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LA GRACIA 2025/12/14 Recuperar el deseo por Cristo

fraynelson10:10

Transcription

Feliz domingo para todos. Es el tercer domingo de Adviento. Sabemos que siempre en Adviento hay cuatro domingos. De hecho, así está estructurado el Adviento.

Si tú quieres saber cuándo empieza el Adviento en un determinado año, la fórmula más sencilla es que tú miras la fecha de Navidad, o sea, el 25 de diciembre y el domingo anterior va a ser el domingo 4. El anterior a ese es el tres, el anterior el dos y el anterior el uno. Esa es la manera como la iglesia hace el cómputo para los cuatro domingos de Adviento. Y ahora ya estamos en el tercer domingo de Adviento.

Otra cosa que hemos recordado varias veces es que en el Adviento vamos haciendo un camino y que en ese camino tenemos quien nos guíe, fundamentalmente tres personas. El profeta Isaías, que lo oímos prácticamente todos los días, Juan Bautista, que va apareciendo cada vez más. Ya estuvo el domingo pasado y ahora vuelve a aparecer. Y luego, por supuesto, la santísima Virgen María.

Cuando una mujer está embarazada se dice que está esperando. Y creo que todas las esperas de María, pues nos invitan también a que nosotros crezcamos en la esperanza. Así como ella estaba esperando con inefable gozo, pero también con santo temor de Dios, estaba esperando el nacimiento del Mesías, así también nosotros tenemos que ir haciendo camino en esta espera. Tenemos que hacer camino junto con María. Así que Isaías, Juan Bautista y la Virgen María.

En este evangelio tomado de San Mateo encontramos a Juan Bautista. Es el momento final, es la etapa final de la vida de Juan Bautista. Él está en la cárcel, todavía le quedan discípulos. Recordemos que Juan tuvo un impacto impresionante en la gente de aquel tiempo. La gente lo tenía por profeta. La gente lo tenía por un hombre de Dios. Es decir, nadie podía hablar con tanta libertad, con tanto fuego como Juan si no estaba con Dios. O sea, para todos él era un hombre de Dios. Pero por eso mismo, pues Juan todavía tenía discípulos en la cárcel. Y ahí es donde encontramos la escena del evangelio de hoy.

Es Juan que envía a algunos de sus discípulos para que vayan donde Jesús con una pregunta. Y en esa pregunta tiene que centrarse nuestra atención esta vez. La pregunta es, ¿eres tú el que tenía que venir? ¿O debemos esperar a otro? Yo quiero que nos quedemos con esa pregunta por dos motivos.

Primero, porque muestra que el pueblo de Dios en medio de todas sus situaciones, dolores, incoherencias, pecados, en medio de todo eso, el pueblo de Dios también tenía, y esto es muy hermoso, también tenía un deseo. Es decir, ni las tragedias que les habían acontecido como el destierro, ni la opresión que estaban sufriendo porque estaban bajo dominio de los romanos, ni la conciencia de sus propios pecados, es decir, ni lo de fuera ni lo de dentro, habían podido destruir el deseo, el deseo del Mesías. Y creo que es muy hermoso llegar a este tercer domingo de Adviento y en este tercer domingo recuperar el deseo, el deseo del Mesías.

Muchas veces pasa, por ejemplo, en las familias que hay niños que comen muchos caramelos, decimos a veces chucherías, entonces comen que papitas, platanitos, dulces, helados. Y mientras están comiendo todas esas cosas, se les daña el apetito para el almuerzo. Es decir, que puede uno estar tan distraído comiendo lo que no alimenta, que se le acabe el hambre por lo que sí alimenta, por aquel que de verdad alimenta. Es una enseñanza poderosa para nosotros, porque el pueblo de Dios, aunque tenía tantas cosas en que pensar, que los romanos nos oprimen, que los recuerdos del destierro, que Herodes es un rey cruel, es decir, así recordaran todo eso y así tuvieran conciencia de sus pecados, tenían hambre. ¿Eres tú el que tenía que venir o tenemos que seguir esperando? O sea, ellos estaban esperando. Escúchame eso. Ellos estaban esperando.

