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Iran, Corea del Norte y Libia compraron secretos nucleares a este científico | AQ Khan

Lord Draugr30:26

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Últimamente, muchos se están preguntando si realmente estamos cerca de una tercera guerra mundial. Hace años pensábamos que la guerra en Ucrania iba a terminar pronto, y ahí siguen. Israel lleva a cabo un genocidio en Gaza, y ahora Estados Unidos bombardea Irán. Irán bombardea Dubai, Israel y a las bases de Estados Unidos. Y bueno, este no es un canal de geopolítica, o sea, que no entraremos a analizar la guerra. Este es un canal de historias, y en el día de hoy tenemos una historia sobre un hombre que pocos conocen, pero que está presente, oculto en el historial armamentístico de muchos de estos países. Su nombre es Abdul Kader Khan, y en su primeo de los traficantes de armas más importantes de Oriente.

Durante 20 años dirigió ilegalmente una red de suministro de materiales para armas ilegales. Pero la peculiaridad de Khan era que la red que había creado no era de armas corrientes, era una red de armas nucleares. Él fue una de las claves para que Corea del Norte desarrollara su armamento nuclear. Hizo negocios con países como Libia e Irán, hoy especialmente relevante. Hablamos de un hombre que robó secretos de estado a países de Europa y que era, al mismo tiempo, un héroe nacional en Pakistán, donde vivía una vida de lujo, pagándole bodas millonarias a sus hijas y coleccionando coches vintage. Su red funcionaba a través de lo que se denominaban los "emprendedores nucleares", gente que participaba en el contrabando desde países repartidos por todo el mundo.

Para acabar con él, la CIA tuvo que montar una operación a nivel mundial, colaborando con Italia, Alemania, Reino Unido, con agentes infiltrados en algunas de las fábricas que Khan tenía en Malasia, con otros operando desde los Emiratos Árabes, y todo a escondidas, saltándose las leyes internacionales. Una operación que se dio en un entorno político muy tenso, donde Khan era una pieza clave para muchos de los conflictos de Oriente Medio. Esta es la historia de Abdul Kader Khan, el mayor traficante de armas nucleares de Oriente.

La historia de Abdul Kader Khan, o A.Q. Khan, es una historia marcada por los conflictos en el territorio donde vivió. Nació en 1936 en Bhopal, una ciudad de la India británica que en el 47 pasó a formar parte de la India, cuando el país se dividió en la India y Pakistán. La familia de Khan emigró al recién creado Pakistán y lo criaron allí. Entre el 61 y el 72, estuvo viajando y estudiando en Europa. Era un joven dedicado a la vida académica. Estudió en la Universidad Tecnológica de Delft en Holanda, la Universidad Técnica de Berlín y en la Universidad Católica de Lovaina en Bélgica. Al final de esa etapa, tenía el título de ingeniero metalúrgico y un doctorado.

Al terminar esa etapa universitaria, que le duró una década entera, consiguió trabajo en el Physical Dynamic Research Laboratory en Almelo, Países Bajos. Era un laboratorio experto en procesos de enriquecimiento avanzado para el uranio. El trabajo de Khan consistía en optimizar los procesos de enriquecimiento de uranio, enfocado a la energía nuclear. Este es un detalle importante, porque no es lo mismo enriquecer uranio para bombas que para una central nuclear.

Paralelamente, lejos de los Países Bajos, el presidente de Pakistán, Zulfikar Ali Bhutto, había dado el pistoletazo de salida a su programa nuclear para crear bombas, en este caso. Pero Pakistán no lo conseguía. Pusieron a los científicos a trabajar en ello, pero nada funcionaba. No tenían ni idea de qué hacer. El problema con las bombas atómicas no es hacer la bomba en sí, eso no es ningún secreto. La teoría la saben todos. El secreto son los procesos industriales necesarios para conseguir los materiales, es decir, los mecanismos de enriquecimiento de uranio.

Cuando Khan trabajaba en el Physical Dynamic Research Laboratory, no tenía ninguna instrucción ni contacto con Pakistán. Era un trabajador que acababa de llegar, un simple novato. Pero por muy novato que fuera, en 1974 le pidieron que tradujese unos documentos clasificados sobre dos máquinas centrifugadoras alemanas, la G1 y la G2. Se lo habían pedido a él porque era una de las pocas personas que tenía suficientes conocimientos como para traducir un documento tan técnico, y confiaban tanto en su trabajo que le dejaron hacer unas copias e incluso llevárselas a casa. Le acababan de dar unos documentos clasificados sobre las centrifugadoras que permitían fabricar el uranio enriquecido que Pakistán justo necesitaba.

