nuestra identificación con Cristo, porque reaccionamos como él, porque vivimos para darle a él. Al actuar como padres, al actuar como esposos, como hombres de negocio, para nosotros, como dice Pablo en Filipenses uno veintiuno: "el vivir es Cristo", y Romanos capítulo catorce, versículo siete y ocho: "Porque ninguno de nosotros vive para sí, y ninguno muere para sí; pues si vivimos para el Señor vivimos, y si morimos para el Señor morimos. Así pues, sea que vivamos o que muramos, del Señor somos."
Los paganos, los no cristianos, los impíos, o cualquier título que usted quiera darle a esa persona, viven para sí mismos. ¿Quién es un inconverso? ¿Quién es un impío? ¿Quiénes son aquellos que poblarán por los siglos de los siglos el infierno? Aquellos que hacen negocio para su propio provecho, aquellos que crían a sus familias de acuerdo a sus propios criterios, aquellos que todo lo analizan a la luz de las ventajas personales que pueden derivar de las cosas. Pero si somos cristianos, no podemos ser así. Como dice Martin Lloyd Jones: "Si somos cristianos de verdad, nuestro deseo debe ser, por mucho que fallemos en la práctica —y eso lo escribió Lloyd Jones y yo estoy de acuerdo con eso—, por mucho que fallemos en la práctica, nuestro deseo es vivir para Cristo, glorificar su nombre, vivir para glorificar." Ningún cristiano vive a la luz de este principio continuamente, completamente. Pero este es su anhelo, y por eso tenemos tantas luchas internas. Por eso el cristiano tiende, tiene tantas luchas internas. Él percibe dentro de sí otros móviles al actuar y lucha contra ellos. Él desea agradar a Cristo y se abate cuando percibe que no siempre puede alcanzar esa meta. Y es precisamente por esa razón que no somos bien recibidos por el mundo. El mundo no puede aceptar ni tolerar una vida vivida de esa forma. El mundo exalta a los hombres y mujeres decentes, el mundo exalta a los hombres y mujeres nobles, pero persigue a los cristianos porque el asunto no es que nosotros somos buenos, es que somos distintos, es que nos parecemos a Cristo. Y ese es precisamente el mensaje de las bienaventuranzas. Todo aquel que es pobre en espíritu, que es sensible a su pecado, manso, que anhela la santidad, que hace misericordia, que es pacificador, que es limpio de corazón, será perseguido.
La semana pasada comenzamos a estudiar esta última bienaventuranza y vimos, en primer lugar, la realidad de la persecución que los cristianos sufren en este mundo. Y en segundo lugar, la causa de esa persecución. En la mañana de hoy, tocaremos dos encabezados más para concluir. Veremos, en tercer lugar, las diversas maneras en que son perseguidos los cristianos. Y luego, la forma en que el cristiano debe reaccionar cuando es perseguido. Así que veamos, en tercer lugar, las diversas maneras en que son perseguidos los cristianos.
Como decíamos la semana pasada, esa persecución varía tanto en la forma como en la intensidad. Hermanos, para que nadie tenga una carga de conciencia innecesaria, el Señor no está diciendo aquí que todos los cristianos tendrán que pagar con su vida el hecho de ser cristiano, o que seremos apedreados. Digo esto porque alguien puede estar aquí y decir: "Bueno, a mí nunca me han golpeado con un palo por ser cristiano, a mí nunca me han abofeteado por ser cristiano". Bueno, es que la persecución varía tanto en formas como en intensidad. Pero sí debemos saber que todos los cristianos, de un modo o de otro, serán perseguidos. El Señor menciona en este texto varios tipos de persecución, que podríamos clasificarlas de las siguientes maneras: ataques verbales, ataques físicos y aislamiento social.
