Transcription
Te han hecho creer que eres un receptor, que la realidad te sucede y tú solo puedes reaccionar, que eres una hoja en el viento. Pero, ¿y si eres el viento? ¿Crees que tus pensamientos son privados? ¿Que lo que temes en silencio se queda solo en tu mente? Es un error fundamental. Cada pulso de emoción, cada imagen que sostienes es una orden enviada a la sustancia del cosmos. Esto no es filosofía, es física.
El universo no es un vacío muerto, es un campo sensible. Etter esperando una instrucción clara. Mientras tú reaccionas al caos externo, otros en silencio imprimen sus intenciones en ese éter. Usan el compás para definir el plano y la escuadra para construirlo. Ellos no piden, ellos proyectan. El problema es que tú también estás proyectando, pero lo haces con los ojos vendados, energizando la misma prisión de la que intentas escapar.
Hay fuerzas invisibles influyendo sobre ti. Abre los ojos. Los hombres más poderosos de la historia saben algo sobre ti que ni siquiera tú sabes sobre ti mismo. No es un secreto político ni financiero, aunque los produce a ambos. Es un secreto sobre la naturaleza fundamental de la realidad y el poder que tiene sobre ella. Detrás de las puertas cerradas del grado 33 de la masonería, el nivel más alto del sistema del rito escocés, se practican rituales específicos que manipulan el magnetismo que gobierna tu vida. Este conocimiento no es un simple título de poder social, es un nivel de comprensión operativa de las leyes que sostienen la creación. Manley P. Hall, un erudito y filósofo canadiense, un iniciado de ese grado 33, compiló y sistematizó este cuerpo de conocimiento esotérico. En sus interpretaciones simbólicas reveló cómo este principio es el fundamento de toda manifestación.
El problema es que mientras la población general duda, ellos aplican este conocimiento. Mientras tú cuestionas los resultados, ellos manifiestan los suyos. La diferencia fundamental es que ellos conocen los rituales exactos, la ciencia operativa que transforma la atención humana en materia sólida. Y tú caminas con los ojos vendados.
Has heredado un campo magnético personal que según esta doctrina ya estaba programado incluso antes de que nacieras. Generaciones enteras han magnetizado el fracaso y la limitación porque simplemente no está en el interés de las estructuras de poder que las masas conozcan esta matemática oculta. Pero este secreto no pertenece a una sola organización. Es el mismo principio que yace detrás de las organizaciones iniciáticas más antiguas del mundo. Lo encontramos en los templos egipcios, en las hermandades pitagóricas y siglos después en las órdenes rosacruces y la masonería moderna. Todas estas escuelas compartían la misma convicción central, que la realidad tangible puede ser moldeada por fuerzas sutiles e invisibles y que el ser humano, al dominar la ciencia de estos principios, deja de ser una víctima de las circunstancias y se convierte en un creador consciente de su universo.
Llamemos a esta fuerza invisible magnetismo universal. Ahora, es crucial que entiendas que esto no se limita a la fuerza física que atrae los metales. Ese es solo reflejo más denso, el más bajo. El verdadero magnetismo es la sustancia que anima todos los reinos de la naturaleza. Es el vehículo de la voluntad creativa. Es el fluido solar, el aliento del gran arquitecto que permea el aire que respiras, la tierra que pisas y el cuerpo que habitas.
Para los antiguos hierofantes egipcios, cada partícula del cosmos vibraba en respuesta a un campo mayor. Manley P. Halló este campo como un éter viviente, una matriz invisible que es sensible a las frecuencias de la mente humana. Aquí está la clave de todo el sistema. Así como el hierro se mueve bajo la influencia de un imán físico, la materia del universo responde al patrón mental que el observador imprime sobre este océano de energía sutil. La conciencia y la materia están unidas por este vínculo secreto. El iniciado, por lo tanto, no aprende a pedir favores a dioses externos. Aprende a alinear sus pensamientos, sus emociones y sus intenciones para poder moldear esta sustancia.
Este concepto no es nuevo, simplemente ha sido enterrado. Los sacerdotes egipcios llamaban a esta energía el K. Los alquimistas medievales la nombraron Asot, el disolvente universal. Y los cabalistas se referían a ella como la luz astral. Los nombres cambian, pero el principio es idéntico. La tarea del iniciado, ya sea en un templo de Tebas o en una logia moderna, siempre fue la misma: purificar su campo interior hasta convertirlo en un canal translúcido para esta corriente universal.
