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Pra. Lisney de Font | El Proceso de Sanidad | 10-06-24

Juan y Lisney de Font1:32:49

Transcription

Oho. [Música] [Música] [Música] [Música] Si tienen, mientras todavía están pasando, el grupo alabanza puede descender. Quiero rogarle por favor que me acompañe a orar por la palabra que Dios trae en esta preciosa tarde.

Señor y Dios, te doy gracias. Gracias, Padre, porque eres bueno y para siempre es tu misericordia. En el nombre poderoso de Cristo, te ruego, Padre de la gloria, que seas tú obrando en nuestras vidas. Te pido, Señor amado, que esta tu buena palabra toque nuestras vidas y ministre nuestras vidas y que produzca fruto al ciento por uno. Amado Señor, que tu buena y exquisita palabra no regrese atrás vacía, sino que, Señor, ministre nuestra vida y nos dé lo que necesitamos en el nombre poderoso de Jesús. Amén y amén.

Bueno, voy a necesitar a uno del piano. Si, si me ayuda cualquiera de ellos, se lo voy a agradecer. Aleluya. Puede decirle al que está a su lado, prepara tu corazón para ser sanado. Dígale así, prepara tu corazón para ser sanado.

Fíjese que eh estaba el otro día orándole al Señor sobre qué palabra traer y qué palabra administrar y el Señor había muchas palabras que me he estado dando en estos días y que uno va guardando en el tintero. Y Dios ponía esto en mi corazón, el proceso de sanidad. Yo quiero que usted con toda autoridad y creyendo lo que yo digo, le diga al que está a su lado, sanar, toma tiempo. Sanar, toma tiempo. Ahora dígale, dame tiempo para sanar. Hermano, sanar toma tiempo. Amén.

Sanar toma tiempo y es increíble que un daño se puede hacer, una herida se puede ocasionar en un en un minuto, en una hora, en un segundo, pero sin embargo el proceso de sanar es lento. Por ejemplo, una persona llega al hospital, llega con dolor, una apendicitis y la cirugía dura una hora, pero la recuperación hasta un mes. Siete días para quitar los puntos. Hay que revisar, hay que ver cómo quedó. Jamás el tiempo de sanar será el mismo que el tiempo de herir. Y cuando yo no tengo claro que sanar lleva tiempo, yo voy a tratar de forzar al herido a que me dé algo que no puede dar. Dígale al que está a su lado, "Sanar lleva tiempo." Pero dígaselo para que se entere. Sanar lleva tiempo.

Ahora, fíjese que cuando yo estudio esto, me doy cuenta que hay varios conceptos equivocados que voy a empezar a destruir hoy. Primer concepto, equivocado, el concepto de que muchas personas confunden el perdón con la sanidad. Muchas veces eh un matrimonio tiene problemas y llega y dice, "Queremos terminar. Mi esposo, mi esposa me hizo esto." Y uno como uno yo no. Pero muchos pastores tienden a decir, tienes que perdonar. Y el perdón y la continuidad son dos cosas totalmente diferentes. Como hijo de Dios, perdonar es una obligación. Continuar es una elección y decisión personal. Primer concepto.

Por ejemplo, esto no aplica solo al matrimonio, aplica a todas las áreas de la vida. ¿Cuánto tiempo estuvieron dañada? Estuvo dañada la relación de, hermano, aquellos dos hermanos que pelearon por la primogenitura, Esaú y Jacob. ¿Cuánto tiempo? Aproximadamente 20 años de pleito. Recuerda, desde que vendió la primogenitura, el otro lo bendice y decide continuar el viaje. Y llegó el día del encuentro. El día del encuentro. Es impresionante que Jacob tenía miedo de Saú. Por eso mandó la familia adelante en el orden que menos le importaba. Tenía miedo. Lo que más amaba lo dejó para último. Escuche. Tenía miedo. Había una herida, había un pasado, había un historial, había un background de engaño de de que nos fuimos sin arreglar cuentas. Había un background de cuentas pendientes y el día que se encuentran, ¿sabe qué es lo que más me llama la atención? Se besan, se abrazan, ajustan cuenta, pero ahí no termina la historia. Cada uno siguió por su lado. Perdonados, sanados, arreglados, pero bien claros de que no podían continuar. Santo Jesús.

Entonces, muchas veces decimos, "Fulano te falló, eh, tu hermano pecó contra ti, perdónalo, pero que siga." No, no, no. Perdonar es una cosa, continuar es otra. Vive. Jesús perdonó a Judas antes de que Judas lo traicionara. Antes de que Judas lo traicionara, el Señor lo perdonó porque desde la mesa le dijo, "Lo que vayas a hacer, hazlo rápido." O sea, ya estoy bien, ya acepté lo que vas a hacer. Y entiendo que eres tú. Te perdono. Dale. Cuando en la cruz Jesús dijo, "Perdónalos, Padre, perdónalos porque no saben lo que hacen." Ahí estaba estaba incluido Judas. Aleluya. Pero, hermano, Judas sabía que él ya no era parte de la agenda de Dios. ¿Por qué? Porque perdonar y continuar son dos cosas diferentes.

Entonces, cuando yo hablo del proceso de sanidad, yo quiero destruir esa mentalidad que a veces te hace pensar que perdonar es tolerar al que te dañó. Ejemplo, hubo un abuso y fue el abuelo. No, pero y traigo el abuelo ahora a vivir conmigo. No, perdonaste. Sí, pero no puedes exponer a tus a tus hijos que son sus nietos sabiendo que a ti te dañó. Tienes que perdonar, pero tienes que reconocer que el perro que muerde debe de estar lejos de la carne. Primer concepto destruido.

El segundo, no podemos vincular la falta de perdón con una herida. Muchas veces decimos, "No, es que tú no has perdonado." No, quizás lo que no he es sanado, pero ya perdoné. Quizás ya yo perdoné, pero todavía me duele, porque sanar es un proceso que lleva tiempo. Dígale al que está a su lado, sanar toma tiempo. En el proceso de sanidad, hoy quiero enseñarle que sanar toma tiempo y que muchas veces la gente no va a identificar que no has sanado y que va a atacarte diciendo, "Es que no me has perdonado." No, no, no. Yo te perdoné, pero hay dolor porque hay una herida. No, yo te perdoné, si no no te estuviera hablando, no viviéramos juntos, no nos tomáramos un café. Pero todavía me duele. Me Es que no es para tanto, dicho por quién, por el que agredió o por el que anda. Es como el doctor, párese firme. Y usted quizás, hermano, yo me acuerdo yo cesárea y venía el médico, párese derecho. Sí, claro. ¿Quién lo dice? que no tiene la cesárea. No, no, mamá, póngase fuerte y no llore. ¿Quién lo dice? ¿Quién tiene dolores de parto? Quien todo el que está fuera de la herida va a querer juzgar tu comportamiento, pero solo el que tiene el dolor es el que sabe cuánto duele. Jehová, vuelva y dígame el que está a su lado, sanar toma tiempo.

Y quiero poner esto claro porque yo quiero que usted identifique si el dolor que a veces lleva profundo en su corazón es falta de perdón, resentimiento o sencillamente que hay un proceso de sanidad que nunca empezó o que nunca finalizó. Note que quiero abrir con este verso de Isaías 1:6, que lo amé. "Desde la planta del pie hasta la cabeza no hay en él cosa sana, sino que herida, hinchazón y podrida llaga no están curadas ni vendadas, ni suavizadas con aceite."

El panorama que nos expone la Biblia en este libro de Isaías, capítulo 1, versículo 6, llama mi atención de gran manera, porque diga conmigo, estaba todo herido. Eh, ¿sabe cuál es el peligro de no aprender a sanar rápido? Que se acumulan las heridas una tras otra. Y el estado de este hombre en Isaías dice que no había cosa sana en él. Mire, heridas mentales, heridas emocionales, heridas físicas, heridas en la manera de caminar, herido el habla, porque hay diferentes tipos de herida. Está la herida psicológica, está la herida en el alma. La herida en el alma no tiene cicatriz visible, pero sí tiene cicatriz que se puede evidenciar en la manera de alguien comportarse. Usted no necesita saber lo que alguien vivió, porque cuando usted ve como alguien se comporta, usted sabe que hay una herida en el alma que quizás no sanó.

Hay heridas físicas. ¿Cuántos aquí tenemos cicatrices, hermano? No sé qué se partió usted de bueno cuando era niño, ¿verdad? Quizás dejó los dientes, quizás en alguna bicicleta que no tenía freno, que usted se le olvidó cómo se frenaba, frenó con algún cactus, hermano. Yo no sé qué qué herida tiene usted, pero las heridas por accidentes no duelen tanto como las heridas infringidas. Usted tiene un accidente y sale chueco y no duele. ¿Y eso qué te? Casi me muero. Pero usted lo hace si supiera. Mira cómo quedó el carro. Esas heridas dan satisfacción de la protección de Dios. Pero cuando te hieren a ti, hermano, cuando te hacen un arañacito a alguien, esa herida se magnifica. Ya usted no empieza, no hace la historia riéndose, sino que la hace llorando. ¿Cuántos aquí tuvieron accidentes cuando niños? Por buenos, cosas que usted hizo de bueno que era, ¿verdad? ¿Qué te qué hizo usted, hermano? ¿De dónde se tiró sin freno? ¿Qué carriola? ¿Qué bicicleta tenía, hermano? ¿Y de dónde se tiró loma abajo? Que luego con los dientes frené. ¿Verdad que esas no duelen, esas no duelen, pero quizás todavía duelen los chancletazos o una cachetada o galleta pública? Hermano, o la herida de alguien que tú amabas y que no esperabas que te hirieran. Todas las heridas no son iguales. Todas las heridas nos sanan iguales, todas las heridas no cicatrizan iguales. Entonces, nunca podemos llamar a una herida como si fuera algo general. Cada herida tiene su particularidad.

