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El Egoismo - Daniel Oubel

JesusIsTheLord30:02

Transcription

Muy buenos días, muy bien. Vamos a seguir con esta serie que se llama "Todavía Dios lo llama pecado". Y cada vez que se toca un tema de esta serie, es como como un examen donde el Señor va revelando cosas que pueden estar en el corazón. Es como ir y sacarse una radiografía, ¿no? Y ver que hay cosas, quizás, que están en nuestro interior y que necesitamos estar cambiando por la gracia de Dios. Muy bien. Hoy va a estar el pastor Bobler, pero se pasó para el viernes. Así que estoy acá supliendo. Hoy vamos a ver el tema de el egoísmo. Eh, estuvimos viendo una serie donde se habló ya de de la impaciencia, se habló del orgullo, se habló de la ansiedad, y hoy nos toca hablar de el egoísmo. Entonces, vamos a orar y pedir a Dios que nos guíe a través de su palabra.

Señor, te agradecemos por esta oportunidad de abrir tu santo libro y rogamos que el Espíritu Santo examine nuestra vida y corazón, y podamos descubrir, señor, ahí cosas que necesitamos cambiar. Que tú hables para que podamos, señor, comprender la enseñanza de tu palabra y podamos ser, señor, liberados de cosas que nos hacen daño. Rogamos, señor, que tú obres en el nombre de Cristo Jesús. Amén.

Muy bien, vamos entonces a hablar sobre el egoísmo y vamos a comenzar definiéndolo. Claro, la palabra egoísmo se refiere al amor excesivo e inmoderado que una persona tiene sobre sí misma y que le hace atender desmedidamente su propio interés. Ahora, muchas veces se lo confunde con orgullo, pero son diferentes. El orgullo es alguien que tiene un concepto exagerado de sí mismo. Eh, ahora, puede ser que una persona, eh, no tenga orgullo, es decir, que no tiene un alto concepto de sí mismo, puede ser que se sienta miserable, que se sienta un pobrecito, pero aún así ser totalmente egoísta. ¿Me entienden? Entonces, por ahí vas a hablar con él porque tienes un problema que hablarle y la persona no te escucha y está esperando solamente que termines de hablar para poder él hablarte y contarte de sus problemas, porque solo le interesa el mismo. Entonces, eh, no tiene ahí en esa situación orgullo, pero tiene egoísmo. ¿Se dan cuenta de la diferencia? Quizás para entender la diferencia, podamos ver lo opuesto. Lo opuesto del orgullo es la humildad. En cambio, lo opuesto del egoísmo es el altruismo, que es pensar en el otro. Podríamos decir que lo opuesto al egoísmo es el amor, porque dice en primera Corintios, capítulo 13, que el amor no busca lo suyo. Y en esta expresión está hablando, no busca su propio interés. Es decir, el amor no es egoísta, porque el amor piensa en el otro, en la persona amada. En cambio, el egoísmo solo está pensando en sí mismo.

Ahora, uno cuando va a la Biblia, no encuentra la palabra egoísmo. Claro, tenemos que decir que el término, el vocablo egoísmo es muy nuevo. Eh, el vocablo egoísmo es reciente, porque viene de la época donde surgió la psicología y donde se comenzó a hablar del ego, el ego, el yo, eh, y el egoísmo. Todas las palabras que terminan con "ismo" se refieren a una doctrina o filosofía. Eh, doctrina, calvinismo, arminianismo, ¿ves? Todo lo que terminan "ismo", filosofías de vida, materialismo, ¿ves? Egoísmo es esa filosofía donde el ego, el yo, es el centro, donde no tengo lugar para los demás. Eh, entonces, altruismo. "Altrú" viene de una partícula en latín que es el "alter", que es el otro. El otro es la filosofía de vida que te lleva a vivir pensando en el otro. Eso es altruismo. Egoísmo es pensando en uno mismo.

