Transcription
Gracias por acompañarnos en esta segunda emisión del ciclo especial Observatorio Cultural, un espacio para hablar del quehacer y el ámbito cultural en nuestro país. A través de la pregunta: ¿Quién debe financiar la cultura?, haremos un análisis de las instancias y los actores que la han impulsado. Nuestros especialistas ahondarán hoy en el lugar del Estado en el ámbito del financiamiento de la cultura, la ausencia de una ley de mecenazgo, el papel del mercado y el lugar de las asociaciones civiles y las empresas en el ámbito del financiamiento cultural en nuestro país. Para hablar de ello nos acompaña Dolores Béistegui, directora del Papalote Museo del Niño; Graciela de la Torre, directora del Museo Universitario de Arte Contemporáneo (MUAC); David Olguín, director de teatro, dramaturgo y promotor cultural; y Jesús Rodríguez Dávalos del Patronato del Fondo de Arte Contemporáneo. Antes de entrar en materia, veamos algunos antecedentes de cómo ha sido el financiamiento de la cultura en el mundo y en nuestro país. Siga con nosotros.
[Música]
¿Quién debe financiar la cultura? El Consejo de Artes de Inglaterra publicó el pasado 21 de agosto el estudio "El valor de las artes y la cultura en la conformación de lugares", el cual muestra que la presencia de las artes y la cultura afecta la sensación de bienestar y satisfacción de los británicos, así como su apego a un lugar y su sentido de comunidad. A tal grado que le dan mucho peso a la presencia de la cultura cuando toman decisiones sobre dónde vivir. El estudio, que se basó en una muestra de 1756 entrevistas en 2017, realizado por la empresa YouGov, es categórico en sus resultados: una fuerte oferta artística y cultural hace que las personas se sientan más en casa. Teniendo en cuenta una serie de factores que influyen en la satisfacción con la vida, las personas que asisten a un mayor número de eventos artísticos y culturales están más satisfechas con sus vidas que las personas que no lo hacen. A la luz de estos resultados, el ex director de la Tate Modern y miembro del Consejo de Artes de Inglaterra, Nicholas Serota, publicó en el diario británico The Guardian: "La contundente evidencia muestra que las artes son importantes para las personas en todo el país y deja claro el caso que tiene una mayor inversión en cultura".
En México no existen estudios de este tipo, pero también se puede afirmar que las artes son importantes para las personas y que es necesario una mayor inversión en cultura. Pero, ¿quién debe invertir en cultura? ¿Cuál es la responsabilidad que tiene el Estado en el financiamiento de las expresiones artísticas? ¿Qué papel juega la iniciativa privada en el apoyo en la cultura? Los ciudadanos se apoyan económicamente a la cultura como espectadores o también pueden aportar en forma de asociaciones y mitos.
Si partimos de las leyes vigentes en México, el Estado es el principal encargado de financiar la cultura. La recién creada Secretaría de Cultura, que sustituyó en 2015 al Conaculta, es el organismo facultado para aprobar el anteproyecto de presupuesto de egresos destinado al subsector cultural, que para 2020 contempla un monto de 13 mil 367 millones de pesos. Aun cuando el presupuesto tiene un aumento de 473 millones de pesos en relación a 2019, la realidad es que la cifra es marginal ante la sistemática pérdida presupuestal que tuvo el sector cultural desde 2013, cuando alcanzó el récord de 17 mil 300 millones de pesos. Si a esto sumamos el incremento inflacionario que, según la calculadora del INEGI, ha sido de 26% de enero de 2013 a agosto de 2019, queda claro que el presupuesto para cultura sufre una sistemática reducción por parte del gobierno federal. Nominalmente, 13 mil millones de pesos parecen mucho dinero para la cultura, pero apenas representa el 0.21% del presupuesto total del gobierno para 2020. Seguimos muy lejos del 1% que recomiendan la mayoría de los organismos internacionales.
El financiamiento estatal a la cultura está lejos de cubrir las necesidades básicas de las diferentes disciplinas artísticas. Basta con ir a un museo grande o pequeño y se podrá comprobar que en todos los casos laboran con menos del personal y materiales requeridos. Esto se repite con los grupos artísticos, los proyectos de educación artística, las áreas de protección del patrimonio, las publicaciones de libros, entre un largo etcétera.
Ante la realidad de que el Estado no está cubriendo presupuestalmente todas las necesidades del sector cultural, la participación de la iniciativa privada y las asociaciones civiles adquieren un protagonismo que, desafortunadamente, no tiene un respaldo legal. No solo son escasos los estímulos fiscales para promover el financiamiento fundado en la cultura, sino que el actual gobierno ha marginado la participación de las asociaciones civiles, aun cuando existe desde 2004 la Ley Federal de Fomento a las Actividades Realizadas por Organizaciones de la Sociedad Civil, que en su artículo 5.8 identifica a las organizaciones de la sociedad civil encargadas de promoción y fomento educativo, cultural, artístico, científico y tecnológico como organismos susceptibles para acceder a los apoyos y estímulos que otorga la administración pública federal. En los hechos, esta ley es letra muerta, ya que, por ejemplo, en la convocatoria a inicios de año para el Programa de Apoyo a la Cultura, que incluye a festivales culturales municipales y comunitarias e infraestructura con un presupuesto de 500 millones de pesos, se excluyó a las cerca de 6,000 asociaciones civiles con registro vigente ante la Secretaría de Hacienda y únicamente se permitió la participación de organismos de cultura estatal y municipal, así como a las universidades. A esto hay que sumar que, a excepción del cine o el teatro, el resto de las expresiones artísticas casi nunca son beneficiadas con mecanismos como EFICINE y estímulos fiscales, que se otorga a los contribuyentes del Impuesto sobre la Renta consistente en un crédito fiscal aplicable contra los pagos provisionales y/o en la declaración anual autorizados por la Secretaría de Hacienda.
