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Nacido en Oaxaca, México, creció en el seno de una familia tradicional. Emergió, al calor de la Revolución Mexicana, como referente de una nueva propuesta política y educativa. Educador y visionario, se encontró ante el desafío de modernizar un país con altísimos índices de analfabetismo.
Pero José Vasconcelos tuvo un sueño aún mayor: la raza cósmica. El pueblo iberoamericano mestizo sintetizaba, según él, una raza ideal destinada a ser la vanguardia de la humanidad futura.
La infancia de José Vasconcelos transcurre en la frontera norte de México, lo que le posibilita crecer en un contexto de variedad cultural. Él pasa una etapa fundamental de su vida en el norte de México, en la frontera, y está en contacto con la cultura norteamericana y también con la religión.
Vasconcelos entra a la institución más importante de la época: la Escuela Nacional Preparatoria. Se encuentra ahí con la biblioteca, es una biblioteca extraordinaria. Camina por las calles y encuentra los libros en los puestos callejeros. Él mismo describe el encuentro con algunas lecturas, lecturas que, dice él, nos fueron negadas en el interior de la Escuela Nacional Preparatoria.
¿Y por qué le fueron negadas? Porque la Escuela Nacional Preparatoria era la matriz del positivismo en México. Dictadura del General republicano Porfirio Díaz se lleva adelante una política que combina elementos liberales y conservadores, centraliza el poder en una oligarquía terrateniente e impide la participación popular. Represiones violentas, explotación de trabajadores rurales y campesinos, en su mayoría indígenas, son moneda corriente. Este periodo es conocido como el Porfiriato.
Justo Sierra es el ministro de instrucción pública del gobierno de Porfirio Díaz, conocidos como los científicos. Sierra y su gobierno se fascinan por lo francés, lo alemán o lo estadounidense, determinan el modelo a seguir. Vasconcelos critica la educación positivista impuesta por Sierra y, junto con otros jóvenes, funda el Ateneo de la Juventud Mexicana. Se oponen a un sistema que promueve una visión única del pensamiento filosófico de impronta científica y determinista, y exigen la libertad de cátedra y de pensamiento.
José Vasconcelos encuentra en "Ariel", ensayo publicado por el escritor José Rodó, una obra de suma inspiración. En "Ariel" se insta a la juventud hispanoamericana a construir una nueva cultura, constituida sobre la base de una identidad latinoamericana. El desafío de los ateneístas es encontrar el camino para reafirmar los valores culturales, éticos y estéticos que consoliden la identidad nacional mexicana y latinoamericana.
Forma el Partido Nacional Antirreeleccionista y, en 1910, decide enfrentar en las elecciones al dictador Porfirio Díaz. Es el único del grupo que opta abiertamente por lo que en ese momento era el movimiento antirreeleccionista de Francisco I. Madero. Vasconcelos fue director del periódico "El Antirreeleccionista", financiado por la familia de Madero. Hoy parece fácil afiliarse a un partido político; en ese momento, el hecho de que haya sido el único habla de un compromiso intelectual, de un compromiso y de una ética que en aquel momento muy pocos tenían realmente el arrojo para desarrollar.
Transcurren los últimos meses de 1910, cuando estalla la Revolución Mexicana. Los sectores medios, campesinos e indígenas mueven contra la dictadura de Porfirio Díaz, una dictadura de más de 30 años en el poder, y lo que se ha denominado también la primera gran revolución en el mundo. Vasconcelos forma parte de este movimiento.
Entre acuerdos y desacuerdos políticos, Vasconcelos es designado para la Cartera de Instrucción Pública, pero las peleas internas de los revolucionarios no hacen posible el ejercicio de las funciones de gobierno. Vasconcelos no puede todavía desarrollar sus ideas en la educación pública.
Es el 9 de febrero de 1913 y Vasconcelos sale del país. Generalmente pasa inadvertido de Vasconcelos como ministro de Instrucción Pública. Va a ser apresado por los mismos, una fracción de la Revolución, se escapa de la cárcel en una huida espectacular, colgándose por unas sábanas desde una ventana. Recala en Estados Unidos. Representa, durante tres años de exilio, al revolucionario frustrado, al revolucionario que finalmente siente que sus compromisos y la mortandad y la violencia y todo lo que trajo la revolución no se tradujo en acciones inmediatas.
Es el año 1911 cuando Madero es elegido presidente. En 1913, un movimiento contrarrevolucionario es encabezado por Victoriano Huerta. El levantamiento militar concluye con el asesinato de Madero y Huerta asume la presidencia, lo que provoca la reacción de jefes revolucionarios como Venustiano Carranza y Francisco Villa. El ejército de Carranza, comandado por el general Álvaro Obregón, obliga a la renuncia de Huerta. Carranza ocupa la presidencia, pero Pancho Villa y Emiliano Zapata lo rechazan. El general Obregón intenta, sin éxito, disolver el conflicto con los jefes revolucionarios y se enfrenta a las tropas de Villa y Zapata, las cuales son doblegadas.