Pero ahora este hombre dice que estaba totalmente enfermo, que desde la cabeza hasta los pies, hermano, ninguna herida había sido sanada. Y esto me llamó la atención. Cuando tú no te tomas el tiempo de sanar o cuando tú no sabes sanar o tú no sabes cómo sanarte, porque corres que todo en ti se enferme. Y es, ¿por qué ese hermano es así? Es que tiene heridas en la mente, tiene heridas en el alma, tiene heridas en el cuerpo, tiene heridas en el andar. Todo es una herida, totalmente herido.

Dice la Biblia que no solo había herida, sino que había hinchazón. ¿Sabe cuándo se se hincha una herida? ¿Cuántos aquí son enfermeros, médicos, que me pueden ayudar? ¿Cuándo se inflama? ¿Se hincha? Se inflama cuando está infectada, cuando hay infección. Y si hay infección es porque hubo falta de tratamiento, de higienizar, de aplicar antibiótico. Entonces, el hinchazón no es más que la falta de cuidado. La hinchazón no es más, mire, pero el hinchazón generó algo, se pudrió la llaga. Cuando la llaga está podrida, hermano, literalmente la cura es más dolorosa. Entonces, a veces decimos, "¿Por qué me dolió tanto esa cura?" ¿Te dolió tanto esa cura? ¿Sabes por qué? Porque estaba podrida.

Yo tengo una hermana en en Cuba, se llama Rebeca. Fefi tuvo la oportunidad de cuidarla. Ella quiere a sus hijos como si fueran nietos. Y esta hermana tuvo una cesárea y en el salón de operaciones, en su cesárea, eh, una bacteria le entró como como 20 días. Fefa estuvo con la herida abierta, la metían al salón y como Cuba es Cuba, no había anestesia, ¿verdad? Y entonces la acompañaste creo que unas cuantas curas, ¿cierto? Fue Fefi la herida de la cesárea abierta y le apretaban, le drenaban sin anestesia y no cerraban la herida abierta para que respirara, ventilara. Creo que le ponían como una venda, ¿verdad? Algo arriba para tapar todo aquello abierto. ¿Quiere que le cuente? Yo le llegué a decir un día, Beca, te amo, pero no te visito. Mamá, te amo. Te hablo por teléfono todos los días. No puedo verte así. Me desbarato. No puedo. Hermano, cuando la herida se pudre, sabe que no se puede cerrar, hay que dejarla abierta. Hay gente que dice, "¿Por qué tengo mi herida abierta? ¿Por qué todavía eso me duele tanto como el primer día?" Porque está podrido. Santo Jehová, vive. Se te pudrió la llaga.

Y mire lo que dice. Es señal de que no ha habido cura. No están curadas. Es señal de que no se te vendó, se infectó. Y es señal de que no se ha suavizado con aceite. Es señal de que te endureció. Una herida endurecida, pero que no cerró. Pregúntale al que está solo, ¿cómo andan tus heridas? Por favor, no esperes respuesta. Por favor, no esperes respuesta. Solo pregunte, no espere respuesta. Pues échale un guiñadito de ojo y dile, "¿Cómo van tus heridas?" Porque quizás tenemos, hermano, personas con heridas abiertas, podridas, que no están suavizadas, heridas, hermano amado, que no han recibido atención, heridas, hermano amado, que necesitan un cuidado especial. Una herida que no ha sido suavizada con aceite es una herida, hermano, endurecida. ¿Por qué eres tan duro? Porque tengo una herida que no se sanó. Tengo una herida que no se sanó y entonces mi dureza es que hay una herida que se me endureció. Le faltó aceite, le faltó tratamiento.

Quiero enseñarle varias cosas en la Biblia para entrar a hablar sobre esto. Y el primero está en Segunda de Reyes, capítulo 20, versículo 7. Dice la Biblia, "Y dijo Isaías, tomad masa de higos." Y tomándola, la pusieron sobre la llaga y sanó. Y Ezequías había dicho a Isaías, "¿Qué señal tendré de que Jehová me sanará? Que subiré a la casa de Jehová y que subiré a la casa de Jehová al tercer día."

Todo el mundo conoce la historia en el que llega el profeta a donde está Ezequías y le dice, Ezequías, ordena tu casa porque te vas a morir. Hermano, usted se imagina esperar usted la profecía y que le llegue un profeta para decirle, "Acomoda la gaveta que te fuiste. Ordena tu casa porque estás muerto." O sea, vengo a decirte que tienes 72 horas para organizar el desastre que tienes porque te voy a matar. Está dura esa profecía. Todos conocemos la historia. Ezequías va al patio, se pone contra la pared y empieza a clamar a Dios. Y mientras el profeta iba saliendo de la casa, Dios le dio una nueva directriz. Regresa y dile que le doy oportunidad. Le voy a dar 15 años de vida. Le voy a dar una extensión. Le doy una extensión. Pero no le anuló el pedido. ¿Y cuál era el pedido? Ordena tu casa. Le dio una extensión, pero no le anuló el pedido. Quiero que tenga esa frase en mente para lo que voy a decir ahorita.

Y esto me llamó la atención porque viene el profeta y le dice, "Te voy a sanar, dice el Señor que te otorga la vida." Pero mire lo que dice. Y entonces el profeta tomó una masa de higo. Diga conmigo, higos. Higos. Higo. No lo sanó con cualquier cosa, con higos. Y tomó una masa de higos y dice que lo puso sobre la llaga y sanó. Higos, diga conmigo, higo. No entiendo porque el higo en la Biblia siempre tiene la función de cubrir. Cuando Adán y Eva pecaron y fueron a salir del huerto, Dios les permitió tomar hojas de higo para cubrir su desnudez. Dios les dijo, "En mi misericordia no los dejaré desnudo. Voy a cubrir con higo." Y Adán y Eva tejieron ropas de hojas de higo para cubrir las heridas que traían. ¿Cuál es herida? El rechazo de Dios. No era solo su desnudez, era para cubrir las heridas. Porque Dios les acababa de decir, expulsados, desechados del huerto. Entonces el higo venía a cubrir las heridas que había en ellos. Y ahora el higo venía a cubrir la llaga que había, hermano, en el en el rey. Una llaga que le estaba afectando en casa.

Esto me llamó la atención porque Dios le dijo, "La llaga está en ti, pero la consecuencia está en tu casa." La única manera de que tu casa se restaure es que tú sanes tus heridas. Si tú no sanas, el enfermo se vuelve un problema. Por eso es que los enfermos se meten en hospitales, porque la familia no puede lidiar con un enfermo. No tiene el conocimiento, no tiene el protocolo, no tiene la madurez, no tiene la paciencia. Mire, yo tengo en mi casa hay una enfermera licenciada con especialidades, nefróloga, especialista. Tengo lo mejor de enfermería en mi casa, pero no nos podemos enfermar nosotros porque no nos sirve la enfermera. Le entran, en serio, ya cuando llega ya anda para el baño, ya está nerviosa, pero vieja si no es nada. Mi esposo se rajó la cabeza y como es su hijo, ay que alguien lo atienda. Pero si la enfermera eres tú, porque cuando hay sangre la cura no se hace igual. Los que aquí saben un poquito de medicina, usted le puede sacar el ojo a una vaca, pero no le aprieta un grano a su hijo porque no puede infringir dolor y muchas veces no hay sanidad sin dolor.

Entonces, a veces uno dice, "No, pero yo estoy tratando." ¿Estás tratando de qué? Si no usas el procedimiento correcto, tú no estás sanando y duele, hermano. Pero no se puede cuando hay rasgos sanguíneos y la herida que había en el rey estaba afectando su casa. Es que la muerte no era por la llaga. La muerte era por lo que la llaga le estaba haciendo a la casa. Dios no le dijo, "Te va a matar la llaga." Dios le dijo, "Voy a usar la llaga para matarte, pero es mejor que estés muerto a como tienes la casa." Hermano, qué duro. Mejor muerto que lo que has hecho con tu hogar. Rey, te entregué un reino y tu casa la has destruido. Porque tu herida no sanó. Y le pusieron higos. Diga conmigo, higo. Usted tiene que que probar la mermelada de higo con queso cabra. Mézclela. Ahí le doy la receta. Luego hablamos. Luego me cuenta el chisme. Volvamos al mensaje.

Elo, en la Biblia es señal de sanidad, de cubrir desnudeces familiares, de cubrir desnudeces, hermano, matrimoniales para sanar el hogar. Higo. Pero, ¿sabe qué representa? Esa primera es esa primera emergencia, la primera medicina que se usó en la Biblia fue el higo. ¿De dónde se sacó eso? Cuando fueron a salir del huerto y exponerse a muerte, enfermedad, el pecado había abierto la puerta y tomaron hojas de higo. Y ahora aquí el rey se enfermó. Ponle higos, haz una masa de higos y pónsela en la herida. ¿Por qué? Porque está enfermo.

