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Tema 16: Cómo dejarse guiar por Espíritu | EVANGELIZAR ES TAREA DE TODOS | CPT

Padre José Carmen González44:59

Transcription

Listos para iniciar. Perfecto. Pues si se escucha bien y se ve bien, vamos a comenzar con el canto para nuestra catequesis del día de hoy. La última parte donde nos quedamos fue cómo dejarse guiar por el espíritu. Dejarse guiar por el espíritu es la catequesis que hoy vamos a compartir. Ya iniciado ahora este [Música] in este tiempo del Adviento con el canto, pues, y con la oración, nos disponemos a iniciar nuestra nuestra catequesis. [Música]

Sentir tu presencia, consolador de mi alma, cautivada por tu gracia, te necesito, espíritu de amor. Amadas, hoy no falta nada. Como el viento que sopla, infundes el amor. Oh Santo Espíritu de Dios, en nombre de aquel que se [Música] entregó. Ven y sopla, que tu fuego sea vive en mi corazón. Sopla, ven y sopla, que tu brisa llegue hasta mi interior. Sopla, ven y [Música] sopla, ilumina y trae paz a mi corazón. Sopla, ven y [Música] sopla, trae descanso y lléname de amor. Trae descanso y lléname de [Música] amor.

Recuerda, la vida es única y vale la pena [Música] vivirla. Y decimos juntos: Ven, Espíritu Santo, corazones de tus fieles y enciende en ellos el fuego de tu amor. Envía, Señor, tu espíritu, que renueve la faz de la tierra. Oh Dios, que llenaste los corazones de tus fieles con la luz del Espíritu Santo, concédenos que, guiados por el mismo espíritu, sintamos con rectitud y gocemos siempre de tu consuelo. Por Jesucristo nuestro Señor. Amén. En el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.

Como les decía, el día de hoy vamos a reflexionar en nuestra catequesis, última de este año, de este año sería la última de nuestras catequesis. Vamos a reflexionar en torno a cómo dejarnos guiar por el espíritu. De esto hablábamos y reflexionamos la última vez, habíamos iniciado con ello. Ahora vamos a comenzar con esta parte y quiero, por principio de cuentas, traer a colación la expresión del padre Antonio Chevrier, fundador de los Sacerdotes del Prado, diciendo: "Dios mío, dame tu espíritu". Es la oración que debemos hacer continuamente, dice el padre Antonio Chevrier. "Dios mío, dame tu espíritu". Esta oración es a la que yo quisiera invitarlos también el día de hoy, que fuera nuestra oración constante. Dios mío, Dios mío, dame tu espíritu.

Reconocemos que dejarse guiar por el espíritu es tener fe, es dejarse formar, es hacer las obras de Dios y es dialogar. De aquí partimos precisamente en nuestra reflexión el día de hoy. Dejarnos guiar por el espíritu es tener fe, es dejarse formar, es hacer las obras de Dios y dialogar. Pero, ¿cómo pasar del conocimiento a la acción? ¿Es posible dejarse guiar por el espíritu? Y ahí aparece la respuesta. La respuesta es sí. Todos somos capaces de dejarnos guiar por el espíritu. Todos somos capaces de dejarnos guiar por el espíritu. Pero ahora, en esta catequesis, vamos a ver algunos pasitos precisamente que nos ayudan a descubrir cómo dejarnos guiar por el espíritu. Revisaremos algunas actitudes que todo discípulo y misionero, como lo somos nosotros y estamos llamados por el Señor, tendría que practicar para dejarse guiar por el espíritu. Y no solo los que somos discípulos y misioneros, sino también las comunidades, nuestras comunidades a las que pertenecemos. Cómo aprender a dejarnos guiar por el espíritu. Eso es básicamente lo que hoy quiero invitarlos para que reflexionemos.

