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[Música] Existió un venezolano que fue capaz de conformar un estado sólido y moderno desde las ruinas, en un país marcado por más de 50 años de inestabilidad y de guerras. Fue una labor tan trascendental que merece un mérito del que muy pocos hombres gozan en la historia. Su vida, como laborioso hacendado y como militar antes de conquistar el poder, fue tan excepcional como los 27 años en los que gobernó a Venezuela. Nadie ha logrado vencer de forma tan eficaz las tendencias anárquicas de nuestro país; no había gobernado a los venezolanos durante tanto tiempo en paz, con tan poca oposición, en una ola de constante desarrollo. Sin embargo, con el pasar del tiempo, sus detractores lo han descrito como un tirano que sumergió a Venezuela en la miseria. Su nombre es Juan Vicente Gómez, también conocido como el Benemérito, y esta es su gran historia. Los invito a apoyar esta iniciativa suscribiéndose al canal, compartiendo este material si les parece valioso y, próximamente, apoyándonos en nuestro Patreon. Les recuerdo también que el sustento documental y bibliográfico de todos nuestros vídeos lo pueden encontrar abajo en la descripción del material. Pero continuemos pues con la extraordinaria historia del rehabilitador de Venezuela. [Música] i [Música]
Juan Vicente Gómez Chacón nació, al igual que Simón Bolívar, un 24 de julio, pero de 1857. Él creció en una de las zonas más remotas de Venezuela, en una hacienda llamada La Mulera, que estaba ubicada en el estado Táchira, cuya propiedad se remontaba al bisabuelo de Juan Vicente, llamado Eleuterio García Rovira, que fue un capitán de la causa patriota de la independencia y fue hermano de otro mártir patriota cercano al Libertador Simón Bolívar. Es bastante curioso mencionar que Gómez descendía tanto de próceres de la independencia como de los primeros conquistadores españoles que poblaron esta región, pues parte de su ascendencia puede remontarse a Pedro Gómez de Orozco, uno de los conquistadores que fundó Bogotá, Ocaña y Pamplona. Sin embargo, sus padres estaban muy lejos de ser grandes terratenientes o figuras vinculadas a la élite social venezolana. Juan Vicente Gómez nació y creció en la región montañosa de los Andes venezolanos, y es importante hacer hincapié en que, por diferentes razones históricas, los habitantes de los Andes venezolanos desarrollaron, durante los siglos, una cultura distintiva: de gente trabajadora, de gente religiosa, metódica, de familias numerosas y cohesionadas, de personas sencillas pero calculadoras, austeros, introvertidos; una cultura donde no había esclavos y los hacendados también trabajaban la tierra directamente. Contrario a lo que muchos creen, Juan Vicente Gómez no era analfabeta, aunque no se sabe con exactitud dónde aprendió a leer y dónde aprendió a escribir. Es posible que haya aprendido en una pequeña escuela dentro de la misma hacienda de La Mulera. Los numerosos papeles escritos por él, sus propias firmas, las anotaciones que hacía en los documentos que recibía e incluso sus propios poemas confirman que Gómez no era este paleto ignorante como han popularizado sus adversarios políticos.
Cuando su padre muere en 1883, Juan Vicente Gómez asumiría, a los 26 años, una gran responsabilidad como encargado de la hacienda de La Mulera y como encargado de una numerosa familia, pues él era el mayor de los hermanos. Ejerciendo como encargado de la hacienda, Gómez adquirió fama de ser un hombre serio, laborioso, estructurado, austero y buen pagador. En poco tiempo logró incrementar la productividad de la hacienda en la siembra y comercialización de café, así como también en la compraventa de ganado. Durante esta experiencia consiguió elevar considerablemente la posición económica de su familia, al igual que desarrolló destrezas para la administración que le serían útiles toda su vida. Gómez siempre mantuvo un estilo de vida sencillo y modesto, de hombre de trabajo, incluso mientras era el jefe absoluto de Venezuela. [Música]
Lo cierto es que Juan Vicente Gómez se mantuvo alejado de la política y de las ambiciones de poder durante todo este tiempo, hasta que en 1888, en una pelea de gallos, pidió que le presentaran a Cipriano Castro, quien entonces era gobernador de la sección Táchira del Gran Estado de los Andes. Se hicieron tan cercanos que Cipriano Castro fue nombrado padrino de José Vicente, el primer hijo que tuvo Gómez con su mujer, Dionisia Bello. Pasaron los años y, en 1892, estalla la Revolución Legalista de Joaquín Crespo contra el gobierno constituido del entonces presidente de Venezuela, Raimundo Andueza. Esta revolución encontró fuerte apoyo en ciertas zonas de los Andes, y el presidente Andueza designó a Cipriano Castro como el hombre indicado para combatir a los insurgentes en Mérida y en Táchira. Castro le pide a su compadre Juan Vicente Gómez que lo apoye, y éste acepta acompañarlo en esta nueva aventura en calidad de comisario de guerra, aunque sus funciones en esta guerra debían ser únicamente administrativas, aunque no tenía ninguna experiencia militar de combate. Vicente, como es conocido, participó en la batalla de Colón en marzo de 1892 y combatió con tal intensidad que fue ascendido al grado de coronel. Sin embargo, la Revolución Legalista de Joaquín Crespo triunfó en el país, así que Castro y sus seguidores tuvieron que marcharse al exilio en Colombia. De manera que Gómez, a los 35 años de edad, también tuvo que abandonar el país con casi toda su familia y se estableció en una finca cerca de la frontera con Venezuela, donde se dedicó básicamente a restablecer sus negocios. Mientras tanto, Castro continúa trazando sus planes políticos, que eran muy ambiciosos.
