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Jueves Santo 2026

Padre Eugenio Fernández Herrera19:21

Transcription

Antes de la fiesta de la Pascua, sabiendo Jesús que había llegado su hora de pasar de este mundo al Padre, habiendo amado a los suyos que estaban en el mundo, los amó hasta el extremo. Estaban cenando. El había suscitado en el corazón de Judas, hijo de Simón Iscariote, la intención de entregarlo. Y Jesús, sabiendo que el Padre había puesto todo en sus manos, que venía de Dios y a Dios volvía, se levanta de la cena, se quita el manto y tomando una toalla se la ciñe. Luego echa agua en la jofaina y se pone a lavarles los pies a los discípulos, secándoselos con la toalla que se había ceñido.

Llegó a Simón Pedro y este le dice, "Señor, lavarme los pies tú a mí." Jesús le replicó, "Lo que yo hago tú no lo entiendes ahora, pero lo comprenderás más tarde." Pedro le dice, "No me lavarás los pies jamás." Jesús le contestó, "Si no te lavo, no tienes parte conmigo." Simón Pedro le dice, "Señor, no solo los pies, sino también las manos y la cabeza." Jesús le dice, "Uno que se ha bañado no necesita lavarse más que los pies, porque todo él está limpio. También vosotros estáis limpios, aunque no todos."

Cuando acabó de lavarles los pies, tomó el manto, se lo puso otra vez y les dijo, "¿Comprendéis lo que he hecho con vosotros? Vosotros me llamáis el Maestro y el Señor y decís bien, porque lo soy. Pues si yo, el Maestro y el Señor, os he lavado los pies, también vosotros debéis lavaros los pies unos a otros. Os he dado ejemplo para que lo que yo he hecho con vosotros, vosotros también lo hagáis."

Palabra del Señor.

Jueves santo, día de la cena del Señor. Hoy celebramos tres cosas muy importantes. Ya las he enunciado al iniciar la Eucaristía: la institución de la Eucaristía, la institución del orden sacerdotal y el mandamiento del amor. Amaos como yo os he amado. Fijaros, a mí me impresiona de este evangelio que hemos que hemos cantado hoy solemnemente. Me impresiona una cosa que dice como cómo inicia. Dice, "Habiendo amado a los suyos que estaban en el mundo, los amó hasta el extremo." O sea, Cristo no ha podido amarnos más, hermanos. Esto de hasta el extremo me impresiona muchísimo, porque el extremo es lo último. Ya no hay más. Ya no hay más. ¿Cómo más nos puede amar que hasta dar la vida si ya no tiene nada más? Ha dado lo que tenía, su propia vida. No, Dios, Dios, Dios es grandísimo. Dios es maravilloso. Cómo nos muestra lo que es amar. No, no nos Dios no es teórico. Fijaros que nosotros somos muy teóricos, ¿verdad? Nosotros sabemos muy bien las cosas, las tenemos aquí metidas, pero Dios no es un Dios de teoría. Dios no es un Dios de teología elevada. Dios nos ha dicho, no nos ha dicho lo que es el amor. Nos lo ha dicho amándonos, nos lo ha dicho teniendo misericordia de nosotros. Nos lo ha dicho enviando a su hijo Jesucristo que ha dado la vida por nosotros hasta el extremo, hasta ya no poder dar más.

