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Imagina un fármaco muy barato, capaz de prevenir o tratar hasta 26 patologías crónicas diferentes. De tomar regularmente dicho comprimido en la posología exacta, ni más ni menos, podría reducir el riesgo de deterioro cognitivo o depresión casi a la mitad, de diabetes tipo 2 en un 35%, de hipertensión arterial en un 33%, de fracturas óseas en un 66%, ser mucho menos proclive a tener un infarto o un ictus, o incluso reducir tu riesgo de cáncer de mama en un 20%.
Ese fármaco está disponible para toda la población, no para quienes se lo pueden permitir. A diferencia de muchos otros fármacos, es un fármaco que se puede tomar en cualquier rango de edad, desde niños hasta los últimos años de nuestras vidas, pasando por el embarazo o la lactancia. Tiene contraindicaciones o efectos secundarios? Pues sí, como cualquier intervención, pero comparativamente con otras moléculas y fármacos, estos son muy limitados. Y he dicho barato y no gratuito, porque aunque sin coste económico, sí existe un coste individual que asumimos al tomarlo: la incomodidad y una pequeña inversión de tiempo.
Pero aquí viene lo escalofriante: más de la mitad de la población española no toma dicho fármaco en la dosis adecuada que permite el despliegue de todos sus beneficios, y más de un 15% ni siquiera ha tomado nunca el compuesto, pese a conocerlo perfectamente. Por supuesto, hablamos del ejercicio físico regular. Acumulamos más de 100 años de evidencia científica acerca de los beneficios del ejercicio físico en la salud de las personas. Sin embargo, se invierten muchos más millones al año en sacar a la luz nuevos fármacos con beneficios marginales o clínicamente irrelevantes que en facilitar que la población haga ejercicio físico.
Y se puede facilitar tal cosa? No dependerá, Borja, únicamente de la voluntad de la persona y de su disposición a hacer ejercicio? Es por supuesto que se puede facilitar. Empezando por las escuelas y en el contexto de salud en el que nos situamos la mayoría de los países occidentales, es pertinente preguntarse: más beneficioso en términos globales para la vida de un niño o de una niña que está desarrollándose física y cognitivamente, una hora al día de matemáticas (que son importantísimas, por cierto) o una hora al día de educación física? Es una buena pregunta, al menos para plantearla. Si a gran escala, mi opinión no creo que haya que elegir una u otra, pero me interesa mucho tu respuesta.
Sería más sencillo desarrollar el hábito del ejercicio físico de por vida para niños y adolescentes que incluyen obligatoriamente en sus centros escolares el ejercicio físico de forma diaria, al menos de lunes a viernes. Sería más fácil para ellos que con 30, 40 o 50 años tuvieran ese hábito de hacer ejercicio, de entrenar con regularidad. De igual forma, las grandes empresas prosperarían mucho más si se dieran cuenta de que facilitar 45 minutos de ejercicio diario a sus empleados durante, y esto es clave, la jornada laboral, no supondría una pérdida de dinero, sino que ahorraría a largo plazo una cantidad enorme de recursos económicos. Ventajas por dolores lumbares se reducirían, la productividad se incrementaría, los trabajadores serían más felices al liberar tiempo por las tardes para estar con su familia y otros tantos beneficios que se me ocurren, tanto para el empresario como para el trabajador.
La gran prevalencia de sedentarismo en el mundo en general, esto no va de países concretos, es un problema de salud que mata a muchos más seres humanos que todos los impactantes noticias y problemas que ves en tu noticiero diariamente. Y este gran problema tiene un origen social del que todos somos partícipes. En una población cazadora recolectora o hace 200 años, cuando el transporte público lo constituían las bestias y los trabajos implicaban movimiento casi invariablemente, pues no tenía mucho sentido hacer énfasis en el ejercicio físico y en la actividad física (que por cierto, no son la misma cosa). Por qué? Pues porque para sobrevivir y para trabajar había que moverse mucho. En cierto modo, supervivencia, trabajo y movimiento eran elementos inseparables hasta muy poco tiempo.
