Transcription
[Música] [Aplausos]
Este no es un estanque, es un río que corre hacia el mar. Es un viento de una otra parte. Es el rey que acaba de [Música] entrar. Es un viento de alguna otra [Música] parte. Es la gloria de Su [Música] Majestad. Es un viento de alguno otra parte. Es un río que cor mar. Es la gloria de Su Majestad.
En Mateo 25, Jesús contó una parábola acerca de un hombre que salió de viaje a un lugar lejano. Era un magnate, era el dueño de una finca, aparentemente un multimillonario. Supongo que se fue en su yate a otro sitio. Y entonces confió a tres de sus gerentes o de sus empleados unos talentos, lo que tipificaba dinero. No sabemos cuánto, pero dinero. A uno, en lugar de dejar el dinero en una caja de seguridad o en la bóveda del banco, decidió repartirlo entre los tres gerentes, entre los tres empleados para que pudieran invertirlo y así, como se dice en la jerga de Wall Street, hacer trabajar el dinero, que el dinero se multiplique.
Pero se lo entrega a sus gerentes y dice la Biblia, dice el Señor, que este señor de la finca le dio al primero cinco talentos, le dio al segundo dos y al tercero le dio uno. Y luego regresa después de un tiempo. La Biblia no dice cuánto, pero regresa. Y cuando les pide qué hicieron con el dinero, cómo lo usaron de manera sabia, dos de ellos duplicaron su valor. El que recibió cinco dijo: "Mira, tú me diste cinco, los puse a trabajar estos talentos y ahora tengo 10". El que recibió el segundo, que recibió los dos, dijo: "Ahora tengo también el doble".
Pero el que recibió uno, la Biblia narra que él tuvo miedo, tuvo temor. Con el tercero, lo que hizo fue enterrar su talento. Y el dueño, el magnate, se enojó. Lo llamó mal siervo, lo llamó holgazán. Se enojó con él, le quitó el único talento que le había dado y lo echó en las tinieblas. Mateo 25:30: "En las tinieblas de afuera, allí será el lloro y el crujir de dientes".
Ahora, ¿por qué lo enterró? Esa fue siempre mi pregunta. ¿Por qué enterró el talento? Y no tanto por qué enterró el talento, sino por qué se enoja tanto el magnate. No perdió lo que le dio. Le dijo: "Acá está tal cual me lo diste. Acá está. Lo enterré, no lo hice trabajar, pero acá está". Él lo explica en Mateo 25:25. Dice el empleado o el gerente: "Mira, yo tuve miedo y fui y escondí tu dinero en la tierra". O sea, enterró su talento en tierra porque tuvo miedo.
Eso es lo que produce el temor: que enterremos los talentos en tierra. Y no hablo de la tierra del jardín de la casa, no hablo de la tierra del jardín de la puerta de casa, sino que Génesis 2:7 dice que Dios formó al hombre del polvo de la Tierra. Así que nosotros somos la Tierra. Y hay gente que entierra su talento, sus capacidades, en lo más profundo de sí mismo, en lo más profundo de su interior, porque tiene miedo al fracaso, miedo a lo desconocido, miedo a las críticas, miedo al trabajo duro, etcétera, etcétera, etcétera. Y entierra su talento que le vino de nacimiento en la tierra, muy dentro de su ser.
Creo que el lugar más triste que podemos tener los seres humanos es el cementerio. Y no necesariamente por la gente que está allí ya siendo muerta, sino por lo que está enterrado dentro de esas personas: libros que nunca se escribieron, canciones que nunca se compusieron, inventos que nunca llegaron a ver la luz. Tanto potencial que se fue a la eternidad con ellos y que nunca se llegó a concretar. El cementerio no solo está lleno de gente muerta, sino de sueños muertos, de visiones muertas, de gente que le tuvo miedo a la crítica, miedo a sufrir, miedo al rechazo, miedo a las dificultades económicas y no emprendió, no habló, no tuvo al hombre o a la mujer de sus sueños nunca en sus brazos, no tuvo esa compañía. No por falta de capacidad o falta de dinero, sino por temor a aventurarse a lo desconocido.