Dejémonos guiar por el Espíritu Santo, porque esta es la oración que necesitamos. Pero esta oración requiere de parte nuestra también unas actitudes, es decir, unas disposiciones interiores para dejarnos guiar por el Espíritu Santo. Y la primera de ellas, indudablemente, es esta: ser dócil. No podemos dejarnos guiar por el espíritu si queremos hacer nuestra santa voluntad. No podemos dejarnos guiar por el espíritu si queremos hacer nuestra santa voluntad. Necesitamos aprender a ser dóciles. Ser dócil es abrir la puerta al Espíritu, es dejar que tome posesión en tu vida y realice su obra en ti. Es decir, como María en el evangelio de Lucas: "Hágase en mí". "Hágase en mí". Eso es lo que nosotros necesitamos para comenzar a dejarnos guiar por el espíritu: ser dóciles. La docilidad, la disposición de María cuando le dijo al ángel, al enviado de Dios: "Hágase en mí según tu palabra, según lo que me has dicho". Ser dócil es tener la confianza que en Dios todo es bueno y que todo lo hace por tu bien. Ser dócil implicará entonces confiarnos en Dios, creerle a Dios, saber que él es infinitamente más sabio y perfecto en sus decisiones que nuestros propios deseos o caprichos. Cuando somos dóciles, entonces dejamos actuar al Espíritu. Ser dócil es tener la confianza en que en Dios todo es bueno y que todo se realiza por tu bien. Realiza los cambios que te pide en tu vida con gusto y sin demora. Ahí se muestra la gracia y el don del espíritu cuando nosotros disponemos nuestra vida a la voluntad del Señor. Es porque comenzamos a ser dóciles a lo que él nos pide. Y esta docilidad implica indudablemente la capacidad de disponer nuestra vida para lo que el Señor quiere, poner nuestra vida para lo que Dios quiere. Necesitamos, por lo tanto, la actitud de la docilidad.

Y después de la docilidad, necesitamos la obediencia. Obedece, no discutas, haz lo que el Señor te pide, no tomes en cuenta tus limitaciones, ve adelante y cumple la tarea. Esfuérzate y sé valiente, como lo fue Jonás cuando lo enviaron a Nínive, aún después de que encontró una ballena en el camino, en medio de su resistencia. Porque también, como Jonás, podemos encontrar resistencia en nuestro interior o ver nuestras limitaciones o no tener el deseo de hacer la tarea que el Señor nos envía a realizar. Y entonces es ahí donde hay que ir adelante, cumplir la tarea, esforzarnos y ser valientes, tal como David le pedía a Salomón en la víspera de su muerte. Le decía eso a Salomón: "Sé valiente, cumple la voluntad del Señor, cumple tu palabra". Aprende a obedecer. Obedecer cumple la voluntad del Padre, aunque cueste. Dios sabe que a veces nos cuesta, pero ama el hecho de que seamos obedientes porque sabe que si hacemos lo que él nos dice, le amamos. La obediencia a Dios, pues, es un signo de amor. La obediencia a Dios, a pesar de que nos cueste, es un signo de amor. Quieres mostrar tu amor a Dios, obedéceme su mandamiento, obedece su voluntad, déjate guiar por el espíritu obedeciendo. No siempre es fácil. No siempre es fácil. Hay momentos en la vida donde parece que todo se nos junta, donde parece que todo se nos acumula, donde parece que nos cuesta el doble o el triple de lo que antes nos había costado. Obedece. Eh, yo pienso de repente en el cambio de parroquias y lo lo hablo solamente por el caso de los sacerdotes, el cambio de parroquia. Eh, de repente nos cuesta y nos cuesta mucho. Eh, obedece al Señor. El Señor no se equivoca y el Señor sabe que las mediaciones que existen por las cuales vamos descubriendo su voluntad pueden ser imperfectas, pero si confiamos en él, entonces la obediencia será fruto de la docilidad al Espíritu, de dejarnos guiar por el espíritu, aunque internamente nos estemos llamados a la obediencia, a la obediencia de la fe. Y esto no es un revelarnos, sino un descubrir la voluntad de Dios en el misterio. Actuar según el espíritu no es el esfuerzo de aceptar una regla externa, es la actitud del discípulo misionero que, inundado de amor en su corazón, se mueve a la obediencia. "Lo que tú quieras, Señor, lo que tú dispongas, Señor, a donde tú me envíes iré, a donde tú indiques marcharé". Obedientes al Señor. Esta es una experiencia difícil, muchas veces difícil, porque cada uno de nosotros enfrentamos situaciones de la vida donde descubrimos la voluntad de Dios y puede ser que nos cueste y que nos cueste mucho. Pero el Señor nos auxilia, el Señor nos fortalece. La obediencia, pues, es un signo de amor a Dios. La obediencia es un signo de amor a Dios. Muéstrale a Dios cuánto lo amas obedeciéndole.