Veréis, estas centrifugadoras son la clave para crear una bomba atómica. Como ya explicamos en el vídeo de los hackers de Israel, para fabricar una bomba atómica se necesita uranio, pero no un uranio cualquiera. El uranio en estado natural no sirve. El isótopo 235, que es el isótopo más radiactivo e inestable del uranio, solo está en una concentración del 0,7% en ese estado natural. Para una central nuclear se necesita una concentración del 5% de este isótopo. Para una bomba nuclear se necesita una concentración del 90%. Para llegar hasta ese punto, hay que realizar un proceso de enriquecimiento de uranio con centrifugadoras de alta velocidad que separan los diferentes isótopos de uranio por su peso. Estas máquinas capaces de hacer estas virguerías no son fáciles de fabricar y sus planos, evidentemente, se mantienen en secreto.

La cuestión era que los planos de las centrifugadoras que le habían dado a Khan eran de modelos que se usaban para enriquecer hasta ese 5%, es decir, que eran para centrales nucleares. No servían para llegar al 90% y fabricar una bomba atómica. Pero igualmente, Khan le dio esos planos e información sobre los proveedores del laboratorio a Pakistán. Y esto se sabe porque en Europa tampoco estaban tan locos como para dejar a un ingeniero pakistaní trabajar con información crítica sin vigilancia, y la inteligencia holandesa lo había estado monitorizando. Cuando a finales del 75 se encontraron evidencias de lo que había hecho, Khan huyó de vuelta a su país.

En Pakistán, la situación era terrible. Para empezar, el país llevaba encadenando derrotas contra la India desde los años 40. En el 71 habían perdido una parte del territorio y ahora era Bangladesh. Y cuando llegó Khan, la India acababa de detonar una bomba atómica en un test pacífico llamado "Smiling Buddha", lo que quería decir que aún seguían perdiendo contra ellos y que eran inferiores. En la sociedad pakistaní se notaba esa sensación de pesimismo e inferioridad. Para empeorar las cosas, el laboratorio en el que entró a trabajar Khan era una auténtica chapuza, un laboratorio de la PAEC, la Pakistan Atomic Energy Commission. Procesos largos y tediosos que, tal y como estaban planteados, no tenían ninguna posibilidad de descubrir cómo hacer ninguna bomba.

El presidente Bhutto, entonces primer ministro, en julio del 76 le dejó a Khan hacerse su propio laboratorio con una única misión: que fabricase la bomba atómica. De esa manera, le quitaron el tapón al avance del programa nuclear y en el 78, Khan logró desarrollar sus propias centrifugadoras. El diseño P1, como lo llamó él, se basaba directamente en la G1 que había traducido cuando estuvo trabajando en los Países Bajos. Pero con esto no estaba todo solucionado ni de lejos. Concentrar el uranio hasta el 90% del isótopo 235 es dificilísimo. Cada máquina de Khan tardaría en producir la cantidad necesaria de uranio altamente enriquecido unos 3.000 años, aunque a decir verdad, tampoco iba a tener una sola máquina trabajando. Podían poner varias en cascada que se fueran pasando el material cada vez más refinado y reducir el tiempo. Pero eso también era muy caro. Se estima que cada centrifugadora podía costar unos 200.000 dólares y necesitaban miles de ellas si querían producir la bomba cuanto antes. Un auténtico reto si tenemos en cuenta que Pakistán no solo venía de un periodo de guerras, sino que también había sufrido un golpe militar en el 77 que había dejado al mando del país al general Zia-ul-Haq.

