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El Señor esté con ustedes. Y con tu espíritu.
Lectura del Santo Evangelio según San Mateo. Gloria a ti, Señor.
[música]
En aquel tiempo, al salir de la sinagoga, los fariseos planearon el modo de acabar con Jesús. Pero Jesús se enteró, se marchó de ahí y muchos lo siguieron. Él los curó a todos, mandándoles que no lo descubrieran. Así se cumplió lo dicho por medio del profeta Isaías.
Vienen a mi siervo, mi elegido, mi amado, en quien me complazco. Sobre él pondré mi espíritu para que anuncie el derecho a las naciones. No porfiará, no gritará. Nadie escuchará su voz por las calles. La calla cascada no la quebrará. La mecha vacilante no la pagará. Hasta llevar el derecho a la victoria. En su nombre esperarán las naciones.
Palabra del Señor. Gloria a ti, Señor Jesús.
Se cuenta que un sacerdote quería poner en su parroquia un cuadro bien grande con un título Jesús, toca la puerta de tu corazón. y contrató al mejor pintor de la ciudad y le dijo, "Quiero que hagas un cuadro bien grande de 3 m por 5 m para que todo el mundo de mi parroquia lo vea con ese título. Jesús toca la puerta de mi corazón."
Luego de unos meses, el pintor le trajo el cuadro. era precioso. Estaba Jesús tocando una puerta y abajo la frase, "Jesús, toca la puerta de mi corazón." Pero una señora cuando el cuadro ya se expuso, las mujeres siempre están en los detalles, se dio cuenta que había un error. Esa puerta que estaba en el cuadro no tenía cerradura. Y la señora se lo dijo al párroco, al sacerdote, y le dice, "Padre, fíjese, todo está muy bonito. Jesús está tocando una puerta, pero esa puerta no tiene cerradura, hay un error."
Y el sacerdote fue a buscar al pintor para reclamarle y le dice, "Hay un error en tu cuadro, no hay cerradura en la puerta. La gente se va a dar cuenta. Y el pintor le dice al sacerdote, "Padre, ¿qué dice la frase que está ahí en el cuadro? Jesús toca la puerta de mi corazón." Esa puerta es la puerta del corazón del hombre y esa puerta no tiene cerradura por fuera. Uno tiene que abrirla por dentro. Jesús toca la puerta y uno desde dentro tiene que abrir la puerta de su corazón. Qué sabio este pintor.
Hermanos, nuestro corazón tiene una puerta, pero hay cerradura por fuera. Les pregunto, no. La cerradura está dentro y Jesús toca la puerta de tu corazón y tú tienes que abrir esa puerta porque Jesús no va a abrirla desde fuera. Ustedes dirán, ¿por qué el Padre nos ha contado este cuento? Porque en el evangelio de hoy tenemos dos grupos. Si hemos estado atentos al evangelio, nos encontramos con dos grupos. Los fariseos, que dice el evangelio, comienzan a maquinar para acabar con Jesús y la gente sencilla que seguía a Jesús. ¿Dónde estamos nosotros? ¿Dónde estoy yo?
Los fariseos no abrieron sus corazones a Jesucristo, querían acabar con Jesucristo. En cambio, la gente sencilla, la gente humilde, ellos abrieron sus corazones a Jesús. Y fíjense, hay un detalle muy bonito el evangelio que muy temprano haciendo mi oración me di cuenta. Jesús sanó a todos. Aquellos que le seguían, dice el evangelio, Jesús sanó a todos los que le seguían, no a los fariseos. ¿Por qué? Porque los fariseos no abrieron sus corazones a Jesucristo.
Hermanos, abramos nuestro corazón a Jesús y uno desde dentro tiene que abrir su corazón a Jesús. Jesús no va a meterle un tacle a la puerta de tu corazón. Jesús es delicado, muy delicado. Abramos nuestro corazón a Jesús. Entreguémosle nuestro ser a Jesús, que él nos transforme desde dentro con la fuerza del Espíritu Santo. Y esa es una tarea de todos los días, queridos hermanos. Hay que abrirle el corazón a Jesús y dejar que se meta su gracia, su misericordia, su amor que nos cambia la vida. Y cuando una persona de verdad abre su corazón a Jesús, esa persona tiene la mirada de Jesús, el trato de Jesús hacia los demás. Ese es el termómetro. ¿Cómo sé yo que he abierto mi corazón a Jesús? Porque soy Jesús para los demás.