Ahora, cuando vamos a la Biblia, por ejemplo, encontramos segunda Timoteo, capítulo 3. Segunda Timoteo, capítulo 3. Pablo va a describir de estos últimos tiempos y dice ahí en estos primeros versículos una lista, una descripción de las personas de este último tiempo. Segunda Timoteo, capítulo 3, versículo 1 dice: "También debe saber esto, que en los postreros días vendrán tiempos peligrosos; porque habrá hombres amadores de sí mismos, avaros, vanagloriosos, soberbios, blasfemos, desobedientes de los padres, ingratos, impíos, sin afecto natural, implacables, calumniadores, intemperantes, crueles, aborrecedores de lo bueno, traidores, impetuosos, infatuados, amadores de los deleites más que de Dios." Tres palabras de esta lista comienzan con la palabra griega "fileo". La palabra "fileo" es la palabra para amor. Sí, tres palabras comienzan con esta palabra griega, amor. La primera está ahí en el versículo 2, dice "amadores de sí mismos". Es una sola palabra en griego que es "filautos", es decir, se ama a sí mismo. Luego, la segunda palabra, "avaros", en griego es "filarguros", amador del dinero. Y la última palabra de la lista, "amadores de los deleites", "filedonos", que ama los deleites.

Ahora, fíjate, tres palabras griegas que marcan tres filosofías de vida: "filautos", amador de sí mismo, la filosofía se llama egoísmo. La segunda, "filarguros", amador del dinero, la filosofía es materialismo. La tercera, "filedonos", la filosofía es hedonismo. ¿Te das cuenta? Estas tres filosofías marcan la vida. Hoy, hoy el hombre vive en una filosofía que es egoísmo, materialismo y hedonismo. Es decir, el ego, el yo como el centro de todo. Yo vivo para satisfacerme a mí mismo. Yo soy lo más importante, egoísmo. Y amo el dinero por todo lo que el dinero me puede dar, y entonces soy, eh, sigo el materialismo. Y por qué quiero dinero, porque quiero placeres y quiero los deleites, y entonces sigo el hedonismo. Y estas tres filosofías, egoísmo, materialismo y hedonismo, son las características de la sociedad de hoy. Sin embargo, la Biblia nos muestra una manera de vivir totalmente diferente.

Ahora, tenemos que ver en qué se manifiesta el egoísmo. Y por supuesto, habría muchas áreas, pero elegí solo tres en esta mañana. Primer lugar, se manifiesta en los deseos. Vamos a Filipenses, capítulo 2. Filipenses, capítulo 2. Fíjate, versículo 4 dice: "No mirando cada uno por lo suyo propio, sino cada cual también por lo de los otros." No mirando cada uno por lo suyo propio, es decir, no teniendo una mirada egoísta, sino también por lo de los otros, altruista. ¿Entienden? No solamente yo como centro, no buscando lo suyo propio, sino lo de los otros. Ahora, fíjate cómo dice en el versículo 21: "Porque todos buscan lo suyo propio, no lo que es de cada uno." Busca lo suyo propio, no lo que es de Cristo Jesús. Ah, es interesante, porque en el versículo 4 dice "por lo de los otros", pero ahora en el 21 dice "lo de Cristo". Mira, en el egoísmo, la persona busca lo suyo propio, después recién vienen los otros, y después recién viene Cristo. ¿Sabes? Así nos enseñaron a conjugar los verbos. ¿Quién está primero? Yo. Y después tú. Y en último lugar, él. Así nos enseñaron. Y uno va adquiriendo que primero, primero, primero yo, primero mi satisfacción, primero mi necesidad, primero yo, y después tú, y en último lugar él. ¿Ves? Acá dice: "cada uno busca lo suyo propio". Eso es egoísta. Eso es buscar mis propios deseos, mis propios deseos. Aún cuando oramos, buscamos nuestros propios deseos. Pero te acordás cómo terminaba de orar Jesús: "No se haga lo que yo quiero, sino lo que tú quieres." Es que la persona que busca agradar a Dios en primer lugar, subordina sus deseos a la voluntad de Dios. No mis deseos, los tuyos.