¿Cuál debe ser la participación del mercado? Desde el siglo XVIII, los economistas han mantenido un nutrido debate sobre quién debe financiar el arte: ¿el Estado o el mercado? En casi todas las épocas, las voces a favor de alguna de las dos opciones o de soluciones mixtas han formado un coro que nunca ha logrado proponer conclusiones definitivas. Hay casos arquetípicos como el de Adam Smith, considerado el padre del capitalismo, quien era un ferviente promotor de que la cultura no recibiera subsidios y fuera financiada exclusivamente por el mercado, ya que consideraba que el arte era trabajo improductivo que no generaba riqueza material a la nación. Pero al mismo tiempo, Smith aceptaba que "si el Estado estimulaba la poesía, la pintura, la música, el teatro y el baile, fácilmente podría disipar en la mayoría del pueblo ese humor melancólico y apagado que casi siempre es el caldo de cultivo de la superstición y el fanatismo".
En el otro extremo, economistas del siglo XIX y XX como Alfred Marshall, John Maynard Keynes, Lionel Robbins y William Baumol, entre otros, afirman que el Estado debe tener un papel preponderante en el auspicio de la cultura. En el estudio "Financiación de las artes y la cultura en la Unión Europea", publicado en 2006, los economistas Ari Klammer, Ludmila Petrova y Yiannis Consignar los criterios y los riesgos que tienen los métodos de financiamiento de la cultura a través del Estado, el mercado y las organizaciones sin fines.
El Estado, que apoya con subsidios directos, infraestructura y estímulos fiscales, auspicia a partir de criterios de calidad impuestos por servidores públicos inscritos a consejos o ministerios de cultura, lo que tiene el peligro de solo apoyar la alta cultura y a las instituciones consolidadas.
El mercado, que financia la cultura a través de transacciones mercantiles, señales culturales existentes o producidos por encargo, el cual busca un beneficio mediante colecciones o bienes privados, tiene el inconveniente de que puede inclinarse por lo comercial más que por lo artístico.
En el caso de las organizaciones sin fines de lucro, que operan mediante donaciones de particulares y empresas, existe el riesgo de generar dependencia y nepotismo de parte de los. De acuerdo a esta categorización, se pueden problematizar dos elementos que se ponen en tensión dentro de los trece esquemas de financiamiento: la autonomía y la diversidad en la creación artística. Ambos conceptos abren, a su vez, preguntas complejas: ¿Cuáles son los criterios que definen qué tipo de arte financiar? ¿Cuál es el programa o agenda que define si se apoya más algún tipo de expresión cultural (teatro, literatura, artes visuales, danza, cine u ópera)? ¿Qué requiere más apoyo: el arte consolidado o los jóvenes creadores? ¿O se debe apoyar a los artistas en individual o a proyectos en colectivo?
Volviendo al razonamiento de los economistas, los autores que están a favor del patrocinio estatal de la cultura lo hacen bajo la premisa de que, si bien el arte no produce riqueza material, sí es un elemento básico para el verdadero logro de la civilización humana. En palabras de Keynes: "Si se parte de la idea de que la creación cultural se asume como un bien público por su carácter civilizatorio, es claro que el Estado está obligado a intervenir en su financiamiento". Pero al tratarse también de un elemento que logra una mayor cohesión comunitaria, el patrocinio por parte de la sociedad civil se vuelve también urgente, por lo que un esquema mixto de financiamiento cultural público y privado es un modelo que genera cierto consenso dentro de los estudios de la llamada economía de la cultura.
Bruno Frey, quien también apoya el financiamiento público de la cultura, alerta sobre el maniqueísmo que se ha generado en torno al mercado y su supuesta influencia corruptora dentro del arte. "En principio", afirma, "es falso que solo el Estado tenga la capacidad de garantizar la dignidad y la calidad del arte". Pero además, señala que hay suficientes ejemplos en todas las disciplinas para demostrar que el mercado también puede aportar beneficios muy concretos a los bienes culturales. El economista suizo pone el caso de las galerías de arte que, si bien siguen intereses netamente comerciales, también pueden ser espacios donde se exhibe lo nuevo y poco convencional que difícilmente lograría abrirse puertas en un museo. Los galeristas, como empresarios, apuestan a obras progresistas que a mediano plazo aumentarán su valor simbólico y comercial.