En los grados más altos, el masón descubre que este magnetismo universal es el lenguaje a través del cual el arquitecto habla con la creación. Este magnetismo opera en tres planos interdependientes: el físico, el psíquico y el espiritual. En el plano físico se manifiesta como electricidad y vitalidad. En el plano psíquico como emoción e imaginación y en el espiritual como voluntad creativa pura. El ser humano existe exactamente en la intersección de estas tres corrientes. Eres el microcosmos que refleja el macrocosmo.
Cada pensamiento que tienes es una chispa eléctrica, un impulso enviado a la fábrica magnética del universo. Por sí solo es débil. Pero cuando ese pensamiento es cargado con emoción coherente, se convierte en una forma viva en el plano sutil. Y esa forma viva comienza a atraer circunstancias correspondientes en el plano material.
Este éter viviente no es caótico, no responde al azar ni a la suerte. Opera bajo leyes matemáticas exactas e impersonales. Sigue leyes de frecuencia, leyes de polaridad y leyes de resonancia. Y la ley principal, la que controla todo el mecanismo, es la herramienta que usas cada segundo de cada día, muy probablemente sin darte cuenta. La atención.
La atención es el conductor del magnetismo universal. Es el timón que dirige esa corriente de éter viviente. Los antiguos sabios lo expresaron de una forma muy simple: donde la mente descansa, el campo magnético se condensa. Aquello en lo que te enfocas es aquello que crece. Aquello que ignoras se marchita.
Aquí es donde debemos ser precisos. Si tu mente es el imán, tu sentimiento es la corriente eléctrica que lo alimenta. Un imán sin corriente no atrae nada. Un pensamiento sin emoción no manifiesta nada. La intensidad de tu emoción determina la velocidad y la fuerza de la atracción. Este es el significado del antiguo axioma hermético: Como es arriba, es abajo. Como es adentro, es afuera. Eres un microcosmos que refleja el macrocosmo. Tu mundo interior, la combinación de tus pensamientos y emociones sostenidos, proyecta la realidad que experimentas.
Debes entender que esta ley es completamente impersonal. El éter viviente no es caótico, pero tampoco es moral. No responde a la suerte, ni a tus peticiones verbales, ni al esfuerzo físico si este no está alineado. Opera bajo leyes matemáticas exactas de frecuencia y resonancia. El universo no te da lo que mereces en un sentido moral, te da un reflejo exacto de tu patrón vibratorio dominante. No responde a un pensamiento fugaz de riqueza que tienes por un minuto si pasas las siguientes 23 horas vibrando en la frecuencia del miedo a la escasez. La realidad que vives es el promedio de tu conciencia.
El campo magnético universal no juzga si tu enfoque es bueno o malo. Simplemente obedece. Repliega la materia para que coincida con el patrón que sostienes con constancia. Si sostienes un patrón de armonía, el campo te traerá armonía. Si sostienes un patrón de caos, el campo te traerá caos.
El iniciado de los grados superiores comprende que su primera y más importante tarea es convertirse en el maestro de su propia atención. La mayoría de las personas permiten que su atención sea secuestrada por estímulos externos. Las noticias, las opiniones de otros, los miedos del pasado. Su mente es un barco a la deriva y su magnetismo crea una realidad igualmente caótica. El adepto, en cambio, fija su atención deliberadamente. Usa su voluntad para mantener el foco en el resultado deseado, cargando esa imagen con la emoción de su realidad. Este es el verdadero poder. No es la habilidad de forzar al mundo a obedecerte, es la habilidad de alinearte internamente para que el mundo, por ley natural, se reconfigure a tu alrededor.
Pero aquí yace la trampa en la que cae el 99% de las personas. Este campo magnético universal es un espejo neutral, no juzga tus intenciones y lo que más temes es exactamente lo que más estás atrayendo. Esta es la paradoja que mantiene a la humanidad encadenada. Si somos tan poderosos, ¿por qué la vida está tan llena de sufrimiento, escasez y conflicto? La respuesta es la trampa magnética. Los maestros antiguos lo advirtieron: el hombre atrae tanto lo que ama como lo que teme.
