Transcription
Hoy os vamos a hablar de uno de los capítulos históricos que determinaron las fronteras del mundo actual. Un capítulo que ha tenido páginas realmente oscuras en la historia del hombre y que derivó en una de las guerras más mortíferas de la historia de la humanidad. Preparaos porque hoy en Memorias de Pez os hablaremos sobre la carrera colonial. Así que venga, vamos al lío.
Pero antes de comenzar, simplemente deciros que ya ha salido a la venta mi nuevo libro, Una historia del futuro, un proyecto que me hace una ilusión tremenda y en el que trato de intentar descifrar el futuro del mundo a través de un análisis de las macrotendencias geopolíticas, tecnológicas y socioeconómicas actuales e históricas. Y para que lo podáis disfrutar en Latam también está en formato ebook. Os dejo el link en la descripción. Y ahora sí, vamos con el vídeo de hoy.
Para entender todo este asunto, primero tenemos que aceptar una cosa. El problema de tener muchos gallos en un gallinero es que no tardarán mucho en pelear cuando al menos dos de ellos se sientan lo suficientemente fuertes para quedarse con el control del corral. Esto es lo que pasó en la Europa de finales del siglo XIX y principios del siglo XX. La industria europea crecía y crecía y el PIB de todas las potencias no dejaba de aumentar. Los nuevos métodos industriales cada vez eran más sofisticados y eficientes, y para que la maquinaria siguiese engrasada y trabajando al 100% solo se necesitaba una cosa, materias primas.
La mayor parte de las minas y tierra cultivada de los países industrializados estaban ya siendo explotadas, por lo que todas las potencias pusieron sus ojos en África, un territorio que hasta entonces no había tenido ningún interés para nadie. Hasta el comienzo del siglo XX, extraer materias primas en África y traerlas a Europa no era nada rentable. Llevaba muchísimo tiempo, costaba mucho llevar el material de las minas a los puertos y los barcos podían transportar muy pocas toneladas de materiales. Sin embargo, con la industrialización, todo eso había cambiado. Las minas africanas se podían mecanizar y los barcos podían llevar muchas más toneladas de materias primas. Por si fuera poco, el auge del ferrocarril permitía construir vías férreas que uniesen directamente las minas con los puertos. De hecho, si se consulta un mapa de las vías férreas africanas a día de hoy, todavía se ve como la mayor parte de las infraestructuras construidas tienen como objetivo conectar minas con puertos.
Todos estos avances provocaron que bajase el precio de importación de las materias primas africanas a Europa, lo que a su vez provocó que otras materias primas como el caucho, el algodón o el propio té también fuesen importadas de África. El problema para las potencias europeas era que en África no había unos estados fuertes con los que negociar, por lo que la única opción para crear las infraestructuras pertinentes, controlar las minas y aprovecharse de los cultivos, era colonizar el territorio. Además, esto iba a dar a las potencias industriales acceso a un nuevo mercado en el que millones de africanos podrían consumir los productos que se fabricaban en las industrias europeas. Y es que la balanza comercial de países como Reino Unido era muy negativa, es decir, importaban mucho y exportaban poco, por lo que estos nuevos territorios proporcionarán un nuevo mercado al que vender todo tipo de productos manufacturados.
En 1880, Alemania comenzó de la mano de Oto Bombism su expansión internacional. Y aunque Asia fue un importante teatro de operaciones, el bacalao, por todo lo que hemos visto antes, se cortó en África. Para entonces, países como Francia, Reino Unido, Portugal tenían una tímida presencia en zonas costeras muy concretas del continente. El interior de África apenas estaba explorado y este estaba controlado por una serie de reinos autóctonos sin unos límites claramente marcados. Para 1914, toda África, excepto Etiopía, Liberia y el sur de Libia estaba ya en manos europeas. La colonización de África fue una carrera en toda regla. Reino Unido, Francia, Alemania y Bélgica trataron de hacerse con la mayor cantidad de territorio posible. También Italia, Portugal e incluso España entraron en esta carrera haciéndose con territorios con los que habían estado ligados en épocas pasadas.
