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Evangelio día Lunes 18/05/26 - Padre Carlos Rosell - Juan 16, 29-33 - Anuncio de un pronto retorno.

Cooperadores de la Verdad (Católico)11:17

Transcription

El Señor esté con ustedes. Y con tu espíritu.

Lectura del Santo Evangelio según San Juan. Gloria a ti, Señor.

En aquel tiempo dijeron los discípulos a Jesús, "Ahora sí que hablas claro y sin parábolas. Ahora conocemos que lo sabes todo y no necesitas que te pregunten. Por esto creemos que tú has salido de Dios."

Les contestó Jesús, "¿Ahora creen? Miren, se acerca la hora y ha llegado en que ustedes se dispersarán cada uno por su lado y a mí me dejarán solo. Pero no estoy solo porque el Padre está conmigo."

Les he hablado de esto para que encuentren la paz en mí. En el mundo tendrán que sufrir, pero ánimo, yo he vencido al mundo.

Palabra del Señor. Gloria a ti, Señor Jesús.

Una de las anécdotas que más he predicado en mi vida sacerdotal es la que voy a compartir con ustedes. Seguramente algunos de ustedes me la han escuchado varias veces, pero está conectada con el mensaje que hoy trae la palabra de Dios.

En un pueblito de Polonia había un monaguillo que se distraía mucho en la misa y su papá, que era un católico practicante, se dio cuenta porque su hijo Monaguillo siempre se distraía en la misa y en vez de pasarle el vino al padrecito le pasaba el agua y en vez de pasarle el agua le pasaba el vino. Y entonces el papá lo llamó un día a su hijo pequeñito y le dijo, "Carol, no estás siendo un buen monaguillo. Te distraes mucho en la misa porque no invocas al Espíritu Santo."

Y este señor le regaló a su hijo una estampa con una oración para que invocara al Espíritu Santo. Y este niño comenzó a invocar al Espíritu Santo todos los días con la oración que su papá le había regalado. fue creciendo, descubrió su vocación sacerdotal, fue ordenado sacerdote en plena Segunda Guerra Mundial, luego fue nombrado obispo y luego llegó a ser papa. ¿De quién estoy hablando? San Juan Pablo Segi, él mismo cuenta lo que les he compartido y dice, "Desde el día en que mi padre me regaló esa estampa, nunca he dejado de invocar al Espíritu Santo."

El Espíritu Santo hace maravillas en nosotros, queridos hermanos. ¿Por qué les he compartido esta anécdota que, repito, muchas veces la he contado? Porque nos encontramos en la primera lectura con una comunidad en Efeso a la que llega San Pablo y San Pablo les habla del Espíritu Santo a esta comunidad y se lleva la sorpresa de que le dicen que nunca han escuchado hablar del Espíritu Santo. San Pablo se sorprende porque, hermanos, ¿cómo vamos a hablar de una comunidad cristiana si no invocamos al Espíritu Santo? Por eso San Pablo inmediatamente impone las manos y comunica el Espíritu Santo.

Queridos hermanos, nos acercamos a Pentecostés y estos días les animo para que hagan examen de conciencia. Estoy tratando todos los días al Espíritu Santo. Tratamos al Padre. Ustedes rezan el Padre Nuestro todos los días y seguramente muchas veces. Tratamos al Hijo Jesucristo, la Eucaristía, lo máximo, pero estamos tratando todos los días al Espíritu Santo.

El Espíritu Santo, por si acaso, está en el mismo nivel que el Padre y el Hijo. Hay un solo Dios vivo y verdadero y tres personas divinas. El Padre es Dios. ¿Cómo que no? Acá hay herejes. A ver, otra vez. Padre. El Padre es Dios. El Hijo es Dios. El Espíritu Santo es Dios. Son tres dioses. No. ¿Cómo que sí? Están durmiendo algunos. A ver, son tres dioses, ¿no? No. ¿Cuántos dioses hay? Uno solo. ¿Cuántas personas divinas? Tres.

Hermanos, el Espíritu Santo es una persona divina y hay que invocar a esa persona divina. Hay que relacionarnos con el Espíritu Santo. Sin el Espíritu Santo no hay vida cristiana.