El éter viviente no puede distinguir la diferencia entre una emoción intensa de deseo y una emoción intensa de miedo. Para el universo, ambas son simplemente energía. Ambas son un foco de atención, cargado de sentimiento. Aquí está el secreto de la trampa. La atención humana no conoce la repulsión. El universo no entiende el concepto de rechazo. Para que tú puedas rechazar algo, ya sea una situación, una persona o un resultado, primero debes enfocar tu atención en ello. Para poder odiar algo, debes mantenerlo vívidamente en tu mente. El miedo, el odio, la ira, la resistencia, todas son formas extremadamente poderosas de conexión magnética.
Cuando luchas contra la pobreza, tu foco está en la pobreza. Cuando luchas contra la enfermedad, tu foco está en la enfermedad. Y como el campo universal es un espejo obediente, te da más de aquello en lo que te estás enfocando. Aquello contra lo que luchas se refuerza, aquello a lo que te resistes persiste. El campo universal simplemente replica lo que sea que sostengas en tu vibración. Si vives con un miedo constante a la pérdida, estás magnetizando la pérdida. El éter no sabe que no quieres perder, solo registra la imagen dominante de pérdida cargada con tu poderosa emoción de miedo.
El error más común de la mente no entrenada es intentar repeler la negatividad usando la negación. El campo universal no procesa la palabra "no". Es una construcción del lenguaje humano, no una ley cósmica. Cuando una persona dice: "No quiero estar enfermo", la imagen dominante que su mente proyecta al éter es "enfermo". Has fijado la imagen del dolor como el objeto de tu atención. El universo no entiende la negación, solo entiende la forma, la imagen, la vibración. Por lo tanto, obedece y trae más enfermedad.
Este mecanismo es la magia involuntaria de las masas. Las estructuras de poder que han guardado este conocimiento lo entienden a la perfección. La cultura moderna de masas, con su bombardeo constante de noticias sobre crisis, miedo y división, está diseñada para mantener a la población en un estado de atención negativa colectiva. Al hacernos reaccionar con miedo e indignación, nos obligan a usar nuestro poder magnético para alimentar el mismo caos que decimos querer evitar. Nos convertimos en baterías que energizan nuestra propia prisión. Es un ciclo de nunca acabar. La serpiente que se muerde la cola.
Romper este ciclo requiere una disciplina específica. El iniciado de grado 33 no lucha contra la imagen, la reemplaza; no suprime el miedo, reorienta la corriente. Si la atención negativa refuerza la jaula, la solución debe ser una disciplina consciente de la atención.
Aquí es donde entra el simbolismo más profundo de las escuelas iniciáticas. El mandato de pulir la piedra bruta. La piedra bruta eres tú. Es tu mente no entrenada, caótica, reactiva y llena de irregularidades. Cuando el éter viviente, la luz de la creación, incide sobre esta superficie irregular, se refleja en mil direcciones caóticas, creando una realidad fragmentada y contradictoria. Tu poder magnético se dispersa, atrayendo enfermedad un día y salud al siguiente, riqueza en un momento y escasez en el otro.
Pulir la piedra es el acto de disciplinar la mente. Es el proceso de alizar esa superficie, de eliminar las reacciones automáticas, los miedos heredados y las distracciones externas. El objetivo es convertir la mente en un espejo perfecto. Una mente pulida, enfocada y serena, refleja la luz de la creación de manera uniforme y coherente. Ya no dispersa la energía, la concentra en una sola dirección.
El secreto de este pulido no es la fuerza, sino la constancia. El campo magnético universal no responde a un único impulso heroico de pensamiento positivo. Responde a la frecuencia sostenida, al promedio de tu conciencia. Una atención que vacila, que salta de la esperanza al miedo, crea corrientes magnéticas que se anulan mutuamente. No se genera tracción. Pero una atención firme, sostenida deliberadamente día tras día, genera una corriente continua. Acumula poder.
Este es uno de los significados detrás del antiguo símbolo egipcio del ojo de Horus. La mirada que nunca parpadea, la atención que no se desvía. Se trata de entrenar la mente para mantener un solo pensamiento, una sola imagen deseada, sin permitir que la duda o la distracción la contaminen. Cuando la atención se mantiene fija con intención, el pensamiento deja de ser una simple chispa eléctrica y se convierte en una orden energética sostenida. Este es el primer nivel de la verdadera maestría.
