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Todo depende del concepto que tenemos del ser humano, porque no podemos pensar el ser humano como un individuo. Eso es una abstracción del capitalismo. Porque el ser humano concreto es un nudo de relaciones, volcado en todas las direcciones. Ya Marx decía en su séptima tesis contra Feuerbach que el ser humano es el conjunto de sus relaciones sociales. Yo diría que es una visión correcta, pero reductiva. El ser humano es el conjunto de todas sus relaciones, sea con el otro, sea consigo mismo, sea con la naturaleza, sea con la trascendencia. Esa es el ser humano concreto que está sobre la Tierra, que está ahí.
Entonces, este ser humano tiene en sí dimensiones. Una dimensión que es espiritual. Tiene su visibilidad corporal, mediante la cual está presente a todo el mundo, a la Tierra. Tiene su interioridad psicológica: sus emociones, sus pasiones. Y tiene la tarea de equilibrarse para mantenerse normal. Pero también tiene una dimensión de lo profundo, donde él plantea cuestiones fundamentales. Finalmente, ¿por qué estoy en este mundo? ¿Dónde vengo? ¿Hacia dónde voy? ¿Cuál es el sentido de mi vida y el sentido de las relaciones que tengo con la naturaleza, con toda la historia? Esas son dimensiones siempre presentes. Y para mí, es la dimensión espiritual.
Y siempre que el ser humano pasa por grandes crisis, así nos dicen los antropólogos, y como estamos pasando ahora, que son crisis eh sistémicas, donde la totalidad de las relaciones expuesta en jaque, ahí las preguntas se hacen más urgentes, porque las estrellas guías desaparecen. Y ahí viene la dimensión espiritual del ser humano, que intenta buscar un camino que haga sentido y que pueda salir de esa crisis. Y yo diría más, incluso en la línea más neutral, porque no tiene nada que ver con religión, que es Max Weber, cuando él habla de la política como misión. Dice, la política en su profundidad vive de una mística. No una mística un sentido religioso, una mística como un conjunto de ideas poderosas que mueve a la la persona a la acción y que la mantiene con esperanza, con resistencia, aunque no realice sus intentos.
Entonces, el ser humano tiene esa dimensión. Yo creo que en un momento como ese, si no tenemos espiritualidad, no resistimos a los ataques tremendos que viene del sistema del capital con su cultura, que quiere colonizar a todos para ser no ciudadanos, que no les importa que sean los consumidores. Y ahí la espiritualidad es importante, porque uno se afirma como persona, con su proyecto, con su visión de mundo. Y tiene consecuencias, porque implica una actitud diferente, eh, una postura que sea crítica o de adhesión, pero generalmente crítica, de alejarse de esas perspectivas más, yo diría, incluso en el contexto actual, crueles y sin piedad, porque son posturas que atacan el sistema vida, sistema tierra, y no no tiene ninguna piedad, ningún sentido humanitario.
Y ahí se olvida que el ser humano es un hijo, hijo de la tierra. Yo diría más, es la porción de la tierra que en un dado momento de su evolución empezó a sentir, amar, pensar. Somos tierra, como dice el gran cantante y poeta argentino Atahualpa Yupanqui. La tierra que siente, la tierra que anda, la tierra que venera. Entonces, ellos niegan su humanidad en función de esa de esa desviación del sentido de la vida. Que el sentido de la vida no es acumular, no es explotar a los demás y acumular riqueza, porque de al fin y al cabo, cuando morimos, no llevamos nada. Los miles millones de Bill Gates no le van a salvar la vida y no tendrá más que 3, 4 metros de tierra para ser enterrado, no más.
Entonces, es una irracionalidad. Muestra cómo el sistema que se propone como racional o regido por la razón, que esa razón se ha hecho una razón enloquecida, una razón irracional. Yo creo que lo primero que hay que mostrar a las personas, la gran ilusión que incurre pensando que con consumo, con la abundancia de medios de utilización de consumo, se pueden hacerse felices. Es una trampa, una mentira que el sistema impone. Y no produce felicidad, produce desengaño, decepción y produce esa ansia de el que no tiene quiere tener, el que tiene quiere más, el que tiene más dice, nunca es suficiente. Entonces, una ansia que lo lo desubica de la realidad.