Cuando usted está herido, hermano, alguna vez usted ha estado herida o herido, usted cambia el caminado dependiendo donde sea la herida. Ay, se vuelve una queja constante. El herido es quejoso. Ay, ay, ay, ay. Se va a sentar. Ay, se va a parar. Ay, va a tomar. Ay, va a comer. Ay, ay. Los heridos son quejosos. Entonces, cuando usted tiene una herida que no ha sanado, ¿sabe cómo se va a evidenciar? Te quejas de todo. Todo es una queja. Te besan una queja, baboso. No te besan una queja, no me atiendes. Te besan demasiado, ¿qué quieres? Te besan poco, ya tienes otra, ¿verdad? ¿Por qué te quejas de todo? Porque hay una herida que no ha sanado y no puedes regular dolor, porque cuando hay una herida, el dolor no se regula, se expone. Cuando usted está herido, hermano, el dolor se magnifica. Usted llega al médico, el médico le dice, "Del uno al 10, ¿qué tanto es su dolor?" Y usted exagerado, que no llegó en una ambulancia, le dice, "De muerte, pero si llegaste caminando, ¿cuál es el drama? No hay un número más alto que que 10, un 15, 20." Ay, doctor, la verdad es que ¿dónde te duele? Ni sé. Me duele todo. ¿Cómo que te duele todo, mijo? Si si que si tu problema es en el dedo, pero me duele todo y le van a hacer así. Ay, no me Pero si el dolor es en el dedo, porque el que está herido se vuelve sensible.

Entonces, yo tengo que entender que yo tengo que sanar porque si no me voy a volver sensible. Y cuando yo me vuelvo sensible voy a atacar al que me sana. Vive. ¿Quién no le ha dicho a un doctor, "Ay, doctor, no sea malo. Ay, no me apriete ahí. Ay, usted como usted no le duele." Y empieza usted a pelear con es que ese doctor era un animal, solo patas le faltaba. Vieras como me apretó aquí la garganta para saber si la glándula eran buena o mala. Casi la lengua 10 m para revisarme la garganta. Es más, uso unos espátulas para verme el ojo porque y si no te chequea, ¿qué sabe? Y ni me vio ni me miró, porque el herido es sensible.

Entonces, ¿sabe qué dijo Dios? Antes de que este hombre vaya a arreglar los problemas en su casa, tiene que sanar. Porque alguien que está herido no arregla problemas, los crea. El herido crea problemas. El herido se vuelve una carga porque alguien más tiene que cargar con el herido. El herido demanda enfermero. Entonces, ya tú no tienes ayuda propia. Tú tienes compañía personalizada para tu dolor y eso demanda atención 24/7. ¿Por qué demando atención 24/7? Porque estoy herido y no me valgo por mí mismo. Necesito alguien que esté a mi lado, ya bien para decirme, "Estás bien, estás bien, estás bien", o alguien que me diga, "Te amo, te amo, te amo." O alguien que me diga, "Yo confío en ti, te." ¿Por qué necesitas atención? Porque estás herido. Santo Jesús, vive. Estás de hospital, pero en casa.

Entonces, el herido va a consumir a los que le rodean. El herido consume especialmente, ¿sabe cuándo? En la noche, porque en la noche las heridas duelen más y entonces en la noche nadie duerme en la casa vigilando al herido que está durmiendo. Es que se tomó unas pastillas para poder dormir por el dolor y todo el mundo vigilando a ver cuándo el herido va a gritar. Sabe que hay hogares que se han vuelto, hermano, perdón por la frase, el hospital de un herido y la familia se ha convertido en los enfermeros del herido.

Sanar lleva tiempo, pero mi pregunta es, ¿ya estás en el proceso de sanar o sigues herido fingiendo que estás sano? ¿Crees que es normal tu enfermedad, tu herida? Porque yo tengo que autodiagnosticarme, hermano. Yo tengo que examinarme, decir, "Espérate, yo estoy herido. Yo necesito que venga el Señor. Yo necesito que venga una palabra. Yo necesito que venga una masa de higos que me cubra la herida. Yo necesito que alguien me diga cuál es el tratamiento. Yo necesito ir donde el médico porque esta herida me va a consumir y me va a producir muerte."

Quiero ponerle esto que me enamoré de este pasaje. Génesis 7:12. "Y hubo lluvia sobre la tierra 40 días y 40 noches." ¿Cuánto duró el diluvio? 40 días y 40 noches. Y prevalecieron las aguas sobre la tierra 150 días. Y las aguas decrecían gradualmente de sobre la tierra. Y se retiraron las aguas al cabo de 150 días. 40 días de diluvio, 150 días en las aguas bajando. Pero cuando las aguas bajaban, todavía Noé no podía abrir la puerta y estuvo un año o un poco más de año. Algunos dicen 370, otros dicen 300 y algo. Estuvo alrededor de un año Noé dentro del arca. ¿Cuánto duró el diluvio? 40 días. Pero diga conmigo, el proceso fue largo. El diluvio duró 40 días, pero el proceso solo a 150 ya son tres veces más, porque 4 * 3 = 12, un poco más de 50, casi cuatro veces. ¿Sabe qué significa? Que toma más tiempo que las cosas tomen su lugar que lo que duró el desastre que ocasionó que todo se exterminara. 40 días de diluvio, pero alrededor de un año, un año y algo, hasta que se pudo abrir la puerta del arca. Diga conmigo, hasta que se abrió la puerta. Diga conmigo, hasta que se abrió la puerta. Va a entender el porqué.

Hay situaciones en tu vida que van a cerrar las puertas de tu corazón, que van a cerrar las puertas de tu arca y que nadie entra, nadie sale, nada entra, nada sale. Y la gente te va a decir, "Pero ya se acabó el diluvio." Sí, pero no es seguro abrir la puerta. Dame tiempo para que bajen las aguas. No, pero ya afuera no. Ya afuera no. No está lloviendo. Sí, pero todavía no se pueden abrir las puertas. Pero, ¿por qué tú no confías en mí? Si hace un mes que yo te dije aquello, sí, pero todavía las aguas no han bajado. Diga conmigo, sanar es un proceso. Sanar es un proceso. Sanar toma tiempo, hermano. Le tomó tiempo a la tierra sanar del diluvio y como la tierra todavía, aunque estaba limpia, no estaba sana, no podía bajar Noé del arca. ¿Sabe qué sucede en una tierra si llueve mucho? Se enlodra. No puede salir. Noé, quédate dentro del arca. Pero ya acabó el diluvio. Mira, mandé un cuervo, no regresó. Mandé, mandé un cuervo, no regresó. Mandé la paloma, ya regresó. Pero todavía sabe que la paloma regresó y todavía Noé no abrió la puerta porque aunque había esperanza no era el tiempo.

Jehová puede decirle a alguien que tenga cerca que no te presionen. Dígale a alguien, "No me presiones." No, porque es que tú tienes que perdonar. Perdonar sí, pero sanar es un proceso. No, pero es que ya no es para que tú te pongas así. Espérate un momentito. Sanar. Es un proceso y hay gente que te va a presionar con la falta de perdón sin entender o pasando por alto que tú estás en un proceso de sanidad. No fue para tanto. Llovió 40 días. Sí, pero se inundó la tierra. Sí, pero se perdió todo. Sí, pero todo lo que había construido se borró. Sí, pero ya no queda nada de lo que había. Sí, pero ¿de qué me sirve que me digas cuánto construimos juntos y ahora mismo se va a abrir el arca y hay que empezar de cero? Aleluya. Todo lo que construimos ya no está. Hay que empezar de cero. Tantos años juntos. Sí, pero hay que empezar de cero porque la confianza la destruiste. Tantos años siendo amigos. Sí, pero hay que empezar de cero porque la amistad la traicionaste. Sí, pero si llevamos 20 años juntos. Sí, pero ¿sabes qué? Destruiste el diluvio. Se lo llevó todo. Espera que bajen las aguas. Espera que se abran la puerta. Dígale al que está a su lado, "Sanar es un proceso."

Hay gente que va a querer, hermano, que usted sane así. Mire, vamos, que no es para tanto. Perdóname, el dolor soy yo. No, no, no, no. Es que eh tú no me has perdonado. Si me perdonaras no lloraras tanto. Yo te perdoné, pero estoy sanando. Aleluya. Es que mire cómo se lo pongo. ¿En qué tiempo se saca una vesícula? En una hora. Si el cirujano es bueno. En lo que es anestesia, sutura, una hora. ¿Cuánto tiempo recuperación? Casi un mes. Dependiendo de cómo fue el proceso, ¿verdad? Dependiendo de qué tanto de tan grande fue la operación, si fue a tiempo, si no fue a tiempo, si ya se había explotado la vesícula, dependiendo lo que había puede durar, pero aproximadamente un mes, ¿sabe qué? La recuperación es más lenta que el daño o que la cura. El proceso de sanidad toma tiempo.