Aquí entra otro factor determinante en la estructura de financiamiento de la cultura, ya que la mayoría de los economistas que han abordado el tema consideran primordial que la educación artística sea apoyada por el Estado, ya que a largo plazo es la enseñanza del ciudadano consumidor-espectador la que permitirá que la oferta cultural tenga mayores ingresos, ya sea a través de la taquilla cuando acude a ver un espectáculo o directamente apoyando a los artistas mediante el coleccionismo.
Falta una ley de mecenazgo. La participación de la iniciativa privada en la cultura es uno de los grandes pendientes que no ha sido regulado ni cuenta con una normativa clara en la administración pública mexicana. Como lo documenta el Sistema de Información Legislativa de la Secretaría de Gobernación, en mayo de 2007, durante la 63ª legislatura de la Cámara de Diputados, el diputado de Movimiento Ciudadano Clemente Castañeda Hoeflich presentó, sin ningún éxito, la iniciativa con proyecto de decreto que expide la Ley Federal de Mecenazgo Ciudadano, la cual planteaba la creación de un fideicomiso federal para el mecenazgo ciudadano con participación pública y privada que operaría mediante programas de becas y premios ciudadanos a la cultura.
El actual presidente de la Comisión de Cultura de la Cámara de Diputados, el morenista Sergio Mayer, declaró a la prensa que actualmente trabaja en una nueva iniciativa de ley de mecenazgo con el objetivo de que la iniciativa privada se interese en participar en proyectos culturales en el país, para que así como hay empresas socialmente responsables en temas de medio ambiente, también se den en el sector cultural y puedan aportar a este. Además de que tengan esta iniciativa de ley, que según dijo Mayer será antecedida por mesas de trabajo, podría contemplar mecanismos claros y transparentes para que las empresas y ciudadanos participen en el financiamiento de proyectos culturales, ya que, como se mostró al principio, el sector público ha reducido su presupuesto a cultura. Como se ha demostrado en la mayoría de los países progresistas, el apoyo privado a la cultura tiene como principal respaldo la creación de estímulos fiscales claros y transparentes, ya que deben ser consecuentes con la intención manifiesta de la ciudadanía de promover el cambio más eficiente entre el sector público y el privado, al tiempo que brindan al contribuyente un tratamiento de mutua confianza, dándole la posibilidad de dirigir su arte. Al mismo tiempo, está pendiente que se haga valer la Ley Federal de Fomento a las Actividades Realizadas por Organizaciones de la Sociedad Civil, que está vigente y podría alentar la participación de la sociedad civil organizada en el desarrollo de bienes culturales.
Guión: Edgar Alejandro Hernández. Voz en off: Dominique Ver alta.
El tema que nos ocupa esta vez es fundamental. No se trata, ciertamente, de echar números, como hemos visto, sino de recapitular una circunstancia que tiene que ver con el modelo de gestión, con las políticas públicas y con la vida de nuestras instituciones. Ciertamente, no se trata tampoco de encontrar las mejores prácticas de fundraising, sino de poder debatir qué está pasando con el financiamiento de nuestras instituciones culturales, que se encuentran en este momento realmente en un estado muy difícil, depauperado, trabajando con unas condiciones realmente, realmente deleznables, podríamos decir, en términos financieros. Lo que en otros países es moneda corriente de intervención del sector privado para el financiamiento de instituciones culturales, de la salud, del incluso de la educación superior, no está siendo moneda corriente en nuestro país. Es más, no se ve la posibilidad de alentar, en mi escenario, el reconocimiento de la participación de la sociedad civil en pro del sostenimiento de nuestras instituciones, y tampoco hay una apertura hacia el patrocinio, o sea, la contrapartida de quienes legítimamente quieren, quieren apoyar a las instituciones culturales a cambio de, pues, de ciertos beneficios, lo cual sucede en todos los países y esto no está sucediendo en el nuestro. Entonces, aquí tenemos algunos invitados para debatir sobre esta construcción de ciudadanía y de derechos de la cultura a través de financiamiento, de diferentes modelos de financiamiento de la cultura, y examinar qué está pasando en nuestro país, qué podemos hacer y cómo podemos solventar la situación crítica por la que transitan actualmente nuestras instituciones culturales.
Yo quisiera primero preguntarle a mi amiga, al colaborador, al cual le admiro y quien ha sido, ha transcurrido con muchísimo éxito en diversos ámbitos de la cultura, de la gestión. Ella realmente creó San Ildefonso, fue la primera directora de San Ildefonso con magníficas exposiciones. Después estuvo en el INBAL, estuvo en Proméxico, ahora es directora del sistema Papalote. ¿Qué posibilidades, qué dificultades has encontrado, Lolita, en tus diversos pasos por la gestión pública y la gestión museística?
