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En esta ocasión exploraremos la historia y los asombrosos logros de la que podría ser la mayor de las civilizaciones precolombinas de América: la civilización maya. Los mayas crearon una de las civilizaciones más impresionantes del mundo antiguo en el improbable entorno de una selva tropical. Resulta muy difícil comprender cómo levantaron esos colosales templos sin metal, sin ruedas y sin tracción animal.
Durante más de 1000 años, desde el siglo III después de Cristo, aproximadamente, los antiguos mayas prosperaron en Centroamérica como una de las civilizaciones más espléndidas del mundo, hasta que la conquista española en el siglo XVI puso fin a su grandeza. A diferencia de otras civilizaciones precolombinas como la azteca y la inca, los antiguos mayas nunca tuvieron un imperio unificado, sino un grupo de ciudades-estado independientes y a menudo enfrentadas en una amplia área que abarcaba unos 1000 kilómetros de norte a sur y unos 600 de este a oeste.
En este episodio, viajaremos en el tiempo para explorar más de mil años de historia maya a través de los extraordinarios relatos de sus ciudades más destacadas. Nuestra historia comienza en el siglo VII después de Cristo con el apogeo de una de las ciudades más antiguas de los mayas: Palenque, en el sur de México.
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Palenque alcanzó su máximo esplendor durante el siglo VII después de Cristo, cuando casi todos los grandes edificios que conservamos fueron construidos. La mayoría de ellos se levantaron durante el largo mandato del rey Pakal el Grande, quien gobernó Palenque entre los años 615 y 683 después de Cristo. La historia de Palenque, una de las primeras grandes ciudades mayas, es una de las que conocemos desde hace más tiempo, pues fue de las primeras en ser investigada por los arqueólogos durante los siglos XVIII y XIX.
El edificio excavado aquí en la década de 1890, conocido como el Palacio, pudo ser uno de los edificios más importantes de Palenque. De los edificios públicos concentrados aquí, este era una especie de parlamento. Es probable que el gobernante se reuniera aquí con todos los miembros del palacio para tomar decisiones sobre la ciudad, sobre el reino. Este es el lugar que representa el poder y la exclusividad de la élite de Palenque.
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En el centro del Palacio, hallamos un gran patio decorado con imágenes de prisioneros de guerra humillados, capturados durante ataques a otras ciudades y traídos aquí casi con certeza para ser sacrificados ritualmente. En las paredes del Palacio, las imágenes esculpidas en estuco representan a los poderosos gobernantes de Palenque, ataviados con una indumentaria propia de los dioses. Y lo vemos en todos sus atributos, en la ropa que usan, en el tocado que llevan. Representan al dios del sol, al dios de la lluvia, al dios de la agricultura. Era una manera de decir que eran representantes de los dioses aquí en la tierra.
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Sorprendentemente, pese a que estas imágenes de estuco llevan expuestas a los elementos más de 1300 años, aún quedan pequeños vestigios de los vivos colores originalmente empleados. De hecho, no solo estas imágenes de estuco fueron pintadas, sino que aquí en Palenque y en todo el mundo maya, el aspecto de sus grandes edificios era muy distinto al actual. Y la maravillosa Merle Greene Robertson trabajó durante 40 años en Palenque y pudo demostrar que, hacia el final de la vida en la ciudad, la mayoría de sus edificios públicos estaban pintados de rojo, casi con seguridad de hematita molida, un óxido de hierro extraído de la piedra caliza.
Edificios como este, el Templo del Sol, no solo fueron pintados de rojo de arriba a abajo, sino decorados con otros llamativos colores. Construido a finales del siglo VII después de Cristo, destaca en particular por su elevado techo en forma de peine, el cual actuaba como un gigante cartel y anunciaba al rey de Palenque y su cercanía a los dioses.
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Como era frecuente en edificios mayas, su color más sagrado, un pigmento único conocido como azul maya, se reservaba para los gobernantes y dioses que moraban en los cielos. Pero el templo más famoso de Palenque es el Templo de las Inscripciones. Construido durante el reinado de Pakal el Grande, fue comenzado en el año 675 después de Cristo, cuando el rey, de 70 años, ya era muy anciano para su tiempo.