Veamos estas tres clasificaciones, comenzando con los ataques verbales. ¿Qué dice el Señor en el versículo 11? "Bienaventurados sois cuando por mi causa os vituperen y os persigan, y digan toda clase de mal contra vosotros mintiendo." La palabra "vituperios" que aparece aquí significa literalmente insultar con oprobios, envilecer, avergonzar. Lo que el Señor nos está diciendo aquí es que los cristianos serán objetos de burlas y de insultos. Al mismo Cristo le llamaron loco y endemoniado, y por tanto, sus seguidores no deben esperar un trato distinto. En Mateo capítulo 10, versículo 25, el Señor nos advierte acerca de esto: "Bástale al discípulo ser como su maestro, y al siervo como su señor. Si al padre de familia llamaron Belcebú, cuánto más a los de su casa." Los mismos hermanos del Señor fueron a buscarlo en una ocasión mientras él predicaba el Evangelio, porque pensaban que Jesús estaba fuera de sí; en otras palabras, que Jesús había perdido la cabeza. No nos extrañen, entonces, hermanos, que hasta sus propios familiares que crecieron con ustedes comiencen a poner en juego vuestra cordura a causa de vuestra fe. Repito, no por ser fanáticos o imprudentes, sino por ser fieles. Si tú te comportas como un loco en nombre del Evangelio, no te extrañes de que la gente piense que eres un loco. Pero no estamos hablando de eso. Estamos hablando de que un cristiano cuerdo, prudente, que no es un fanático, una persona cuerda que es fiel al Señor, será tenido por loco por causa del Evangelio. Hermanos, para el inconverso, es una locura el simple hecho de que nosotros vengamos dos veces en el mismo día a la iglesia a adorar al Señor. Eso ya para ellos es una locura. Los cristianos tienen que sufrir el ser tratados como dichos raros, como mediocres, personas sin aspiraciones, tontos, cerrados de mente, retrógrados, y todo eso por causa de Cristo. Basta con oír el Evangelio y obedecer sus demandas para que se nos trate de ese modo. El apóstol Pablo dice en primera de Corintios capítulo 1, versículo 18, que la palabra de la cruz es locura, tontería, dice el texto griego, a todos los que se pierden. Y si eso era cierto en la época de Pablo, cuando aún la ciencia no había sido endiosada, cuánto más ahora. Cuanto más ahora. Nos ha tocado vivir en una generación donde ser ateo e inmoral es sinónimo de tener una mente amplia, y mientras más abiertos son para hablar de aquellas cosas de las cuales debieran avergonzarse, más populares son, más populares. No se extrañen, entonces, si se nos trata como si fuésemos dementes, como si fuésemos dignos de lástima y de compasión.
Pero este ataque verbal no se limita a los insultos. No se limita a los insultos. El Señor dice: "Bienaventurados sois también cuando digan toda clase de mal contra vosotros mintiendo." No solamente insultos, sino también difamación. El mundo inventará toda clase de acusaciones contra los cristianos. Hermano, hermano mío, no debes extrañarte si eso está sucediendo contigo en este momento. No debes extrañarte. El Señor advirtió desde el principio que eso era parte integral de la vida cristiana. Dirán toda clase, toda clase de mal contra vosotros mintiendo.
Pero los ataques no son únicamente verbales. Dijimos que también el cristiano puede llegar a sufrir ataques físicos. Ataques físicos. El Señor dice: "Bienaventurado soy cuando por mi causa os vituperen y os persigan." Hoy día, eso es extraño en muy pocos lugares del mundo. Los cristianos sufren persecuciones físicas, pero ha habido épocas en la historia de la iglesia donde eso era bastante común. Hermanos, los santos del pasado tuvieron que pagar un precio muy alto por causa de su fe, desde la hoguera hasta todo tipo de persecución, todo tipo de tortura.
Y en tercer lugar, en el texto paralelo del Evangelio de Lucas se menciona otra forma particular de persecución: el aislamiento social. En Lucas capítulo 6, versículo 22, dice el Señor: "Bienaventurados seréis cuando los hombres os aborrezcan, y cuando os aparten de sí, y os vituperen, y desechen vuestro nombre como malo, por causa del Hijo del Hombre." Os apartarán de sí, dice el Señor, como si fuerais una peste, como si fuerais una plaga maligna que puede contaminarlos. Hermanos, si exhiben el carácter que Cristo ha esbozado en las bienaventuranzas, eso es lo que os ocurrirá. Seréis perseguidos, ya sea con ataques verbales, ataques físicos o aislamiento social. Pero eso vendrá seguro.
Pero el Señor no se limita en nuestro texto de Mateo a dar una advertencia a sus discípulos. Y en el tiempo que nos resta hoy en la mañana, quisiera centrar mi atención en la parte más sorprendente de esta bienaventuranza: más sorprendente. ¿Cómo espera Cristo que reaccione el cristiano cuando es perseguido? ¿Cómo espera Cristo que reaccione el cristiano cuando es perseguido? El Señor fue claro con sus discípulos en cuanto a las dificultades que les esperaban, pero también fue claro en cuanto a la forma en que él esperaba que nosotros reaccionemos cuando seamos perseguidos.