Pero la tecnología y el progreso nos ha traído la posibilidad de prosperar sin mover nuestro cuerpo. De esta manera, el trabajador tecnológico, donde quedo incluido, puede desarrollar su actividad e impacto en el mundo desde la comodidad de su despacho doméstico, donde estoy ahora mismo. Qué implica esto? Pues que tenemos que inventarnos una forma de incluir en nuestras vidas lo que antes era implícito, de forma explícita. Y para ello, tenemos que cambiar la forma de pensar en el ejercicio que la mayoría tenemos. Si lo analizas de cerca, el ejercicio es para muchos una actividad más cercana al ocio que a una necesidad.
En el colegio, el instituto, es una materia, es decir, una asignatura poco importante si la comparamos con otras como biología o lengua. Llevamos a nuestros hijos a que practiquen baloncesto o fútbol solos si sacan buenas notas o solo si han terminado sus ecuaciones de segundo grado, dejándoles ver que esto del ejercicio no es algo esencial en sus vidas, sino algo totalmente secundario. Cuando crecemos, en el mejor de los casos, utilizamos el ejercicio físico como vía de escape ante presiones y responsabilidades de la vida, para echar un rato por las tardes y aligerar esa carga mental. En cualquier caso, el ejercicio en las mentes de la mayoría es una actividad de segunda categoría, una actividad que nos merecemos únicamente cuando hemos completado otras responsabilidades más serias.
Y hasta que, como colectivo, no entendamos al ejercicio físico como una necesidad de primer orden, al nivel o incluso por encima de tu trabajo o de almorzar diariamente, no avanzaremos en términos de salud. Y por supuesto, no nos olvidemos de la responsabilidad individual que todos tenemos. Sorprendente escuchar las excusas para no hacer ejercicio de muchos de los que ponen a la salud como una prioridad máxima en su vida: me da asco el sudor, me da mucha pereza ir al gimnasio, me da vergüenza que me vean haciendo ejercicio, no puedo con las agujetas, etcétera, etcétera.
El ejercicio físico es incómodo. Puede que no tengas una predisposición natural hacia el mismo, muchas personas no la tienen, o que no hayas desarrollado el hábito durante tu infancia, o que hayas tenido en esa infancia una experiencia negativa con el ejercicio físico que ahora mismo te genere cierto rechazo. Puede que lo odies con todas tus fuerzas, que el simple pensamiento de hacer ejercicio te cause rechazo y te ponga de mal humor. En esa situación se encuentran cientos de miles de personas. Pero seguro que te ocurre lo mismo con otras áreas de tu vida: no te gustan y las haces porque no te queda otra, no tienes alternativa.
Pues siento decirte que no nos queda otra que ser activos y hacer ejercicio. Si te empeñas en lo contrario, invariablemente tendrás consecuencias. Lo que ocurre es que las consecuencias de ser sedentarios no son inmediatas, son diferidas, a veces muy diferidas, y otras veces se manifiestan de forma muy sutiles. Esto significa que son más traicioneras. Es más, cuando ocurran, ni siquiera las relacionarás con tu hábito sedentario y culparás a tu mala suerte o vete tú a saber qué otra vez. Una lumbalgia, en ya van tres en este año, a quedarme en casa tres semanas más porque he tenido un infarto a los 52 años y yo no fumo, tengo 65 años y no puedo viajar porque me fatigo enseguida.
En definitiva, tienes a tu disposición y a tu servicio la polipíldora más potente del siglo XXI. No utilizarla es una negligencia, tanto personal tuya como una negligencia médica en el caso del sector sanitario. No necesitas entrenar durante dos horas al día, media hora bien empleada de lunes a viernes a una intensidad moderada es más que suficiente. Y si lo prefieres, únicamente 15 minutos, pero a una intensidad más elevada, te aportará beneficios similares con el ahorro de tiempo que implica. Las largas caminatas son muy saludables, pero no son suficientes para obtener los beneficios de los que se habla en este vídeo. Necesitamos intervenciones que vayan más allá de caminar. Si quieres preservar tu funcionalidad hasta etapas avanzadas de la vida, necesitas involucrar al músculo y entrenar tu cualidad física básica que es la fuerza muscular.
Así que ahora te toca a ti. Cuéntame en los comentarios tu experiencia con el ejercicio físico. A qué edad comenzaste, te cuesta mucho, te cuesta poco y qué trucos utilizas diariamente para animarte a realizar el ejercicio físico regular. Un fuerte abrazo, nos vemos en el siguiente vídeo y a seguir empoderando.