La actitud que nosotros estamos llamados a vivir si queremos dejarnos guiar por el espíritu. La tercera es escuchar. Si ya hemos dicho de ser dócil, de obedecer, la tercera es escuchar. Desea solo escuchar lo que el espíritu dice para comprenderlo, para ponerlo en práctica. Escucha más y habla menos. Solo guardando silencio se escucha al otro, se comprende, se da el entendimiento. Es decir, es posible el verdadero diálogo, pero hay que saber escuchar. Hay que escuchar la voz del espíritu, hay que escuchar la voz de Dios en los acontecimientos que vamos viviendo, hay que escuchar la voz de Dios que constantemente se dirige a nosotros a través de su palabra, a través de la voz de un hermano, a través del magisterio, la enseñanza de la Iglesia, a través de la lectura espiritual que vamos encontrando y vamos haciendo en nuestra vida, a través de los acontecimientos que se nos presentan. Ahí Dios nos va hablando y entonces necesitamos aprender a guardar silencio. Por eso lo decía muy bien un sacerdote, el padre Amadeo Chenchini, un sacerdote italiano, que decía: "Por eso Dios nos dio dos oídos y una boca para escuchar más y hablar menos". Escuchar más y hablar menos. Y también eso implica para escuchar a Dios. Por eso hay un elemento fundamental en la oración, ahora que estamos reflexionando en torno a dejarnos guiar por el espíritu, en la oración, que es el silencio. La oración no es solo la réplica de peticiones que yo pueda tener a Dios. La oración, más bien, es la disposición del corazón, disponerse, obedecer, escuchar lo que Dios quiere. Por eso, para orar bien, necesitamos docilidad, necesitamos obediencia, necesitamos escucha. Escuchar a Dios. Escucha, escucha. A veces queremos, alebrestados, reactivamente contestar, decir, rebatir, argumentar. Escucha, escucha. ¿Cuántos problemas en la vida nos hubiéramos evitado si hubiéramos escuchado más, si hubiéramos escuchado mejor? Habítuate a guardar silencio y escuchar al otro, porque así podemos, podemos comprender. Lee el evangelio el tiempo que más puedas, conocerás ahí a Jesús y la voluntad del Padre en ti y en tu comunidad. Cuando lo hagas, ten la actitud de Samuel y dile: "Dile tú también: Habla, que tu siervo escucha". Así le decía el profeta Samuel a Dios, cuando aprendió del del sacerdote Elí a responderle a Dios: "Habla, que tu siervo escucha". Y eso hay que decirle constantemente al Señor: "Habla, habla, porque este tu siervo te escucha". Escucha la voz del Señor, escucha lo que Dios quiere de ti, escucha al Señor, escucha al Señor. Escuchar es la constante invitación del Padre a practicar lo que nos hace bien, a tener presente que él es nuestro Dios. "Escucha, Israel", es el mandamiento que el pueblo hebreo recibió. Escucha. Escuchar no solo para las personas, es también para la comunidad. Escucha la comunidad. Escuchar es hacer caso a lo que el espíritu dice, a lo que el espíritu dice. Las cartas que aparecen a las comunidades de las Iglesias en el libro del Apocalipsis van dirigidas precisamente a la capacidad de la comunidad de escuchar la voluntad de Dios, de escuchar lo que Dios quiere. Hoy, tal vez el Señor te está hablando en tu vida y se está dirigiendo a ti. Y si de repente dices: "Es que no escucho a Dios, es que no escucho lo que Dios quiere de mí", probablemente es porque no estás escuchando bien, probablemente es porque te resistes a lo que el Señor te pide. Escucha, escucha.