Para entender la relevancia de Gómez es fundamental contextualizar: el siglo XIX en Venezuela estuvo marcado por intensas guerras e inestabilidad revolucionaria. Luego de la dura Guerra de la Independencia, la Guerra Federal que estalló en 1859 no trajo para nada la paz, sino más caos, de revoluciones sucesivas y la creación de una clase política feudal que hizo de las guerras su medio para vivir y su medio para llegar al poder. Por mucho tiempo fue un país desagregado, con un estado sumamente débil que no controlaba a cabalidad el territorio nacional ni garantizaba las condiciones mínimas de desarrollo. Ésta seguía siendo la realidad de Venezuela en 1897, cuando Ignacio Andrade, candidato oficial a la presidencia del gobierno de Joaquín Crespo, ganó las elecciones presidenciales en unos comicios fraudulentos contra José Manuel Hernández, conocido como “El Mocho” Hernández. Durante la presidencia de Andrade, el país vivía una situación económica muy difícil, además de que el liderazgo de Andrade era muy débil y poco respetado; era Joaquín Crespo quien realmente sostenía el poder, pero su muerte en este último año acentuó la crisis que ya existía. Y con el fin de afianzar su poder, Andrade se dispuso a eliminar la división político-territorial vigente que dividía a Venezuela en siete grandes estados y volver a los antiguos 20 estados. Pero Cipriano Castro, desde Cúcuta, sabía muy bien de la debilidad del gobierno, y la aparente inconstitucionalidad de esta reforma territorial fue el argumento que sirvió a Castro como bandera de su revolución. De esta forma, en mayo de 1899, Cipriano Castro ingresa a Venezuela cruzando el río Táchira con tan solo 60 hombres y proclama la Revolución Liberal Restauradora desde el pueblo de Capacho en Táchira. Entre esos 60 hombres estaba Juan Vicente Gómez y varios miembros de su familia.
Al principio, Gómez había dudado en sumarse a la revolución por su hijo de tan solo 6 años. Según él mismo escribió sobre uno de sus papeles: “Cuando la guerra del 23 de mayo pensé no venir por no dejarlo solo, pues al verlo esa noche acostado en mi cama fue muy grande mi dolor para dejarlo sin saber qué suerte me tocaría”. Pero al final, quien bien podía haberse quedado en una vida relativamente cómoda en su hacienda, decidió acompañar a su compadre en la Revolución Liberal Restauradora. En Táchira se le sumaron más de 1000 hombres que constituyeron la base de su ejército. Al no poder tomar San Cristóbal luego de dos meses de batalla, Castro toma una decisión inesperada: marchar hacia la capital del país. Una serie de victorias en el camino, siendo la más decisiva la lograda en Tocuyito, sumadas a un conjunto de traiciones internas del gobierno y a la astucia política de Castro para negociar con los miembros del gobierno que ya no querían a Andrade como presidente, terminaron por dar la victoria y el poder a Cipriano Castro el 22 de octubre de 1899, seis meses después de iniciada la sublevación. Cipriano Castro entró victorioso a Caracas bajo un aguacero, acompañado por batallones andinos y por varios de los oficiales que hasta hace poco habían servido a Andrade. Gómez nunca había pisado la capital de Venezuela, y así, en cuestión de meses, su vida cambió para siempre. Durante la guerra, ascendió hasta el rango de general y ganó la posición de segundo jefe del movimiento revolucionario. Desde que entraron a Venezuela, Gómez se dedicó a atender todas las necesidades logísticas y materiales de toda la tropa, y durante los próximos años como jefe mantuvo este cuidado paternal sobre los andinos, quienes muchas veces acudían a él ante el olvido o la indiferencia de Castro cuando éste ya estaba en el poder. Ahora bien, Gómez no ejecutó ninguna acción militar de envergadura durante el curso de esta revolución; su prestigio como gran estratega militar tendrá que esperar unos años más.
