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DIAS que ESTREMECIERON AL MUNDO ( tutankamon y la piedra roseta)

Genes202050:23

Transcription

Las enigmáticas ruinas de Egipto han sido siempre motivo de fascinación. En la aventura que condujo a la comprensión de esta antigua civilización, destacan dos fechas fundamentales: el descubrimiento de la tumba de Tutankamón y el desciframiento de la Piedra de Rosetta. Dos días que redujeron los milenios a un suspiro y desentrañaron los misterios de la vida del antiguo Egipto.

Esta es una reconstrucción dramática de los hechos tal como sucedieron aquellos días.

Estamos en 1922. Gandhi es encarcelado por protestar por el dominio británico de la India. Benito Mussolini alcanza el poder, siendo el primer dictador fascista de Europa. La Unión Soviética es ya el primer país comunista de la historia y, en Egipto, Howard Carter está a punto de hacer el mayor descubrimiento arqueológico de todos los tiempos.

El Valle de los Reyes.

El antiguo cementerio de los faraones de Egipto.

Va a comenzar otro día de trabajo en la última excavación arqueológica de este soleado valle, situado a 9 km de Luxor. Hace 3000 años se momificaba a los faraones del antiguo Egipto y se les enterraba aquí, en tumbas guarnecidas con todas las riquezas y el lujo que necesitaban para la otra vida.

Muchos han venido hasta aquí en busca de los tesoros de los faraones. De hecho, hasta hoy no se ha encontrado intacta ni una sola tumba. Sin embargo, un inglés llamado Carter viene todos los días a excavar en el Valle de los Reyes.

Howard Carter lleva siete años excavando en el valle. Es muy probable que este sea el último. Carter no ha encontrado más que algunas vasijas rotas. Para justificar sus investigaciones, la persona que las financia le ha dicho que no piensa costear más excavaciones. Para el arqueólogo autodidacta, es la última oportunidad de demostrar que hay tumbas que descubrir en el Valle de los Reyes.

El caballero que financiaba las excavaciones de Carter se levanta temprano.

George Herbert, quinto conde de Carnarvon, se interesó por la egiptología tras un grave accidente automovilístico. Mientras se recuperaba en Luxor, se dedicó a buscar antigüedades enterradas y contrató los servicios arqueológicos de Carter.

Después de gastar 35 mil libras excavando en el Valle de los Reyes, empezaba a estar harto. Pero tres semanas atrás, había recibido un emocionado telegrama de Carter.

"Por fin he descubierto algo grande en el valle. Una tumba fastuosa con los sellos intactos."

"Lo prepararé todo para su llegada. ¡Enhorabuena, Carter!"

Lord Carnarvon llegó a Luxor hace dos días, impaciente por ver el motivo del entusiasmo de Carter. Pero hoy, Carter se da cuenta de que podría haberse precipitado.

Empezó a trabajar el 1 de noviembre. Al cabo de tres días, los trabajadores encontraron la parte superior de una escalera hundida que parecía la entrada de una tumba. Carter se apresuró a telegrafiar a Lord Carnarvon. Pero la continuación de las excavaciones reveló que la entrada podría ser otra cosa.

"Me desconcertaba que fuera una entrada más pequeña que la de otras tumbas reales del valle. Su diseño correspondía sin duda a la Decimoctava Dinastía. ¿Sería la tumba de un noble enterrado allí con permiso real, o un almacén de objetos reales? No había forma de saberlo."

Apremiado por la inminente llegada de Lord Carnarvon, Carter está decidido a saber qué hay al final de la galería. Carter llega a la excavación y comprueba con Reis Ahmed los progresos realizados.

"Buenos días, Reis. ¿Qué tal va todo?"

"Las cosas se han complicado. Entre los escombros de la galería se han encontrado fragmentos con los nombres de cuatro faraones."

Eran datos contradictorios que nos inducían a creer que se trataba de un depósito real. Pero los indicios sugerían que había podido abrirse y utilizarse más de una vez. La tumba intacta que prometió a Lord Carnarvon no parece una tumba y dista de estar intacta.

La hija de Lord Carnarvon se reúne con su padre para desayunar.

"¿Qué plan tenemos hoy?"

