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[Música] [Aplausos] [Música] [Aplausos] [Música] [Aplausos]
Cuando era niña, mi mejor amiga me sabía a leche con anís. Y ya se han de imaginar la primera vez que le dije a mi mamá esto. Abrió los ojos grandes, pestañeó dos veces y me dice: "¡Ay, chulo! No me digas que chupaste a tu amiga". Y no, la verdad es que no había chupado a mi amiga, pero su pelo, su piel, su tono de voz, a mí me hacían sentir sabores. Es que, si ustedes se ponen a analizar un poquito, la verdad es que los recreos eran bien padres, bien divertidos; sabían a tutti frutti. Cuando yo escuchaba el agudo de una canción, era como exprimir el limón a tus tacos; el jazz sabía como un sándwich de queso derretido; y las rancheras… ¡no saben a qué sabían! Insectos.
La gente siempre se burlaba de mí. Crecí, y por un tiempo empezó a darme pena; me daba miedo. Imagínense decir todas estas cosas ya de adolescente. Daba pena, uno quería pertenecer a un grupo que te aceptara. Muchas veces, la verdad es que me sentí un poquito enferma; se sentía mucho, y yo decía: "¿Qué me pasa? ¿Por qué? ¿Por qué siento así?". Pero no decía nada, me callaba.
Un día decido ir con un neurólogo. Esto ya es de adulta. Crezco, estudio gastronomía, y pues la vida es difícil, muy difícil. Pues ustedes saben, yo lo sé, todos lo sabemos. Y de grande, de grande, es bien complicado, muy difícil; tienes muchas responsabilidades, hay que hacer mil cosas. Entonces yo, pues me da insomnio; no puedo dormir, no puedo dormir de verdad, ¡terrible! Eso realmente no se lo deseo a nadie, ni al peor enemigo jamás; es horrible. Así que decido ir con este neurólogo, el cual es un cliente del restaurante. Entonces digo: "Voy con él". Llego, le cuento la receta, pero se vuelve como una especie de mi persona favorita. Me pasa que hasta saco citas después para… para sentarme, que me platique, que me cuenten más cosas. Yo llegaba y le preguntaba: "Doctor, la verdad es que muy bien con mi tratamiento, pero cuénteme ¿qué pasa cuando la gente prueba y te dicen que está rico? Cuénteme, quiero saber". El doctor me contaba, y entonces teníamos esta relación muy buena. Y un día me atrevo y le cuento de mi padecimiento; pues ya saben, la niña con leche con anís y todo ese tema, le cuento, y me dice: "Gaby, tiene sinestesia". Sinestesia, sinestesia, sinestesia. Dios mío, doctor, ¡esa palabra se escucha grave! Tengo una enfermedad grave; o sea, sí me preocupé mucho, mucho. Sinestesia, sinestesia… se escuchaba como algo de la cabeza, algo me pasaba en la cabeza, algo era.
Entonces me empieza a platicar: "Sinestesia, a diferencia de anestesia… Anestesia es cuando no tienes ninguna sensación; sinestesia es sentir demás; es cuando tus sentidos están conectados; cuando tienes una sensación que se siente intensa, es muchas, muchas cosas, muchas sensaciones por medio de un único estímulo. Todos los seres humanos, todos al momento de nacer, tenemos sinestesia, pero a partir de los 6 meses ocurre una poda neuronal. Se le llama poda neuronal porque nuestras… todas las neuronas están conectadas entre sí, vueltas locas. Imagínese, acabamos de nacer. Entonces, un bebé puede que, cuando escucha la voz de su mamá, la vea de un color; pero a partir de los 6 meses, pues pasa este proceso que les platico, y resulta que entonces se definen los sentidos, y tenemos ya todos los sentidos definidos: y entonces el oído, el gusto, el tacto. Pero hay cierta gente que quedan todavía estas conexiones entre sí, y bueno… sinestesia. Se dice que aproximadamente un 4% —capaz ahorita sale alguien aquí en el público— un 4% de la población humana tienen sinestesia; el 3% de ellos son mujeres, el 1% de ellos son hombres. Pero muchas veces, pues a como a mí me pasó, te callas porque te da pena, o incluso piensas que todo el mundo siente igual, que tiene lo mismo que tú, entonces, ¡pa!, se te hace algo normal. Entonces, ese 4% probablemente… y es un 8… si alguna vez… eso no le voy a decir. Pero la sinestesia también se puede pasar por… una sinestesia se le puede llamar sinestesia traumática, que es cuando alguien se da un golpe fuerte en la cabeza, y entonces ahí puedes experimentar este tipo de sinestesia. Pero hay otra que es esta sinestesia temporal, qué es consumir… cuando consumes alguna… algún hongo alucinógeno o algún ácido, ahí también puedes sentir esta… esta experiencia de sinestesia. Y entonces yo entendí por qué… por qué a mí siempre, toda la vida me han dicho: "¡Ay, Gaby! ¿Qué te metiste?". Siempre, desde chiquita: "¡Gaby! ¿Qué te metiste? ¡Gaby! ¿Qué te fumaste?". Así. Entonces yo, bueno, ahí entendí después de que el doctor me dijo toda esta explicación.
