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Cardenal Chomalí: "No se puede combatir el crimen organizado y pedir privilegios"

CNN Chile22:18

Transcription

Estimados hermanas y hermanas, estamos reunidos como resultado de la gran fiesta cívica que nuestro país celebró el pasado 14 de diciembre. En Chile las expresiones democráticas son parte de una celebración que nos enorgullece. Es una fiesta llena de respeto y de esperanza, en la que cada uno puede contribuir a construir el país que sueña. ¿Quién no lo siente así cuando cumple con el deber cívico de ir a votar?

Colegios, liceos y otros espacios sociales y culturales se convierten en lugares de encuentro donde nos sentimos parte de un solo cuerpo. Nos sentimos una comunidad. Durante ese día nos une el hecho de amar nuestra patria, dejando de lado nuestras legítimas diferencias. Cada uno contribuye desde el SERVEL, el Ejército y Carabineros de Chile, la Cruz Roja, la Defensa Civil, la Prensa, los vocales y apoderados de mesa que realizan un magnífico trabajo. Nos complace que así sea porque nos da la seguridad de un proceso bien hecho cuyos resultados nadie puede cuestionar. Ese respeto se mantiene cuando se reconoce el triunfo del otro. Fuimos testigos del momento en que el presidente en ejercicio llama por teléfono al presidente electo. Fuimos testigos de gestos propios de un país con altura de miras, civilizado, educado, donde la democracia y el estado de derecho no son palabras vacías.

También ha habido desencuentros, pero desde la misma creación del ser humano han existido y seguirán existiendo. No nos escandalicemos por aquello. Lo importante es ampliar la mirada desde el amor a la patria y seguir adelante con sabiduría y prudencia, porque el bien común lo exige, así como las complejidades geopolíticas en las que el mundo se encuentra. Siempre el todo es más que las partes y desde esa convicción debemos continuar con un sano pensamiento crítico, con mucha fe y esperanza. El país es más que una situación coyuntural. El país tiene una larga tradición de superar las dificultades. El país tiene un pueblo creyente y patriota que lo ama y defiende. Ese espíritu, esa capacidad de ir más allá de las dificultades coyunturales es motivo de orgullo nacional. Todo ello nos habla de un país cuyo corazón deseoso de bien late con fuerza desde lo más profundo de la sociedad. Cuidemos ese tesoro maravilloso.

Ciertamente, en cada cambio de mando nos invade la sensación de estar viviendo un momento trascendente, porque se trata de una ocasión única, con rituales sobrios pero elocuentes. Se marque un hito solemne en el devenir de nuestra historia con ribetes de esperanza, de ilusión y de nuevas oportunidades para todos. En Chile tenemos motivo para celebrar la democracia, pero junto con ello es fundamental recordar nuestra responsabilidad de preservarla. La democracia es un bien que se gana a gotas, pero se pierde a litros y no se cuida. Estos días solemnes son una invitación a protegerla con cada gesto y con cada palabra. Procuremos que siempre haya espacio para el diálogo, para buscar acuerdos, para la diplomacia, para abrir nuevas mentes y corazones, para que prime la caridad, la altura de minas, en definitiva, para que emerja siempre lo mejor del ser humano. Los invito a que renovemos el compromiso de trabajar firmemente para mantener alejada la violencia en cualquiera de sus formas, pues no podemos arriesgar lo que tanto nos costó recuperar. Las futuras generaciones no merecen eso. Merecen vernos atentos a las necesidades de los demás, anhelantes de buscar siempre la verdad, dirigentes en promover el bien común y claros a la hora de decir no a la violencia. Lo repito, no a la violencia en todas y cada una de sus formas, pues solo genera más violencia, venga de donde venga, aunque detrás haya un noble motivo.