Hombres y mujeres de Dios que pudieron haber marcado la historia, pero el miedo a la crítica feroz, el miedo al fracaso, los enterró muertos en vida, muchos antes del certificado de defunción. Y cuando voy a la parábola de Jesús, yo veo que no es una legítima razón, porque el amo, el amo de la parábola, no se muestra comprensivo con el siervo que enterró el talento. No le dice: "Es que fui un vago". Le dice: "Tuve miedo y entonces lo enterré". Porque tú ciegas cosechas de donde no sembraste, y yo tuve miedo y lo enterré". No le dijo: "Ay, pobre, te metí bajo mucha presión, dame un abracito, papi". En serio, tuvo miedo. "Ah, chiquito". No le dijo eso.
Lo reprendió severamente y le dijo: "Siervo holgazán". Ahora, mi pregunta es: ¿por qué le dice holgazán si no perdió lo que le dio? En todo caso, no fue tan malo, lo enterró, lo guardó. Es que optó por la salida más fácil: enterrar el talento, quedarse en casa y relajarse.
Cuando esta es la verdad que el Señor quiere que les diga, iglesia amada: tu talento, tu capacidad, no te pertenece. No es tuya. No es tuya. ¿Pueden entender esto? ¿Soy claro? Lo que digo: no es nuestro. Nada de lo que sabemos hacer es tuyo. Si eres carpintero, o eres ingeniero, o sabes vender casas, o eres realtor, o te dedicas a pintar o a colocar tapetes o alfombras, eso no te pertenece. Todos los talentos, los innatos y los que aprendiste, no te pertenecen, sino que le pertenecen a Dios. Y te los confió para que los multipliques. Y algún día tendrás que rendirle cuenta. ¿Qué has hecho con su inversión en ti? Vas a tener que dar cuenta.
Si nos cae la moneda de esto, nos cambia la forma de ver la vida. Porque uno piensa: "Bueno, al fin y al cabo, si no quiero hacerlo, yo estoy pidiéndole pruebas a Dios". Dios te dio un talento y lo tienes que utilizar. Hay cosas que nacieron conmigo. Alguna vez les prediqué, están en mi ADN, supongo que de mi abuelo materno, el inglés o el alemán de papá. Y esos estaban en mi ADN. Y hubo un momento donde, como dijo la vieja, me destapé y se activaron esos talentos. No me pertenecen, no son míos, no los puedo guardar, no los puedo, no puedo darme el lujo de no multiplicarlos. No puedo decir: "Hoy no tengo ganas de servir a Dios". Porque mis talentos, mi salud, mi respiración, hoy en día no me pertenecen. Estoy prestado. Estoy prestado en esta vida. Y todo lo que tengo y todo lo que tienes le pertenece al Señor. ¿Estamos hasta ahí?
Entonces, tú no decides cuándo servir o cuándo no servir. "Es que no siento". Dios le prometió a Josué: "Todos los lugares que pisaron en la planta de tus pies, le prometió prosperar donde quiera que fuese". Pero había solamente un requisito. Solamente, literalmente la palabra "solamente" aparece allí en Josué 1:7: "Solamente esfuérzate y sé valiente". Todas las promesas, el destino, las victorias dependían de que Josué estuviese dispuesto a vencer su miedo. Si no, la promesa de que "todo lugar que pise la planta de tu pie será tuyo", "todo lugar que toque en tus manos será tuyo", todo eso se anula, se bloquea, porque él no puede vencer los miedos.
Si no enfrentas tu miedo, no vas a poder avanzar. De allí es que se desprende no solo el cementerio del miedo, sino lo que yo llamo el veneno de la incredulidad. Porque Satanás sabe que si logra inyectar incredulidad en nuestros espíritus, podrá robarnos todos los planes que Dios tiene para nosotros. Creo que el primer problema es el miedo. Y el segundo, sin duda, es la incredulidad. Por esa razón, la incredulidad es un enemigo mortal del plan de Dios. Porque Jesús reprendió a sus discípulos por ser incrédulos, mucho más que por cualquier otra cosa.