Y pastora, ¿por qué nos enseña esto? Porque hay un hombre en la Biblia con una historia tremenda, Jefté. Estudia la historia de Jefté. Jefté es uno de los personajes más lindos a pesar de ser de los menos predicados. Jefté un juez de Israel, hijo de una prostituta, que no lo quieren, hermano, y lo ponen en la puerta del palacio para entregárselo al padre. Aquí está nacido el niño, hijo no deseado, hijo de un error, allí lo entregan. Ahora la esposa tiene que criar al niño que no es de ella porque Jefté crece en casa mirándole la cara al niño todos los días como el fruto de la infidelidad. Mire en qué hogar crece Jefté. Este es el hijo de de la prostituta. Ahí viene el el ilegítimo. Sabrá Dios, hermano. Como le decían a Jefté. Crece y claro hay otros hermanos y un día que hubo muerte y demás lo echan, hermano. Echan a Jefté sin herencia, sin parte, a la calle. ¿Cuántas heridas? Rechazo, abandono, toda la niñez siendo maltratado. A Jefté no lo quería nadie. Se va a Jefté, hermano. Usted conoce la historia. Y este hombre que nadie lo quería, este hombre rechazado por todos, expulsado por la casa de su padre, dejado afuera, hermano, de pronto los amonitas atacan a Israel y en medio del ataque, ¿quién podía librar la guerra? Jefté. Era una pieza para usarlo cuando querían o cuando hacía falta. Pero aunque la historia es extremadamente triste, la historia de Jefté, ¿sabe lo que a mí me da gozo? La actitud de Jefté.

Porque Jefté regresa a la casa donde no lo quieren, regresa a la casa donde lo expulsaron, regresa. Perdone, ¿sabe qué? ¿Qué yo miro? Jefté el sanado. Porque solo cuando usted está sano puede mirar a la cara aquellos que le abandonaron y le rechazaron sin sentir nada. Solo cuando usted, porque recuerde, perdonar es una decisión, pero sanar es un proceso. Y puede que usted sane a la gente, pero usted no padece amnesia. Usted se acuerda de lo que le hicieron. Amén. Solo cuando se sana se supera el dolor, no cuando se perdona, porque perdonar es una decisión, no un sentimiento. Pero cuando usted sana ya no da dolor.

Entonces, cuando yo miro que Jefté fue y pelea a favor de los suyos, es que entiendo. El problema es que Jefté había sanado. ¿Cómo sana Jefté? Las heridas de toda la vida, hermano, desde la concepción, rechazo, parto, rechazo. Nace en una casa, hermano, lo exponen en otra casa. Culturas diferentes. Rechazo, siendo digno, pero criado siendo indigno. Rechazo, rechazado por los hermanos, rechazados por todo. Y Jefté pelea a favor de los que no le quieren. [Música] Jefté había sanado.

Y aunque sanar es un proceso, lo que hoy yo vengo a decirte es, "No alargues el proceso de sanar. No creas que esto es una licencia para que te metas la vida entera." Ay, estoy Es que la pastora enseñó el domingo que ay toma tiempo. Es que no, no, hermano, esto no es una licencia a la queja. Esto es para decirte Jefté lo superó y sanó. Tú tienes que superar y sanar. Tú tienes que decirle al Señor, unta mi aceite, venda mis heridas. Yo necesito que tú me restaures.

Porque sabe qué es lo más hermoso de la historia de Jefté? Que no tenía nadie. No es que yo no he tenido a nadie. Deja de quejarte. Métele ese cuento a otro. José no tuvo a nadie. David no tuvo a nadie. Nadie. En la Biblia encontramos mucha gente que la pasó dura y no tuvo a nadie. Sara pasaba las vergüenzas sola. No tuvo a nadie. Nadie la consolaba cuando lloraba en el altar. No tuvo a nadie. Derramaba su alma en el altar y no había ni un servidor que le pusiera la mano en la espalda a Sara. Ana. Y Ana dando grito en el altar y el único que la admiraba era el pastor para criticarla. Está ebria ahí. Mira como llora, hermano. No tenía nadie. No tenía nadie. Los momentos más duros de tu vida lo vas a pasar solo.

Yo he venido a decirte, apréndete a preparar tu higo. ¿Sabes qué es el higo? La herramienta que Dios te da para sanar. Señor, tú eres mi higo. Señor, tú eres mi higuera. Señor, tú eres el único que puede poner tu masa sobre mi herida, sobre mi llaga. Señor, tú eres el único que puedes cubrir mi desnudez, el único que puede cubrir mi daño, porque la mayor cantidad de heridas que tenga te la vas a suturar tú solo. A veces esperamos que en la vida haya gente cayéndonos atrás con un paquete Kleenex. Aquí está. Vas a llorar. Aquí está. Es que no he tenido a nadie que me consuele, perdón. Bienvenido al mundo. Imagínese cuando está en una guerra y mira para su lado y todo el mundo herido. Bueno, ¿y quién me venda si todo el mundo está herido? Véndese usted mismo. Por eso es que los que van al ejército llevan su kit de emergencia porque son entrenados como parte de la supervivencia a ellos mismos resolver sus problemas. Te estás desmayando, échate un shock de adrenalina para no te desmayes en el proceso. No tienes tiempo para coserte porque ves mal, fácil, cra. No puedes caminar, no hay problema. Pica una rama, ponte una pata, imagínate que eres algo, pero resuelve.

Dios no te dice resuelve. Dios dice, "Yo soy tu higo. Yo soy tu higuera. Yo soy quien te cubro. Yo soy el que te sano. Yo soy el que te vendo. Yo soy el que te recojo. No vas a tener a nadie, pero me vas a tener a mí. No vas a tener quien se compadezca de ti, pero yo lo haré por ti. No vas a tener quien extienda tu mano, pero yo voy a estar ahí. Yo soy tu buen samaritano, quien te recoge en el camino, quien te echa vino, quien te echa aceite, quien te lleva al mesón, quien paga por ti y quien dice, "Cuentas conmigo, cuentas conmigo." Aunque te haya dejado tu hermano, tu amigo, aquellos que decían, "Cuenta conmigo, tus levitas, hay un buen samaritano que es Cristo, que te recoge en el camino cuando nadie te recogió y que paga por ti." Dice, "Yo me haré cargo de tus heridas para que sanes."

Hermano amado, sanar es un proceso, pero tenemos que entrar en el proceso. Esa es mi enseñanza. Porque a veces nos pasamos la aventura, ay, ay, es cuando yo nací, ay, ¿hasta cuándo el llanto, hermano? ¿Qué momento vas a cambiar la temporada de la serie? Estás en el capítulo uno desde que te conozco. Sí, porque es que tengo que volver al principio. Vengo aquí, aquí, aquí, aquí. A ver, aquí. Isaías 1 es que toda mi vida ha sido una herida porque ninguna ha sanado. Es que si supiera la vida que yo he tenido, le cuento la mía. Dígale al vecino, "Te regalo un capítulo de la mía." Sí, sí, porque experto en dolor todo el mundo. Pero hay gente que está a tu lado que tiene una historia peor que la tuya.

Quiero contarle esto. Estoy, quizás me están viendo las hermanas porque ellas siguen todas las prédicas. Estoy un día en una iglesia, me están atendiendo y viene una hermana tan linda y ella viene con su cafetera, mi pastora, vengo a hacerle el café y me viene a atender, ¿verdad? Pero mientras hace el café me echa su historia. Está haciendo el café, yo estudiando, ya no me deja estudiar y me dice, "Mire, pastora, quiero contarle porque a mí mi papá ya empieza, me abandonó cuando yo era una niña y me crié sola y mi mamá me abandonó y empieza a echar su historia y hasta lloraba haciendo el café." Yo dije, "Ese café va a quedar salado." Porque sí, pues estaba llorando ahí, echándome esa historia y le digo yo, "¿Sanaste?" Sí, pastora, yo lo perdoné. Perdonar es una decisión. Sanar es un proceso. ¿Sanaste? Yo creo. [Música] ¿Sabes que hay gente que tiene historias peores que las tuyas que las ha superado? No creo, pastor. Es que y ahí viene uno, ¿verdad? Creyendo que su película es la digna de todos los premios que va a dar Hollywood. Y me tocan a la puerta y me dice la hermana que usted estaba esperando y entra una hermana y me dice la del café, me voy. No, sigue el café. Para usted está bien que ella esté. Sí, para mí está bien, pastora. Solo necesito un minuto. Quiero que ore por mí. Necesito sanar, hermano. Como si aquella estuviera oyendo atrás la puerta la conversación que yo tengo con la del café, que por fin no terminó el café. Pero bueno, eso es tema. Me debes un café.