En el 78 se aprobó una ley en Estados Unidos, la Nuclear Nonproliferation Act, por la que Estados Unidos tomaría medidas en casos de que los países que estuvieran colaborando con ellos empezasen a utilizar la energía nuclear para fabricar armas, entre ellos estaba Pakistán. Y Pakistán no fue demasiado sutil. En el 79 se descubrió que habían estado haciendo pedidos a una empresa holandesa, más de 6.200 rotores para las centrifugadoras. Las autoridades de los Países Bajos le pidieron a las empresas que rechazasen los pedidos, pero había demasiado dinero en juego como para hacerlo y ninguna ley les obligaba a obedecer. Estados Unidos anunció que iba a imponer sanciones por la ley del 78, pero no llegaron a hacerlo. Pakistán era un punto clave para cruzar Afganistán. Mirad dónde queda en el mapa. En Afganistán, la Unión Soviética había iniciado un ataque durante la Guerra Fría y sin Pakistán, Estados Unidos no podía intervenir eficazmente. En vez de castigarles, les ayudaron a reforzar su ejército y ofrecieron ayuda económica.

Entre 1980 y 85, Khan estuvo trabajando en su planta de Kahuta, en sus propios laboratorios, hasta que logró su objetivo. "En 1981, nuestra planta en Kahuta ya estaba operacional", decía Khan. Y en 1984 le dije a nuestro presidente de entonces, el general Zia-ul-Haq, que podríamos detonar una bomba nuclear con una semana de preaviso. Entonces Khan, que había estado importando prácticamente todo lo que necesitaba para trabajar en su planta centrifugadora, empezó a aumentar de forma sospechosa los pedidos que hacía a otros países. Llegó al punto de doblar la cantidad de componentes que realmente requería su laboratorio. Ahora que ya sabía cómo fabricar bombas atómicas, tocaba poner en marcha su red de secretos nucleares.

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Khan era un individuo con unas cualidades excepcionales. Era políglota, tenía conocimiento sobre armas nucleares y, según esta foto, yo diría que también tenía conocimiento sobre boxeo. Aparte de eso, también se le daba muy bien encontrar a gente de cualquier nacionalidad o estrato social que fuera muy buena en lo suyo. En Europa, Khan fue creando una red de especialistas, los denominados como "emprendedores nucleares". Para empezar, más o menos en el 76, contactó con un amigo que había conocido durante su paso por la universidad, Henk Slebos, un holandés que también era ingeniero metalúrgico y que se volvió su contacto principal para el suministro de materiales. "Durante una conversación, Khan me preguntó si podía enviar productos a Pakistán para un proyecto en el que estaba trabajando", dijo Slebos. "Desde entonces y hasta hoy, he trabajado como suministrador de determinados elementos en la red de Khan". Slebos creó la empresa pantalla Slebos Research BV, desde la que enviaba los materiales necesarios a Khan, camuflados como si fueran otra cosa. Era material de laboratorio como tubos, barómetros y kilos de trietanolamina, en general, material que no necesariamente era para desarrollar centrifugadoras de uranio.

Khan empezó a operar a nivel mundial en tres continentes y varios nuevos integrantes pasaron a formar parte del equipo. Tenemos a un sudafricano que era un distribuidor que se encargaba de algunos componentes específicos para manipular el hexafluoruro de uranio. Un ingeniero suizo que se encargaba de las válvulas. Un empresario indio que se aprovechaba de sus empresas para hacer publicidad de las centrifugadoras P1 de Khan. Gothar Lerch, un alemán del que se sospecha que sirvió como contacto con Libia e Irán. También estaba Bukhari Shied Ali Tahir de Sri Lanka, el sobrino del empresario indio y un miembro muy importante porque gestionaba algunos aspectos del dinero, ocultaba las transferencias bancarias y se encargaba de operar desde paraísos comerciales o con leyes laxas en temas nucleares. Él era el que mantenía en secreto la cadena de suministro y hacía tratos sin dejar huella. También utilizó una empresa pantalla de ordenadores llamada SMB Computers.

Otra pieza clave de este puzzle estaba en el Reino Unido. Su nombre era Peter Griffin. Sí, como el de Padre de Familia, pero un poquito más listo. Peter Griffin era un ingeniero especialista en tecnología de máquinas de centrifugado y herramientas de precisión. Un ingeniero y tiburón de los negocios que se encargó de montar otra empresa pantalla en Dubai, GTI, Gulf Technical Industries. Desde ella fabricaban elementos de toda clase necesarios para las operaciones de Khan, además de que servía como un centro logístico para recibir productos de todo el mundo y opacar aún más el rastro de sus actividades. Con la pandilla lista, Khan activó los engranajes. Las exportaciones y las piezas iban de país en país en una trabajada telaraña. En Turquía, la Etirotechnic le suministraba el metal de alta resistencia, el aluminio y los generadores. En Sudáfrica obtenían el equipamiento de vacío. También trabajaban con Singapur, con Suiza, con Corea del Sur. Incluso utilizaban a España como intermediario con Libia. Conseguían hornos especiales de Italia. También tenían presencia en Francia, en el Reino Unido, en Taiwán, y sacaban de Japón herramientas de medición 3D.