La carrera colonial también llegó a Asia. El mayor continente del mundo era origen de productos muy codiciados en Europa, que entonces era el motor del progreso mundial. La porcelana, la seda o las especias llevaban siendo productos de lujo en Europa desde la llegada de los portugueses y españoles a la zona en el siglo XV. Sin embargo, a finales del siglo XIX y principios del X, al igual que pasaba en África, las potencias europeas adquirieron mejores transportes que les permitían explotar también los recursos mineros asiáticos de forma rentable. Así que a partir de 1870, las grandes potencias europeas con territorios en la zona comenzaron a expandir sus imperios por Asia. Reino Unido se centró en Oriente próximo, la India y Oceanía. Francia consolidó sus territorios en la Indochina. Los Países Bajos se hicieron fuertes en la actual Indonesia, mientras que los alemanes lo hicieron en Papúa y los archipiélagos de Micronesia. Estados Unidos se quiso sumar a la fiesta tomando las Filipinas de manos españolas. A todo esto había que sumarle la existencia de potencias regionales que ya tenían economías importantes asentadas en la zona, como era el caso de Japón y del Imperio Ruso.
El problema llegó cuando en esta carrera colonial los territorios a colonizar empezaban a escasear y enseguida surgieron roces entre las potencias europeas que se solventaron de forma relativamente pacífica, dando lugar a enormes fronteras y rectilíneas hechas con escuad y cartabón que aún hoy en día se pueden ver por todo África y que tantos problemas causarán en el futuro al continente. Esta situación unida al crecimiento industrial de Alemania en la segunda mitad del siglo XIX hizo que Francia y Reino Unido se pusieran muy pero que muy nerviosos y la tensión en el mundo se podía cortar con un cuchillo. La solución que encontraron las potencias europeas fue forjar alianzas entre países hasta que se formaron dos bloques rivales. El primer bloque se llamó La Triple alianza, formada por Alemania, el Imperio Austrohúngngaro e Italia. El bloque contrario a la triple alianza se llamó la triple intente y estaba formado por Reino Unido, Francia y el Imperio Ruso. Las tensiones entre ambos bandos comenzaron a crecer y a crecer hasta que Europa se convirtió en un polvorín con estados más pequeños que a su vez tenían alianzas con los estados más grandes, haciendo que cualquier mecha pudiese hacer explotar todo por los aires. Y evidentemente eso pasaría en algún momento.
La creciente competencia por los recursos y los mercados en las colonias, exacerbó las tensiones entre las naciones europeas y desencadenó una serie de crisis diplomáticas que finalmente llevaron al peor final de todos. Un ejemplo fue la crisis de Agadir de 1911 que involucró a Alemania Franc y Marruecos. En esta crisis, Alemania consideró que se vulneraron los acuerdos de Algeciras y envió a Gadir, al cañonero Panther, que solo se retiró cuando Francia concedió a Alemania algunos territorios en Guinea y en el Congo. Vamos, nuevos mercados para desarrollar la economía del reich. Y es que este fue uno de los muchos conflictos coloniales que aumentaron las tensiones entre las potencias europeas y finalmente que contribuyó al estallido de la guerra.
El ambiente que se vivía con todas estas tensiones coloniales generó una horrible ola nacionalista que no le venía nada bien al momento. En la última parte del siglo XIX, tanto el nacionalismo como la carrera colonial, además de la ya comentada competencia por los recursos, incrementó el militarismo a escalas máximas. Pero ese no era el único problema. Francia quería recuperar el territorio de Alsace y Lorena en manos del imperio alemán. El imperio alemán quería expandirse más a consta de los territorios de sus vecinos. En Reino Unido andaban bastante nerviosos porque Alemania cada vez tenía más y más industria y se estaban haciendo unas fuerzas armadas del Copón. Pero eso no era todo. En el este, el Imperio Austrohúngngaro y el Imperio otomano habían visto como un montón de pueblos que vivían bajo sus imperios se independizaban, alguno de ellos con la ayuda de Rusia. Todo esto provocó que se formasen diversas alianzas y acabaron habiendo dos bloques bien definidos, la triple entente y la triple alianza. La tripleente estaba formada por Reino Unido, Francia y Rusia, mientras que la triple alianza la formaban el imperio alemán, el Imperio astrrohúngngaro e Italia. Pero esto no era todo. Rusia se había aliado con los nuevos países independizados del Imperio afrohúngaro, especialmente con Serbia y Montenegro, y se había comprometido a defenderles a toda costa. Así que la tensión en Europa era máxima y todo el mundo andaba nerviosísimo y deseando probar los nuevos juguetes de guerra que la Revolución Industrial había traído. Bueno, todo el mundo menos España, que no nos aclarábamos con a qué bando apoyar y que además con la crisis que arrastrábamos no estábamos para meternos en líos.