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Hasta el pasado siglo, se creía que, al igual que otros edificios singulares, era un mero templo dedicado a la adoración de los dioses. Pero a principios de los años 50, un sensacional descubrimiento del arqueólogo mexicano Alberto Ruz transformó nuestra visión de la importancia del edificio.
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Alberto Ruz halló una escalera dentro del templo y logró descubrir la tumba de Pakal en tres temporadas, desde 1948 hasta 1952. Fue un gran momento, no solo para la arqueología mexicana, sino para la arqueología mundial, pues por primera vez supimos que había tumbas dentro de esos templos. Para evitar que los ladrones accedieran fácilmente a la tumba del rey Pakal, oculta en el templo, los antiguos mayas habían llenado la escalera con 300 toneladas de escombros, motivo por el que los excavadores debieron dedicar hasta tres años de duro trabajo para llegar a la tumba.
Esta resultó ser la más rica y mejor conservada de las halladas en América. Bajo un enorme sarcófago tallado con esmero, yacía el cuerpo del rey Pakal, engalanado con joyas de incalculable valor, incluida una fabulosa máscara mortuoria de jade que cubría su rostro.
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La tumba del rey Pakal fue la primera tumba real hallada intacta en un templo maya. Desde entonces, se han encontrado muchas otras tumbas de gobernantes mayas, especialmente en Tikal, Guatemala, y Copán, Honduras.
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Y ubicada en la actual Honduras, Copán era en la antigüedad una ciudad fronteriza de tamaño medio en la frontera sur de la región maya, rodeada de pueblos de distinta civilización. Con una población estimada de 20.000 habitantes, Copán alcanzó su máximo esplendor a principios del siglo VIII después de Cristo, durante el gobierno del rey conocido como Conejo 18º. La mayoría de los grandes edificios de Copán fueron construidos durante su reinado.
Sin embargo, recientemente se descubrió que dos de los templos construidos por Conejo Decimoctavo contenían tumbas de anteriores reyes de Copán. Este, en particular, contiene la tumba del primer rey de Copán, conocido como Yax K'uk' Mo', quien fundó la ciudad en el siglo V después de Cristo.
O es importante porque en Copán, jeroglíficos de cuatro siglos más tarde hablaban de este rey como su fundador. Y muchos arqueólogos habían dicho: "No se trata de algo imaginario, habría sido un líder del montón si es que hubiera llegado a existir". Y lo que descubrimos con la tumba de Yax K'uk' Mo' es que realmente existió. Sus fechas, su nombre, su carrera, todo había perdurado durante cuatro siglos. Y por tanto, supimos que los textos de los mayas eran verídicos.
También se encontró la tumba del duodécimo rey de Copán, enterrada bajo la Escalinata Jeroglífica, el monumento más famoso de Copán. Construida por Conejo Decimoctavo sobre la tumba de su predecesor, contiene el texto jeroglífico maya más largo conocido, con hasta 2.000 glifos, recientemente descifrado.
Esta es la pieza propagandística más grande en Copán y una de las mayores del mundo maya. De estudio cuenta la historia de los reyes de Copán desde su fundador, Yax K'uk' Mo', hasta su 15º rey, quien terminó la Escalinata Jeroglífica. Pues, y el duodécimo rey de Copán está enterrado bajo ella. Pues, probablemente dicho monarca no fuera aceptado por todos en Copán, pues es posible que no fuera un maya puro, o que al menos aquí no fuera considerado como tal. Por tanto, y que se trataba de una pieza propagandística con el fin de ubicar al duodécimo rey de Copán y a su sucesor dentro de la línea de legitimidad real.
El decimotercer rey de Copán, al que llamamos Conejo Decimoctavo, fue sin duda el más grande de todos, pero tuvo que lidiar con muchos problemas. Él fue quien comenzó con esa propaganda para decir: "No os preocupéis, todo está bien". Durante los 40 años de reinado de Conejo Decimoctavo, Copán prosperó como nunca antes, pero al final de su mandato, un conflicto cada vez más profundo con las ciudades mayas vecinas preludio la inminente caída de Copán. Was que estaba en conflicto con Uaxactún y Yax Mutal, y Conejo Decimoctavo sería arrestado por su rey y sacrificado allí. Su muerte en el año 738 marcaría el principio del fin de Copán.