Por eso hoy iniciando este triduo pascual que son estos tres días, viernes, sábado y domingo, ¿verdad? Pero iniciamos hoy ya jueves en la tarde iniciando este triduo pascual. Hermanos, yo espero que te alegres hoy, que te alegres porque el Señor ha dejado una cosa maravillosa. Ha dejado, nos ha dejado a su hijo Jesucristo. No es que se ha ido y se acabó y ya, sino que ha dicho, "Haced esto en memoria." Nosotros los cristianos cuando nos reunimos para celebrar la Eucaristía. No es que recordamos lo que sucedió hace 2000 años. No es que recordamos que Jesús qué qué buena gente era, que entonces hizo una cena para despedirse de sus discípulos y entonces despedirse de nosotros y hasta luego y me voy al cielo y ahí os quedáis. No, ese no es Jesús, sino todo lo contrario. O sea, haced esto. O sea, cada vez que celebramos la Eucaristía, hermanos, hoy de una manera más especial, pero siempre que celebramos la Eucaristía, se hace presente el Señor. ¿Recordáis los discípulos de Emaús? "Te conocimos, Señor, al partir el pan." Al partir el pan. Antiguamente se llamaba la Eucaristía, no se llamaba Eucaristía, se llamaba la fracción del pan. Porque es el momento más bonito de la Eucaristía, cuando el sacerdote parte el pan. El pan que es el cuerpo de Cristo, ya no es pan, ahora es el cuerpo de Cristo, lo parte. O sea, el cuerpo de Cristo se parte, se rompe una vez más por ti y por mí. O sea, Cristo se deja romper por nuestros pecados, hermanos. Por eso cuando el presbítero parte el cuerpo de Cristo, "Te conocimos, Señor, al partir el pan." ¿Qué quiere decir? Cuánto me amas, Señor, que hoy te rompes una vez más por mis pecados, que hoy te rompes una vez más por mí.

Fijaros, hoy le lava los pies a todos los discípulos o hay alguno al que no se los lave. Se los lava a todos. A Judas le lavó los pies. Todavía estaba ahí. Todavía no se había ido. Dice, "Estando cenando ya el había suscitado en el corazón de Judas la intención de entregarlo." Y entonces Jesús, sabiendo que el Padre había puesto ta ta ta cuando sabe la intención, cuando sabe que el demonio ya le ha puesto la intención en el corazón a Judas, en ese momento Cristo se quita el manto, coge una toalla y le lava los pies a todos, incluido a Judas. En ese instante, fijaros qué amor, si es que qué amor tan grande. Hasta Judas que lo está entregando. Por eso ahí Cristo cumple. Al que te quite lo que es tuyo, no se lo reclames. Al que te pegue en la mejilla, ponle la otra. Al amad a vuestros enemigos. Hoy Cristo está amando a sus enemigos y por eso nos ama a nosotros, hermanos. Porque en esa figura de Judas, de Pedro, que le ha dicho, "Señor, daré la vida por ti. Tú darás la vida por mí. Si antes de que amanezca, estamos de noche, antes de que amanezca me habrás negado tres veces." Y los otros igual todos se van, no es que alguno queda ahí. El único Juan, el único que más o menos también, pero Juan había sido también tremendo. Juan es el que se había acercado a Jesús y le había dicho, ni siquiera había tenido las narices, por no decir otra palabra, de decirle a Jesús, sino que mandó a su madre, ¿te acuerdas? Ay, dile a Jesús que nos sentemos uno a tu derecha y otro a tu izquierda. Y entonces va la madre de Santiago y de Juan. Querían honores. Juan está a los pies de la cruz, pero Juan también quería ser el primero. Y los discípulos discuten quién era el primero. ¿Te acuerdas cuando van discutiendo? Van de camino a Jerusalén y como Jesús les ha insistido tanto, me van a matar, me van a matar, voy a ser crucificado, al tercer día resucitaré. Pero bueno, eso como que no lo escuchan muy bien. Me van a matar, me van a matar. Entonces, ¿sabes qué hacen los discípulos? Empiezan a pelear a ver quién es el primer ministro, a ver quién va a heredar el reino, a ver quién cuando se muera Jesús, que está insistiendo que se va a morir, que se va a morir, que se va a morir, a ver quién va a quedar mandando aquí todo. Y empiezan a discutir todos a ver quién es el más importante. Yo me imagino a Pedro diciendo, "Yo soy el más importante, porque a mí me ha dicho, yo soy Pedro y sobre esta piedra edificaré mi iglesia." Me imagino a Juan diciendo, "No, yo soy el más importante. Yo soy el discípulo amado." Me imagino a Judas diciendo, "Yo soy el más importante porque yo tengo el dinerín y vosotros sin mi dinero no hacéis nada. Yo soy el más importante." Me imagino a a Andrés diciendo, "No, soy yo que fue el primero que llamó." Todos discutiendo. Todos son terribles, hermanos. Como nosotros, como nosotros. Y hoy los ama. Yo hoy nos ama el Señor. El Señor ama a sus enemigos. Y fijaros qué bonito el gesto que hace el Señor. ¿Sabéis? En la Pascua el Señor está cumpliendo el ritual de la Pascua de los judíos. Los judíos. Jesús es judío. ¿Sí sabías eso? No. Jesús no es cristiano, es judío. Uy, algunos están convulsionando con esto que estoy diciendo. Están les ha dado un cortocircuito en la cabeza. Jesús es judío y digo es porque está vivo y María es judía. Y los apóstoles eran judíos y los primeros discípulos. Bueno, pues entonces Jesús estaba celebrando la Pascua judía y hay un momento de la Pascua judía donde el más pequeño de la casa, porque sabéis que la Pascua se celebra en la casa, el más pequeño era el que lavaba las manos. Iba pasando con una jofaina y con una jarrita lavando las manos a todos los comensales. Lo hacía el más pequeño. Me imagino que cuando llegó ese momento en la Pascua con Jesús, los discípulos pensarían, "¿Quién va a hacer lo de lavar las manos? ¿Quién es el más pequeño?" Si ellos peleaban por quién era el más grande, ellos peleaban y discutían por quién era el más importante. Ahora tocaba mirar quién era el más pequeño. Y en ese momento Jesús se levanta y lo hace él. Él se pone a los pies y no lava las manos, no los pies de los discípulos. Qué gesto tan lindo, porque hoy el Señor, yo voy a hacerlo con estos 12 apóstoles que están aquí, se han puesto aquí en primera fila, pero es un gesto que tiene la iglesia para que en el momento que lo esté haciendo con ellos penséis que el Señor también se pone a tus pies a lavarte. Cristo te lava los pies hoy. Imagínate, Dios, Dios se pone a tus pies. Que no te pase como a Pedro, "Señor, no, no, no, no, Señor, no soy digno." No, si no te lavo los pies, no tienes parte conmigo. Déjate amar por el Señor. Y el gesto de bajar los pies es que Jesús está por debajo de sus discípulos. Hoy el Señor se pone por debajo de sus discípulos. Hoy el Señor se pone, se abaja a tu porquería porque los pies suele ser lo más sucio, sobre todo en esa época que iban con sandalias, iban se mezclaba el sudor de los pies con la arena, con el barro, con todo eso. Debía ser horrible. Lo más bajo, lo peor, allí viene Cristo a alabarte. El domingo yo hablaba del pretorio. Si os acordáis los que vinisteis a Eucaristía conmigo. Pues hoy el Señor igual entra en nuestro pretorio, se pone a nuestros pies, busca, piensa cuáles son esos pies tuyos que el Señor quiere hoy lavarte. Quizás es tu soberbia, quizás es tu lujuria, quizás tu envidia, quizás que no has podido perdonar a alguien. ¿Cuáles son esos pies donde el Señor hoy se pone allí abajo? Fijaros qué misterio tan grande.

