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La batalla de Midway es uno de los combates más importantes y decisivos de la Segunda Guerra Mundial. En un vídeo que publicamos en este canal sobre la Segunda Guerra Mundial, ya os contamos cómo los Estados Unidos, presididos por Roosevelt, aplicaron un bloqueo comercial y un embargo de petróleo a Japón. Entonces, al gobierno nipón solo le quedó una salida: o retroceder o ir a la guerra. Y fueron a la guerra.
Los japoneses atacaron por sorpresa la base de Pearl Harbor en Hawái, lo que provocó que Estados Unidos tuviera por fin unos motivos más que sólidos para declarar la guerra a las potencias del Eje. Roosevelt dividió sus fuerzas: por un lado, gran parte del ejército acudió en ayuda de los aliados en Europa, mientras que el resto de sus fuerzas, sobre todo las navales, se enfrentaron a los japoneses en el Pacífico.
Durante los seis meses que siguieron a esta declaración, los japoneses obtuvieron importantes victorias. Invadieron Tailandia, Filipinas, la Malasia británica, Birmania, las Indias Orientales Holandesas y ocuparon multitud de islas en el Pacífico, además de la importante base naval de Singapur. El ánimo de los estadounidenses no pasaba por su mejor momento. Tampoco mejoró después de la batalla del Mar del Coral, la primera batalla de portaaviones en la historia.
Los japos habían salido muy perjudicados en esta batalla: uno de sus portaaviones fue hundido, otro dañado y otro quedó sin grupo aéreo. Sin embargo, el precio de la victoria estratégica norteamericana se había saldado con importantes bajas, entre ellas el Lexington y uno de los portaaviones estrella, el Yorktown.
Entre las tropas niponas no cabía el desánimo. Se ideó una operación para ganar océano a los norteamericanos. La Operación M fue el nombre que los japoneses dieron a los preparativos secretos de la batalla de Midway. Midway era un atolón americano del Pacífico Norte, entre Tokio y Pearl Harbor, un enclave fundamental que podían utilizar para atacar japonés.
Yamamoto, comandante en jefe de la flota combinada de la Armada Imperial Japonesa, ideó un engaño: dispersar la flota para disimular el ataque y alejar a los barcos americanos del atolón. Para llevar a cabo esta distracción, Japón se dirigió al norte para efectuar un ataque sobre las islas Aleutianas, a Tusk, pertenecientes a Alaska. Era la primera vez y la última que una potencia extranjera ocupaba suelo estadounidense.
Lo que el almirante japonés desconocía era que los yanquis habían descifrado parcialmente uno de los principales códigos navales japoneses, el apodado JN-25 por los aliados, y el que permitió que se conocieran muchos detalles de la operación. Entre estos detalles estaba la estrategia japonesa de dispersar la flota americana, también que se llevaría a cabo una operación militar en un objetivo llamado AF.
Los americanos sospechaban que AF podía ser Midway. Entonces se les ocurrió enviar un falso mensaje de Midway a Pearl Harbor diciendo que, debido a una avería en sus depuradoras, solo les quedaba agua para unos cuantos días. Poco después, los japoneses en sus comunicaciones dicen que AF tiene escasez de agua. Los japoneses habían mordido el anzuelo: AF era Midway.
Conociendo los planes enemigos y bajo el liderazgo del almirante Chester Nimitz, comandante el jefe de la flota del Pacífico, los estadounidenses enviaron refuerzos a Midway en previsión del ataque. Además, el portaaviones Yorktown, gravemente dañado durante la batalla del Mar del Coral, fue reparado en tiempo récord y estuvo preparado para el combate, lo que sorprendería a los japoneses.
Durante la batalla, el vicealmirante japonés Nagumo lanzó su primer ataque a la isla a las cuatro y media del día 4 de junio de 1942 con un total de 108 aviones de combate. A las seis y veinte, los aviones de Nagumo comenzaron a bombardear Midway, causando grandes daños a las instalaciones militares de la isla. Sin embargo, algo no iba según lo previsto: la resistencia antiaérea de la isla era inusual.
