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✅ La historia de CHINA en 15 minutos | Resumen rápido y fácil

Memorias de Pez14:12

Transcription

Hoy en Memorias de pez vamos a hablar de una de las civilizaciones más antiguas del mundo, de un lugar que ha pasado por muchísimos acontecimientos históricos y que es uno de los países más importantes en la actualidad. Sí, amigos, hoy os contaremos la historia del enorme gigante que está disputando la hegemonía del planeta: Estados Unidos. Hoy en Memorias de pez, la historia de China.

Vamos a ir muy atrás en el tiempo para poder empezar este vídeo, ya que junto con Egipto, Mesopotamia e India, China forma parte de las cuatro civilizaciones más antiguas del mundo. Y es que parece que la primera dinastía de la China antigua pudo surgir alrededor del 2070 antes de Cristo. Aunque más que una dinastía, fue un conjunto de clanes que vivían alrededor del Río Amarillo. Esta se llamaba la dinastía Xia, y lo cierto es que a día de hoy aún se duda de su existencia, pudiendo ser simplemente una dinastía legendaria. Es lo que hay cuando nos vamos tantos años atrás, que resulta difícil saber lo que sucedió.

La dinastía que sí sabemos existió a posteriori fue la dinastía Shang, alrededor del 1600 antes de Cristo. Una civilización que subsistió gracias a la agricultura, la caza y la ganadería, y que acabó por montar una especie de sistema feudal. Al igual que en Egipto, las estepas y desiertos circundantes limitaban los contactos exteriores, así que la cultura china primigenia pudo desarrollarse sin apenas influencias.

La tercera dinastía que llegó al poder fue la Zhou, a partir del año 1046 antes de Cristo. Y esta es muy importante, ya que durante este periodo se desarrollaron las filosofías tradicionales chinas: el confucianismo y el taoísmo. También se dio una explosión artística que se manifestó en la construcción de templos, vamos, algo que sucedía también en las otras civilizaciones del mundo.

Tras un periodo conocido como la Primavera y el Otoño, que fue bastante sangriento a pesar de lo bonito que suena, y otro llamado El de los Reinos Combatientes, China quedó desintegrada en un montón de estados independientes. Uno de ellos dominado por la dinastía Qin. Pues resulta que durante los Reinos Combatientes, 221 antes de Cristo, los Qin conquistaron todos los estados en una lucha ferocísima y unificaron China por primera vez en su historia en un imperio. Este imperio, con múltiples idas y venidas de distintas dinastías, llegaría a durar más de 2.000 años. ¡Casi nada!

Pues con los Qin, que no duraron mucho, se realizaron enormes proyectos de construcción como fue el inicio de la Gran Muralla o el ejército de terracota. Estos tíos, que usaban mano de obra explotada, para qué se la estuvieron que ver con un líder campesino llamado Liu Bang, el cual les derrocó y acabó por fundar una nueva dinastía: la dinastía Han.

Y los Han, sí que duraron bastante, unos 400 años aproximadamente. Esta dinastía fue conocida por un hito fundamental: iniciar la ruta comercial hacia occidente con la Ruta de la Seda. En su inicio, los Han permitieron más libertades que los Qin y además se bajaron los impuestos, así que la población pudo expandirse y crecer hasta más de 50 millones de personas. No obstante, también se generó un sistema burocrático que acabó por explotarle en la cara a los emperadores y en el año 9, un funcionario llamado Wang Mang consiguió dar un golpe de estado y establecer otra dinastía que duró 14 años. Eso sí, los Han volvieron al poder y se cargaron al usurpador.

Aunque los siglos siguientes no serían tan estables como los de la primera fase de reinado Han. Por esta época, por cierto, también se introdujo el budismo en China gracias a la ya mencionada Ruta de la Seda. Pero todo se acaba y la dinastía Han también, tras una serie de levantamientos populares que coincidieron además con catástrofes naturales como las crecidas del Río Amarillo. El Imperio se dividió entre los tres líderes regionales: Cao Cao, Liu Bei y Sun Quan, y cada uno controlaba distintas regiones. Así llegamos a un momento crucial en la historia de China que ha sido narrado en numerosos libros y películas: Los Tres Reinos.

Tras la epiquísima Batalla de los Acantilados Rojos en el 208, Cao Cao murió y se monta un Cristo del copón en el que los tres reinos se dieron de leches y se aliaron entre sí para pegar. Todo esto se resolvió con la aparición de Sima Yi, el clan de los Sima, afines a los Cao, un tipo que logró conquistar todos los reinos y volver a unificar China momentáneamente bajo la Nueva Dinastía Jin. Sin embargo, esto no duró mucho, ya que a partir del siglo III, las regiones de la zona del norte de China comenzaron a independizarse en un montón de tribus que no dejaron de darse de piñas entre sí. Por su parte, en el sureste, los Jin mantenían lo que se conocía como el Imperio Jin del Este hasta que fueron derrocados por otra nueva dinastía en el año 420: la dinastía Liu Song.