A Lady Evelyn no le interesa la arqueología, pero a causa de la frágil salud de su padre, ha querido estar con él. Una mezcla de curiosidad y espíritu deportivo llevó a Lord Carnarvon a Luxor. Carter ya había dado la alarma a otras veces.

Ya en 1898, el joven Carter encontró una galería que tomó por la entrada de una tumba. Pero después de dos años de excavaciones, vieron que llevaba a una sala vacía. ¿Había descubierto Carter, por fin, una cámara funeraria intacta, o volvería a hacer el ridículo?

Hace siete años que Carter excava en busca de una tumba concreta: la de un faraón poco conocido de la Decimoctava Dinastía llamado Tutankamón. No necesita ser discreto. Los conocimientos arqueológicos de la época sostienen que esa tumba ya se conoce. Hace 13 años, en 1909, se identificó una cámara funeraria saqueada con el lugar de reposo definitivo del misterioso y joven faraón.

Pero las pruebas no convencieron a Carter. Basándose en los fragmentos que llevan el nombre del faraón y que él mismo había descubierto, está convencido de que la verdadera tumba de Tutankamón no se ha encontrado todavía. ¿Conducirán a ella estos 16 peldaños de piedra?

"Va todo bien. Comenzamos."

Carter está preocupado. La galería es más pequeña que las entradas de las demás tumbas reales. Lejos de encontrarse ante una tumba intacta, podría estar ante una decepción terrible.

Carter. Lord Carnarvon.

Lord Carnarvon llega a la excavación a la hora de comer.

"Hola."

"Hola, John."

Carter le pone al corriente de los progresos en la galería. No le habla de sus temores.

"Si resulta que solo es un depósito saqueado, Carter quedará en ridículo ante Lord Carnarvon y, además, será su fin profesionalmente."

Mientras sube la temperatura en el valle, prosiguen lentamente las excavaciones.

Lord Carnarvon ya está acostumbrado y sabe que hace falta mucha paciencia, una virtud que Howard Carter está perdiendo a velocidad creciente.

Poco después de las 2, Reis Ahmed llama a Carter para que vaya a la galería.

"Con esta carta, llamaré a Albert. Están más allá del maestro."

Los trabajadores han encontrado otra puerta tapiada. ¿Qué habrá detrás? Es una entrada tan vulgar que Carter sigue pensando que no ha encontrado una tumba real. Y cree que cuando crucen aquella puerta, encontrarán el interior saqueado.

Carter se prepara para afrontar la verdad. Lord Carnarvon y Lady Evelyn bajan con Carter hasta la puerta tapiada.

"Hola."

Una nota.

Tras hacer un pequeño agujero en la parte superior, Carter acerca una vela para asegurarse de que el aire de dentro sea respirable. Y luego mira por el agujero. Lord Carnarvon, incapaz de soportar la tensión, preguntó con nerviosismo.

"¿Ve algo?"

"Lo único que se me ocurrió decir fue que vi cosas maravillosas."

Estas tres palabras se convertirían en las más célebres de la historia de la arqueología. Tres palabras que hacían poca justicia a lo que acababa de descubrir.

Derribada la puerta, Carter, Lord Carnarvon y Lady Evelyn entran por fin en la cámara. Lo que ven supera toda fantasía.

"Estábamos completamente atónitos y presos de las emociones más contradictorias. ¿Era una tumba o un simple almacén?"

La sala está abarrotada de mobiliario funerario y objetos rituales asombrosos. Tibores, tronos, carros de guerra... todo lo que un rey necesitaría para vivir espléndidamente en el más allá. Y más que suficiente para que Carter crea que ha encontrado la tumba del joven faraón Tutankamón.

Para Lord Carnarvon, es la cueva de Aladino que esperaba desde hace mucho. "Con todo lo que hay aquí, llenaríamos una planta entera del Museo Británico." Pero Carter sabe que si es la tumba de Tutankamón, falta una pieza clave. No ve ningún sarcófago, ninguna momia.

"Poco a poco lo fuimos entendiendo. Aquello no era más que el preámbulo del descubrimiento. Estábamos en una simple antesala."

En la pared del fondo, entre dos figuras que parecen vivas, Carter encuentra otra puerta tapiada. Tras aquella puerta encontraríamos al faraón yacente.