Constitucional en 1917, pero Obregón considera que las conquistas revolucionarias, lejos de profundizarse, corren peligro de ser destruidas. Considera a Carranza un traidor y organiza un levantamiento contra su gobierno. Durante 1920, José Vasconcelos se alinea con Álvaro Obregón contra el presidente Carranza, y así se crean las condiciones para su regreso a México. El levantamiento triunfa y Obregón es elegido presidente. Un año más tarde, Carranza es asesinado.
Durante la presidencia de Álvaro Obregón, Vasconcelos inicia su época de esplendor en el campo educativo y asume como rector de la Universidad Nacional. "Por mi raza hablará el espíritu" es el lema que impone Vasconcelos durante su rectorado y otorga a la universidad su actual escudo: el águila mexicana y el cóndor andino, ave bicéfala que protege el despliegue del mapa de América Latina.
Vasconcelos presenta el proyecto para crear una Secretaría de Pública, conocida como la SEP. Se propone llevar a cabo un plan educativo único para todo el país. Su actuación en este cargo es tan breve como intensa y deja marcas imborrables en la educación mexicana y latinoamericana.
Vasconcelos tiene en mente el plan de organizar la SEP en tres departamentos: el departamento escolar, el departamento de bibliotecas y archivos, y el departamento de Bellas Artes. Bueno, por razones obvias, pero el hecho de que los otros únicos dos departamentos fueran bibliotecas y bellas artes sí tiene mucho que ver con la filosofía de Vasconcelos sobre la educación, que tenía que ver como con un, la preocupación por una fuerte difusión de la cultura. Él está pensando mucho en términos de alta cultura, a diferencia de muchos otros de sus colegas e incluso intelectuales y artistas que lo apoyaron, que estaban en una onda mucho más de lo que hoy llamaríamos cultura popular, de construir una cultura nacionalista de toques indigenistas donde básicamente se crea el folklore.
Vasconcelos, eso no le parecía mal, y fue él el que convocó a este tipo de gente. Pero lo que realmente le gustaba era lo que hizo con el departamento de bibliotecas, que fue hacer enormes tirajes de libros clásicos, de clásicos griegos. Le encantaba la idea de mandar la "Ilíada" y la "Odisea" al último pueblo de México y que se aprendiera básicamente a leer y escribir con ese tipo de lecturas. El tercer departamento también tiene mucho que ver con esa idea humanista y esa idea de alta cultura y de importancia de los clásicos, el de Bellas Artes. Para él era como la culminación, o sea, para él era inconcebible que una secretaría de educación no tuviera un departamento de Bellas Artes. El arte era como una cuestión espiritual que coronaba la educación.
El plan de Vasconcelos se pone en marcha. Convoca a sus viejos compañeros del Ateneo de la Juventud para que asuman cargos en su gestión. Se suman al proyecto el departamento de enseñanza indígena y el de desanalfabetización.
Vasconcelos amplía su mirada a toda América Latina. Invita a trabajar en México a educadores iberoamericanos como la chilena Gabriela Mistral, quien, entre otras tareas, compila lecturas clásicas para niños y lecturas clásicas para mujeres como parte de los libros de distribución gratuita de la SEP. Impulsa la escuela y las misiones rurales y promueve la pintura mural mediante la creación de la Escuela Mexicana de Pintura. Gabriela Mistral y José Vasconcelos trabajan para recuperar las raíces latinoamericanas y promueven escritores y pensadores de la región.
Convocan una campaña nacional contra el analfabetismo. Convencen a los estudiantes de acudir a los barrios pobres. Intelectuales y artistas se unen a la convocatoria. Se crean las llamadas brigadas alfabetizadoras, que seleccionan a jóvenes, en lo posible indígenas, en las comunidades rurales para que se desempeñen como maestros rurales.
En 1922, los indígenas son considerados social y jurídicamente como menores de edad que deben ser tutorizados por el gobierno. Vasconcelos se enfrenta a estas críticas y propone la integración de estos sectores en una cultura nacional, en la que se manifiesta su postura a favor del mestizaje. Vasconcelos se oponía tajantemente a que se crearan escuelas o cualquier tipo de educación especializada para los indígenas.
Una cosa importante de las escuelas que creó, que fueron principalmente escuelas rurales, y México todavía era un país principalmente rural, fueron escuelas que pensaron en sus sujetos, en sus estudiantes, como principalmente como campesinos, no tanto como indígenas. Entonces llamaba la atención sobre eso y, en particular, lo que le preocupaba de este poner a quienes se decidiera que eran indios en escuelas especiales para ellos es que eso los iba a aislar más que incorporar.
Es el año 1923. Bajo el lema "Tierra, Escuela, Acción Cívica y Cultura", se redacta el Programa de Redención Indígena. Para cumplir con estos fines, la SEP funda las Casas del Pueblo, que tienen finalidades sociales, económicas y morales. Esto incluye prácticas de higiene como el uso del jabón y la distribución de vacunas.