El magnetismo consciente es el punto donde dejas de ser un reflector y te conviertes en un proyector. Pero la atención por sí sola es una chispa fría e inerte. Para que esa chispa se convierta en un fuego creador, necesita unirse a su opuesto alquímico. Necesita el matrimonio sagrado. La mente disciplinada, el ojo de Horus, es solo la mitad de la ecuación. El ser humano no es solo pensamiento, es un puente vivo entre dos polos energéticos fundamentales. Los antiguos simbolizaban esto como el sol y la luna.
El sol es la mente. El pensamiento lógico estructurado, masculino, es la facultad que diseña, que traza el plano, que define la intención. Pero la mente, si actúa sola, es fría, estéril y dispersa. Puede construir formas perfectas en el éter, pero carece del poder para darles vida, para atraer la sustancia material. La luna es el corazón, la emoción, el sentimiento, la intuición, lo femenino. Es la fuente de la energía magnética pura. Es la sustancia de la vida misma. Pero el corazón, si actúa solo, es impulsivo, caótico y sin dirección. Es pura energía, sin un molde al cual adherirse. Se disipa tan rápido como aparece.
El iniciado entiende que el poder no reside ni en la mente ni en el corazón por separado, sino en su unión indisoluble. A esto, los alquimistas lo llamaron el matrimonio alquímico. Es la fusión del azufre, el espíritu, la mente y el mercurio, la emoción, para crear el oro, la realidad manifestada. Aquí se revela la fórmula operativa de la creación, la ley que el grado 33 guarda como su mayor tesoro. El pensamiento crea la forma, el sentimiento le da vida.
El pensamiento sostenido por la atención disciplinada actúa como un molde invisible en el éter viviente, pero es el sentimiento, la emoción coherente, lo que actúa como el imán que atrae la sustancia universal para rellenar ese molde. Tu corazón, de hecho, irradia un campo magnético miles de veces más potente que el del cerebro. Cuando tu mente, el sol, se mueve en perfecta armonía con el pulso de tu corazón, la luna, alcanzas el estado de coherencia. Es el punto de máximo poder creativo donde dejas de pedir y empiezas a ordenar. En este estado, el cáliz, que es tu corazón receptivo, se alinea perfectamente con la llama, que es tu pensamiento iluminado.
Esta coherencia es la verdadera oración. No es verbal, no se trata de repetir palabras, es vibracional. Es el estado de sentir como real aquello que la mente ha definido como verdadero. Cuando la mente y el corazón vibran en fase, se abre la puerta a la verdadera ingeniería de la conciencia, el método más efectivo para construir la realidad que los iniciados han usado durante milenios. La visualización.
Debemos ser muy claros en este punto. La mayoría de la gente confunde visualizar con imaginar. La imaginación es soñar despierto. Es un flujo de pensamientos dispersos y sin dirección que van y vienen. La visualización en el sentido esotérico es un acto deliberado, enfocado y sostenido por la voluntad. Es el acto de construir una imagen mental clara y sostenerla en el ojo de la mente, excluyendo todos los demás pensamientos. Pero la imagen por sí sola sigue siendo una chispa fría. El verdadero secreto, el momento en que el éter viviente se pone en movimiento, es cuando esa imagen mental se infunde con una sensación tan real que el cuerpo físico reacciona. Es el momento en que tu respiración cambia, sientes un calor en el pecho o un escalofrío recorre tu espalda. En ese instante, tu subconsciente ha aceptado la imagen como una realidad presente y tu campo magnético comienza a enviar esa nueva señal al universo.
Este método práctico se divide en dos modalidades que deben trabajar en perfecta armonía. Los antiguos las simbolizaban con las dos herramientas del gran arquitecto, el compás y la escuadra.
La primera modalidad es la visualización del objetivo. Este es el compás. El compás se usa para trazar el círculo, para definir el límite, para crear el plano perfecto. Aquí es donde construyes la imagen mental de tu resultado final. No debe ser una imagen vaga, debe ser una escena completa, vívida y detallada. Si deseas abundancia, no solo visualizas dinero, visualizas la escena que implica que la abundancia ya es tuya. Sientes la textura de los objetos en tu nueva realidad, escuchas los sonidos, percibes los olores y lo más importante, sientes la emoción dominante de gratitud, alivio o alegría que tendrías en ese momento. Este acto crea el molde magnético preciso en el éter.