Un año después, al publicar su versión de los hechos, Carter dirá: "Resistimos la tentación de seguir explorando. Salimos de la tumba, la cerramos, abandonamos el valle y nos fuimos a casa extrañamente tranquilos."

"Carter, vamos a beber algo."

"¡Bonnet!"

Pero la historia no acaba aquí.

"¡Por Tutankamón! ¡Por Tutankamón! ¡Con Tutankamón!"

Celebran el descubrimiento en el domicilio de Carter. El whisky es uno de los pocos lujos que se permite Carter y nunca falta en su casa. Carter lo llamará más tarde "el día crucial". A pesar de las cosas maravillosas que ha visto, Carter sigue inquieto. Si es la tumba de Tutankamón, ¿por qué la cámara es tan pequeña? ¿Y si detrás de la siguiente puerta no encontraban el sarcófago del faraón?

Lord Carnarvon no necesita que le den ánimos. Howard Carter toma entonces una de las decisiones más arriesgadas de su vida. Ya que infringe las estrictas normas que han regido su actividad arqueológica y va en descrédito de su buena reputación profesional. Es una decisión que debe mantenerse en secreto.

Tres meses después, el día de la apertura oficial de la tumba, Lady Evelyn contará la verdad sobre lo ocurrido.

"Es algo que no creí que contaría nunca y que no debería hacerse público, al menos ahora. He aquí el secreto: yo estuve en la segunda cámara después del descubrimiento. No pudimos resistir la tentación. Practicamos un pequeño agujero y nos colamos por él."

Carter, Lord Carnarvon y Lady Evelyn vuelven al Valle de los Reyes. En la base del muro, entre las estatuas de los dos centinelas negros, practican una pequeña abertura. Al cruzar el agujero, Carter encuentra por fin lo que ha estado buscando.

Un gran sarcófago de oro con el faraón momificado en su interior. El lugar de reposo de Tutankamón, intacto desde hace tres mil doscientos cuarenta y cinco años.

Al volver a la antecámara, taparon el agujero de la pared. Pero durante esta visita clandestina, se llevaron algunos objetos. Durante unos días, se ven en la casa de Carter un frasco de ungüento y una figurilla ritual. No se sabe si se los llevó como recuerdo o para comprobar la autenticidad de la tumba. Luego se catalogaron debidamente.

El resto del mundo tendrá que esperar tres meses para ver el sarcófago de Tutankamón, hasta que Carter, con el permiso de las autoridades, abra la cámara funeraria. Carter tardará casi diez años en inventariar y trasladar el contenido de la tumba. Lord Carnarvon no verá terminado el trabajo. Antes de cinco meses, morirá a causa de una intoxicación, dando pie a la leyenda sobre la maldición de Tutankamón.

Trasladado a El Cairo, donde permanece hasta nuestros días, el fabuloso contenido de la tumba acabó inmortalizando a un faraón que llevaba olvidado mucho tiempo. Quien por casualidad conociera su nombre cien años antes, jamás lo habría sospechado.

Estamos en 1822. El volcán Galunggung entra en erupción y mata a 4000 personas. Brasil se independiza de Portugal. Mary Anning descubre el primer fósil de dinosaurio y, en París, hay un hombre a punto de descifrar el antiguo idioma de Egipto.

París, calle Massarin, número 28.

Y Jean-François Champollion ha pasado la mañana trabajando en su estudio. Llegó a París sin un céntimo hace año y medio. Republicano ferviente, fue expulsado de la Universidad de Grenoble, pero consiguió esquivar un juicio por traición por participar en un levantamiento contra la corona. Ha dejado a su esposa y ha huido a París, donde se ha dedicado sin descanso a la conquista de su objetivo: la interpretación del idioma del antiguo Egipto.

No es un pionero en esta aventura. Los jeroglíficos que adornan los templos y pirámides de Egipto han desconcertado a los mejores cerebros de la época. Cubiertas de pictogramas que nadie entiende, las ruinas egipcias no son más que montones de escombros misteriosos. El desconocimiento de esta escritura impide acceder a la información más elemental sobre el Egipto antiguo. Y Jean-François Champollion está a punto de descifrarlo.