Construida sobre la base de cinco antiguos edificios, entre los cuales se destacan el convento y el templo de la Encarnación, se erige la Secretaría de Educación Pública en el centro de la capital mexicana. Diego Rivera y hasta el mismo Vasconcelos participan en sus pinturas y diseños, modificando los planos arquitectónicos. El edificio se construye con líneas neoclásicas y con murales pintados en las paredes de sus corredores. Estatuas de Platón, Buda, Quetzalcóatl dominan el patio central y simbolizan la herencia cultural de Grecia, Asia, España y América. De este modo, se anticipan las ideas que Vasconcelos desarrollará en su obra "La Raza".
La ideología del mestizaje en México fue clarísimamente un impulso nacionalista que buscó presentar una nueva posibilidad para el México moderno. En ese momento, el lenguaje todavía era muy racial, entonces se presentó la idea de un mexicano moderno en términos raciales debía de ser un mexicano mestizo, es decir, mezclado de español e indio. La idea de que Vasconcelos se vea como ideólogo del mestizaje ya nos da una idea de que este no era precisamente un indigenista.
La idea central de Vasconcelos es la generación de una raza que sintetice y exprese el continente en un sentido sociogenético. Aunque al mismo tiempo defiende vigorosamente que cada pueblo tiene algo específico que aportar al caudal. El pueblo iberoamericano mestizo, un pueblo destinado a ser la vanguardia de la humanidad futura, Vasconcelos profetiza, será la raza cósmica, la que llenará el planeta con los triunfos de la primera cultura verdaderamente universal, verdaderamente cósmica. La colonización española creó el mestizaje y fijó su responsabilidad y definió su porvenir.
Las propuestas y miradas de Vasconcelos no tardan en generar polémicas y lo llevan a debatir con otros intelectuales también cercanos al indigenismo y a la Revolución. Cuando los proyectos de la SEP están en pleno desarrollo, Vasconcelos decide realizar, durante unos meses, una gira oficial por los países sudamericanos. Viaja por Argentina, Brasil, Chile y Uruguay para expandir la experiencia revolucionaria y convocar a la juventud del continente a sumarse a ella.
Vasconcelos retorna del viaje, pero el clima político ya no es el mismo. Una serie de conflictos internos con los estudiantes y la pérdida de apoyo del presidente Obregón abren la puerta a su decadencia. Él renuncia a la Secretaría de Educación Pública antes de que concluya el periodo de Obregón y, además, se lanza una campaña como gobernador para gobernador de su estado natal, Oaxaca, y es brutalmente despojado en el proceso electoral.
En 1924, Vasconcelos se ve obligado a dimitir. Sufre la derrota en las elecciones a gobernador de Oaxaca y parte en un largo viaje a España, Italia, Grecia y Oriente, un viaje que influye fuertemente en su obra posterior.
Después de su renuncia a la Secretaría y del periodo de su gran enemigo político que fue Plutarco Elías Calles, otro general que, además, para Vasconcelos representa todo la parte negativa del caudillismo militar. Calles había encabezado una persecución religiosa que deriva en una verdadera Guerra Cristera, y Vasconcelos encabeza un movimiento, una candidatura a la presidencia, que podríamos decir que congrega y reúne a muchos sectores que se habían sentido desplazados o fueron pisoteados o fueron negados.
Corre el año 1929. Vasconcelos se postula para ser presidente de la nación y es Derrotado. Su época revolucionaria se cierra definitivamente. Casi como un presagio de un descenso ineludible, los próximos años de Vasconcelos son tiempos desafortunados. Se dedica a viajar y pasan muchos años hasta que decide regresar a México. Pero aquí ya es el desastre total y es un Vasconcelos que vive con una amargura brutal, un exilio en diferentes países, viviendo del periodismo, viviendo también de una fama, de una flama que se quedó a medias, que se va extinguiendo.
Regresa él a México completamente cambiado. Realiza trabajos burocráticos en la biblioteca, recibe títulos honoris causa y vive, sobre todo, de sus memorias. Son los libros más vendidos y más leídos de México, en particular "Ulises Criollo".
Vasconcelos vivió sus últimos años como una especie de apestado. Llega a un grado de mutilar sus propias memorias. Él le pide a dos amigos que censuren todo aquello que no sea correcto para las manos y las mentes puras, purificándose a sí mismo, purificando su historia. Y esto lo hace un hombre muy aberrante para las nuevas generaciones y muy incómodo para sus contemporáneos.
El 30 de junio de 1959, en la Ciudad de México, José Vasconcelos muere. Quizá lo que a mí más me conmueve fue un texto reciente de Sergio Pitol que dice: "Vasconcelos nos enseñó que se podía alcanzar las estrellas, y algunos testimonios de aquella época nos enseñan que sí fue posible en algunos instantes".
¿Por qué hoy José Vasconcelos sigue vigente? Porque es un mito que aún late en las huellas de la historia latinoamericana, en sus ideas renovadoras sobre la educación, en sus contradicciones y en sus obras. Y porque ha dejado un legado ineludible que sigue generando múltiples miradas en las nuevas generaciones.