Pero antes de considerar lo que el texto dice, quisiera ver por un momento lo que el texto no dice. Lo que el texto no dice. Allí no dice que el cristiano reacciona airado y molesto cuando estas cosas pasan. Se burlarán de él, inventarán cosas en su contra, lo dejarán solo, y hasta es posible que tenga que sufrir ataques físicos. Y aún así, el Señor no da lugar para la amargura, para el resentimiento, ni mucho menos para la depresión. Ni mucho menos para la depresión. Esa es la tendencia natural del hombre cuando es atacado: reaccionar con resentimiento o con deseos de venganza, o simplemente caer en el pozo de la autoconmiseración: "¿Por qué se me hace esto a mí? Yo no merezco este trato. Eso es injusto." Sí, hermanos, sabemos que es injusto, pero eso es parte integral de la vida cristiana. Como también ha de ser parte de la vida cristiana el hecho de que no reaccionaremos como si fuésemos paganos cuando nos encontremos en medio de tales ataques. Los paganos se amargan, se enojan, se deprimen cuando son atacados. Pero los cristianos estamos llamados a reaccionar de otro modo.
"¿Pero pastor, cómo usted va a decir que el cristiano no debe amargarse en medio de la persecución, o que no tiene derecho a deprimirse? ¿Sabe usted lo duro que es ser atacado a veces por sus mismos familiares, o en el caso de aquellos cuyos esposos y esposas son inconversos, recibir burlas y maltratos de sus mismos cónyuges? Eso es duro, pastor, y usted no puede decirme a mí que no tenemos derecho a sentirnos amargados y resentidos." Hermano, no soy yo que lo digo, es el Señor. Es el Señor. Lean el texto otra vez y díganme si Cristo dio pie para la amargura, el enojo o la depresión.
De hecho, el Señor llevó el asunto más lejos aún. Si esto te ha parecido fuerte, agárrate de tu asiento, porque lo que viene es más chocante, más asombroso. Cristo dice en las bienaventuranzas que el cristiano verdadero no solo debe guardarse del enojo o la depresión, sino que debe gozarse, alegrarse cuando es perseguido por causa de su fe. Todo el pasaje está permeado por esa nota positiva. El Señor dice: "Bienaventurados —felices, con una dicha plena y total— los que padecen por causa de la justicia. Bienaventurados sois —otra vez— cuando por mi causa os vituperen y os persigan, gozaos y alegraos, porque vuestro galardón es grande en los cielos."
Alguien dijo una vez que cuando los cristianos somos perseguidos, no debemos desquitarnos como lo haría un no creyente, ni ponernos de mal humor como lo haría un niño, ni lamer nuestras heridas en autocompasión como lo haría un perro, ni simplemente sonreír y soportar como lo haría un estoico. Menos aún pretender que lo disfrutamos como lo haría un masoquista. ¿Qué debemos hacer entonces? Dice este autor: debemos regocijarnos como cristianos y aún saltar de gozo. De hecho, cuando este autor dice aquí "saltar de gozo", está traduciendo literalmente la palabra griega que el Señor Jesucristo usa en Mateo capítulo 5: "gozaos, alegraos, salten de gozo cuando tengáis que pasar por esa amarga experiencia."
Hermanos, este es el mensaje que encontramos a todo lo largo del Nuevo Testamento, a todo lo largo del Nuevo Testamento. Hechos capítulo 5, versículos 40 al 41: "Y convinieron con él; y llamando a los apóstoles, después de azotarlos, les intimaron que no hablasen en el nombre de Jesús, y los pusieron en libertad. Y ellos salieron de la presencia del Concilio, y llamaron una reunión a todos los evangélicos de la ciudad, hicieron un desfile en frente del pretorio romano protestando por el trato injusto que se le estaba dando a los cristianos." Y Pedro se paró y dijo: "Hermanos evangélicos, somos muchos, podemos hacer un partido político y enfrentar eso." ¿Eso es lo que dice el texto? ¿Eso es lo que dice el texto? Dice allí: "salieron de la presencia del Concilio gozosos de haber sido tenidos por dignos de padecer afrenta por causa del nombre." Es así como reaccionan los cristianos verdaderos cuando son perseguidos por el mundo.