Copán tendría cuatro reyes más, pero sus días de gloria pronto llegarían a su fin. No habían pasado ni 100 años de la muerte de Conejo Decimoctavo cuando, poco después del año 800 después de Cristo, cayó la gran ciudad-estado de Copán. Nadie sabe con certeza la razón. Entre los posibles motivos se incluyen una guerra civil, la superpoblación, una sequía, la hambruna o una enfermedad. Pero en cualquier caso, la selva no tardaría en ocultar las ruinas de Copán, desaparecidas durante casi un milenio hasta su redescubrimiento.
El colapso de la civilización maya clásica sigue siendo uno de los grandes misterios a debate. Hay tantas teorías como arqueólogos mayas. Cierto número de personas pudo haber permanecido allí décadas después de nuestro último registro de presencia real, por lo que creo que, aunque su historia quedará interrumpida, los mayas siempre han perdurado. Y el motivo de por qué esta civilización se vio truncada, como descabezada, sigue siendo.
Pero no solo cayó Copán, sino que muchas otras grandes ciudades mayas se desmoronaron alrededor del siglo IX después de Cristo, justo después, curiosamente, de alcanzar su mayor poder y esplendor. Pero quizá la más magnífica de todas ellas fue Tikal, en la actual Guatemala.
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Mucho más grande y poderosa que Copán, su aliada subordinada, Tikal fue una importante ciudad siglos antes de que esta alcanzara prominencia, aunque su era de mayor esplendor también tendría lugar en el siglo VIII después de Cristo.
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Cuatro años antes de la captura y sacrificio de Conejo Decimoctavo, en el año 738 después de Cristo, el rey más grande de Tikal, Jasaw Chan K'awiil I, conoció un final mucho más feliz: sepultado con gran pompa y ceremonia, sí, bajo el templo más famoso de Tikal, conocido como Templo I. De hecho, primero construyeron la tumba y luego, sobre ella, un templo de casi 50 metros. En el santuario de la parte superior, la más cercana al cielo, los sacerdotes mayas realizaban rituales en honor al fallecido rey. En total, el templo se eleva en nueve grandes escalones, que simbolizan los nueve niveles del inframundo maya. Y bajo este se hallaba la espléndida tumba del rey, descubierta por los arqueólogos en 1962 a través de un túnel excavado al pie de la escalera principal.
Además del Templo I, hallamos otros cinco templos piramidales en Tikal, así como miles de edificios más pequeños. El magnífico Templo II, por ejemplo, frente al Templo I, cruzando la Plaza Principal de Tikal, fue erigido en honor a la esposa del rey Jasaw Chan K'awiil. Repartidos a lo largo de la extensa ciudad de Tikal, los espectaculares techos de sus muchos y grandiosos templos, de menos de un siglo de diferencia entre ellos, se elevan majestuosos sobre la selva tropical.
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Sin embargo, hasta que Tikal fue redescubierta a mediados del siglo XIX, sus grandes templos habían permanecido ocultos bajo la selva desde hacía un milenio, cuando se produjo el misterioso colapso de Tikal y otras muchas ciudades mayas en torno al 900 después de Cristo.
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Estas excepcionales fotografías de Tikal fueron tomadas en la década de 1880 por el arqueólogo británico Alfred Maudslay, quien, ayudado por un gran equipo, fue el primero en despejar la zona para que los grandes monumentos de Tikal pudieran ser estudiados. Y marcó prácticamente el comienzo de la arqueología maya. Existen casi 3.000 estructuras arqueológicas identificadas como parte del área principal de la antigua ciudad de Tikal. Sin duda, el de Guatemala es el sitio arqueológico más grande de todos, clave en la historia de la civilización maya.
Amaro, la cantidad de gente concentrada aquí en aquella época, en aproximadamente 70.000 personas, o quizá más. Había comerciantes, guerreros, había campesinos y había distintos tipos de artesanos trabajando para la élite. Los mayas permanecieron aquí durante más de 1.200 años, lo cual es indicativo de cuánto prosperaron, dada la extraordinaria cantidad de tiempo. En Tikal, había florecido. Su repentino final resulta más que misterioso.
