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El hielo que se derrite en el Ártico (2/2) | DW Documental

DW Documental42:27

Transcription

Estamos recorriendo el Ártico. Muy pocos lo han visto de esta manera. Es un viaje extremadamente duro a través de un mundo hostil y salvaje que no conoce la compasión y que aún así está lleno de encanto. Queremos comprender cómo está cambiando este mundo y qué implica eso para todos nosotros.

Nos encontramos con personas que se consideran afortunadas, que aún están a salvo de los grandes conflictos políticos y, sin embargo, sienten que todo está cambiando. Durante miles de años ha sido considerado indómito, pero hoy está en marcha una carrera para ver quién lo dominará en el futuro. Unos y otros se acechan y observan con recelo. Viajamos alrededor del globo terráqueo en el extremo norte para descubrir lo que nos espera a todos en un mundo en el que probablemente se decida nuestro futuro. Es un viaje agitado, pero nada comparado con lo que nos espera.

Estamos en la embarcación de Olena y Akalo. En el otro bote van su hermana Mete, su hijo Brian y Oge, su esposa. Queremos ir al campamento de verano de los valleneros, ubicado a más de 250 km en el interior del fiordo. Solo se puede acceder en barco. Hasta ahora nunca nadie ha logrado adentrarse tanto en el fiordo a finales de octubre. Score Bisun es el sistema de fiordos más grande del mundo. Se encuentra en la costa este de Groenlandia. Partimos de Itocotomit, el único asentamiento en un radio de más de 700 km.

Nos encontramos en medio del fiordo y entonces sucede algo que no debería suceder. Aquí se abrió el motor del bote de Akalu. Oge vuelve. Brian nos sujeta. Algo está roto, pero no debemos preocuparnos, nos dice Olena. Lo arreglaremos y luego continuaremos.

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Finalmente podemos proseguir nuestro trayecto hacia el interior del fiordo.

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A mitad de camino, tras casi 5 horas de viaje, llegamos a una bahía resguardada en una pequeña isla. Allí nos topamos con el naufragio de un bote destrozado. Akalu trata de entender lo que sucedió. Probablemente fue arrojado contra un iceberg o una roca durante una tormenta. ¿Qué sucedió? Probablemente fue arrojado contra esas rocas. Por si acaso, dejamos gasolina y suministros en la bahía. Aquí nada puede predecirse. Si no podemos continuar en el fiordo porque todo está congelado, entonces regresamos y acampamos aquí. Nunca he estado aquí en octubre. Nunca. Debería haber más hielo. Está demasiado cálido.

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Una afirmación que nos desconcierta un poco porque el termómetro, mientras tanto, ha descendido a 10 grados bajo cero. Pasamos al lado de la lengua de un glaciar que se adentra un buen tramo en el fiordo desde el casquete de hielo. Hielo milenario que hasta entonces solo habíamos visto desde arriba. Sus capas recuerdan a anillos de árboles que registran la historia de la Tierra. Hay sangre sobre uno de los bloques de hielo azul brillante. Akalu cree que hay osos polares cerca, de modo que deberíamos tener cuidado. Así se lo comunica al otro barco. Y entonces lo vemos en una ladera que baja a la bahía y en el agua contamos hasta seis osos. Uno de ellos tenía sangre en la cabeza y el cuello. Probablemente los hemos molestado mientras comían. En tierra detectamos los restos de un cadáver de Narval. Parece que los cazadores le dispararon, pero los osos se hicieron con el botín, explica Akalu. Asegura que la caza de Narvales resulta cada vez más difícil. Los seres humanos y los osos tienen una competencia añadida desde hace dos años. Las orcas son un gran problema para los cazadores, ya que se alimentan de focas, narvales y otros cetáceos. Y si hay demasiadas orcas, estos no llegan hasta nosotros en el fiordo. Este año los cazadores mataron por primera vez una orca. Y algo más ha cambiado en el fiordo. Este año por primera vez pescaron bacalao y salmón. Solo había unos pocos salmones, muy pocos. Tal vez ni siquiera 10. Nadie ha pescado salmón aquí antes.