Gracias, Graciela. Y primero quisiera agradecer esta oportunidad, esta convocatoria. Necesitamos más que nunca debatir, necesitamos más que nunca provocar y desafiar, desafiar los modelos que han prevalecido en nuestro país, porque hay muchas opciones que permitirían financiar proyectos culturales y menos ambiciosos y permitir que se pueda vivir de la cultura y vivir bien, adecuadamente. Estoy absolutamente convencida de esto. Lo que menciona este San Ildefonso, porque en 1994, mil novecientos noventa y cuatro, todos se acuerdan de ese año fatídico en México, donde el país estuvo al borde del abismo, una crisis económica nunca antes vista y una crisis social también de grandes dimensiones. Ya existía el Colegio San Ildefonso, se había creado un mandato para recibir una exposición también muy controvertida, que era "México: Esplendores de 30 siglos". Yo, en este momento, colaboraba con Rafael Tovar en Conaculta y le pedí la oportunidad de dirigir este espacio con todas las dificultades financieras, pidiéndole que me diera oportunidad de gestionar nuevos modelos de financiamiento. Y en este momento, la UNAM, porque es un edificio de la UNAM, con el Dr. Sarukhán, este, la Ciudad de México y Conaculta estuvieron de acuerdo en crear un laboratorio, y lo menciono porque fue muy exitoso. ¿En qué consistía este laboratorio? Dos cosas: autogestión, todos los ingresos que se pudieran generar se quedaban en San Ildefonso, y obviamente, con toda la regulación y toda la rendición de cuentas correspondiente. No se trataba de aprovechar para desviar recursos y que estos recursos tuvieran, se pudieran reasignar, obviamente, a proyectos de gran beneficio para la institución. Eso fue muy importante. Y lo segundo fue poder buscar patrocinadores con el debido reconocimiento. La idea de que un apoyo a través de una persona o una empresa pudiera ser cuestionado, creo que es absolutamente irónico. Y personas físicas y morales que tienen interés en apoyar un proyecto cultural, o porque su marca encuentra un beneficio claro, hay una mercadotecnia social, podríamos decir, donde hay un interés en que acompañe una temática porque casa con la marca que la patrocina, o una persona física que genuinamente tiene interés en desarrollar. Yo me acuerdo ahorita, cuando tú estabas en ese momento en San Ildefonso, en Conaculta, que hicimos las primeras tiendas de los museos. Exacto. Abordar la comercialización. Hoy día es algo como imposible. El merchandising, que es una fuente de ingresos para los museos, y incursionamos en las primeras tiendas. Y después, ya este proyecto, pues de alguna manera, abortó porque todas fueron educar en vez de tener su propia personalidad y sus subproductos y productos dirigidos, dirigidos acorde a la característica del museo, como se hacía en aquel entonces. Ahora, eso ya no funciona. Obviamente, hay muchas fuentes de ingresos. Las tiendas, el merchandising de una marca es, obviamente, una vía muy conocida. Sobran los ejemplos en Estados Unidos, en Europa, con tiendas exitosísimas, tan exitosas que son franquicias. La tienda del MoMA es una fuente de ingreso gigantesca y entrar al MoMA para un diseñador es un gran logro. Entonces, es un reconocimiento y un fomento también al diseño, en este caso. Y creo que tú has tocado un punto que es álgido y que lo retomaremos, creo yo, a través de esta charla varias veces, que es la autonomía de los museos, la autonomía financiera de los museos. Que Rafael Tovar, en ese entonces, incursionó la posibilidad de auto generar sus recursos, auto generar de diversas maneras, puede ser desde la taquilla hasta el merchandising, hasta eventos, hasta servicios profesionales. Eso sucede en la universidad. La universidad somos museos adultos que podemos emprender acciones comerciales y podemos auto generar, estamos obligados a auto generar nuestros recursos. Eso no sucede en el caso de los museos del Estado mexicano. Es uno de los motivos por los cuales no son adultos, la verdad, no, no son adultos, porque no son capaces de establecer estrategias para ser autónomos financieramente. Eso no quiere decir que le demos al Estado su responsabilidad de cuidar las colecciones y de cuidar los edificios, pero sí que el museo sea capaz de emprender ese tipo de acciones que tú estás mencionando. Lolita, y que el Papalote, platícanos un poco del sistema Papalote, cómo ha podido no solo sobrevivir, sino ser exitoso y convertirse en ocasión, consorcio. Platícanos.
Somos un museo de aprendizaje a través del juego. Los niños viven una experiencia de aprendizaje. Somos partícipes de la agenda educativa de este país. Es una asociación civil: Papalote Chapultepec, Papalote Monterrey y Papalote Cuernavaca. Los tres museos, bajo una misma marca, generan el 100% de sus ingresos, ya que no cuentan ni con dinero del Estado ni de ninguna fundación. Manejamos, en el caso de Chapultepec, un presupuesto de 150 millones de pesos promedio anual, este 100% autogenerado, y con un remanente anualmente de entre 30 y 40 millones de pesos. Esto se logra a través de una serie de ejercicios. Sí, se cobra la taquilla, pero muchos otros servicios también. Y hay un enorme mecenazgo a través de las marcas, y las marcas que permiten además esto. Entonces, invertir. Papalote hizo una renovación enorme en Chapultepec de 700 millones de pesos, que fue 100% financiada por la… Hemos hablado muchas veces la palabra "invertir". Invertir en la cultura no es un gasto, es una inversión. Y hemos hablado también muchas veces con otros colegas de cómo la cultura es generadora de economía indirecta. Se piensa que la cultura es un fondo de cilantro y un fondo que para hacer cosas muy altruistas, pero no es un, es un mecanismo también de generación de economía indirecta. Somos productivos. Esto es un esquema de ganar-ganar. Necesitaré una marca que invierte en un proyecto, no lo hace por filantropía, lo hace porque recibe algo al cambio que le genera valor. Ese es el patrocinio, que es diferente del mecenazgo.