Bueno, pues lo he dicho, estamos en 1914 y nos vamos a Sarajebo, actual Bosnia, ya que es Bosnia era el imperio astrohúngngaro y allí convivían dos pueblos que aún hoy no se pueden ni ver, ya que en Bosnia hay bosnios, pero también hay una importante comunidad de serbios y ahí empezó todo. El archiduque Francisco Fernando de Austria, heredero al trono del Imperio Austrohúngngaro, fue asesinado por un joven revolucionario serbio. Imaginaros el rebote que pilló el emperador, quien acusaba al propio estado de Serbia de ser quien había organizado el atentado. Así que el Imperio Austrohúngngaro pidió ayuda a Alemania para declarar la guerra Serbia y Alemania, como no, aceptó. Pero hay un momento, ¿os acordáis que la independencia de Serbia estaba garantizada por sus aliados de Rusia y que Rusia a su vez era aliada de Reino Unido y Francia? Pues sí, aunque de primeras Francia declaró la guerra y Reino Unido se abstuvo. Italia, que en principio estaba del lado alemán y austrohúngaro, también se abstuvo de declarar la guerra.
Cuando en Alemania se enteraron que el Reino Unido no entraba en la guerra, daban palmas con las orejas, ya que los alemanes tenían un plan. El plan era invadir Francia lo más rápido posible mientras Rusia se preparaba para luchar, ya que Rusia es gigante y cuesta mucho lo de llevar soldados, suministros y armas de un lado a otro. Y una vez Francia estuviese fuera de juego, Alemania acabaría con Rusia. Sin embargo, la frontera de Francia por el este estaba superb defendida, por lo que era necesario invadir Francia desde Bélgica, que era un país neutral. Y no, Bélgica no estaba por la labor. Así que Bélgica entra en la guerra con los aliados y le tocó defenderse de los alemanes como buenamente pudo. Así que a Reino Unido no le queda otra que ahora sí declarar la guerra Alemania y al Imperio Austrohúngngaro y ponerse manos a la obra para ayudar a Francia y Bélgica e indirectamente a Rusia.
Al principio de la guerra, lo de Francia era un desastre. Militarmente parecía que seguían en los tiempos de Napoleón. En vez de camuflaje utilizaban pantalones rojos y chaquetas azules. Realizaban cargas a bayonetas como si aquello fuese Waterloop. Seguían creyendo que lo más efectivo eran las cargas de caballería. Lo de llevar casco para qué. Pero bueno, así todo. Así que de primeras los alemanes avanzaron por Bélgica e incluso por Francia, llegando casi hasta París. Las bajas de los aliados se contaban por decenas de miles. Sin embargo, el avance no era lo suficientemente rápido. Rusia se había organizado y atacaba con fuerza las posiciones del Imperio Austrohúngngaro. Un imperio austrohúngngaro que ni siquiera era capaz de derrotar a los serbios. Y es que parece que los aliados que se había buscado Alemania tampoco eran muy diestros en esto de la guerra. Así que Alemania tuvo que retirar tropas del frente francés para recolocarlas en el este. Al menos los alemanes consiguieron estabilizar el frente e incluso ganarle algo de territorio a Rusia tras la batalla de Tanenberg, que provocó más de 170,000 bajas del lado ruso por apenas 12,000 del lado alemán. La utilización por parte alemana del ferrocarril fue clave en la victoria.
Sin embargo, en septiembre de 1914 en el Frente occidental las cosas estaban a punto de cambiar. El ejército alemán se encuentra las afueras de París y la caída de la capital parece inminente. Sin embargo, el uso de primitivos aviones utilizados para hacer reconocimientos y, sobre todo, un mensaje alemán enviado por error, sin codificar que es captado por una antena colocada en lo alto de la Torre Ifel, hacen saber a los aliados que las tropas alemanas están agotadas. Franceses y británicos improvisan un contraataque. Tanto es así que el gobernador de París da la orden de que todos los taxis de la ciudad transporten directamente soldados reservistas al frente. Los aliados ganan la que se conocerá como la batalla del Marne, que causa medio millón de bajas en ambos lados. El plan alemán de conquistar rápidamente Francia fracasó y la guerra móvil se acabó. Ambos bandos se apresuraron encavar trincheras y construir fortificaciones desde el Mar del Norte hasta la frontera con Suiza. Comienza la guerra de trincheras.
Podemos decir que la guerra de trincheras fue la completa deshumanización de la guerra. Ambos bandos montaron sus sistemas de trincheras apoyados por miles de piezas de artillería que bombardeaban las posiciones enemigas día y noche. En medio de ambos sistemas de trincheras estaba la tierra de nadie, una zona, por lo general llena de cadáveres, alambradas y cráteres de bombas. ¿Y por qué había tantos cadáveres en esa zona? Pues porque las tácticas eran enviar hombres al matadero, enviar oleada tras oleada de hombres contra la trinchera enemiga. Los soldados que tenían que esquivar las alambradas eran una diana fácil para las ametralladoras enemigas. Cientos de miles de soldados murieron así en ataques suicidas sin apenas sentido.