Y la razón por la cual la incredulidad es tan peligrosa como el miedo, como el temor, es que abre el portal, abre la puerta hacia nuevos pecados, hacia otras equivocaciones. Cuando uno tiene miedo, se vuelve incrédulo. Y cuando uno se vuelve incrédulo, abre la puerta a otros pecados. En Marcos 9:24, un hombre le dijo a Jesús: "Yo sí creo, pero ayúdame a que venza mi incredulidad". En otra versión dice: "Sí creo, creo, pero ayúdame en mi incredulidad". O sea, fíjate que no le pidió más fe a Jesús. Dijo: "Yo creo, yo sí creo". Él no reconocía que su problema no estaba en que tenía poca fe, sino que le sobraba incredulidad. No es que le faltaba fe, tenía incredulidad.
Una vez en Buenos Aires, por primera vez compré un automóvil que decía en su tanque de gasolina: "Use diesel solamente, solamente diesel". No podía ponerle la gasolina regular, tenía que ser diesel, como suelen utilizar varios de los camiones y transportes públicos. Y el problema es que ese auto no funciona para un tipo como yo, porque yo hago las cosas de manera automática, como todo hombre. No me miren así, porque ustedes hacen lo mismo. Como todo hombre, a mí me cambian el inodoro de lugar y no sé lo que podría hacer.
Así que paré en una gasolinera y ocurrió lo que ustedes están pensando. Le puse gasolina regular, lo llené, cerré el auto, cerré la tapita y salí. Habré hecho un metro. Si nunca lo hicieron, un metro lo que se mueve el auto. Hizo: "pasó". ¿Qué pasó? Y ahí me di cuenta que le eché una sustancia química para la cual no funciona en ese diseño de auto. Eso es lo que produce la incredulidad. Cuando ya estás en Cristo, él inyecta incredulidad en nuestros espíritus porque sabe que te paraliza en la vida.
Cuando aceptas a Cristo, en tu tanque dice: "Use fe solamente, solamente fe". Y cuando te paras apurado y le metes, así, un poco de incredulidad, lo que hace es... y se para toda. Y toda tu vida, que es un engranaje que funciona, "use solamente con fe", se paraliza. No porque dejaste de tener a Cristo, sino porque le pusiste una sustancia que anula la capacidad de continuar. ¿Me están siguiendo? ¿Sí o no? "Use fe solamente". No puedes usar duda, no puedes usar la palabra "imposible", no puedes usar la palabra "ay, Dios quiera".
Porque, porque eso a veces suena como espiritual. "Hasta mañana, si Dios quiere". Eso hacía mi mamá. No era que le estaba dejando la soberanía de Dios, es que quería poner lástima y victimizarse. "Ay, digo, ¿por qué? Si Dios quiere". Mamá, porque amanezco muerta, decía. Entonces, sabe Dios. Hay gente que siempre mete a Dios así. Uno dice: "¿Qué espiritual?". No, es incrédula. Ni siquiera tiene fe de que se va a despertar la desgraciada. Por eso te dice: "Si Dios quiere". Qué bronca me da cuando me dice: "Ay, si Dios quiere". Si Dios quiere, hay cosas que Dios quiere, ya están en la Biblia. Y Dios las quiere, ¿sí o no? Dios las quiere.
Entonces, yo a veces oro por personas y le digo: "Dios te va a bendecir, Dios te va a abrir puertas". "Ay, esperemos, si Dios quiere". No está inyectándole gasolina regular en un algo que dice "use diesel solamente". "Use solamente fe". Eso es lo que te detiene. Ese es el miedo que no es legítimo, que hace que no estés usando lo que Dios te dio, tus talentos.
Un hombre, dice la Biblia en Mateo 17:14, estaba poseído por demonios. Tenía un hijo poseído, perdón, un hijo poseído por demonios. Y le pidió ayuda a los discípulos de Jesús, pero ellos no pudieron echar a los demonios. Le oraron, los exorcizaron, les reprendieron, y los animalitos no salían de adentro. Y sea endemoniado, vino Jesús. Y dice: "¡Oh, generación incrédula! A los discípulos los retó: "Manga de incrédulos, ¿hasta cuándo voy a estar con ustedes?". Y le dijo al espíritu: "¡Fuera!". Y se fue. Hizo un trámite. Le preguntas por qué no lo pudimos echar. Porque ellos querían aprender. No, por qué no lo pudimos echar. Y Jesús responde de una manera sencilla, puntual, directa. A ver si se acuerdan: "Vuestra poca fe". Por vuestra poca fe. Estoy seguro que los discípulos: "Demonio, si Dios quiere, sal". Por favor. Digo, porque dijo: "Por vuestra poca fe".