Peter Griffin dijo sobre Khan: "Las ambiciones de Khan eran tremendas. Le pregunté si quería ser presidente y me dijo: 'Ni de broma, solo quiero ayudar a que mi país sea grande'. También añadió: 'Si es bueno para Pakistán, se lo compraría al diablo'".

A finales de los 80, A.Q. Khan logró imitar el modelo de centrifugadora alemana G2. A las G2 renacidas las bautizó como el modelo P2. Estas nuevas centrifugadoras eran entre dos y tres veces más potentes que sus predecesoras y le permitían crear uranio suficiente como para preparar unas tres o seis bombas nucleares al año. El truco aquí era endurecer el rotor de acero con lo que se conoce como envejecimiento martensítico. Un proceso que consiste en... ¿en serio queréis que explique esta parte? A ver. Coges el acero a temperatura alta y lo enfrías rápidamente. Esto crea una estructura cristalina que se llama martensita. Pero la martensita es frágil, o sea, que se envejece, que no es otra cosa que ir calentando a temperatura moderada durante mucho tiempo. Después de eso, ese acero ya es la leche, y eso es importante porque estas centrifugadoras tienen que rotar a velocidades supersónicas. Así es como las P2 de Khan, buen nombre también te digo, eran tan potentes.

Khan le dio un lavado de cara a sus servicios y creó una estrategia de marketing con la que buscaba promocionar las capacidades del laboratorio KRL. Hacía vídeos promocionales y distribuía cárteles con ilustraciones de hongos nucleares y aprovechaba para ponerse a sí mismo como una figura central en el proceso. En el 83, parecía que Khan al final iba a tener que luchar contra alguna dificultad. Los holandeses lo sentenciaron a 4 años de prisión por haber filtrado los planos de las centrifugadoras, pero como Khan estaba protegido por las autoridades pakistaníes, nunca le pasó nada y a los 2 años descartaron el caso. Por muy absurdo que parezca, esto fue positivo para Khan, porque en lugar de darle mala prensa, Khan se aprovechó de este caso para decir que él era inocente y que por eso lo habían dejado libre, que él lo único que había hecho era conseguir información que llevaba disponible de forma pública desde hacía décadas, información pública por la que, sorpresa, había países que le pagaban lo que fuera. Khan sabía pedir una cifra por sus servicios y ellos la aceptaban.

Khan era rico, un excéntrico que construyó un hotel en Tombuctú con el nombre de su esposa en Trípoli, que poseía cuatro casas de lujo en Islamabad, una inmobiliaria en Londres, que le regaló una casa a una adivina que le solía leer la palma de la mano y que organizó bodas millonarias para sus dos hijas. A pesar de lo compleja que era toda esta operación, el estado de Pakistán hacía como que no sabía nada de estos ingresos ni de su procedencia. Hay muchas especulaciones sobre lo que sí sabía y lo que no sabía el Estado. Para empezar, con la cantidad de dinero que ganaba oficialmente y con la que ganaba de verdad, debería haber habido algún tipo de sospecha. Pero también, aparentemente, Khan poseía un cheque que le garantizaba financiación económica prácticamente ilimitada para trabajar en asuntos relacionados con la tecnología nuclear, además de acceso a aviones de mercancía y un pase especial con el que podía saltarse los procesos aduaneros en los productos que importase o exportase.

Un año más tarde, se sospechó que Irán había recibido componentes para fabricar centrifugadoras por parte de Pakistán. Y al mismo tiempo, también se creía que algunos científicos iraníes habían recibido entrenamiento nuclear en los laboratorios de Khan. Por culpa de ello, Irán se metió en algunas polémicas a nivel internacional. Los dirigentes del país alegaron que lo único que buscaban era construir una industria energética, pero por lo visto nadie les creyó porque desde Europa se les negaron todos los pedidos para conseguir las piezas necesarias. Después de esa negativa, en Dubai se llevó a cabo una reunión secreta entre Irán y la red de Khan. Unos investigadores, años después, descubrieron una hoja de papel que había pertenecido a esa reunión. Era una nota escrita a mano y pudieron identificar una de las letras que había en esa nota como la letra de Khan. En la nota había una lista con más de 2.000 centrifugadoras y todos los materiales que Irán iba a necesitar.