Yo quisiera preguntar, ya ha habido alguien, eres mi ídolo, de verdad, porque buena parte de que eres multipremiado, un gran dramaturgo, tu proyecto "El Milagro" es un milagro. ¿Cómo le has hecho para sobrevivir, de verdad?
Bueno, mira, es un proyecto que tiene ya, a estas alturas, más de 25 años y hemos pasado por todas las posibilidades que bien describe Gabriel Zaid en "Dinero para la cultura". Sacrificio personal, muchísimo. También nosotros, el gremio, ser absolutamente amigos, familiares. El Estado, con una importante, digamos, contribución para "El Milagro" en sí mismo, a través de un proyecto que a mí me parece fundamental y que constantemente se está cuestionando en los últimos tiempos, México es en que es un proyecto del FONCA. Por otra parte, evidentemente, hemos batallado por todos los mecenazgos privados posibles, sin mucho éxito hasta fechas muy recientes, que hemos tenido el apoyo de la Fundación del Banco BBVA y que, bueno, nos ponen muchas menos trabas en estos días que el propio Estado.
Eso es algo que le pedí a todo el Estado. ¿Qué le pedirías para poder, para que tus iniciativas tuvieran un sostén?
Yo creo que es fundamental, por un lado, el seguir sosteniendo lo que ya se tiene y que, por otra parte, se vayan abriendo las nuevas posibilidades de gestión desde los mecenazgos. Y también sostener la idea, finalmente, de que el propio FONCA fue creado en buena medida para que los artistas tuvieran una presencia importante, que fuera una discusión de pares, que fuera un deber ganar un sentido de excelencia también en el propio, en la propia conducción del FONCA, que es una institución que requiere transformaciones, adecuaciones y demás, pero ante todo, no centralización. Propiciar la creación, digamos, de microinstituciones que quienes se benefician de manera directa a la sociedad, a fin de cuentas, porque posibilitan micro poéticas, posibilitan la elevación del diálogo, contrapuntos, ideas diferentes del arte y de la cultura.
Pero tú puedes hacer una planeación a mediano plazo y a largo plazo si no tienes, digamos, un fondo, un fondo económico permanente. ¿Puedes hacerlo?
Ese es el problema de nuestras instituciones en las artes vivas. Pero el problema hoy día es que ni siquiera los museos del Estado, hablo de los museos porque es el ámbito del trabajo, ni siquiera los museos del Estado mexicano pueden hacer una planeación a mediano plazo porque nunca saben con qué recursos van a contar. Están imposibilitados de ser autosuficientes, de tener autogenerados. No tienen aliento a sus patronatos y hay una enorme desconfianza al patrocinio de corporaciones o de empresas. Esto realmente son circunstancias muy difíciles para los creadores. Para este andamiaje cultural construido con tanto esfuerzo durante décadas en México, está realmente sucediendo unas circunstancias muy difíciles. Te digo que es mi ídolo.
Lo hemos invitado aquí a la contraparte, que es Jesús Rodríguez Dávalos. Él es un patrono, es un filántropo, es un coleccionista, pero además es un filántropo. Nosotros estamos en el Patronato del MUAC, sino en otros, en otras fundaciones, en otros patronatos. Entonces, creo que no se ha escuchado la voz de las contrapartes, no se ha escuchado la voz de los mecenas, de los filántropos. Se piensa que hay un aura de vanidad por la cual ayudan y que quiero decir es que el filántropo son escenas, que quedan muchísimos recursos y hay otros que dan tiempo y hay otros que dan menores recursos. Y regresando, vamos a hablar con consulto para que nos platique porque él estaba metido en esta cosa de la quimioterapia.
[Música]
[Música]
Mucho. Entonces, y no es tú, que eres un coleccionista, filántropo, patrono, te quiero platicar antes de que hacerte la escuchar. Te quiero decirte qué cuán importante ha sido a los patronatos para los museos en este país. El primer patronato fue el del Museo de San Carlos en los años 70, cuando se crea este enorme sistema de museos con Don Miguel Alemán, que se lo encarga a su hijo, Don Miguel Alemán Velasco. Hasta la fecha, expresidente. Gracias a ese patronato se hicieron las salas temporales, se hizo el auditorio, se compró un terreno y se hizo un edificio. O sea, quiero decir que los patronos no nada más son un adorno, realmente sí aportan recursos importantes, gestiones importantes. A veces no es dinero, son gestiones importantes para lograr la misión y los objetivos de los museos. Yo tuve la suerte de tener un gran patronato en el MUNAL, en el proyecto MUNAL 2000, que trabajó con una fórmula muy interesante que no han comprendido a cabalidad, que puede ser posible, que es "matching fund" para todo el proyecto de renovación de MUNAL 2000. El Estado o el Conaculta pone una cantidad y el patronato pone la misma. Y es un programa de adquisición de obra paradigmático, editó catálogos razonados y a la fecha sostiene el programa editorial y el programa y el programa de exposiciones y la infraestructura del museo y, en fin. Hay patronatos que, bueno, de Antropología también es un patronato muy activo y, en fin.