Entonces, mostrar que el sistema capital no es un sistema mejor. Diría la cultura del capital, que nos induce el consumo permanente, nos hace ansiosos, nerviosos, no produce felicidad. La felicidad no nace de cosas, nace de cosas que no están en el mercado, no están el sistema financiero. Está la capacidad de sentir, de amar, de tener compasión, de ser solidario con el otro. La dimensión de lo profundo del ser humano. Tal vez en ese contexto sería interesante poner una palabra que uno no esperaría que vendría de él, que es el que ha escrito el libro que muchos conocen, El Principito. Que han descubierto recién un texto de él que escribió al final, dentro de la Segunda Guerra Mundial, porque le derrumbaron el avión, desapareció, que se llamaba "Carta al General X", donde dice, el gran problema del mundo no sería posible esa guerra terrible que tenemos si los seres humanos cultivaran la vida del espíritu. Y se cultiva la vida del cuerpo, como hace gimnasio, cultiva la vida de la psicológica y tiene todo un aparato de psicólogos, pero no cultivamos la vida del espíritu, que es hecha de convivencia, de fraternidad, de alegría de cara a la naturaleza, de sentimiento e de cara al que sufre. Por eso la compasión. Si el ser humano viviera esa dimensión del espíritu, no habría guerra en el mundo, habría paz en el mundo.
Entonces, hay que convencer a las personas que dentro de ellas hay esa virtualidad. El ser humano eh es un proyecto infinito. Que el sistema del capital ha aprovechado una dimensión que es verdadera, que es la autoafirmación de uno. Yo quiero ser feliz, me impongo, lucho. Pero olvida la otra, que el ser humano no vive convive, está junto con otros, está enraizado en la tierra. Y la madre tierra ofrece todo lo que necesitamos para vivir. Respiramos el aire que tenemos, el agua que bebemos, el suelo que nos soporta. No concientiza eso. Entonces, darle la conciencia de que somos parte de una gran realidad que nos desborda por todas las partes y que tenemos virtualidades que pueden hacernos felices. Más humanos significa acercarnos al otro, no con rabia, con odio, sino extendiendo la mano. No cerrar el puño para dominarlo, sino la mano extendida para una alianza, para una convivencia. Uno puede hacer eso. Está dentro de las posibilidades humanas. Y cada uno hace la experiencia de su cotidiano con los amigos, con la familia, que esas que producen felicidad. Y hay que alargarla, multiplicarlas, porque ahí está un poco el secreto de lo que es una humanidad posible y no una humanidad castigada por relaciones de conflicto, de destrucción.
Tenemos que garantizar la base material física, sin la cual no vivimos. Un cadáver no hace política, un cadáver protesta. Tenemos que estar vivos. Y para vivos, tenemos que para estar vivos, tenemos que garantizar la base físico-química, ecológica de las condiciones que mantienen la vida. Y ahí la relación con la madre tierra. No me gusta la palabra "recursos", es muy capitalista. Con los bienes y servicios que la madre tierra continuamente nos ofrece. Y las culturas indígenas lo dice con cariño, las bondades que la madre tierra continuamente nos ofrece. Entonces, hacer consciente lo que inconscientemente ya vivimos, pero el sistema de capital nos engaña continuamente y crea el fetiche de que el producto, el brillo que tiene eso puede hacernos felices. Habla a lo profundo de nosotros, la dimensión del deseo. Sabemos que el deseo es estructura infinita, no tiene nunca se se acaba de saciarse, que uno tiene que aprender a imponerse límites. El consumo tiene que ser un consumo de sobriedad compartida. Que si somos sobrios, tenemos lo suficiente y lo decente para todos. No hay que consumir de manera irracional, de forma que otros, sino en consonancia con lo que naturaleza nos ofrece. Tener esa relación de solidaridad con todos y el sentido de también de renunciar a un bien particular en función de un bien colectivo. Y eso pertenece a toda tradición ética de los seres humanos. Uno tiene que saber renunciar, porque si se me vienen las ganas de agarrar, tengo que dominarme, porque toda la civilización es hecha para que seamos humanos y no me entrega los instintos violentos que están dentro de mí, porque te somos simbólicos y diabólicos, sapientes y dementes, no por un defecto de creación, por la condición humana que es así.