Las instalaciones del laboratorio de Khan habían ganado muchísimo prestigio. Ahora albergaba una escuela, hospitales, laboratorios de manipulación genética y estadios deportivos. En el 92, Pakistán comenzó a colaborar con Corea del Norte por intereses militares y económicos. De esta colaboración se sabe más bien poco, pero sí se sabe que Khan hizo por lo menos unas 13 visitas semioficiales al país. Pakistán, según lo que decía, desconocía la existencia de la red nuclear de Khan. Esos viajes constantes del científico deberían haber despertado alguna sospecha de lo que estaba haciendo en realidad, pero no lo hicieron porque, de nuevo, la suerte sonrió a Khan. Pakistán sufría una crisis gravísima y las arcas del Estado se habían secado. Existía un riesgo enorme de que hicieran un default, es decir, que no pudiesen pagar a los inversores que le financiaban la deuda. Eso incluía a gente de a pie, pero también a otros países. En un país como Pakistán, un default es más probable que ocurra que en otros, pero si llega a darse, eso genera una oleada de desconfianza tremenda. En este contexto, probablemente a Pakistán le interesaba que las actividades de Khan con Corea continuaran porque le daban dinero y Pakistán necesitaba dinero.

En el 97, la red consiguió un nuevo cliente: Libia. En el año 98, la India detonó cinco bombas nucleares y Khan, obedeciendo aquella afirmación de que la bomba atómica podía ser detonada con una semana de antelación, se hizo realidad. La respuesta de Pakistán fue detonar cinco bombas más en el llamado test Chagai-1. Dos días más tarde detonaron una más, alcanzando las seis en el test Chagai-2. Con esto, Pakistán se posicionaba, si no por encima de la India, al menos como un rival igual de capaz. Khan ganó todavía más prestigio a nivel nacional.

Pero ojo, ese prestigio había llamado la atención de un grupo de gente que tiene por afición desmantelar redes de tráfico de secretos nucleares. Al otro lado del mundo, sentados en una mesa redonda de la CIA, estaban Jim Lawler y los agentes con nombres en clave "La Dama del Lago", "Sir Lancelot" y "Galahad". La operación Excalibur estaba a punto de tumbar la red de tráfico nuclear del ingeniero metalúrgico Abdul Kader Khan. La operación se llamaba Excalibur porque Khan había estado buscando la bomba atómica como si fuese el Santo Grial. Siguiendo con las metáforas artúricas, los agentes recibían los nombres acordes a la temática: Galahad, el encargado de investigar las empresas pantalla; La Dama del Lago, la maestra informática; Sir Lancelot, el espía cubano que se había infiltrado en la red de Khan. Liderándolo estaba Lawler, que aunque no sabemos cuál era su sobrenombre, sí que sabemos que había trabajado espiando a traficantes de armas de destrucción masiva que operaban en Alemania, Suiza y Austria, y que trabajaba con clientes en Irán, Libia y Siria.

La operación ya llevaba unos cuantos años en activo y tenía ya mapeada gran parte de la red. En diciembre del año 2000, se instalaron en Dubai y convirtieron el lugar en el centro neurálgico de toda la operación. En Dubai, las regulaciones son mínimas. Hay montones de puertos y barcos, y lo más importante, suele ser un refugio habitual de traficantes o intermediarios de mercancía ilegal. Un poco antes, la CIA había comprado a la familia Tinner. Estos eran acérrimos colaboradores de Khan. Para que la colaboración con los Tinner funcionara, la CIA había pinchado sus teléfonos y se había colado en bancos suizos para monitorear sus finanzas. En el momento oportuno, Lawler les ofreció un contrato de un millón de dólares y ellos aceptaron. Se unieron al plantel artúrico. A cambio del dinero, los Tinner se comprometieron a brindarles información. Más adelante, Khan, sin saber nada de esto, montó con los Tinner una fábrica en Kuala Lumpur. En la nueva fábrica, gracias a los Tinner de la CIA, que hablaban malasio y que se dedicaban a colocar micrófonos, pinchar cámaras e instalar puertas traseras en los ordenadores.

