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El Señor esté con ustedes. Y con tu espíritu.
Lectura del Santo Evangelio según San Lucas. Gloria. Gloria a ti, Señor.
En aquel tiempo, lleno de la alegría del Espíritu Santo, exclamó Jesús: "Te doy gracias, Padre, Señor del cielo y de la tierra, porque has enseñado estas cosas a los sencillos y se las has escondido a los sabios y entendidos. Sí, Padre, porque así te ha parecido bien. Todo me lo ha entregado mi Padre y nadie conoce quién es el Hijo sino el Padre, ni quién es el Padre sino el Hijo y aquel a quien el Hijo se lo quiera revelar."
Y volviéndose a sus discípulos, les dijo aparte: "Dichosos los ojos que ven lo que ustedes ven, porque les digo que muchos profetas y reyes quisieron desear lo que ustedes ven y no lo vieron y oír lo que ustedes oyen y no lo oyeron."
Palabra del Señor. Señor Jesús.
El tiempo de Adviento es también un tiempo penitencial. Es verdad que no tiene la intensidad penitencial de la Cuaresma, pero es un tiempo penitencial. No cantamos el Gloria los domingos y el sacerdote sale de color morado. Estamos en un tiempo penitencial porque estamos preparándonos para la Navidad. Y cuando hablamos de tiempo penitencial, hablamos de una profunda conversión. Y para aquella conversión tiene que haber humildad.
Hoy Jesús se dirige a su Padre celestial en el evangelio que hemos escuchado. Le da gracias a su Padre porque su Padre no se ha revelado a los que se creen importantes, a los sabios y entendidos, sino que se ha revelado a los humildes, a los sencillos. Hermanos, nos estamos preparando para la Navidad. Y la Navidad es la fiesta de la humildad. Cuando ponemos nuestros ojos en Belén, todo es humildad. Humildes los pastorcitos, humilde San José, humilde la Virgen María y el más humilde, el niño Dios. ¿Quién está en un pesebre?
Por eso este tiempo de Adviento es un tiempo para examinarnos cómo está nuestra humildad. Repito, estamos en un tiempo penitencial. La penitencia implica conversión y la conversión exige humildad. Hay una cita bíblica que me gusta mucho meditar y me cuestiona. Primera de Pedro 5:5. ¿Qué he dicho? Primera de Pedro 5:5. Dios resiste a los soberbios y da su gracia a los humildes. ¿Qué dice Primera de Pedro 5:5? Dios resiste a los soberbios y da su gracia a los humildes.
Por eso es bueno hacernos algunas preguntas para ver cómo está la humildad, a ver qué rasgos de soberbia hay en nosotros. Cuatro preguntas.
Primera pregunta: ¿Me enojo cuando me corrigen? Hermanos, es bueno que nos corrijan. Es verdad que puede ser que nos incomode una corrección, pero si nos enojamos cuando nos corrigen es porque ahí hay soberbia. Cuando alguien nos corrige, está claro que la caridad siempre tiene que marcar la corrección. A nadie le gusta que le maltraten. Uno tiene que decir gracias. Por eso, primera pregunta: ¿Me enojo cuando me corrigen?
Segunda pregunta: ¿Quiero que me sirvan más que servir? La humildad está conectada con el servicio. Una persona que le gusta que le sirvan y no toma iniciativas para servir es una persona que tiene mucha soberbia. El soberbio quiere ser el centro, quiere que todos le sirvan. ¿Cómo está nuestro servicio? Quiero que me sirvan más que servir. No te olvides que Jesús ha dicho: "El Hijo del Hombre ha venido para servir y no para ser servido."
