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Hola a todos, bienvenidos a un nuevo vídeo en el que resumiremos algunas de las obras más importantes de la literatura, así como algunas de mis favoritas. Hoy le toca el turno al primer libro de "Don Quijote de la Mancha".
Por lo largo que es este libro, cuando resumamos cada uno de los capítulos, nos vamos a ceñir únicamente a los hechos más importantes, porque si tuviéramos que resumir absolutamente todo lo que nos cuenta Cervantes en esta obra, nos daría para un vídeo de tres o cuatro horas y no pretendo que dure tanto. Aunque veremos al final de este.
Antes de empezar, no olvidéis suscribiros, que me ayudará mucho a seguir haciendo vídeos y, sin más preámbulo, comencemos.
Capítulo 1º. En este capítulo, el autor presenta a Don Alonso Quijano como un hombre tendiente a la clase pobre, más que a la rica. Según describe, el personaje en cuestión bordea los 50 años y es de contextura tenaz, madrugador y aficionado a la caza. Asimismo, era un gran amante de las novelas de caballería y tenía como escritor favorito a Feliciano de Silva. Debido a la obsesionada lectura de los libros de caballería del mentado autor, decidió convertirse en caballero para llevar a cabo esta extraña aventura. Coge y limpia las armas de sus bisabuelos para poder usarlas. Según él, cualquiera que quiera ser caballero debe cumplir tres requisitos. El primero, darse nombre a sí mismo, pues todo caballero que se precia a sí mismo debe tener un nombre apropiado para tal faena. Adopta el nombre de "Don Quijote de la Mancha", idea que saca de Amadís de Gaula. La segunda, darle un nombre a su caballo. Le llamó Rocinante, ya que el pobre caballo no se encontraba en su mejor momento. Y el tercero, tener una mujer a quien dedicarle todos sus triunfos y glorias, pues en este requisito no sería un completo caballero. La escogida aquí es una labradora llamada Aldonza Lorenzo, a quien Don Quijote otorga el nombre de Dulcinea del Toboso. Esta Dulcinea es un cúmulo de perfecciones y cumple todos los requisitos que debía tener una dama, al menos en la cabeza de Don Quijote, porque en realidad es muy distinta. Aldonza Lorenzo es una mujer que trabaja en el campo, de la cual se dice que tuvo la mejor mano para salar puercos que otra mujer de toda la Mancha. ¡Vamos, toda una princesa!
Capítulo Segundo. En este capítulo se nos narra cómo Don Quijote emprende su primera salida antes del amanecer. Por el camino se iba haciendo preguntas sobre el mismo y sobre su futuro como caballero, y llegó a la conclusión de que en realidad no era un caballero, pues no llevaba armas blancas como cualquiera de los caballeros de sus novelas. Pero después de mucho pensar, pudo más su locura que su cordura, pues siguió pensando que era un perfecto caballero. A medida que cabalgaba, se imaginaba que sería un caballero famoso y que aparecería en los libros de caballería por sus grandes hazañas. Comenzó a anochecer y Don Quijote se introdujo en una venta para pasar la noche. Allí encontró a dos mujeres, a las cuales convenció a elogiar y alabar. Las dos mujeres comenzaron a reírse de su forma de hablar y de que no se daban por aludidas de tales piropos. No se consideraron a ellas mismas tan guapas como Don Quijote las consideraba. Don Quijote comenzaba a enfadarse, pero en ese momento apareció el ventero, que le ofreció comida, un lugar para dejar el caballo y un buen lugar para dormir.
Capítulo Tercero. En este capítulo, Don Quijote se arma caballero. Para que este nombramiento fuese válido, Don Quijote le pidió al ventero que le nombrara caballero, dándole sus razones de por qué este nombramiento. El ventero aceptó a este extraño nombramiento, pensando que Don Quijote estaba loco y que él a su vez ganaría un buen dinero. Para que este nombramiento fuese válido, en las armas del caballero deberían poner las armas a velar en la capilla, pero como allí no había capilla, ya que supuestamente se estaba construyendo, pusieron a velar las armas en el patio y de esta manera Don Quijote permanecería vigilando las todo el día para que nadie las robará. Don Quijote se tuvo que enfrentar a dos hombres que pretendían robarse las, hasta que apareció el ventero y puso paz. Al final, Don Quijote fue el nombrado caballero a la vieja usanza, dando dos toques con la espada en los hombros del caballero. Una vez acabado el nombramiento, las dos mujeres se quedaron sorprendidas. Le dijeron a Don Quijote que le servirían de por vida. Entonces Don Quijote preguntó sus nombres y dijo que desde entonces se llamarían por Doñas. Al final, todo queda en nada y el Quijote se marchó al amanecer. O sea, para que quede claro, Don Quijote ha sido el nombrado caballero por un ventero que no tiene ni idea de lo que está sucediendo, pero bueno, es lo que le satisface a Don Quijote pensar que es un caballero como el que ha leído en sus obras.
Capítulo Cuarto. En este capítulo, Don Quijote se va de la venta y vuelve al pueblo a recoger dinero y a buscarse un escudero. Por el camino, oye unas voces y se dirige hacia ellas. Una vez allí, ve cómo un señor estaba azotando a un niño. En ese momento, Don Quijote ordena al señor que pare, a menos que se quiera enfrentar con él. Entonces el señor se detiene y Don Quijote le pregunta a este señor que por qué estaba pegando al niño. El señor responde que el niño le había perdido unas ovejas y el niño alega que él lleva nueve meses sin pagarle. Don Quijote hace jurar al señor que pagaría al niño y que le dejaría libre. Posteriormente, Don Quijote se va y persigue su camino. Al irse, el señor vuelve a azotar al niño y éste le dice que va a buscar a Don Quijote. Don Quijote persigue su camino y se encuentra a dos mercaderes, a los cuales les cuenta la belleza de su amada Dulcinea. Estos mercaderes, para satisfacerse, le sienten diciendo que sí, pero que será manco y tuerta. Don Quijote, enojado, les ataca, pero con la mala suerte de que su caballo tropieza y no se consiguen levantar con el enorme peso de las armas. Los mercaderes le atacan y le rompen la lanza. Más tarde, ambos mercaderes se van y abandonan a Don Quijote.
Capítulo Quinto. Don Quijote, desgraciado, empezó a acordarse de uno de los libros que había leído y lo empezó a recitar en voz alta. Por suerte para él, pasaba por allí uno de sus vecinos y le ayuda a levantarse, cargando las armas de Don Quijote sobre su caballo Rocinante. El hombre le preguntaba a Don Quijote constantemente cómo se sentía, que cómo estaba, pero Don Quijote le respondía con los versos de tantísimos libros que había leído. Por el camino, el Don Quijote, Alonso Quijano, iba desvariando constantemente y citando libros que habían leído. Tras esto, su vecino entró en la casa de Don Quijote, que estaba malherido, y allí se encontraron con su mujer, la sobrina, el cura y el barbero. Cuando había curado Don Quijote, éste explicó que le había medido diez gigantes. Y cuando éste se fue a la cama, el hombre explicó que todo lo que Don Quijote había estado diciendo durante el viaje y que debían quemar sus libros porque se estaba volviendo totalmente loco. De manera que la primera salida del Quijote acaba con él volviendo al pueblo porque le ha salido todo bastante mal.
Capítulo Sexto. El cura y el barbero le pidieron a la ama de Don Quijote las llaves de la biblioteca para quemar los libros que ya habíamos mencionado anteriormente. Así, el cura y el barbero decidieron quemar todos los libros de Don Quijote y, en especial, los de caballería. Y entonces los cogieron todos y, para llevar a cabo su plan, decidieron quemarlos en el corral para que nadie se pudiese ofender o molestar. El cura y el barbero decidieron quemar casi todos, a excepción de alguno, como pudo ser el Amadís de Gaula. Cuando ya habían quemado todos los libros grandes, se pusieron a quemar todos los de pequeño tamaño que trataban de pastores y de amoríos. Quemaron todos los libros, a excepción de uno o dos que conservaron para leerlos ellos posteriormente.