Y yo te invito a que en este tercer domingo nosotros recuperemos el hambre. Nosotros no nos dejemos entretener. Por favor, no permitamos que nos entretengan las preocupaciones políticas, culturales, filosóficas, económicas. Sí, sí hay esas preocupaciones, pero debajo de todo eso, si tú escrutas en tu corazón, hay un deseo. Ese deseo es el deseo del Mesías. Ese deseo es el deseo de Cristo. Tú tienes deseo de Cristo. Aunque no lo sepas, aunque no lo reconozcas. Es importante que recuperes ese deseo de Cristo, porque es la única manera de tener un auténtico adviento. Tener hambre de Cristo, tener deseo de Cristo es la única manera. Así que esa es una enseñanza que nos deja este evangelio.

Y luego la pregunta era, ¿eres tú el que tenía que venir o tenemos que esperar a otros? Y la pregunta a veces se ha interpretado como que Juan tenía dudas, como que Juan en la cárcel se preguntaba, ¿será que le invertí la vida? ¿Será que le gasté la vida al que sí era o me equivoqué? Algunos interpretan así, muchos interpretan así, pero hay otra interpretación que es la que más me gusta y que la he comentado otras veces.

Yo no creo que Juan tuviera dudas. Y la razón por la que no creo que tuviera dudas es porque él cuando Cristo estaba apenas empezando su ministerio, señaló y dijo, "Este es el cordero de Dios." Y él dijo, "Este es el cordero de Dios porque había recibido una señal del cielo. Aquel sobre el que veas bajar el Espíritu Santo, ese es el cordero de Dios." Y Juan Bautista había visto esa señal en la forma de la paloma, una paloma que había descendido sobre Cristo y él había escuchado la voz del Padre. Entonces, escuchar la voz del Padre, ver la señal de la paloma, recibir la moción del espíritu él en su corazón, él no tenía dudas. Yo no creo que él tuviera dudas.

Lo que él quería era que sus discípulos, él estaba en la cárcel, ¿recuerdas? sus discípulos ya se fueran, que ya se fueran con Cristo, que ya se fueran con Cristo. Es decir, la última renuncia de Juan Bautista fue esa. Él lo había perdido todo, no tenía más familia. Acuérdate que vivía en el desierto, en la pobreza más espantosa que uno se pueda imaginar. Ya él lo había entregado todo. Lo único que le quedaba eran sus discípulos y él entregó eso último que le quedaba por amor a Cristo y por el bien de ellos, como diciendo, "Ya mi misión terminó. Ya yo hice lo que tenía que hacer. Ya no se queden conmigo, váyanse con Jesús." Me conmueve eso. Me conmueve como este hombre lo entregó todo por Cristo. Me conmueve como este hombre lo perdió todo por Cristo. El apóstol San Pablo tiene esa expresión, exactamente esa expresión, refiriéndose a Jesucristo. Por él lo perdí todo. Pues esa misma frase la puede decir Juan Bautista. Por él lo perdí todo. Lo último que me quedaban eran unos cuantos discípulos. Los entregué. Y se quedó en la soledad de un calabozo frío hasta el día en que, como sabemos, llegó un soldado con una espada básicamente a ejecutarlo.

Hermanos, ese testimonio de amor a Cristo complementa lo que antes decíamos, hambre de Cristo y deseo de entregarlo todo por Cristo. Son las enseñanzas de este domingo. Repito, y ojalá lo escribas porque te conviene. Hambre de Cristo, recupérala y deseo de entregarlo todo por él. Él me hace falta y él es lo único que me hace falta. O como decía Santa Teresa de Jesús, solo Dios basta. Si hemos llevado un adviento un poquito descuidado, un poquito distraído, que esto sirva como despertador, que esto sirva para decir, "Él me hace falta, él nos hace falta. Voy a terminar este adviento hermosa y santamente." Amén. Okay.