Pero bueno, eh, está ella y me dice la otra, "Quiero que ore por mí porque quiero sanar." ¿Qué quiere sanar? Tenía tres hijos y tenía que migrar porque mi esposo lo habían picoteado aquí en Estados Unidos porque tenía que pagar y no tenía cómo pagar. Y aquí en Estados Unidos lo picaron. Tuve que salir con mis tres hijos y la única vía de llegar era el tren de la muerte. Soy huérfana, no podía dejarle mis hijos a mi mamá porque no tengo ni a mi papá porque no tengo. Y como crecí en un hogar de acogida, no quería que mis hijos volvieran a un hogar de acogida. Y entonces cogí mis tres hijos y dije, "Voy a Estados Unidos a enterrar los pedazos de mi esposo." La única vía que tenía porque éramos pobres era el tren de la muerte. Y tratando de subir, mi hijo mayor se cae y las ruedas le pasan por arriba. El segundo hijo, uno que iba en el tren, me dice que me lo iba a aguantar y que lo iba a poner encima del techo para cuando yo subiera. Y el tercero lo tenía yo aquí entre en una cosa que se ponen, ¿verdad?, que se envuelven y ahí pegan el muchacho. Dice, tratando de trepar, se zafa y mata a mi hijo. Y cuando llego arriba delante de mí veo como el tercero cae del tren. Y el mismo día perdí mis tres hijos y no me podía bajar del tren, enterrarlos. Fui a enterrar a mi esposo y terminé sin enterrar mis tres hijos, los tres en un día. No tengo madre, no tengo padre, no tengo familia, soy viuda y perdí mis tres hijos sin echarme una lágrima y miro a la del café, usted sabe, ¿no? La que quería el premio Hollywood y la volteo a mirar y cuando la veo, hermano, llorando, ay, no tomó café aquella echando su lloradera de espalda y tú no me veías. Y las gotas así. ¿Qué quieres que haga por ti? Solo quiero dos cosas, que me abrace y que me bendiga. No tengo madre, usted es mi madre y solo necesito un abrazo y una bendición. Así, hermano, le digo, "Te voy a bendecir, pero quiero que tú ores por mí, porque tu fortaleza yo no la tengo." Y en este momento tú eres más fuerte que yo, porque yo estoy al despedazarme con tu historia y tú estás sanada frente a mí. Y me dijo, "El tren duró no sé cuántos días en llegar a donde ella iba o no sé cuántas horas." En todas esas horas, el Espíritu Santo se le presentó donde ella estaba arriba del tren, la abrazó y ella literalmente vio que le cosían el corazón, escupía sangre arriba del tren. Dice, "Yo entendí que Dios me estaba suturando en el tren porque yo no iba a terminar mi viaje sin que él me sanara." Y cuando llegó a su destino y se bajó, ella miró y vio su pecho abierto y vio el corazón adentro totalmente cocido con un hilo dorado. Y dice ella, "Entendí que él es mi consolador y es mi sanador."

Ahora, ¿qué quiero enseñarle? Tóqueme el que está solo. ¿Tú por qué lloras? No, pastor, es que fíjese, le vengo a enseñar lo que le enseñala del café de aquel día. Por cierto, no me tomé el café. ¿Usted por qué llora? No es que mi historia si le regalo un día conmigo en la oficina de los que tengo, terminará diciendo, "Tengo que reír más de lo que me quejo." Sanar es un proceso, pero a veces no queremos sanar porque aprendemos a cogerle el gusto al llanto. Jehová, sabe que la risa dura menos que el llanto. Usted se empieza a reír y en 20 segundos se le paró la risa. Usted empieza a llorar y no tiene para cuándo parar. Amén. Es más, el llanto tiene fases. El cosquilleo en la nariz, las lágrimas brotantes, el llanto que no se contiene, el sollozo que le acompaña. Y luego se acabó el llanto y aparece otra etapa, postllanto, que es, no sé cuántos lo han experimentado, que usted siente que se va a morir, ya no está llorando, pero es la consecuencia de un llanto tan prolongado y tan intenso. Sabe que lo único que puede dar una buena risa es tos. Si usted se ríe mucho y es viejo, termina tosiendo. Es que quiero hacerlo reír porque el tema está intenso. Pero es que sabe qué, quiero que saque la cuenta.

¿Qué es lo que más hacen en el día? ¿Llorar, quejarse o reír? No, pastor, es si estás en el proceso de sanidad. Si ya tienes uno, una palabra de Dios, fue lo que le dieron a Ezequías: uno, una palabra de Dios; dos, un higo, higo en mi llaga. ¿Sabe qué es un higo? Esa palabra triturada, natural de Dios, trabajando en mi herida. Tres, si ya vi la misericordia de Dios, lo que me queda es responder a la sanidad. ¡Aleluya! Decirle: "Señor, quiero sanar."

Pero es que a veces, hermano, nos quedamos en el capítulo del llanto. Y sanar es un proceso, pero el problema es que algo está mal cuando no se sana. Sanar es un proceso, pero algo anda mal cuando no se sana. Tú tienes que sanar. Y para sanar hay una sola manera de hacerlo: sigue el tratamiento al pie de la letra. No abandones el antibiótico en el día 2 y te mandaron 14 días de antibióticos. "Es que no me he hecho nada." Después de las 72 horas es que los cefalosporinos empiezan a hacer efecto en el organismo, los antibióticos empiezan a hacer efecto en el organismo. Espera 72 horas para ver el efecto.

No, no, no. "Es que yo estoy ya, yo llevo demasiado tiempo en esto, hermano." Todo tiene su tiempo, pero no abandones el tratamiento. Usted recuerda cuando hirieron a Saúl, ¿qué pasó? Al rey Saúl. Sale una flecha de su enemigo, le traspasa. ¿Qué hizo Saúl? Uno, suicidio. Llamó al más cercano y empezó a decirle que quería morirse. Se ministró con el incorrecto. "Mátame, no quiero vivir. Mátame, atraviésame con el escudero." ¿A quién fue enfermo? ¿A quién no podía sanarle? El escudero no era doctor. Estaba entrenado para llevar carga, no para sanar. Fue al incorrecto. ¿Con qué fue? No sabía manejar la herida y la herida le estaba dañando más que el dolor de la herida: el orgullo. "No moriré a mano de mis enemigos." ¿Sabe qué era lo que realmente le dolía a Saúl? No que lo hubieran atravesado, sino que fuera a morir en manos de aquellos. El orgullo. "Mejor me muero, mejor, mejor, mátame." Y como no le mataba, hermano, se suicida.

¿Sabe qué pasa si usted no sana? Por esa herida entran espíritus: remordimiento, rechazo, suicidio, muerte. El proceso de sanidad es bien delicado. Por eso la única manera de sanar es en las manos del Señor. Fíjese que esta es la parte que más me gusta a mí de este verso, donde dice la Biblia que no habían sido suavizadas con aceite. La unción del Espíritu Santo suaviza las heridas. Me estoy endureciendo. ¿Sabe cuándo una persona se le ha endurecido la herida? Una traición, un engaño, algo, y se endureció la herida, ya no recibe amor. "Ah, no parecen chihuahuas. No, no me digas nada. Yo no te creo." Entra a la cocina, hermano, y sigue en la cocina. Se autolacera.

Hay un proceso de sanar, toma tiempo. Y en este mensaje quiero marcar dos cosas. Una, necesitas tiempo para sanar. Si heriste a alguien, tienes que entender que esa persona necesita tiempo. Pero dos, quiero contarte algo: tienes que apresurar el tiempo de tu herida, de tu sanidad. Yo cuando di a luz, no sé si me equivoco de muchacho, no tuve tantos, pero a veces me equivoco de historia. Pero Lula, ¿qué fue? Que casi me meten de nuevo al salón. ¿Cuál? Lely. ¿Qué, hermano? Me llevaron una sopa llena de grasa, acabé de parir y casi me muero. Y andaba con una distensión. Mi suegra, ¡mora!, la van a meter al salón. Y el que el médico camina, camina, hermano, recién operada con una cesárea. Camina. Y ustedes, los hombres, no pasan esos dolores, las mujeres sí. Camina. "Oh, usted no sabía qué aguantarse, qué le dolía. Si él..." Bueno, camina. Ay, bueno. Y el médico me dice: "Aunque te duele, entre más caminas, mejor te pones." Y sabe qué entendí: que los enfermos lo primero que quieren es cama, y la cama es el enemigo del enfermo. Lo primero que quiere un enfermo es cama. Y la cama es el enemigo del enfermo. Lo primero que busca un herido es el enemigo de la sanidad. ¡Poderoso! Lo primero que busca un herido es el enemigo. No, no, no, que no me vean la herida. ¿Cómo te la curo, chico? ¿Cómo se, cómo te reviso? Es como el que le dan en un ojo. "Enséñamelo." "No, pero si no me enseña, no veo si está fuera." Si hay que correr para el hospital, si hay que marcarle. "No, no, pero ¿qué tiene? Ay, no creo que tenga nada. Creo que ni ojo tengo." Pero te niegas a recibir lo que necesitas. Jehová, una de las cosas que señala que estás enfermo es cuando no quieres y rechazas lo que realmente necesitas. No sé cuántos se han dado una herida, pero usted no quiere ir al médico. Va por obediencia. Aquí yo tengo uno que se trituró un dedo y llegó a la casa para que le arregláramos el dedo. "Ve al médico." "No, si es de un punto." "No, de uno no, es como de 10, pero no, no, no voy al médico." Gracias a Dios cayó en nuestras manos y lloró, pero se reparó el dedo. No, no lloró. Si me oye o me está oyendo. No lloró. Se comportó como un hombre. Eh, cuando usted está herido, no quiere que nadie le revise la herida. ¿Sabe qué hace con la herida? La esconde. "No, yo no tengo que decirle a nadie que estoy enfermo." Saúl, te vas a morir en el campo. ¿Por qué no le dijo al escudero: "Juester, me hirieron, me caí. Sálvame, taponéame la herida, cárgame, llévame al campamento, busca un médico."? No, "mátame, termina conmigo, hermano." No, seremos medio masoquistas nosotros.