Capítulo Séptimo. Don Quijote se despertó dando voces, ya que estaba desvariando y se creía que estaba luchando con muchos enemigos. Acto seguido, comenzó a hablar de libros de caballería. El cura y el ama de llaves de Don Quijote le dieron de comer y le volvieron a acostar para que se relajara y descansara. El cura, el barbero y el ama de llaves decidieron poner un muro en la biblioteca de Don Quijote para que éste no pudiera acceder a la biblioteca y así no se diese cuenta de que todos sus libros habían desaparecido. En el caso de que éste se acordase de su biblioteca y preguntara por sus libros, sus amigos le dirían que había sido un mago que les hizo desaparecer mientras éste dormía. Y así fue, cuando Don Quijote se despertó y preguntó por su habitación llena de libros de caballería, y sus amigos le dijeron que eso, que un mago lo había hecho desaparecer. Lo que tenían previsto decirle. Don Quijote pasó quince días tranquilo, ya que se había propuesto buscar un escudero y conseguir dinero. Para obtener ese dinero, fue necesario empeñar ciertas pertenencias suyas. Durante este tiempo, se encontró a un pobre hombre llamado Sancho Panza, al cual le ofreció varias islas y se iba con él de aventuras. Después de haber hecho este peculiar trato, ambos aventureros se marcharon al anochecer. Durante el viaje de Don Quijote y Sancho, estuvieron hablando sobre la isla que le había prometido Don Quijote a Sancho.
Capítulo Octavo. Por el camino, Don Quijote y Sancho se encuentran con unos molinos de viento y Don Quijote, creyéndose que son gigantes, se dispone a atacarlos con su lanza. Sancho le dice que no son más que molinos, pero Don Quijote se empeña en atacarlos, ya que él piensa que son gigantes malvados. Como consecuencia, el caballero tropieza con su lanza y se cae al suelo, acabando así el problema de los molinos o gigantes, como seguía afirmando. Por el camino, Don Quijote recuerda que una vez leyó cómo un caballero repuso su lanza con un tronco y así lo hizo Don Quijote. Al día siguiente, cuando se disponía a ir a Puerto Lápice en busca de aventuras, vieron a dos monjes vestidos con sus hábitos negros y una mujer que iba tras ellos. Se supone que iban todos en la misma dirección. Don Quijote se pensó que estos hombres tenían secuestrada a la señora que iba detrás de ellos y decidió atacar a los pobres monjes. Sancho le avisó que no eran más que dos frailes, pero Don Quijote no le hizo caso. A los frailes estos salieron corriendo con la mala fortuna de que uno de ellos se cayó al suelo. Sancho amablemente intentó ayudar al fraile que se había caído, pero dos mozos arremeten contra él y le dejan inconsciente. Don Quijote, a su vez, fue a presentarle sus respetos a la señora, pero el escudero de ella arremetió contra Don Quijote, dejándole herido de un hombro.
Capítulo Noveno. Que comienza con una reflexión de Cervantes de cómo tenía previsto acabar el libro aquí, pero bueno, al final decide continuar. Y así, pues, estaban peleando Don Quijote y el vizcaíno, ambos caballeros con las espadas levantadas y con rostros impasibles. El vizcaíno ataca, viéndole una oreja y rompiéndole la armadura a la altura del hombro. Don Quijote, enfurecido, ataca tirándole del caballo e hiriendo en la cara al vizcaíno. Don Quijote se baja del caballo para rematarle, a menos que fuera a dar sus honores a su amada Dulcinea del Toboso. El vizcaíno acepta y Don Quijote le deja marchar para que vaya a presentar sus respetos a la amada del caballero Don Quijote de la Mancha.
Capítulo Décimo. En este capítulo, tras la batalla con el vizcaíno, Don Quijote y Sancho de 100 reanudar su camino. Sancho, pensando que Don Quijote había ganado algo después de esa batalla, le pregunta por la isla que le había prometido. Y Don Quijote dijo que el pobre vizcaíno no era un hombre del que se pudiera obtener dinero. Por el camino, Sancho decide curar a la oreja de Don Quijote y éste habla de un bálsamo que te recupera instantáneamente. Mientras tanto, estaban pensando dónde podían dormir esa noche, ya que en una iglesia no podían dormir, ya que habían agredido a unos monjes. Por el camino, decidieron cenar y Sancho sacó cebolla, pan y queso. Al no encontrar un lugar donde dormir, decidieron dormir cerca de unos pastores al aire libre.
Capítulo 11. Estaba Sancho acomodando al caballo y el burro cuando lió carne asada. Cuando pretendía acercarse, vio unos cabreros que estaban sentados alrededor de la cabra. Estos pastores ofrecieron comida y un sitio entre ellos a Don Quijote y a Sancho, el cual rechaza la comida, pero Don Quijote le ordena sentarse y comer. Mientras Don Quijote estaba comiendo bellotas, recuerda cómo la época en que todo era mejor y cuando los hombres se entendían más y todo en general era mucho mejor. Estaban todos comiendo cuando apareció un amigo de los cabreros recitando un romance. Al terminar, uno de los cabreros le curó la oreja a Don Quijote con unas hojas curativas. Al terminar, se fueron todos a dormir, normalmente, pero Don Quijote durmió en la choza.
Capítulo 12. En este capítulo se nos narra cómo un cabrero estaba anunciando la muerte de un pastor que falleció debido a los amores de una moza muy, muy hermosa, Marcela. Don Quijote, que era desconocedor de esta historia, se interesó por ella y el pastor de buen grado accedió a contárselo. El pastor le estaba contando a Don Quijote que esta buena moza rechazaba a todos los hombres, incluso su tío la intentaba cazar, pero ella se negaba. También le contaba que al día siguiente era el entierro, que no debería ir, ya que no era de buen ver que estuviese en el entierro de gente desconocida. Al final, todos se fueron a dormir normalmente, pero Don Quijote durmió en la choza.
Capítulo 13. En este capítulo se nos cuenta la conversación que mantiene Don Quijote con los pastores en el camino del entierro. Los pastores le preguntaron a Don Quijote que cómo es que iba tan armado por esas tierras tan tranquilas. Éste les explicó que él era un caballero que, en lugar de ofrecer las victorias a Dios, se las ofrecía a su amada, ya que todos los caballeros andantes tenían que tener una amada. Al final, todos los pastores pensaron que Don Quijote estaba loco, como la mayoría de gente que se va cruzando. Cuando llegan al lugar del entierro, vieron que estaba lleno de pastores y, entre todo, se veía a Cardenio, el pastor muerto, en un baúl lleno de papeles. Uno de los pastores cogió uno de los papeles en donde había escrito sus últimos versos, Cardenio, el pastor muerto.
Capítulo 14. En la canción de Cardenio se expresan los sentimientos de este en su etapa final de la vida, en la que contaba cómo su amor hacia Marcela no le era correspondido, ya que él ofrecía todo su amor y, sin embargo, ella le rechazaba constantemente. Así, durante todo el cantar, se repite en todo el tiempo palabras como confusión, celos, ausente, desdeñado, mil heridas dentro del corazón de Cardenio, y un sentimiento desconcertado de la vida, sin olvidar la belleza física y espiritual de Marcela. Cuando terminó, todos se dieron cuenta de la crueldad de Marcela. Y Ambrosio, amigo de Cardenio, añadió que este cantar lo había escrito mientras Marcela se encontraba ausente. Al acabarlo, apareció Marcela diciendo que ya no tenía la culpa de la muerte de Cardenio, ya que si tuviera que corresponder con todos los amores que le habían declarado, no acabaría nunca. Y también añadió que él era libre y que el amor también, que ya era libre y que el amor también debería serlo, siendo de esta manera un amor voluntario y en ningún caso forzado. Además, comentó que ya vivía en las montañas para no molestar a nadie y para vivir sola. ¿Qué culpa tenía ella de que Cardenio muriera y ciertas ilusiones sin darle ninguna esperanza? En cuanto concluyó Marcela, Don Quijote la respaldó inmediatamente, diciendo que ella no había tenido culpa de la muerte de este pastor. Una vez que enterraron a Cardenio, Don Quijote se despidió de todos y, a su vez, unos pastores le dijeron que podía ir a Sevilla, tierra de grandes aventuras. Pero Quijote dijo que todavía había muchas aventuras por la Mancha para tener que irse a una ciudad grande como lo era Sevilla.