Escondido bajo la envolvente selva, el Templo III, aún sin excavar en gran parte, fue el último edificio construido en Tikal, en el año 810 después de Cristo. Con una altura de 55 metros, su magnífico techo en forma de peine proclamó una vez con orgullo la supremacía del gobernante que lo creó. Sin embargo, casi tan pronto se construyó el templo, el poder de la gran ciudad de Tikal comenzó a desmoronarse. Abandonada apenas unas décadas después, la ciudad desierta de Tikal comenzó a ser devorada por la selva.
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Si el abandono no se produjo solamente en Tikal, sino en muchas otras ciudades. Hasta hace varios años, los arqueólogos y antropólogos trataban de explicar el colapso maya en términos de una sola causa: un terremoto, una enfermedad, una guerra. Hoy cabe, pero ahora, con las evidencias arqueológicas, epigráficas y de diversas fuentes, no entendemos su caída como una combinación de varios factores. No obstante, se cree que la más importante de las causas del colapso maya fue la ambiental.
Ahora podemos afirmar con certeza que había más mayas que nunca, viviendo en más ciudades que nunca, más comprimidos en el paisaje que nunca. Y por ende, se ejerció un inmenso estrés sobre el entorno y el sistema. Y mi sospecha es que hubo un punto de inflexión. Y este bien pudo ser una serie de sequías a finales del siglo VIII y comienzos del siglo IX, lo cual hizo que algunas de estas ciudades dejaran de ser habitables para los niveles de densidad y complejidad que habían alcanzado.
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Una de las principales causas de esas sequías pudo ser la deforestación. Extensas áreas despejadas para cultivar alimentos para Tikal y otras grandes poblaciones, además de proveer leña y materiales de construcción.
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Al parecer, los mayas de las grandes ciudades de Tikal, Copán y Palenque pudieron haber sido víctimas de su propio éxito. Y sus grandes ambiciones habrían dejado de ser sostenidas por su entorno.
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Curiosamente, el colapso maya del siglo IX después de Cristo solo afectó a las ciudades de las regiones mayas del sur y del centro. Las ciudades mayas del norte de Yucatán, en el actual México, lograron sobrevivir un poco más, como por ejemplo, la hermosa ciudad de Uxmal.
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Y Uxmal, declarada Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO, es una de las ciudades mayas mejor conservadas, en parte debido a la alta calidad de sus piedras y técnicas de construcción, y también al clima seco de la región. La ciudad dominaba la región durante su apogeo a finales del siglo IX y principios del X, con alrededor de 30.000 habitantes, y es famosa por los distintivos estilos arquitectónicos de sus magníficos templos y palacios. El llamado Palacio del Gobernador, de casi 100 metros de largo y 15 de ancho, ejemplifica su estilo con un mosaico de patrones geométricos a lo largo de su fachada, intercalados con vividas máscaras de dioses mayas.
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Y está decorado con el friso más largo de mosaicos de piedra de la zona. No sabemos cuál sería su función, pero es el candidato más probable como palacio de los reyes de Uxmal.
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Elevado sobre una gran plataforma para dominar la ciudad, se estima que medio millón de toneladas de tierra y rocas debieron de ser desplazadas para crear la base sobre la que se erige el Palacio del Gobernador. Sin embargo, el más famoso de los edificios de Uxmal es el Templo del Adivino. Con más de 30 metros de altura y una forma inusualmente ovalada, cuenta con un legendario significado incluso para los mayas de hoy en día.
Como explica el director de Uxmal: "Es una gran satisfacción para mí trabajar en Uxmal. Primero, porque soy heredero de esta cultura, soy maya. Los que habitaron y construyeron aquí fueron nuestros ancestros. Lo del adivino está relacionado con una leyenda, ha permanecido de manera oral de generación en generación hasta nuestros días".