El evangelio de hoy nos regala una escena preciosa que va más allá del gozo de celebrar como lo hacemos hoy. Se trata de las bodas de Caná, donde Jesús realiza su primer milagro público. Así como la palabra de Dios nos ayuda a reconocer el sentido de por qué estamos aquí, la fiestas nos ayudan a recordar quiénes somos, revelan nuestra identidad y ponen ante nuestros ojos lo que queremos ser. Las fiestas no son un mero paréntesis en la vida de la familia, de las comunidades o de los pueblos. Más bien develan nuestros deseos y anhelos más profundos. Por ejemplo, la fiesta de la democracia nos dice que Chile quiere que las cosas se hagan bien y nos muestra que somos capaces de ello. Nos dice además que nuestro país tiene vocación de encuentro y no de enfrentamiento. Nos dice que es mejor alargar la mesa que dejar algunos comensales fuera de ella. nos recuerda que en Chile nadie sobra, que todos nos necesitamos y que el deseo construir es infinitamente mayor que la vana y absurda inclinación por destruir.

Destaco ahora algunos pasajes del relato del Evangelio. Reflexionando sobre el texto bíblico de cara al futuro, veo de manera simbólica, tanto en el agua como en el vino, dos elementos fundamentales para la construcción de una sociedad verdaderamente humana. En el agua vemos los dones de la naturaleza, aquellos que proceden del creador y sin los cuales no habría vida en nuestro planeta. El agua representa los recursos que Dios ha puesto a nuestra disposición, extraordinarios, bellos, esenciales. Qué hermoso país nos ha regalado el Señor. Qué hermoso país con personas tan nobles y trabajadoras. Por otro lado, el vino representa el resultado del trabajo humano. Cuánto esfuerzo en el campo, cuánto sudor en la prensa del lagar, cuánto conocimiento y y cuánta paciencia en la espera de la fermentación hasta llegar finalmente a la mesa de una familia. Hay bellez sacrificio en cada rincón cultivado de nuestra patria, como también detrás de cada título universitario y de cada emprendimiento. Agua y vino, don y trabajo, naturaleza y Dios, componentes esenciales de toda comunidad humana. Y todo ello en motivo de esperanza.

Esa es en parte la misión de las políticas públicas, tomar los inmensos recursos materiales y humanos que tenemos en Chile y contribuir a convertirlos en una cultura de la vida, del respeto y del amor, en una cultura que extraiga lo mejor de cada ser humano para ponerlo al servicio de los demás. en una cultura superior donde no hay espacio para la vulgaridad, las injustas discriminaciones ni los discursos de odio. El milagro se gesta por mediación de María, la madre de Jesús. Es ella quien atenta a la necesidad de los demás, fue capaz de notar que había una urgencia, un problema, faltaba el vino. se levantó y fue hasta donde estaba su hijo para decírselo. Señor presidente, señores ministros y subsecretarios, este es el camino que tenemos por delante, estar atento a las necesidades de cada ciudadano y de Chile entero. Así como las bodas de Caná faltó el vino, en nuestro país también faltan muchas cosas. Quien asume un servicio público se enfrenta a grandes desafíos. No se puede fomentar una educación centrada solo en la producción y el consumo, olvidando los horizontes trascendentes que animan la vida humana. Tampoco podemos ser cómplices de una sociedad que ha hecho el crecimiento económico la única vara para medir el desarrollo. El buen vino, ese vino excľso que producen nuestros viñedos es del crecimiento económico, espiritual y social en armonía. Es el crecimiento que respeta los feriados religiosos y el descanso familiar. El buen vino es aquel donde la cultura tiene un espacio relevante y el pensamiento humanista dialoga con el económico. La técnica se abraza con la ética y la dimensión inmanente se toma de la mano con la trascendente. El buen vino que queremos producir es el crecimiento de una sociedad que ame y respete sinceramente al ser humano, que resguarde su dignidad y la de toda su comunidad.

Por eso nos duele Chile cuando tomamos conciencia de lo que falta para que la fiesta no sea de unos pocos sino de todos. Para que el milagro del Señor de convertir el agua en vino llegue a todo sin excepción. Creemos firmemente en aquello. Nos llena de esperanza. Esperanza en que terminará con la corrupción. La codicia y las ansias de poder en la política y los sectores públicos y privados hieren el alma de Chile. Esperanza que los recursos destinados a los más pobres no terminarán más en manos de inescrupulosos, fruto de fraudes de todo tipo. Esperanza de poner un decidido atajo al avance de crimen organizado y a la inseguridad que generas calles y espacios públicos. esperanza de que se terminará con el empobrecimiento de la educación que instala la competencia desde la más tierna infancia como su motor en lugar de promover y valorar el amor por la verdad, por el gusto de saber. Esperanza de que la competencia deshumanizada por las notas, los puntajes y los rankings se convertirá en la promoción de las destrezas, habilidades y dones que cada uno tiene. Esperanza en que se pondrá fin a la soledad e indefensión de los adultos mayores y a la incomunicación de los más jóvenes. El individualismo instalado como criterio supremo de vida es como un vino amargo. No proviene del Señor, sino de la miopía que hace mirar lo urgente, olvidando lo importante. La miopía de los que creen que la historia comenzó ayer y terminará mañana.