Además, las condiciones de vida en las trincheras eran absolutamente inhumanas. Imaginaros vivir en agujeros llenos de barro y charcos con ratas campando a sus anchas con piojos, enfermedades, el olor podrido de los cuerpos en descomposición que podían ser tus compañeros de trinchera. Y lo peor de todo, el estar durante meses sin apenas dormir por el ruido de los bombardeos y con el estrés de saber que en cualquier momento un proyectil te podía matar. Muchos soldados se volvieron locos y aparece una enfermedad conocida como fatiga de combate provocada por el estrés mantenido. Al principio se fusilaba a quien padecía fatiga de combate, ya que se creía que eran soldados que actuaban para librarse de luchar, pero finalmente se vio que era una enfermedad mental real. También aparecieron otras enfermedades como el pie de trinchera, una infección provocada por tener el pie mojado a temperaturas bajas durante mucho tiempo, que provocaba la amputación del miembro. Al final, cada bando desarrolló sus trucos para llevar mejor la guerra de trincheras, aunque los aliados se adaptaron un poquito mejor. Por ejemplo, los británicos dividían a los soldados en parejas y uno se hacía responsable de que el otro se cambiase los calcetines. Otro ejemplo es el de los franceses, que desarrollaron un sistema de rotación, según el cual un soldado no pasaba demasiado tiempo en primera línea del frente. Aún así, las bajas derivadas de la dura vida en las trincheras fueron incontables.
Sigamos con la guerra. Con la estabilización de los frentes europeos, la guerra llegó a más sitios. Australia tomó las posesiones alemanas en Nueva Guinea. En África, los aliados también comenzaron a tomar las colonias alemanas. La guerra de desgaste que había comenzado estaba complicadilla para Alemania, que además sufría un bloqueo marítimo por parte del Reino Unido en el Mar del Norte. Y a todos sus problemas se le sumó que Japón también le declaró la guerra, ya que los territorios alemanes en el Pacífico le venían de perlas. Así que en 1915 Alemania necesitaba urgentemente aliados y el más importante que encontró fue el Imperio Ottomano que se unió a las potencias centrales. El Imperio Ottomano no estaba para muchas fiestas, ya que acababa de ser vencido en su guerra contra los países de los Balcanes, aquella que provocó la independencia de un montón de países del este de Europa, ¿os acordáis? Pero bueno, el que siga Memorias de Pez ya sabe que a los otomanos todo lo que se encontra en una pequeña oportunidad de agrandar su imperio les vale. Así que las potencias centrales ya tenían dos aliados importantes más.
Pero ojo, aún no se ha hablado Italia. Bueno, pues al principio dije que era aliado de las potencias centrales, sin embargo, hubo ciertas tensiones entre italianos y austrohúngngaros y los aliados aprovecharon la oportunidad ofreciéndoles al imperio austrohúngngaro los territorios de Tirol y Trieste. Los italianos aceptaron, se cambiaron de bando y abrieron un nuevo frente contra el Imperio Austrohúngngaro. Bueno, el caso es que los nuevos aliados de las potencias centrales se pusieron manos a la obra. El Imperio Otomano trató de atacar a Rusia, pero el frío y su escasa preparación les frenó. En represalia por esta derrota iniciaron el genocidio armenio, un genocidio en el que los otomanos acusaban a los armenios de colaborar con los rusos y en el que los turcos acabaron con 1,5 millones de armenios. También los otomanos trataron de tomar el canal de Suez a Reino Unido, pero también fallaron. Así que los aliados pensaron que estos turcos eran unos matados y que además conquistarles supondría tener acceso a una pila de petróleo de flipar. Así que una flota increíble aliada compuesta por ingleses, franceses, australianos y neocelandes trataron de tomar el estrecho de ardaneros desembarcando en Galípoli. Tomar esa zona era clave ya no solo por asegurar el flujo de petróleo desde Oriente, sino porque además podrían abastecer a Rusia, que apenas tenía armas y de paso podrían rodear así a las potencias centrales. Sin embargo, los aliados fracasaron y los otomanos aguantaron. Tras 10 meses de combates, la batalla de Galípoli acabó en enero de 1916 con 250,000 bajas en cada bando y un fracaso que costaría carísimo a los aliados.
