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Evangelio día Martes 09/12/25 - Padre Carlos Rosell - Mateo 18, 12-14 - La oveja perdida.

Cooperadores de la Verdad (Católico)13:38

Transcription

El Señor esté con ustedes. Y con tu espíritu.

Lectura del santo evangelio según San Mateo. Gloria a ti, Señor.

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos, "¿Qué les parece? Supongan que un hombre tiene 100 ovejas. Si una de ellas se le pierde, no deja las 99 en el monte y va en busca de la perdida. Y si la encuentra, les aseguro que se alegra más por ella que por las 99 que no se habían extraviado. Así también el padre de ustedes que está en el cielo no quiere que se pierda ni uno solo de estos pequeños."

Palabra del Señor. Gloria a ti, Señor Jesús.

Cuando San Agustín ya estaba muy enfermo, estaba ya postrado en su cama, mandó que se colocaran citas de la Biblia en las paredes de su cuarto porque quería morir meditando la palabra de Dios, porque él estaba convencido que la palabra de Dios anima, consuela, da esperanza.

Hemos escuchado en la primera lectura lo que se llama el capítulo de la consolación que está en Isaías, es el capítulo 40. Les animo a que lean ese texto. ¿Qué texto? Isaías, capítulo 40. Consuelen, consuelen a mi pueblo, le dice Dios al profeta, consuela mi pueblo. Y qué bonito lo que dice el profeta. Dios es el mejor pastor. Él apacienta a su rebaño y lleva en sus brazos a los corderitos. Así es Dios, queridos hermanos. Dios nos apacienta con ternura y Dios nos lleva en sus brazos. Dios se ha hecho hombre, se llama Jesús. Él es el buen pastor. Y en el evangelio Jesús nos ha contado la parábola de la oveja perdida. Jesús sale a buscar a la oveja perdida.

Meditemos brevemente en tres puntos de esta parábola, que es una de las parábolas de la misericordia. Clásicamente se dice que son tres las parábolas de la misericordia. La oveja perdida, la moneda perdida y el hijo pródigo. Vamos a fijarnos en tres puntos de esta parábola de la oveja perdida.

El primer punto es que la oveja perdida soy yo. Yo. Muchas veces somos especialistas en decir, "El otro es la oveja perdida." Y no es así, queridos hermanos. Yo soy la oveja perdida. Porque en mi vida hay muchas cosas que no le gustan a Jesús. Hay un texto de San Pablo que a mí me gusta mucho, se los comparto. Aclaro, no es necesario que te aprendas de memoria citas bíblicas. Si yo les nombro de memoria es porque años enseño teología. Sería bien burro que tantos años enseñando no me aprendan unas citas. San Pablo en Primera de Timoteo 1:15 dice, "Jesús ha venido a salvar a los pecadores, siendo yo el primer pecador." Qué bonito. Primera de Timoteo 1:15. Jesús ha venido a salvar a los pecadores, siendo yo el primer pecador. Yo soy la oveja perdida. Miremos nuestro corazón, hagamos examen de conciencia que es personal. Ese es el primer punto. Yo soy la oveja perdida. Yo tengo que detectar en mi vida lo que está perdido. Hermanos, estamos en Adviento, tiempo de conversión.

Segundo punto, yo que soy la oveja perdida, tengo que dejarme encontrar por el buen pastor. No debo perderme más. Tengo que dejarme encontrar. ¿Y cómo me dejo encontrar? Cuando abro mi corazón de par en par a Jesús, cuando no pongo excusas. Porque muchas veces ponemos excusas para no convertirnos. Por ejemplo, yo soy así, ¿qué vamos a hacer? Yo soy así. No, hermanos, abre tu corazón a la gracia. Pídele a Jesús, que es el buen pastor, que se meta en tu corazón y que purifique tu corazón. Haz un buen examen de conciencia. No pongas excusas o lo que es peor, no ocultes pecados graves porque si no tu confesión no vale. No pongas escudos a la gracia, no te pierdas más. No nos perdamos más. Yo que soy la oveja perdida, tengo que dejarme encontrar por Jesús.