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"En la ciudad vivía una vieja hechicera que tuvo un hijo, un enano muy inteligente, y el enano asume el poder de Uxmal. Mandó a construir el Templo del Adivino en una sola noche". Y obviamente, el Templo del Adivino, pues se construyó en un largo periodo de tiempo. La base del templo es del año 400 antes de Cristo, y bueno, y tenemos períodos, otras subestructuras que se construyeron en el año 600, en el año 810 después de Cristo. Y bueno, y la última fase, que es el año 950 después de Cristo, pues es un edificio que se construyó durante lo muy largo del periodo de tiempo, a lo largo de los cuatro siglos en que la ciudad floreció".
A lo largo de los cuatro siglos en que la ciudad floreció, un dios era venerado sobre todos los demás en Uxmal: el dios de la lluvia. Su imagen se repite en todos los grandes edificios de Uxmal, incluido el Templo del Adivino. El mascarón de Chaac, es una cara, sus cejas con un tocado, los ojos muy bien marcados, la nariz y la boca, y las orejeras, las orejeras y los aretes que se cuelgan en los laterales.
Los mayas de Uxmal veneraban al dios de la lluvia porque de él dependían la vida de los gobernantes y del pueblo. Uxmal dependía por completo de las lluvias, pues no había ríos, lagos o pozos de agua permanentes cerca de la ciudad. Sin embargo, para desgracia de los habitantes de Uxmal, su adoración al dios de la lluvia Chaac no bastó para mantener el flujo de lluvias. Pruebas científicas demuestran una gran sequía a finales del siglo IX después de Cristo, y es posible que por su causa la ciudad fuera abandonada.
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A pesar del colapso de las grandes ciudades mayas de Palenque, Copán, Tikal y Uxmal a finales del siglo X después de Cristo, aún estaban por llegar los mejores días de una magnífica ciudad maya, una de las más famosas y espectaculares de todas ellas: Chichén Itzá.
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Y durante gran parte de los siglos XI y XII después de Cristo, Chichén Itzá era la ciudad maya más grande y poderosa que quedaba, con una población de hasta 50.000 personas.
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Sus numerosos y espectaculares edificios ceremoniales se extienden a lo largo de más de 5 kilómetros cuadrados. Pero el más famoso de todos se halla en pleno centro de la ciudad: el Templo de Kukulcán, o Serpiente Emplumada en idioma maya, también conocido como El Castillo.
El Castillo es uno de los monumentos más importantes del sitio porque representa el centro del universo para el mundo maya.
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Es el lugar donde confluyen las energías del inframundo y del mundo celeste en el plano de los hombres.
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Kukulcán es el dios más importante en la cosmovisión maya. Según los mitos, Kukulcán baja al inframundo y ahí le roba a las hormigas el maíz blanco y amarillo con el cual va a hacer una pasta y de la cual va a formar al ser humano. También en su viaje al inframundo trae los huesos de los antepasados, trae el tiempo y por ello el calendario. Entonces, podemos decir que El Castillo es un monumento dedicado al tiempo, al cosmos.
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Al igual que casi todas las culturas antiguas, la maya dependía esencialmente de la agricultura para sostener su civilización y, en consecuencia, era de vital importancia calcular con precisión las estaciones anuales. Por ello es que llevaba un cómputo muy exacto de los ciclos solares, de la luna, de Venus y de algunos otros astros en el cielo. Elevado sobre nueve plataformas que representan los nueve niveles del inframundo maya, el templo en la cima del Castillo era el lugar donde se hacían las observaciones del sol y otros cuerpos celestes. Simbólicamente, cada una de las cuatro escaleras hasta el templo tiene 91 escalones. 91 x 4 es 364, y si sumamos ese último escalón o plataforma sobre el que se erige el templo, el resultado es 365, el número de días del año solar.
En el caso del Castillo, sus orientaciones astronómicas permiten registrar equinoccios y solsticios. Sin embargo, para tener una mayor precisión, construyeron el famoso observatorio o Caracol, en el cual se registran de una manera más precisa los pasos equinocciales y solsticiales.
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Levantado sobre una elevada plataforma, se estima que su observatorio circular, el Caracol, data del año 900 después de Cristo. Según las observaciones astronómicas realizadas en el Caracol, los sacerdotes y gobernantes de Chichén Itzá podrían haber fijado las fechas de la siembra y cosecha de cultivos, y también las de importantes ceremonias anuales. Las observaciones pudieron realizarse a través de una serie de ventanas alineadas con significativos eventos astronómicos. Esta se alineó con la puesta de la luna en el equinoccio de primavera, y cuando llegaba el solsticio de verano, se podía ver la puesta de sol a la derecha de esta ventana. En cambio, si el sol se ponía a su lado izquierdo, eso indicaba la vuelta del equinoccio de primavera u otoño.