De manera que, en 1899, Cipriano Castro asume la presidencia de la República y se da inicio al período conocido como la Hegemonía Andina, un período histórico de casi medio siglo de duración en Venezuela donde solamente encabezaron los gobiernos los tachirenses, es decir, aquellos provenientes de la región montañosa de los Andes venezolanos, más específicamente del estado Táchira. Al recién ascendido Castro se le presentaron los primeros problemas en el poder de inmediato, sumado a que se encontró con un tesoro nacional prácticamente sin dinero. El general José Manuel Hernández, alias “El Mocho”, no acepta el triunfo de la Revolución Liberal Restauradora y levanta de inmediato un movimiento guerrillero anti-castrista. El segundo problema se encontraba en la tierra natal de los revolucionarios: el Táchira estaba bajo el mando de Juan Pablo Peñalosa, quien no había reconocido al gobierno de Castro. A criterio de Cipriano Castro, el hombre más indicado para pacificar y controlar el Táchira era Juan Vicente Gómez. Antes de iniciar esta nueva misión, Gómez ocupó por unos meses el cargo de gobernador del Distrito Federal, siendo así, con 42 años, el primer tachirense que ingresaba al gabinete de Castro; un gabinete, vale decir, conformado fundamentalmente por valencianos y por caraqueños de la vieja política que habían sido miembros de los gobiernos anteriores. Gómez abandona el cargo para así partir al Táchira y se embarca en La Guaira en varios barcos de la armada, en los cuales llega a Maracay, donde sigue su rumbo hacia la región andina. Esta era la primera vez que Gómez veía y navegaba el mar. Finalmente llegó a su destino, donde sus adversarios ya habían huido, y allí fue recibido con un gran entusiasmo popular. Con una actitud responsable y con una política inclusiva con sus adversarios, que él sostendría durante toda su vida, Gómez logró mantener bajo control la situación en la frontera con Colombia frente a la amenaza que había de invasión de grupos disidentes, logró restablecer el orden público y el partido, y logró combatir una epidemia de viruela y realizar varias obras públicas. El mismo Gómez sacó dinero de su bolsillo para ayudar a los soldados desahuciados que los habían acompañado desde el inicio de la Revolución Liberal Restauradora.
Mientras Gómez lograba restablecer la paz en Táchira, un problema muy grave se estaba gestando en Caracas. Dos familiares del presidente Castro entraron en conflicto con Gómez porque lo acusaban, sin fundamento, de ser un traidor y de ser un corrupto, en parte porque estaba trabajando con viejos adversarios. Para Castro, la postura de ambos familiares influyó mucho en el presidente; Castro decide finalmente nombrar a su hermano como presidente del Táchira, y esto fue algo que a Gómez lo molestó y lo desilusionó, e incluso se retiró a su finca La Mulera. Sin embargo, los ánimos se lograron calmar entre todos los actores, sobre todo por las crecientes amenazas de enemigos externos. Atendiendo la solicitud de Castro, regresa a Caracas en 1901 y es nombrado vicepresidente del país, pero ya no era el mismo alegre defensor del régimen de antes; él volvía como un hombre más experimentado que ya había tenido un primer encuentro con la política cruda y real de Venezuela. Pero mientras todo esto ocurría, un grupo de caudillos que habían sido alejados del gobierno, así como otros que seguían siendo parte del mismo, empezaron a conspirar seriamente contra Castro. [Música]
De esta forma, en diciembre de 1901, estalló la última guerra civil en la historia de Venezuela: la llamada Revolución Libertadora. Esta fue una coalición de caudillos regionales liderados por el banquero Manuel Antonio Matos que se organizó para derrocar al gobierno de Cipriano Castro con ayuda de empresas transnacionales que operaban dentro del país y que veían la política de Castro como una amenaza para sus intereses. Con los miles de dólares recibidos por agentes extranjeros en Nueva York, Manuel Antonio Matos formó un poderoso ejército fuertemente armado para luchar contra el gobierno castrista. La guerra inició el 19 de diciembre cuando Luciano Mendoza, que en ese entonces era el presidente del estado Aragua y supuesto aliado de Castro, proclamó su rebelión en Villa de Cura. Esto fue seguido por otros levantamientos en otras zonas del país. Castro decide ascender de inmediato a Juan Vicente Gómez como general de división y lo pone a la cabeza de un contingente de 1500 hombres para combatir a Luciano Mendoza. Esta era una nueva gran responsabilidad con la paz de la república que Gómez, vale decir, no estaba dispuesto a dejar caer; la coalición de caudillos rebeldes más grandes de la historia venezolana se había conformado para derrocar un gobierno, y además, Luciano Mendoza era un hombre con una amplia carrera militar y que tenía además la fama legendaria de haber sido quien derrotó al prócer de la independencia José Antonio Páez. A su vez, Mendoza contaba con oficiales y subalternos muy bien preparados en su ejército. Y en contraste con todo esto, era la primera vez que Gómez salía en campaña al mando de un ejército. Aún así, sin titubeos ni miedo, Gómez asumió esta misión sin saber que se convertiría en el pacificador de la patria. Pese a su escasa experiencia, Gómez organizó sus fuerzas militares en tres grupos perfectamente armonizados y mostró de inmediato una gran capacidad de organización y comunicación dentro de sus tropas. Luciano Mendoza se disponía a unir sus fuerzas con las de otro general alzado llamado Antonio Fernández; Gómez impidió su reunión en el corredor de la Puerta y en poco tiempo logró vencer tanto a Fernández como a Mendoza, quien había derrotado al legendario Páez. Castro envió un telegrama que decía: “A cabo usted con Mendoza, a cabo usted con Fernández, ahora acabará con los bandidos de nuestra Sierra Morena”. Con un fusil Mauser, hermano, y con un valor extraordinario, Gómez siguió hacia los Llanos donde derrotó en El Tinaco a un famoso guerrillero, Matos, quien murió acribillado en la batalla. Lo cierto es que su primera campaña en el centro del país fue espectacular: en 65 días Juan Vicente Gómez pacificó la región central, derrotó a tres grandes caudillos de Venezuela y recorrió centenares de kilómetros por caminos casi intransitables, y demostró, sobre todo, que dominaba el arte de la guerra, lo cual dejó bastante perplejo a todos los que veían a Gómez como un palurdo campesino que solamente estaba a la sombra de Castro. Sin embargo, la guerra estaba lejos de terminar.
