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Y las Cruzadas fueron sucesivas expediciones militares orientadas a liberar Tierra Santa del control musulmán. El objetivo consistía en restituir la autoridad apostólica romana en el territorio donde se desarrollaron los episodios relatados en la Biblia. El lugar más importante era, sin duda, Jerusalén, famoso lugar de peregrinación para los cristianos más devotos.
Sin enredarnos en interpretaciones, vamos a ceñirnos a los hechos. Viajemos al siglo XI. Los temibles turcos selyúcidas, procedentes de Asia Central, irrumpen en el escenario que nos ocupa. Conquistaron Bagdad, más tarde se hicieron con Alepo y Armenia. No tardaron en poner la vista en Occidente, concretamente en el llamado Imperio Bizantino, y en empezar las incursiones contra estos herederos orientales del Imperio Romano.
En el año 1071, los selyúcidas vencieron a los bizantinos en la batalla de Manzikert. Este golpe causó duros estragos. En las crónicas bizantinas relatan con estremecimiento el desastre. La pérdida de Anatolia supuso una terrible pérdida. También pasaron a controlar la ciudad de Jerusalén con una campaña de intolerancia religiosa hacia los cristianos. Alarmantes noticias de peregrinos asaltados y torturados por sarracenos malvados comenzaron a circular por Europa.
En el año 1092, la dinastía selyúcida alcanzó su mayor expansión. Pasaron de ser un conglomerado de tribus del norte del Mar de Aral, convertidos al Islam en el siglo X, a ser un poderoso y extenso imperio. Los bizantinos, aterrados ante el implacable enemigo, no sabían qué hacer. No tuvieron más remedio que acudir a sus compañeros cristianos de Occidente, a pesar del recelo creado por el reciente Cisma de Oriente y Occidente de 1054, en el que la Iglesia se había partido en dos: católicos en Occidente y ortodoxos en Oriente. Esta partición de la Iglesia era la consecuencia natural de la división del Imperio Romano en dos, hecho que ocurrió más de 600 años atrás.
En 1095, se celebró en Francia el Concilio de Clermont, del cual resultó la Primera Cruzada, proclamada por el Papa Urbano II. El concilio fue convocado por este Papa ante la petición de ayuda del emperador bizantino Alejo I Comneno. Este solicitó refuerzos militares para combatir al pueblo turco de los selyúcidas. Al concilio acudieron obispos y abades que trajeron a los nobles señores de sus localidades. El 27 de noviembre, Urbano II declaró la guerra a los musulmanes que controlaban Tierra Santa. El Papa concluyó su discurso con la expresión "Deus vult", que significa "Dios lo quiere".
En el concilio se estableció que quien viajase a Jerusalén para liberar a la Iglesia por piedad y no para conseguir riquezas, obtendría el perdón de sus pecados, pues dicha expedición significaría la penitencia completa. ¿Por qué atendió el Papa de Roma la petición del emperador de Bizancio? Probablemente porque el Papa intuía que de esta manera reforzaría su posición ante la Iglesia Ortodoxa y que incluso les podría recuperar para la causa.
La Primera Cruzada, también denominada Cruzada de los Príncipes, acudieron sobre todo cruzados franceses, comandados por sus señores. La Primera Cruzada transcurrió entre 1096 y 1099 y concluyó con victoria cristiana. Con esta victoria se logró recuperar Jerusalén. El Reino de Jerusalén quedó bajo el gobierno de Godofredo de Bouillón, con el título de Defensor del Santo Sepulcro. El motivo de la guerra fue el control de Anatolia y del Levante mediterráneo, que habían ocupado los turcos selyúcidas.
Antes de esta Primera Cruzada de los Príncipes, existió un intento de cruzada llamada la Cruzada de los Pobres y liderada por Pedro el Ermitaño, y que resultó ser un estrepitoso fracaso. Pasaron por Constantinopla y cruzaron el Bósforo. No debe sorprender que los selyúcidas masacrasen casi por completo en Nicea a estos cruzados desentrenados, hambrientos y sin armas. Ni se acercaron a Jerusalén.
Segunda Cruzada tuvo lugar entre 1147 y 1149 y la terminaron ganando los musulmanes. La causa fue la caída del Condado de Edesa en 1144. Tras la Primera Cruzada, se habían formado pequeños estados cruzados. El Condado de Edesa fue el primer estado cruzado en formarse y el primero en caer. En respuesta, hubo un nuevo llamamiento a cargo del Papa Eugenio III con la promulgación de una bula al año siguiente. En esta cruzada participaron los monarcas Luis VII de Francia y Conrado III de Alemania. Además, se contó con la persuasión del influyente monje Bernardo de Claraval. La campaña entera fue un fracaso para el bando cristiano, que no consiguió recuperar Edesa. Aún así, los cristianos seguían controlando Jerusalén.
Tercera Cruzada. En 1187, tras la Batalla de los Cuernos de Hattin, Jerusalén cayó en manos del sultán de Egipto y Siria, Salah ad-Din Yusuf ibn Ayyub, más conocido como Saladino. Con Saladino da comienzo la poderosa dinastía ayubí. Este gobernante luego se dirigió al norte, donde se apoderó del territorio de los estados cruzados, a excepción de sus capitales, lo cual motivaría el nacimiento de la Tercera Cruzada. La caída de Jerusalén supuso un duro revés para la cristiandad.