Mientras todo esto sucedía, en Pakistán se celebró la primera exhibición internacional de armas del país. KRL tuvo su propio puesto con una sección de productos relacionados con energía nuclear. En él garantizaba que todo lo que había expuesto eran artículos aprobados para su exportación. A inicios del 2001, la CIA intentaba confirmar quiénes eran los clientes de Khan. Por aquella época, la red ya había trabajado con Irán y había fuertes sospechas de que también Corea del Norte era un cliente. Pero el cliente más importante era Muamar Gadafi, el dictador de Libia. Gadafi había hecho un pedido gigantesco de las nuevas centrifugadoras P2 de Khan. Eso era con lo que iban a pillar la red de Khan. Solo tenían que seguir recogiendo información de la fábrica en Kuala Lumpur.

Pero no todo iba a ser tan fácil. La CIA se vio entre la espada y la pared. Libia iba a conseguir una bomba atómica. Estaba a punto de lograrlo. Estados Unidos no quería que lo lograse bajo ninguna circunstancia y lo único que podían hacer para evitarlo era cerrar esa fábrica en Malasia de la que obtenían la información. No todo fueron malas noticias. La operación Excalibur recibió información sobre Corea del Norte. Un agente pakistaní les dio un documento donde se confirmaba que la red de Khan le había dado centrifugadoras nucleares al país, lo que significaba que habían vulnerado el pacto de 1994, que les obligaba a detener precisamente eso, el desarrollo de armas, y que le daba a la CIA un nuevo hilo del que tirar. Aunque pese a que mostraron la evidencia, Corea del Norte las ignoró. Salió del Tratado de No Proliferación Nuclear y años más tarde, en 2006, llevó a cabo su primera prueba nuclear.

La situación con Libia, por otro lado, prácticamente se resolvió sola. Al final no fue necesario intervenir la fábrica. Libia estaba intentando negociar para que se le levantasen unas sanciones internacionales que ya llevaban en activo más de 30 años. En la negociación, Libia debía admitir la existencia de sus programas de destrucción masiva y desmantelarlos por su cuenta. Si lo hacía, se levantarían las sanciones. Pero si encontraban pruebas de que Libia estaba desarrollando o adquiriendo armamento nuclear y no lo reconocía ni lo frenaba, las sanciones podrían empeorar. El país no tenía ni idea de que la operación Calibur tenía calados. Gracias a la fábrica, el equipo de Lawler localizó un buque alemán llamado BBC China, que justo acababa de salir de Dubai. El buque llevaba cientos de kilos de componentes para centrifugadoras, en concreto, sobre 1 millón de piezas de los modelos P1 y P2 de Khan. El buque debía cruzar por el Canal de Suez y dirigirse a Trípoli, la capital de Libia.

Al saber esto, la CIA inmediatamente se puso en contacto con Alemania, Reino Unido e Italia. El objetivo era detener el barco en alta mar y obligarle a atracar en el puerto de Tarento, cerca de una base de la OTAN. Tenían que hacerlo manteniendo todo en secreto y eso implicaba que iban a tener que saltarse unas cuantas leyes. Pero saltarse las leyes de otros países es el pan de cada día de la CIA. Durante el fin de semana, movilizaron un destructor naval italiano con un cañón de 5 pulgadas preparado para reunirse en alta mar con el buque alemán. El BBC China se había negado a cambiar de rumbo cuando se lo habían solicitado, alegando que estaba en aguas internacionales y que ahí no tenía por qué obedecer ninguna orden. El capitán ofreció resistencia hasta que le amenazaron con impedirle atracar en puertos de Estados Unidos, lo que le hubiera quitado un 80% de sus clientes. Entonces atracó el buque y encontraron en él miles de piezas de centrifugadoras nucleares que iban dirigidas a Libia. Con una prueba como esa, al gobierno libio no le quedó más remedio que admitir la existencia del programa nuclear y desmantelarlo. En 2003, publicaron una confesión oficial donde afirmaban haberle pagado a Khan más de 100 millones de dólares.

El descubrimiento del barco que iba a Libia no se quedó ahí. Pidieron a Pakistán que paralizasen de forma irreversible a Khan y a sus actividades. Tras recibir la evidencia de Estados Unidos, el presidente de Pakistán, entonces Musharraf, dijo que no sabía nada del tema y se mostró indignado. "Me cargaré a ese hijo de puta", dijo. Primero relegaron de su puesto a Khan y más tarde, en 2004, apareció en televisión dando una confesión pública.