Capítulo 15. Don Quijote se despidió de todas las personas que se encontraban en el entierro y se marchó. Durante un par de horas intentó seguir a Marcela, pero al cabo de ese tiempo se paró en un claro para dormir un rato. Rocinante, que dio unas yeguas, salió detrás de ellas. Tanto las yeguas como los dueños de ellas comenzaron a golpear al pobre Rocinante. Don Quijote, al verlo, fue a luchar contra las personas que estaban golpeando a su caballo, pero al ser más de 20, tanto Don Quijote como Sancho resultaron apaleados. Así, el caballero creyó que su derrota en la batalla se debía a que esas personas no eran caballeros y que él solo debía luchar contra caballeros. Así que le dijo a Sancho que él es el que debía pelear, puesto que él no era un caballero y Don Quijote sí, pero Sancho se negó, alegando era un hombre pacífico. Al poco tiempo, ambos se levantan, ya que debían encontrar un lugar para pasar la noche. Así encontraron una venta, a la cual confundió Don Quijote con un castillo. Sancho le corrigió y le dijo que a una simple venta, pero Don Quijote comienza a discutir con Sancho, ya que él pensaba que la venta era un castillo, producto de su locura, producto de ser incapaz de ver la realidad tal cual era, sino siempre a través de las gafas de los libros de caballerías.
Capítulo 16. Una vez que ya hubieron entrado en la venta, fueron atendidos por la mujer del ventero y la hija, que le pusieron a Don Quijote una cama muy mal hecha. A Sancho le atendió la sirvienta, que le puso una cama todavía peor que la de Don Quijote. Cuando hubieron acabado de curarles, les dejaron ir a sus respectivas camas para descansar, pero en su misma habitación había otra persona, un arriero, el cual había quedado por la noche con la sirvienta. De esta manera, a la hora de la cita, entraba la sirvienta a la habitación y Don Quijote, creyéndose que era una hermosa dama, la cogió de las manos y la comenzó a alabar. Según palabras de Cervantes, la mujer era enormemente fea y bizca. Al poco rato, escuchó esto el arriero y sigilosamente se acercó a Don Quijote y comenzó a darle golpes en la espalda. La cama, al no ser de muy buena calidad, se cayó y produjo un ruido que despertó al ventero, que pensó que era la criada que había hecho de las suyas. La criada se escondió en la cama de Sancho, con la mala fortuna de que éste comenzó a pegarla. Al ver esto, el arriero y el ventero comenzaron a pegar a Sancho. Un cuadrillero que estaba durmiendo en una habitación cercana se despertó con todo esto y se acercó para ver qué sucedía. Al ver a Don Quijote tumbado en el suelo y con sangre en la espalda, se lo dijo rápidamente a todos los que en esa habitación se encontraban. Todos dejaron de golpearse mutuamente y se fueron de la habitación, quedando allí Don Quijote, Sancho y el cuadrillero, que fue a buscar un candil para ver mejor dentro de la habitación.
Capítulo 17. Don Quijote y Sancho, cuando notaron la tranquilidad, comenzaron a preguntarse mutuamente qué tal se encontraban. Don Quijote comenzó a hablar sobre lo que había ocurrido, creyéndose que la hermosa hija del ventero era la que se había acercado a él. Posteriormente, se acercó el cuadrillero y le preguntó a Don Quijote qué tal se encontraba. Al responderle toscamente, el cuadrillero arrojó el candil sobre la cabeza, creyendo Don Quijote que el cuadrillero estaba encantado. Al momento, Don Quijote le pidió a Sancho unos ingredientes para fabricar una poción mágica que le curara totalmente de sus males físicos. Cuando dicha poción se encontraba realizada, Don Quijote se la bebió, produciendo de grandes arcadas y vómitos. A su vez, Don Quijote pedía que le dejaran dormir en paz. Al despertarse el caballero, se creía que se encontraba curado del todo y así lo hizo saber a Sancho. Sancho, al observar el resultado, también hizo de verdad extraña poción y al también le produjo grandes arcadas y vómitos, solo que a Sancho no le produjo ningún efecto beneficioso. Don Quijote dijo a Sancho que no le podía hacer ningún efecto bueno, ya que la poción solo era para caballeros y Sancho no era caballero. A las dos horas, Don Quijote obligó a Sancho a irse de la venta, pero mientras esto sucedía, el ventero le recriminaba a Don Quijote porque tenía que pagar su estancia allí, pero Don Quijote se negó, ya que era un castillo y los caballeros no pagan en los castillos. El ventero, al ver que Don Quijote no reaccionaba, se lo dijo a Sancho, pero éste dijo que el escudero tampoco debía pagar. Al ver esto, unos hombres que estaban en la venta comenzaron a mantener al pobre Sancho y le echaron una jarra de agua fría sobre la cabeza. Al poco tiempo, los hombres dejaron marchar al pobre Sancho de la venta y proseguir su camino, pero eso sí, se quedaron con sus alforjas.
Capítulo 18. Don Quijote se piensa que aquella venta estaba encantada, pero Sancho le corrige diciendo que había oído voces humanas mientras estaban manteando. Mientras continuaba su camino, Don Quijote divisó dos humaredas que se podían ver desde donde se encontraban, así que Don Quijote llegó a la conclusión de que esas humaredas procedían de dos ejércitos que se estaban enfrentando. Don Quijote y Sancho se subieron a una colina para ver mejor la supuesta batalla y, una vez allí, Don Quijote comenzó a decir personajes famosos, describiendo la batalla y las almas que llevaban cada uno de los ejércitos. Cuando ya estaba más cerca, Sancho se percató de que las humaredas procedían de unos rebaños de ovejas y se lo hizo saber a Don Quijote, pero éste se empeñó en que eran ejércitos y se abalanzó sobre las ovejas. Los pastores, al ver esto, empezaron a tirar piedras, causándole heridas y rompiéndole alguna muela. Don Quijote le preguntó a Sancho que si tenía una muela rota y Sancho, al ver eso, vomitó. Más tarde, cuando ya se encontraban preparados, tuvieron ganas de comer, pero al no tener las alforjas con la comida, no pudieron satisfacer su apetito. Posteriormente, Don Quijote le pide a Sancho que elija un camino para continuar sus aventuras.
Capítulo 19. Sancho le comenta a Don Quijote que todas esas desventuras se están padeciendo son debidas a que Don Quijote había roto su juramento de no comer pan. Aquí Cervantes se descuida un poco, ya que en ningún momento anterior de la novela se había mencionado este juramento. Don Quijote le dice que tiene razón, pero que él también tiene parte de la culpa, ya que no solo había recordado. De esta forma, se hizo de noche y vieron a través del camino unas luces que se acercaban. Cuando ya se encontraba muy próximas, Don Quijote le preguntó que de dónde venían. Entonces, la mula de uno de ellos se asustó y tiró al suelo al hombre que la montaba y todos los demás huyeron. Don Quijote, enfadado, apuntó con su lanza al hombre que se encontraba en el suelo y le volvió a preguntar que de dónde venía. El hombre le dijo que era un religioso y lo que llevaba era un muerto. Así, Don Quijote llamó a Sancho, el cual, aprovechando la oscuridad, había estado robando alguno de los alimentos. Éste, al escuchar a Don Quijote, ayudó al pobre religioso. Sancho, a su vez, presentó a Don Quijote como el caballero de la triste figura y Sancho, ante la curiosidad del monje del por qué ese nombre, dijo que era porque no tenía muelas y porque la cara la tenía muy delgada de no haber comido nada en todo el día. Así se despidieron del monje y se fueron a un prado a comer los alimentos que Sancho había robado.