Y tú, que estás en el patronato de [inaudible], porque estás en esto de la filantropía, porque estás en el patronato del MUAC, porque estás en otros, ¿cómo porque consideras que los individuos tienen que hacerse corresponsables, porque esa es la palabra, del mantenimiento de las instituciones culturales, incluso de esas instituciones de salud?
Gracias por la oportunidad. Tanto mi esposa como yo, desde hace muchos años, somos unos convencidos de que tenemos que regresar algo a la sociedad. Tenemos que trabajar con la sociedad y puedes trabajar desde el ámbito cultural, puedes apoyar proyectos de salud, proyectos culturales. Es más, la misma sociedad, la misma gente, también apoya sus iglesias, apoya toda una serie de organizaciones. Y yo creo que eso es parte del mismo ser humano que quiere regresar algo a la comunidad donde vive. Teniendo un país como el nuestro, una nación como la nuestra, donde tenemos una gama cultural, yo creo que somos de las pocas naciones en el mundo que tenemos arte, tenemos arquitectura, tenemos danza, tenemos música, etcétera. Yo creo que es parte también de nuestra propia cultura el tratar de seguir, de ayudar, de mantener todas las bellezas que tenemos en nuestro país. Hay algunos que tenemos la fortuna de poder trabajar con gente como tú, con tu equipo, con otras instituciones. Y como bien lo decías, no solo un tema económico, sino también un tema de tiempo, un tema de cómo apoyar a que se sigan trabajando en museos como el MUNAL. Estoy totalmente de acuerdo con lo que dice Lolita, hay un área ya de empresas de instituciones que obviamente están interesadas en apoyar, pero están interesadas en apoyar porque le sirve a su marca. Los consejeros, los dueños de las empresas, tienen una obligación fiduciaria con sus accionistas. Entonces, por más que le gustara un proyecto, no pueden llegar a decir: "Voy a financiar un proyecto, voy a apoyar esta institución o la otra". Tiene que haber una razón por la que la tienen que hacer. Y si tiene que haber un beneficio, y entre esos beneficios tiene que haber no solo un beneficio de marca, sino un beneficio fiscal.
Muchas veces, tú piensas, tú piensas en cuanto a beneficios fiscales. Tú piensas que actualmente se está alentando a esas contribuciones de la iniciativa privada, de los patronatos. ¿Se está alentando suficientemente en términos fiscales? Pensemos que, por ejemplo, en Gran Bretaña es una reducción del 100% si se da a salud, a la cultura. Tú piensas que en este país hay un aliento de tipo fiscal, porque puedes, este tipo de altruista porque quiero devolver a mi país, pero finalmente también debe haber un aliento de tipo fiscal. Tú piensas que está sucediendo esto en este país.
Y yo creo que ahí hay que dividir. Una parte es la parte del como persona física, que probablemente el 1% que tanto puedes apoyar. Digo, tenemos grandes museos en el país, que hay el Papalote, el Museo de que el Sr. Slim esté fundó la Fundación Jumex, pero lo que puede hacer una persona desde el punto de vista personal es muy pequeño a lo que podrían hacer grandes empresas y grandes instituciones. Ahí debemos las empresas, si no tienen un incentivo fiscal, va a ser muy difícil que puedan seguir apoyando todos los proyectos culturales y de otro tipo en nuestro país. Ellas no quieren ser mecenas, ellas son patrocinadoras. Los individuos son mecenas y las empresas patrocinadoras.
Es válido. Y patrocinarán a un equipo, a un equipo deportivo, a un este, un proyecto de danza o a un museo, pero ellos, si no tienen un beneficio fiscal, independientemente del de la marca o de que el proyecto va con lo que ellos hacen, va a ser muy difícil que puedan atraer esos dineros.
Lolita, ¿qué piensas? Porque hemos aprendido a profesionalizar estas fuentes alternativas, vamos a decir, de ingreso. Somos y vivimos en un país muy vertical, donde, en efecto, el Estado regula, lo cual es correcto, pero también provee. Bueno, el Estado proveedor que tiene una… la contraparte. Estamos aquí, estamos acostumbrados a recibir y no a contribuir. Y creo que aquí hay ejemplos muy claros que hemos escogido trincheras donde tenemos que contribuir con inteligencia, creatividad y buscar la manera de, porque nos queda claro que renunciar no es una opción. Entonces, no vamos a cerrar, no vamos a poner la llave abajo de la puerta. Y eso nos obliga también a profesionalizarnos en la obtención de fondos. No puedes llegar a una empresa diciendo: "Ay, dame, por qué tú dame". Eso ya no se puede. Llevo entonces esos. Yo creo que será parte, porción, y ha habido un enorme avance eso en México. Y nuestras instituciones ya tienen la capacidad de presentar proyectos perfectamente armados, inteligentes. Por supuesto que el brazo fiscal que debe venir desde el país, donde hubiera realmente una política que fomentara la participación privada a través de incentivos fiscales, es completamente insuficiente. Y creo que necesitamos trabajar urgentemente a ser conscientes de nuestras autoridades de esta necesidad.
