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El Señor esté con ustedes.
Lectura del Santo Evangelio según San Mateo.
En aquel tiempo, Jesús tomó consigo a Pedro, a Santiago y a su hermano Juan, y se los llevó aparte a una montaña alta. Se transfiguró delante de ellos, y su rostro resplandecía como el sol, y sus vestidos se volvieron blancos como la luz. Y se desaparecieron Moisés y Elías conversando con él.
Pedro entonces tomó la palabra y dijo a Jesús: "Señor, ¡qué bien se está aquí! Si quieres, haré tres tiendas: una para ti, otra para Moisés y otra para Elías". Todavía estaba hablando cuando una nube luminosa los cubrió con su sombra, y una voz desde la nube decía: "Este es mi Hijo, el Amado, mi predilecto. Escuchadlo".
Al oírlo, los discípulos cayeron de bruces, llenos de espanto. Jesús se acercó y, tocándolos, les dijo: "Levantaos, no temáis". Al alzar los ojos, no vieron a nadie más que a Jesús solo.
Cuando bajaban de la montaña, Jesús les mandó: "No contéis a nadie la visión hasta que el Hijo del hombre resucite de entre los muertos".
Palabra del Señor.
Gloria a Dios.
Queridos hermanos, quisiera hablarles hoy de lo que es la contemplación cristiana. Para ello, bueno, aclarar qué significa contemplación.
El mejor ejemplo que tengo es lo que una vez me pasó con mi sobrinito. Cuando era chiquito, yo a mis sobrinos varones, cuando eran chiquitos o ya tan grandes, siempre les decía a ellos: "Van a ser sacerdotes". Y ellos me decían: "No". Y un día llegué a mi sobrinito al seminario. El seminario es muy bonito, el seminario tiene una capilla que parece una catedral, tiene unos jardines espectaculares. Lo llevé a mi sobrinito a ese seminario y se le abrieron los ojos. Y lo llevé a mi oficina, a la oficina de rector, que es espectacular, aire acondicionado, todo muy bonito. Y mi sobrinito abrió los ojos y me dice: "Tío, ¿esto es tuyo?". "Sí". "Ahora sí quiero ser cura". El niño contempló la oficina del padre.
¿Qué es contemplar? Es ver con admiración.
Y nosotros estamos llamados a ser contemplativos. Estamos llamados a ver a Jesús, a admirar los ante Jesús. Pero nosotros aquí en la tierra no vemos a Jesús con estos ojos. ¿Cómo vemos a Jesús aquí en la tierra? Alguien puede decir: "Vamos a la primera lectura de hoy. ¿Quién aparece en la primera lectura? Habrá Abraham. Es modelo de fe". Gracias a la fe, tú puedes ver a Jesús, no con estos ojos, sino con el corazón. Y por eso, ¡qué importante es la fe! La fe nos hace contemplativos.
Y la contemplación cristiana significa que yo busco un encuentro con Jesús. Y esto tiene como expresión máxima la oración. Por eso, la contemplación cristiana es una oración elevada, una oración profunda. Y todos estamos llamados a tener una oración elevada, una oración profunda.
Padre Carlos, ¿y cómo puedo tener yo una oración elevada, una oración profunda? Vamos al evangelio de hoy. Hoy hemos escuchado el pasaje de la transfiguración. Jesús se transfiguró, reflejó por un momento la gloria de ser Dios. Su rostro brilló como el sol, su túnica se volvió blanca. Y vamos a fijarnos en cuatro características de este pasaje que nos llevan a la contemplación cristiana, a una oración elevada.
La contemplación cristiana tiene cuatro características. La primera palabra, seguramente algunos la van a escuchar por primera vez. No se preocupen, la voy a explicar. No se asusten. Ante la primera palabra: la contemplación cristiana es neumática, es gozosa, es meditativa y es caritativa.
¿Cuál es la primera palabra que les he dicho? La contemplación cristiana es neumática. Por si acaso, esta palabra "neumática" no tiene nada que ver con echar llantas. "Neuma" en griego es espíritu. ¿Qué significa "neuma" en griego? Espíritu. Para contemplar a Jesús, para tener una oración profunda y elevada, necesitamos del Espíritu Santo.