Capítulo 20. Después de haber puesto los restos de comida sobre los caballos, comenzaron a caminar por el prado arriba, guiados por el instinto y que era muy de noche y la visibilidad era prácticamente nula. Serían grandes ruidos los cuales asustaban a Sancho y, viendo esto, Don Quijote le dijo a Sancho: "Yo soy quien ha de resucitar los de la Tabla Redonda, los doce de Francia y los nueve de la Fama". Y mientras tanto, los ruidos no cesaban y Sancho seguía asustado. Una vez dijo esto, Don Quijote le dijo a Sancho que esperasen allí durante tres días y que si en ese plazo no volvía, que regresara a la aldea y le dijese a su amada Dulcinea que su amado caballero había muerto luchando en la oscuridad. Sancho, al oír esto, se puso a llorar y le dijo que no se marchara todavía y que esperase al día siguiente. Pero al ver que Don Quijote no le hacía caso, le ató las patas a Rocinante para que no pudiese cabalgar y Don Quijote, al ver que su caballo no cabalgaba, decidió esperar al día siguiente. Durante esa noche, Sancho comenzó a contar un cuento de un cabrero, pero no lo pudo acabar debido al constante ruido que se oía. Así pasó la noche y ya al amanecer se ponen de camino de aquel enorme ruido. Llegaron a unas peñas en donde encontraron unas casas mal hechas. Don Quijote se acercó y, cuando se dio cuenta de lo que era ese ruido, agachó la cabeza. Sancho lo vio y se empezó a reír, ya que los ruidos se deben a una máquina rústica de mazos de madera que mueve una rueda con el agua, no a toda la imaginación grandísima del Quijote de enfrentarse con la oscuridad. A Don Quijote no le gusta que Sancho se burle de él y este capítulo termina con una de las habituales discusiones entre Sancho y Quijote de lo que debe ser un escudero para el caballero.
Capítulo 21. En este capítulo se nos narra la aventura que tiene Don Quijote para recuperar el yelmo de Mambrino y las esperanzas o ilusiones que se hacen Don Quijote y Sancho de ser reyes y nobles gracias a su gran fama y valentía. Al principio del capítulo se nos cuenta cómo Don Quijote cree estar viendo a lo lejos el famoso yelmo de Mambrino, según él, lo lleva un caballero que va montado en un gran caballo. Al momento de manifestar Don Quijote su interés por este yelmo, Sancho se apresura en decirle que no saque conclusiones precipitadas, que pueda armar una buena, ya que está acostumbrado a que Don Quijote confía en sus instintos de loco y al final se mete en bastante lío. Don Quijote, sin hacerle caso, se abalanza sobre este pobre hombre, arrebatándole así el supuesto yelmo de Mambrino. Lo más interesante de esta pequeña aventura es que el yelmo de Mambrino no era más que una simple bacía de barbero que solían utilizar los barberos. Una vez hubo acabado este pequeño percance, Don Quijote y Sancho comenzaron a fantasear sobre su futuro como caballeros. Don Quijote le contó a Sancho que si se hacían famosos, él se acabaría casando con la hija de un gran rey y, a la muerte del rey, éste heredaría su reino y haría casar a Sancho con la mejor doncella que la hija del rey tuviese. Al acabar esa extraña conversación, acordaron trabajar durante el tiempo que estuvieran juntos para conseguir la fama suficiente como para poder ocupar los lugares deseados como rey y noble principal de ese imaginario reino.
Capítulo 22. En este capítulo se nos cuenta otra aventura de Don Quijote y Sancho, en la cual nuestros dos personajes se encuentran con muchos malhechores que van a cumplir condena en las galeras del rey. Don Quijote y Sancho van caminando tranquilamente por un descampado cuando encontraron en su camino a unos galeotes presos que iban escoltados por unos comisarios armados. Don Quijote, al ver que esos presos iban encadenados, se interesó de por qué esa inhumana situación. Sancho se lo intentó explicar, pero al no quedar satisfecho, éste comenzó a preguntar a los galeotes el porqué de su condena. Los galeotes comenzaron uno a uno a explicar a Don Quijote el porqué se encontraban encadenados y condenados a trabajar en las galeras del rey. Don Quijote, al considerar injusto que esos hombres estuvieran condenados por algo que él no consideraba una pena mayor, decidió liberarlos y dejarlos marchar en paz. Al acabar esta pequeña batalla entre los galeotes y Don Quijote contra los comisarios, Don Quijote les dijo a los galeotes que fueran a visitar a su amada Dulcinea del Toboso a contarle que el caballero de la triste figura, Don Quijote, les había liberado de sus cadenas y penas. Los galeotes, además de negarse a cumplir este pequeño mandato, comenzaron a apedrear y saquear a Don Quijote y a Sancho, dejándoles a la intemperie casi desnudos.
Capítulo 23. En este capítulo se nos narra cómo Don Quijote y Sancho se refugian en Sierra Morena para así huir de la Santa Hermandad que les perseguía. Mientras estaban Don Quijote y Sancho durmiendo, se acercó allí uno de los galeotes que habían escapado en el capítulo anterior y le robó a Sancho su asno para más tarde venderlo y él sacar algún dinero, ya que por el caballo de Don Quijote, Rocinante, no ganaría ni una sola moneda. Después de que Don Quijote hubiera consolado al pobre Sancho, prometiéndole que conseguiría cinco asnos más, ambos personajes comenzaron a andar por esa angosta sierra en busca de nuevas aventuras. Poco después de este desafortunado incidente, se toparon Don Quijote y Sancho con un guijarro y una maleta, la cual tenía varias comisuras y una bolsa con un montoncito de escudos de oro. Don Quijote, al leer el librillo, se interesó por saber quién podría ser el dueño, así que él y Sancho se dispusieron a buscar letra a través a esta angosta tierra. Al cabo de un considerable tiempo, encontraron a un cabrero que les contó todo lo que sabía sobre ese misterioso personaje. Este caballero les contó que este hombre, loco por momentos, ya que en ocasiones se comportaba de forma muy caballerosa y cortés y en otras ocasiones de forma muy bruta y loca. El cabrero había acordado junto con unos amigos el llevar a ese personaje a la villa de Almodóvar para que le pudieran curar y también para que tanto el cabrero como Don Quijote se pudiesen informar de quién era ese misterioso hombre.
Capítulo 24. Cardenio, que así se llamaba el hombre loco que vivía en Sierra Morena, estaba muy agradecido por la ayuda que en un principio le querían dar los tres personajes anteriormente nombrados y, a cambio de estas supuestas ayudas, les comenzó a contar una historia. Cardenio pertenecía a una familia rica y estaba enamorado de Lucinda, hija también de otra familia rica. Cuando Cardenio había conseguido el consentimiento del padre de Lucinda para casarse con ella, el padre le comunicó que tenía que irse a casa del Duque Don Ricardo. Cardenio mantenía una gran amistad con el hijo del Duque, Don Ricardo, con el cual tenía una confianza absoluta. En una de las cartas que la amada le manda, Cardenio le pide que le envíe el Amadís de Gaula. Al oír esto, Don Quijote, muy fan de las novelas de caballerías, comienza a relatar historias de este libro y de otros que él consideraba interesantes. Tras este peculiar parón, Cardenio continuó contando su historia y llegó un momento en el que se puso a hablar de la reina Máxima. Don Quijote, tras oír esto, le comenzó a tratar como un loco y como un mentiroso. Cardenio, al ver la actitud de Don Quijote, le tiró un guijarro que había junto a él. Sancho y el cabrero, como sufrieron el mismo ataque que Don Quijote.
Capítulo 25. Cuando Don Quijote y Sancho se estaban adentrando en la sierra, Sancho le dijo a Don Quijote que si quería volver a casa y que ya estaba harto de tantas aventuras y andanzas de Don Quijote. También le dijo que no entendía por qué quería encontrar a Cardenio, ya que éste no iba a continuar la historia que había comenzado. Don Quijote le dijo que debía impedir que alguien tan loco como Cardenio fuese diciendo mentiras de una reina tan honrada como Máxima. Mientras tanto, llegaron a un lugar donde Don Quijote se detuvo para hacer penitencia, imitando así a Amadís de Gaula. De esta forma, comenzó a gritar en lo alto de una montaña diciendo que estaba haciendo su penitencia por su amada Dulcinea del Toboso. Tras haber acabado la penitencia, Don Quijote le dice a Sancho que tiene que ir a pasar tres días con Dulcinea y en esos días le tiene que contar todo lo que había hecho Don Quijote en honor a Dulcinea y que además le tenía que llevar una carta a Dulcinea de parte de Don Quijote. Sancho le pregunta en qué quieres Dulcinea del Toboso y Don Quijote le dice que su verdadero nombre es Aldonza Lorenzo. Sancho, al oír este nombre, comienza a hablar mal de ella y se ensalza en una pelea con Don Quijote. Acabado esto, Don Quijote comienza a escribir la carta que le mandaría a su amada y, tras leerla, se la entrega a Sancho para que monte encima de Rocinante y se la lleve.