El 4 de febrero de 2004, Khan apareció en televisión para confesar sus crímenes y dijo: "And the official I was concentrating with the findings and I have that much of miseries, hermanos y hermanas, he escogido aparecer ante todos vosotros para ofrecer mis más sinceras disculpas a una nación traumatizada". Y añadiría: "Para dejarlo claro, no ha habido nunca ningún tipo de autorización para estas actividades por parte del gobierno".

Y ahora tocaba pagar, ¿no? Meterlo entre rejas, tal vez en la cárcel. Pues parece que no, porque no hicieron nada. Menos de 24 horas después, Khan recibió el perdón del presidente Musharraf. Y esto pasó posiblemente porque Khan era un héroe nacional, un símbolo de orgullo pakistaní que jugaba una carta muy importante y era visto por muchos como el que había hecho frente a la India con los tests de 1998. Meterlo en la cárcel habría cuestionado el programa nuclear del país y le habría quitado parte de la renovada confianza, esa confianza que sentía el pueblo después de haberse sentido durante años inferiores a la India. Por otra parte, tampoco podían dejar a Khan sin castigo alguno, o sea, que lo encerraron bajo custodia en su propia casa. El perdón de Musharraf eximía a Khan de tener que acudir a juicio o dar explicaciones sobre lo que había hecho.

Muchos otros países intentaron hacerse con Khan para juzgarlo en sus territorios porque decían que su discurso había sido únicamente para evitarle problemas a Pakistán. Pero Pakistán hizo oídos sordos. Khan estaba fuera del alcance de todo el mundo. El arresto domiciliario probablemente no sea tan malo cuando vives en una mansión gigantesca. Igualmente, se mantuvo durante 5 años. En 2009, aunque continuó, lo hizo bajo unas condiciones más laxas. Permitieron a Khan, que ya tenía 72 años, visitar Karachi, donde tenía algunos amigos. También le hicieron mucho más fácil viajar en general. Cuando algunos reporteros le preguntaron sobre detalles de su red nuclear, de su encierro o sobre temas relacionados, Khan dijo que no tenía la obligación de contestar ante nada y que siempre estaría orgulloso de lo que hizo por Pakistán.

3 años más tarde, en 2012, Khan reapareció ante el público con una nueva propuesta. Quería entrar en el ámbito político. Muchos pakistaníes estaban frustrados por los recortes constantes que llevaba a cabo su gobierno, así como de la dependencia que tenían de Estados Unidos. Quizá si entraba alguien que muchos veían como un héroe, la cosa cambiaría. Presentó su partido, que por cierto tenía un misil nuclear como símbolo, y dijo: "Quiero promover un auténtico cambio y ayudar a la gente de Pakistán, como hice allí en aquel momento de 1974, cuando India lanzó sus bombas nucleares. Hoy, una vez más, mi país me necesita". Un año más tarde, fracasó y disolvió su partido. Continuó su vida alejado de los medios y en 2021 falleció con 85 años tras haber sido hospitalizado por el COVID-19.

La red nuclear de A.Q. Khan facilitó a tres países que adquirieran materiales para armamento nuclear. Operó durante casi 20 años sin que nadie lo supiera y apenas tuvo consecuencias para su creador. Es cierto que también hay información que sugiere que la red era mucho más grande de lo que parecía y hay sospechas de que Khan también le hizo ofertas a Siria, Egipto y Arabia Saudí. También que llegó a haber un trato con Irak por el que el país obtuvo algunos planos para las centrifugadoras. Los demás integrantes de la red nuclear de Khan tampoco recibieron grandes castigos y fueron extremadamente laxos con todos ellos. El que más tiempo pasó en la cárcel estuvo 7 años y lo condenaron por haber falsificado unos documentos. Vamos, que no era ni de lejos el cargo más grave.

Otro hombre que burló a las autoridades durante años fue el terrorista Ted Kaczynski, que esquivó al FBI y a las autoridades durante 17 años. Envió paquetes bomba por todo Estados Unidos mientras promovía su propio manifiesto ideológico criticando la sociedad tecnológica moderna. Haz clic en la imagen si quieres conocer su historia y recuerda que tienes un enlace a Trade Republic en el comentario fijado. Chao.