Filipenses capítulo 2, Filipenses capítulo 2, versículos 17 al 18: El apóstol Pablo se encontraba preso en Roma, un hombre anciano y haciendo desconsiderado por aquellos que lo estaban confinado en una cárcel. ¿Y cómo escribe el apóstol a los hermanos de Filipos? "Ay, hermanos, imagínense cómo estoy aquí solo en esta mazmorra." El apóstol dice en el versículo 17 del capítulo 2: "Y aunque sea derramado en libación sobre el sacrificio y servicio de vuestra fe..." Un lenguaje muy hermoso para describir el ser sacrificado, inmolado por causa del Evangelio. "Me gozo y regocijo con todos vosotros. Y así mismo gozaos y regocijaos también vosotros conmigo."
Ah, pero hermano, estos dos ejemplos que usted ha leído, en ambos casos es de los apóstoles, y era gente muy madura, eran hermanos que tenían revelaciones directas del Señor Jesucristo. No, no, no, hermanos. Esa era la experiencia común de todos los cristianos. Hebreos, o debe ser la experiencia de los cristianos. Hebreos capítulo 10, versículo 34: "Porque de los presos también os compadecisteis y el despojo de vuestros bienes sufristeis con gozo, sabiendo que tenéis en vosotros una mejor y perdurable herencia en los cielos." Santiago capítulo 1, versículos 2 y 3: "Y aclaro, hermanos, estos hermanos sufrieron el despojo de sus bienes no porque hicieron un mal negocio y se lo embargaron. Aquí se está hablando de que en medio de la persecución, una de las formas en que fueron perseguidos fue que le quitaron todo lo que tenían. ¿Y qué dice el apóstol? Ustedes sufrieron el despojo de vuestros bienes con gozo."
Santiago capítulo 1, versículo 2 y 3: "Hermanos míos, tener por sumo gozo —o como dice el texto literalmente, por todo gozo sin mezcla de nada que no fuese gozo— cuando os halléis en diversas pruebas." Primera de Pedro capítulo 4, primera de Pedro capítulo 4, versículos 12 al 14: "Amados, amados, no sorprendáis del fuego de prueba que os ha sobrevenido, como si alguna cosa extraña os aconteciese, sino gozaos por cuanto sois participantes de los padecimientos de Cristo, para que también en la revelación de su gloria os gocéis con gran alegría. Si sois vituperados por el nombre de Cristo, sois bienaventurados; sois dichosos, porque el glorioso espíritu de Dios reposa sobre vosotros." Versículo 16: "Si alguno padece como cristiano, no se avergüence; glorifique a Dios por ello."
Eres cristiano y estás padeciendo persecución por causa de tu fe. Se están burlando de ti tus propios familiares, te tratan como un raro, y hasta inventan mentiras para atacar. Bueno, hermano, he ahí la forma como debes reaccionar. No hay razón para sentirte amargado por eso. No hay razón. Dios nos dice en su palabra que es una honra padecer por su nombre, que debemos gozarnos y alegrarnos en medio de los ataques. Yo sé que esto puede sonar extraño a los oídos de algunos, pero es lo que el Señor nos dice en las bienaventuranzas, y es lo que se nos enseña en todo el Nuevo Testamento.
Si eres cristiano, un verdadero cristiano, lavado por la sangre de Cristo, tú no tienes alternativa. Tú no tienes alternativa. En Mateo capítulo 5, versículo 11, no encontramos una mera sugerencia, sino una orden: "Gozaos y alegraos." Eso es todo. Imperativo. Es una orden. Es una orden. Y es el mismo tono que usa Santiago en su carta: "Hermanos míos, tener por sumo gozo cuando os halléis en diversas pruebas." Los cristianos no son masoquistas, tampoco son insensibles al dolor. Pero estos textos sí nos enseñan que los cristianos son capaces de moderar y aún dominar sus emociones. Hermanos, esto es importante. Estos textos, y sobre todo las bienaventuranzas, nos enseñan que los cristianos son capaces de moderar y aún dominar sus emociones. Si tú eres un verdadero cristiano, no puedes decir que la prueba fue tan fuerte que te llevó inevitablemente a caer en una depresión. Si esto fuese así, Cristo no podría ordenarnos que nos gocemos en medio de la persecución. Y es una orden. Así que no pienses, hermano, que al decir esto estamos minimizando tu situación. No lo pienses. Sabemos que es duro, por ejemplo, para una esposa cristiana verse atacada por su marido inconverso y aún verse rechazada por causa de su fe. Eso es duro. No estamos diciendo que esa es una prueba ligera. Lo que estamos diciendo, hermano y hermana amada en el Señor, es que aún así, no tienes por qué amargarte o deprimirte en medio de tu situación. No hay razón. Si está sufriendo por causa de Cristo, por creer en el Evangelio, por obedecer sus demandas, gózate y alégrate, aunque tu esposo sea tu perseguidor. Gózate y alégrate.