Pero esta simpleza y claridad de esta afirmación se empaña después, porque es como que aparece una frase confusa de Jesús, no de Jesús, sino que se presta confusión a los académicos, a los teólogos. Porque después Jesús dice: "Este género yo digo que no sale sino con oración y ayuno". Cuando les dice: "Este género no sale sino con oración y ayuno", les está hablando a los discípulos. No está hablando al demonio. El género de ustedes, la incredulidad, no se va si no ayunan y oran.
De allí es que aprendemos un principio: uno no ora ni ayuna para amontonar crédito en el banco de los cielos y que Dios esté obligado a contestar. "Señor, oré 40 años por una novia. Señor, oré 50 horas para que me den el crédito. ¿Qué pasó?". No es la cantidad de oración lo que mueve la mano de Dios. Es tu dependencia, es la fe, lo que mueve la mano de Dios. Y entonces, ¿para qué es la cantidad de oración? Para quitar toda la incredulidad que metiste en el tanque durante tantos años. Una vez que quites toda incredulidad, no son nuestros ruegos los que obligan a hacer algo a Dios. No son las horas que acumulamos, sino se va incredulidad y no hay nada imposible para Dios. ¿Cuántos lo creen? Díganme amén.
Ahora, miren, vamos a razonar juntos. La Biblia dice que si tuvieres fe como un grano de mostaza, dirías a ese sicómoro, es un árbol, o a ese monte: "Quítate", y el monte se moverá. Si tuvieras fe como un grano de mostaza. ¿Se acuerdan? Nunca lo cantamos. Ese tenemos que cantarlo. Eso lo dijo el Señor. Diría: "Muévete", y el monte obedecería o el ficus se desarraigaría. Ustedes dicen: "Bueno, entonces necesito una fe así". Pero a la vez, la Biblia dice que todos recibieron su medida de fe. O sea, Dios no te va a dar menos que un grano de mostaza. Si todos recibieron su medida de fe, todos tenemos fe mínimamente como qué, como un grano de mostaza. Y con un grano de mostaza, ¿qué se mueve? Montañas, falta de trabajo, enfermedades, suegra, todo. Todo se mueve con un grano de mostaza.
Si no se mueve, ¿qué pasó? ¿Me falta fe? No, no estás usando la fe. O mejor dicho, esa fe fue bloqueada, fue anulada, porque te levantas a la mañana y le echas un chorro de incredulidad en el tanque. Ustedes dicen: "¿Y cómo le echo un chorro de incredulidad?". Le echas incredulidad con palabras. Somos de hablar negativamente, de decir: "No sé, ese si Dios quiere". Es negatividad disfrazada de reverencia, de religiosidad. Porque una cosa es: "Sí, si Dios quiere, voy a ser bendecido". Otra es: "Hay que ver si Dios quiere". "No sé".
Yo creo que Dios mira y dice: "No, para qué te voy a dejar respirar, hijito. Entra en el gozo de tu Señor. Ven, ven, ven". Y un ángel: "Señor, ya es la hora". "No, pero está usando oxígeno". Y lo que trato de decir es que nuestra negatividad es lo que pone en el tanque algo que bloquea la fe y es lo que no nos permite, de pronto, que el Señor pueda cumplir el propósito de nuestra vida. El orar, el ayunar, es necesario y útil para obtener la victoria sobre nuestra propia naturaleza humana, nuestra propia obstinada naturaleza humana, para que el propósito pueda fluir.
Recuerden ustedes que en Mateo 9:25, cuando muere la hija de Jairo, Jesús tuvo que hacer salir a todos los que estaban en la habitación para resucitarla. Yo hubiese hecho ahí el milagro. El Señor los sacó a todos afuera, porque si había mucha gasolina incorrecta, anulaba la fe de los que sí estaban creyendo. De Jairo, que sí estaba creyendo. Y lo saca afuera, porque un incrédulo puede detener toda la obra de Dios. Porque cuando le echamos gasolina, me dijo el mecánico: "Te voy a contar cómo funciona esto. Si dice 'diesel solamente', aunque le metas una gotita de gasolina regular, la friegas". Le dije: "¿Perdón? ¿Que llene el tanque?". Me dice: "Que lo llene, que no lo llene, da lo mismo". Le hubiese hecho: "Ay, qué dice". "Ya lo arruinaste".
