Transcription
El Señor esté con ustedes. Dijo.
Lectura del Santo Evangelio según San Mateo. Gloria dice Señor.
En aquel tiempo dijo Jesús a sus Apóstoles: Un discípulo no es más que su maestro, ni un esclavo más de su amo. Ya le basta al discípulo ser como su maestro y al esclavo como su amo. Si el dueño de la casa lo han llamado belcebú, ¿cuánto más a los criados? No les tengáis miedo, porque nada hay cubierto que no llegue a descubrirse, nada y escondido que no llegue a saberse. Lo que os digo de noche, decirlo en pleno día; y lo que escuchéis al oído, pregonarlo desde la azotea.
No tengáis miedo a los que matan el cuerpo pero no pueden matar el alma. No tener a que puede destruir con el fuego al mi cuerpo. No se venden un par de gorriones por unos cuartos y sin embargo ni uno solo cae al suelo sin que lo disponga vuestro padre. Pues vosotros, hasta los cabellos de la cabeza tenés contados. Por eso no tengáis miedo. No hay comparación entre vosotros y los gorriones.
Si uno se pone de mi parte ante los hombres, Yo también me pondré de su parte ante mi padre del cielo. Y si uno me niega ante los hombres, Yo también lo negaré ante mi padre del cielo.
[Música]
Palabra del Señor.
[Música]
Hay un cuento que habla sobre el miedo y es el siguiente. Se cuenta que la peste, bajo la forma de una señora, se acercaba a un pueblo y en el camino la peste se encontró con un campesino. El campesino le pregunta: ¿Quién eres? Y esta señora respondió: Soy la peste y voy al pueblo a matar mil personas. Al día siguiente, el campesino se volvió a encontrar con la peste y le dice: Ayer me dijistes que ibas a matar mil personas, pero me he enterado que has matado 2000. Y la peste le dijo al campesino: Mira, yo maté los otros 2000 murieron de miedo.
Queridos hermanos, el miedo hace daño. Hoy Jesús tres veces nos dice: No tenga miedo. El miedo es un sentimiento muy humano. Tenemos miedo ante lo que nos amenaza. Sin embargo, quien sigue a Cristo no debe tener miedo. Por eso es importante que Dios, hermanos, que le pidamos al Espíritu Santo los siete dones, pero sobre todo hay dos dones que están conectados como ese erradicar el miedo de nuestro corazón. Y cuáles son esos dos dones del Espíritu Santo que despojan el miedo de nuestro corazón: la fortaleza y el temor de Dios.
Hay que pedirle al Espíritu Santo todos los días el don de la fortaleza. Gracias al don de la fortaleza, yo me apoyo en Dios. Hoy hemos escuchado en la primera lectura la vocación de Isaías. A partir de hoy vamos a comenzar a escuchar a Isaías y fíjense, Isaías hace consciente de su debilidad, de su fragilidad. Isaías le dice a Dios: Yo soy un hombre de labios impuros y vivo en un pueblo de labios impuros. Pero Isaías tiene un profundo encuentro con Dios y cuando Dios dice: ¿A quién enviaré? ¿Qué responde Isaías? Señor, ¡Envíame a mí! Isaías ya no tiene miedo porque se ha abandonado en Dios. Gracias al don de la fortaleza, yo me apoyo en Dios, siendo frágil, débil y pecador, un hombre de labios impuros, me arrojo totalmente en Dios. El Espíritu Santo hace que yo me abandone totalmente a los brazos amorosos de mi padre de Dios.
¿Y cuál es el otro don que trae el Espíritu Santo para arrojar el miedo que siempre está al acecho de nosotros? El temor de Dios. Que no es miedo a Dios. No se le tiene miedo. Gracias al temor de Dios, yo ando con cuidado. El temor de Dios hace que yo sea consciente de mi debilidad, de mi fragilidad, que tome conciencia que soy un pecador y por eso voy con cuidado. Gracias al temor de Dios, tengo esa delicadeza de conciencia y sé que por ahí no voy a ir porque si voy por ahí ofendo a Dios. Queridos hermanos, qué importante es el temor de Dios, que es lo que hoy en día en la sociedad no hay, porque se ha perdido el sentido del pecado. A Dios no se le tiene miedo, pero sí un santo temor. Se respeta a Dios y porque amamos a Dios no queremos ofenderle.
Vamos a pedirle hoy a nuestra Madre Santísima que nos ayude para que todos los días acudamos al Espíritu Santo y de manera especial le pidamos al Espíritu Santo el don de la fortaleza, que nos hace apoyarnos totalmente en Dios, y el don del temor de Dios, que nos lleva a esa delicadeza de conciencia. Que así sea.
Queridos hermanos, soy en el evangelio Jesús tres veces dice: No tengas miedo. Quien siga a Cristo no debe tener miedo. Para ello necesitamos dos dones del Espíritu Santo. ¿Cuáles son? La fortaleza y el temor de Dios. Gracias a la fortaleza, yo me apoyo en Dios, como lo hizo Isaías. Isaías sabe que es débil: "Soy un hombre de labios impuros que vivo en un pueblo de labios impuros", pero tiene un encuentro con Dios y Dios dice: "¿A quién voy a enviar?" Y qué dice Isaías: "¡Envíame a mí!". Isaías se ha fortalecido en su encuentro con Dios, ya no tiene miedo.
Y qué importante es también el temor de Dios, que no es miedo a Dios. A Dios no se le tiene miedo, Dios es amor, pero tenemos que ir con cuidado porque somos pecadores. Por eso también es importante la prudencia. El don del temor de Dios hace que yo vaya con cuidado. Decía Santa Teresa de Jesús: "Señor, dame dos miradas: una mirada hacia ti para amarte y una mirada en el piso para no caer".
Vamos a pedirle a la Virgen que nos ayude a pedirle todos los días al Espíritu Santo el don de la fortaleza y el don del temor de Dios y así nunca habrá miedo en nuestro corazón.
Dios te salve María, llena eres de Gracia, el Señor es contigo; bendita tú eres entre todas las mujeres, y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús. Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.
Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo, como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos.
Jesús en ti. Jesús. Jesús en ti. Dulce Corazón de María. San José, ruega por nosotros. Santa Faustina Kowalska, ruega por nosotros.