Pese a estas victorias, la situación seguía siendo muy complicada para el gobierno de Castro y para Gómez. El banquero Manuel Antonio Matos dirigió un barco repartiendo armamento por toda la costa venezolana; además, los revolucionarios ya habían logrado apoderarse de buena parte del país, excepto los Andes y, exceptuando la región central que había sido pacificada por Gómez, Venezuela no había vivido una época tan anárquica y tan violenta desde la Guerra Federal. Gómez regresa a Caracas y, en marzo de 1902, sale nuevamente en campaña a combatir en Coro a varios jefes revolucionarios de renombre a quienes derrotó formidablemente. Luego de esto, partió a las costas de Cumaná, donde se encontraban los caudillos más importantes de la Revolución Libertadora: los generales Domingo Monagas y Nicolás Rolando, con un numeroso y bien armado ejército. El 3 de mayo, Gómez desembarcó, sitió y tomó Cumaná; tres días después atacó Carúpano, donde recibió una bala que casi lo mata, por lo que debió ser trasladado de vuelta a Caracas. Manuel Antonio Matos desembarcó el 15 de mayo en Güiria y lanzó su proclama como jefe supremo de la revolución. A su vez, el gobernador de Guayana, quien ocupaba el cargo por cuenta de Castro, entregó Ciudad Bolívar a los revolucionarios con el grito de “¡Mueran los andinos!”. Todo el oriente del país estaba en manos de los alzados, y buena parte del occidente estaba en disputa. Por si no fuese poco, los revolucionarios no solo recibían dinero de grandes empresas estadounidenses, sino que los ferrocarriles ingleses y alemanes, así como la compañía de cable francesa, también los ayudaban. Ante esto, Castro decidió declararse en campaña militar y evitar la reunión de los revolucionarios de oriente con los que estaban en occidente, por lo que deja a Gómez encargado de la presidencia de la república. Castro agrupó todas sus fuerzas en La Victoria, mientras que en Villa de Cura se concentraron todos los alzados revolucionarios. Del lado revolucionario eran 14.000 hombres bien equipados, con una docena de generales experimentados, mientras que el gobierno contaba solamente con 7000 hombres que acompañaban a Castro allí en La Victoria. En octubre de 1902 se empezó a librar la batalla más sangrienta y con mayor número de guerreros en toda la historia de Venezuela. El terreno montañoso y la falta de unidad de mando en el otro bando favorecían a Castro; sin embargo, sus fuerzas eran menores y tuvo que solicitar desesperadamente a Gómez que enviara un batallón de refuerzo, a lo que Gómez le respondió en un telegrama: “No le enviaré el batallón que usted pide; déjelo a mi nombre, que he reunido con prontitud cuánta fuerza se me ponga en el camino, y al llegar allí atacaré al enemigo por la retaguardia”. Y así fue; la llegada del refuerzo de Gómez fue decisiva para que, luego de 13 días de combate, las fuerzas de Castro derrotaran al enemigo. En esta batalla histórica, desmoralizados y mermados, los caudillos se dispersaron por todo el país. De forma que Gómez, este hacendado introvertido, sin la experiencia militar ni política, se había convertido en el hombre primordial del gobierno y el principal jefe militar del país. Pero el trabajo todavía no estaba listo.
