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Homilía Domingo 2/08 - Mateo 14, 13-21 - Primera multiplicación de los panes.

Cooperadores de la Verdad (Católico)18:30

Transcription

Lectura del Santo Evangelio según San Mateo.

Gloria a ti, Señor.

En aquel tiempo, al enterarse Jesús de la muerte de Juan el Bautista, se marchó de allí en barca a un sitio tranquilo y apartado. Al saberlo, la gente lo siguió por tierra desde los pueblos.

Al desembarcar, vio Jesús el gentío, le dio lástima y curó a los enfermos. Como se hizo tarde, se acercaron los discípulos a decirle: "Estamos en despoblado y es muy tarde. Despide a la multitud para que vayan a las aldeas y se compren de comer."

Jesús les replicó: "No hace falta que vayan. Dadles de comer vosotros."

Ellos le replicaron: "Si aquí no tenemos más que cinco panes y dos peces."

Él les dijo: "Tráiganme los."

Mandó a la gente que se recostara en la hierba y, tomando los cinco panes y los dos peces, alzó la mirada al cielo, pronunció la bendición, partió los panes y se los dio a los discípulos. Los discípulos se los dieron a la gente. Comieron todos hasta quedar satisfechos, y recogieron doce canastas llenos de sobras. Comieron unos cinco mil hombres, sin contar mujeres y niños.

Palabra del Señor.

Gloria a ti, Señor Jesús.

[Música]

Queridos hermanos, la segunda lectura de hoy nos dice una enseñanza que todos los días deberíamos tener presente: ¿Quién nos apartará del amor de Dios manifestado en Cristo Jesús? ¡Qué grande es el amor de Dios! Y ese amor de Dios se expresa en tres puntos concretos que están hoy en la palabra de Dios, y es lo que yo quisiera compartir con ustedes, partiendo de lo que San Pablo nos ha dicho: ¿Quién nos apartará del amor de Dios manifestado en Cristo Jesús?

Cuáles son esos tres puntos: Dios generoso con nosotros, Dios se preocupa de nosotros, y Dios cuenta con nosotros. Ahí están las tres enseñanzas que hoy nos trae la palabra de Dios.

Comencemos por la primera: Dios es generoso con nosotros. ¿Se acuerdan lo que hemos cantado en el Salmo? Es el Salmo 145: "Abres tu la mano y nos sacias de favores." Hermanos, cuando decimos que una persona tiene las manos abiertas, ¿qué decimos de esa persona? Que es generosa. Y si decimos que una persona tiene la mano así cerrada, ¿qué decimos? Que es un tacaño, que es devoto de la Virgen del Puño.

Había un chico que era bien tacaño. Tenía su enamorada y cuando la invitaba al cine, la esperaba dentro del cine para no pagar la entrada de la enamorada. ¡Imagínense ustedes! Y se cuenta que un día estaba caminando con su enamorada, pasaron por un restaurante y la chica le dice: "Pepe, qué rico huele." Y por supuesto, le decía para que el invite. Y este chico le dice: "Si huele bien rico, vamos a volver a pasar para que vuelvas a oler." ¡Imagínense lo tacaño que era!

Así no es Dios. Dios es generoso con nosotros. Él tiene las manos abiertas. Hoy hemos escuchado en la primera lectura cómo es la generosidad de Dios. El profeta Isaías nos transmite estas palabras de Dios: "Vengan sedientos, vengan hambrientos, vengan a comer, vengan a beber vino y leche." Dios es generoso, y generoso con los hombres. Y todos los días Dios derrama una lluvia de bendiciones sobre todos los hombres.

Y este Dios que es generoso con los hombres, se preocupa de todos los hombres. Es la segunda enseñanza, hermanos: Dios se preocupa de nosotros. Dios se ha hecho hombre por los hombres. Dios se ha hecho hombre porque se preocupa de los hombres y no quiere que nadie se pierda.

El Evangelio de hoy nos enseña cómo Jesús es el Dios generoso que se preocupa de los hombres. Si analizamos el Evangelio de hoy, está lleno de detalles de cómo Jesús se preocupa de la gente. Dice el Evangelio que Jesús ve a la gente y se compadeció y se puso a sanar a los enfermos. Y fíjense la diferencia entre la preocupación de Jesús y la preocupación de los discípulos. Fíjense la diferencia entre la generosidad de Jesús y la mezquindad de los discípulos.

Los discípulos ven a la gente que tiene hambre y se lavan las manos. Le dicen a Jesús: "Señor, hay mucha gente, despídelos." En ese tiempo no había delivery, así que de verdad iban a pasar hambre. Jesús tiene una preocupación verdadera por todos los hombres. ¿Cuántas veces somos como los discípulos que aparecen en el pasaje de hoy? No nos preocupamos de verdad por los demás. Estamos pensando en nuestros propios intereses. Nuestro Señor Jesucristo se preocupa de todos los hombres. Y la mayor preocupación de Jesús es hacia aquellos que están alejados de él. Jesús se preocupa de aquella persona que le ha dado la espalda.

Se cuenta que en un pueblo había un señor que vivía en pecado, que se había alejado de Dios. Una visión, Jesús se le apareció y le enseñó dos listas. En una lista estaban los que le hablaban a él, a Jesús, en ese pueblo, y este señor figuraba en el último lugar de la lista. Y en la otra lista estaban aquellos que más le preocupaban a Jesús, y ese señor estaba en el primer lugar de la lista. A Jesús le preocupa sobre todo aquellas personas que han desconectado de él.