Capítulo 26. Cuando se marchó Sancho, Don Quijote se encontró solo y empezó a imitar a Amadís de Gaula en sus todos y actitudes melancólicas. Tras esto, comienza a alabar a Amadís de Gaula y que se ha imitado por todos. En cuanto pudiesen realizar un millón de Avemarías, nos comienzan a relatar una poesía en la cual nos describe el paisaje en la que se encuentra. Al no tener nada que sustentarse, comienza a buscarse algunas hierbas para poder mantenerse. Entonces Cervantes se pone a contarnos qué sucede con Sancho al llegar Sancho a la venta de salir de allí al cura y al reconocerle le preguntan por su amo. Sancho le comienza a relatar todo lo que les había sucedido, incluyendo la carta que llevaba encima. Cuando el cura y el barbero le piden la carta para leerla, Sancho se da cuenta de que no la encuentra y comienza a recordar de lo que trataba. Los dos hombres, al darse cuenta de que la carta no tenía sentido alguno, se comenzaron a reír de la poca memoria que tenía el pobre de Sancho, que no se acordaba de lo que iba la carta. Más tarde, le ofrecieron algo de comida y decidieron ir a buscar a Don Quijote para llevarle con su amada Dulcinea del Toboso.
Capítulo 27. El cura se disfraza de doncella y el barbero de escudero para ir en busca de Don Quijote. Sin embargo, tras salirse de la venta, el cura determina que es indecente ir así vestido por su vocación religiosa y decide intercambiar disfraces con el barbero. El grupo se dirige a la sierra y en el camino Sancho les cuenta de Cardenio. Cuando llegan a la sierra, el cura y el barbero mandan que siga el resto del camino solo para decirle a Don Quijote que ya le entregó la carta a Dulcinea y que ya pidió verlo. Sancho entra en la sierra y los deja esperando a la sombra de un árbol, al lado de un arroyo. Mientras esperan, escuchan a alguien cantando versos cortesanos en la distancia. Por los sollozos, quedan muy impresionados por las canciones, terminan siempre en lloros. Caminan un poco y encuentran al hombre que estaba cantando y, por la descripción que les dio Sancho, se dan cuenta que es Cardenio, que les decide contar su historia. Les repite lo mismo que en el capítulo anterior, hasta que comenzó a decir que Don Fernando había separado a Lucinda del pobre Cardenio. Al poco tiempo, recibió una carta de Lucinda, en la cual decía que su padre había acordado con Don Fernando el próximo casamiento de Lucinda con éste. Al oír esto, Cardenio se apresuró en irse adjunto a su amada para hablar con ella antes de la boda. Lucinda acordó que si no conseguía anular la boda antes del "sí quiero", se mataría con una daga que llevaba escondida. Cuando Cardenio apareció como su amada pronunciaba el sí quiero sin hacer nada para evitarlo, decidió refugiarse en esos montes para allí pasar el resto de su vida. Cuando Cardenio acabó de contar esto, se oyó una voz que lloraba también penas de amores.
Capítulo 28. Cuando se pusieron a buscar a la persona de la cual procedían sus llantos, encontraron a una mujer que también tenía una historia que contar. Esta mujer afirmó llamarse Dorotea y decía que estaba allí ya que un hombre llamado Don Fernando le había prometido matrimonio, pero éste le dejó tras conseguir sus propósitos. Días después, había entrado que este Don Fernando iba a casarse con Lucinda, pero ésta, en el momento de la boda, se había desmayado, encontrando su vestido una nota que decía que ella en realidad quería a Cardenio, pero que había dicho que sí por no desobedecer a sus padres y que tenía la intención de matarse si no la dejaban estar con Cardenio, lo que se confirmó tras encontrar también una daga en su vestido. También de este acontecimiento, Fernando entró en cólera e intentó matar allí mismo a Lucinda, pero los invitados lo impidieron. A los pocos días, Fernando salió de la ciudad sin dejar rastro alguno y, al poco tiempo, Lucinda hizo lo mismo.
Capítulo 29. Al final de todo, Cardenio le confiesa a Dorotea su identidad y le dice que no descansará hasta verla con el que debiera ser su esposo, Don Fernando. Al poco tiempo, escucharon que Sancho llegaba y les decía que había encontrado a Don Quijote desnudo, casi muerto de hambre, y que había dicho que no aparecería ante su amada Dulcinea hasta que se hubiera convertido en un gran caballero digno de su amada. Acordaron que Dorotea se hiciese pasar por la princesa Micomicona, que iba en busca de Don Quijote para que éste matase a un gigante. Se subió Dorotea a la mula del cura y así salir en busca de Don Quijote. Cuando Dorotea encontró a Don Quijote, le dijo que no podía comenzar una nueva aventura a menos que vengara primero al que entró en el reino de esta princesa. Don Quijote caballerosamente accedió y le dijo a Sancho que armase a Rocinante, que seguirían a la princesa hasta donde ella mandase. Cuando se encontraron Don Quijote, la princesa y Sancho con el cura, el barbero y Cardenio, fingieron un encuentro casual para así acompañarles por el camino. El cura le contó a Don Quijote que él había ido con el barbero a cobrar unos impuestos, pero que se los había robado unos galeotes que probablemente habría liberado un loco. A todo esto, Don Quijote no sabía qué decir, pues había sido él el que liberó a los galeotes.
Capítulo 30. Al poco tiempo, Sancho les contó a todos que había sido Don Quijote el que había liberado los galeotes. Don Quijote rápidamente dijo que su misión como caballero era ayudar a los desgraciados y no descubrir si sus penas eran verdaderas o falsas. Para calmar la rabia de Don Quijote, Dorotea se comenzó a inventar la historia de la princesa Micomicona. Su supuesta historia planeada decirle ella era la hija del rey Tincreo, el sabio de oro, y de la reina Jaramilla. El rey predijo que el gigante Pandafilando le pediría matrimonio a la princesa Micomicona, pero como ésta no se quería casar con el gigante, partió a buscar a un caballero que la salvase del gigante y que posteriormente se case con ella. Al oír esto, Don Quijote se lo dijo a Sancho, el cual se alegró al saber que ya tenían un reino que mandar, pero Don Quijote le dijo al momento que él le cortaría la cabeza al gigante, pero que no.
Se casaría con ella, ya que él estaba enamorado de Dulcinea del Toboso.
Tras oír esto, Sancho se enfadó profundamente y llegó a decir que Dulcinea no merecía a Don Quijote, lo que produjo el gran enfado de Don Quijote, que llegó a arrearle varias veces.
A lo lejos vieron venir a un hombre montado en el asno de Sancho, por lo que Sancho comenzó a evitar al hombre que los montaba, escapando y dejando al asno libre. Sancho, al volver a encontrarse con su asno, comenzó a besarle como si de una persona se tratase.
Don Quijote dijo que todavía mantenía la promesa de regalar de tres asnos más.
Al poco rato, Don Quijote le dijo a Sancho que le contara todo lo que había sucedido en el viaje que tuvo hacia la casa de Dulcinea.
Capítulo 31. Sancho, al no saber qué decir, no hacía más que decirle mentiras a su amo acerca de la supuesta conversación que mantuvo con Luz y Nea. Sancho le decía a Don Quijote que nada más llegar Dulcinea rompió la carta, ya que al no saber leer no quería que nadie leyera por ella. Entonces Dulcinea insistió que Don Quijote fuese a verla al Toboso.
Don Quijote preguntaba constantemente qué era exactamente lo que Dulcinea había dicho, pues le interesaba la pura verdad. Y un momento en el que Don Quijote dudaba si ir con Dulcinea primero o ir primero a cortar la cabeza al gigante. Ante estas dudas, Sancho le dijo que fuese el primero a donde se encontraba el gigante, ya que Sancho veía peligrar el señorío que le había prometido.
Capítulo 32. En este capítulo se nos cuenta cómo Don Quijote y Sancho vuelven otra vez a la venta, donde ya habían tenido alguna aventura con anterioridad. En esta venta se encuentran también con el cura, el ventero y los habituales ocupantes de la venta. Estos personajes estuvieron discutiendo durante un largo periodo de tiempo acerca de la autenticidad o no de las historias de los libros de caballerías.