En Europa la cosa estaba estancada y los alemanes decidieron llevar la guerra un paso más allá. Para empezar, comenzaron a bombardear desde Cepelines ciudades inglesas, llevando a cabo los primeros bombardeos aéreos de la historia contra población civil. También los alemanes se pusieron a hundir barcos en el Atlántico con sus submarinos, sin importar si eran barcos civiles o militares. Pero sin duda donde más duro golpearán los alemanes será con su arsenal químico. Y es que sí, amigos de memorias de PC, los alemanes comenzaron a utilizar gases tóxicos a gran escala que causaban unas muertes horribles a los soldados enemigos que eran expuestos al gas. Los gases fueron muy efectivos, pero enseguida los aliados comenzaron a suministrar máscaras antigas a gran escala. Otra estrategia de las potencias centrales para desenquistar la guerra fue el aliarse con Bulgaria para invadir Serbia, operación terminada con éxito.
Nos encontramos a finales de mayo de 1916 y algo muy gordo iba a pasar. En el Mar del Norte, las marinas de Reino Unido y Alemania iban a librar la mayor batalla naval de la guerra, la batalla de Jutlandia, nada más y nada menos que 250 barcos con 44 acorazados en lucha. Los alemanes causaron más bajas, pero los británicos fueron los que consiguieron sus objetivos estratégicos, así que podemos decir que hubo un empate. Pero esto no es nada comparado con lo que estaba pasando en el Frente occidental. En febrero de 1916, los alemanes atacaron la ciudad francesa de Verdun. Los franceses defendieron la ciudad con cientos de miles de hombres hasta que la batalla de Verdun se convirtió en un verdadero infierno en el que la picadora de carne humana se puso a toda máquina. Para aliviar la presión alemana sobre Verdun, los aliados iniciaron una ofensiva sobre el río some en julio de 1916. Solo el primer día de batalla, los británicos cosecharon 60,000 bajas entre sus filas. Entre el some y verdun, las bajas totales se acercaron a los 2 m000ones, siendo las mayores batallas de la historia hasta la fecha. Si bien Verdun fue superimportante, el some acabó sioo lo más. De hecho, en la batalla del some, los británicos introdujeron una nueva arma que revolucionará para siempre los cambios de batalla. el carro de combate que para evitar su descubrimiento por la inteligencia alemana se camuflaban como tanques de agua. Por ello, hoy en día los carros de combate se les conoce como tanques. Sin embargo, aquellos tanques eran bastante precarios, apenas alcanzaban los 3,2 km/h y eran tan peligrosos para el que estaba enfrente como para el que los tripulaba. Pero bueno, cumplieron sus objetivos de cubrir a la infantería, destrozar alambradas y causar un gran impacto psicológico en la tropa germana.
En el Frente Oriental las cosas iban mejor para Alemania, que avanzaron bastante, llegando incluso a territorio ruso. En agosto de 1916, Rumanía entró en la guerra del lado de los aliados, conquistando Transyilvania, pero la rápida respuesta de las potencias centrales, incluido Bulgaria, hizo que los rumanos se la comiesen doblada y no solo se tuvieron que retirar, sino que perdieron una parte importante de su país. Los aliados decidieron que la mejor estrategia para ganar la guerra era abrir nuevos frentes en la guerra y colapsar las defensas de las potencias centrales. Y abrir un nuevo frente en Grecia era un primer paso. Los griegos tenían montado un pifesto increíble en su país. El rey y sus partidarios querían entrar en la guerra del lado de las potencias centrales y el primer ministro y sus secuaces querían entrar con los aliados. Finalmente, el rey áptico. Grecia entró en la guerra y las tropas aliadas pudieron desembarcar en Grecia y abrir el nuevo frente que querían. El imperio ruso también reactivó su frente del Cáucaso contra el Imperio Otomano. Los británicos, por su parte, también abrieron otro frente en Mesopotamia en lo que hoy en día es el sur de Irak y así de paso defendía los yacimientos de petróleo de la zona. En este frente destacará el famoso Lawrence de Arabia que encabezó las tropas británicas y árabes contra el Imperio Otomano.
Pero estamos en 1917 y la que se va a liar es gordísima. La guerra estaba llevando a los países al límite y la población de todos los países no encontraba más que miseria, hambre y muerte. Los primeros en no aguantar más y revelarse fueron los rusos. Una revolución estalló en Petrogrado que derrocó alzar e instaló un nuevo gobierno. Unos meses después, los bolcheviques, liderados por Lenin, tomaron el poder e instauraron el comunismo. Y claro, imaginaros la que se lio, ya que los antiguos partidarios del zar no se quedaron de brazos cruzados e intentaron recuperar el poder. Así estalló una guerra civil entre bolcheviques y partidarios del zar que ganaron los bolcheviques después de varios años. Pero el caso es que en 1917 a Rusia no le quedó otra que salirse de la guerra y dar a las potencias centrales un montón de territorio ruso firmando el tratado de Brest Litovsk. Sin la protección de Rusia, Rumanía también se rindió. Por fin, buenas noticias para Alemania. Ahora los alemanes pueden centrarse en el frente occidental y finquitar la guerra, pero no tan rápido.