En segundo lugar, no solo se manifiestan los deseos, se manifiesta en las decisiones. Y claro, tenemos muchos ejemplos bíblicos. Solo amos algunos. Por ejemplo, Lot. Lot tenía que decidir. Génesis, capítulo 13. Abraham le dijo a Lot, Abraham era el tío, Abraham era el mayor, Lot en realidad iba de colado. Abraham recibió el llamado de Dios, pero Lot, sobrino, iba con él. Y en un momento hubo ahí peleas, una cuestión donde tenían que separarse. Y Abraham le dice: "Elegí lo que quieras, y yo me voy para el otro lado." Lot le tendría que haber dicho: "No, tío, vos sos el mayor, la verdad, yo soy el colado, elegí vos." Pero Lot dice: "Bueno, me dan para elegir." Y miró, y ¿qué eligió? Lo que era mejor para él. Eligió donde eran mejor los campos para el ganado, eligió lo que a la vista de sus ojos le parecía más lindo. Y tu tío, Lot, y que se arregle. La verdad es que en nuestras decisiones manifestamos muchas veces egoísmo. Buscamos lo mejor para nosotros. Eh, y entonces, si me traen ahí al servicio, ¿viste? Eh, vieron una vez un hombre, había hecho un profesor, había hecho, no, una bandeja con masas, y una era notablemente mucho más chiquita que las demás. Eh, entonces, cuando le sirvió a los alumnos, todos eligieron la más grande. Nadie quería agarrarla más chiquita. No. Y entonces al profesor le dice: "Ven, se dan cuenta qué egoístas que son todos, buscaban la más grande para ellos." Y uno de los alumnos le dijo: "¿Y usted cuál hubiera agarrado?" Y yo hubiera agarrado la más chiquita, y por eso se la dejamos para usted. Pero la verdad es que en nuestras decisiones manifestamos egoísmo. Cuando uno decide lo mejor, no lo mejor para mí, el otro, el otro que se arregle. No solamente Lot. Ahí tenemos Cantares, capítulo 5. La sulamita, la esposa de Salomón, y dice que él viene a la noche y golpea la puerta y le dice: "Ábreme, eh, vengo del trabajo, mis cabellos están mojados del rocío de la noche, ábreme." Y ella, ¿qué dice? "Ah, recién me acuesto, me he desnudado de mi ropa, ¿cómo voy a vestir? Recién me lavé las patas, ¿cómo me voy a ensuciar?" Y uno ve en la respuesta que solo piensa en ella. Está diciendo: "Me lavé, me acosté, me, me, me." No está pensando en el otro, no está pensando en qué le está pasando a él. Decisiones que marcan una vida egoísta.

Así que se refleja o se manifiesta el egoísmo en los deseos, se manifiestan las decisiones que tomamos, y muchas veces estas decisiones nos van encerrando en un estilo de vida, nos van aislando. Ya les conté en otra oportunidad, pero viene muy al caso la historia de esta mujer, Corrie ten Boom, ahí en su libro "El Refugio Secreto". Ella cuenta una historia donde uno se siente tan identificado. Ella dice que cuando fue con su hermana Betsie al campo de concentración, por supuesto, fue un shock, y solamente buscaban protegerse. Y ella menciona algo: "El egoísmo tiene vida propia y se defiende." Porque claro, uno actúa egoístamente. Ella decía que al ver tanta maldad en ese lugar, mis pecados parecían insignificantes. Y entonces elegí la mejor cama, la que estaba más protegida del frío, sobre todo para mi hermana Betsie, que estaba muy enferma. Así que me peleaba con todas, y yo que era grandota, de nadie me podía ganar, y conseguí la mejor cama. Y en la fila de la comida, yo me empujaba a todas las que estaban delante mío, porque las primeras recibían la comida caliente, pero las últimas en la fila recibían la comida fría. Pero me di cuenta que estaba metida, dice ella, "en el ataúd de mi egoísmo". Qué terrible, qué fuerte como lo llama "ataúd". En el ataúd de mi egoísmo, me di cuenta que en ese tiempo no podía predicarle a nadie del amor de Cristo. ¿Cómo le iba a predicar si acabo de empujar y sacar de la fila? Me di cuenta que no había gozo en mi corazón y que mi alma se secaba, se moría, porque al pensar en una vida egoísta, solo pienso en mí, me encierro y termino en un ataúd, termino muriéndome.