Una de las razones más comunes por las cuales los cristianos se deprimen es porque piensan que no puede ser de otro modo, que todo aquel que está pasando por la situación que ellos están pasando no tienen otra alternativa que deprimirse o amargarse. Ellos piensan que se han ganado ese derecho, o peor aún, que no pueden evitarlo. Por eso se deprimen. Ellos creen que tienen derecho a deprimirse. Ellos creen que no puede ser de otro modo. Pero Cristo nos dice que eso no tiene que ser así. Y hermanos, hermanas, es importante saber esto, porque una de las armas que tenemos para frenar el avance de la depresión, el avance del enojo y de la amargura, consiste en saber que este monstruo puede ser dominado, puede ser dominado. No importa lo que te esté pasando, ya sea que te estén persiguiendo, o que estés muy mal enfermo, o que hayas perdido todos tus bienes. No importa. Las escrituras nos enseñan que no tenemos razón para estar ansiosos o deprimidos. Una cosa es sentir tristeza por algo, otra es caer presa de la angustia y la depresión. El apóstol Pablo dice a los hermanos de Filipos en Filipenses capítulo 4, versículo 6, que no debemos estar afanosos por nada. "Gozaos y alegraos, aunque os maltraten, aunque se burlen, aunque se aparten de vosotros como si fuerais una plaga, aunque los quieran avergonzar haciéndoles creer que sois unos tontos." Gózense y alégrense.
Ahora bien, en este punto es necesario que hagamos una aclaración. Debemos gozarnos cuando somos perseguidos por causa de nuestra fe, pero no por la persecución misma. Pero no por la persecución en sí misma. Más bien, debiéramos lamentar el hecho de que el mundo haga persecución contra los cristianos, porque esa, esa persecución que ellos hacen contra los santos, evidencia el odio que tienen contra Dios. Y nosotros debemos sentir tristeza por eso. Las persecuciones son lamentables y no debemos gozarnos por ellas en sí mismas. Esta aclaración es importante porque se puede llegar a experimentar una alegría pecaminosa en medio de la persecución. Se puede llegar a experimentar una alegría pecaminosa en medio de la persecución. Hay personas que parecen tener una vocación de mártires. Ellos nacieron con esa vocación y se gozan cuando son perseguidos y atacados. ¿Saben por qué? Porque eso les da una razón para vivir. Eso parece increíble, pero es verdad. Ellos se gozan porque, de un modo u otro, están llamando la atención sobre ellos mismos. Hay otros que se sienten superiores a los demás cuando son perseguidos. "Me persiguen porque saben que soy mejor que ellos." Hermanos, eso es fariseísmo. Eso es fariseísmo. Los cristianos no deben pensar así. Más bien, debieran lamentar que estas cosas pasen. Martin Lloyd Jones comenta al respecto: "La persecución es algo que el cristiano siempre debería lamentar. Debería causarle dolor que hombres y mujeres, a causa del pecado y de estar bajo el dominio de Satanás, se conduzcan en una forma tan humana y mal, tan inhumana y maligna. El cristiano es, en un sentido, alguien que debe sentirse, le destrozar el corazón al ver el efecto que el pecado causa en otros hasta el punto de hacer que se comporten así." Por esto, nunca se alegra por el hecho de la persecución en sí misma.