Una palabra, un espíritu de incredulidad hace que el Señor no pueda hacer el milagro, aunque Jesús lo quiera hacer. Miren, los inversores suelen diversificar las inversiones, porque si un emprendimiento no funciona, tienen algo por otro lado. Esto, en términos de finanzas y de negocios, de business, es necesario, vital. De hecho, se los aconsejo. Si tienen negocio, no diversifiquen las inversiones. No apuesten todo a una sola cosa. Siempre tengan un plan B, porque si este negocio no funciona, está el otro. Eso se estila mucho en términos de negocio. Suele decirse una frase muy común: "No pongas todos los huevos en una misma canasta". No pongas tus recursos en una sola inversión, porque si se te rompe una de tus canastas, si es la única que tienes, pierdes todos los huevos.
Ahora, si te guardas alguno de tus huevos, es porque no tienes 100% de confianza en la canasta que los va a contener. ¿Me siguen hasta ahí? ¿Sí o no? Entonces, dicen en términos de negocio: "No pongas los huevos en una sola canasta". Puedes que tengas un 50% de confianza en Dios, o puedes que tengas un 99% de confianza. Metes un poquitito de la gasolina incorrecta y ya estás desconfiando del Señor y guardándote algunos huevos para ti. Y Dios nunca, nunca te va a bendecir en plenitud si no confías 100% en él. Esa pequeña incredulidad: "Me guardo algo por si esto que Dios me está mandando no resulta", es lo que te va a hacer fracasar.
¿En qué momento sabes que te libraste de toda incredulidad? Cuando pones todos los huevos en la canasta de Dios. ¿Estoy siendo claro? Cuando pones los huevos y la canasta me está mirando medio raro. ¿Cómo sabes que se te fue la incredulidad? Cuando cada cosa que Dios te pida, pones todos los huevos en la canasta de Dios, la única. Cuando te estás guardando algo por si sale mal, en las cosas de Dios no funcionan como los negocios. Santiago dice: "El hombre de doble ánimo es inconstante en todos sus caminos". Nunca Dios te va a bendecir si tienes un pie adentro y otro pie afuera. Dios no bendice a los que tienen un plan de contingencia.
Si tienes que reguardar tus apuestas, a los que guardan algunos huevos por si acaso. Dios le dijo al Señor, el Señor le dijo, perdón, a Pedro: "Deja las redes y sígueme". No veo allí algo como: "Bueno, un par de baldecitos de pescado podría no, por si me falla la multiplicación. Deja las redes y una bolsita, sí, te puedes traer". "Deja todo y sígueme". "Aquel que pone la mano en el arado y mira hacia atrás, no es digno de ser mi discípulo". ¿Qué significa servir a Dios? Creerle a Dios, todo, todo, todo. No importa que tengas miedo. No es una causa legítima para dudar.
Dios no te bendecirá ni te dirá: "Ay, siervo, tuviste miedo". Recuerden lo que les dijo: "Siervo holgazán". Dios dice: "Tienes que poner todos los huevos en mi canasta". ¿Y qué pasa si sale mal? Tendrás que confiar. Tendrás que confiar. Oigan, Ananías y Zafira cayeron fulminados ante el Señor, muertos por engañar al Espíritu Santo, cuando estaban dando una gran ofrenda para... Los que no conocen la historia, vendieron, se los voy a poner así, vendieron una propiedad en, eh, un millón de dólares. Y dijeron: "¿Por qué no los llevamos a la iglesia?". Los discípulos decían: "Que traigan las pertenencias para que con el dinero poder extender el evangelio". Nadie le estaba pidiendo una ofrenda. Nadie les dijo: "Vendan su casa". Nadie les dijo: "Traigan eso aquí". Nadie se los pidió. Y ellos dijeron: "Llevemos una ofrenda". Y ellos dijeron: "Okay, vamos a llevar la ofrenda". Hablaron entre ellos y creo que tal vez fue la mujer o él que le dijo: "Un millón de dólares es mucho. Vamos a dar $500,000, es una gran ofrenda, y $500,000 nos las quedamos para nosotros. ¿Qué te parece?". Ah, está bien. Todavía estaban haciendo correctamente. Nadie les pedía la mitad. Nadie les dijo: "Den un 10%". No les pedía ni el diezmo, nada. Podían haberse quedado con el 100% y hubiesen envejecido felices. Ellos dijeron: "Demos la mitad". Y trajeron la mitad. Hasta ahí iba a ser una gran bendición. Dios iba a multiplicar esa mitad. Pero cuando le pregunta Pedro: "¿De qué se trata ese dinero?". Ellos dicen: "Es el total de la propiedad". Tenían la mitad de los huevos en otra canasta, pero la mitad de los huevos le quieren hacer creer a Dios que están confiando completamente en él. Así que cayeron muertos, primero uno y después el otro.