Por un lado, en un episodio paralelo, pocas semanas después, la República de Venezuela sufrió una de las peores agresiones externas que jamás ha sufrido: el bloqueo a las costas venezolanas por parte de Inglaterra, Alemania e Italia. Los revolucionarios tuvieron la decencia de pactar una tregua con Castro mientras se resolvía este asunto, pero seguían siendo una amenaza importante para el gobierno. Una vez resuelto el asunto del bloqueo, se reactivó nuevamente la revolución, así que en abril de ese año Gómez salió de nuevo para combatir a los alzados, y en El Guapo derrotó a un numeroso ejército del general Nicolás Rolando. A su vez, el 3 de mayo derrotó decisivamente a los jefes revolucionarios que quedaban en occidente. Pero la batalla con la que Gómez selló el triunfo de la paz en Venezuela tuvo lugar en Ciudad Bolívar, una ciudad que históricamente había sido considerada como imposible de conquistar. Allí se encontraba el general Nicolás Rolando, fortificado y liderando el último baluarte de la revolución. Pero en tiempo récord, en tres días y tres noches, Gómez logra vencer a los caudillos alzados en esta ciudad. Finalmente había sido derrotada la Revolución Libertadora y con ello consiguió la paz nacional el 21 de julio de 1903, poniendo fin así a la sangrienta historia de guerras civiles en Venezuela. Y en Caracas fue recibido en medio de aclamaciones y arcos de triunfo bajo el título de “Pacificador de Venezuela”. Para asombro de muchos, este silencioso tachirense demostró ser un jefe militar excepcional. Pero si su labor como militar durante este conflicto fue trascendental para el país, más todavía lo sería su labor como gobernante. Gómez comenzó a ejercer como vicepresidente de Venezuela bajo el mandato de Cipriano Castro, y su figura fue ganando cada vez más y más prominencia. La actitud temeraria, verbosa, audaz e iracunda de Castro contrastaba con el comportamiento silencioso, sensato, firme e inteligente de Gómez. Esto produjo desconfianza entre Gómez y Castro, y aunque en varias ocasiones Castro tuvo conductas reprochables en contra de Gómez que causaron gran tensión política en el país, Gómez siempre se mantuvo fiel a su compadre, de eso no hay duda; está registrado. Un grupo de caraqueños y valencianos partidarios de Castro incluso se atrevió a conspirar contra la vida de Juan Vicente Gómez en el episodio llamado “La Conjura”. Cuando Castro enfermó gravemente y ellos temían que Gómez asumiera el poder como sucesor de Castro, durante los días de la conjura Gómez no dormía dos noches seguidas en la misma casa. Pero cuando se recuperó Castro, le molestó muchísimo que sus partidarios lo dieran por muerto mientras Gómez se había mantenido atento a su cuidado, así que varios de estos partidarios de sus círculos los desplazó de los importantes puestos que estaban ocupando. Pese a todo esto, el gobierno se mantuvo unido, aunque la política convulsa de Castro no estaba produciendo buenos resultados para el país.
Para 1908, además de numerosos problemas sociales, Venezuela tenía enormes deudas y la nación además había entrado en una situación muy conflictiva con varias potencias extranjeras que nuevamente habían intervenido en sus aduanas y que fácilmente pudieron atentar contra la soberanía del país. Era un escenario realmente caótico y delicado, y el país clamaba orden, clamaba tranquilidad. Y en medio de esta difícil situación, el presidente Cipriano Castro enferma nuevamente de forma seria y tiene que viajar a Berlín para hacerse una cirugía; su muerte era más que probable, y Gómez ya había empezado a hacer preparativos para este escenario. Inmediatamente después de la partida del presidente del país se empezaron a producir manifestaciones públicas en contra de Castro. Al mismo tiempo, varios de los partidarios del castrismo, sobre todo los que habían sido desplazados de sus cargos, empezaron a favor de su derrocamiento, mientras que el círculo de andinos leales a Gómez obedecería hasta la muerte cualquier decisión que tomara su jefe. De esta forma, Juan Vicente Gómez, de forma muy calculada y planificada, decidió ejecutar la maniobra que marcaría su vida y la del país para siempre: encarceló a los pocos mandos militares y políticos que seguían leales a Castro y desarrolló una maniobra legal en la que se amparó en la constitución vigente para asumir formalmente el poder como vicepresidente encargado de la presidencia y con ello también nombrar un nuevo gabinete completamente nuevo. Luego de esto, el país entero aplaudió esta medida. En la llamada Revolución Rehabilitadora no hubo sangre, ni un solo disparo; una multitud en la Plaza Bolívar ovacionó al nuevo gobierno; los estados del interior manifestaron su adhesión, y el congreso también lo reconoció. Si esto fue un golpe de estado, como algunos historiadores opinan, habrá sido el golpe de estado más constitucional de la historia de Venezuela. Rómulo Gallegos, quien se convertiría en un famoso escritor y presidente venezolano, escribió las siguientes semanas después de la toma del poder de Gómez: “Parece advertirse las señales que anuncian el advenimiento de aquel milagro político desde largo tiempo esperado como única solución eficaz al complejo problema de nuestra nacionalidad republicana; la revolución que en el seno de la paz y en breves días acabamos de presenciar no ha tenido nunca un móvil egoísta y extraño a los deberes del patriotismo, y esta es la suprema razón que la justifica”. De esta manera, aclamado por el país, el 19 de diciembre de 1908 inicia el gobierno de Juan Vicente Gómez, quien mandó en Venezuela como su líder indiscutible hasta su muerte en 1935. [Música]