El cura y el barbero argumentaban que los libros de caballerías eran mentiras e invenciones de unos escritores que lo único que deseaban era entretener a la gente. El ventero y los ocupantes de la venta argumentaban que estos libros eran historias verdaderas que les habían sucedido a unos personajes en el tiempo y contexto que el libro se citaba.
El cura y el barbero decían que todos los libros que había en la venta se debían quemar. Además, no mucho tiempo atrás habían encontrado en la venta una maleta con tres libros: "El curioso imán de Tracia", "Félix Marte de Cania" y "La historia del gran capitán Gonzalo Hernández de Córdoba". Además de estos libros, se encontraron también unas hojas de muy buena letra en las cuales estaba escrita una novela llamada "La novela del curioso impertinente", la cual leyó el cura en voz alta para que todos la escucharan.
Capítulo 33. En este capítulo se nos cuenta la novela del curioso impertinente, tal y como se supone que se relataba en las hojas que encontraron en la venta. En esta novela se nos habla de dos amigos: Lotario y Anselmo, el cual se casó con Camila, cuya amistad era tan grande que llegaron a amarlos los dos amigos. Entre estos dos personajes se produjo un dilema, ya que Anselmo se encontraba casado con Camila. Gracias a las mediaciones de su amigo Lotario para unirlos en casamiento, querían poner a prueba a su mujer Camila, haciendo que su amigo Lotario ofreciera a Camila regalos y joyas para que se probase así la fidelidad que tenía Camila hacia su esposo.
Lotario, en un primer momento, se niega a hacer tal cosa, ya que considera a Camila una mujer muy pura y honrada como para acceder a esas ofrendas de Lotario y que lo único que se conseguiría con este plan es demostrar la honestidad de Camila y la poca confianza que tiene Anselmo hacia su mujer. Lotario, tras ver que su amigo estaba dispuesto a utilizar a otra persona para poner en práctica su plan, accede a ponerlo en práctica él mismo, pero lo que hace es contarle a Anselmo conversaciones ficticias en las cuales Camila no accede a las ofrendas del Lotario. Anselmo, al darse cuenta de esta amenaza, vuelve a hablar con Lotario para buscar a otro, pero el Lotario le jura que volverá a poner en práctica el plan que había ideado Anselmo con anterioridad. Para lo cual, Anselmo dejó solos a Camila y Lotario durante ocho días para que Lotario pudiera poner en marcha el extraño plan. Durante tres días no ocurrió nada, pero el cuarto día Anselmo se decidió y le dijo a Camila lo que acontece en el siguiente capítulo.
Capítulo 34. En este capítulo se continúa con la novela del curioso impertinente. Tras sus días de incertidumbre, Camila se da cuenta de los sentimientos de Lotario y le escribe una carta a su marido contándole lo que está sucediendo. Anselmo, viendo que el plan funciona, responde a su esposa diciéndole que no se preocupe nada, que él llegaría pronto. Cuando este llega, le pregunta a su amigo Lotario qué es lo que sucede y este le confirma la pureza de la mujer, la cual no cesa de rechazar sus proposiciones. Camila le cuenta toda su criada Leonela, a la cual utiliza esta información para llevar a la casa de Camila todas las noches a su amante, sabiendo que si Camila decía algo a Anselmo, esta se lo contaría todo acerca del verdadero amor de Lotario hacia Camila. Lotario le cuenta a Anselmo que ha visto salir a un hombre de la casa, pensando que este había estado con Camila, habiendo estado en realidad con la criada Leonela. Entre Lotario, Camila y Leonela consiguen que Anselmo se esconda, como quien no quiere la cosa, en una habitación de la casa para poner así en funcionamiento un plan para que Camila y Lotario pudieran quedar bien y resolver todo el entuerto que se habían formado. Al acabar con este plan, Anselmo sale a hablar con el Lotario para manifestarle su alegría tras ver que su esposa es tan pura y sincera como creían en un primer momento y para felicitar al Lotario por lo buen amigo que era y lo bien que se había portado con él.
Capítulo 35. Antes de que hubiera acabado el cura de leer la novela, apareció Sancho por la puerta diciendo que Don Quijote estaba librando una gran batalla contra el gigante enemigo de la señora Princesa Micomicona. Al oír esto, el cura se levantó con rapidez. Cuando había un gran ruido, acompañando de las voces amenazantes de Don Quijote, cuando entraron en la habitación de Don Quijote, vieron que este se encontraba a cuchillada limpia con los cueros de vino. Lo más extraño de la situación eran las pintas que tenía Don Quijote y que, además de tener los ojos cerrados (ya que se encontraba soñando y no despierto), estaba también con una camisa que apenas le cubría los muslos y las piernas, no excesivamente limpias y llenas de vello, y además, en el brazo izquierdo tenía envuelta la manta de la cama.
Al ver todo este revuelo y lleno de vino, el ventero se abalanzó sobre el pobre Don Quijote, propinándole gran número de golpes a puño cerrado. Tan fuerte le da el ventero que si no llega a ser por Cardenio, por el cura, Don Quijote se hubiera quedado ahí de por vida. Tras un corto espacio de tiempo, el barbero consiguió despertarle echándole un cubo de agua fría en la cabeza. Después de que Don Quijote se hubo quedado dormido de nuevo, continuaron leyendo la novela del curioso impertinente, continuando por donde nos habíamos quedado en la lectura de esta curiosa novela. Leonela se había escapado con Camila y Lotario, dejando a Anselmo solo en la casa. Cuando Anselmo descubrió que le había dejado solo, decidió irse a una de esas casas que tenían un amigo suyo en el campo, donde murió. Una vez, escribió un epílogo de su vida en el que explicaba cómo moría por Camila.
Una vez acabaron de leer el libro, el cura lo calificó de poco creíble, ya que nos explicaba cómo alguien que lo tenía todo, como Anselmo, pudo liar tanto las cosas para comprobar la sinceridad de su mujer, la cual al final le acabó abandonando.
Capítulo 36. Se encontraba en la puerta el ventero, que divisó cómo se le acercaba una tropa de huéspedes. Le preguntó al ventero cuántos eran los posibles visitantes, a lo que respondió el ventero diciéndole que eran cuatro a caballo, dos a pie y una mujer vestida de blanco. Al oír esto, Cardenio entró en la habitación de Don Quijote. Llegaron los caballeros a la venta, se apearon de los caballos y trasladaron del sillón a una silla que estaba próxima a la habitación de Don Quijote a la misteriosa mujer. Todos se preguntaban quién sería esa mujer extraña, pero nadie daba respuestas a las preguntas que Dorotea hacía a los mozos. Cuando Cardenio se enteró de quién era esa misteriosa mujer, se dio cuenta de que la conocía y comenzó una larga conversación con ella, pareciendo que se la estaba disputando con Don Fernando, el caballero que le había trasladado del sillón a la silla. Al poco tiempo, se descubrió que la mujer se llamaba Lucinda y no Micomicona, como había dicho Sancho con anterioridad.
Capítulo 37. Mientras tanto, el propio Sancho se creía que Dorotea era una princesa, que el famoso gigante era Fernando, y a todo esto, Don Quijote seguía durmiendo de sus aposentos de la tremenda paliza que había dado el ventero. En la venta, se encontraban todos muy contentos, ya que al estar prácticamente llena, las ganancias para el ventero eran bastante considerables. Entre tanta felicidad, solo Sancho era el triste. Pero al poco rato, se despertó Don Quijote y comenzó a hablar con él. Don Quijote le contó a Sancho la aventura imaginaria, claro está, que había tenido este con el famoso gigante, al cual había liquidado de tal forma que llegó a comprar la sangre del gigante con enormes ríos de agua, que en realidad era vino. Sancho, al oír esto, le corrigió diciéndole que no de los ríos de agua, sino vino tinto, haciendo alusión a los cueros de vino que había destrozado Don Quijote. Al oír esto, Don Quijote le pidió una explicación a Sancho de por qué decía ríos de vino tinto. A todos estos, Sancho le explicó lo que había sucedido y también le explicó lo que estaba sucediendo actualmente en la venta.
