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En aquel tiempo enviaron a Jesús algunos de los fariseos y de los herodianos para cazarlo con una pregunta. Se acercaron y le dijeron, "Maestro, sabemos que eres veraz y no te preocupa lo que digan, porque no te fijas en apariencias, sino que enseñas el camino de Dios conforme a la verdad."
¿Es lícito pagar impuesto al César o no? ¿Pagamos o no pagamos?
Adivinando su hipocresía, les replicó, "¿Por qué me tentáis? Traedme un denario, que lo vea." Se lo trajeron y él les preguntó, "¿De quién es esta inscripción y esta imagen?" Le contestaron, "Del César."
Jesús les replicó, "Pues dad al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios." Y se quedaron admirados.
Palabra del Señor.
Señor, nos podemos sentar, hermanos. Una palabra muy conocida, ¿verdad? Al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios. Quizá muchas veces mal usada. Aquí el Señor, más allá, hermanos, de que paguemos nuestros impuestos, que los pagamos bastante además, ¿verdad? Más allá de no evadir impuestos y no hacer trampas, que muchas veces también a veces lo hacemos más allá de esto. O sea, Cristo, a ver, Cristo no hoy no es un un funcionario de Hacienda, no. Jesús siempre va más allá. Jesús siempre mira más profundo. Jesús usa esa pregunta que le hacen además para ponerle una trampa, para cogerle a ver qué dice, a ver qué no dice. Eh, toma esa pregunta capciosa, esa pregunta con maldad para darnos una catequesis a todos nosotros.
Fijaros que el pueblo de Israel está esperando, pongámonos en el contexto, está esperando un Mesías liberador que viene a liberarlos de de la esclavitud. En este caso ya Dios les había liberado de la esclavitud de Egipto, pero hoy tenían una nueva esclavitud que era en su propia tierra había un pueblo que los dominaba, que son los romanos. Los dominaba, les imponían cargas, les imponían leyes, les quitaban su dinero. Los impuestos, ¿para quién eran? Para Roma. les quitaban su dinero, le quitaban sus sus cultivos, sus cosas, no les dejaban vivir perfectamente el culto. Era un pueblo que los estaba oprimiendo en cierta manera. Entonces, ¿qué espera el pueblo? pues que llegue el Mesías y el Mesías acabe con todo eso. Si Jesús es el Mesías, entonces según la concepción que tenemos debemos de no de pagar los impuestos, ¿no? No. Si viene a liberarnos, Jesús eh debe ser como una especie de guerrillero, una especie de hombre que viene a luchar contra los romanos, no a darles más dinero.
Bueno, hermanos, Jesús no se mete en este tema. Jesús es el Mesías porque ha vencido la muerte. Jesús es el Mesías porque nos libera del verdadero dominio. Los romanos duraron un poco más y se acabó. Los presidentes duran un poquito, unos más, algunos demasiado, otros menos, pero enseguida se van, pasan, ya no nos acordamos, se fueron. Ese no es el problema nuestro. El problema no es quién es el alcalde o quién es el presidente del gobierno o quién es el el jefe de de de la escalera. Nuestro problema no es ni siquiera quién es el jefe de nuestra empresa ni el compañero de trabajo. Aquí nuestro verdadero problema, el punto donde debe de ir Jesucristo, que es el Mesías, es al pecado. Ese sí nos pone en tristeza. Ese sí nos destruye, nos seca, nos mata.
Pero más allá, a mí me encanta cómo Jesús, fijaros en en la moneda estaba la cara, la cara de la imagen del César y la escripción César Augusto, tal, lo que pusiera. Y el Señor dice, "Dadle al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios." Yo te quiero hacer una pregunta hoy. ¿Qué es lo que es de Dios que se lo debemos dar a Dios? Porque al César lo que es del César, ¿vale? Lo entendemos la moneda al César y a Dios. Lo que es de Dios. ¿Qué es de Dios? Te lo pregunto de otra manera. ¿Qué moneda tiene la imagen de Dios? ¿Qué denario tiene la imagen de Dios para yo darle a Dios lo que es de Dios? ¿Todavía no lo has cogido? ¿Quién es la imagen de Dios? ¿Quién ha sido creado a imagen de Dios? ¿Ya lo vas cogiendo o te doy más pistas? Tú al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios. Tú, tu vida, tu vida. Tú tienes dentro de ti la imagen de Dios como ese denario. Tú eres ese denario de Dios que ha sido creado imagen y semejanza de Dios. Hemos sido creados con la imagen de Dios. Dentro de nosotros está esa imagen, esa impronta de Dios. esa esa ese sello, ese tatuaje de Dios que es su amor. Por eso el cristiano es de Dios, porque puede amar como Dios ama.
Hermanos, hermanos, todo se resume en esto. Si es que yo no tendría que hacer ni homilía ni nada. Ponemos aquí un cartel enorme que diga, quitamos eso tan feo que hay aquí. Ponemos un cartel enorme que diga, "Amaos como yo os he amado." ¿Cómo te parece ese mensaje? Ahí se resume todo, todo. Amaos como yo os he amado. Todo se resume en eso, hermanos. Nosotros somos cristianos y nos amamos como Dios nos ha amado. Nosotros somos la imagen de Dios y le damos a Dios lo que es de Dios si nos amamos como él nos ha amado. Por eso va mucho más allá, hermanos, de pagamos o no pagamos. ¿Qué hacemos? Tú ama. Tú dale a Dios lo que es de Dios y verás que te quitas todas esas preocupaciones políticas, ideológicas y tontadas que a veces nos inventamos en nuestra casa, en el trabajo, con nuestros familiares. Al César lo que es del César y a Dios tu vida.
¿Os acordáis la pobre viuda que fue al templo a dar unas moneditas? Dice que dio dos monedillas de nada, como si da 2 céntimos. Y dice Cristo, esa mujer ha echado más que nadie. Pero, ¿por qué? Dice, "Porque ha echado todo lo que tenía para vivir." Dice, "Pero si vamos al texto original, dice, porque ha echado toda su vida." Nosotros, el Señor, nos pide toda nuestra vida, toda nuestra vida para amar, nuestra vida para darnos, para morir por el otro. Eso es darle a Dios lo que es de Dios. Que el Señor nos lo conceda, hermanos, para que seamos cristianos de verdad y no hipócritas.
Dice que el Señor adivinando su hipocresía les dijo, se dio cuenta, Señor, que eran unos hipócritas, porque le empiezan diciendo, "Señor, tú eres veraz, tú eres bueno, todo lo que dices es maravilloso. ¿Pagamos o no pagamos? ¡Qué hipócritas! Cuántas veces, hermanos, pues hacemos eso con Dios. Usamos a Dios para que para justificar nuestros pecados o para justificar nuestras situaciones que vivimos. La respuesta está siempre en eso que te he dicho. Amaos como yo os he amado. Cuando tengas dudas de qué hacer en tu vida, ama y nunca te equivocarás. Nunca. ¿Qué hago? ¿Esto o esto? ¿En dónde amas más? Pues haz eso. ¿En dónde das más la vida? Pues haz eso en dónde entregas. Haz eso. ¿En dónde cedes tú para que el otro sea? Haz eso. Ese es el camino, amar.
Que así sea, hermanos.