Una de las primeras cosas que hizo Gómez una vez en el poder fue restablecer exitosamente el vínculo con estos países que estaban amenazando a Venezuela para que así se pudiese negociar y evitar la guerra. Seguido de esto, Venezuela va a un arbitrio internacional y éste termina dándole la razón al gobierno venezolano para así llegar a un acuerdo justo. En muy poco tiempo, Gómez logra solucionar el problema con las potencias extranjeras que la nación cargaba desde hacía bastantes años. También es fundamental señalar que en su primer período presidencial Gómez conformó uno de los gobiernos más inclusivos y más amplios de la historia de Venezuela; tanto en su gabinete como en su consejo de gobierno figuraban líderes de todos los sectores políticos que hasta hace muy pocos años estaban combatiendo a tiros entre sí. Todos los presos políticos de Castro fueron liberados y miles de exiliados regresaron al país; también se ofrecieron amplias libertades para la prensa y surgieron nuevos periódicos, nuevas revistas. Un par de años después, cuando algunos factores de la vieja política caudillista empezaron a conspirar contra el gobierno, es que el régimen de Gómez adapta las características de una dictadura, pero con la aprobación de gran parte del país; muy importante recalcarlo. Y a diferencia del gobierno de Castro, muchos de los cargos de relevancia de la administración fueron ocupados por andinos cercanos a Gómez, y a su vez el poder ejecutivo se rodeó de varios de los más prestigiosos intelectuales y profesionales de la época. Ahora bien, se ha dicho mucho que Gómez fue alguien cruel que se dedicó a perseguir a los opositores de su régimen mientras hundía al país en el peor de sus atrasos. Esta es una narrativa partidista de la historia venezolana sin ningún sustento serio, la cual se basa en relatos de ficción, como *Memorias de un venezolano en la decadencia* de José Rafael Pocaterra, o en la visión histórica promovida por sus adversarios en el futuro, que afirma que este presunto tirano mantuvo el país durante 27 años en la oscuridad de la represión. La realidad, la verdad, no puede ser más opuesta. Lo primero que debemos decir es que el gobierno de Gómez se amparó en una visión política y jurídica de intelectuales venezolanos que consideraba que…
Para que un país alcance una verdadera democracia, dicho país antes debía transitar por un proceso de evolución política gradual antes de llegar a ese estado democrático. Que la democracia no es algo que se decrete a la fuerza, estamos hablando de intelectuales como Laureano Vallenilla Lanz, José Gil Fortoul, Pedro Manuel Arcaya, entre otros, muy influenciados por el positivismo europeo, pero sobre todo por la conciencia de que los problemas venezolanos requieren de soluciones venezolanas.
Y sobre el tema de la represión política: por un lado, nunca se fusiló a nadie durante su mandato, y la mayoría de los capturados en las pequeñas conspiraciones armadas que hubo en contra del gobierno de Gómez no pasaron de estar unos pocos meses o años en prisión, pues fueron numerosas las amnistías políticas dadas por Juan Vicente Gómez. Los que estuvieron presos en la Rotonda durante mucho tiempo, como el caso de Román Delgado Chalbaud, realmente fueron la excepción. Con esto no se niega que haya habido represión contra políticos y contra medios de comunicación que mostraban ser sumamente perniciosos para la estabilidad del país, pero es bueno poner las cosas en perspectiva. Y para poner la situación en perspectiva, también hay que decir que todas estas prácticas que hubo durante el Gomecismo, incluidas las torturas, fueron ejercidas por otros gobiernos anteriores, así como por varios de los gobiernos democráticos que le siguieron después, incluso con mayor magnitud.
Por otra parte, la famosa cárcel de la Rotonda, empleada por su gobierno y que suele ser la más mencionada por sus detractores, ni siquiera fue construida por Gómez. Esta cárcel ya existía desde 1854 y ya había sido empleada previamente por los gobiernos anteriores. A su vez, son muchos los casos de personas que fueron radicales adversarios a Gómez que luego terminaron en importantes cargos de su gobierno, así como los casos de aduladores a Gómez que no recibieron ningún puesto de relevancia. La situación carcelaria en Venezuela durante el Gomecismo no es la que se ha pintado; más bien, uno de los datos más demoledores es que el número de presos en Venezuela se redujo entre 1908 y 1935.