Tercera pregunta: ¿Me da cólera que otros sean mejores que yo en algunos aspectos? Hermanos, la envidia está conectada con la soberbia. Hay personas que le da rabia ver a alguien que es mejor que esa persona en un aspecto. ¿Por qué te vas a enojar que alguien es mejor que tú en un aspecto? ¿Te enojas? Si alguien es mejor que tú en un aspecto, deberías alegrarte. ¿Y saben por qué uno se enoja cuando ve a alguien que tiene una virtud que uno no tiene? Porque nos creemos lo máximo y nos da cólera que alguien sea mejor que nosotros. No debería darnos cólera, deberíamos alegrarnos. Hermanos, erradiquemos todo tipo de envidias. La envidia está conectada con la soberbia. El soberbio tiene complejo de superioridad y por eso le da rabia, le da cólera ver a alguien que tiene una virtud que él no tiene o un don que él no tiene.
Y la cuarta pregunta: ¿Me gusta ser el protagonista de todo, hermanos? Tenemos que ser humildes, nada de figuretismo. El soberbio quiere ser la novia en la boda, la criatura en el bautismo, la novia en el matrimonio. Quiere ser siempre lo que resalta. Incluso hasta en cuestiones piadosas quiere resaltar, hacerse notar. Cuarta pregunta. Quiero ser siempre el protagonista. El único protagonista, ¿quién tiene que ser, hermanos? Jesús. Punto. Se acabó. Lo nuestro es perfil bajo. Quien tiene que lucir es Cristo.
Hermanos, el tiempo de Adviento es un tiempo penitencial. El color morado no está por gusto. Es un tiempo de conversión. Y para convertirnos es muy importante la humildad. No te olvides. Primera de Pedro 5:5. ¿Qué dice? Ya se olvidaron. Dios resiste a quién? A los soberbios. Y da su gracia a quién? A los humildes. Hermanos, hagamos examen de conciencia con estas cuatro preguntas. Me enojo cuando me corrigen. Quiero que me sirva más que servir. Soy una persona envidiosa. Quiero ser el protagonista. Siempre en todo.
Que la Virgen Santísima, la humilde esclava del Señor, nos ayude a hacer un buen examen de conciencia y a pedirle a Jesús su gracia para ser humildes de verdad. Que así sea. Amén.
Queridos hermanos, hemos escuchado como Jesús se dirige a su Padre celestial y le dice: "Te doy gracias, Padre, porque tú no te revelas a los que se creen importantes, sino te revelas a los humildes, a los sencillos." El Adviento es un tiempo penitencial, el color es el morado. No cantamos el Gloria. Es un tiempo de conversión. Hay que llegar a la Navidad convertidos. La Navidad es la fiesta de la humildad. En Belén todo es humildad. Humildes los pastorcitos, humilde San José, humilde la Virgen, el más humilde, el niño Dios, en un pesebre. Hermanos, a trabajar la virtud de la humildad. No te olvides. Primera de Pedro 5:5, ¿qué dice? Dios resiste a los soberbios y da su gracia a los humildes.
Cuatro preguntas para responder. Yo el primero: ¿Me enojo cuando me corrigen? ¿Quiero que me sirvan más que servir? ¿Soy una persona envidiosa? Cuando veo que alguien tiene una virtud que yo no tengo, me enojo. Lo que es peor, comienzo a hablar mal de esa persona. Eso es soberbia también, hermanos. No tengamos complejo de superioridad. Todos somos del mismo barro. Y cuarta pregunta: ¿Quiero ser el protagonista siempre donde estoy? Son preguntas que debemos responder en silencio y en la presencia de Dios.
Que la Virgen Santísima nos ayude a crecer en la humildad, porque Dios da su gracia a los humildes.
Dios te salve, María, llena eres de gracia, el Señor es contigo. Bendita tú eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús. Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén. Amén.
Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo. Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.
Sagrado Corazón de Jesús, en vos confío. Dulce Corazón de María, sea la salvación. San José, ruega por nosotros.
El Señor esté con ustedes. Y con tu espíritu.
La bendición de Dios todopoderoso, Padre, Hijo y Espíritu Santo, descienda sobre ustedes y permanezca para siempre. Amén.
Pueden ir en paz. Demos gracias a Dios.
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