Debemos darnos prisa. Aún no hemos llegado al campamento de verano. Cuanto más avancemos, más tiempo nos llevará a regresar al campamento de emergencia. Cuando oscurezca, será peligroso navegar con todos los icebergs que van a la deriva por el fiordo. En las laderas una y otra vez observamos criaturas como de otra época, bueyes almizcleros que con su pelaje largo y grueso desafían el frío incluso en el invierno ártico.

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Continuamos durante horas a través de las gélidas aguas, ahora con temperaturas de unos 15 grados bajo cero. Cercamos al campamento, ya no pensamos en dar marcha atrás. Acalo no duda ni un momento cuando una placa de hielo cerrado aparece repentinamente frente a nosotros. Nuestro pequeño bote se convierte en un rompehielos.

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Cuando bajamos a tierra y montamos el campamento, una cosa está clara. Hemos logrado algo que hasta entonces se consideraba imposible, adentrarnos casi 300 km en el Fiordo a mediados de octubre. Armamos nuestra tienda a 15 grados bajo cero. En las pequeñas cabañas de casa no hay lugar para nosotros y nuestro equipo, pero estamos bien preparados con gruesas bolsas de dormir y pieles de buey almizclero.

Esto es piel de ballena minke con carne. La preparo en una sopa de arroz. Este es un plato muy tradicional aquí. Usamos todo tipo de carne. Buey almizclero, foca, morza. Y esto es ballena minke. Comemos afuera en el frío glacial. Gulas de ballena minke, carne cortada en trozos grandes con bastante grasa. Un manjar inuit que resulta demasiado para nuestros paladares y estómagos novatos. Hambrientos, queremos meternos en nuestras bolsas de dormir después de este largo día, pero no es posible. Como de la nada, aparece un viento fuerte que anuncia tormenta. Tenemos que poner a salvo nuestra tienda y nuestro equipo para que el viento y el agua no se lo lleven todo. Akalu y yogui suben a los botes para llevarlos al lado de la bahía protegido del viento. Temen que el viento y la ola suelten el ancla y que los botes se estrellen contra una roca. Eso supondría un enorme problema para todos tan lejos como estamos de cualquier ayuda. Y mientras luchamos contra la tempestad, en el cielo da comienzo un espectáculo natural completamente diferente que nos reconcilia con esta noche tan dura y difícil.

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A la mañana siguiente, los botes están de vuelta. La tormenta ha pasado. Es hora de reorganizarlo todo. Durante la noche, sencillamente juntamos y pusimos todo a salvo rápidamente. Oge y Akalu han estado vigilando los botes toda la noche. Su agotamiento es notorio. Tenemos visita en el campamento, pero ya contamos con suficientes provisiones. Lo que nos desconcierta es la temperatura. 6 grados. ¿Es normal para esta época del año, no? Debería ser 10 grados bajo cero. Un aumento de temperatura de 16 grados en unas pocas horas en invierno es algo extraño, aunque posible. Sin embargo, en los últimos años sucede cada vez más. Los veranos también han cambiado. Este verano llovió mucho, de hecho, todo el verano, aunque también tuvimos un par de días cálidos, muy agradables, pero está lloviendo más de lo habitual.

Dado que la tormenta trajo calor, nosotros tenemos la oportunidad de adentrarnos aún más en el fiordo. El hielo que tuvo que romper ayer ha desaparecido por completo frente al campamento. Para Olena, este será un día muy especial, un día que nunca olvidará.

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Bajo un sol brillante y temperaturas más bien primaverales, nos deslizamos a través del fiordo liso como un espejo, entre paisajes que parecen sacados de cuentos de hadas hechos de hielo de cientos de miles de años de antigüedad.

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Antes de partir le dije a mi madre que nunca había celebrado mi cumpleaños. El fiordo. En octubre normalmente está todo congelado, de modo que no podemos venir en bote. Siempre sentía celos de mi hermano. Desde que era niña, mi hermano siempre celebraba su cumpleaños en el fiordo porque cumple años en agosto. Pero ahora también yo estoy celebrando mi cumpleaños en octubre en el fiordo por primera vez. Es genial. Nunca lo olvidaré. Nosotros también estamos abrumados por esta belleza pura que estimula nuestra imaginación con su enorme diversidad de formas. Solo el leve murmullo del hielo derritiéndose anuncia el desastre al que este mágico mundo se enfrenta.