Hoy Jesús nos ha dicho en el evangelio una frase que a mí me gusta mucho. Ánimo, yo he vencido al mundo. Juan 16:33. Ánimo, yo he vencido al mundo. Aquí mundo está en sentido negativo. Es todo lo que el hombre construye espaldas de Dios y que nos lleva al pecado. Si nosotros no tratamos al Espíritu Santo, hermano, nos vamos a volver mundanos. Necesitamos del Espíritu Santo para vencer al mundo, porque el Espíritu Santo nos une a Jesucristo. El Espíritu Santo aleja de nosotros la mundanidad. El Espíritu Santo abre nuestros corazones para que escuchemos la palabra de Dios y no nos dejemos seducir por ninguna ideología. ¿Qué es lo que está pasando hoy con muchos católicos? Hermanos, necesitamos del Espíritu Santo, Señor y dador de vida.

Saquemos el propósito estos días próximos a Pentecostés a mejorar nuestra relación con el Espíritu Santo. Todos los días hay que invocarlo y pedirle que nos llene de sus siete dones: sabiduría, entendimiento, consejo, fortaleza, ciencia, piedad y temor de Dios. Que la Virgen, la mujer llena del Espíritu Santo nos ayude para que todos los días tratemos al Espíritu Santo. Sin el Espíritu Santo no hay vida cristiana, sin el Espíritu Santo no hay santidad, sin el Espíritu Santo nos volvemos mundanos. Que así sea. Amén.

Vamos a escuchar la meditación que toca hoy en este mes de mayo, mes de María, día 18o. María, Virgen laudable, María merece toda alabanza, por eso es laudable. Y alabamos a María porque ella es la obra maestra de la santísima Trinidad. En efecto, María es la hija predilecta de Dios Padre, es la madre de Dios Hijo, es el templo purísimo del Espíritu Santo. Además, cuando alabamos a María, lo que en definitiva estamos haciendo es alabar a Dios, pues hizo de verdad maravillas en la madre del Salvador. Cada vez que nosotros proclamamos la grandeza de la Virgen, estamos diciéndole a Dios, alabado seas por haber creado a María.

Propósito de hoy, rezar todos los días la salve como himno de alabanza a la madre de Dios. Hacemos juntos nuestra consagración a nuestra madre y le decimos, "Oh, señora mía, oh madre mía, yo me ofrezco del todo a ti y en prueba de mi filial afecto te consagro en este día mis ojos, mis oídos, mi lengua, mi corazón. En una palabra todo mi ser, ya que soy todo tuyo, oh madre de bondad, guárdame y defiéndeme como hijo y posesión tuya. Amén."

Hoy Jesús nos ha dicho unas palabras que nos inyectan fuerza, ánimo. Yo he vencido al mundo. Jesús anima siempre, nunca desanima. Y Jesús nos ha enviado al Espíritu Santo. El Espíritu Santo es quien nos anima, quien nos fortalece, quien nos une a Jesucristo como los sarmientos a la vid. Por eso, hermanos, tratemos al Espíritu Santo.

Hemos escuchado en la primera lectura como San Pablo está en Efeso y pregunta a una comunidad de discípulos sobre el Espíritu Santo y estaban en la calle. Nunca hemos escuchado hablar del Espíritu Santo. Por eso San Pablo lo que hace es imponer las manos y comunicar el Espíritu Santo. Gracias al Espíritu Santo, hermanos, podemos seguir a Cristo con radicalidad. Gracias al Espíritu Santo, podemos evangelizar sin miedo, sin vergüenza. Gracias al Espíritu Santo no nos volvemos mundanos.

Pidamos a la Virgen que nos ayude a tratar todos los días al Paráclito, al Espíritu Santo, Señor y dador de vida.

Dios te salve, María, llena eres de gracia, el Señor es contigo. Bendita tú eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús. Santa María, madre de Dios, ruega por nosotros pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.

Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo. Como era en principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Sagrado Corazón de Jesús, Dulce Corazón de María, se la salvación del alma. San José, ruega por nosotros.

El Señor esté con ustedes. Y con tu espíritu.

La bendición de Dios todopoderoso, Padre, Hijo y Espíritu Santo, descienda sobre ustedes y permanezca para siempre. Amén.

Pueden ir en paz. Demos gracias. Señor.