Y el tercer punto, Jesús encuentra a la oveja perdida, la carga sobre sus hombros y la devuelve al al rebaño. Tengo que valorar el rebaño y el rebaño es la iglesia. Hermanos, tenemos que alegrarnos de que haya personas que antes no practicaban y ahora practican. Tenemos que alegrarnos de que el rebaño crezca. Hay personas que en vez de alegrarse de que alguien comienza a practicar su fe, comienzan a lanzar sospechas. ¿Por qué viene ahora la iglesia? Eso es del no es de Dios. Deberíamos alegrarnos de que una persona que no practicaba ahora practica. Porque debemos tener los mismos sentimientos de Cristo Jesús. Y Jesús se alegra, hace fiesta cuando alguien que estaba desconectado de él ahora vive con él. Valoremos lo que significa el rebaño, la iglesia. Sintámonos miembros de esa comunidad donde nos encontramos con un Cristo vivo, la Iglesia. el rebaño del Señor y tenemos que ayudarnos los unos a los otros a ser santos. Cada uno de nosotros que somos las ovejas del rebaño del Señor tiene una misión dentro de ese rebaño, la misión de evangelizar, pero también la misión de ayudar a su hermano a ser santo, no hacerle la vida cuadritos.

Hoy estamos celebrando a San Juan Diego. San Juan Diego fue muy humilde, se consideraba lo más bajo. Qué importante es la humildad. Para que yo me considere la oveja perdida. Tengo que ser humilde para dejarme encontrar por Jesús. Tengo que ser humilde para alegrarme de que han venido más ovejas al rebaño, tengo que ser humilde porque todos necesitamos de Cristo. Aprendamos de San Juan Diego a lo que implica, lo que exige la humildad. Y qué bonitas las palabras de la Virgen a San Juan Diego. Creo que todos sabemos esas palabras. ¿No estoy yo acaso aquí que soy tu madre? ¿No estoy yo acaso aquí que soy tu madre? ¿Acaso no estás en mi regazo?

Pidámosle a la Virgen, Nuestra Señora de Guadalupe, que nos ayude a todos nosotros a considerarnos la oveja perdida, a dejarnos encontrar por Cristo y a alegrarnos cuando vemos que vienen más ovejas al rebaño. Que así sea.

Queridos hermanos, la palabra de Dios consuela, anima, inyecta esperanza. Hemos escuchado en la primera lectura el capítulo de la consolación. ¿Dónde está? En Isaías capítulo 40. Consuela, consuela mi pueblo le dice Dios al profeta. Y el profeta nos dice que Dios nos apacienta con cariño, con ternura y lleva en sus brazos a los corderitos. Esos corderitos somos nosotros. Dios se ha hecho hombre. se llama Jesús. Él es el buen pastor.

Tres puntos sobre la parábola que hemos escuchado. La parábola de la oveja perdida. Uno. ¿Quién es la oveja perdida? Yo soy la oveja perdida. Yo. Somos especialistas siempre en poner etiquetas a los demás. San Pablo lo dirá de una manera muy bonita. Jesús ha venido a salvar a los pecadores, siendo yo el primer pecador. Yo soy la oveja perdida. Yo tengo que ver en mi corazón lo que no le gusta a Jesús.

Número dos, tengo que dejarme encontrar por el buen pastor. No poner el escudo, no poner excusas, no maquillar mis pecados. Hermanos, hay que dejarnos encontrar por Cristo.

Y en tercer lugar, sentir la belleza del rebaño. La iglesia, la iglesia es el rebaño del Señor. Ahí nos encontramos con un Cristo vivo y tenemos que ayudarnos los unos a los otros a ser santos. Alégrate si viene alguien que no venía a la iglesia, alégrate, porque quien se pone triste, ¿quién es? El el no quiere que la gente venga al rebaño. Tú alégrate. Si ves que alguien no venía y ahora viene, siéntete miembro de la iglesia, el rebaño del Señor.

Pidámosle a Nuestra Señora de Guadalupe que nos ayude a concelarnos la oveja perdida. Así se consideraba Juan Diego y dejarnos abrazar por Jesús, el buen pastor.

Dios te salve, María, llena eres de gracia, el Señor es contigo. Bendita tú eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús. Santa María, madre de Dios, ruega por nosotros pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.

Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo. Como era en principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Sagrado Corazón de Jesús, dulce corazón de María, sea salvación de alma. San José, ruega por nosotros.

El Señor esté con ustedes. Con tu espíritu.

La bendición de Dios todopoderoso, Padre, Hijo y Espíritu Santo, descienda sobre ustedes y permanezca para siempre. Pueden ir en paz. Gracias a Dios.

[música]