Entonces, ella dice: "Decidí salir de la atadura de mi egoísmo." No podía vivir así. Así que cuando vi ahí a una mujer tosiendo, le decía: "Vení, dormí vos en la cama del fondo, esa que está bien calentita." ¿Por qué? ¿Por qué haces eso? Ahí, cuando estaba en la fila, decía: "Pasa tú primero, porque vas a recibir la comida caliente." ¿Por qué? ¿Por qué haces eso? Y ahí comencé a tener la oportunidad de hablarles del amor de Cristo. "Lo hago porque quiero mostrarles amor, como Cristo me amó a mí." Cuando decidí salir del ataúd de mi egoísmo, dice ella, "se abrió un mundo nuevo para mí". Y de pronto tuve oportunidad de predicar, y de pronto mujeres comenzaron a aceptar a Cristo en aquella prisión, y de pronto comencé a tener gozo en medio de ese campo de concentración. La vida volvió a surgir. ¿Cuándo? Cuando decidí salir del ataúd de mi egoísmo. Qué historia, ¿eh? Porque cuando uno vive solo preocupado por tus propios problemas, tus propias necesidades, olvidas de que puedes ser un instrumento en manos de Dios para otros.

Así que se manifiesta el egoísmo en los deseos, en las decisiones, que tomamos, y muchas veces estas decisiones nos van encerrando en un estilo de vida, nos van aislando. Ya les conté en otra oportunidad, pero viene muy al caso la historia de esta mujer, Corrie ten Boom, ahí en su libro "El Refugio Secreto". Ella cuenta una historia donde uno se siente tan identificado. Ella dice que cuando fue con su hermana Betsie al campo de concentración, por supuesto, fue un shock, y solamente buscaban protegerse. Y ella menciona algo: "El egoísmo tiene vida propia y se defiende." Porque claro, uno actúa egoístamente. Ella decía que al ver tanta maldad en ese lugar, mis pecados parecían insignificantes. Y entonces elegí la mejor cama, la que estaba más protegida del frío, sobre todo para mi hermana Betsie, que estaba muy enferma. Así que me peleaba con todas, y yo que era grandota, de nadie me podía ganar, y conseguí la mejor cama. Y en la fila de la comida, yo me empujaba a todas las que estaban delante mío, porque las primeras recibían la comida caliente, pero las últimas en la fila recibían la comida fría. Pero me di cuenta que estaba metida, dice ella, "en el ataúd de mi egoísmo". Qué terrible, qué fuerte como lo llama "ataúd". En el ataúd de mi egoísmo, me di cuenta que en ese tiempo no podía predicarle a nadie del amor de Cristo. ¿Cómo le iba a predicar si acabo de empujar y sacar de la fila? Me di cuenta que no había gozo en mi corazón y que mi alma se secaba, se moría, porque al pensar en una vida egoísta, solo pienso en mí, me encierro y termino en un ataúd, termino muriéndome.

