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Homilía 02/07/23 - Mateo 10, 37-42 - Renunciarse para seguir a Jesús.

Cooperadores de la Verdad (Católico)17:34

Transcription

El Señor esté con ustedes.

Lectura del Santo Evangelio según San Mateo.

[Música]

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus Apóstoles: "El que quiere a su padre o a su madre más que a mí, no es digno de mí. El que quiere a su hijo o a su hija más que a mí, no es digno de mí. Y el que no carga con su cruz y me sigue, no es digno de mí. El que encuentre su vida, la perderá; y el que pierda su vida por mí, la encontrará.

El que los recibe a ustedes, me recibe a mí; y el que me recibe, recibe al que me ha enviado. El que recibe a un profeta porque es profeta, tendrá recompensa de profeta; y el que recibe a un justo porque es justo, tendrá recompensa de justo.

[Música]

El que dé a beber, aunque no sea más que un vaso de agua fresca, a uno de estos pequeños solo porque es mi discípulo, en verdad les digo que no perderá su recompensa."

[Música]

Palabra.

[Risas]

Los niños siempre tienen salidas ingeniosas. En un colegio, una niña lloraba mucho todos los días. Lloraba y la profesora le dijo: "Hijita, no llores, el llanto afea la cara". Y la niña le respondió a la profesora: "Profesora, ¿usted ha llorado mucho de niña? No le estaba diciendo fea".

Lo más feo, hermanos, es no amar. Todo pecado es un atentado contra el amor. Todo pecado es feo. Lo más bonito es amar. Y hoy tenemos que hablar del orden del amor. El amor es ordenado, de lo contrario, no es verdadero amor. El amor tiene un orden que es el siguiente: primero Dios, en segundo lugar la familia, en tercer lugar el prójimo en general, y en cuarto lugar yo. ¿Quedó claro? El amor es ordenado.

En primer lugar, ¿quién? Dios. Hoy Jesús nos ha dicho: "El que ama a su padre o a su madre más que a mí, no es digno de mí. El que ama a su hijo o a su hija más que a mí, no es digno de mí". Jesús quiere que lo coloquemos en el primer lugar de nuestros amores. Primero, siempre tiene que estar el Señor.

Los padres deben amar a sus hijos en Cristo. Los hijos deben amar a sus padres en Cristo. El esposo ama a su esposa en Cristo. La esposa ama al esposo en Cristo. Los hermanos de sangre se aman en Cristo. El sacerdote ama a sus feligreses en Cristo. Los feligreses aman a sus sacerdotes en Cristo. De lo contrario, hay desorden, hermanos. Hay que colocar al Señor en el primer lugar de nuestros amores. Primero, siempre Dios.

Hace unos años, una chica me dio una gran lección sobre el orden del amor. Era una estudiante de la uni, venía a confesarse conmigo y hacer dirección espiritual. Y ella me decía que tenía un pretendiente y que lo estaba pensando. Y un día me dijo: "Padre, se me declaró". Y yo le pregunté: "¿Y qué le dijiste?". Curioso, le dije: "Que no". "¿Y por qué?". "Porque yo le pregunté: ¿A quién amas más, a Jesús o a mí?". Y me dijo: "A ti". Y yo le respondí: "Entonces te digo no, porque si tú no amas a Jesús más que a mí, no me vas a respetar". ¡Qué sabio esta chica! Cuando nosotros colocamos a Jesús primero, todo está en orden.

A veces ocurre que una mamá tiene una gran tragedia porque su hijo ha decidido ser sacerdote, ha entrado al seminario. Esa mamá vive la gran tragedia. Falta amor a Dios. Dale gracias a Dios que tu hijo va a ser sacerdote. Dale gracias a Dios que no vas a tener nuera. Queridos hermanos, hay que colocar a Jesús en el primer lugar.

En el segundo lugar, ¿quién viene? La familia. No podemos ser luz en la calle y apagón en la casa. No podemos ser fiesta en la calle y velorio en la casa. El amor es ordenado. Primero Dios, luego tu familia. No nos olvidemos que hay un cuarto mandamiento. ¿Cuál es el cuarto mandamiento? Honrar a nuestros padres. Debemos amar a nuestros padres, preocuparnos de ellos, nunca abandonarlos.

Está el amor conyugal, el amor entre esposos. El varón y la mujer, bendecidos por Dios con el Sacramento del matrimonio, reflejan el amor entre Cristo y la Iglesia. Y hay que cuidar el amor conyugal todos los días. Los esposos tienen que avivar ese amor y decirse: "Hoy te amo más que ayer, pero menos que mañana". Hay que cuidar el amor matrimonial.

Está el amor de los padres a los hijos. Los papás tienen que preocuparse de catequizar a sus hijos, evangelizar a sus hijos, llevarles a Cristo. Eso es amor. Está el amor entre hermanos de sangre. Cuando hay verdadero amor entre los hermanos de sangre, no se van a pelear por una herencia. Está el amor a los abuelitos. Hay que escuchar a los abuelitos. Ahí está la experiencia. El gallo viejo con el ala mata y hay buen caldo. Además, qué importante es la labor, sobre todo las abuelitas. Muchos niños aprenden a rezar gracias a las abuelitas. Está el amor a los nietos. Hermanos, la familia es la primera iglesia. La familia es la primera comunidad de amor. Cuidemos ese amor en nuestros hogares. Cuidemos el trato con nuestros familiares.