¿Os acordáis de que los submarinos alemanes atacaban barcos civiles en el Atlántico? Pues alguno era de Estados Unidos y estos estaban hasta las narices de los alemanes. Los alemanes también estaban hasta las narices de Estados Unidos. Millar toneladas y toneladas de suministros a los aliados. Todo estallaría cuando los británicos interceptan un mensaje del gobierno alemán al gobierno mexicano, ofreciendo mucha pasta y territorios si México atacaba a Estados Unidos. Obviamente los británicos dan este mensaje a los estadounidenses, quienes finalmente deciden entrar en la guerra. Así que tenemos cambio en el terreno de juego. Se retira Rusia y entra a Estados Unidos. Nos he contado que Portugal y algunos países de Latinoamérica entrarán en la guerra del lado de los aliados, pero bueno, su participación tampoco fue muy importante. De hecho, de Latinoamérica solo Brasil envió tropas y llegaron con la Alemania sabía que su única opción era una última gran ofensiva antes de que llegasen las tropas de Estados Unidos y lo intentaron con todo, oleada tras oleada y ataque tras ataque. Esto debilitó mucho Alemania que completamente exhausta, poco más pudo hacer cuando llegaron las tropas de Estados Unidos. La derrota era inevitable en todos los frentes y Alemania bastante tenía con defenderse como para encima ayudar a sus aliados. Bulgaria cayó, luego cayó el Imperio Otomano, tras ellos el Imperio austrohúngngaro. Y finalmente el 11 de noviembre de 1918, Alemania se rindió.
La guerra había dejado 17 millones de muertos, la mayor guerra de la historia hasta la fecha y una Europa destruida y pobre que será pasto de la gripe española durante los próximos años. Una gripe que dejará 50 millones de muertos más. Los aliados obligaron a Alemania a firmar el tratado de Versalles, un tratado que humillaba Alemania y que será la principal causa de la Segunda Guerra Mundial, de la que os hablo en un vídeo que os dejo en la descripción. Os lo cuento por encima y con esto acabo. El tratado de Versalles estipulaba lo siguiente: el pago de grandes reparaciones de guerra por valor de 642,000 millones de dólares de 2020, una cantidad que Alemania terminó de pagar en 2012. También cesiones territoriales entre las que destacan Alsacia y Lorena y el corredor de Danzig que dividiría el territorio alemán en dos. también desarmarse y limitar sus fuerzas armadas. Y por último, asumir moralmente ser los únicos responsables de la guerra. Así que bueno, está claro que con estas condiciones las cosas no tardarían en estallar de nuevo, como así ocurrió.
La Primera Guerra Mundial es conocida por sus épicas batallas y la brutalidad de sus combates. Pero, ¿cómo era la vida de un soldado en el frente? ¿Realmente vivían en las trincheras? ¿Cómo pasaban el tiempo cuando no estaban en combate? Pues venga, hoy en Memorias de Pez os vamos a contar cómo vivían estos hombres que enfrentaron la guerra en su forma más cruda.
La Primera Guerra Mundial comenzó en verano de 1914 cuando se enfrentaron las principales potencias europeas entre sí. Por un lado, la triplente centrada en Reino Unido, Francia y Rusia, aliadas de Serbia, Japón, Bélgica y más tarde de Estados Unidos. Y por otro lado estaba la triple alianza con los imperios alemán y austro-húngaro a los que se les añadiría el Imperio Ottomano. Pero la historia de la Primera Guerra Mundial ya la sabéis. Total que todos los países empezaron a declararse la guerra entre sí y comenzaron a movilizar a sus soldados. Muchos creían que el conflicto terminaría para Navidad mientras marchaban al frente. Pero en pocos meses de guerra se dieron cuenta de que la cosa iba para largo.
El rápido avance de los alemanes hacia Francia gracias al plan Schilfen se dio de bruces con las tropas británicas y francesas en la batalla del Marne. Este freno en el avance alemán provocó que se estableciera una línea del frente casi inamovible desde finales de 1914 hasta el final de la guerra en 1918. Hubo un cambio de 180º en la forma de hacer la guerra. La estrategia de las batallas directas apoyadas por la caballería y la artillería terminó con la llegada de las armas automáticas que hicieron que las guerras se convirtiesen en conflictos muy largos. El freno que supuso la batalla del Marne llevó a la creación de las trincheras, el lugar donde nuestros protagonistas de hoy tuvieron que pasar un montón de tiempo.