Entonces, hay que saber tener la justa medida, el autocontrol. Y exactamente eso que no tiene el capitalismo, no tiene ninguna medida, un crecimiento absoluto infinito. Y ahora nos damos cuenta por datos científicos, la experiencia cotidiana, que el planeta es pequeño, finito y no soporta un proyecto infinito. Hemos tocado los límites de la tierra. La tierra necesita un año y medio para reponer lo que le sacamos durante un año. Entonces, la tierra ya no tiene sustentabilidad. O cambiamos, o vamos al encuentro de lo peor.
Entonces, para mí, llegamos a un momento que el propio sistema de capital no alcanza a reproducirse, o lo hace con extrema violencia, o como quiere con América Latina, a recolonizarnos, hacer que seamos solamente exportadores de commodities, nada de industrialización, nada de autonomía de nuestros pueblos, nuestras comunidades que se defienden con sus técnicas sociales, que no necesitan los grandes aparatos, no quieren nada de esto. Quieren someternos de nuevo a una recolonización para que ellos sigan manteniendo la hegemonía y tener las cosas que ya no tienen, toda la riqueza que la tierra, que la tierra es abundante en América Latina, sea en agua, sea en biodiversidad, sea en bosques húmedos y todo lo que sea.
Entonces, ahí tenemos que ser críticos, resistir, rechazar, criticar y lo más posible ponernos a la cultura del capital. Pero es extremadamente tentador y es lo más difícil, porque todo ahora cambiamos de celular, con la computadora, del tenis, de la camiseta, porque es moda, porque el sistema viene. Y ahí uno tiene que decir, no, yo voy a hacer lo que yo quiero, lo que yo decido, no me no me someto a esa lógica consumista del capital. Por la experiencia que yo tengo un poco yendo por el mundo y participando de grupos y dando charlas, yo veo que todas las partes del mundo, incluso en China, en Japón, donde sea, hay grupos de personas que se proponen una alternativa a ese mundo, no solamente posible, sino mundo necesario. Empieza de cuidar de las semillas, otra manera de cuidar del agua, de construir la casa, de reflorestar, de todo lo que está devastado, de mantener todos los seres vivos, porque cada ser vivo tiene el derecho de existir y de vivir. Y y estar dentro de nosotros en la conciencia. Eso la ciencia nos nos ha mostrado científicamente que todos los seres vivos, desde la célula más originaria, pasando por los grandes bosques, los dinosaurios, llegando a nosotros, tenemos todos los mismos 20 aminoácidos, las mismas cuatro bases fosfatadas. Significa, somos todos hermanos y hermanas. La combinación diferente de esos elementos hace la biodiversidad, pero somos una unidad de la vida.
Entonces, no solamente saber esto como un dato intelectual, sentirlo esto, sentir que somos hermanos y hermanas. Vivir un poco la mística de San Francisco, porque moderno es él, a pesar de que vivió hace 800 años, porque sentía, se sentía hermano del árbol, del sol, de la luna, del gusano que estaba en el camino, lo sacaba para salvarlo. Esa actitud que era una visión más mística, para nosotros es una visión científica. Lo sabemos por un experimento científico, pero no basta eso, porque sería ser de la razón intelectual. Pero hay que rescatar junto con eso la razón cordial, la razón sensible. Sentir el otro, la vida que está en él, está en mí. Hay que escuchar juntos el grito de la tierra, del pobre, sentir el dolor de la naturaleza, el dolor del mundo, hacerlo mi dolor. Si yo comparto esa profunda comunión que es compasión, es una forma de amor, está de parte del otro. Si uno mantiene esa actitud, yo creo que una parte hemos empezado por el camino bueno, que por ahí hay camino, hay solución. Y por todas las partes del mundo, no tenemos todavía la hegemonía, pero tiene la fuerza de una semilla. La semilla tiene dentro de sí las raíces, tiene el tronco, tiene las hojas, tiene las flores, tiene los frutos. Entonces, lo que hay, somos ellos, son árboles ya cansadas que han llegado al clímax, que van a tumbarse, morir, porque no tiene condiciones de rehacer la vida. Entonces, hay que creer y tener confianza, esperanza en el secreto de vida que está dentro de esas semillas que están por todas las partes del mundo. Ahí se está preparando la nueva humanidad.