Los japoneses informaron de la presencia de una considerable flota norteamericana de una manera un tanto torpe, pues tardaron 40 minutos en destacar la presencia de portaaviones enemigos cerca de la zona. El almirante Nagumo se encontró ante un dilema: ¿escuchar a sus subordinados o seguir el manual de guerra japonés? Sus oficiales le insistieron en que lanzara un segundo ataque sobre la flota norteamericana con los efectivos de reserva y que no esperase a que regresara la primera oleada para hacer el relevo. De esta manera ganaría tiempo y se adelantaría un posible ataque enemigo.
Sin la confirmación de la composición de la flota estadounidense que se había avistado en AF, Nagumo fue cauteloso y prefirió seguir el manual de forma tranquila. Resolvió aguardar a que los efectivos del primer asalto regresaran a los portaaviones para luego lanzar con el armamento apropiado el segundo ataque, decisión que supondría más adelante la derrota.
Al mismo tiempo, mientras la indecisión se apoderaba del mando japonés, el almirante Fletcher ya había puesto en marcha los aviones del Yorktown para que atacaran a los portaaviones japoneses. Además, al contrario que Nagumo, el almirante Spruance, desde el Hornet y el Enterprise, dio la orden de que sus aeronaves atacasen con todo lo que poseían sin esperar a que toda la flota aérea estuviese en el aire para hacer un ataque conjunto y coordinado.
Esta táctica, a pesar de disminuir el volumen del impacto de los ataques hacia los japoneses y acarrear grandes pérdidas para los estadounidenses, consiguió desorganizar la capacidad de contraataque nipona, que se encontró totalmente vulnerable ante el arrojo americano. Oleadas de lentos aviones torpederos Douglas TBD Devastator que se lanzaron en fila contra los portaaviones casi a la altura del mar fueron destruidos sin causar graves daños a los japoneses. Sin embargo, éstos obligaron a los barcos nipones a navegar en círculos y hacer maniobras para evitar los torpedos, lo que les impidió tomar buenas posiciones para el despegue de sus aviones. Por otro lado, obligaron a los Zero, los cazas japoneses, a gastar casi toda su munición y combustible mientras intentaban derribarlos y provocó que la escolta aérea de los portaaviones nipones se colocara fuera de posición para defenderlos.
Los estadounidenses además enviaron bombarderos que atacaron en picado desde el nordeste y el suroeste. Éstos cayeron sobre los portaaviones enemigos, que para entonces estaban en condiciones extremadamente vulnerables, con las cubiertas llenas de aviones cargados con combustible y armados para iniciar el contraataque. Esos aviones que el almirante Nagumo no quiso adelantar.
A las 10:22, los bombarderos del portaaviones Enterprise se lanzaron sobre el portaaviones Kaga, mientras que en el sur los del Yorktown cayeron sobre el Soryu y el Hiryu, que también recibió los impactos de los bombarderos del Enterprise. Cuatro minutos después, el ataque, que duró seis minutos, fue devastador: 3 de los 4 portaaviones japoneses quedaron fuera de combate, en llamas o hundidos.
El contraataque japonés desde el portaaviones intacto Hiryu dañó el Yorktown inmovilizándolo, pero fue vuelto a reparar en una hora. Los nipones no contaban con esta rápida reparación y lo volvieron a atacar creyendo que era el Enterprise. Por tanto, el Enterprise pudo lanzar un ataque aéreo al Hiryu, que fue destruido en la batalla.
Japón perdió los 4 portaaviones que puso en combate, un gran destrozo, puesto que a la gran flota imperial japonesa ya solo le quedaban dos. Además, perdió 248 aviones y más de 3000 hombres, entre los que se encontraban experimentados pilotos navales. Los norteamericanos, sin embargo, solo perdieron uno de sus tres portaaviones, el Yorktown. También perdieron un destructor, 150 aviones y 300 hombres.
Gracias a esta victoria, Estados Unidos la expansión japonesa por el Pacífico se detuvo, aunque la marina nipona continuó luchando con ferocidad incluso frente a la supremacía naval de los Estados Unidos. Midway sería un punto de inflexión en la contienda, dando a los norteamericanos la iniciativa estratégica. La victoria de los aliados solo era cuestión de tiempo.
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