Ahora, los mitos en torno a Gómez no se reducen al tema de los presos políticos; la realidad también es muy contraria a la narrativa popular en lo que respecta a desarrollo institucional, desarrollo económico, educativo y de infraestructura. Más que en la oscuridad, se puede afirmar de forma objetiva que Venezuela, durante el Gomecismo, vivió un progreso como nunca lo había visto hasta entonces. Bajo el lema de “Unión, Paz y Trabajo”, Juan Vicente Gómez logró unir de forma institucional y territorial un país que estaba desintegrado, trajo la paz poniéndole fin al caudillismo e impulsó de forma constante el valor del trabajo, además de impulsar la infraestructura y una economía que venía golpeada por guerras civiles, un gran desorden fiscal y por graves problemas ocasionados por la deuda extranjera.
En 1920, un artículo de una periodista del Times de Londres decía lo siguiente: “Abro comillas: Desde hace 6 años que yo visité a Venezuela, el progreso y la prosperidad nacional han sido enormes. Nadie puede negar que notable progreso se ha realizado y que la mano fuerte que guía la república está dirigida por un cerebro dotado de sentido práctico y clara visión. Cierro comillas.” [Música]
Un asunto trascendental es que, parece entonces, en Venezuela nadie había logrado consolidar un ejército nacional y profesional que respondiera a un solo mando para avanzar en la unión territorial e institucional y para sepultar el eterno ciclo vicioso de revoluciones armadas que no dejaban de ser una amenaza. Gómez consigue crear un ejército nacional que sirviera a Venezuela y no a los caudillos regionales. Antes que una simple reorganización del ejército, Gómez hizo un desmontaje de lo que existía y creó algo nuevo y distinto. Se institucionalizaron las fuerzas armadas en lo doctrinario, lo organizativo y lo material. Se fundaron nuevos organismos como la Aviación y la Inspectoría General, al igual que se fundaron muchas nuevas instalaciones militares y academias de formación de oficiales para así poder profesionalizar, integrar, centralizar y disciplinar a las tropas, tanto a los nuevos cadetes como los antiguos montoneros caudillistas. En estos días empezó a sembrarse la noción del ejército venezolano como heredero directo del ejército de Simón Bolívar. Cuando se celebró el centenario de la independencia en 1911, el pueblo venezolano pudo ver que sus fuerzas militares finalmente parecían y funcionaban como un verdadero ejército.
Al mismo tiempo, parece entonces, tampoco existían dos elementos imprescindibles para el funcionamiento de cualquier nación: por un lado, una administración pública unificada y organizada; y por otro, un proyecto coherente de obras públicas a largo plazo. Juan Vicente Gómez, caracterizado por ser muy metódico y reactivo, además de ser alguien que entendía la importancia de la infraestructura para el desarrollo nacional, se propuso atender seriamente ambos asuntos. Esta labor fue encabezada por Román Cárdenas, que fue primero Ministro de Obras Públicas hasta 1912 y después Ministro de Hacienda hasta 1922. Cárdenas ejecutó el primer plan de obras públicas que se ha hecho en la historia de Venezuela, que contemplaba un plan nacional de vías de comunicación, de acueductos y de obras de saneamiento. Así que en esta época varias de las grandes carreteras que tiene hoy Venezuela, como la famosa carretera Transandina, también se crearon los primeros aeropuertos, los primeros terminales de autobuses y aerolíneas del país, al igual que numerosos puentes y edificaciones. Y como si esto no fuese suficiente, para este respetable doctor, bajo su gestión como Ministro de Hacienda, Cárdenas logró unificar, sanear y crear la hacienda pública moderna de Venezuela. Sus reformas a la legislación fiscal y el funcionamiento del tesoro proporcionaron una sólida base administrativa y económica para el Estado venezolano que tuvo durante las siguientes décadas un desempeño económico envidiable para el resto del mundo; situación que destaca mucho más cuando se considera que antes de Gómez Venezuela venía de más de 50 años de un terrible estancamiento económico. Una de las tantas pruebas de ello es que cuando Gómez muere, el país contaba con cuantiosas reservas monetarias. Es precisamente la consolidación de un ejército nacional y la institucionalización de una administración pública sana lo que lleva a catalogar al Benemérito como el creador del Estado moderno venezolano.