Tres actitudes, pues, que están marcadas como necesarias para dejarnos guiar por el espíritu: disposición, obediencia, escucha. Tercera: orar. Necesitamos orar y orar constantemente, como decía el padre Antonio Chevrier, invocar a Dios y decirle: "Dios mío, dame tu espíritu. Dios mío, dame tu espíritu". Orar es cultivar la amistad con Dios, cultivar nuestra relación con Dios, es frecuentarlo con gusto, pedirle consejo, contarle nuestros sueños, confiarle las alegrías y las preocupaciones, tal como haríamos con quien más nos gusta estar. Orar es aprender, desear y gustar la presencia de Dios en tu vida. Orar es encontrarte con tu Creador. Orar es abrir el corazón al que sabe lo que hay ahí. Orar es saber que eres amado, aceptado. Orar es agradecer lo que indignamente hemos recibido. Orar, pues, es amar. Ya lo decía el Papa Juan Pablo II: "El que no tiene tiempo para orar es porque no tiene tiempo para amar". Es decir, para estar con el amado, para estar con el amado. Se te dificulta orar, pídele a Jesús que te enseñe. Los discípulos lo hicieron en el evangelio y dijeron a Jesús: "Enséñanos a orar". Y Jesús les regaló la oración del Padre Nuestro. Jesús mismo es el ejemplo de oración. Hoy escuchábamos precisamente en la liturgia la palabra en el evangelio de la misa de hoy, como Jesús decía: "Te doy gracias, Padre, Señor del cielo y de la tierra, porque has ocultado estas cosas a los sabios y entendidos y las has revelado a la gente sencilla. Sí, Padre, así te ha parecido bien". Jesús se se presenta como el maestro de la oración, el que agradece la voluntad de Dios, Dios no el que reclama por qué haces las cosas así, sino Jesús que agradece el modo de actuar del Padre, Jesús que bendice y reconoce la acción del Padre, que es más perfecta que lo que nosotros pudiéramos decir. Jesús que se sostiene tomado de la mano del Padre y con el corazón puesto en en él. Quien ora constantemente tiene mayor facilidad y rapidez para ejecutar cualquier trabajo apostólico, cualquier tarea, cualquier encomienda, cualquier misión. Es más fácil realizarla cuando estamos unidos al Señor, cuando nuestra oración es más constante, cuando nuestro corazón le pertenece al Señor. Pide el espíritu y las obras serán el desbordamiento del amor que recibimos a través de la oración. De este modo, la oración, de este modo, la oración y la acción se reclaman mutuamente, porque claro, el que más ora, más trabaja. Por eso San Benito no se se equivocaba cuando en su regla para todos esos que se andan colgando medallitas de San Benito o andan colgando medallas de San Benito por todos lados, solo creyendo que es un tema de espantar los espíritus. En realidad, San Benito recuerda algo fundamental: "Ora et labora". Ora y trabaja. Pero el trabajo es el trabajo de la obra de Dios. Mientras más haces oración, el Señor mueve más tu corazón a la misión, a la tarea, porque contemplar a Dios, que es amor, nos mueve al amor, como diría Santa Teresa de Jesús. "El amor saca amor". El amor produce amor. Encontrarnos con el amor que es Dios produce en nuestra vida el amor a los demás. El amor saca amor. Sin oración no hay espíritu, no hay obras. Y si las hay, se reducen a simple asistencialismo, en actos que cansan y fatigan, en un activismo puro. El activismo por sí solo nos impide adorar a Dios en espíritu y en verdad, tal como lo dice el evangelista San Juan, donde Jesús dice: "Adorarán a Dios en espíritu y en verdad". Y adorar a Dios en espíritu y en verdad significa disponer nuestra vida hacia lo que él quiere. Por eso necesitamos, necesitamos aprender a orar. Y aprender a orar es obedecer, es disposición interna, es escucha de lo que Dios quiere. Recuerda, el discípulo misionero debe ser persona de oración y jamás debe abandonar a Dios por las obras de Dios. No podemos abandonar a Dios por las obras de Dios. No podemos abandonar a Dios por sus obras. Es a través del amor a Dios que nos ocupamos de las obras de Dios.

