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Rodolfo Walsh - Carta abierta de un escritor a la Junta Militar

Facultad de Ciencias de la Educación - UNER5:25

Transcription

Ha llegado el momento. La censura de prensa, la persecución a intelectuales, el allanamiento de mi casa en El Tigre, el asesinato de amigos queridos y la pérdida de una hija que murió combatida son algunos de los hechos que me obligan a esta forma de expresión clandestina.

Después de haber opinado libremente como escritor y periodista durante casi 30 años, ha llegado el momento. El primer aniversario de esta junta militar ha motivado un balance de la acción de gobierno en documentos y discursos oficiales donde lo que ustedes llaman aciertos son errores, los que reconocen como errores son crímenes y los que omiten son calamidades.

Ha llegado el momento. Lo señala un diálogo breve, impresionante: 15.000 desaparecidos, 10.000 presos, 4.000 muertos, decenas de miles de desterrados son la cifra desnuda de ese terror. Colmadas las cárceles ordinarias, crearon ustedes en las principales guarniciones del país virtuales campos de concentración donde no entra ningún juez, abogado, periodista o observador internacional.

El secreto militar de los procedimientos, invocado como necesidad de la investigación, convierte a la mayoría de las detenciones en secuestros que permiten la tortura sin límite y el fusilamiento sin juicio. Más de 7.000 recursos de Habeas Corpus han sido contestados negativamente este año. En otros miles de casos de desaparición, el recurso ni siquiera se ha presentado porque se conoce de antemano su inutilidad o porque no se encuentra abogado o que ose presentarlo después de que los 50 o 60 que lo hacían fueron a su turno secuestrados.

¿Qué nos van a hacer? Pregunta uno. No van a hacer el potro, el torno, el despellejamiento en vida. La sierra de los inquisidores medievales reaparecen en los testimonios junto con la picana y el submarino, el soplete de las articulaciones contemporáneas. Mediante sucesivas concesiones al supuesto de que el fin de exterminar a la guerrilla justifica todos los medios que usan, han llegado ustedes a la tortura absoluta, intemporal, metafísica.

En la medida que el fin original de obtener información se extravían las mentes perturbadas que la administran para ceder al de machacar la sustancia humana hasta quebrarla y hacerle perder la dignidad que perdió el verdugo que ustedes mismos han perdido. A partir de ese instante, el relato se fragmenta. Está en 12 o 13 nódulos de pánico.

A la luz de estos episodios cobra su significado final la definición de la guerra pronunciada por uno de sus jefes: "La lucha que libramos no reconoce límites morales ni naturales, se realiza más allá del bien y del mal".

Estos hechos que sacuden la conciencia del mundo civilizado no son, sin embargo, los que mayores sufrimientos han traído al pueblo argentino, ni las peores violaciones de los derechos humanos en que ustedes incurren. En la política económica de este gobierno debe buscarse no solo las explicaciones de sus crímenes, sino una atrocidad mayor que castiga a millones de seres humanos con la miseria planificada, con la miseria planificada.

Ha llegado el momento. Es una propaganda abrumadora, reflejo deforme de hechos malvados. No pretendiera que esa junta procura la paz, que el general Videla defiende los derechos humanos o que el almirante Massera ama la vida. Aun cabría pedir a los señores comandantes en jefe de las tres armas que meditaran sobre el abismo al que conducen al país, tras la ilusión de ganar una guerra que, aún si mataran al último guerrillero, no haría más que empezar bajo nuevas formas.

Ha llegado el momento. Momento porque las causas que hace más de 20 años mueven la resistencia del pueblo argentino no estarán desaparecidas, sino agravadas por el recuerdo del estrago causado y la revelación de las atrocidades cometidas.

Estas son las reflexiones que en el primer aniversario de su infausto gobierno he querido hacer llegar a los miembros de esa junta, sin esperanza de ser escuchado, con la certeza de ser perseguido, pero fiel al compromiso que asumí hace mucho tiempo de dar testimonio aún en momentos difíciles.

Rodolfo Walsh

Buenos Aires, 24 de marzo de 1977