Sigue, estoy de acuerdo. Nos hemos profesionalizado en procuración de fondos. Hay instituciones como la UNAM que tiene un departamento dedicado a desarrollo y otros muchos. Pero sí necesitamos este respaldo del Estado. Este respaldo que nos permita tener autonomía financiera a los museos, que den incentivos fiscales al mecenazgo, que haya un reconocimiento. Es un problema de actitud también. Tiene que haber un reconocimiento de la participación de los individuos y de alentarla. También es un problema de actitud. Y eso yo no lo estoy viendo.
Sí, bueno, este, dime, mi ídolo, lo que veo así. Tú crees que ese es un camino para ustedes contar con la participación de la sociedad civil organizada, o quisieras más, más contundencia de parte del Estado, más apoyo a tu programa. Porque una cosa es sostener exposiciones, instituciones y estas cosas, sostener a los creadores es muy diferente. Son casos totalmente necesarios. Y yo creo que por el lado de la sociedad civil, concretamente, digamos, de empresas, habría que distinguir entre patrocinio y mecenazgo. Absolutamente. Mientras yo creo que el patrocinio lleva de por medio, pues un interés de imagen, fijar que especial, como ya te lo creo yo que nos ocurre en las artes vivas, que si nuestra Compañía Nacional de Teatro no cuenta con patronos, imagínense las microinstituciones, las pequeñas compañías que por lo general también trabajan con contenidos digamos problematizadores para la imagen de una empresa. En los mecanismos, por ejemplo, de FIDEARTES, los estímulos fiscales del teatro, evidentemente una empresa quiere estar ligada a una figura que le proporciona una imagen, por lo general, digamos, ligada en buena medida a los sistemas amplios televisivos, fílmicos, etcétera. Y no se diga en términos de contenidos. Hay empresas que pasan, digamos, cuestionarios a las compañías sobre si tienen contenidos sexuales, contenidos de violencia, contenidos, digamos, de adicciones, etcétera. Y en un país con los problemas que tenemos, las artes vivas no van a hablar de eso, de eso se trata. Pues yo diría, no distinguir patrocinio y mecenazgo. Mecenazgo tiene que llevar de por medio, creo yo, la idea de que a fin de cuentas, en efecto, se hace una aportación a la sociedad a partir de un arte que va a reflexionar con calidad técnica, con calidad poética, y hablarle a sus ciudadanos para elevar su nivel de reflexión y de capacidad crítica, en última instancia. Entonces, debe llevar de por medio también la idea de que hay un valor invisible e intangible, en última instancia, y mucho más en las artes escénicas, donde no queda más que la memoria y la reflexión futura.
Tú piensas que FIDEARTES debía de tener alguna mejora.
Indudablemente, absolutamente. Estamos atorados también con FIDEARTES. Es un mecanismo muy complicado, no es suficiente. Los fondos que se obtienen son muy pocos. Y es también lo que fue una puntilla para muchas instituciones fue los etiquetados. Yo comprendo que sí había casos de corrupción, me constan, constantes, pero podían haberse solucionado de otra manera. Eso dejó en un estado de indefensión absoluta a muchos museos, sobre todo privados, en que vivían, que tienen patronatos, pero son patronos tóxicos, son patronatos de voluntarios, de gente que quiere la mejor y que vivían de gran parte de la posibilidad de trabajar a través de FIDEARTES. Y a muchos museos del interior de la república les dio la puntilla a través de él. Le dio la puntilla. Entonces, yo creo que será una ocasión de recapitular esa eliminación de cualquier aportación a la iniciativa privada o a los patronatos para situaciones de cultura. Yo considero que debería de revisarse.
Bueno, regresamos en un momento porque tuve un sueño que quiero compartir con ustedes.
[Música]
[Música]
De lo que estaba hablando David y Chucho, se estaba preguntando a Lolita por qué hay tan pocas fundaciones en México. A ver, platícanos tu reflexión.
Hay, de verdad, somos un país con muy pocas fundaciones dedicadas al fomento de la cultura en el sentido más amplio de la palabra, muy pocas. Y donde estén, las fundaciones que existen, para mí, una fundación modelo es la Fundación Harp en Oaxaca, pero que trabaja en Oaxaca con lineamientos muy claros, convocatorias muy claras. Pero esto, obviamente, está en Oaxaca. Si existieran fundaciones del Harp en todos los estados y en todo el país, creo que tendríamos otras dinámicas. ¿Por qué no hay más fundaciones? ¿Será por la falta de un marco fiscal interesante? Muchas empresas tienen fundaciones patito que realmente manejan un centavo y medio y no de las decisiones se manejan en el área de mercadotecnia. Lo dejo a la mesa porque creo que no nos va a dar tiempo de abordarlo, pero creo que esto habla de una gran inmadurez bárbara.