Quinta actitud para dejarnos guiar por el espíritu: caridad. Ante todo, la caridad, el amor, que es el fruto de la presencia de Dios en nuestra vida. El espíritu es amor y se expresa en la caridad, es decir, en el amor. De igual forma, sea amoroso contigo y con el prójimo. Déjate guiar únicamente por el amor. Déjate guiar por el amor. Déjate guiar por el espíritu, porque entonces lo que el espíritu va a sacar de ti es el amor que ha colocado ahí, es el amor. Experimenta lo más posible la alegría de contar con el amor de Dios, el amor que te regala el espíritu para luego compartirla con tus hermanos en todo momento, para que cada día ames más y más. Si tú te dejas guiar por el espíritu en tu vida, se va a notar esto de manera evidente. ¿Por qué? Porque eres más de amar, porque eres más capaz de perdonar, porque eres más capaz de acercarte a los demás, porque tu vida estará llena, rodeada, iluminada, inspirada por el espíritu, que es el fruto del amor del Padre y del Hijo. Que eso es el espíritu. El espíritu es este fruto del amor del Padre y del Hijo, que nos hace experimentar noos amados y capaces de amar. Este amor, pues, que te regala el espíritu, podrás compartirlo con tus hermanos en todo momento y así aprenderás a amar más y más y más. Hombres llenos de espíritu para ser hombres llenos de caridad, de modo tal que se pueda decir y afirmar como el apóstol Pablo lo dice: "Ya no soy yo quien vive, sino Cristo quien que vive en mí" (Gálatas 2:20). Ya no soy yo el que vive, es Cristo el que vive en mí. Es su espíritu el que me mueve, su espíritu el que me impulsa, su espíritu el que me guía, su espíritu el que me conduce y me conduce al amor, no a mis caprichos, no a mis deseos. Haz todo con amor y por amor a Dios. De otra forma, estás en el vacío. Ya lo dijo así el apóstol Pablo: "Si no tengo amor, nada soy". Amar es tener el Espíritu Santo, amar es ser hijo de Dios, amar es vivir de acuerdo con sus enseñanzas, de dentro y fuera de la comunidad a la que pertenecemos. Amar es dejarnos poseer por el espíritu, amar es dejarnos guiar por el espíritu. Entonces, el termómetro para saber que nos estamos dejando guiar por el espíritu es el amor. Si tu vida está llena de amor a los demás, de servicio, de de caridad, de solidaridad, de ayuda mutua, entonces estás lleno del espíritu. Si en ti todavía hay demasiada resistencia, demasiado dolor, si en tu vida todavía hay demasiado rencor, resentimientos, odio, apatía, quejas, entonces el espíritu no habita en ti. El espíritu no habita en ti. Déjate mover por el espíritu, que tu vida se deje guiar por el espíritu. De otra forma, mentiría el evangelista Juan, advierte que es falso el amor que podemos decir que le tenemos a Dios si no amamos a nuestros hermanos. Y entonces ahí nos nos daremos cuenta que no nos estamos dejando guiar por el espíritu, porque dejarnos guiar por el espíritu es amar.

Tengamos presente que el Espíritu Santo es el amor por esencia, porque el Espíritu Santo es Dios. El espíritu de Dios está en la caridad y quien no tiene caridad no se ha dejado mover por el espíritu. Quien no tiene caridad no se ha dejado mover por el espíritu. A mí me parece fundamental que llegada a nuestra última catequesis de este año, podamos decir que verdaderamente dejarnos guiar por el espíritu es amar como Dios quiere. Necesitamos entonces para dejarnos guiar por el espíritu estas actitudes: disponibilidad, obediencia, escucha, oración y caridad. Cinco elementos fundamentales que nos ayudan en nuestra vida a dejarnos guiar por el espíritu santo. Y cuando tú te dejas guiar por el espíritu, entonces entenderás que el fruto de ello es el amor, amar tal como lo decía el padre Antonio Chevrier, con el cual iniciaba la reflexión el día de hoy, que decir: "Dios mío, dame tu espíritu" tiene que ser nuestra oración constante. También el padre Antonio Chevrier decía: "Todo por amor, nada por obligación". Todo por amor, nada por obligación. Cuando nos dejamos mover por el espíritu, el espíritu nos inspira a tal grado que si lo que hacemos nos cansa físicamente, porque nuestro cuerpo resiente el cansancio, sin embargo, nuestro corazón no se desgasta porque está sostenido por la gracia del espíritu, sostenido por la fuerza del espíritu.