Y hermanos, si vemos la persecución bajo esa óptica, nos libraremos de la autoconmiseración. Nos liberaremos de la autoconmiseración. En vez de decir: "Ay de mí", diremos: "Ay de ellos que me persiguen." Esa es la forma como debe reaccionar un cristiano. Fue así como reaccionó el Señor Jesucristo. Los versículos 27 al 31 se nos dice que el Señor iba cargando su cruz, y unas mujeres comenzaron a lamentar y a llorar. ¿Y qué les dijo Cristo? "Mujeres de Jerusalén, no lloréis por mí; llorad por vosotras mismas y por vuestros hijos." Porque si en el árbol verde hacen esas cosas, ¿qué no harán en el seco? No, mujeres de Jerusalén, no es por mí que deben de orar. Lloren por ustedes, lloren por ustedes.
Pero aún queda una incógnita por resolver. Si no debemos gozarnos por la persecución en sí, ¿por qué debemos alegrarnos en medio de la persecución? Hay varias razones. En primer lugar, porque esa persecución nos afianza en nuestra convicción de que somos hijos de Dios. Porque esa persecución nos afianza en nuestra convicción. Si estamos siendo perseguidos por ser piadosos, por ser cristianos, de que somos hijos de Dios. El Señor nos dice en el versículo 10 que si somos perseguidos por causa de la justicia, eso está demostrando que somos ciudadanos del reino de los cielos. "Bienaventurados los que padecen persecución por causa de la justicia, porque de ellos es el reino de los cielos." Si nos persiguen por causa de nuestra piedad, nos están diciendo que nos consideran cristianos, y eso debe ser un motivo de gozo para nosotros. Eso quiere decir, hermanos, que pertenecemos a esa compañía de santos que a lo largo de la historia sellaron con sangre el testimonio de su fe. "Gozaos y alegraos", dice el Señor, "no solo porque vuestro galardón es grande, sino también porque así persiguieron a los profetas que fueron antes que vosotros." Esa persecución es una especie de señal que nos dice que todavía no nos hemos salido de la ruta. Vamos por buen camino. Fue por esa misma vía que transitaron todos aquellos santos del pasado que ahora se encuentran en los cielos. Pero sobre todo, estás transitando el mismo camino de nuestro Señor Jesucristo. Él fue coronado primero de espinas para entonces recibir la corona de gloria. No esperes recibir la corona de gloria primero sin haber pasado por las espinas. Eso no puede ser. Identificarnos con él ahora en el sufrimiento afianza nuestros corazones en la seguridad de que luego nos identificaremos con él en su gloriosa venida. Ese es el mismo argumento que usa Pedro en su primera carta: "gozaos por cuanto sois participantes de los padecimientos de Cristo, para que también en la revelación de su gloria os gocéis con gran alegría." Hermanos, ¿qué es lo que nos hace cristianos? Es nuestra identificación con Cristo. El cristiano no sigue simplemente una doctrina, él sigue una persona. Él sigue una persona. No podemos esperar entonces que vamos hacia el lugar donde está esa persona si decidimos tomar, si decidimos tomar un atajo para evitar las dificultades. Dice el apóstol Pablo en Hechos: "Es necesario, es necesario que a través de muchas tribulaciones entremos en el reino de Dios." No existe otra vía. Así fue con Cristo, y así ha de ser con nosotros.
De hecho, hermanos, esa es nuestra honra. Esa es nuestra honra, que se nos permita poner el pie donde Cristo pisó primero. Eso es una honra. Gózate y alégrate.
Por otra parte, en segundo lugar, las persecuciones son un motivo de gozo y alegría porque nos brindan una excelente oportunidad, una excelente oportunidad para mostrar al mundo inconverso el poder del Evangelio. Las persecuciones nos brindan un excelente oportunidad para mostrar al mundo el poder del Evangelio. No existe un testimonio más poderoso ni más convincente que el que dan los cristianos cuando se comportan como cristianos, cuando son maltratados. No hay argumentos que valgan contra ese testimonio. Y en esto, una vez más, Cristo es nuestro ejemplo. Primera de Pedro capítulo 2, versículos 21 al 23: "Pues para esto fuisteis llamados; porque también Cristo padeció por nosotros, dejándonos ejemplo para que sigáis sus pisadas; el cual no hizo pecado, ni se halló engaño en su boca; quien cuando le maldecían, no respondía con maldición; cuando padecía, no amenazaba, sino encomendaba la causa al que juzga justamente."