Don Quijote bajó al salón y comenzó a hablar con Dorotea, a la cual en alguna ocasión quiso hablarle Don Fernando, pero no se lo permitía, ya que se interesaba todo lo que allí se hablaba. Una vez hubo acabado la conversación, Fernando se comprometió en llevar a Don Quijote a su casa, quedando de este modo los venteros enormemente aliviados y alegres, ya que lo único que hacía Don Quijote en esta venta era causar desperfectos y gastos a los pobres venteros. Su locura dominaba su realidad.
Capítulo 38. En este capítulo se ve cómo Don Quijote habla del soldado, de cómo es la persona más pobre que hay en el mundo, ya que tiene que sobrevivir con los mínimos recursos existentes y aún así consigue sacar el mayor partido de cualquier situación dificultosa. También les dijo que los menos premiados en la guerra y los más importantes son los pobres soldados, que además suelen morir en ellas. También comparó el trabajo de los letrados con el trabajo de los soldados, ya que trabajaba muchísimo más los soldados que los letrados y en realidad es muchísimo menos la recompensa que recibe un soldado. También afirmó que es necesaria la presencia de los letrados, ya que sin ellos no habría leyes, y sin leyes no se podría defender los reinos, y sin las leyes no se podría defender los caminos, y sin esto no habría seguridad ni la gente podría ir tranquila por las calles.
Una vez hubo concluido la conversación, Don Quijote el Cautivo dijo que ahora iban a oír el verdadero discurso y cuando estaban todos dispuestos a oír tal conversación, dijo lo que se viene a decir en los siguientes capítulos. Bueno, y en esta parte del vídeo vamos a condensar los capítulos 39, 40 y 41 en uno solo: "La historia del Cautivo".
El Cautivo nos cuenta cómo su padre dividió su hacienda entre tres partes: una para él y las otras partes para sus tres hijos, las cuales deberían dedicarse uno a las armas, otro a las letras y otro al comercio. El Cautivo nos cuenta que él fue quien se dedicó a las armas y que, tras unos cuantos viajes, fue apresado y hecho cautivo por el rey de Argel.
El Cautivo, tras ser apresado en una prisión de Argel, recibió por una ventana de la cárcel dinero y una carta. Carta de una mujer que decía que quería fugarse con él y casarse. Con el dinero de la muchacha, el Cautivo consiguió escaparse de la cárcel y, junto a unos amigos, fue a buscar a la chica y allí consiguieron el tesoro que contenía escudos de oro. Tras múltiples aventuras, entre ellas haber perdido gran parte del tesoro en el camino a Mallorca, consiguieron llegar a montañas leonesas para, junto a su amada, buscar si todavía solo vivían algunos de sus parientes.
Capítulo 42. En este capítulo se nos narra cómo al acabar el Capitán Viedma su relato, llegó a la venta un coche en el cual estaban el Oidor y dos y una doncella muy hermosa de 16 años. El Cautivo descubrió que ese Oidor era su hermano y la hermosa doncella que la acompañaba era su hija. Este hermano suyo, Juan Pérez de Viedma, era gran marqués hacia Sevilla, donde había sido nombrado Oidor de Audiencia. Mediante el cura, se presentaron los dos hermanos y la hermosa hija del Oidor con Zoraida. Al acabar esto, decidieron que el Capitán y Zoraida se fueran con el Oidor y su hija a Sevilla y, una vez allí, avisarían al padre del amor de Zoraida para que asistiera al bautismo y a las bodas de su hija.
Todos decidieron irse a la cama de nuevo, menos Don Quijote, que decidió quedarse haciendo guardia en el castillo para que nadie se acercarse a hacer mal alguno a la gente que allí estaba. Cuando faltaba poco para el alba, escucharon todos a un mozo que cantaba de tal manera que su voz encantaba a todo aquel que le escuchaba, según las palabras de Cardenio.
Capítulo 43. Dorotea despertó al oír el canto de ese extraño muchacho. A esta, a su vez, despertó Clara para que escuchase también a este muchacho. Al oír Clara a este joven, le reconoció como Don Luis, hijo de un caballero de Aragón, del cual se había enamorado desde el momento que le vio. Este muchacho, al enterarse de la partida de Clara, decidió seguirla y cantarle todas las noches los poemas que él mismo componía para ella. Dorotea, al ver el temor de Clara, tenía a su padre, se enteró de los deseos que ambos se tenían mutuamente, decidió tranquilizar a Clara prometiendo que al día siguiente se le ocurriría algo para solucionar el problema.
La hija del ventero y Maritornes decidieron gastarle a Don Quijote una broma y, desde un agujero del pajar, llamaron a Don Quijote, que se encontraba velando por la seguridad de sus amigos. Don Quijote miró por el agujero, que era según él una ventana con rejas de oro, pensando que era la hija del señor del castillo la persona que estaba al otro lado declarándole su amor a Don Quijote. Este le dijo que haría todo lo que ella quisiese para corresponder de su amor. Maritornes le pidió a Don Quijote que le diera la mano para que así se pudiese desahogar todo el deseo que sentía hacia Don Quijote, y Don Quijote aceptó darle la mano diciendo que esa mano había sido utilizada para combatir en grandes batallas. Mientras Don Quijote se subía a la silla de Sancho, Maritornes le ataba la mano al cerrojo de la puerta del pajar.
Capítulo 44. Al amanecer, debido a un extraño movimiento de Rocinante, Don Quijote quedó colgado de la mano. Maritornes, al oír los gritos que le daban, desató la mano. Al desatar de la mano, Don Quijote se cayó delante del ventero y de los cuatro jinetes que llegaban a la venta. Estos caballeros eran enviados del padre del muchacho, Don Luis, que había estado cantando la noche anterior en honor a Clara. Estos hombres venían en busca del muchacho, ya que su padre deseaba verle. Poco después, el Oidor, padre de Clara, le preguntó al muchacho que se encontraba en la venta quién era y este le dijo que era un vecino suyo que iba siguiéndole porque amaba profundamente a su hija Clara y deseaba casarse con ella. El padre, al oír esto, aceptó, siempre y cuando el padre del muchacho estuviera conforme.
Acabado esto, decidieron irse a Andalucía: Don Luis, Don Fernando, el Oidor, Clara y uno de los criados, mientras que el resto de los criados fuesen a ver al padre de Don Fernando si estaba conforme con la boda. En ese momento, tuvieron Don Quijote y Sancho la mala suerte de que apareció por allí el barbero, al que Don Quijote le había arrebatado el yelmo de Mambrino. Al ver a Sancho, arremetió contra él, llamándole ladrón por haberle saqueado. Al ver Don Quijote como su escudero peleaba por defender su honor, le prometió que le nombraría caballero en la primera ocasión que tuviera. Durante el resto del capítulo, estuvieron discutiendo sobre si el famoso yelmo de Mambrino era yelmo o simplemente una bacía, como afirmaba el barbero.
Capítulo 45. Después de una gran discusión sobre de quién era la famosa bacía, el cura pagó al barbero ocho reales por la famosa bacía. Obviamente, el cura pagó al barbero los ocho reales sin que Don Quijote se enterase, ya que si esto sucediera, se enfadaría tremendamente. En esta pelea participaron también unos caballeros de la Santa Hermandad que querían aprender a Don Quijote por haber liberado a los galeotes. Uno de los caballeros de la Santa Hermandad, después de confirmar que era Don Quijote la persona que buscaban, la prendió, acusándole de salteador de caminos. Al ver esto, sus amigos corrieron en su ayuda y Don Quijote, al verse liberado, comenzó a insultar al caballero, ya que le estaba pensando por cumplir los códigos de la caballería.
Capítulo 46. Después de que el cura les hubiera explicado que Don Quijote estaba totalmente loco, aceptaron a no meterle en prisión. Después de que este enredo se hubo solucionado, Don Quijote le dijo a la Princesa Micomicona que prosiguieran con la aventura que esta le había encomendado y ya le dijo que partiría en cuanto Don Quijote quisiese. Una vez Don Quijote se dio cuenta de que podían partir en busca de sus aventuras, le dijo a Sancho que encasillar a Rocinante para partir cuanto antes. Sancho le dijo a Don Quijote que recientemente había visto a la supuesta reina Micomicona con Don Fernando haciendo cosas no excesivamente dignas de una reina. Al oír esto, Dorotea se enrojeció, ya que era cierto que había estado con Don Fernando y era más cierto todavía que ya no era la reina Micomicona.