Todavía deslumbrados por tanta magnificencia, de repente nos encontramos con una gruesa capa de hielo que no nos permite continuar. Akalu y Olena analizan la situación en busca de una salida. Deciden dar la vuelta antes de que el canal que hemos creado viniendo hacia acá a través del hielo se vuelva a congelar. Quienes viven aquí no tienen tiempo para dudar demasiado.

Le preguntamos a Olena, que hoy cumple 23 años, ¿cómo se imagina su futuro? Estudiaré y seré capitana. Comenzaré en enero en Dinamarca. Quiero experimentar otras cosas, ver más el mundo. Los trabajos que suelen hacer las mujeres, como enfermeras, cantantes, dentistas o cualquier cosa con niños son demasiado aburridos para mí. Quiero ser un ejemplo a seguir para todas las mujeres y niñas y animarlas a hacer lo que ellas quieran sin dejar que la sociedad les dicte lo que deben hacer. Haz lo que tú quieras.

Salimos demasiado tarde. Nos está alcanzando una tormenta de nieve. La visibilidad es cada vez peor y está oscureciendo. Ahora ya no vemos nada. Con nuestros dispositivos GPS móviles ayudamos a Akalu y a Oge a navegar a lo largo de la costa con la esperanza de no chocar contra un iceberg. Finalmente llegamos a Itcotomit. Debemos partir a la mañana siguiente. Tenemos una cita en el mar de Barents, al otro lado del océano ártico. Debemos llegar a nuestro avión a la pista de aterrizaje. Después de media hora, le preguntamos a Akalu si no sería mejor dar la vuelta, pero él dice que no hay ningún problema. Para nosotros, sin embargo, serán horas de mucho miedo en un mar embravecido a 10 grados bajo cero.

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Cuando finalmente llegamos a la playa, debemos darnos prisa. Akalu y yogui no quieren perder tiempo. La tormenta se hace más fuerte y todavía tienen que regresar. Más tarde nos enteramos que lo lograrían. Dirk, el piloto que nos acompaña por el Ártico, conoce situaciones tan extremas como esta. Tenemos la suerte de que el viento golpea la pista desde el norte, con lo que deberíamos poder despegar. Pero existe otro problema. Nos dicen desde la torre de control. Se observa una tormenta de arena acercándose al fiordo. Una tormenta de arena en Groenlandia. Sí, una tormenta de arena en Groenlandia. Esto se debe a que hay menos nieve de lo normal. Entonces, la tormenta levanta arena y no nieve. Queremos salir antes de que la tormenta de arena impida despegar nuestro avión.

Dirk y el controlador aéreo quieren enviar nuestro plan de vuelo al centro de control de tráfico aéreo, pero algo lo impide. No hay internet. Los vientos solares afectan a la antena parabólica alrededor de las 2 de la tarde todos los días y entonces no hay conexión a internet durante una o dos horas todos los días. Sí, especialmente en otoño tenemos muchos problemas. Tormentas de nieve, arena y sol, todo a la vez. Parece no ser nuestro día. Además, tenemos por delante este vuelo no del todo libre de dificultades, a través del Atlántico Norte en un avión de hélice monomotor.

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Si tuviésemos que bajar aquí, aterrizaríamos contra el viento y un avión monomotor tiene una velocidad de aterrizaje muy lenta. Amenizaríamos y entonces flotaríamos en el agua. La cabina está aislada, no entra agua y además también tenemos nuestro bote inflable, así que pasaríamos un agradable rato pescando. Cada uno de nosotros tiene además su propio transmisor de emergencia y un traje de supervivencia. ¿Qué podría salir mal? Tenemos una cita en medio del océano ártico. El Polo Norte se encuentra a solo 1000 km de aquí.

El buque Torhegerdal lleva tres días de travesía desde Tromsö a través del embravecido mar de Barents. Quedamos en encontrarnos con él en el Fiordo Dells en la isla de Spitzbergen. El Ministerio de Relaciones Exteriores de Rusia criticará más tarde la visita del Thor Heyardal, afirmando que esta forma parte de un plan secreto de Noruega y la OTAN para militarizar la región. A bordo, un amistoso saludo militar. Recorremos el interior de este moderno buque de guerra hasta subir al puente donde se encuentra el capitán. Casi el 50% de la tripulación son jóvenes mujeres. El puente está bañado en un rojo cálido que los cristales oscuros no dejan salir al exterior. Quieren evitar ser detectados emitiendo la menor cantidad de luz posible. Un procedimiento estándar.