Hermana, cuando tu esposo inconverso te ataca por causa de tu fe, gózate y alégrate porque te está poniendo en bandeja de plata una oportunidad única de hacerle ver cuán poderosa es la gracia de Dios en ti, que te capacita para responder con mansedumbre en medio de sus maltratos, que puedes devolver bien por mal. De hecho, ese es el contexto de primera de Pedro capítulo 3, versículos 1 al 4: "Así mismo, vosotras, mujeres, estad sujetas a vuestros maridos, para que también los que no creen a la palabra sean ganados sin palabra por la conducta de sus esposas, considerando vuestra conducta casta y respetuosa. Vuestro atavío no sea el externo, de peinados ostentosos, de adornos de oro, de vestidos lujosos, sino el interno, el del corazón, el incorruptible ornato de un espíritu afable y apacible, que es de grande estima delante de Dios." Hermana, esta es nuestra arma secreta, un arma que solo los cristianos pueden usar. "Si tu enemigo tuviere hambre", dice Pablo, "dale de comer; si tuviere sed, dale de beber; pues haciendo esto, ascuas de fuego amontonarás sobre su cabeza." Eso es una presión insoportable. El apóstol está diciendo, hermanos, ese es el mejor método para quebrantarlos, para demostrarles que tú tienes algo que ellos no tienen. "Ah, pastor, que usted no conoce a mi marido. Si yo hago eso, se me sube encima. Yo tengo que defenderme porque si no, es peor." Hermana, no somos más sabios que Dios. El único sistema de defensa personal que puede usar un cristiano es el que recomienda el Espíritu Santo en este texto: "No seas vencido de lo malo, vence con el bien al mal." En otras palabras, no te dejes arrastrar por las mediocridades de ellos. No desciendas a su nivel. Compórtate como un hijo de Dios. Te están atacando, torna ese ataque en un instrumento para glorificar a Dios y verás cómo comenzarás a experimentar el gozo del que habla Cristo en las bienaventuranzas.
Por otra parte, debemos gozarnos en medio de la persecución porque esto pule nuestro carácter cristiano. Debemos gozarnos en medio de la persecución porque eso pule nuestro carácter cristiano. ¿Cuál se supone que debe ser el anhelo primario de un creyente? ¿Cuál? Ser como Cristo. Ser como Cristo. Amigo que estás aquí en esta mañana, y tú que dices ser creyente, si ese no es tu anhelo primario, si lo que buscas en tu vida es ser feliz, no solo serás defraudado, sino que lamento decirte que tú no conoces a Cristo. Tú no conoces a Cristo. Los cristianos desean ser como Cristo. A veces son seducidos por el mundo, eso es verdad, y pierden el norte momentáneamente, pero ese es el anhelo que subyace en el cristiano verdadero. Y si ese es tu anhelo, hermano, hermana, gózate en medio de la persecución, porque pocas cosas contribuyen a forjar el carácter de Cristo en la vida de un cristiano que la persecución. Pocas cosas.
Noten lo que dice Santiago: "Hermanos míos, tener por sumo gozo cuando os halléis en diversas pruebas, sabiendo que..." No es por la prueba en sí misma, es por el fruto que vendrá después de la prueba, "sabiendo que la prueba de vuestra fe produce paciencia." Y es lo mismo que dice el apóstol Pedro en primera de Pedro capítulo 5, versículos 8 al 10: "Sed sobrios, y velad; porque vuestro adversario el diablo, como león rugiente, anda alrededor buscando a quien devorar; al cual resistid firmes en la fe, sabiendo que los mismos padecimientos se van cumpliendo en vuestros hermanos en todo el mundo. Mas el Dios de toda gracia, que nos llamó a su gloria eterna en Jesucristo, después que hayáis padecido un poco de tiempo, él mismo os perfeccione, afirme, fortalezca y establezca." Pero todo eso, después que hayáis padecido un poco de tiempo.