Parece que estos chinos no paraban y la cosa se iba a poner aún más complicada. Los siguientes 200 años son un lío de narices, un montón de conquistas para un lado y para el otro que llevarían finalmente la llegada de los Sui, que acabaron por unificar otra vez toda China. El clan dinástico gobernó 39 años y su gobierno fue similar al de la primera dinastía imperial: gobiernos duros con grandes proyectos de construcción como el Gran Canal de China o la reconstrucción de la Gran Muralla, y que terminaron en una rebelión.

Y al igual que sucedió en el pasado con los Han, la rebelión que se comieron los Sui acabó con su reinado. Es curioso que se repitiera este ciclo tantos años después: un periodo de caos, un reinado corto y brutal, y finalmente un reinado largo y próspero que se daría tras una revolución. Pero esta vez sería la dinastía Tang, liderada por Li Yuan, la que llegaría al poder en el 618. Esta dinastía llevó a China a un punto culminante de su civilización y una época dorada de la cultura cosmopolita. Además, el budismo se convirtió en una influencia importantísima en la primera fase de la dinastía, aunque al final de la dinastía los Tang se convirtieron en intolerantes con religiones extranjeras.

Este periodo Tang solo estuvo interrumpido por el reinado pasajero de la Emperatriz Wu Zetian, que fue la única monarca soberana en toda la historia de China. ¡Ojito a ese dato! No obstante, tras este periodo de prosperidad llegó una fase llena de guerras civiles y ataques de otros imperios. Al igual que sucedió en el pasado y sucedería en el futuro, los Tang también tuvieron que hacer frente a los invasores que venían desde las estepas del norte. Por si fuera poco, también acaecieron un montón de desastres naturales que llevaron a largas hambrunas y tras una rebelión conocida como la Rebelión de Huang Chao en el 874, las capitales imperiales fueron capturadas. Años más tarde, un militar mataría al último emperador Tang y fundaría su propia dinastía: la dinastía Liang.

Así que otra vez China volvía a estar dividida en un montón de reinos y evidentemente, todos estos reinos se volvieron a dar de palos y se formó otro lío del copón. Este periodo se conoce como el de las Cinco Dinastías del Norte y los Diez Reinos del Sur. Ya con este nombre os podéis imaginar el panorama.

Y cómo acabaría todo este embrollo, pues con la llegada al poder de la dinastía Song, una dinastía durante la cual se desarrolló mucho el comercio y se generalizó el uso del dinero. Su mandato llevó una inmensa movilidad de personas que se fueron mudando a grandes ciudades. El reinado de esta dinastía hasta el 1279 fue generalmente próspero y la economía logró mantenerse. Además de que por primera vez se estableció una armada permanente. También se consiguieron importantes logros tecnológicos como la invención de la pólvora o de la impresión en madera.

No obstante, a la dinastía le llegó el ocaso con la victoria militar de los mongoles y China fue conquistada por primera vez por invasores extranjeros. Así, los emperadores mongoles de la que sería la dinastía Yuan, fundada por el nieto de Gengis Khan, tuvieron que gobernar una sociedad muy distinta a la suya. Como era de esperar, la situación se volvió muy inestable y esto fue agravado por otras inundaciones del Río Amarillo que provocaron, como no, hambrunas. Ah, y no nos olvidemos de que la peste también llegó a China. Así que, repitiendo el bucle eterno que se daba en China, de la estabilidad se pasó a la inestabilidad y numerosas rebeliones sucedieron en los años del gobierno mongol.

En el año 1368, un líder rebelde funda la dinastía Ming y logra expulsar con éxito a los mongoles. Este tipo, conocido como Hongwu, moriría a los 71 años y se cometería la bestialidad de que murieran docenas de concubinas para enterrarlas con él, tras su funeral, para que veáis lo bestia que era esa gente por aquellos tiempos. Bajo la dinastía Ming se vivió una era de gobierno disciplinado a la vez que de estabilidad social y se construyó una vastísima flota que llegó a ser de las más fuertes del mundo. Además, se siguió ampliando el Gran Canal y también la Muralla China, y se fundó la Ciudad Prohibida en Pekín.

Y, ¿adivináis qué pasó a continuación? Pues sí, crisis políticas, hambrunas y rebeliones. Y como no, la aparición de otra dinastía, pero esta va a ser especial, ya que será la última dinastía del imperio chino. Así que prestad atención. Fue Nurhaci quien se declaró emperador y derrocó a los Ming. La dinastía que se fundaría tras él en el 1644 sería la de los Qing, una dinastía de origen manchú, vamos, de Manchuria. Con ellos, el aumento de la población de China sería enorme, de unos 130 a unos 400 millones de habitantes. Gran parte del mapa actual chino se forjó durante esta dinastía y con los emperadores Kangxi y Qianlong se produjo una época de esplendor de 135 años.