La segunda modalidad es la visualización del proceso. Esta es la escuadra. La escuadra se usa para construir, para asegurarse de que cada piedra esté perfectamente alineada para llevar el plano a la materia. Aquí es donde infundes cada acción diaria con la emoción del objetivo ya cumplido. Esto es lo que se conoce como actuar como sí. No se trata de fingir, se trata de alinear tu vibración. Si buscas salud, no solo visualizas un cuerpo sano por la noche. Cuando bebes un vaso de agua, lo haces sintiendo como esa agua nutre a un cuerpo que ya está vibrando en perfecta salud. Si buscas sabiduría, estudias tus textos no con la ansiedad de quien no sabe, sino con la calma y el enfoque de un maestro que simplemente está revisando su conocimiento.
El compás, la intención, te da la dirección; la escuadra, la construcción, te permite edificar el camino. Uno sin el otro es inútil. Una persona que solo visualiza el objetivo, pero cuyas acciones diarias están llenas de miedo y duda, tiene un plano perfecto sin construcción. Una persona que trabaja duro, pero no tiene una visión clara, coloca piedras al azar sin construir nada. El poder del iniciado reside en la unión de ambas.
Esta habilidad no es un don divino, es un músculo invisible de la mente y como cualquier músculo debe ser entrenado. Los antiguos sabían exactamente cómo hacerlo. El problema fundamental del ser humano moderno es que su mente no está entrenada, está domesticada por estímulos externos. Nuestra atención está fracturada. Saltando de una pantalla a otra, de una notificación a una preocupación. Hemos perdido la capacidad de mantener el silencio interior.
El primer paso para entrenar la visualización, por lo tanto, no es crear imágenes, sino crear el espacio mental para que esas imágenes puedan existir sin distorsión. Este es el gimnasio de la mente. El entrenamiento antiguo, despojado de dogma, se basa en una progresión lógica.
El primer ejercicio es la quietud. Debes reservar al menos 15 minutos al día para sentarte inmóvil con la espalda recta y simplemente observar el flujo de tus pensamientos. No intentes detenerlos, eso crea resistencia. No los juzgues, eso crea enredo. Simplemente obsérvalos como nubes que pasan por el cielo. El objetivo es darte cuenta de que tú no eres tus pensamientos, eres el observador detrás de ellos. Esta práctica te permite comenzar a distinguir entre el pensamiento automático reactivo y el pensamiento intencional elegido.
Una vez que has cultivado un grado de quietud, comienzas el segundo ejercicio, la formación de la imagen. Cierra los ojos y visualiza un objeto simple. Los iniciados a menudo usaban una forma geométrica o un objeto simple como una llama de vela o una manzana. El objetivo no es solo verla, sino sostenerla. Al principio la imagen se distorsionará, desaparecerá o tu mente saltará a otra cosa. Tu trabajo es con calma y sin frustración traer la imagen de vuelta una y otra vez. Aquí es donde entra el secreto de la constancia. Este entrenamiento no se beneficia de sesiones heroicas de 2 horas una vez al mes. Se beneficia de la presión suave y constante de 10 minutos todos los días. Descubrirás que 15 segundos de enfoque firme, puro e ininterrumpido sobre una imagen tienen más poder magnético que 15 minutos de visualización distraída y llena de dudas. Estás entrenando a tu mente para que obedezca a tu voluntad.
Mucha gente hoy en día usa tableros de visión. Estas son herramientas útiles, pero son solo el reflejo externo. Son gatillos. Su único propósito es servir como un recordatorio para evocar el estado interno. El trabajo real no está en el tablero, está en tu mente. Si miras tu tablero y sientes anhelo o falta, estás reforzando magnéticamente la carencia. El tablero solo funciona así: al mirarlo, puedes evocar instantáneamente el sentimiento de que eso ya es real.
Cuando este músculo se fortalece, alcanzas el estado de imaginación creativa. Ya no tienes que forzar la creación. Las ideas, soluciones y oportunidades correctas comienzan a llegar a ti de forma espontánea. Pero notarás que estas ideas no son fugaces. Vienen ya cargadas con la energía y el entusiasmo para ser ejecutadas. El universo no solo te muestra el qué, sino que te entrega el cómo.