Para su época, los mayas eran grandes astrónomos, capaces de identificar con precisión el cambio de las estaciones. Pero había un lado mucho más oscuro en su determinación por asegurarse unas buenas cosechas. En lo alto de cada una de las puertas principales del observatorio, vemos las máscaras del dios de la lluvia, de cuyos caprichos dependía también su agricultura. Con el fin de persuadir a Chaac para mantener el flujo de lluvias y evitar desastrosas sequías, los sacerdotes mayas realizaban numerosos y macabros sacrificios humanos.
Muchas de las víctimas eran arrojadas al llamado Cenote Sagrado. Los investigadores arqueólogos han encontrado sacrificios humanos. Se había supuesto que solamente eran doncellas, pero en los restos óseos nos hablan de que había hombres, mujeres, niños, ancianos, de todas las edades. No solamente doncellas vírgenes.
Además de estos sacrificios humanos para evitar la sequía, se cree que los mayas realizaban muchos más para mantener el sol en el cielo. Uno de sus grandes temores era que el sol no volviera a salir por haber sido atrapado en el inframundo.
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Para evitarlo, dicen que practicaban el juego de pelota, considerado más bien un ritual sagrado y practicado en los campos de juego que encontramos en casi todas las ciudades mayas, como este de Uxmal y este en Copán.
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Estos campos eran diseñados de múltiples formas y tamaños, pero el Gran Juego de Pelota de Chichén Itzá es sin duda el mayor de todos. Las reglas del juego son inciertas, pero todo apunta a que dos equipos jugaban con una gran pelota de goma, alineados en las mitades de la cancha que separaban los anillos del centro, simbolizando el centro del universo. La pelota representaba el sol, y era golpeada por los jugadores, y el sol viajaba de un extremo del universo al otro. Al final del juego, había un sacrificio. Lo que aún no sabemos con certeza si eran los ganadores o los perdedores los cuales eran sacrificados. Posiblemente, el que era sacrificado era el ganador, porque era un privilegio ir a morar con los dioses en ese paraíso prometido.
En los paneles del juego de pelota podemos observar cómo hay dos grupos de guerreros con un capitán decapitado al capitán del equipo contrario, y se le ve portando la cabeza y el cuchillo con el cual ha sacrificado al capitán del equipo contrario. Y de ese capitán salen chorros de sangre en forma de serpiente.
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Una representación de lo sangrientos que podían ser los sacrificios humanos del juego de pelota la encontramos en la Plataforma de los Cráneos, junto al Gran Juego de Pelota. Aquí se cree que los sacerdotes mayas no solo colocaban las cabezas de los jugadores decapitados, sino de numerosos cautivos y prisioneros de guerra sacrificados al mismo tiempo. Y la decapitación era un método de sacrificio. Y sabemos que extraer el corazón era otro. Echaban a la víctima hacia atrás sobre un altar y con un cuchillo cortaban justo debajo de la caja torácica. El sacerdote podía entonces alcanzar la cavidad torácica y usar un cuchillo afilado para cortar los vasos sanguíneos y extraer el corazón. La extirpación del corazón y de la cabeza era una forma de comunicarse con los dioses, ofrendándoles sangre.
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Aparentemente satisfechos por la ofrenda de sangre de las víctimas sacrificadas, los dioses mayas mantenían el sol en el cielo, brillando sobre el poderío de Chichén Itzá. Chichén Itzá conservó su fuerza durante un par de siglos, aproximadamente, pero a principios del siglo XIII había entrado en declive y pronto sería abandonada. Al igual que las antiguas Palenque, Copán, Tikal y Uxmal, los gloriosos días de los antiguos mayas habían llegado a su fin.
Trescientos años antes de que la conquista española sellara el destino de las escasas ciudades mayas restantes, una de las pocas que aún prosperaban cuando los conquistadores españoles llegaron a principios del siglo XVI era Tulum, en la costa caribeña de la península de Yucatán.