Ayúdenme a compartir la catequesis para todos los que llegaron después de que iniciamos la catequesis. Ayúdenme ahí en la parte de abajo, de donde están siguiendo la catequesis, aparece si pueden poner un un like, regálenme una manita así, un like. Y para todos los que están comentando, también pueden compartir la catequesis donde viene el icono que dice compartir. Póngale compartir y se despliega un banner que debe decir "Compartir ahora" y comparten ahora en Facebook esta catequesis para que les llegue a otros. Compártala también con sus grupos, con sus comunidades. Se los he dicho, compártala con su párroco, con los conocidos que tienen cerca y que ustedes ubican que estas catequesis les pueden ayudar. Tanto las que hemos realizado el día de hoy como las que hemos realizado a lo largo del año. Dejarnos guiar por el espíritu es lo que necesitamos. Por eso, en este año litúrgico que hemos iniciado este domingo pasado con el primer domingo del Adviento, vamos a estar leyendo el evangelio de Lucas los días domingo. Y se dice que el evangelio de Lucas es el evangelio del espíritu, porque a lo largo de todo el evangelio hay una presencia predominante, predominante del espíritu. El espíritu es el que viene sobre María cuando hay el anuncio del ángel y y María pregunta: "¿Cómo va a ser esto? ¿Por dónde?". Y la respuesta del ángel es: "El Espíritu Santo te cubrirá con su sombra". Hoy tendríamos que pedirle al Señor que su espíritu también nos cubra con esa sombra y nos haga caminar y nos haga caminar por donde él quiere. Que el espíritu nos dé la posibilidad de encontrarnos con el Señor, que el espíritu nos dé la posibilidad de ser dóciles, que el espíritu nos dé la posibilidad de ser capaces de obedecer lo que Dios quiere, que el espíritu nos mueva a escuchar lo que Dios quiere, que el espíritu nos lleve a la oración y que el espíritu haga producir en nuestra vida el amor, el amor que viene de Dios hacia mí y este amor que se comparte con los que están alrededor.

Por eso, yo quiero agradecerles y quiero agradecerles de todo corazón a quienes a lo largo de este año 2024 han estado presentes en estas catequesis para todos. Para mí, se los digo con todo, con toda alegría, es un momento muy valioso que a lo largo ya de estos casi cuatro años que llevamos compartiendo las catequesis para todos. Primero eran los días lunes y hace un año precisamente nos trasladamos al día martes en este 2024 ante el cambio de parroquia. Y que han sido para mí momentos de de mucha alegría de poder compartir con ustedes. Yo espero que sigan siendo espacios donde se nos llene el corazón del conocimiento del Señor, del amor al Señor y del deseo profundo de poner nuestra vida al servicio de Dios. Mi intención no es otra más que a los que están presentes les pueda ayudar la catequesis para comprometerse más con el Señor, a ser verdaderamente discípulos suyos, a dejarnos guiar por su espíritu, a conocerlo más en el amor y a compartirlo con quienes no lo conocen. Hay mucha gente que está a nuestro alrededor, mucha, mucha gente que está a nuestro alrededor que necesita a Dios y no lo sabe, que está buscando a Dios y aún no lo encuentra, que más bien Dios los está buscando a ellos y ellos todavía no se dejan encontrar por el Señor. Tú puedes ser un medio, un instrumento de Dios para esa tarea.