En esta ocasión, el Papa Gregorio VIII fue el que relató los desastres ocurridos en Tierra Santa en su encíclica *Audita tremendi* de 1187. El emperador Federico I Barbarroja del Sacro Imperio Romano Germánico fue el primer rey en ir, y lo hizo con un numeroso ejército. Otros monarcas europeos implicados en la cruzada fueron Ricardo I de Inglaterra, conocido como Ricardo Corazón de León, y Felipe II de Francia. Esta vez, el Imperio Bizantino luchó en el bando beligerante contrario a los cruzados, ya que el emperador Isaac II Ángelos se alió con Saladino. Cuando las tropas cruzadas atravesaron la frontera bizantina, como respuesta Barbarroja ocupó el centro del Sultanato de Rum, pero murió ahogado al intentar cruzar el río Saleph. Felipe acabó abandonando la cruzada, de modo que el conflicto se centró entre las imponentes figuras de Saladino y Ricardo Corazón de León.
La Tercera Cruzada transcurre entre 1189 y 1192 y vuelve a concluir con victoria musulmana. No obstante, los cristianos consiguieron éxitos parciales, pero no llegaron a reconquistar Jerusalén. En 1192 se firmó el Tratado de Ramla, en el cual Saladino y Ricardo Corazón de León acordaron un control musulmán de Jerusalén, pero la apertura de la ciudad a la peregrinación cristiana, así como la apertura del comercio. Por otro lado, los cruzados italianos aseguraron el control de los puertos sirios.
Cuarta Cruzada ocurrió entre 1200-1204. Tras la proclamación de una nueva cruzada en 1198 por el Papa Inocencio III, se la conoce como la Cruzada Torcida. La intención era liberar Tierra Santa, que seguía en manos ajenas, pero al final no hubo ni un solo combate entre cristianos y sarracenos, y los cruzados terminaron saqueando Constantinopla. Las figuras más importantes fueron Balduino, Luis de Blois y Bonifacio de Monferrato.
La ruta terrestre no era una opción, puesto que los Balcanes se habían vuelto una zona peligrosa. Los cruzados contrataron al Dogo de Venecia, Enrico Dandolo, para encargarse del transporte por vía marítima. Sin embargo, los cruzados no consiguieron el dinero suficiente para cubrir los servicios de Dandolo, por lo que este ofreció aplazar la deuda a cambio de que conquistaran para Venecia la ciudad húngara de Zara, y así se hizo. Incluso teniendo al Papa, el Papa acabó excomulgando a todos los cruzados.
A Zara llegaron las noticias de que el emperador Isaac II Ángelos, el que se había aliado años antes con Saladino, había sido apresado y traicionado por su hermano Alejo III, que había usurpado el trono. Entonces, Alejo IV, hijo de Isaac II, propuso a los cruzados cambiar el rumbo de la cruzada hacia Constantinopla para deponer a quien había destronado a su padre. Alejo IV a cambio se comprometió a pagar la deuda contraída con los venecianos y ofreció soldados para reconquistar Jerusalén. También propuso terminar con el Cisma de Oriente y Occidente y afirmó que la Iglesia Ortodoxa bizantina volvería a obedecer al Papa.
Los cruzados lograron entrar en Constantinopla y Alejo III huyó, pero la situación política era compleja y Alejo IV no pudo cumplir sus compromisos. Finalmente, los cruzados saquearon Constantinopla durante varios días, cometiendo toda clase de tropelías. El resultado fue la fragmentación del Imperio Bizantino, que quedaría muy debilitado.
Tras la Cuarta Cruzada, ocurrió un evento conocido como la Cruzada Infantil o la Cruzada de los Niños. Los documentos son contradictorios y es difícil distinguir lo real de lo ficticio. La iniciativa habría venido de un niño al que se le había aparecido Jesucristo. La pureza de las almas de los infantes permitiría reconquistar Jerusalén.
Quinta Cruzada. Si la Cuarta Cruzada fue la Cruzada Torcida, esta podría denominarse la Cruzada Inútil. Aconteció entre 1217 y 1221. Fue completamente ineficaz y apenas cambió las relaciones de poder ya existentes entre cristianos y musulmanes. En 1213, el pontífice Inocencio III había proclamado la bula *Quia maior* y en 1215 la bula *Ad liberandam*. El objetivo era acabar con el Imperio Ayubí y recuperar Jerusalén. Las figuras principales fueron Andrés II de Hungría y Leopoldo VI de Austria. En aquel momento, los caballeros franceses estaban ocupados en su Cruzada Albigense contra los cátaros. Más tarde, en 1218, Guillermo I de Holanda y Oliver de Colonia se unieron a la cruzada con sus respectivos ejércitos para atacar la ciudad egipcia de Damieta. Tras conquistar Damieta, los cruzados avanzaron en Egipto y se dirigieron hacia El Cairo, pero el sultán Al-Kamil los repelió. Tras la rendición de los cruzados, perdieron Damieta y Al-Kamil aceptó un tratado de paz de ocho años.