Y el Señor ha querido, nos ha dejado a los sacerdotes, a los presbíteros, hermanos, que somos pobres como los discípulos. He empezado diciendo casi los pecados de todos los discípulos, casi podría decir los míos y los de todos los curas, pero alguno algunos ya los conocéis y poco a poco a mí que me iréis conociendo los iréis viendo, no hace falta que os los diga. Eso se ven. Este es como malgeniado, este es como no sé qué. Este es como soberbio, este es como Somos pobres, hermanos. Somos muy pobres, pero el Señor ha hecho una cosa inmensa. Y lo digo desde desde el sentirme amado inmensamente por el Señor hoy día de la institución de la Eucaristía y de la institución del sacerdocio. Cómo el Señor ha cogido lo que no vale y lo digo por mí para mostrar su amor al mundo. No podemos celebrar la Eucaristía sin sacerdotes, sin presbíteros, hermanos. Eh, no se puede y no puede haber presbítero si no hay familias santas, si no hay matrimonios santos, matrimonios que se abren a la vida santamente, que pueden tener los hijos para entregárselos al Señor, para que el Señor los llame, si él quiere, y puedan ser presbíteros. Por eso es tan importante, hermanos, vosotros los matrimonios, hoy en este día, este no es el día solo de los sacerdotes, es que no habría, yo no estaría aquí si mis padres no se hubieran casado, no hubieran no hubieran querido tener el cuarto hijo. Hoy en día quizás no lo hubieran tenido. Yo soy el cuarto de seis y no estaría aquí. Si mis padres no se hubieran abierto a la vida, no hubieran dicho, "Bueno, pues tengamos los hijos que el Señor quiera. Venga, vamos a por el cuarto si Dios quiere." y quiso y nació esta joyita que está aquí que es una una porquería. Hoy es este día maravilloso, hermanos.