Todas las trincheras comenzaron igual, siendo pequeñas tanjas donde cabía un solo hombre, pero con el paso de los meses fueron creciendo, uniéndose y haciéndose más resistentes y mejores hasta formar una gigantesca red. Y es que, para que os hagáis una idea, las trincheras estaban organizadas en varias líneas. Estaba la tierra de nadie, que era el espacio entre las trincheras de los dos bandos. Nadie lo controlaba y era muy peligroso porque te exponías al fuego enemigo. Luego estaba la trinchera de fuego, que era la primera línea de defensa. Un poco más atrás teníamos a la trinchera de apoyo. Aquí había tropas de refuerzo listas para reemplazar a los que luchaban en primera línea o para defender en caso de que la primera línea cayese. Y por último, la trinchera de reserva, la más alejada del frente. Aquí descansaban los soldados que no estaban en combate directo y era donde se almacenaban los suministros y los equipos médicos para los heridos.
Hay que aclarar que las trincheras no eran una realidad constante para todos los soldados todo el tiempo. Las rotaciones entre las líneas del frente, las líneas de apoyo y la retaguardia eran regulares y los soldados no pasaban todo el tiempo en las trincheras. Esto proporcionaba pequeños momentos de descanso, aunque la vida seguía siendo muy dura. Aparte de estar ordenadas por varias líneas. Todas las líneas de trinchera se comunicaban entre sí por otras de menor tamaño. Además, estas no eran rectas, sino que estaban construidas en zigzag para evitar mayores bajas si el enemigo entraba en la trinchera. A nivel del suelo había parapetos, que eran pequeños muros que protegían a los soldados mientras disparaban. También había parapetos detrás de ellos para evitar que los restos de los proyectiles entraran en la trinchera. Las trincheras eran más altas que los soldados, aunque en un principio no fue así y muchos tuvieron heridas en la cabeza, por lo que pronto se construyeron unas tarimas que se llamaban pasos de fuego. Los soldados subían a esta tarima para repeler ataques, vigilar o salir hacia la tierra de nadie. Y si hablamos de la propia estructura de las trincheras, pues bueno, las paredes de las trincheras estaban reforzadas con diferentes materiales para evitar que se desmoronaran. Aún así, no eran ni estables ni seguras. Es más, en las zonas bajas solía haber mayor problema de inundación y derrumbes. También había refugios subterráneos, pero los soldados temían quedar enterrados vivos durante los bombardeos.
La pregunta que todos nos hacemos es, ¿cómo vivían los soldados en un lugar así? Bueno, un día cualquiera en la vida de un soldado en el frente se distribuía de la siguiente forma. Antes del amanecer se vigilaba si el enemigo se estaba preparando para un ataque. La constante amenaza de los bombardeos y los ataques mantenía a los soldados en un estado de alerta continuo. Tras la vigilancia, había un momento de tregua no oficial en el que se aprovechaba para desayunar y descansar. Al anochecer era el segundo momento en el que se podían producir nuevos ataques, así que se volvía a vigilar y por la noche se llevaban los suministros desde la retaguardia al frente. Se realizaban labores de mantenimiento, había incursiones en la tierra de nadie y se llevaba a cabo el relevo de las tropas. Poco tiempo había para dormir, pero claro, la vida cambiaba mucho dependiendo de la línea en la que estuviera un soldado. En la segunda línea no había tanta tensión como las primeras, pero trabajaban constantemente para mantener a los compañeros que se encontraban en primera fila. En la reserva la rutina era más relajada, con menos presión y donde los soldados podían asearse e incluso escribir. Sin embargo, en todas las líneas había un denominador común. La vida de los soldados era incómoda, aburrida y muy dura.
Bajo la presión constante de la guerra y enfrentando un alto riesgo de resultar heridos, mutilados, enfermar o morir, los soldados necesitaban encontrar formas de escapar de su dura realidad. Los soldados encontraron en la escritura una de sus principales formas de desconexión. Las cartas se convirtieron en un refugio donde relataban a sus seres queridos tanto los pequeños detalles cotidianos como los eventos más significativos. Para aquellos sinfamiliares a quienes escribir, surgió la figura de las madrinas de guerra, mujeres que respondían a las cartas de los soldados. Pero el temor a que estas mujeres pudieran ser espías llevó a la prohibición de la correspondencia con ellas en el extranjero. La escritura no fue la única vía de escape. En los momentos libres, los soldados tallaban mensajes y figuras en balas y maderas, creando esculturas a partir de proyectiles y dejando inscripciones en las trincheras. Aparte leían libros o jugaban a juegos clásicos como las cartas o el ajedrez.