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Construido en la costa con vistas al mar Caribe, el antiguo puerto de Tulum fue una de las últimas ciudades construidas por los mayas, la cual floreció desde el siglo XIII en adelante con apenas unos miles de habitantes. Esta ciudad mercantil prosperaba gracias a los beneficios del comercio costero. Era uno de los muchos puertos que existían a lo largo de la costa y núcleos del comercio internacional en canoa que, en la época del viaje de Colón, sabemos que llegaban hasta lo que es hoy en día el actual canal. Era un comercio muy intenso de algodón y conchas, obsidiana, turquesa, piedras verdes, cerámica. Desde esta costa salía todo tipo de mercancía. Y utilizaban canoas hechas a partir de una sola pieza de un árbol. Los españoles que llegaron en el siglo XVI apuntaron que en estas canoas se embarcaban al menos 35 personas.
Nos rodea el segundo arrecife de coral más grande del mundo, el Arrecife Mesoamericano, el cual es bastante irregular. Algunos arqueólogos creen que el Castillo de Tulum funcionó también como faro. Tiene dos aberturas y si encendían una hoguera dentro, los marineros podrían ver esos dos puntitos rojos desde el mar, alinear sus canoas para sortear el arrecife y llegar a salvo a la ciudad.
Pero el gran arrecife de coral pudo haber ayudado a proteger la ciudad inicialmente. Ante la llegada de los españoles en el siglo XVI, el conquistador Juan de Grijalva, uno de los primeros en descubrir México, navegó con una flota de cuatro barcos a lo largo de la costa en 1518, pero a pesar de ver Tulum, continuó navegando, probablemente consideró demasiado arriesgado atracar allí al ver las olas romper sobre ese irregular arrecife de coral.
Navegaron por estas costas, pasaron con su barco y vieron esta bulliciosa ciudad. Así la descubrieron como blanca y muy activa, y la compararon con Sevilla, con la Sevilla de esa época. Aunque Tulum escapó en un principio de los conquistadores españoles, no lo haría por mucho tiempo. En apenas décadas, la ciudad quedaría abandonada, y no por un ataque español, sino como resultado probablemente de las enfermedades que habían portado del viejo mundo, como la viruela, la fiebre tifoidea y el sarampión. Los mayas no resistían de manera natural a estas enfermedades, y en algunas zonas hasta el 90% de su población falleció. Los mayas que no habían sucumbido a las enfermedades podían ser fácilmente sometidos por las armas, y a mediados del siglo XVI, los españoles ya estaban al borde de conquistar casi toda la región maya, desde Yucatán en el norte hasta las tierras altas de Guatemala hacia el sur.
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Hoy, la mejor conservada de estas antiguas ciudades mayas que se interpusieron a la embestida española es Mixco Viejo.
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Y situada en la cresta de una montaña rodeada de profundos barrancos, Mixco Viejo era una relativamente nueva ciudad en el momento de la conquista española, fundada menos de 100 años antes. Al igual que otras ciudades mayas de la región, se construyó en una ubicación muy fácil de defender, pues antes de la conquista española ya existían conflictos entre distintos reinos mayas. Pero por supuesto, estas ciudades fueron construidas para defenderse de otros mayas, no para defenderse de caballos, armas de fuego o perros de guerra.
Cansado, por tanto, cuando se atacaba o sitiaba a uno de estos lugares, no tardaban en sucumbir. Los españoles, militarmente superiores, aceleraron la conquista de las tierras altas de Guatemala, recurriendo a la vieja táctica del divide y vencerás, aliándose con otros reinos mayas para volverse después contra estos. También en México habían hecho eso y les había funcionado. Así que cuando llegaron a Guatemala, emplear la misma táctica.
Les sería útil. Les ofrecían una recompensa. En el caso de Guatemala, los Quichés eran los más poderosos de la época, por lo que se aliaron con el siguiente grupo y los derrotaron. Pero entonces los españoles no cumplieron con lo prometido a sus aliados y comenzó la rebelión. Los gobernantes de Mixco Viejo, en particular, unieron fuerzas con los españoles en 1524 para vencer a sus enemigos, los Quichés, pero fueron tan maltratados por los españoles que se sublevaron en tan solo seis meses. Sin embargo, su rebelión no tardaría en ser aplastada, y en la década de 1550, casi todos los antiguos reinos mayas en Guatemala y México habían sido conquistados.