En el pasaje de la transfiguración aparece una nube luminosa que lo cubre todo. Esa nube luminosa, esa imagen del Espíritu Santo. Queridos hermanos, necesitamos del Espíritu Santo para tener ese encuentro profundo con Jesús. Por eso, antes de orar, invoca al Espíritu Santo. Y cuando acabes tu oración, invoca al Espíritu Santo para poner por obra los propósitos que has sacado en tu diálogo con Jesús. Sin el Espíritu Santo, no hay contemplación cristiana. Tenemos que invocar al Espíritu Santo. El Espíritu Santo hace que yo converse con Jesús, que le cuente mis problemas a Jesús.
¿Cuál es la segunda característica que les he dicho? La contemplación cristiana es gozosa. En este pasaje de la transfiguración, Pedro está extasiado al ver a Jesús que se transfigura. ¿Qué es lo que dice? "¡Qué bien se está aquí, Señor!". Queridos hermanos, cuando conversamos con Jesús, cuando tenemos un encuentro con Jesús, nos llenamos de gozo, de alegría. No hay nada más bonito que estar con Jesús. Cuando una persona cuida su oración diaria, esa persona siempre tiene gozo del corazón. La contemplación cristiana es gozosa porque somos felices cuando tenemos un encuentro con Jesús. Por eso se dice que la oración es como un pedacito de cielo. Si tú cuidas tu oración, invocando al Espíritu Santo, no te vas a aburrir. Jesús no es aburrido, Jesús te alegra la vida. Por eso, hermanos, cuidemos la oración diaria porque, repito, tenemos que ser contemplativos.
La contemplación no es para un grupito de privilegiados, es para todos. Y cuando tú cuidas tu oración diaria, experimentas el gozo, la alegría, la felicidad de sentirte amado por Jesús. San Juan Pablo II decía: "Cristo, un rostro para contemplar". Contempla todos los días el rostro de Cristo cuidando tu oración diaria.
Vamos a la tercera característica. ¿Cuál es? La contemplación cristiana es meditativa. En este pasaje de la transfiguración, el Padre habla. ¿Qué es lo que el Padre ha dicho? "Escuchadle". La contemplación cristiana implica escuchar a Jesús. La contemplación cristiana no es una especie de yoga. Por cierto, el yoga no es cristiano. Nosotros, cuando oramos, lo hacemos. Yoga. Contemplamos a Cristo, le escuchamos a Jesús. La concertación cristiana no es estar en un vacío mental, no es pensar en las musarañas. Es un diálogo. Y lo primero es, les pregunto: ¿hablar o escuchar a Jesús? Lo primero es escuchar a Jesús. Y yo te pregunto: para escuchar a Jesús, ¿qué debes meditar? Porque la contemplación cristiana es meditativa. ¿Qué debes meditar? Como que Condorito, la Sagrada Escritura. Tenemos que llevar a la oración la Sagrada Escritura.
En este pasaje de la transfiguración, Jesús es el centro de la escena, transfigurado. ¿Y quiénes están al lado de Jesús? Moisés, sí, Elías. Moisés representa la ley, Elías representa a los profetas. Toda la Escritura se orienta a Jesús. Por eso se recomienda que lleves a la oración los Evangelios. ¿Cuántos son los Evangelios? Cuatro. ¿Cuáles? Mateo, Marcos, Lucas, sí. Santa Teresita, ¿qué es lo que ocupaba su tiempo de oración diaria? Era la meditación de los Evangelios. Y decía Santa Teresita: "Dios, Jesús, en cuanto abro los Evangelios, le huelo los perfumes de la vida de Jesús y sé hacia dónde tengo que correr". Hermanos, llevemos a nuestra oración los Evangelios. Ahí está todo, porque ahí aprendemos lo que Jesús quiere que vivamos. En los Evangelios, la contemplación cristiana es meditativa. Hay que meditar la vida de Cristo.
Una vez, San Josemaría Escrivá, sacerdote, le regaló a una persona un libro sobre la vida de Jesús y puso esta dedicatoria: "Que busques a Cristo, que te encuentres con Cristo, que ames a Cristo". ¡Qué bonita dedicatoria! Cuando tú lees los Evangelios, buscas a Cristo, te encuentras con Cristo, amas a Cristo.
Y ya para terminar, hermanos, la última característica: la contemplación cristiana es caritativa. Queridos hermanos, de la contemplación, de la oración, de la contemplación pasamos a las obras de misericordia. ¿Cómo sé yo que una persona es contemplativa? Alguien puede responder esta pregunta. ¿Cómo sé yo que una persona está haciendo bien su oración? ¿Cómo lo sé? Porque le evita por sus obras. La contemplación cristiana es caritativa.