Entonces, ella dice: "Decidí salir de la atadura de mi egoísmo." No podía vivir así. Así que cuando vi ahí a una mujer tosiendo, le decía: "Vení, dormí vos en la cama del fondo, esa que está bien calentita." ¿Por qué? ¿Por qué haces eso? Ahí, cuando estaba en la fila, decía: "Pasa tú primero, porque vas a recibir la comida caliente." ¿Por qué? ¿Por qué haces eso? Y ahí comencé a tener la oportunidad de hablarles del amor de Cristo. "Lo hago porque quiero mostrarles amor, como Cristo me amó a mí." Cuando decidí salir del ataúd de mi egoísmo, dice ella, "se abrió un mundo nuevo para mí". Y de pronto tuve oportunidad de predicar, y de pronto mujeres comenzaron a aceptar a Cristo en aquella prisión, y de pronto comencé a tener gozo en medio de ese campo de concentración. La vida volvió a surgir. ¿Cuándo? Cuando decidí salir del ataúd de mi egoísmo. Qué historia, ¿eh? Porque cuando uno vive solo preocupado por tus propios problemas, tus propias necesidades, olvidas de que puedes ser un instrumento en manos de Dios para otros.

En el dinero. Lucas, capítulo 16. El mayordomo, ¿no? Que solo pensaba en él. "¿Qué voy a hacer? Me echaron del trabajo y ahora, ¿de qué voy a vivir?" Y empezó a estafar a su amo. "Vos pon de 100, pon 50." No pensaba en el daño que hacía, pensaba solo en él mismo. El concepto de que el dinero tiene que suplir mis gustos, mis necesidades. Yo me quiero comprar esto, quiero lo otro, y no me doy cuenta de cuánto podría ayudar a otros. ¿Ves? El dinero puede ser un buen parámetro para ver si hay egoísmo en el corazón o no.

Ahora, finalmente, ¿cómo puedo solucionar este problema? ¿Cómo puedo vencer el egoísmo que está en el corazón? Tres consejos muy rapiditos. Los tres están en Mateo, capítulo 16, versículo 24 y 25. Mateo 16:24. "Entonces Jesús dijo a sus discípulos: Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, y tome su cruz, y sígame. Porque todo el que quiera salvar su vida, la perderá; y todo el que pierde su vida por causa de mí, la hallará." Tres consejos sencillos que Jesús da acá.