Este barco es muy moderno y versátil. Podemos monitorear todos los movimientos, tanto en el aire como en tierra y bajo el agua. Aquí buscamos regularmente submarinos. Durante el último año hemos determinado un aumento de la actividad rusa. Están por aquí con más frecuencia y también viajan a otras regiones más al oeste, a lo largo de la costa noruega. En los últimos años, Noruega ha enviado cada vez con mayor frecuencia sus buques de guerra al norte, al mar Ártico. Pretenden tomar posición en un mundo que antes era apenas accesible. Y esto es solo el comienzo. Si bien estamos viendo aquí un aumento constante en la actividad, aún es una especie de área no reclamada, pero eso cambiará en el futuro. El hielo se derrite y las rutas marítimas se vuelven navegables. Como resultado se registra una creciente actividad. Es muy importante para nosotros entender lo que esto significa y cómo lo manejaremos.

Oslo, la capital de Noruega. Hemos quedado en reunirnos con Nils Andreas Tonsenes, el jefe de la inteligencia noruega. Desde la Guerra Fría, Noruega había mantenido las distancias en el Ártico, no queriendo provocar a su gran vecino del este. Pero la situación ha cambiado en los últimos años. En primer lugar, hay una nueva doctrina de parte de los rusos. La llaman defensa activa. Despliega a su ejército de manera más activa, incluso en tiempos de paz, para indicar que están en alerta. Cuando no están de acuerdo con algo, lo expresan claramente mostrando su fuerza, incluso en regiones más al oeste. Los hemos visto varias veces en el paso entre Islandia y Gran Bretaña. También están modernizando sus fuerzas armadas, por ejemplo, con armas de largo alcance y también su estructura de mando. Aunque sus efectivos se han visto reducidos en número, pueden reaccionar con mayor rapidez y flexibilidad a las nuevas realidades y procesos políticos. Rusia ha establecido nuevas prioridades, expandiendo masivamente su presencia en el Ártico y mostrándolo públicamente. Esto se denomina comunicación estratégica. Hace un par de años, tres submarinos nucleares atravesaron el hielo del Polo Norte de forma inadvertida. Sus potenciales oponentes deben tener claro lo que Rusia es capaz de hacer. Sus vecinos del Ártico están cada vez más inquietos.

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Están más activos y no está prohibido, pero da una impresión más agresiva y como he mencionado, son más ágiles y más rápidos. De modo que tenemos menos tiempo para prepararnos y reaccionar, sabiendo que tienen sistemas de armas versátiles y flexibles, es difícil entender lo que se proponen. Además, están construyendo nuevas bases militares y modernizando las antiguas. En la tierra de Francisco José, un archipiélago vecino de Svalbard, fue en 2017 una base ultramoderna que recuerda una película de ciencia ficción. En 2019 se añadió una base aérea para aviones rusos de combate con capacidad nuclear.

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En Moscú nos encontramos con un hombre que no deja dudas sobre la importancia del Ártico para Rusia. Para Rusia, el Lejano Oriente y el Ártico son muy importantes estratégicamente. Tenemos una gran actividad económica en estas regiones. De las nueve ciudades del Ártico con más de 100,000 habitantes, seis están en Rusia. Allí viven 2,6 millones de personas. Existe un gran poder económico. De allí provienen grandes cantidades de materias primas fósiles, así como materiales importantes estratégicamente como el cobalto, el platino y el níquel. Más de la mitad se extrae del norte del círculo polar ártico. El deshielo del permafrost y el derretimiento del hielo de repente hacen que sea económicamente rentable desenterrar los tesoros del norte. Además, el océano ártico, antaño considerado intransitable, pronto podría convertirse en una de las rutas comerciales más importantes del mundo y Rusia también se está preparando para esto. Geográficamente, la ruta de Shanghái a Rotterdam es un 40% más corta a través del Ártico. De momento allí todavía existen dificultades, pero podemos observar que el hielo está retrocediendo. El paso del norte entre China y Europa es 6000 km más corto que la ruta a través del océano Índico y el Canal de Suez. Y la mayor parte del trayecto tiene lugar en aguas rusas. En la época soviética por esta ruta se transportaban alrededor de 8 millones de toneladas al año. Pronto serán 100 millones de toneladas. Esto convertirá el paso del noreste en una importante ruta para el tráfico de mercancías.

