Transcription
En aquel tiempo dijo Jesús a sus discípulos, "No atesoréis tesoros en la tierra, donde la polilla y la carcoma los roen, y donde los ladrones abren boquetes y los roban. Hacéos tesoros en el cielo, donde no hay polilla ni carcoma que los roen, ni ladrones que abren boquetes y roban, porque donde está tu tesoro, allí estará tu corazón. La lámpara del cuerpo es el ojo. Si tu ojo está sano, tu cuerpo entero tendrá luz. Pero si tu ojo está enfermo, tu cuerpo entero estará a oscuras. Si pues la luz que hay en ti es oscuridad, ¿cuánta oscuridad habrá?"
Palabra del Señor.
Nos podemos sentar, hermanos. Recordemos que seguimos escuchando el sermón de la montaña, la fotografía del hombre nuevo. El hombre que quiere hacer el hombre nuevo que quieren hacer en cada uno de nosotros, que quiere crear el Señor en nosotros. Acordaros el discurso de Jesús y Nicodemo, "Señor, pero le dice, le dice Cristo, es necesario nacer de nuevo." Y Nicodemo no entiende. Dice, "¿Cómo es posible esto? ¿Tengo que entrar otra vez en el útero de mi madre o qué? Es necesario nacer del agua y del espíritu para ser un hombre nuevo. El bautismo nos hace hombres nuevos, pero no digamos que sabemos que no es automático, ¿no? Ah, yo estoy bautizado ya. anchas Castillas, ¿no? Sino que el bautismo se va desarrollando en nuestra vida de fe a través de los sacramentos, a través de la escucha de la predicación, de la escucha de la palabra, viviendo la fe en la comunidad, en la iglesia, etcétera. Ahí se va desarrollando el bautismo. El bautismo es lo que nos hace hombres nuevos, lo que nos va dando poco a poco este ser hombres nuevos.
Bueno, pues el fotografía de este hombre nuevo es este sermón de la montaña. Nos va hoy cada día nos va describiendo un poquito más este hombre nuevo, este hombre cristiano, este Cristo en cada uno de nosotros, cómo es, cómo debería ser, cómo va a ser, porque es una promesa que nos hace el Señor. Y el hombre nuevo no atesora tesoros en la tierra. El hombre viejo, sí, el hombre viejo que habita en nosotros, que es un hombre egoísta, que es un hombre que se asegura en los bienes, que es un hombre que vive para sí, ese sí se atesora para sí. Fijaros que el Señor nos está hablando concretamente, bueno, eh, del dinero, de los afectos, de tantas cosas que atesoramos para nosotros, hermanos, tantas cosas. No sé, la belleza también, el culto al cuerpo. Ahora está de moda el culto al cuerpo. A mí me impresiona como hay gente que sacrifica, se sacrifica fuertemente, fuertemente. Se levanta a las 5 de la mañana. Eso es pecado, hermanos, levantarse a esa hora para ir a correr por ahí. Lo despecado, lo digo de broma, ¿no? Alguno me lo va a literal, pero quiero decir que es un sacrificio grandísimo levantarse a las 4 5 de la mañana, pasaría a correr. Está muy bien, hazlo. Pero, ¿por qué no te sacrificas también para vivir la cástida, por ejemplo? ¿Por qué ahí no le das fuerte al cuerpo? Ahí lo que quiera el cuerpo. Me impresiona eso, cómo vamos a los gimnasios, cómo eh eh tenemos unas rutinas para el cuerpo y ¿por qué no tienes unas rutinas también para el alma? No no lo digo quizá aquí muchos no no hacéis eso, pero o no o o sí tenéis una rutina para el alma. Lo digo pues porque quizá alguno sí le ayuda.