Jean-François Champollion siempre ha creído en la posibilidad de leer la antigua escritura egipcia. Y por fin ha encontrado lo que busca. Desde hace 20 años, no solo ha demostrado su teoría, sino que tiene la clave que desentrañará los misterios del antiguo Egipto. Solo puede contárselo a una persona: a su hermano, que es subsecretario del Institut de France.

Jean-Jacques Champollion termina el trabajo matutino y se dispone a comer. Tiene la oficina muy cerca de la calle Massarin. Champollion recorre en un minuto los 403 metros que les separan.

El hombre que acaba de descifrar el misterioso idioma de los faraones parece que va a llevarse el secreto a la tumba.

El objeto que incitó a Champollion a emprender sus investigaciones tiene 2000 años: la Piedra de Rosetta. Una tablilla monumental que se labró en la ciudad egipcia de Menfis en el año 196 a.C.

En la piedra se escribió un texto en tres idiomas. La parte superior está en jeroglífico, el idioma de dibujos y símbolos que se encuentra en las ruinas del antiguo Egipto. La parte central está en hierático, una escritura abreviada de la misma época. La parte inferior de la tablilla está en griego, el idioma utilizado por los gobernantes de Egipto en el año 196 a.C. Unos siglos después, desaparecería todo conocimiento sobre los dos idiomas egipcios y sobre la civilización que los utilizaba.

Ahora, inconsciente en el suelo del despacho de su hermano, Jean-François Champollion tenía solo ocho años cuando se encontró la Piedra de Rosetta.

En 1798, unos soldados franceses desenterraron un monolito de piedra cerca de la población egipcia de Rosetta. Napoleón Bonaparte ha invadido Egipto con su ejército. Va un grupo de 151 investigadores y científicos con la misión de reclamar para Francia la cuna de la civilización. La tablilla de basalto negro es un objeto impresionante: tiene 114 centímetros de altura, 72 de anchura y 27 de grosor, y pesa 720 kilos. Pero lo que les llama la atención es lo que hay escrito en ella. Las dos secciones superiores están en el egipcio antiguo que nadie conoce, pero lo que se ve en la parte inferior es griego. Al traducir el texto, vieron que la tablilla era un homenaje a Ptolomeo, rey de Egipto. Pero lo que les entusiasma es la última frase: "Ordena que el texto se escriba en griego y en las dos escrituras del antiguo Egipto". Si las secciones superiores son versiones egipcias del texto griego, la piedra encontrada en Rosetta permitirá una operación tan sencilla como espectacular. Basándose en el griego, podrán descifrarse los otros fragmentos.

Los soldados la enviaron al Instituto Francés de El Cairo. No tardó en averiguarse que encontrar la piedra había sido lo más fácil de todo. Han pasado 23 años y el hombre que acaba de descifrar los jeroglíficos de la Piedra de Rosetta yace inconsciente en el despacho de su hermano. Tras avisar al médico, Jean-Jacques se esfuerza por reanimarlo.

Toda su vida ha estimulado y apoyado a Jean-François. Cuando éste tenía nueve años, Jean-Jacques consiguió que recibiera clases particulares de latín. Fue en 1799, el mismo año que la Piedra de Rosetta tenía que llegar a París.

Calificada ya de "gema de la antigüedad", los investigadores franceses esperaban con ansiedad su llegada. Pero no llegó. Nelson había derrotado a los franceses en la Batalla del Nilo. Con los británicos a las puertas de El Cairo, los franceses solicitaron un armisticio y que se les permitiera conservar la Piedra de Rosetta y otros tesoros que habían encontrado. El comandante en jefe británico, el teniente general Sir John Hely Hutchinson, no aceptó.

"Puesto que la suerte de las armas les ha sido adversa, pero que se cumplan los términos de la rendición, en este punto reclamo todos esos objetos y no permitiré que ni uno solo salga hacia Francia."

La Piedra de Rosetta llegó a Londres en 1802. Comenzaba la carrera por descifrarla.