Primer lugar, niéguese a sí mismo. Niéguese a sí mismo. Es interesante que la palabra para "niegues" solo aparece en dos ocasiones. Aparece cuando Jesús habla acá de negarse a sí mismo, y la segunda ocasión es cuando Pedro negó a Jesús. Ahora, el asunto es así: o niegas a Jesús, o te niegas a ti mismo. Negarse a uno mismo no es odiarse, no es tener mal concepto de mí mismo. Negarme es no reconocer. Jesús. Pedro dijo de Jesús: "No lo conozco." No reconocer. Es decir, negar tus deseos, tus decisiones. "Esto es lo que yo quiero." Lo niego. Negarse es de alguna manera ilustrado por el ayuno. Mira, lee conmigo Isaías 58. Isaías 58. Versículo 13 y 14. Estoy esperando que se terminen de mover las hojas de la Biblia. Ahí lo tienen. Isaías 58. Te espero. Por una cosa, marca estos versículos. Fíjate lo que dicen: "Si retrajeres del día de reposo tu pie, de hacer tu voluntad en mi día santo, y lo llamares delicia, santo, glorioso a Jehová; y lo venerares, no andando en tus propios caminos, ni buscando tu voluntad, ni hablando tus propias palabras." Qué énfasis, ¿no? En ayunar, pero no se refiere acá de ayunar en cuanto al alimento, sino a ayunar de hacer mi voluntad, de andar por mis caminos, de hablar mis palabras. Este ayuno se refiere acá al abstenerme de hacer mi voluntad, de hacer lo que yo quiero. Y dice el 14: "Entonces, entonces recién ahí te deleitarás en Jehová." Entonces te vas a poder deleitar. ¿Qué impide que yo me deleite en Dios? La búsqueda constante de mis deseos, de hacer mi voluntad, de andar por mis caminos. Esa ansiedad que produce conseguir lo que yo quiero hace que no me pueda deleitar en Dios. Pero dice: "Si en realidad te abstienes de andar por tus caminos, de hacer tu voluntad, de hablar tus palabras, de hacer lo que se te da la gana, si te propones dejar a un lado, te niegas a vos mismo para hacer la voluntad de Dios, entonces te deleitarás." Y yo te haré subir sobre las alturas de la tierra y te daré a comer la... Entonces te deleitarás. Y qué dice el Salmo 37:4: "Deléitate asimismo en Jehová, y él te concederá las peticiones de tu corazón." El problema es que estoy tan enfocado en las peticiones de mi corazón, estoy tan afanado de conseguir las peticiones de mi corazón, de correr tras los deseos de mi corazón, que no tengo tiempo de deleitarme en Dios. Pero dice acá: "Si te abstienes, si mira, negarte a vos mismo." ¿Qué es negarme a mí mismo? Es lo que dice acá el 13: es no andar en tus propios caminos, no buscar tu voluntad, no hablar tus propias palabras. Si te dejas estar enfocado en vos mismo, si salís del ataúd de tu egoísmo, entonces te deleitarás haciendo la voluntad de Dios. Y cuando encontrás deleite en la misma persona de Dios, en disfrutar de la voluntad de Dios, entonces él se va a ocupar de los deseos de tu corazón, porque él cumple su promesa. Y cuando te deleitas en Dios, él concede las peticiones del corazón. ¿Te das cuenta? Negarse a uno mismo es comenzar a decirle no a los deseos de mi carne para deleitarme en la voluntad de Dios.

Así que Jesús dijo, en primer lugar, niégate a ti mismo. En segundo lugar, desarrollar el altruismo. Dice acá: "el que quiere salvar su vida, la perderá", porque está enfocado en sí mismo. Eh, ¿ves? Lo que está diciendo acá, si vas a enfocar la vida en vos mismo, vas a perder tu vida, porque tu vida es un instrumento en mano de Dios para alcanzar a otros, para servir a otros. No es el objetivo de vivir para vos mismo. Ahora, hay una historia de un hindú, quizás conocemos poco, pero tiene una historia muy interesante. Se llamaba Sadhu Sundar Singh. Cuenta una historia ahí de cuando estaban caminando en el norte de la India, por el Tíbet, los agarró una tormenta de nieve y realmente pensaban que no iban a llegar. Iba él con un amigo, pensaban que no iban a llegar al refugio, estaban congelándose literalmente. Y en el camino ven a un hombre tirado a un costado, pidiéndole ayuda. Ya no tenía más fuerzas, la nieve lo estaba tapando, iba a morir ahí en poco tiempo. Entonces lo miraron y se miraron uno al otro. ¿Qué hacemos? Y el amigo dijo: "No, no, dejémoslo. Es imposible salvarlo a él y salvarnos nosotros. Si vamos a ayudarlo, nos vamos a morir los tres. Si apenas podemos llegar con nuestras propias fuerzas, olvidate, sigamos adelante." Así que siguió caminando. Pero Sadhu Sundar Singh miraba a este hombre ahí y no podía, no podía, simplemente no podía dejarlo morir ahí. Así que lo tomó, lo cargó sobre su espalda y comenzó a caminar, a caminar. Por supuesto, el amigo de él avanzó mucho más rápido porque no llevaba ningún peso, y él se demoró y quedó muy atrás. Después de un largo tiempo, Sadhu Sundar Singh ve a su amigo, al que iba adelante, lo vio ahí en el camino. Había muerto congelado. Tocó y ya estaba muerto. No podía hacer nada por él. Así que él siguió, siguió con el peso del otro hombre encima de él, y siguió y siguió y llegó al refugio. Y una vez en el refugio, donde los estaban atendiendo, él comenzó a pensar: "¿Por qué? ¿Por qué su amigo, que no llevaba ningún peso, murió? ¿Y por qué él pudo llegar con vida?" Y claro, se dio cuenta, se dio cuenta que el hombre que él llevaba en su espalda, en realidad, lo mantuvo caliente a él, que en realidad lo protegía de la nieve y que lo mantuvo caliente para poder llegar al refugio. Que al salvar al otro, en realidad se salvó a sí mismo. Y le vino a la mente este versículo: "El que quiere salvar su vida", como su amigo, ¿qué pasó? "la perderá". Pero "el que buscó salvar al otro, se salvó". Y él entendió este principio que está en este versículo. Mira, cuando uno piensa solamente, "ah, no, que es mi plan, es mi deseo, son mis asuntos", esa vida egoísta te termina haciendo perder la vida, perder la vida en cosas que no te dan nada. Pero el que busca salvar al otro, en realidad se está ayudando a sí mismo. ¿Por qué? Ah, porque no hay gozo mayor en la vida que ver la obra que Dios hace en otros, cuando te permite ser un simple instrumento en manos de Dios. Terminás disfrutando de la vida, porque terminás dándote cuenta lo hermoso que es ser un instrumento para la salvación de otros. ¿Te das cuenta? Desarrollar este altruismo, es decir, este sentir de vivir para otros, para ayudar a otros, para llevar el evangelio a otros, para servir a otros, y deja que Dios se ocupe de ti. Vas a ver que disfrutás mucho más.