Sanar es un proceso. Dígale al que está a su lado: "Sanar es un proceso." Pero necesita sanar. ¿Cómo sano, pastora? ¿Cómo sanas? Uno, ponte en las manos del Señor. El aceite lo tiene él. Suaviza mi herida. Suaviza mi herida. Suaviza mi herida. Señor, que no me endurezca en lo que me sano. Que no me endurezca. Dos, si estás herido, aprende, aprende a buscar a los que saben para sanar. [Música] No permitas que cualquiera te manosee, hermano. No estamos para que los estudiantes aprendan con uno. Aquí no pasa, pero en mi país ocho estudiantes y el médico no aparece. Los ocho tienen un diagnóstico diferente. Los ocho te meten el dedo en la llaga. A ver, ¿te duele? [Música] A veces cuando usted se va a administrar con un hermano, lo que está permitiendo es que le aumente el dolor, porque entonces el hermano que no sanó empieza a... Yo tengo lo mismo. Anoche era la 1 de la mañana y estábamos trabajando en aposento en el evento que viene, que por cierto se llama el Mesón del Espíritu Santo. Y porque la visión que Dios nos entregaba para este aposento era el samaritano. Él vendó, él levantó, pero él entendió que él tenía un límite, lo llevó al mesón y en el mesón dijo: "Aquí lo dejo y pago ustedes que termine el proceso." Qué lindo es cuando tienes hermanos en la iglesia que cuando te ven herido lo que hacen es cargarte y llevarte al mesón, llevarte al lugar donde dice: "Mira, yo no puedo sanarte porque todavía ando medio chueco, pero te llevo a ti y entre los dos vamos a llegar para que te sanen." ¡Aleluya! Hay una película que no sé cómo se llama, la vi hace unos cuantos años. Es de un muchacho que es cristiana. Es de un muchacho del ejército que va al ejército y que iba de enfermero y decía que él no iba a usar arma. ¿Cómo se llama? El último hombre. El último hombre. Sí, no me la digan en inglés. No me metan en ese lío, por favor, que mi inglés es corto. Bueno, The Last Man. Y ahí cargan al tipo a ver si no es de Last Man. Y usted, pastora, no la encuentro. El último hombre. Entonces el hombre va a la guerra y ya estaba herido, cansado, pero su función era salvarlos. "Uno más, uno más." ¿Sabe qué tiene que aprender a hacer la iglesia? Como ese: "Señor, lo mío es llevártelos a ti, porque meter las manos donde no sabemos es echarla a perder. No quieras sanar a gente cuando no te has podido sanar a ti." Qué lindo es buscar, ¿sabe qué? Los especialistas. Mi abuelo espiritual, el apóstol Sergio, el otro día estaba comentando algo y él decía: "Identificar expertos." Que venga un experto, que venga uno que se... Es como que yo quiera arreglar el aire acondicionado, voy a explotar la Florida. Yo de eso no sé. Mejor llamo un técnico. O querer saber de limones. Mejor llamo a nuestro hermano Raimundo. Yo de eso no sé. Dígale al que está a su lado: "Aprende a decir: 'No sé.'" Pero aprende a llevar a la gente a dónde sanar. ¿Cómo sano, pastora? Uno, que no te falte el aceite. Si estás herido, lo que más necesitas es a Dios. Si estás herido, lo que más necesitas es a Dios. Lo repito: si estás herido, lo que más necesitas es a Dios. No, pero es que yo quiero que la gente me escuche. Hermano, tú no necesitas que la gente escuche tu problema. Tú necesitas venir a Dios y decirle a Dios: "Aquí te entrego mi problema." Tú necesitas decirle al Señor: "Aquí estoy. Aquí traigo mi herida. Aquí traigo mi llaga. La he guardado hasta llegar a tu casa. Examíname, Señor. Límpiame, Señor. Sáname, Señor." Pero necesitamos aprender que la iglesia es el mesón donde llegamos heridos y nos vamos sanos. Que no te falte el aceite. Que no te falte el aceite. ¿Qué más necesitas, hermano? Fácil para sanar: cubre tu herida, no la expongas. Sabe que mientras Lázaro estuvo con llagas, encontró siempre perros que lamieran sus llagas. Y yo creo que a Lázaro no lo mataron las llagas, sino la infección que le ocasionaron los perros. Hay gente que no te sana, que te infecta y te mata de infección. ¿Sabe que los médicos no tienen sentimiento o eso aparentan? Ellos ven tu herida, dicen: "Ay, chiquitica, 16 pulgadas." "Doctor, es que es muy grande la herida." "No, solo del cuello al abdomen." "Pero está bien. Va a ser muy invasiva la operación, ¿no?" "Es a corazón abierto. Ponemos un tornillo de banco, te rompemos el esternón, te abrimos las costillas, ahí ingresamos, te manoseamos el corazón, te lo cambiamos." Luego, hermano, no sé si Lucecita vino hoy, porque Lucecita tiene una operación a corazón abierto. Parten el hueso y se imagina que él parte el hueso. La gente que mucho te llora la llaga no te ayuda a sanar. Jesús, tú no necesitas gente que llore tu problema. Tú necesitas gente que, aunque sea invasivo, te enseñe cuál es tu problema. Amén. Tú necesitas gente que te diga: "Tu problema es aquí, corrige esto. Tu problema es aquí, corrige esto. Tu problema es aquí, arregla esto. Deja de decir lo que estás haciendo. Haz esto." Tratamientos drásticos provocan resultados visibles. Tratamientos drásticos producen resultados visibles. Deja de ponerte curitas a una herida. Tú necesitas que alguien te diga: "Este es el tratamiento." Sanar lleva tiempo, pero si no hacemos nada, nunca vamos a sanar. Como hoy hay Santa Cena y la Santa Cena es lo mejor que hay para las heridas. Yo quiero regalarle Jeremías 30:17: "Mas yo haré venir sanidad para ti y sanaré tus heridas", dice Jehová. ¡Aleluya! "Porque desechada te llamaron, diciendo: Esta es de la que nadie se acuerda." Y sigue diciendo Dios: "Mas yo la recogí, la vendé y la sané." No importa que no hayas tenido a nadie que te levante, Dios es suficiente. Los procesos más duros de tu vida los vas a pasar solo, pero en la soledad conocerás al Señor, el único que tiene el poder para sanarte, vendarte, levantarte y restaurarte. Deja de aislarte diciendo: "No tengo quien me lleve al estanque." Ese cuento no impresiona a Dios. Juan capítulo 5. "Ay, yo aquí estoy enfermo, pero no tengo quien me lleve al estanque." ¿Quién lleva al ciego? Había una multitud de ciegos, cojos y paralíticos. Todos se sanaban menos el que se quejaba. Todo el mundo se sanaba menos el que se quejaba. Y llega Dios con el quejoso y le dice a Dios: "No tengo quien me lleve al estanque." Dios no le hizo caso, hermano. "Mira, levántate." "Quisiera..." "Levántate." Me imagino que en cubano Jesús le hubiera dicho: "Cállate la boca, chico. Acábate de levantar." Porque, ¿qué tipo para ser quejoso? "No tengo quien me lleve al estanque." "Ay, es que yo no tengo quien me lleve a la iglesia." "Ay, es que me siento mal." "Ay, es que como yo estoy no quisiera ir." "Ay, es que yo así no quiero servir." "Ay, es que yo no quisiera que la gente me viera." "Ay, es que yo no quiero que la gente me pregunte." Mientras sigues así, nunca vas a ser sanado. "Arrastro llega a las aguas del estanque." "No, no, yo no necesito que nadie me lleve. Yo llevo por mí mismo." "Señor, arrastro, pero llego a tu presencia. Señor, sin fuerza, pero llego a tu casa. Señor, sin ganas, pero llego a donde tú estás. Señor, no tengo ganas de venir a la iglesia, pero aquí estoy. Señor, estoy pasando vergüenza, pero aquí estoy. Señor, me quiero morir, pero aquí estoy. Señor, yo no quiero vivir, pero aquí estoy. Heme aquí, Señor. Sáname. Sáname, sáname, porque si tú no me sanas, yo no puedo seguir. Yo no puedo seguir." Nadie tiene la solución para tu problema. Solo Dios. Hay un proceso para sanar. Amén. Pero qué lindo que ese proceso le digas al Señor: "Hazlo tú." ¡Aleluya! José no tenía quien lo sanara, solo Dios. David no tuvo quien lo sanara, solo Dios. Jefté no tuvo quien lo sanara, solo Dios. Quizás tú no has tú no has encontrado quien te sane. Yo he venido a decirte: tú no necesitas que un hombre te sane. Tú necesitas que Dios esté cerca de ti y eso es suficiente para que Dios haga la obra perfecta en tu vida. Ay, pero es que yo no tengo a quién contarle. Hágase de David. David cogía el arpa bajo el brazo. Yo no sé qué usted tiene, si es un shofar, si es una Biblia, si es un pandero, si es una guitarra, si es una filarmónica, si es una maraca. Yo no sé si lo que usted tiene es un acordeón, pero écheselo bajo el brazo, suba la presencia de Dios al monte y dile: "Aquí estoy." Como David. Cuando