Los soldados en las trincheras vivían en condiciones catastróficas e insalubres. El espacio reducido y la humedad agravaban aún más sufrimiento. La comida era escasa y cuando llegaba desde la retaguardia a la primera línea, solía estar fría y llena de barroos suciedad. Y es que el acceso al agua potable era muy limitado, lo que complicaba tanto la hidratación como la higiene. No había duchas en las trincheras, las improvisadas letrinas estaban sucias. Y los soldados solo podían afeitarse de vez en cuando. En algunos casos y como hemos visto en algunas imágenes de la Primera Guerra Mundial, los soldados llegaban a bañarse en charcos formados por agua de lluvia, que a menudo estaban contaminados con restos de cadáveres humanos y de animales. Incluso lavaban su ropa en esa misma agua, lo que aumentaba el riesgo de enfermedades. Suena muy duro, pero es verdad. convivían con los cadáveres de los compañeros caídos, que no siempre podían ser retirados del campo de batalla a tiempo. Esta descomposición constante junto a la presencia de ratas y piojos hacía que la vida en las trincheras fuera insoportable. El capitán Billmurray, en una carta a su familia, decía: "Hay cinco familias de ratas en el tejado de mi refugio subterráneo que se encuentra medio metro por encima de mi cabeza en la cama." Y las ratas pequeñas practican continuamente saltos mortales de espaldas durante toda la noche, pues han descubierto que mi cara es un mullido aterrizaje cuando cae.
La experiencia de los soldados en las trincheras durante la Primera Guerra Mundial fue brutal. La vida en estos espacios estrechos y fangos no solo estaba marcada por la amenaza constante de la muerte, sino también por un deterioro físico y mental progresivo que los afectados llevarían consigo para el resto de sus vidas. Veamos estas consecuencias. La mortalidad fue altísima, sobre todo debido a los avances tecnológicos en las armas que hicieron de esta guerra una carnicería sin precedentes. Las ametralladoras y la artillería pesada causaron innumerables bajas, mientras que los que sobrevivían a menudo quedaban gravemente heridos. Heridas de bala, metralla o proyectiles de artillería eran comunes y el número de soldados con amputaciones fue extremadamente elevado. A este horror se sumó la introducción del gas venenoso usado por primera vez por los alemanes en la batalla de IPRES en 1915. Los soldados se vieron obligados a aportar constantemente máscaras antigas que se convirtieron en un accesorio esencial en sus mochilas.
Pero los enemigos no solo eran visibles. Las condiciones insalubres de las trincheras fomentaron la proliferación de enfermedades. Los soldados sufrían de pie de trinchera, una afección dolorosa causada por la constante exposición al agua fría y el lodo, lo que en muchos casos derivaba en gangrena y la posterior amputación. Además, los piojos eran responsables de la fiebre de las trincheras, que causaba una fiebre alta y bastante dolor. También había enfermedades infecciosas como el tifus exantemático, el sarampión y las paperas que se propagaban rápidamente. No podemos olvidar las enfermedades de transmisión sexual que se propagaban entre los soldados debido a los encuentros con prostitutas en los descansos lejos del frente. Y como si todo esto fuera poco, el final de la guerra trajo consigo la mal llamada gripe española.
Pero si las heridas físicas eran visibles, los estragos psicológicos muchas veces no lo eran. La vida bajo bombardeos constantes, con la muerte acechando a cada paso, dejó a miles de soldados con el self shock, lo que hoy conocemos como el estrés postraumático. Pero en aquel entonces, a menudo se consideraba una señal de cobardía. Muchos hombres fueron acusados de desertar o faltar a su deber y en algunos casos incluso fueron ejecutados por ello. Estos soldados sufrían pesadillas, ataques de ansiedad y episodios de temblores incontrolables, pero no recibían el tratamiento adecuado. La vida en las trincheras durante la Primera Guerra Mundial muestra una dura realidad. Más allá del coraje y el sacrificio, la guerra dejó un rastro de desolación y desilusión, convirtiendo la vida de los soldados en una larga y dolorosa prueba de resistencia.
Y ahora es el turno para vosotros. ¿Creéis que aguantaríais las condiciones de una trinchera de la Primera Guerra Mundial? Bueno, si te ha gustado el vídeo, recuerda que también puedes suscribirte a La Cumbre, os dejo el link en la descripción, donde, por supuesto, podréis ampliar sobre muchos temas C.