Una vez que la mente ha sido pulida por la atención, el corazón alineado con el pensamiento y el músculo de la imaginación entrenado, el iniciado está listo para el rito final. El acto que une todas las piezas y condensa el poder del grado 33 es la síntesis de todo el conocimiento, el punto donde la voluntad, la mente y el corazón se unen en un solo acto de creación consciente. Este es el protocolo del grado 33, despojado de dogma y reducido a su función pura: la ingeniería de la conciencia.
Pondremos este protocolo en práctica ahora mismo.
Primero, la quietud. Debes sentarte en silencio con la espalda recta, lejos de cualquier distracción. Cierra los ojos durante varios minutos. Simplemente respira de manera lenta y profunda. Tu única tarea es disolver el ruido mental. No luches contra los pensamientos, simplemente déjalos ir. El objetivo es alcanzar un estado de neutralidad y silencio interior. Eres el observador inmóvil en el centro.
Segundo, la condensación. Una vez que la mente está en calma, lleva tu atención al centro exacto de tu cabeza, al espacio detrás de tus ojos. Reúne toda tu energía mental, toda tu conciencia dispersa y enfócala en ese único punto. Siente como tu presencia se acumula allí, como si estuvieras reuniendo toda tu fuerza vital en un solo foco intenso.
Tercero, la formación. En ese centro comienza a visualizar una esfera de luz. Al principio es solo un punto, una chispa, pero con cada inhalación imagina que atraes más energía del cosmos hacia ella y con cada exhalación la comprimes y la haces más brillante. Ahora transfiere a esta esfera la imagen de tu deseo cumplido, la intención clara que definiste con tu compás. No solo la imagen, transfiere el sentimiento. Vierte en esa esfera la emoción de gratitud, de alivio, de alegría, de la realidad ya consumada. Carga esta esfera hasta que deje de ser una imagen y se convierta en una luz viva, un sol interno que pulsa con poder y con tu intención inequívoca. Debes sentir su calor, su vibración, su realidad.
Cuarto, la proyección, el acto de la siembra. Toma una inhalación profunda final, atrayendo la máxima energía posible a tu esfera central. Sosténla por un momento. Luego, al exhalar con intención, proyecta esa esfera de luz con toda tu voluntad. Visualízala saliendo disparada de tu mente, atravesando el espacio y perdiéndose en el océano infinito del éter viviente.
Quinto, la rendición. Has soltado la flecha. El trabajo está hecho. No la sigas con la mente. No dudes, no la revises. Simplemente quédate en silencio por unos momentos más, sintiendo la ligereza y la claridad que quedan tras el acto. Has enviado la orden. La fábrica magnética del universo ha recibido el molde y la energía. Ahora confía en la ley.
Este acto, repetido con constancia, no solo cambia el mundo exterior, transforma fundamentalmente al operador, lo lleva al estado final de maestría. Cuando este protocolo se practica con disciplina, la vida del operador comienza a cambiar. Ocurren lo que los iniciados llaman coincidencias, pero que el adepto reconoce como sincronicidades precisas. Son los engranajes del universo moviéndose en respuesta a la señal enviada. Es la obediencia magnética del cosmos.
El operador deja de ser una entidad que reacciona a los eventos externos. Comienza a percibir que los eventos son, de hecho, extensiones de su propio campo magnético, reflejos de su estado interno. Ya no hay separación entre el yo y la realidad. Solo hay un campo unificado de conciencia. Este es el estado final. Es el reconocimiento del ser humano, no como una criatura que recibe luz, sino como una fuente de luz. Es la comprensión de que el individuo es un sol en miniatura, un centro creativo.
El secreto final del grado 33, la verdad guardada en el corazón de todas las escuelas de misterios, es esta: el poder nunca fue otorgado por un Dios externo. El poder fue redescubierto. Estaba latente en el interior del hombre desde el principio. La mente humana es un espejo de la mente divina. El magnetismo universal es el éter que une a ambos. Cuando la mente del hombre se disciplina y se alinea con la emoción coherente, su frecuencia se convierte en ley. El observador, que antes caminaba con los ojos vendados, despierta finalmente como el creador.
Permíteme un segundo para enviar un saludo especial a Willy Moore, certeza y a Rubén Vargas. Muchas gracias por su apoyo y si llegaste hasta aquí, recibe como siempre un fuerte abrazo en nombre de todo el equipo. Por hoy me despido sin más, no sin antes agradecerte por tu presencia. Que todo lo bueno del mundo llegue a ti. Nos vemos pronto.