Veinte años más tarde, nadie sabe que Jean-François Champollion ha conseguido interpretar el olvidado idioma del antiguo Egipto. Champollion se sintió fascinado por los jeroglíficos cuando tenía 14 años. A los 18, lo nombraron profesor de Historia Antigua en Grenoble y, en 1810, ya había escrito su primer informe sobre la piedra.

En la Piedra de Rosetta aparece en griego el nombre de Ptolomeo. No habría podido reproducirse en la sección jeroglífica de la piedra si los jeroglíficos no correspondieran a sonidos. Un idioma no solo escrito, sino también hablado. Champollion creía que los jeroglíficos podían generar sonidos. Era una idea revolucionaria.

Champollion ha conseguido hoy interpretar un jeroglífico. El procedimiento seguido está oculto en su cabeza.

Basándose en el texto griego, se daba por sentado que el cartucho que encerraba un grupo de jeroglíficos contenía el nombre de Ptolomeo. Champollion pensaba que los signos del cartucho representaban sendos sonidos, pero no sabía cómo eran estos sonidos. Champollion comprendió que para descifrar una palabra tenía que comparar nombres en que apareciesen signos iguales.

Champollion había llegado a París en 1821, arruinado, solo y evitado por los compañeros de profesión. Sigue aferrado a su teoría. "He analizado tanto este idioma que podría enseñarlo en un solo día. Demostraré que las palabras se componen de series de signos que representan sonidos." El 23 de diciembre, cumple 31 años y lo celebra solo. Entonces se le ocurre una idea: contar los caracteres de las inscripciones. Así averigua que las 486 palabras del texto griego corresponden a 1.419 jeroglíficos. Salta a la vista que los jeroglíficos no son palabras, sino sonidos, parte de una palabra. Pero le falta la prueba que lo corrobore.

El material que necesitaba Champollion ha llegado la mañana de hoy, 14 de septiembre de 1822. Es una carta de su amigo Nicolas-Christophe. Acaba de volver de Egipto, donde ha viajado por el sur y ha visitado las recientes excavaciones de Abu Simbel. Champollion no ha estado nunca en Egipto. Su información se basa en descripciones ajenas.

Champollion fija su atención en uno de los cartuchos. Por el cartucho de Ptolomeo de la Piedra de Rosetta, sabe que estas figuras ovaladas contienen nombres. Champollion se fija entonces en un jeroglífico en particular: un círculo dentro de otro círculo. Si el círculo fuera el sol, ¿qué sonido lo representaría? Champollion está convencido de que entre todos los idiomas que ha estudiado, el copto, hablado por los primeros cristianos de Egipto, es el que más se aproxima al egipcio antiguo. Sol en copto se dice "Ra".

Cambiemos ligeramente la pronunciación de "Ra" y tendremos el nombre de una antigua divinidad de Egipto. Cree que ha encontrado en un cartucho el símbolo de la palabra egipcia que da nombre al dios del sol. Hace una conjetura: si el otro signo es una "M" y los dos últimos signos son "S", "es", significa que acaba de descifrar uno de los nombres reales más célebres del antiguo Egipto.

Champollion no solo ha descifrado el nombre de un faraón, sino que ha hecho algo que nadie consideraba posible: ha descifrado un jeroglífico. Frena su euforia el miedo a que la racha de inspiración sea un espejismo, una casualidad afortunada para burlarse de 22 años de estudios inútiles.

Mientras repasa los dibujos que le ha enviado Julio, se fija en otro cartucho. Encima de los signos que cree "M" y "S" aparece dibujado un pájaro. ¿Qué sonido podría representar el pájaro del Nilo? Es el ibis, y en el mundo antiguo, el ibis representaba a Thot, el dios de los escribas. Si es un ibis, Champollion puede descifrar el nombre del cartucho.

Tutmosis, otro nombre real egipcio. Por fin ha confirmado y demostrado su teoría. Los jeroglíficos representan sonidos que juntos forman palabras que pueden pronunciarse.

Champollion guardó cama durante 4 días, pero el 27 de septiembre volverá a estar en pie y con fuerzas para presentar su descubrimiento al Institut de France y al resto del mundo. Su hallazgo es el primer paso que se da en la interpretación de los jeroglíficos de la Piedra de Rosetta y será la base de las investigaciones posteriores que permitirán conocer la vida del antiguo Egipto.