Yo tengo mi percepción que todavía no estamos en el corazón de la gran crisis. Vendrá una gran crisis, el sistema tierra, donde la humanidad se da cuenta, o cambiamos, o morimos. La crisis pertenece a todos los sistemas de vida. Nosotros, la primera gran crisis cuando nacimos, la crisis de la juventud, la crisis de la decisión de la profesión del estudio, la crisis del matrimonio y al final la gran crisis, la al final de la vida, de la muerte. Entonces, la crisis pertenece al sistema de la vida. Y toda crisis, que tiene su expresión filológica del sánscrito "cri", que significa crisolar, purificar, tiene esa dimensión que purifica todo lo que es añadidura, que no cuenta, cae, se queda el meollo a partir del cual uno puede construir algo de nuevo.
Entonces, yo creo que la teoría moderna de del caos nos ayuda a entender esto, porque el caos tiene dos dimensiones: es el caos destructivo y el caos generativo. El caos destructivo, y estamos viviendo ahora, destruye todo lo que no cuenta, que no se sustenta, que no vale, que es artificial. Es el caos destructivo e inevitable. Pero simultáneamente, el caos tiene la dimensión generativa, genera dimensiones, posibilidades nuevas que van al principio muy pequeñas, pero lleva el futuro, tiene fuerza y van se imponiendo hasta dominar.
Entonces, yo creo que esa crisis es benéfica, es natural. Pero con una diferencia, que hasta hoy las crisis eran regionales, culturales. Ahora es una crisis del sistema global de la vida, sistema global de la tierra, por la primera vez. Y ahí el riesgo, o nos salvamos, o nos perdemos. Nos perdimos y ahora no hay una arca de Noé que salve algunos y deja perecer los demás. O nos salvamos todos, o nos perdemos todos. Entonces, tiene una especificidad de esa crisis. Y no tenemos el derecho de errar, no podemos errar, porque será demasiado tarde para rehacer el camino. Tenemos que entrar por la embocadura correcta. Y ahí sí, creo que hay suficiente inteligencia. Y ahí una persona religiosa dice, tiene un Dios que se anuncia como el apasionado amante de la vida, como el libro de sabiduría se dice, un Dios que es un apasionado amante de la vida, no va a dejar que la vida va a desaparecer. Dará una manera de que vida puede dar un salto de calidad para otras formas de vida, tal vez más sencillas, más relacionadas, eh, menos agresivas, más armoniosas. Eso está dentro de las posibilidades.
Yo creo que hay que partir de eso, que el ser humano está dentro de un conjunto de relaciones sociales, sea empezando por la familia, o su ciudad, su provincia, su estado y provincia. Y ahí está dentro de esas relaciones todas. Pero puede tener situaciones políticas de gran opresión, explotación de esa región, o de para hablar más concretamente, los pueblos indígenas de América Latina han perdido su autonomía por la superexplotación, por el desprecio, por la marginación. Entonces, empoderarlos, darles fuerza, rescatar esas dimensiones. Y eso es una tarea de toda una región, toda una cultura, todo un pueblo. Y es importante que que tenga aliados desde afuera que los apoyen, que entren por la puerta por detrás, no entrando para tener hegemonía, entrando más bien para escuchar, para apoyar, para que ellos sigan su camino. Y ahí vale la pena ser solidarios, estar juntos, ofrecer es esa ayuda, no para dominarlos, para que ellos se apropien de eso y se hagan cada vez más autónomos, hasta que no no nos necesiten.
Yo creo que el concepto eje es autonomía. Y cómo eso no existe, uno tiene que liberarse para crear la autonomía, porque el ideal de todos los seres, cada ser vivo, cada árbol, cada animal, que sea autónomo, relacionado con los demás, pero tenga su autonomía. Cada persona que puede llegar al final del mes a pagar sus cuentas y ser autónomo, no depender de otros. Y aqu la dependencia no es un un defecto, eh. Es decir, no es que no necesita del otro, está ligado al otro, pero para vivir él mismo tiene las condiciones de crear eh el aparato de su subsistencia. Como gran parte de la humanidad no tiene, es como regiones enteras, sea en México, sea en Brasil, por la el deterioro ecológico, sea por la su explotación del sistema, no concede autonomía a los pueblos, no concede tener su comida suficiente, su pescado, sus cosas. Entonces, hay que luchar, hay que liberarse, organizarse para alcanzar esa autonomía, porque es el gran valor de cada persona humana. Tener su libertad, en el fondo, es libertad de las opresiones y libertad para el otro, para construir algo diferente. La autonomía implica esas dos dimensiones.