Ahorita, y bueno, yo quisiera compartir con ustedes esta dicho que nuestras instituciones culturales, nuestros museos, viven en un estado de pauperización tremendo. Hoy día, por ejemplo, los museos son incapaces de tener planes a largo plazo. No es suficiente la participación de la iniciativa privada y de corporaciones. Hay mucha desconfianza. No pueden tener autogenerados, en fin, en una situación muy difícil y merecida, les tendría que decir yo. Pero yo estoy en un sueño y a lo mejor eso nos abren una pauta de cómo pueden ser las cosas. Soñé que se hacía un proyecto fantástico cultural en el centro del país, en el centro de la capital. Este proyecto contemplaba la creación de un museo de la biodiversidad muy cercano al Museo de Historia Natural, de un gran pabellón de arte contemporáneo entre el Museo de Arte Moderno y el Museo Tamayo, una cineteca, una sala de conciertos como la Sala Neza, y otros recintos culturales. Proyecto fantástico que implicaba muchísimos millones de pesos, miles. Pero lo mejor de este sueño es que yo soñé que esa misma cantidad se aplicaba para la rehabilitación de los museos y de las de las instancias culturales del interior, de sus bodegas, de su mantenimiento, de sus colecciones, de su infraestructura. Y sobraba tanto dinero que alcanzaba para los museos de la ciudad, que también necesitan una buena manita. Y qué decir de las de las zonas arqueológicas. Creo que era tanto dinero que también les iba a dar de ciudad a chance de tener su manita de gato. Pero además, que sobraba para el mantenimiento a largo plazo. ¿Qué les parece mi sueño?
Yo creo que tienes un punto, sobre todo en lo que decías que no hay fundaciones. Y aplicar, pues son un ejemplo cómo ha crecido Oaxaca desde el punto de vista cultural y con el apoyo del maestro Toledo. Queréis ser la de descanso, es Oaxaca, es un ejemplo que hay que seguir. Pero lo que es cierto es que muchas veces lo que estamos viendo es que los dineros se vienen a la al DF y de todo el centro al centro. Y todo lo que está por dentro tiene una falta de así de patronazgo, de mecenazgos. Y también siento que bajo el esquema que tenemos hoy en día, donde el Estado está a cargo de una política cultural, tenemos como debe y como debe ser también, tenemos una serie de de faltas. Como tú dices, un tema que es importantísimo, no solo es construir nuevos museos, mantenimiento es el mantenimiento. Y eso creo que es donde el Estado debería de enfocarse, sobre todo con lo que es la rehabilitación de lo que existe y encontrar un modelo donde permitan los privados poder participar en en mantener lo que ya existe en el país.
Sí, de acuerdo. Me encanta tu sueño. Es muy provocativo. Es responsabilidad del Estado crear infraestructura, producto. Pero el Estado ha demostrado ser crónicamente incapaz de mantener esa infraestructura. Y ahí es donde debería de intervenir la iniciativa privada o modelos de autogestión. Es decir, que a partir del momento que se entrega una infraestructura, existen la posibilidad de mantenerlo con otras fuentes de financiamiento. Papalote es el ejemplo. Papalote así nace. En cada uno de los ejemplos que tienen los museos que dependen de Papalote, el Estado este puso la infraestructura, desde el terreno hasta la construcción, y este se mantiene la infraestructura en condiciones óptimas a través de los ingresos propios. Por así es el proceso de autonomía. Que fue primero, los museos holandeses se les entregan las colecciones saneadas, se les entregan los edificios perfectamente mantenidos y se les deja solos a los museos. Pero el Estado sigue ocupándose del mantenimiento de la infraestructura o ha encontrado otro modelo, como tú dices, pero no dejadas al garete, que es el pensar que el Estado es responsable del 100% del mantenimiento de toda la infraestructura que existe. No solamente los museos, es demente. No hay, no hay manera. Por eso es urgente que exista un fondo, obviamente, poder invertir en mantener lo que existe. En caso de daños graves, vimos los estragos del temblor, muchos fueron por falta, eran por falta de mantenimiento, absolutamente.
Sigue. Bueno, pues estamos en este camino. Andamos y yo tengo mucha esperanza de que esta serie de diálogos y de modelos que encontramos en ciertas instituciones como tú, que has logrado sostenerte, como Lolita, que es un modelo exitoso, como el [inaudible] que en la universidad nos ha permitido ser autogestivos, de tener patronatos, tener una sociedad de amigos, puedan replicarse y que nuestras instituciones puedan encontrar un mejor camino. Vale la pena, no lo merecemos. Ojalá así sea.
Bueno, muchísimas gracias, David, por estar aquí. Siendo hoy como has logrado y que la Fundación Bancomer te apoyó, es importante. Hablando de fundaciones, Lolita, muy enriquecedor también conocer el modelo Papalote, tu punto de vista acerca de los museos, de la posibilidad de ser autogestivos y de considerar la cultura una inversión. Mucho, gracias por ser un gran filántropo, por ser la contraparte de esta de esta aventura. Y esperamos tener muchas personas como tú, clonarlas, replicarlas y que estén nos acompañen en este camino que es fascinante y es un compromiso para todos nosotros. Todos ustedes, muchas gracias y esperemos el próximo programa.
[Música]