Y termino con esto. Yo no quiero ser pesado, pero es que me emociono. Me emociono hoy. Hoy me emociono con esta con esta Eucaristía de Jueves Santo porque me encanta ver al Señor. Qué amor tan grande, hermanos. Es que nos ama cuando no nos lo merecemos. Yo no sé si tú amas a alguien que no lo merece, pero a eso estamos llamados. Por eso dice, al final termina diciendo, "¿Comprendéis lo que he hecho con vosotros?" Después de que les lava los pies, "¿Comprendéis lo que he hecho con vosotros? ¿Tú comprendes lo que Dios ha hecho contigo?" Dice, "Pues ahora id y hacedlo vosotros con los demás. Lavaos los pies los unos a los otros." Tú no te puedes morir sin amar a tu enemigo. No te puedes morir sin amar a tu enemigo. Te puedes morir sin tener el coche que quieres. Te puedes morir sin tener la casa de ensueño que querías en no sé dónde. Te puedes morir sin hacer ese viaje que querías hacer. Te puedes morir con la suegra esa que tienes eh bruja. Te puedes morir con la nuera esa que tienes más bruja aún. Te puedes, pero no te puedes morir sin amar a esa suegra, sin amar a tu enemigo, tu hermano, el otro, el vecino, tu jefe, el que el que te ha hecho el mal. No te puedes morir. Pídele al Señor, Señor, que me muera amando a mis enemigos, pudiendo lavar los pies, porque tú comprendo ahora comprendo lo que tú has hecho conmigo y ahora lo puedo hacer yo con los demás. Es que, ¿quién ama a una persona buena? Cualquiera. Pero, ¿quién ama a un hombre malo? ¿Quién ama una persona mala? Solo el Señor. ¿Quién ama un hombre que hace el mal al otro? ¿A un asesino, a un violador? ¿Quién ama esa persona? No lo ama nadie, solo Cristo. Y cuando tú descubres que tú eres esa persona mala y el Señor te ha amado ahí, tu vida se transforma totalmente y puedes amar al otro y puedes perdonar porque el Señor te ha perdonado todo y te ha perdonado siempre. Tú puedes amar a todos y puedes amar siempre.

Que el Señor nos ama hoy, hermanos. Hoy vamos a hacer una cosa impresionante. Hoy vamos a recibir la comunión con las dos especies, el cuerpo y la sangre de Cristo, porque hoy es la cena del Señor. Y os voy a dar la comunión por instinción, uniendo el cuerpo y la sangre de Cristo. La tenéis que recibir en la boca todos porque no se puede en la mano hoy. ¿Y por qué vamos a hacer esto? Para que experimentemos este amor más grande del Señor. Porque el Señor ha dicho, "Tomad y bebed todos de él." No solo él cura, todos hoy como un gesto vamos a hacerlo así, que me parece importante en este día porque todos, esta palabra me encanta, al Papa Francisco también le gustaba mucho. Todos, todos, todos, decía. Todos tienen pueden entrar a la iglesia, todos, todos, todos. Algunos murmuraron por eso, porque se creen exclusivos, porque aíslan al otro, porque no son capaces de ponerse a los pies del otro. El Papa sí se puso a los pies. Me acuerdo también una vez que se puso a besarle los pies a unos dirigentes, no sé si te acuerdas de esa escena, se puso a los pies de unos dirigentes que habían encontrado la paz entre ellos en África y se puso y les besó los pies el Papa. Búscalo, búscalo. El Papa besando los pies a unos hombres paganos que no eran ni cristianos, pero que habían conseguido la paz entre países. Eso es. Amaos como yo os he amado. Que el Señor nos ayude, hermanos, a vivirlo también en nuestras vidas.