Pidámosle hoy a María Santísima, nuestra madre, que nos ayude para que todos los días le abramos nuestro corazón a Jesús. Es Jesús quien nos cambia la vida, es Jesús quien nos transforma. Y Jesús, como pasó en el evangelio que hemos escuchado, quiere sanar a todos. Que la Virgen nos ayude para que todos los días de nuestra vida le abramos nuestro corazón a Jesucristo, el único salvador del mundo. Que así sea. Amén.
Hermanos, el corazón del ser humano tiene una puerta que es peculiar porque la cerradura no se ve por fuera, está dentro. Uno tiene que abrir esa puerta. Hay un pasaje el Apocalipsis que les invito a que lo busquen. Dice así. Mira que estoy a la puerta, toco y llamo. Si alguien abre la puerta, entraré y cenaré con él y él conmigo. Les dejo como tarea. Busquen. Está en Apocalipsis. Jesús está tocando la puerta, pero uno tiene que abrirla desde dentro.
En el evangelio de hoy tenemos dos grupos, ¿se acuerdan? Los fariseos que querían acabar con Jesús y la gente sencilla que seguía a Jesús y Jesús lo sanó a todos porque abrieron sus corazones. Todos los días, hermanos, abramos nuestro corazón a Jesús. Entreguémosle nuestro ser a Jesús, nuestras miserias, nuestras debilidades, nuestras fragilidades, todo nuestro ser y él nos va a transformar y seremos Cristo para los demás. Que la Virgen nos ayude a abrir nuestros corazones a Jesús, el único salvador del mundo, médico de cuerpos y almas.
Vamos a rezar a la Virgen del Carmen, la oración que está atrás de la imagen que les hemos repartido al inicio de la misa. Decimos, dulce Madre del Carmen, tengo mil dificultades de los enemigos del alma, en mis desaciertos, en mis dudas y penas, en mis enfermedades, cuando me desprecien, en las tentaciones, en horas difíciles, con tu corazón maternal, con tu inmenso poder, protég y en tus brazos al espirar recibe. Dulce Madre del Carmelo, por tu promesa intercepición, Virgen, Madre del Carmen, dame tu protección. Virgen del Carmen, ruega por nosotros. Amén.
Dios te salve, María, llena eres de gracia, el Señor es contigo. Bendita tú eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús. Santa María, madre de Dios, ruega por nosotros pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén. muerte. Amén.
Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo. Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén. Sagrado Corazón de Jesús, en vos con Dulce Corazón de María, se la salvación al San José, ruega por nosotros.
Como hacemos todos los sábados, rendimos homenaje a nuestra madre santísima. Cantamos el himno de la salve.
[música] Salve [canto] reina, [música] madre misericordia, [música][canto] vida, no es nuestra [música] salve. A [música] te clamamos [canto] [música] de suspiramos [música] y la [canto] lágrima no [música] valle. Ella [música][canto] ergó [música] tos misericordios [canto][música] conte [música] Jesús beneditud. [música] frutos tu [música] [música] [canto] [música] [canto] [música] [canto] [música] C [música] María [canto] pronta de genit. [canto]
Oremos. Dios omnipotente y eterno, que con la ayuda del Espíritu Santo preparaste el cuerpo y el alma de la gloriosa Virgen y Madre María, para que fuese merecedora de ser digna morada de tu hijo, concédenos que, pues celebramos con alegría su conmemoración, por su piadosa intercepición seamos liberados de los males presentes y de la muerte eterna. por el mismo Jesucristo nuestro Señor. [canto] Amén.
El Señor esté con ustedes. Con tu espíritu. La bendición de Dios todopoderoso, Padre, Hijo y Espíritu Santo, descienda sobre ustedes y permanezca para siempre. Amén. Pueden ir en paz. Demos gracias a Dios.
[música]