Evidentemente no me quedé con todo lo que me dijo el doctor, sino llegué a mi casa y empecé a leer y leer y leer y leer y leer. Y pasaron meses, meses, hasta que vomité palabras; de verdad, las vomité ¡ja! Al baño, abrelatas, ¡a vomitar! No era comida, no era nada, eran palabras. Fíjense que la sinestesia es algo que a mí me hizo pensar. Cuando entendí esto, yo quería saber todo, quería saber, quería saber si había más gente que sentía lo mismo, los quería conocer. Entonces, pues me di cuenta que habían asociaciones de sinestesia alrededor del mundo, y los contacté, les escribí a todos; quería saber qué les pasaba a ellos: "¿Tú qué sientes? ¿A ti qué te pasa?". Y habían presidentes. Entonces le escribí al presidente, y yo dije: "Bueno, si no me contesta, mi móvil no pasa nada". Me contestaron, me invitaban a eventos; yo iba, yo escuchaba al lado del presidente, sentada. Pues me atreví y lo hice; me salió eso. Me llevó a pensar que tenía que unir mi profesión con mi padecimiento… o ni mi profesión con mi padecimiento, tenían que estar juntos. Entonces dije: "Claro". ¿Se acuerdan de mi mamá, la de los ojos grandes? Mi mamá estudió música y tenía una escuela de música para niños, y desde chica me la pasaba ahí. Entonces decidí juntar esas dos cosas: la cocina con la música, y dije: "Claro, voy a cocinar canciones". Voy a cocinar canciones, sí, sí, sí, sí. ¿Por qué no? Tengo sinestesia. Entonces, bueno, me metí, dije: "¡Ahí voy!", dije: "¿Cómo voy a empezar?". Entonces empiezo a hacerlo, y llegó la primera vez, ¡práctico! Pam, pam. Lo prueban, y dice: "¡Ay, no! Es que la chef se inspira en canciones". Y yo: "No, no, no, no, no, me inspiro… yo tengo sinestesia oído-gustativa, y los sonidos me saben; es diferente inspirarse". Entonces, en mi afán de que todos se entendieran a qué me refería, pues dije: "Tengo que hacer como un proceso creativo para que todos estemos en sintonía, y la gente que no tiene esta condición pues también me entienda; porque si no, va a ser ese 4%, o sea, ¿quién sabe cómo cocinar una canción?".