Siempre hay muertes involucradas cuando pones los huevos en otra canasta. Es serio esto de la incredulidad. Por eso el Señor se enojó tanto cuando lo despiertan en la barca. Le dice: "¡Oh, hombres de poca fe! ¿Por qué dudaron?". Me vieron sanar gente, me vieron resucitar muertos. ¿Por qué no me dejaron dormir en la proa y dijeron: "Viento, ¡quiétate en el nombre de Jesús!"? ¿Por qué no lo hicieron? ¿Por qué me llaman a mí? Me dicen: "¿No ves que perecemos?". No duden. Al Señor le molesta la incredulidad. "¿Por qué no me crees? ¿Por qué no me crees? ¿Por qué no me crees?". "Es que tuve miedo y enterré mi talento". ¡Holgazán! No entierres lo que yo te di. No es tuyo.
Cuando sepas que no es tuyo lo que tienes, cuando sepas que tu ser, cuando le apuestas todo al Señor, tu compromiso sea total, 100%, y no haya posibilidad de regresar, tu nivel de efectividad va a ser tan fuerte como nunca antes lo habías conocido. Pero tienes que quemar las naves. Alguien tiene que oír esto esta mañana. Alguien necesita quemar las naves. Alguien necesita... no sé si fue Cortés, Hernán Cortés, otros se lo atribuyen a Alejandro Magno, pero dicen que uno de estos capitanes o conquistadores estaba con sus hombres en la orilla para pelear contra los enemigos. Y ellos decían: "Bueno, vamos a atacar por aquí, por este flanco, por este otro lugar. Y si vemos que son más que nosotros, este es el sitio por donde vamos a regresar, subir a los barcos y nos regresaremos". Y ese plan B le molestó tanto a su capitán, porque quien está pensando en que si sale mal, me escapo por acá, lo más probable es que se va a escapar. Y entonces ordenó quemar las naves. "¡Quemen los barcos!". Cuando ordenó quemar sus naves, les dijo: "Ven, ya no hay manera de regresar a casa. Ahora hay que ganar o morir. No hay cobardía. El regreso a casa ya no es una opción".
Dios me dice que te diga, él me hace sentir fuertemente que alguien necesita quemar los barcos. Ya no puedes volver atrás. Tienes que quemar los puentes y mirar hacia delante. Damas y caballeros, River Church, el pasado no es tu jurisdicción. El pasado ya no te pertenece. Quema los puentes hacia atrás. Estate dispuesto a no regresar. Lo que trato de decir es que alguien aquí necesita quemar sus naves, no solo con el exesposo golpeador, sino con familiares, con hermanos, con iglesias que dejaste, con empresas que ya sepultaste, con aquellas cosas que no pudieron hacer, esas relaciones que fracasaron. Dios dice: "Déjalas", porque cada mañana que pones ese veneno en tu G, en tu tanque, tu proyecto de vida se detiene, tu visión se estanca y no puedes avanzar. Y el propósito de Dios no se cumple, porque siempre estás pensando en cómo escaparte.
Y Dios, cuando te llama, les diré esto para que nunca se lo olviden: el llamado de Dios es como la mafia. ¿Recuerdan a Vito Corleone en "El Padrino", la genial trilogía de Francis Ford Coppola? Esto como la mafia. Una vez que entras, no puedes salir de aquí. No sales. Dios se empecina con tu vida y no te deja hasta que no haya cumplido su propósito en ti. Aleluya. Aleluya.
Es un viento de alguna otra parte. Es un río que coras mar. Es la gloria de Su Majestad.