Nos encontramos en Pevek, la ciudad más septentrional de Rusia, a más de 5500 km de Moscú. Igor está descuartizando un reno en su bañera. Afuera hace mucho frío. Igor es Chucchi, un grupo étnico compuesto por pastores y nómadas que se desplazan por el norte de Rusia desde hace más de 2000 años. Pero Igor se ha mudado a la ciudad donde tiene una funeraria y es guía turístico, aunque a veces echa de menos la vida en la tundra. En la naturaleza vives con tu familia y con los renos. Ves el sol y la luna y piensas en la vida. En la ciudad la televisión nos estresa. Vemos lo que está pasando en el mundo y eso a veces nos asusta. Uno se siente incómodo por dentro. En la tundra uno no se entera de nada de eso. Uno vive en su propio pequeño mundo. Con los perros y algunos renos ha conservado algo de su antigua vida, su conexión con su otro mundo, uno antiguo. Cuenta que aunque la vida en la ciudad es más cómoda, siempre hay problemas con el suministro de energía. Además, afirma que la central eléctrica a carbón contamina mucho el aire, por eso tiene sus esperanzas puestas en el barco que se encuentra en el puerto desde hace poco con la llegada de la PATEC. Espero que la gente aquí ya no tenga esos problemas. Gracias a la PATEC. Ahora en este distrito tenemos incluso calefacción eléctrica. Desearía que todas las ciudades de nuestra provincia de Chukotka y todos los habitantes de Pevek pudiesen disfrutar de esta comodidad, de estos beneficios. PATEC, acrónimo de la planta de la que habla Igor, la primera central nuclear flotante del mundo, la Academic Lomonosov. En una visita organizada para la prensa, el gobierno ruso presenta con orgullo uno de los pilares fundamentales de su estrategia para el Ártico: plantas nucleares flotantes que suministran electricidad de manera confiable a empresas mineras, pequeñas ciudades portuarias y bases militares a lo largo de la costa ártica. Aquí vemos la turbina de vapor de la planta de turbinas Kaluga y el generador de sirobimi Machinami. Una planta de energía nuclear flotante proporciona suficiente electricidad para una ciudad de 100,000 habitantes. Actualmente se están planificando o construyendo otras cuatro centrales nucleares flotantes. Igor espera que estas ayuden a desarrollar su tierra, que vengan más barcos y turistas. Sin embargo, aún no se siente del todo cómodo con la planta de energía nuclear flotante en el puerto. Me da un poco de miedo pensarlo. Es la primera planta de energía nuclear flotante del mundo y se encuentra justo delante de nuestra puerta. Si sucede algo, ¿a dónde ir?

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Después del final de la Guerra Fría, las cosas se habían calmado temporalmente en el Ártico. Muchos de los asentamientos más septentrionales de Rusia quedaron en mayor o menor medida abandonados a su suerte. Sin embargo, el interés ruso ha vuelto con fuerza. Rusia está en proceso de establecerse como una superpotencia ártica y no deja dudas de que no quiere que nadie cuestione estas pretensiones. Pero cuando el ejército ruso en invierno de 2020 comenzó a entrenar en condiciones extremas para tomar islas del Ártico, sus vecinos, especialmente Canadá y Noruega, se pusieron nerviosos.

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Estamos nuevamente en Svalbard, en la fragata noruega Torgerdal. En vista de los cambios en el Ártico, Noruega espera una mayor presencia de la OTAN en la región. Noruega por sí sola se vería completamente superada, dice el capitán Rot. Para Noruega es importante que la OTAN tenga presencia aquí en el Ártico, porque somos parte de un pacto de defensa y de acuerdo con el tratado de la OTAN debemos estar preparados para defender esta región, de modo que debemos trabajar juntos y entrenar y ejercitar juntos para poder defender nuestro territorio si fuese necesario.