Hemos escuchado hoy en la segunda lectura como San Pablo le dice a Timoteo: "No te avergüences de esos trabajos duros que tienes que hacer por el Evangelio. No te avergüences de dar testimonio de Dios". Y damos testimonio de Dios reflejando a Cristo, siendo Cristo para los demás, siendo misericordioso con los demás. Si tú haces bien tu oración, vas a ser Cristo para los demás.
En este pasaje de la transfiguración, al final se nos dice que Jesús tomó a Pedro, Santiago y Juan y bajó del monte. Si ustedes leen con detenimiento los Evangelios, y repito, hay que leer y releer y meditar los Evangelios, se van a dar cuenta que Jesús bajó del monte donde se transfiguró para ir a dónde. A Arequipa. A Cajamarca. A Jerusalén.
¿Y por qué Jesús va a ir a Jerusalén? Para morir por nosotros en el Calvario. Cuando una persona hace bien su oración, cuando una persona es contemplativa, baja. Y se baja con el servicio. Jesús bajó del Tabor para ir al Calvario a morir por nosotros en la cruz. Y en la cruz, Jesús nos da la cátedra del amor. Tú también tienes que dar la cátedra del amor. Y para ello, hay que contemplar a Jesús todos los días. Es decir, hay que rezar todos los días.
María Santísima es modelo de contemplación cristiana. ¿Quién es la criatura que mejor ha contemplado el rostro de Jesús? La Virgen María. Dos veces en los Evangelios, Lucas 2:19 y Lucas 2:51, se nos dice que todo lo que la Virgen veía de su Hijo lo guardaba en su corazón y lo meditaba. Eso significa contemplar a Cristo. Guarda en tu corazón la vida de Cristo para que imites a Cristo.
Vamos a pedirle hoy a María Santísima, nuestra Madre, que nos ayude a ser personas contemplativas, que todos los días cuidemos nuestra oración, nuestro trato con Jesús. Que así sea.
Queridos hermanos, les he hablado de la contemplación cristiana. ¿Qué es la contemplación cristiana? Una oración profunda. Y todos estamos llamados a tener una oración profunda, un encuentro con Cristo a través de esa oración, donde nos admiramos, donde la pasamos bien con el Señor. Por eso he analizado el pasaje, el Evangelio de hoy, que es la transfiguración.
Número uno: la contemplación cristiana es neumática. ¿Qué significa "neuma"? Espíritu. La nube luminosa que aparece en la escena es imagen del Espíritu Santo. Tienes que invocar al Espíritu Santo antes de rezar. Primer punto. Si no, no vas a rezar bien.
Número dos: la contemplación cristiana es gozosa. Cuando está con Jesús, ¿la pasas bien o la pasas mal? La pasas bien. "¡Qué bonito es estar aquí, Señor!". "¡Qué bueno que es estar contigo!". Es lo que Pedro dice cuando ve a Cristo transfigurado. No hay nada más bonito que estar con Jesús.
Número tres: es meditativa. No es un vacío mental, no estás pensando las musarañas. Estás meditando. Y por eso tienes que llevar a la oración, como que Condorito, la Sagrada Escritura, sobre todo los Evangelios. Hemos escuchado hoy como el Padre dice: "Este es mi Hijo amado, escuchadle". Para escuchar a Jesús, hay que leer los Evangelios. Lee los Evangelios. No estoy leyendo cosas raras, lee los Evangelios. Ahí está todo.
Y número cuatro: la contemplación cristiana es caritativa. Jesús bajó del monte con sus discípulos para ir al Calvario. Luego de que tú rezas, luego de que contemplas a Jesús, hay que bajar. Se baja con el servicio, se baja con las obras de misericordia, siendo Cristo para los demás.
Vamos a pedirle a la Virgen, la mujer contemplativa, que nos ayude a ser contemplativos. Que nuestra oración sea profunda.
Dios te salve, María, llena eres de gracia, el Señor es contigo. Bendita tú eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús. Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.
Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo, como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.
Jesús, en ti confío. Jesús, en ti confío.
Dulce Corazón de María, del alma mía.
San José, ruega por nosotros.
Santa Faustina, ruega por nosotros.