La inteligencia humana tiene que discernir, tiene que ver cuál es la fuerza dominante que puede traer más dignidad, más humanidad de los seres humanos y hacer fuerza, dar más en hacer hincapié, subrayar más eso, disminuir lo más posible las contradicciones. No hay que negarlas, porque ellas vuelven más furiosas. Saber negociar también con ellas, el sentido de de evitar enfrentamientos cuando nos damos cuenta que la correlación de fuerzas no es buena para nosotros. Entonces, tener un sentido estratégico también de supervivencia, de resistencia, de dar dos pasos adelante, uno para atrás, toda una estrategia que más bien política, pero que por detrás tiene una visión clara hacia dónde va el camino, hacia dónde queremos llegar.
Entonces, yo veo y eso es único en el mundo, tanto Ecuador como eh Bolivia fueron los primeros que han creado el constitucionalismo ecológico en el mundo. Los grandes constitucionalistas europeos, norteamericanos están estudiando eso, porque porque por detrás hay una visión filosófica de una ecología más integral, que la sociedad no es solamente hecha por seres humanos con el pacto social. Tenemos que incluir el pacto natural que tenemos con la tierra, la reciprocidad que los árboles, los ríos, las montañas, los paisajes son también seres, tienen derecho de existir, tiene subjetividad y tiene que pertenecer a la sociedad. Entonces, la democracia tiene que ser una democracia socio-cósmica, donde los animales, los árboles tiene que ser respetados, tiene como ciudadanos. La sociedad no puede vivir sin ellos. ¿Qué sería México o San Cristóbal si no hubieran esos paisajes bellísimos, los bosques, los ríos, los animales? No sería una sociedad humana.
Entonces, por detrás está esa percepción de que hay que alargar el sentido del derecho y alargar el concepto de democracia, no solamente representativa, que es generalmente una democracia de baja intensidad, sino una democracia participativa, que incluye el pacto social y con eso incluye los demás seres también como ciudadanos, que hay que constar a la Constitución la manera de respetarlos, de fortificar su vida, su reproducción, porque todo eso son nuestros compañeros en esa misma casa. Y ahí, yo creo que más que todo, hay que trabajar la concientización en las escuelas, más adecuada la nueva fase de la humanidad, de una visión más ecológica. Todos los seres de la ecología eh son inter retroconectados, todo está relacionado. La naturaleza socialista no es capitalista, no es la victoria del más fuerte, sino todo con la consorcia de todos, con uno ayuda al otro para que incluso el más débil pueda vivir.
Entonces, que eso es el ideal. Llegué sábado, tuve una experiencia que me como que me produjo mucha conmoción, porque en la calle estaban todos allí felices, charlando, comiendo, bebiendo, las personas vendiendo sus cosas, una inmensa comensalidad. La experiencia que he tenido es de una profunda convivencia, profunda paz. Y digo, ¿por qué la tierra entera no puede ser así? Las personas juntas. Pero hay hay pequeñas semillas, hay pequeñas anticipaciones de lo que puede ser la entera humanidad.
Entonces, yo diría, celebren eso, mantengan eso vivo, disfruten lo que es consciente y hágalo un proyecto consciente de vivir así, de esa forma de integración. Y junto los zapatistas, que con forma muy consecuente intentan crear una alternativa. El sueño de ellos no es pequeño, no es solamente para México, es para la humanidad, otra manera de ser humanos en la tierra. Di, es bellísimo que aquí en Chiapas empezó algo así. Es una semilla de la futura humanidad. Por ahí va el futuro, está por ahí. Entonces, yo digo, no vivan solamente eso porque están acostumbrados. Hagan de eso un proyecto personal, colectivo. Vamos a vivir, construir, mantener, reproducir, difundir esto, porque por ahí va la felicidad humana y por ahí, yo creo que es el futuro de la nuestra civilización. Com anil.org, mirada colectiva.