Y por último, en cuarto lugar, debemos gozarnos en medio de la persecución porque esos ataques despegan nuestros corazones de este mundo. Debemos gozarnos por la persecución porque esos ataques despegan nuestros corazones de este mundo. Cada vez que el mundo nos persigue, nos está recordando que no pertenecemos a él, que somos extranjeros y peregrinos, que nuestro verdadero descanso se encuentra en otro lugar. "Bienaventurados sois", "gozaos y alegraos", dice Cristo, "porque vuestro galardón, hermanos y hermanas, es grande en los cielos." En los cielos. No esperemos galardones aquí, porque este no es nuestro hogar. Descansaremos finalmente cuando lleguemos a casa. Gózate, hermano, porque las persecuciones nos hacen aferrarnos más a nuestra esperanza, a nuestra esperanza. Imagínense si teniendo tantas dificultades en esta vida y tantos problemas, aún así, en ocasiones, el mundo atrapa nuestro corazón. ¿Qué sería si viviéramos sin dificultades? Si teniendo tanto lío en este mundo, no este mundo atrapa nuestro corazón a veces, ¿qué sería de nuestra piedad si no tuviéramos dificultades? Como dice el apóstol Pablo, este mundo fue sujetado a vanidad por causa de aquel que la sujetó en esperanza. Dios hizo que este mundo no fuera un paraíso para que nosotros deseemos la Jerusalén celestial.
Unas breves palabras para terminar. Hemos visto ya los tipos de persecuciones que sufren usualmente los cristianos y la forma en que deben reaccionar a ellas. Debemos gozarnos y alegrarnos. Pero hay una enseñanza implícita en estos textos que no debemos pasar por alto, y es esta: ese gozo no vendrá sin esfuerzo de parte nuestra. Hermano, esto es importante. Cristo dice: "Gozaos y alegraos, porque vuestro galardón es grande en los cielos." En otras palabras, hay una razón. Dice Cristo, o más bien, hay varias razones que nos deben llevar a gozarnos y alegrarnos. ¿Qué debes hacer, hermano, en medio de la persecución? Considera esas razones, medita en ellas. No te quedes mirando las dificultades. Pon tus ojos más allá. Mira las bendiciones que vendrán a tu vida y a la vida de otros por esas persecuciones. Santiago dice: "Tened por sumo gozo cuando os halléis en diversas pruebas, sabiendo que..." Sabiendo que hay una razón. Hay una razón. Pero sobre todo, hermanos, contemplen lo todo a la luz de la eternidad. Contemplen lo todo a la luz de la eternidad. Ese fue el secreto de los héroes de la fe de quien nos habla el autor de Hebreos en Hebreos capítulo 11. Vivieron con la conciencia de que no tenían aquí una ciudad permanente. Esa es la gran diferencia entre los cristianos y los no cristianos. Como alguien ha dicho, el no cristiano hace todo lo posible por no pensar en el mundo venidero, todo lo posible. No quiere que le hablen de la muerte, y ese es la raíz de la fan que tienen por placeres. Pero el cristiano, dice este autor, es alguien que piensa mucho acerca de estas cosas y les dedica tiempo. Cristo sufrió la cruz por el gozo puesto delante de él, por el gozo puesto delante de él. Sus ojos no miraban a la cruz, sino los frutos que vendrían después de su. Hermanos, que Dios nos ayude a despegar nuestros ojos de estas cosas presentes y que podamos ver las cosas que no se ven. Entonces, y solo entonces, podremos experimentar el gozo y la alegría de la que habla Cristo en la última bienaventuranza.
Vamos a orar. Bendito Señor y Dios nuestro, Jehová de los ejércitos es tu nombre, dice tu palabra, que los leoncillos gimen y tienen hambre, pero los que esperan en ti no serán avergonzados. El mundo pretende avergonzarnos, oh Dios, por causa de nuestra fe. Nos hace sentir como bichos raros porque creemos en Cristo. Nos hacen creer que somos tontos. Oh Señor, el día del juicio final, nosotros veremos quiénes realmente fueron los tontos. Ayúdanos, oh Padre, a tener una perspectiva correcta de las cosas para que tornemos las persecuciones en instrumentos de tu gloria. Señor, sé con tu iglesia. Mira que aquí hay hermanos y hermanas que en este momento están pagando un precio por su fe, a través de jefes molestosos, a través de cónyuges inconversos, a través de hijos y familiares impíos, de padres inconversos. Oh Señor y Dios nuestro, permite que estas palabras que han sido predicadas hoy puedan ser un motivo de gozo y de alegría para ellos y de consuelo, para que ellos tengan armas y sepan, saber cómo luchar y cómo trabajar con sus corazones en medio de las dificultades. Padre, ayúdanos a comportarnos como cristianos en medio de la persecución. Te lo suplicamos en el nombre de Cristo Jesús. Amén.