A la mañana siguiente partimos hacia un curioso lugar que no tiene igual. No hay carreteras hacia allí. Tenemos que tomar un ferry desde Longyearbyen, capital de la isla de Spitsbergen. Son los últimos días de este año en el que el sol apenas asoma por el horizonte antes de que caiga la noche por un largo tiempo. Nuestro capitán noruego afirma que allá donde nos dirigimos seguramente no les guste la presencia de una fragata noruega en el Fiordo Dells. No creo que los rusos estén muy contentos de que la fragata esté patrullando aquí arriba, pero es territorio soberano noruego, tienen que respetarlo. Svalbard era un remoto archipiélago ártico que no le pertenecía a nadie. Cuando se descubrieron allí grandes depósitos de materias primas, estalló una disputa. En 1920, en el denominado tratado de Svalbard, los estados firmantes reconocieron la soberanía noruega sobre las islas que conforman el archipiélago. A cambio, Noruega tenía que permitir que todos los estados firmantes realizaran actividades económicas en las islas, que además no podrían ser utilizadas con fines bélicos. Noruega y Rusia actualmente son los únicos estados firmantes que han construido asentamientos de importancia en la isla principal Spitsbergen. La noruega Longyearbyen en el fondo del fiordo de IS es el centro administrativo y turístico del archipiélago.

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Después de casi dos horas en ferry aparece entre nosotros Barentsburg. Llegamos a un mundo que parece haberse quedado en el pasado. Todo da la sensación de que la Unión Soviética todavía existe y no hubiese desaparecido hace 30 años.

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Aquí está escrito nuestro objetivo, el comunismo. Barentsburg es un avanzado puesto ártico de Rusia, un asentamiento minero en Noruega. En la ladera con vista a la ciudad hay un edificio con cuyos residentes hemos quedado en encontrarnos. Sergei Guschin nos abre personalmente la puerta. Él es aquí el cónsul general de Rusia, representa los intereses de Rusia y de los trabajadores en Barentsburg respecto a Noruega. Con orgullo nos presenta su joya en el vestíbulo de entrada. Este es nuestro jardín de invierno lleno de plantas que de otro modo sería imposible de encontrar en el Ártico. Aquí tenemos nuestros propios tomates. Se los puede comer, pero también sentimos un poco de pena por ellos. Todavía durante la Guerra Fría, en la década de 1980, este edificio fue construido con un refinado estilo soviético. Muchos recuerdan aún esa época. Este tapiz es nuestro mayor tesoro. Le preguntamos al cónsul por qué aquí en el fin del mundo, en una de las islas más solitarias de la tierra, hay un consulado. Muchos mineros rusos y soviéticos trabajaron aquí bajo duras condiciones. Nuestros compatriotas trabajaron y murieron aquí. Aquí corrió el sudor y la sangre, no solo de rusos, sino también de ucranianos y otros, haciendo que Spitzbergen pasase a formar parte de la historia rusa. Hoy 370 personas viven todavía en Barentsburg, pero el asentamiento minero parece más bien un pueblo fantasma. Muchas casas están deterioradas y por todas partes abundan testigos silenciosos de un tiempo mejor. Este lugar parece haber dejado atrás su futuro hace mucho tiempo. La mina de carbón, que supuestamente opera durante todo el año ininterrumpidamente, recién comenzó a funcionar cuando encendimos nuestras cámaras. Es muy difícil para nosotros imaginarnos que todavía hoy aquí se pueda ganar dinero con la minería del carbón.

En nuestra conversación con el cónsul, de sus respuestas se desprende que la presencia rusa en Spitsbergen probablemente nunca se debió exclusivamente a la minería del carbón. La presencia de Rusia aquí es importante para nosotros en el contexto de un Ártico Pacífico. Si dejáramos el archipiélago, ¿quién vendría aquí en nuestro lugar? No se sabe. Podría ser un país de la OTAN. Aunque aquí no haya actividad militar, la presencia de otro país de la OTAN para nosotros sería muy preocupante. Le preguntamos qué sucedería si los noruegos invitaran a sus aliados de la OTAN, por ejemplo, a los Estados Unidos a darse una vuelta por aquí. Por supuesto que podrían concederles acceso a los barcos estadounidenses, pero lo veríamos como una violación flagrante del espíritu del tratado de Svalbard y protestaríamos y por supuesto que también nos reservaríamos el derecho de traer aquí nuestra propia flota del mar del norte. Eso prácticamente suena como una amenaza. Rusia no se plantea en absoluto retirarse de Barentsburg ni del archipiélago noruego de Svalbard. Si no estuviésemos aquí, tampoco sabríamos lo que sucede.