Quiero invitarlos también, además de agradecerles el compartir durante este año las catequesis, quiero invitarlos para que vivamos en este tiempo del Adviento la alegría de saber que el Señor viene constantemente a nuestra vida, que el Señor se acerca a nuestra vida, que el Señor nos mira con misericordia, que el Señor perdona nuestros pecados, que el Señor está cerca de nuestra vida, de nuestras familias. Y como les decía el domingo en la homilía, la homilía que comparto también en este espacio en Facebook y lo compartimos desde el canal de Yo soy Dragma, quiero decirles que aprendamos de esta oración, además de la que hoy veíamos: "Dame, Señor, tu espíritu", la oración: "Ven, Señor Jesús". Jesús, ven. Señor Jesús, que te necesitamos. Ven, Señor Jesús, que nuestra vida te añora. Ven, Señor Jesús. Y que constantemente nos acerquemos al Señor. Los invito, pues, para que me regalen ustedes el la posibilidad de hacer llegar esta catequesis a otros, a otros más. Gracias por todos sus comentarios. Eh, créanme que los voy leyendo a la par de que voy eh compartiendo la catequesis, voy leyendo sus comentarios aquí me aparecen. Y dejémonos guiar por el espíritu, dejémonos guiar por el Espíritu Santo, que es la fuente de inspiración para nosotros. Síguenos así en lo que compartimos en YouTube, lo que compartimos en Facebook, lo que compartimos en los grupos de de WhatsApp, eh los que están en el grupo de Telegram, también ayúdenos a compartir estos materiales. Todos los materiales que que les compartimos, compártanos con sus amigos, sus conocidos, con quienes trabajan con ustedes, con quienes colaboran. Ojalá les sea de provecho.

Quiero desearles antes de despedirme, quiero desearles unas eh un tiempo de Adviento muy fructífero, un tiempo de Adviento donde nuestro corazón lo abramos, lo dispongamos a la voluntad de Dios, conozcamos más al Señor, lo amemos más todavía y tengamos este deseo profundo de servirlo. Que sean unas muy felices fiestas las de Navidad, donde podamos encontrar en el espíritu el que nos guíe hacia donde el Señor quiere y poderlo compartir con aquellos que el Señor nos envía. Una bendecida noche para todos, unas muy felices fiestas. Ya les estaré enviando por mensajito eh cuándo reiniciamos la catequesis, pero creo que será ya por ahí de la segunda semana del mes de enero del próximo año, si Dios quiere. Y por ahí seguimos en contacto por los medios que tenemos. Los que vienen a la parroquia de Fátima, bueno, los que son de la parroquia de Fátima, aquí nos estaremos viendo todos estos días que tenemos nuestras celebraciones de Adviento y de Navidad. Los que esporádicamente vienen, con mucho gusto los recibimos por acá algún domingo que puedan venir, los espero también con mucho gusto para las celebraciones. Las estaré publicando también en mi Facebook las celebraciones que vamos a tener aquí en la parroquia de Adviento de Navidad. Eh, vamos a tener la contemplación del pesebre el viernes 20 de diciembre. Vamos a tener un momento de oración muy especial que se llama la contemplación del pesebre, donde los invito para que puedan traer su imagen del Niño Dios. Va a ser el viernes 20 de diciembre a las 7 de la tarde, su momento de oración a través de los cantos, de la reflexión, de la oración, que nos lleve a la profundización del misterio que vamos a celebrar. Están cordialmente invitados. Vamos a tener también las posadas, obviamente, de la 16 en adelante, las celebraciones de Navidad, de Año Nuevo y la Epifanía del Señor. Así pues, que el Señor me los bendiga. En el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. Amén. Gracias por acompañarme este año en estas catequesis para todos y les deseo unas felices fiestas de Navidad y un bendecido año 2025. Que Dios los bendiga a todos. Bonita noche. Gracias por acompañarnos en este tu espacio de formación, Catequesis para Todos. No te olvides de regalarnos un like y de compartirlo. Seguramente a más de alguno le podrá ayudar también. Recuerda, la vida es única y vale la pena vivirla con la mirada fija en Jesús. Nos vemos la próxima.