Primer paso: vemos la procedencia del artista, ¿de dónde es? ¿O qué estilo de música toca? Un artista que toca ritmos latinoamericanos, no le voy a poner sabores de Asia; entonces me voy a sabores tropicales, acoto mis posibilidades para que no me vaya con todos los sabores que existen en el mundo. Entonces tengo ya algo más definido. Punto número 2: veo qué se siente cuando escucho la canción. Hay canciones que te hacen sentir feliz, feliz; hay canciones que te hacen sentir triste, triste, que hasta lloras horrible; las he pasado horas y horas. La música que acompaña en tus estados de ánimo. Entonces, para las canciones felices decidimos ponerle una paleta de sabores. ¿Cuál es esa paleta de sabores? Las canciones felices saben a cítricos, saben a frutas tropicales, una cerveza clara fría, te saben a un vinagre blanco… perdón, no balsámico, a un vinagre blanco, todo fresco, unos chiles verdes. Las canciones tristes, del otro lado, saben a vino tinto, a especias, a animales de casa, a un whisky, incluso un mezcal… humo. Pero también, fíjense que hay canciones bien raras… bueno, estilos de música que a mí, en lo particular, me encantan, como la salsa. La salsa, vean ustedes, hace combinaciones de dos: es nostalgia, esa melancolía, pero con ganas de bailar, con ganas de bailar. Si escuchas salsa, es como: "Yo no sé por qué razón cantarle a ella si debía aborrecerla, así si vives, ¡qué locura! ¡Qué locura!". Y entonces ahí pasa algo muy extraño: tienes ganas de bailar, de aquel lado, de la parte feliz, pero esa piña, vean ustedes, la vamos a poner al grill, y entonces agarran esa piña conmigo y muerdan esa piña. Entonces son estas ganas de bailar con esa nostalgia, con estas ganas de bailar. Pero ahí no acabó todo. Yo decía: "No, no, no, es que ni modo en que yo llegué con el artista y le expliqué todo mi pergamino, o sea, ¡a 80 horas!". Entonces digo: "No, no, no, tengo que meterme más adentro, más rotundo, más contundente". Bueno, pues los músicos, ellos tienen partituras; los músicos tienen partituras. Entonces yo digo: "Voy a hacer una partitura gustativa". Como… una partitura gustativa. Inventamos esta simbología, y les quise enseñar este… este… este dibujo, porque es lo primerito que dibujé cuando se me ocurrió; esta es la más genuina. Vean ahí el dibujo, así de… es picuda, la acidez es punta; las ideas son picos. La acidez es un triángulo; si ustedes quieren hacer esa acidez no tan pronunciada, con una notita dulce o algo así… y tiene sinestesia, me haces hasta la… con tu mano, me hiciste así; ahí está, y se siente mucho. Entonces ahí está la no tan pronunciada, es más circular. Si tenemos una estrella y una nube, y tenemos dos nombres: Bubba y Kiki, ¿cuál es cuál, chiquis? La estrella es Bubba, la nube es Kiki. Todos tenemos sinestesia, del 4… estoy segura que no es verdad, todos tenemos sinestesia. Entonces, vean, vean mi favorita es el picante. Vean el picante, observan picante y ven que… que tiene como todos estos punzantes de tintín, pero a la vez está esta espiral, que es cuando te enchiladas, no pica. Entonces ahí dijimos: "Claro, esos son mis símbolos; esos son lo que yo le voy a poner". Los artistas, los músicos leen notas, pues yo tengo mi propio símbolo donde yo me leo y yo me entiendo. Entonces sale la partitura gustativa. Este es un ejemplo de la última partitura… bueno, no es la última, es una de las últimas que hemos hecho, que es de Miguel Bosé, 'Morena mía'. Y bueno, si se… si se conectan conmigo, vean la primera frase que dice: "Morena mía". Tenemos este círculo sombreado y un círculo sin relleno, y luego tenemos este como gatito, pero ondeado. Todo esto significa algo, y así es como sacamos una partitura, vamos poniendo cosa por cosa: "Morena mía". Voy a contar hasta 10, y entonces se va: 1, 1, 1, 1… hasta finalizar la canción. Cuando terminamos, ahí están todo lo que significa cada uno de los símbolos, y entonces sacamos la combinación gustativa: qué es el dulce. El dulce lo traducimos con una fruta compotata; el salado untuoso tiene su sabor; luego el amargo; luego todo. Y entonces sale un plato. Y entonces, cuando… cuando el artista escucha la canción y la prueba y lee su partitura, pues imagínense, se pone contento, se pone feliz.
Cuando ustedes tengan una idea, tengan esa idea que no sea nada común, que esté fuera del entendimiento, y la gente les diga: "No, no, no te entiendo", ¡no se callen! Que no les pase lo que a mí. No lo guarden, no lo guarden, no se lo callen. Pero si les tengo que dar un consejo, un consejo, y por favor, escúchenlo y agarren lo que tienen que… informar. Hay que informarse, hay que leer; deben elegir y leer, y que no exista un libro o un artículo que no hayan visto antes, que no la línea de leído que nos digan: "Ya lo leí, ya me lo sé". Que no exista, que no exista. Porque una virtud vista desde la ignorancia es el más grande de los defectos. Si te da miedo, si tienes miedo, ahí hay algo interesante y algo bueno. Si la gente te dice que te metiste, que te metiste, que te fumaste… ahí hay algo bueno, hay algo muy bueno. Un loco siempre va a estar loco hasta que su idea no triunfe. Muchas gracias. [Música] [Aplausos] [Música]