Durante los 300 años de gobierno Qing también se darían numerosos enfrentamientos con otras potencias, como la Guerra del Opio, que enfrentó a Reino Unido y a China entre el 1839 y el 1842. Con la Segunda Guerra del Opio en el 1856, las potencias occidentales obligaron a China a reformarse y como resultado de estos procesos, Reino Unido consiguió la soberanía sobre Hong Kong. Por otra parte, la rivalidad con Japón por el control de Corea derivaría en la Guerra Sino-Japonesa del 1894, en la que China perdería y tendría que firmar el Tratado de Shimonoseki, reconociendo la independencia de Corea y cediendo Taiwán a Japón.

Tras la muerte de la Emperatriz viuda Cixi en 1908, el descontento del país era desmesurado y así, el 10 de octubre de 1911, se produciría un levantamiento que acabaría con el derrocamiento definitivo del último emperador Qing, Puyi. En 1912, la Revolución liderada por Sun Yat-sen llevaría la proclamación de la República de China y el partido del gobierno, el Kuomintang, que estaba fundado por el propio Yat-sen, tendría que enfrentarse a dos problemas para estabilizar la situación: por un lado, la presión comunista y por otro, la lucha contra el imperialismo japonés.

Empecemos por lo primero. El dirigente chino Chiang Kai-shek tenía la larga tarea de acabar con los señores de la guerra que dominaban amplias zonas de China y hacia allí partió con todo su ejército. Este momento fue aprovechado por los comunistas para intentar tomar el poder. Sin embargo, la cosa no le salió muy bien y los nacionalistas, liderados por Chiang Kai-shek, contraatacaron, dando comienzo a la Guerra Civil China. Los comunistas, entre los que empezaba a destacar un joven líder llamado Mao Zedong, fueron casi derrotados, pero la guerra se detuvo, ya que nacionalistas y comunistas se tuvieron que unir para hacer frente a un enemigo común: Japón.

Perfecto. Esto último, China se las vería canutas en el 1931, momento en el que Japón conquistó Manchuria y estableció el estado títere de Manchukuo. Esto inició la Segunda Guerra Sino-Japonesa el 7 de julio de 1937, un conflicto muy chungo con frentes extremadamente cruentos que sirvieron de antesala a la Segunda Guerra Mundial. Tras el ataque a Pearl Harbor en 1941, la guerra se fundió en el gran conflicto conocido como la Guerra del Pacífico y una vez finalizada la Segunda Guerra Mundial, todos los territorios que Japón se anexionó fueron restaurados otra vez para China.

Tras la guerra, cuando parecía que la cosa se iba a estabilizar y la República de China del Kuomintang iba a lograr permanecer en el gobierno, la cosa se puso gris, o más bien roja, ya que la Guerra Civil China entre nacionalistas y comunistas se reanudó en el 1947. Pero para entonces, los comunistas se habían rearmado y eran muchísimos más, así que batalla tras batalla, los comunistas ganaron la guerra y tomaron toda la China continental. El Kuomintang, el ejército y sus simpatizantes se exiliaron en Taiwán, donde confiaron en poder conquistar en algún momento las tierras en el continente de nuevo, pero esta situación no se dio nunca y los nacionalistas se quedaron en Taiwán, constituyendo de facto un país independiente cuya seguridad aún está garantizada por Estados Unidos.

Mientras tanto, en el continente, se inició el periodo de la República Popular China, liderada por el archiconocido Mao Zedong. Durante su mandato, Mao estableció el comunismo como ideología oficial y lanzó diversas campañas de reforma social y política como la Gran Marcha, la Revolución Cultural y el Gran Salto Adelante. Estas campañas tuvieron un enorme impacto en China, pero también causaron problemas económicos y sociales, incluyendo hambrunas, persecuciones políticas y violencia. A pesar de esto, Mao sigue siendo considerado un héroe por muchos chinos debido a su papel en la liberación del país del imperialismo y el feudalismo y en la construcción de la China moderna.

Después de la muerte de Mao en 1976, un grupo liderado por Deng Xiaoping asumió el poder en China y comenzó un proceso de reforma económica y apertura al mundo exterior. Esta política, conocida como "reforma y apertura", permitió a China transformarse de una economía planificada y cerrada a una economía de mercado abierta. Durante las décadas siguientes, China experimentó un rápido crecimiento económico, aunque al mismo tiempo mantuvo su sistema político comunista y el control del Partido Comunista sobre la sociedad.

En las últimas décadas, China ha seguido fortaleciendo su presencia en el mundo, expandiendo su influencia a nivel global y postulándose como una de las primeras potencias del mundo. También ha sido objeto de tensiones comerciales y políticas con otros países, especialmente con los Estados Unidos. Y como bien sabéis, fue el escenario inicial de uno de los episodios históricos más relevantes de la historia de la humanidad hace nada más y nada menos que dos añitos: la crisis del coronavirus.

Como veis, es un país con una historia complejísima y parece que hacen falta cientos de vídeos para poder entender bien lo que haya ocurrido. Pero bueno, hasta aquí hemos llegado por hoy. Si os ha gustado, ya sabéis que podéis darle a like, suscribiros y si os gusta la economía, seguid Memorias de Tiburón, mi otro canal donde hablo bastante, bastante de China. Por lo demás, un saludo y hasta la próxima.