Al oír esto, Don Quijote comenzó a insultar a Sancho, llamándole embustero y malcreado. En este momento, Dorotea atribuyó todo lo que vio Sancho a un encantamiento, lo que calmó a Don Quijote e hizo que Sancho se disculpara por su mala interpretación. Más tarde, el cura y el barbero decidieron llevar a Don Quijote engañado hacia su casa, así que fabricaron una jaula encima de una carretera y se dispusieron a inventar una historia para que Don Quijote entrase en ella.
El cura y el barbero, con ayuda de Don Fernando, Don Luis, los cuadrilleros y los camaradas de Don Fernando, se taparon la cara con máscaras y entraron en la habitación de Don Quijote y Sancho, diciéndoles con voz fantasmal que para cumplir la misión de la Princesa Micomicona debían introducirse en la jaula para así cumplir su misión que les había sido encomendada. Don Quijote aceptó y agradeció la profecía que le acababa de hacer el supuesto fantasma, pero a pesar de esto, había quedado muy confuso porque no recordaba que a ningún caballero le hubieran trasladado en una jaula a un lugar de destino. Además de eso, el supuesto fantasma le dijo a Sancho que si seguía con su señor y seguía sus pasos, la recompensa prometida se la daría al acabar la aventura.
Capítulo 47. Una vez emprendido el viaje, se encontraron con seis o siete jinetes, de los cuales uno, que era canónigo de Toledo, se acercó y preguntó por qué llevaban a ese hombre enjaulado. Don Quijote le respondió que era un caballero andante que, debido a un encantamiento, tenía que ir enjaulado, pero Sancho le dijo que su amo no estaba encantado, ya que su comportamiento era totalmente normal. El cura, al oír esto, apartó al canónigo y le explicó la locura de Don Quijote. Después de haber oído esto, el canónigo comenzó a criticar los libros de caballerías, aunque entre todas las críticas resaltó algunos puntos interesantes que tenían estos libros.
Capítulo 48. El canónigo y el cura, pero siguieron hablando de las novelas de caballerías. En un momento dado, el canónigo llegó a decir que una vez estuvo a punto de escribir una novela de caballería, pero cuando había escrito ya bastantes hojas, se dio cuenta de que debía dejar de escribir la novela, ya que si proseguía con la novela, quedaría encerrado en un mundo del que no podría salir. Esto se relaciona un poco con la historia de Don Quijote de Alonso Quijano, que de haber leído tantas novelas de caballerías, se había quedado en ese mundo metido y totalmente loco.
Durante el resto del capítulo, el canónigo y el cura siguieron criticando este tipo de novelas, que lo único que dicen son disparates sin sentido, mientras Sancho intentaba explicar a Don Quijote que no estaba encantado, sino que estaba embaucado por el cura y el barbero, que querían que volviese a casa. Cuando Sancho se lo estaba explicando, Don Quijote le dijo que investigara, que era cierto que todo aquello no le olía demasiado bien.
Capítulo 49. En este capítulo comienza el doctor Sancho y Don Quijote discutiendo sobre si era cierto el encantamiento de Don Quijote. Al final de la conversación, Don Quijote le dice a Sancho que sí que tenía que estar encantado, ya que si no lo estuviese, no se dejaría llevar hasta dentro de esa jaula. Cuando pararon a descansar, Sancho le dijo al cura que dejara salir a Don Quijote para que pudiese darse una vuelta a hacer sus necesidades. Mientras Don Quijote se encontraba fuera de la jaula, el canónigo intentó convencer a Don Quijote de que los libros de caballería no son más que cuentos sin sentido, pero este le respondió con tantísimos argumentos que el canónigo se dio cuenta de que era imposible sacarle de su locura.
Capítulo 50. Don Quijote y el canónigo proseguían su conversación sobre los libros de caballería, donde Don Quijote comenzó a contar el largo discurso del Caballero del Lago, en la cual se describió el paisaje en donde se producen. Después de contar esto, acaba diciendo que desde que es caballero andante, eres una grandísima persona y un gran hombre. Cuando acabó esto, Don Quijote y Sancho volvieron a hablar de la recompensa que le tenía que dar Don Quijote a Sancho cuando acabara la aventura. Ante estos, Sancho manifestó un gran temor, ya que no sabría lo que hacer si llegara a gobernar mal y, en caso de hacerlo, no sabría cómo debería gobernar bien sobre su territorio.
Mientras iban caminando, el grupo encontró un pastor que salía de la maleza detrás de una cabra, a la cual le estaba reprochando que al ser hembra no se podía estar tranquila. Entonces entablaron una conversación entre el cura y el pastor, en la cual el cura llegó a decir que los montes querían letrados y las cabañas filósofos. Entonces el pastor, para corroborar esto, comenzó a contarles una historia, otra de las novelas pastoriles de Belgrano Grandes.
Capítulo 51. El pastor empieza a contar la historia de Eugenio y Leandra. El pastor contaba que cuando era más joven, se había enamorado de una mujer llamada Leandra, pero como él y otro chico más le habían pedido su mano, el padre dejó la elección en manos de la propia Leandra, la cual se lo estaba pensando mucho debido a su juventud. Por aquellos días, apareció en el pueblo un soldado que iba contando muchas historias de guerras y batallas. Leandra, al escuchar esta historia, cogió joyas de su casa y se fugó con el soldado. A los pocos días, encontraron a Leandra sin dinero y abandonada, ya que el soldado le había robado las joyas que esta poseía, y el padre, para darle un escarmiento a su hija, decidió meterla en un convento.
Una vez acabada la historia, explicó que por eso le decían a la cabra que debía ser mujer, ya que su comportamiento era alocado, igual que lo fue Leandra. Una vez más, vamos a clarificar aquí algo: los libros en la antigüedad eran bastante machistas. Desde este canal, solo pretendemos resumir de manera objetiva cada uno de los capítulos, no nos identificamos con ninguna de las ideas machistas que aquí se pueden verter.
Capítulo 52. Don Quijote le dijo al cabrero que si no fuera porque no podría comenzar una nueva aventura, iría a buscar a Leandra y se la traería junto a él, intentando no incumplir ninguna norma de caballería. El cabrero preguntó quién era aquel hombre que hablaba de esa manera. Cuando se enteró de quién era Don Quijote, opinó que debía estar loco, ya que su forma de hablar no era normal. Cuando Don Quijote escuchó esto, comenzó a insultar al cabrero, diciéndole que era él el que estaba loco y de este modo se enzarzaron en una pequeña pelea, de la cual salió Don Quijote perdiendo, que al ser muy delgado, pues le metían de hostias todo el mundo.
Poco tiempo después, vio Don Quijote a un grupo de personas en procesión que llevaban a una imagen cubierta con un paño a una ermita cercana para pedir por la sequía. Don Quijote, al ver esto, arremetió contra ellos y partió con su espada uno de los palos que llevaba un hombre, pero este hombre golpeó a Don Quijote tirándole al suelo. Cuando Sancho vio a Don Quijote tirado en el suelo, pensó que estaba muerto y comenzó a lamentarse por la muerte de su amo. Cuando Don Quijote volvió en sí, le dijo a Sancho que debían volver a casa y esperar un tiempo para salir de nuevo.
De esto continuaron el viaje Don Quijote, Sancho, el cura y el barbero. Cuando Don Quijote volvió a casa, le estaban esperando el ama y la sobrina, las cuales se ocuparon de que descansara en paz y tranquilidad. Sancho manifestó su gran alegría por las aventuras que tuvieron y más aún su intención de volver con Don Quijote, pero eso ya lo veremos en la segunda parte.
Y bueno, aquí concluimos la primera parte del libro, "Don Quijote", el primer libro que se publicó en 1605, y continuaremos en el siguiente vídeo, será sobre la segunda parte de "Don Quijote", que se publicó diez años después, en 1615. Si ha quedado alguna duda sobre cualquiera de los capítulos, pero ponéis en los comentarios. Ya sé que ha quedado un vídeo bastante largo, pero con este resumen estoy convencido de que si tienes un examen de la obra y no te lo has leído, por lo menos apruebas. Muchas gracias por estar ahí, no olvidéis suscribiros y nos vemos en el próximo vídeo, en el que hablaremos del segundo libro de "Don Quijote de la Mancha". Un saludo a todos.