Jesús, que es el Dios generoso y el Dios que se preocupa de los hombres, hace el milagro. Y un verdadero milagro, porque Jesús está actuando. Y esa acción de Jesús se da con hechos concretos. Y esto conecta con la tercera enseñanza: Ese Dios generoso, este Dios que se preocupa por nosotros, ese Dios cuenta con nosotros. Y es la gran enseñanza del milagro de la multiplicación de los panes y peces.

El domingo pasado les dejé una tarea: ¿Cuántas parábolas nos ha contado Jesús? Algunos han respondido por el Facebook, pero nadie se ha ganado el premio, mi celular último modelo. Ahora les dejo otra tarea: ¿Cuántos milagros nos narran los evangelios que hizo Jesús? Si nosotros analizamos los milagros que Jesús hizo, en muchos de ellos Jesús deja una enseñanza. Jesús hace los milagros, pero quiere que el hombre colabore. Por ejemplo, si ustedes leen el milagro de la resurrección de Lázaro, Jesús resucita a Lázaro, hace el milagro, pero antes de hacer el milagro le dice a la gente: "Muevan la roca, colaboren, muevan la roca." Y luego Jesús hace el milagro.

El Evangelio de hoy, Jesús parte de algo para hacer el milagro. Alguien pone cinco panes y dos peces. El Señor quiere nuestra colaboración. Ese Dios generoso, ese Dios que se preocupa por nosotros, ese Dios cuenta con nosotros. Queridos hermanos, hay que poner los cinco panes y los dos peces. El Señor siga haciendo milagros, siga haciendo maravillas en la vida de los hombres, pero nosotros tenemos que colaborar. Y esos cinco panes, esos dos peces, son nuestra vida, nuestro tiempo, nuestros esfuerzos, que se los entregamos al Señor, y él hace el resto. Él sigue haciendo milagros. Jesús quiere nuestra colaboración.

¿Cuántas veces he puesto este ejemplo? Lo voy a volver a poner. Lo que nosotros le damos a Jesús es muy poco. Es como el cero. El cero es el número de menor valor. Si yo le doy a Jesús 10, él pone el 1 delante, tenemos 10. Si yo le doy a Jesús 20, él pone el 1 delante, tenemos 100. Si yo le doy a Jesús tres ceros, él pone el 1 delante, tenemos mil. Imagínate que le das a Jesús 20 millones de ceros o 100 millones de ceros. ¡Qué números salen! Tarea para el otro domingo.

Así a todos los santos. Lean ustedes, daban a los santos porque hicieron tanto. Ayer celebramos la memoria de San Alfonso María de Ligorio. San Alfonso María de Ligorio predicaba, confesaba, ayudaba a los pobres, fundó una congregación y escribió 111 libros. Dios hace maravillas cuando nosotros y todo lo que tenemos, los cinco panes y los peces. ¿De dónde sacaba tiempo Santa Teresa de Calcuta para tener todos los días no solamente horas de adoración eucarística, sino ayudar a los pobres, a los necesitados, a los menesterosos y fundar tantas casas para vivir la caridad? Dios de verdad hace maravillas en nuestra vida cuando le damos los cinco panes y los peces.

Queridos hermanos, no vamos a salir de esta crisis si no contamos con Dios. Cuando tengo que hablar de lo que significa la armonía entre la acción de Dios, quién es el que hace los milagros, y nuestra colaboración, los cinco panes y los peces, pongo este ejemplo: Cayó una roca grande en un camino. Nadie podía pasar por ese camino. Y un señor que estaba transitando por ese camino vio la roca grande, quería llegar al pueblo que estaba al otro lado de la roca, y él hizo con su propio esfuerzo mover la roca. Y en el cielo estaba Jesús y Pedro viéndolo. Y Pedro le dice a Jesús: "Señor, le voy a ayudar." "No, quédate ahí, Pedrito. Este señor puso todo su esfuerzo y nada." Y tuvo que regresarse.

Luego vino otro señor. Vio la roca grande, se puso de rodillas a rezar. Estuvo una hora rezando. Y Pedro le dice a Jesús: "Señor, voy a bajar a ayudarle." "No, quédate ahí, Pedrito, tranquilo." Este señor dejó de rezar, vio que la roca no se había movido y se regresó.

Vino un tercer señor. Vio la roca grande, se puso de rodillas a rezar, rezó con fe, luego se paró y se acercó a mover la roca. Y entonces Jesús bajó del cielo y Jesús con ese señor movieron la roca. Creo que la enseñanza está clara: se tiene que unir la acción de Dios y nuestra colaboración.

Queremos salir adelante de esta crisis, de esta pandemia, hay que contar con Dios y colaborar. Ciertamente tenemos que cuidarnos y hay que poner todo nuestro esfuerzo: usar mascarilla, lavarnos las manos y guardar la distancia social. Todo eso está muy bien y hay que hacerlo. Pero tenemos que confiar en la acción de Dios e invocar a Dios, rezar y frecuentar los sacramentos. Es un gravísimo error alejar al pueblo de Dios de los sacramentos. Necesitamos de la gracia.

Queridos hermanos, los templos no son focos de contagio si cuidamos todas las medidas que hay que cuidar. Estoy seguro que el pueblo de Dios, alimentándose de la gracia que trae los sacramentos, saldrá adelante. Sin Dios es imposible salir de cualquier tipo de crisis.

Vamos a pedirle hoy a la Santísima Virgen María, nuestra Madre, que nos ayude a darnos cuenta que ese Dios generoso, ese Dios que se preocupa por nosotros, cuenta con nuestros cinco panes y nuestros dos peces. La Virgen lo dio todo y Dios hizo maravillas en María Santísima. Hoy le pedimos a la Virgen, nuestra Madre, que nos ayude a darle a Jesús todo lo que tenemos: los cinco panes y los peces. El Señor hará el resto, hará maravillas en nuestra vida. Que así sea.