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Pero sorprendentemente, una última fortaleza de los antiguos mayas, protegida por cientos de kilómetros de selva circundante, permanecería fuera del alcance de los españoles durante otros 150 años: la isla de Nojpetén, en el lago Petén Itzá, hoy conocida como Flores.
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Y Nojpetén, la moderna ciudad de Flores, bellamente ubicada en una isla en medio del lago Petén Itzá, fue hasta 1697 la capital del pueblo Itzá y el último reino maya invicto. Rodeada por una zona selvática prácticamente impenetrable, Nojpetén extendió en más de un siglo la supervivencia de cualquier otra gran ciudad maya.
En realidad, sobrevivió por un abandono benévolo hasta que los españoles decidieron que debían hacer al que era conocido como un reino independiente y, en concreto, un refugio para los disidentes de las áreas españolas cerca de Yucatán. Tras decidir que la resistencia de Nojpetén debía ser aplastada, los españoles construyeron una calzada a través de la jungla en la década de 1690 para permitir el avance de un ejército. Con el fin de evitar la batalla, varios misioneros se adelantaron con el fin de persuadir al orgulloso gobernante de Nojpetén, el rey Canek, para que se convirtiera al cristianismo y se sometiera pacíficamente al dominio español.
Los misioneros franciscanos llegaron a Nojpetén, pero su rey era leal a sus dioses y no quería ni oír hablar del cristianismo. Por tanto, les rechazó la visita. En un acto de rabia, los sacerdotes subieron a lo alto de la actual isla de Flores y destruyeron sus ídolos situados frente al principal templo de la ciudad. Enfurecido, el rey Canek ordenó que los misioneros fueran expulsados de la ciudad. Sin embargo, al poco tiempo volvieron una última vez para intentar que se convirtiera. Trataron de hablar con el rey Canek. Este, por la noche, masacró a todo el grupo. De este modo, se envió un claro mensaje a la Iglesia y a la Corona de España: no quería ser dominado por los españoles.
Esa fue la chispa que llevaría allí a un enorme ejército el 13 de marzo de 1697, no en son de paz, sino declarando la guerra al pueblo de Nojpetén y su rey Canek. En el terrible ataque del 13 de marzo, aniquilaría a muchos de los Itzáes de la isla y supondría el final de su civilización en la gran isla de Nojpetén. Aquello fue una gran tragedia para el pueblo maya, después de haber sido una de las grandes culturas del mundo.
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El antiguo templo maya de Nojpetén fue demolido tras la captura de la ciudad y sobre sus ruinas se edificó una iglesia católica para sepultar su pasado pagano para siempre.
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A pesar de la aplastante victoria de los conquistadores españoles y su religión cristiana, siglos después, las creencias religiosas mayas perduran hoy en día entre los descendientes actuales de los antiguos mayas. Por ejemplo, en las ruinas de Mixco Viejo, en las tierras altas de Guatemala, indígenas mayas aún acuden a los templos de sus antepasados para rezar. La cultura no desaparece de un día para otro. La cultura prevalece en el tiempo, y un ejemplo es que Mixco Viejo y otros lugares como este siguen vivos. La gente viene aquí para orar en frente a su lugar de origen, su lugar del que provienen. Eso es algo que sigue vivo para ellos.
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Para los arqueólogos e historiadores de los antiguos mayas, la cultura viva de los mayas actuales es de gran ayuda para interpretar lo que de otro modo sería un mundo totalmente desaparecido. La antigua civilización maya desapareció hace más de mil años, pero los propios mayas sobrevivieron. Existen seis millones de ellos que todavía hablan 28 idiomas mayas. Su cultura y sus lenguas son absolutamente cruciales para entender la cultura de sus antepasados. Hoy, en toda la región, la cultura maya perdura, mientras que las espectaculares ruinas de los antiguos mayas recuerdan a sus descendientes que aquellos un día gobernaron estas tierras y crearon una de las mayores civilizaciones del mundo.
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