Impresionan los últimos informes sobre la disminución dramática de los índices de natalidad, fruto previsible de muchas políticas sociales instauradas desde hace tiempo. Si concebimos el aborto y las políticas de natalidad como meros derechos individuales o si creemos que bastarán incentivos económicos para revertir la tendencia, no estamos entendiendo el problema en su real Honduras. Señor presidente y distinguidos ministros, estamos en presencia de una crisis antropológica de marca mayor porque hemos dejado al ser humano entre paréntesis, hemos mutilado lo más profundo de su ser a cambio de proyectos todos vinculados al tener. nos hicieron creer que para ser felices se requería tener más y nos olvidamos de que se requiere ser más y ello se logra no solo viviendo con los demás, sino y sobre todo viviendo para los demás. La política pública número uno en Chile debiese ser terminar con la cultura individualista que nos acecha y corroe el alma. Abracen a la filosofía, no le teman a las artes, déjense tocar por la teología. Más allá de enumerar la esperanza que nos anima, sea cual sea la respuesta a tan grande desafío, debe prevalecer en todos un esfuerzo honesto, claro y denodado por construir una convivencia más justa y en paz. Si hay una herida abierta en medio nuestro, eso tiene que ver con que hemos logrado, no hemos logrado incluir a los más pobres y vulnerables de la sociedad. La reducción materialista de la vida y la cultura nos ha llevado a experimentar una verdadera afixia moral. No basta un crecimiento meramente económico, por más importante que sea, sino va acompañado de un auténtico acuerdo a que a todos sin excepción nos permita sentirnos en casa y desarrollar una vida que dé sentido.

¿Dónde buscar el sentido de la vida, cómo alcanzarlo? Son preguntas profundas y complejas, pero nuevamente es la madre de Dios que nos da la respuesta. Hagan lo que él les diga. Es tan simple como eso. Si creemos que en una sociedad moderna y plural, ninguna voz debe ser excluida, ¿por qué no escuchar también la voz de Dios? Nuestra patria posee una larga tradición cristiana que ha participado activamente en la creación de una convivencia social duradera. La Iglesia, más que ser un impedimento, ha estado presente y se ha involucrado directamente en los más complejos de la historia. de nuestro país, sirviendo, acompañando y ofreciendo esperanza. ¿Acaso podemos olvidar la inmensa contribución que hizo en los tiempos asiagos de la dictadura para aliviar el dolor de quienes perdieron a sus seres queridos, muchos de ellos aún desaparecidos? ¿A acaso puede omitirse la decidida acción de la Santa Sede para detener una guerra fraticida con Argentina ya en sus inicios? La Iglesia Católica y las demás iglesias han aportado y aportarán siempre con un espíritu propositivo y sobre todo evangélico a construir una nación más justa y fraterna. Lo harán anunciando el evangelio, que es lo único que transforma los corazones de piedra en corazones de carne.

En el campo de la política esperamos que los cristianos, escuchando la voz de la vida pública, a todos los integrantes del nuevo gobierno, les agradezco de corazón que hayan ingresado a la política. Les agradezco de corazón que hayan ingresado a la política después de sus familias. Este será sin duda uno de los servicios más importantes que harán en sus vidas. Sus decisiones alcanzarán a millones de personas. Su trabajo es precioso y significativo porque su razón de ser es el bien común. Gracias. Muchas veces muchas gracias a ustedes por su trabajo. Confiamos también en las personas de buena voluntad, sin importar la fe que profesen, especialmente aquellos que hoy son oposición puedan dejarse guiar por el recto uso de la razón y así podamos explorar juntos las soluciones que promuevan a cada uno de los habitantes de nuestro país para que se desarrollen como seres humanos.