El amor es ordenado. En tercer lugar, ¿quién va? El prójimo en general. Y eso me lleva a la primera lectura de hoy. Aparece un profeta, ¿quién es? Eliseo. Qué bonito lo que nos relata la primera lectura. Ahí aprendemos lo que es el amor al prójimo en general. Nos encontramos con una señora casada, pero tenía un dolor, un sufrimiento. ¿Cuál era su sufrimiento? No tenía hijos. Y esta señora hace un acto de caridad con el profeta Eliseo. Lo aloja, lo espera. Para esta señora, Eliseo era un desconocido, pero hace un acto de caridad. Y Eliseo hace un acto de caridad con esta señora, porque como profeta, ¿qué es? Le anuncia que Dios va a regalarle a esta mujer el don de la maternidad.

Queridos hermanos, vivamos la caridad con el prójimo en general. Y el prójimo en general es el otro, sea quien sea, independientemente de su simpatía política, de su raza, de su religión, de su equipo de fútbol. Tenemos que contemplar al otro con los ojos de Cristo y amarlo con el corazón de Cristo, sea quien sea. Y así vamos cambiando el mundo.

Una señora muy rica visitó un lugar donde se atendían leprosos. Unas religiosas atendían a los leprosos. Y esta señora muy rica le dice a una religiosa: "Lo que usted hace, yo no lo haría ni por un millón de dólares". Y esta religiosa dijo: "Yo tampoco. Yo lo hago por amor a Jesús". Hermanos, contemplemos al otro, sea quien sea, con los ojos de Cristo y amemos al otro, sea quien sea, con el corazón de Cristo.

Y ya para terminar, en el último lugar, ¿quién va? Yo. Yo tengo que colocarme en el último lugar. Vamos a la segunda lectura de hoy, la carta a los Romanos. San Pablo nos ha dicho que todo bautizado ha muerto al pecado para tener una vida nueva, la vida en Cristo. Tú, si estás bautizado, debes de vivir en Cristo, imitar a Cristo, reflejar a Cristo. Y Jesús se puso en el último lugar para darnos vida eterna, vida plena.

Queridos hermanos, lo que atenta contra la caridad es el egoísmo. No podemos ser personas egoístas. Un egoísta mata el amor. Yo tengo que colocarme abajo para que los demás estén mejor, comenzando por los de mi casa. Yo no puedo ser egocéntrico, tengo que ser cristocéntrico. Una persona que pone su yo por encima de todo es una persona ególatra. Imitemos a Jesús. Y Jesús nos ha dicho: "Quiere ser el primero, ponte en el último lugar y sé servidor de todos".

Hoy le vamos a pedir a la Virgen, nuestra madre, que nos ayude a vivir el orden del amor. María es la madre del amor hermoso. Hoy le pedimos a la Virgen que nos ayude a vivir este orden: primero Jesús, luego nuestra familia, luego el prójimo en general, y en el último lugar yo. Si vivimos ese orden, estaremos reflejando a Cristo.

Jesús, que así sea.

Queridos hermanos, lo más bonito, lo más bello es amar. Pero el amor es ordenado. Primero Dios. Jesús nos dice hoy: "Quien ama a su padre o a su madre más que a mí, no es digno de mí. Quien ama a su hijo o a su hija más que a mí, no es digno de mí". Jesús quiere que lo coloquemos en el primer lugar, no en el sótano. Primero, siempre Jesús. Y en Jesús amamos a los demás. De lo contrario, no es verdadero amor. Primero, siempre el Señor.

En segundo lugar, ¿quién? ¿Tu mascota? No, la familia. Papás, esposos, hijos, hermanos. La familia es la primera iglesia, la primera comunidad de amor. No podemos ser muy cariñosos en la calle y en la casa mandan... ¿han entendido el griego? Van a encantar en quechua, que es nada. La caridad empieza en la casa. Primero Dios, luego tu familia. Tienes que comunicar el amor de Cristo en tu casa.

En primer lugar, en tercer lugar, el prójimo en general. Qué bonito testimonio el que nos ha dado en la primera lectura de hoy esta mujer que hospeda a Eliseo. No lo conocía. Vive la caridad con el prójimo en general. Y Eliseo hace un acto de caridad con esta mujer. Reza por ella para que Dios le dé el don de la maternidad. Hay que amar al prójimo en general, sea quien sea. Amamos al pobre, al enfermo, al loco, al mendigo, al indefenso, al concebido no nacido. Tenemos que mirar a todos con los ojos de Cristo y amarlos con el corazón de Cristo.

Y en el último lugar, ¿quién va? Yo. Yo en el último lugar, porque el Maestro me lo ha enseñado. Jesús se puso en el último lugar para darnos vida eterna. Y Jesús nos ha dicho: "Quiere ser el primero, ponte en el último lugar y sé servidor de todos". Erradiquemos, hermanos, el egoísmo. No seamos personas egocéntricas. Hoy San Pablo nos ha dicho en la carta a los Romanos: "Tú, por el bautismo, has muerto al pecado para vivir en Cristo Jesús". Que se note que vives en Cristo Jesús, porque tienes vida cristocéntrica. No eres un egocéntrico.

Vamos a pedir a la Virgen que nos ayude a vivir el orden del amor. Siempre primero Jesús en nuestra vida.

Dios te salve María, llena eres de gracia, el Señor es contigo, bendita tú eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús. Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.

Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo, de los siglos. Amén.

Jesús, Dulce Corazón de María, de la salvación del alma mía. San José, ruega por nosotros. Ruega por nosotros.