Atesorar tesoros para el cielo. Hay una palabra que dice aquí hoy, dice, "Donde está tu tesoro, allí estará tu corazón." Hay un milagro de San Antonio de Padua, no sé si lo conocéis, muy famoso. Eh, San Antonio estaba allí en Padua y se murió. Se murió el hombre más rico de Padua. Vale, se murió porque los ricos también mueren. Y cuando lo estaban llevando a enterrar, entonces Antonio dice, San Antonio de Pua dice, "Ese hombre no tiene corazón. Es un milagro, eh, lo que hizo. Y dicen, hombre, pero no digas tonterías. Pues claro que tiene corazón." No tiene corazón. Abridlo, abridlo bajo mi responsabilidad. Abridlo y veréis que no tiene corazón. Efectivamente, lo abrieron y no tenía el corazón. Tenía todos los órganos, tenía todo. Le faltaba el corazón. Y dice, dice San Antonio, su corazón está en la caja fuerte en su casa, junto a las joyas, junto a dinero. Allí está su corazón. fueron a la casa, abrieron la caja fuerte y allí estaba el corazón del hombre. El corazón allí estaba junto a eso que más amaba. Donde está tu tesoro, allí estará tu corazón. Es un milagro que hizo San Antonio para hacer ver verdaderamente que esta palabra se cumple.
¿Dónde está hoy tu corazón? ¿Dónde está hoy mi corazón? ¿Dónde tenemos puesto nuestro corazón hoy, hermanos? No, cada uno sabrá. No lo sé. El Señor nos invita a tener puesto el corazón en él, por eso lo une a una palabra maravillosa que dice, "La lámpara del cuerpo es el ojo." ¿Por dónde entra la luz al cuerpo? Por el ojo. El ojo ilumina el cuerpo. Por eso es muy importante. El Señor hoy también nos está ayudando diciéndonos que lo importante es cómo miras y qué miras. Hay una manera de saber lo que tú amas. lo que tú miras. Dime qué miras y te diré lo que amas. Si tú amas a tu mujer, miras a tu mujer. Si tú amas a tu esposo, miras a tu esposo. Generalmente cuando peleas no quieres ni mirarlo. ¿Sí o no? ¿O me estoy equivocando? Tú amas el dinero, miras el dinero y te encanta el dinero y te encanta contar el dinero y te encanta estar rodeado del dinero. Si tú amas lo que tú amas, dime lo que amas, lo que miras y te diré lo que amas.
Pues el Señor quiere que lo mires a él. De todos los milagros que aparecen en el evangelio, hay uno que a mí siempre me ayuda muchísimo y que es, creo, lo lo primero que debe hacer el Señor con todos nosotros, los ciegos, que veamos, porque es que si tú no ves, no puedes seguir a Cristo. Acordaros ese ciego que estaba al borde del camino. Estaba al borde del camino porque no podía transitar por el camino porque está ciego. no ve el camino. Y cuando Jesús lo cura, ¿qué es lo que hace? Dice, "Lo seguía por el camino. Ya podía seguir a Jesús porque ya lo ve." Necesitamos que el Señor nos cure la ceguera, hermanos, para que la lámpara del cuerpo sea el ojo y podamos ver a Cristo. El lema de la venida del Papa ahora España, ¿cuál era? ¿Te acuerdas tan famoso? Alzad la mirada, fijos los ojos en Cristo. Mirad a Cristo. Y el canto precioso, el himno dice, "Alzo la mirada, mis ojos en Jesús, mis ojos puestos en Jesús. Y así habrá luz en mi vida. Si mis ojos no están puestos en Jesús, sino que están puesto en otros tesorillos, no habrá luz en mi vida, habrá oscuridad." Por eso dice, "¿Cuánta oscuridad habrá? Si lo que tú crees que es luz, no es luz, sino que es oscuridad. ¿Cuánta oscuridad habrá? Quizá tu vida, mi vida la está manejando el el poder, el éxito, el ser, e lo que sea, la vanidad, la sexualidad, el dinero. ¡Cuánta oscuridad habrá!
El Señor, hermanos, que nos quiere tantísimo, que nos ama, que tiene misericordia de nosotros. Hoy nos invita a tener los ojos fijos en él y a preguntarnos dónde está hoy nuestro corazón. ¿Sabéis dónde está el corazón de Cristo? Hace poco celebrábamos el Sagrado Corazón de Jesús. ¿Sabéis dónde está puesto el corazón de Cristo? ¿Cuál es su tesoro? ¿Cuál es el tesoro de Cristo? Porque donde está su tesoro estará su corazón. ¿Cuál es el tesoro de Cristo? Tú y yo. Allí está su corazón puesto en ti y en mí, porque donde está su tesoro está su corazón.
Que así sea, hermanos.