Una invitación. Hace poco el Papa León XIV expresó a la comunidad diplomática que abro comillas para enfrentar un diálogo es necesario que haya acuerdo sobre las palabras y los conceptos que se utilizan. Redescubrir el significado de las palabras es quizás uno de los principales retos de nuestro tiempo. Así advierte que cuando las palabras dejan de reflejar la realidad, esta se vuelve imposible de compartir. De modo que tanto el diálogo como el lenguaje son de enorme cuantía para la comunidad política. Los invito a confiar en el diálogo como una valiosa herramienta que evitará que la política se convierta en la imposición de unos sobre otros y que devenguen un sistema de fuerza y resistencia más que de entendimiento. En ese contexto es vital actuar siempre radicados en la verdad, con honestidad y cuidando las palabras y la forma de dialogar, no solo para preservar el respeto mutuo, sino también para tejer una realidad común. Para ello los animo a encomendarse al Espíritu Santo para que infunden ustedes sus siete dones, la sabiduría, la ciencia, consejo, piedad, entendimiento, fortaleza y un sano temor de Dios.

Los exhorto a que estén alerta frente a los peligros que amenazan la vocación pública. No es posible lograr una política pública sana si está en manos de líderes éticamente cuestionables. Estén alertas ante cualquier inclinación sectaria, criterio partidista, nacionalismo excesivo o representaciones unilaterales de los hechos históricos que tanto daño pueden causar al deteriorar la unidad. Por ello se requiere un proyecto común que se fundamente en la dignidad, la belleza y los dones y carismas que Dios ha regalado a cada persona. Hacemos un llamado a valorar la virtud personal como un camino insollayable para alcanzar la justicia. Por ello, esperamos que en sus manos el poder se convierta en un servicio generoso hacia los demás, porque no somos dueños de él, sino simples administradores llamados a buscar el bien común, que es el bien de todos y de cada uno. Esperamos que apliquen todo el conocimiento disponible, el que proviene de la ciencia, las humanidades y las artes para encontrar caminos de justicia y solidaridad frente a los problemas que nos aquejan como sociedad. Esperamos que escuchen a las personas de carne y hueso con sus alegrías y sus penas. Ese es el mejor remedio para no absolutizar las ideas. Cuando cuando ello ocurre surge la intolerancia, la prepotencia y el dominio de unos sobre otros. Remedio contra esto será siempre la humildad y la cercanía con los más desposeídos.

Esperamos que logren terminar de raíz con la corrupción al interior del aparato estatal, tanto las más grandes como las que ya hemos visto, como también las más pequeñas, esas que se instalan en la vida cotidiana y que van gestando una cultura del más vivo, del amiguismo y del pero si todos lo hacen. Esperamos coherencia de vida. Ustedes son personas públicas y tenemos el derecho y el deber de exigir probidad. Sean un ejemplo de vida para los demás. No se puede, por un lado, trabajar para terminar con el crimen organizado y por otro solicitar privilegios. Les pedimos, les imploramos que enaltezcan la función política. No puede ser que quienes ejercen esa noble vocación sean percibidos como las personas más desprestigiadas y de menor credibilidad de la sociedad. No puede ser. Urge políticos consecuentes creíbles en el decir y en el actuar. La mejor manera de poner a prueba la propia vida es que al llegar a sus casas cada noche puedan mirar a los ojos a su familia, sentir serenidad por lo realizado y dormir tranquilo. Qué cierto es el proverbio mala conciencia dura almohada. Les des corazón que les vaya bien y que toda la preparación que poseen esté verdaderamente al servicio de los demás.

Desde los inicios la historia de Chile ha estado marcada por su presencia maternal. Este año celebraremos los 100 años de la coronación de la Virgen del Carmen, patrona de Chile. Y recordamos el voto que hicieron los padres de la patria, en la que prometieron construir un templo en honor de la Virgen del Carmen, para que nos recuerde con su imponente presencia nuestra libertad e independencia. que ella infunde en ustedes un profundo amor a la familia y a los vínculos estables que permitan a los niños crecer en ambientes de amor y respeto mutuo. Y que en ese clima los jóvenes de nuestra patria puedan creer nuevamente en el servicio público como una de las vocaciones más hermosas, más nobles y más necesarias de la vida social. Que Dios los bendiga. Amén.