Sexta Cruzada se desarrolló entre 1228 y 1229. En ella, el emperador Federico II Hohenstaufen del Sacro Imperio Romano Germánico logró que le entregaran Jerusalén, Belén y Nazaret a través de un acuerdo diplomático con el sultán egipcio Al-Kamil. Por dicho tratado, Al-Kamil cedió territorios a Federico a cambio de que este le apoyase contra Al-Nasir y se estableciera una tregua de diez años. Federico II se había casado en 1225 con Yolanda de Jerusalén, hija de Juan de Brienne.
Con el Papa Gregorio IX, las relaciones de Federico II eran tensas, tanto que el rey llegó a ser excomulgado en 1227. En 1228 partió sin la aprobación papal para terminar convirtiéndose en rey de Jerusalén. Esto no hizo más que aumentar la tensión entre el papado y el imperio. El Papa declaró que no se podía interpretar esa acción como guerra santa.
Séptima Cruzada se realizó entre 1248 y 1254 y fue encabezada por Luis IX de Francia. Previamente, en 1244, los musulmanes volvieron a tomar Jerusalén y atacar los dominios cristianos de la zona. El Papa Inocencio IV convocó una nueva cruzada en el Concilio de Lyon de 1245, entregando la dirección de la misma a San Luis. La expedición se dirigió a Damieta y, en un primer momento, lograron conquistarla. Como en la Quinta Cruzada, los cristianos avanzaron hacia El Cairo, pero esta vez dejando Damieta protegida. Sin embargo, el resultado fue el mismo, pues los cruzados tuvieron que rendirse ante los egipcios y el rey francés fue apresado en Mansura. Finalmente, fue liberado tras pagar un rescate. Podríamos llamarla la Cruzada Inútil, segunda parte.
Octava Cruzada se produjo en 1270, de nuevo por parte del rey Luis IX de Francia. En esta campaña, el rey francés volvió a fracasar, esta vez en su intento de cristianizar Túnez. El emir logró defender la ciudad de la invasión cristiana. Luis IX y buena parte de su ejército murieron por las enfermedades. El príncipe Eduardo, quien posteriormente se convertiría en el rey Eduardo I de Inglaterra, tenía la intención de unirse a Luis IX en Túnez, pero el francés ya había muerto y su ejército se disponía a volver. Aún así, el inglés se dirigió hacia Acre con un pequeño ejército. Tras varias refriegas, la cruzada terminó con la firma de una tregua.
Hay quien considera la campaña de Eduardo de Inglaterra, transcurrida entre 1271 y 1272, como una Novena Cruzada, pero por lo general se la comprende como una extensión de la Octava. Tras la victoria musulmana frente a esta expedición, empieza el fin de los estados cristianos en el Levante.
Han existido otras guerras y campañas militares que han sido calificadas de cruzadas, pero que no tenían la intención de conquistar Tierra Santa. Destacan la Cruzada Albigense, que proclamó Inocencio III contra los cátaros; en las Cruzadas Bálticas contra paganos de la región Báltica; y la Cruzada contra la Corona de Aragón, proclamada por Martín IV. En la Cruzada de Segismundo de Hungría contra el Imperio Otomano en Nicópolis y la Cruzada de Juan Hunyadi, también contra los otomanos en Belgrado, también tuvieron carácter de cruzada. Algunos momentos de la Reconquista española frente a los musulmanes, en los que el Papa concedió una bula de cruzada, principalmente en la Batalla de las Navas de Tolosa y en la toma de Granada. De hecho, los reinos cristianos peninsulares apenas mostraron interés en las cruzadas de Tierra Santa, pues bastante tenían con los suyos.
En las Cruzadas se crearon diversas órdenes militares cristianas para defender los Santos Lugares. Una de las más conocidas es la Orden de los Pobres Compañeros de Cristo y del Templo de Salomón, también conocida como la Orden del Temple. Fue fundada tras la Primera Cruzada con el objetivo de proteger a los peregrinos y también participaron militarmente en las contiendas.
Para acabar, hay que explicar que existen muchas comprensiones del fenómeno y hay que tener en cuenta diversos factores que impulsaron a los cruzados a guerrear. El componente económico motivó a Venecia y Pisa a participar en las Cruzadas para defender su control comercial sobre las rutas de productos que venían de Oriente a Europa. Por otro lado, el factor geoestratégico hizo que la Iglesia Romana impulsara campañas para afianzar su autoridad política y recobrar el control de la Iglesia bizantina, además de que las peregrinaciones a Jerusalén se complicaron a finales del siglo XI. Otro elemento impulsor fue el tratamiento de las Cruzadas como vía de escape para hijos de nobles sin herencia y para las clases humildes que veían la oportunidad de hacer fortuna en tierras extranjeras.
Las repercusiones en Occidente más notorias de las Cruzadas fueron la consolidación de la autoridad del papado sobre el mundo cristiano y el impulso de los intercambios comerciales que favorecieron el crecimiento de las ciudades mercantiles como Venecia.
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