en el anonimato David decía: "He estado perdido, mas tú me encontraste. No tengo quien me ayude, pero mi socorro viene de Jehová. Mas tú, oh Jehová, eres fortaleza, castillo mío. Tú eres mi Dios, el que levanta mi cabeza. A Jehová clamé en la noche y él me respondió. A mi clamar salió Dios. A mi socorro salió Dios. Tú eres el único que puede socorrerme. Tú eres el único que puede levantarme." Alguien tiene que decirle a Dios: "Yo no tengo quien pueda conmigo, pero tú sí puedes con la herida que yo traigo." Qué tremendo es que David sabía quién lo sanaba. Por eso David decía: "En la noche clamé a Jehová y él me respondió. Desde mi lecho clamé a Jehová y él me respondió. Desde los secretos clamé a Jehová y él me respondió. Mi alma está batida, pero Dios está conmigo." Yo he venido a decirte que te va a dejar todo el mundo. Te puede dejar tu madre, te puede dejar tu padre, te puede dejar tu hermano, pero hay uno que nunca te dejará. Y ese Jehová de los ejércitos. Él te recogerá, él te llevará al mesón, él vendará tus heridas, él restaurará tu alma, él te dará fuerza, él te sostendrá. Deja de llorarte la herida y dile: "Señor, sáname." [Música] Qué hermoso es cuando le decimos: "Señor, nadie tiene mi remedio. Tú eres el único que puede reparar el caos que hay en mi vida." Dígale el que está a su lado: "Estoy hecho un caos." Pero cuando Dios llega, pone orden. No, usted no me entendió. Mientras la alabanza sube. Génesis 1. "En el principio creó Dios los cielos y la tierra, y la tierra estaba desordenada y vacía." Diga conmigo: "Era un caos." Más dijo Dios: "Sea la luz", y empezó a poner orden. Tú vas a estar mal hasta que Dios intervenga. Tú vas a estar chueco hasta que Dios intervenga. Tú vas a sentirte vacío hasta que Dios intervenga. Tú vas a sentirte mal hasta que Dios intervenga. Cuando Dios intervenga, va a terminar diciendo: "Esto es bueno." Cuando Dios intervino, esto es bueno, cuando Dios vio lo que hizo. "Esto es bueno." Dígale al que está a su lado: "Algo bueno va a hacer Dios contigo." Dígale a alguien: "Algo bueno va a hacer Dios con tus heridas." Algo bueno va a hacer Dios contigo. ¿Cuántos son cinéfilos que le gustan las películas? ¿Cuántos han visto El Gladiador? Muy buena, ¿verdad? La he visto unas cuantas, 10 veces. El momento más impactante de la película es cuando está Máximus en el campo y le preguntan: "¿Y tú quién eres?" Y se quita el casco y se echa su discurso. "Yo soy Máximus, no me lo sé. Fulano, no sé, líder de los escuadrones, no sé qué, aquel que sirvió." ¿Sabes lo que le estaba diciendo? Nada de lo que hiciste para detenerme me detuvo. Yo sé quién soy. ¿Sabes qué he venido a decirte? Tu mejor discurso es el que le vas a dar al... cuando Dios te sane. Le vas a decir: "El abandono no me detuvo. El rechazo no me detuvo. La traición no me detuvo. Lo que viví no me detuvo, mi niñez no me detuvo. Yo soy un Jefté. Voy a pelear por mi casa, voy a pelear por los míos y voy a venir delante de ti diciendo: 'Mi sanador es Dios. Él es mi sanador. Él es mi libertador. Él es Jehová Rafá. Él es el que me sana. Él es el que me sana. Él es el que me sana.'" Dile al... "Vas a ver mi cicatriz. Dios me va a sanar." Alguien tiene que decirle hoy al... "Me vas a ver sano. Me vas a ver brincando de la pata que veías cojo. Me vas a ver brincando. Me vas a ver brincando. Puede que hoy me veas cojo, pero me vas a ver brincando. Oh, puede que hoy no me veas hablar, me vas a ver gritar a su nombre." [Música] Toque al que está a su lado y dile: "Viene mi sanidad." No me importa quién tienes al lado, porque puede ser el que hirió, pero dígale: "Me vas a ver sano." Dígale a alguien: "Me vas a ver sano." Si estás esperando que el que hirió te sane, te embarcaste. Porque no he visto jamás un agresor virar a vendar al herido. Si estás esperando que te pidan perdón, te embarcaste. Si estás esperando un "lo siento", vas a seguir herido. Si estás esperando arrepentimiento del que te hirió, estás embarcado. Tú necesitas sanar porque hay gente que depende de ti, pero tu sanidad no puede depender de otro. Tu sanidad depende de Dios. No vincules tu sanidad a la gente. "No, es que cuando me pidan perdón, es que necesito que es que quiero que me digan, es que estoy esperando una carta de amor tipo de Pablo Neruda. Es que estoy esperando que me compongan una sinfonía como las que componía Beethoven." Es que estoy esperando. No, tu sanidad no depende de lo que haga el hombre. Tu sanidad depende de la intervención divina de Dios. No esperes por la gente para sanar. Dile a Dios: "Tú eres el único que me puede sanar. Yo no necesito un perdón. Yo no necesito una disculpa." José no esperó que los hermanos llegaran a pedirle perdón. José los perdonó desde la cisterna para sanar. No esperes por nadie. La sanidad depende por de ti. ¿Cuántos tienen los elementos de Santa Cena? Yo no tengo y creo que los de alabanza tampoco. Ya no importa. Yo quiero que usted tenga sus elementos porque estos elementos son los que producen sanidad. [Música] Mas él, dice la Biblia, "herido fue por nuestras rebeliones, molido por nuestros pecados. Dice que la angustia de nuestra paz, el pago de nuestra paz fue sobre él." Y sabe cómo termina el pasaje diciendo: "Y por sus llagas, y por sus llagas, y por sus llagas, eso es lo que te sana. Este es el higo. La sanidad viene de él." Ahí donde está, cierre sus ojos por un momento en el silencio. [Música] Ahí en el silencio, háblele al Señor y enséñele tu herida. Espiritualmente hablando. Dile: "Señor, mi herida está en la mente. Señor, mi herida está en el alma. Señor, mi herida está en mi andar, en mi caminar. Señor, mi herida está en el recuerdo. Mi herida la cargo desde la infancia. Señor, mi herida es matrimonial, Señor. Mi herida tiene que ver con mis relaciones interpersonales con mis hermanos. Señor, tengo una herida tan vieja que tiene casi mi edad. Mi herida viene desde que me concibieron, desde que nací. Ahí está mi herida." Quizás tu herida fue un abuso, quizás tu herida fue el abandono, el menosprecio, pero el Señor es el que trae sanidad para tus heridas. Ahí en el silencio, porque esta es una tarde de sanidad y de liberación, empieza a hablar con Dios. Espíritu Santo, dile ahí. Espíritu Santo, necesito de ti. Sáname, Señor. Espíritu Santo, sáname. Antes de comer los elementos y beber, dile: "Señor, aquí está mi herida, sáname." Mientras está esta atmósfera, quiero preguntar si hay alguien que nos visita por primera vez y que no le ha entregado su vida a Cristo, o alguien que ha venido otras veces, pero no le ha rendido su vida al Señor y hoy quiere entregarle su vida al Señor, puede levantar su mano. Quiero orar por ti. Se levanta una, dos manos allí atrás. Dios te bendiga. Tres, cuatro manos. Dios me les bendiga. ¿Hay alguien más que quiere rendirle su vida hoy a Cristo? Dios te bendiga. Gloria sea el Señor. Si los servidores se encargan, qué lindo, qué lindo, qué lindo. Háganle la oración ahí mismo, rápido. Hágan los elementos, hagan la oración con ellos. Allá vienen otros aceptando a Cristo. Sigue usted orando. Espíritu Santo, hable con Dios. Hable con Dios. Hable con el Espíritu Santo. [Música] Hable con el Señor mientras ellos hacen la oración de salvación. [Música] Si los servidores corren, ahí tengo otra alma más. Dios te bendiga. Dios te bendiga. Qué linda cosecha. Si hay alguien más y todos errores que no le haya entregado su vida a Cristo, que llegue y que haga la oración que me abrace en el nombre de Jesús. Qué lindo. Ahí está el Espíritu Santo. Tu vida. Háblele al Señor. Háblele al Señor. Todo por mí, mi Jesús. Espíritu Santo, tu sangre por él está sanando tu vida por Aú a la distancia. Todo por mí, mi Jesús, que tu amor es alto. Su amor sana, es profundo. Su amor sana y es santo. Es su amor el que trae sanidad. Tu amor es alto, es profundo y es santo, sobrenatural. Ahí donde está la noche que nuestro Señor Jesús fue a ser entregado, tomando en su mano el pan y partiéndolo, dio gracias y dijo: "Tomad, comed del pan, que es mi cuerpo, que por vosotros es partido." Iglesia, comed el cuerpo. [Música] De la misma manera, tomando la copa de vino y dando gracias, digo: "Bebed, esta es