Y lo último, dice acá Jesús: "tome su cruz". Y uno dice: "¿Para qué necesito yo una cruz?" Gálatas 5:4. Pablo dice ahí que debemos crucificar nuestros deseos y pasiones en la cruz de Cristo. Debemos crucificar nuestros deseos. ¿Por qué necesito una cruz? Tengo que crucificar, crucificar no es matar, es mantenerlos en la cruz. Es que mis deseos, cuando están fuera de la cruz, no sirven. Enfocan mi vida en una autosatisfacción. Cuando en realidad, si yo crucifico ahí mis deseos y pasiones, voy a estar libre para vivir para Dios. Tres consejos simples: niégate a vos mismo, desarrollar otro mismo, crucifica tus deseos y pasiones.

Pero no hay otra forma cuando uno entiende estos conceptos. Pide a Dios que el amor de Cristo pueda manifestarse a través de tu vida. Hay mayor contra el egoísmo que Cristo. Si hay alguien que no manifestó egoísmo en su vida, fue Cristo. Él vivió para amar al otro, vivió siempre para servir. Él ni siquiera pensó en sí mismo. Él dijo: "Yo he venido a servir." Y entonces pedíamos a Dios: "Señor, llena el amor de nuestro corazón con el amor de Cristo para que pueda despojarme de ese egoísmo que me encierra como en un ataúd, que me hace vivir pendiente de satisfacer mis anhelos, mis caprichos, y que no me permiten disfrutar de lo que es servir a otros." Porque después de todo, quizás alcance conseguir mis caprichos y después, ¿qué? Me voy a dar cuenta que la satisfacción se acaba pronto. Pero, pero cuando uno disfruta de hacer la voluntad de Dios, esa satisfacción permanece para siempre. Oramos a Dios y quedan libres para tomarse su recreo.

Señor, te pedimos que estos simples consejos de tu palabra queden en nuestra memoria. Son simples, pero son difíciles, porque reconocemos que nuestra naturaleza hay mucho egoísmo. Reconocemos que desde niños hemos traído esta naturaleza que solo piensa en sí mismo y en buscar nuestra satisfacción. Pero rogamos, señor, que el amor de Cristo venza el egoísmo para que aprendamos a disfrutar del servicio a otros. Te lo pedimos en el nombre de Cristo Jesús. Amén.