Durante la presidencia de Gómez es también cuando se empieza a explotar el petróleo en Venezuela. Ante la ausencia de capitales nacionales y profesionales que fuesen capaces de explotar este rubro para ese momento, se le dio la bienvenida a varias empresas extranjeras para que lo explotaran, y de esta manera también llegaron importantes capitales a la economía del país. En esta materia, la labor de Gumersindo Torres fue primordial para negociar y luchar contra las empresas petroleras extranjeras con el fin de lograr una relación de ganancia justa entre el Estado y las empresas petroleras. La labor de Gumersindo Torres fue tan persistente que incluso el Departamento de Estado de los EEUU llegó a considerar a este ministro de Gómez como el principal enemigo de los intereses estadounidenses en materia petrolera en Venezuela. Así que también es falso que el gobierno de Gómez haya sido una suerte de títere de los EEUU. Otra prueba de esto fue la firme decisión de Gómez de mantenerse neutral durante la Primera Guerra Mundial, pese a las fuertes presiones que estaba recibiendo de EEUU contra Venezuela para que tomaran un bando a su favor. Sin embargo, este asunto del Gomecismo y de EEUU es uno de varios temas muy importantes de discusión sobre Juan Vicente Gómez que vamos a tratar en otros vídeos, pero también es otro mito que la economía venezolana en esta época creció nada más por un tema petrolero, pues antes de esto y durante la explotación hubo una importante mejora en la producción agrícola que era tan promovida por Juan Vicente Gómez, así como en otras áreas de la economía que tenían tiempos, décadas, sin gozar de una paz tan duradera, tan favorable. Era la situación económica en aquellos años, gracias a estas realizaciones, que Venezuela fue uno de los pocos países del mundo que no fue afectado por la crisis mundial de 1928, por el crack de 1928.
Y otro hecho cuya trascendencia es digna de estudio y que muestra la salubridad de las cuentas públicas fue en 1930, cuando el país logró cancelar la totalidad de la deuda interna y externa de la República en homenaje al centenario de la muerte del Libertador Simón Bolívar. Miren, no estar sometido a deudas es una de las más grandes aspiraciones que puede tener un país en cuanto a su soberanía y en cuanto a su bienestar. Un reflejo de la magnitud de este hecho es que Venezuela era el único país en el mundo en esta situación, libre de deudas.
Parece entonces, por otro lado, muy fundamental, aunque a Gómez también se le acusa de ser un analfabeto que despreciaba la educación, en materia educativa su gobierno tampoco se quedó atrás. Gracias a la labor de hombres como Rubén González Cárdenas, la matrícula escolar de primaria creció de 25 mil alumnos en 1909 a 150 mil alumnos en 1934, logrando de esta forma fortalecer la educación pública frente a la privada. Cuando Gómez murió, Venezuela era un país con el doble de escuelas que había cuando tomó el poder. El Ministerio de Instrucción Pública organizó un vasto proyecto en 1930 con el objetivo de luchar contra el analfabetismo en Venezuela. Para ello se construyeron escuelas para adultos analfabetos, y durante todos esos años también se inauguraron escuelas básicas, escuelas comerciales, escuelas de arte y oficio y escuelas de agricultura a nivel nacional. Y durante su gestión, muy importante mencionar también, fue financiar la labor académica de varios de los más grandes intelectuales de Venezuela.
Por último, pero no menos importante, luego de encontrarse con un sistema de salud sumamente atrasado y prácticamente inexistente, el gobierno de Gómez impulsó la realización del primer diagnóstico serio y completo de la situación sanitaria del país para 1911, y durante su mandato se establecieron las bases de un sistema sanitario público nacional que luego de su gobierno seguiría evolucionando positivamente en el tiempo.
En resumen, el resultado del Gomecismo fue una Venezuela más segura, menos pobre, más ordenada, más institucional y más educada que la Venezuela caudillista del siglo XIX. Con Juan Vicente Gómez también muere el mismo día que Simón Bolívar, el 17 de diciembre, pero de 1935. Su vida fue extraordinaria, al igual que su obra de gobierno. Con astucia silenciosa, con su talento y escasa experiencia, logró imponerse sobre todas las demás ambiciones anárquicas del país, y aunque la historia se haya encargado de juzgarlo negativamente durante mucho tiempo, el estudio de su época no deja dudas de que en su momento fue aclamado por la nación como el hombre necesario para sellar la paz e introducir a Venezuela en el siglo XX. Por este motivo, Gómez fue el hombre más importante del siglo XX venezolano, porque sin él no se hubiese consolidado un Estado moderno que permitiese construir la Venezuela potencia que alguna vez existió. Su labor trascendental lo distingue de cualquier otro hombre de su época. No murió frustrado como muchos hombres que pensaron que sólo gastaban la fuerza de voluntad para cambiar la historia; Gómez murió sabiendo que había transformado a Venezuela para siempre, con “Unión, Paz y Trabajo”.
Muchas gracias por ver este material. Espero que les haya servido para conocer mejor a este hombre, para conocer mejor a nuestra historia. Como siempre les recuerdo que compartan este vídeo si les pareció valioso, que se suscriban al canal, que dejen sus comentarios, sugerencias, sus preguntas. Esto es La Nueva Enciclopedia, una manera de entender mejor nuestro mundo, nuestra cultura, nuestra historia y, bueno, comprender mejor todo el entorno que nos rodea. Muchas gracias por vernos y nos vemos en la próxima.