mi sangre que por vosotros va a ser derramada." Iglesia, bebed del vino, figura de la sangre de Cristo. [Música] Y ahí donde está, dándole gracias al Señor, déjese ministrar. No entiendo cómo, siendo pecador, fuiste a la cruz por mí, lo entregaste todo, no te... Levanta tus manos y deja que él te sane. Conociendo la maldad que había en mí y todos mis errores, no me descalzaste, sino que me abrazaste. El altar en esta preciosa tarde para tomarme unos minutos para aquellos que han llegado heridos al mesón. El Espíritu Santo te está esperando para sanarte. El Consolador, el Paráclito, te está esperando para sanarte. Y si hay heridas que tú sabes que necesitan la intervención divina, pasa aquí al altar. Hoy ningún hombre va a orar por ti. El Espíritu Santo te va a sanar. El Espíritu Santo te va a sanar. [Música] Y diste tu sangre por mí, diste tu vida por mí. Lo hiciste todo por mí, Jesús. [Música] Irod, pero este es el mesón y el Espíritu Santo te está esperando para sanarte, para vendarte. [Música] Pasa y muéstrale tu herida. Dile: "Aquí estoy, Señor, heme aquí. Sáname, sáname sobrenatural." Tu amor es alto. [Aplausos] Alguien tiene que clamarle y pedirle. Sáname, sáname, sáname. Sobrenatural. Es el amor de Dios el que sana. Es bueno, es el amor de Dios el que te sana. Sobrenatural. Así es el amor del Padre. Así es el amor del Hijo. Así es el amor del Espíritu Santo. En cada clavo que traspasó tu cuerpo, pensabas en mí. Clama, clama, clama, clama, clama, clama. Ahí está el Espíritu Santo sanándote. Ahí está el Espíritu Santo sanándote. Dios sabe por qué llegaste. Dios sabe de qué tienes necesidad. Dios sabe cuál es la herida que cargas. Dios te está sanando. Dios te está sanando. Dios te está sanando. Ahí está el Espíritu de Dios sanándote. Ahí está el Espíritu Santo sano. Necesito una servidora aquí rápido. Dios te está sanando. Tócala. Quiero que sepa que es con ella. No la de al lado. Dios te está sanando tu corazón. Dios está sanando tu corazón. Dios está sanando tu corazón. Es santo, sobrenatural. Dios está sanando tu corazón. Es profundo. Dios está sanando tu corazón. Sobrenal. Espíritu Santo. Qué lindo, qué lindo. [Música] Ese es el sonido de la sanidad. [Música] Qué lindo. Levante su mano donde quiera que esté. Hay corazones que el Espíritu Santo literalmente está cosiendo. Qué lindo. Hay heridas que el Espíritu Santo está vendando. Hay un aceite que está suavizando tu herida. Espíritu de Dios. [Música] Ahí está. Aún los que están ahí atrás en sus sillas, levanta tu mano. Deja que sane. Deja que él te sane. Sana, Espíritu Santo. Sana, Espíritu Santo. Ahí está. Hay alguien que va a sentir una mano sobre su pecho. Nadie te está tocando. Esa es la mano del Espíritu Santo. [Música] Yo veo que alguien siente ahora mismo que está al liviano. Yo veo una mano que está sosteniendo un corazón y así me muestra el Señor. Pesar que sentías en tu pecho, es Dios el que hoy lo está cargando. Hay heridas viejas. El espíritu de Dios está poniendo aceite, quitando la dureza de tu corazón. Quitando la dureza de tu corazón. Qué lindo, qué lindo. Ahí está el Espíritu de Dios. [Música] Ahí está el Espíritu Santo. Tócale su mano nada más. Su mano. Dios te está sanando. Párate detrás de ella. Cógela. Dios te está sanando. [Música] La de al lado. Tócala. Dios te está sanando. Qué lindo. Cójanla, cójanla. Dios te está sanando. La que está atrás de ti, ella, la señora. Dios te está sanando. Algo está ocurriendo en tu corazón ahora mismo. Hay una herida que cargas desde la niñez [Música] y ahí está Dios sanándola. Cógela, Dios. Cógela, sopla, Espíritu Santo, a Yané. Ponte detrás de Yané. Hay aceite hoy para tus heridas, las que te han endurecido. [Música] Hay veces que tú misma te preguntas a ti misma: "¿Por qué soy tan dura hasta conmigo?" Porque a veces eres dura hasta contigo. Te reprimes demasiado, te corriges demasiado, te criticas demasiado, te exiges demasiado, pero hoy hay aceite sobre tu herida, donde el Señor no solo va a suavizar, sino que va a sanar tu carácter. Cójanla. Espíritu de Dios, toca. Ahí sosténganla. Espíritu de Dios. [Música] Dios te sana hoy. Dios te sana hoy. Dios te sana hoy. [Música] Ve un niño marcado por el rechazo. Ve un niño marcado por el abandono. Te veo huérfano de padres vivos, falto de amor y cariño. [Música] Hoy Dios te sana. Oh, Dios sana la herida que desde la niñez te ha estado haciendo abandonarlo todo y huir por el miedo al dolor. Dios, sana tu vida. Qué lindo. Ahí está el Espíritu de Dios sanando. [Música] Juan, ponle una mano a él en la espalda. El de la camisa negra atrás. Ahí. Dios está sanando. Dios está sanando. Levanta su mano. Deja un minuto más. Deja que el Espíritu Santo te sane. Él es el que te sana. Él es el que te sana. Tu socorro viene de Jehová. Él es el que te sana. La de lentes y vestidos rojos. Pónganse detrás de ella, detrás de tu risa y dolor. Toca su espalda. Quiero que sepa que es ella. Dios te sana. Cójala. Dios está sanando. Dios te está sanando. [Música] Dios está sanando. [Música] Hay heridas que Dios hoy está sanando. [Música] Él te sana hoy. Él te sana. Hoy [Música] puedo oír tu alma llorar. Has aprendido a llorar sin emitir sonido. Has aprendido a gemir sin que nadie te oiga. Has aprendido a suprimir el llanto y el lloro. Pero aquí te dice Dios: "Yo te he estado oyendo. Yo te he estado escuchando. Yo he estado en los secretos. Yo he podido oírte gemir y gritar cuando muchas veces el llanto ha sido disfrazado por sonrisa y aún sentada en la mesa ha sido humillada, reprimida." Dice el Señor: "Yo he podido oír tu llanto y hoy ha venido el Señor a sanarte." Cójanla [Música] en el nombre de Jesús. [Música] Espíritu Santo, por última vez, levanta tu manito al aire y quiero que pongas una mano sobre tu corazón. Espíritu Santo, hoy hemos venido para ser sanos y tú estás sanando. El único que puede sanarnos eres tú. Ahí donde estás, quizás no pasaste por pena, o pasaste porque menosprecias tu dolor, pero ahí está el Señor sanándote. Espíritu Santo, dame un nuevo corazón. Sana, sana, sana, sana, sana, sana. Un corazón para adorarte. Sana nuestro corazón, un corazón para exaltarte. Sana mi corazón. Puedes pedírselo. Dile: "Señor, sana, sana cada una de mis áreas, sana cada una de mis heridas. Un nuevo corazón. Dame un nuevo corazón, Señor. Un corazón. Dame un nuevo corazón, Señor. Un corazón." [Música] Oh. Porque tú, dígale, porque tú me has dado la vida, porque tú me has dado el [Música] porque tú me has dado el cariño, me has dado amor. Tú has sido todo, Señor. Padre, hoy presento un pueblo que llegó herido, pero se va sano. Gracias, Espíritu Santo, por la obra que solo tú puedes hacer. Gracias, Espíritu Santo, por ese consuelo que solo tú nos das. Gracias, Espíritu Santo, por esa ayuda que solo viene de ti. Gracias por tu socorro. Gracias por tu consuelo. Gracias, Señor, porque tu mano de poder se extendió y tocó nuestro corazón y nos sanó. Gracias, Señor, porque el proceso de sanidad no lo estamos caminando solos, tú estás ahí y nos has llevado al mesón para vendarnos, para curarnos, para alimentarnos, para sostenernos. En el nombre de Jesús, Señor, yo bendigo este precioso pueblo, pidiéndote que cada palabra hoy predicada sea sellada en su corazón, Señor, que no se pierda, pero te pido también que tu sangre los guarde a ellos, sus bienes, sus viviendas de este huracán que viene, Padre. Que nada se toque, que nada se dañe, que no hayan pérdidas y que, bendito Dios, ellos solo puedan ver tu mano responder a su favor. Desvíalo, Dios mío, en el nombre de Cristo, para que haya preservación de las vidas en el nombre de Jesús y de los bienes. Que Jehová te bendiga y te guarde. Que Jehová tenga de ti misericordia. Que todo lo que hagas y emprendas prospere y que el Señor pueda extender su mano para bendecirte en sobremanera. Es en el nombre poderoso de Jesús que le damos gracias al Espíritu Santo y le decimos: Amén. Amén. Y amén. Salude a su hermano, abrácele, minístrese el amor de Cristo y dile: "Te vas sano." Dígale a alguien: "Te vas sano." Porque tú me has dado el caminar, [Música] porque tú me has dado existir, porque tú me has dado el cariño, me has dado amor. Oh.