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Permítame señalar que la instalación satelital de Longyearbyen transmite información al ejército estadounidense y puede usarse para comunicar con submarinos estadounidenses. Si nos fuéramos, ya no podríamos monitorear la situación. Por eso es importante para nosotros estar aquí. Cuando dejamos Barentsburg nos damos cuenta de que la situación aquí en el Ártico es mucho más compleja de lo que podría sugerir este mundo salvaje y solitario.

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De regreso en Longyearbyen. Bien, nos dirigimos al lugar donde el cónsul ruso sospecha que se trabaja para el ejército estadounidense. Un camino estrecho y helado conduce a una meseta. Arriba, una tormenta de nieve brutal y gélida, se abre paso a través de lo que nos parece el escenario de una película de James Bond. Es la estación terrestre de satélites más grande del mundo. Aquí nos encontraremos con su directora, Maya Stinxed. Queremos que nos explique qué función tiene esta estación en este frío e inhóspito lugar.

Estos satélites vuelan alrededor del globo, pasando siempre por los polos, polo sur y polo norte. Y como la tierra gira debajo de ellos, cada vez que orbitan los polos, podemos descargar todos los datos y comunicarnos con los satélites. Y entonces nos muestra el centro de control. Las 24 horas del día durante todo el año mantienen aquí un flujo constante de datos. Maya dice que si estas instalaciones fallaran, el mundo tendría un problema. Si estas instalaciones fallaran, ya no tendríamos datos meteorológicos de esta región. Eso significa que sería difícil calcular rutas para aviones o barcos. Sería un gran desafío también para datos de navegación como el GPS. Todo esto viene de los satélites, al igual que las comunicaciones. La desconexión de esta estación representaría un gran problema. Entonces, el mundo tendría un problema, ¿verdad? Sí. Sentiríamos en muchas áreas las consecuencias. Anuncios. El mundo se ha vuelto dependiente de los datos tan imprescindibles para el funcionamiento del GPS y el teléfono como para el parte meteorológico. Muchos de estos datos también se utilizan para monitorizar, por ejemplo, vertidos ilegales de petróleo.

Estamos fascinados con la precisión de las tomas. Las imágenes y los datos se envían a las autoridades responsables. Otro ejemplo es la lucha contra la pesca ilegal, para la que también se utilizan los datos satelitales. Cuando observamos algo, podemos informar a las autoridades locales para que estas tomen medidas contra las empresas responsables. Aquí en la meseta hay 125 antenas de todos los tamaños y su número crece constantemente. Mallestina quiere mostrarnos por dentro uno de los sistemas de antena. La tormenta de nieve es cada vez más fuerte. Estamos a 25 grados bajo cero. Nos alegra poder volver a resguardarnos. Entonces, de repente el gran plato comienza a moverse. Este plato tiene un diámetro de 11 metros. Sigue un satélite Sentinel que acaba de aparecer y que se demora 15 minutos en sobrevolar la zona. Podemos contactar con el satélite 14 veces al día. Es decir, que este tarda alrededor de una hora y media en orbitar la Tierra. Le preguntamos qué datos están descargando en este momento. Pueden ser datos ópticos, imágenes que muestran si está nublado o sencillamente tomas impresionantemente bellas. También hay imágenes de radar donde se pueden ver a través de las nubes. Estas muestran mucho más que las imágenes puramente ópticas, incluso en la oscuridad. Nada escapa a los ojos del espacio. La NASA estadounidense y la ESA europea descargan sus datos aquí en la Ártica Spitsbergen, pero también empresas privadas como Iridium. Las instalaciones son operadas por una sociedad conjunta entre el gobierno noruego y la empresa armamentista noruega Kongsberg.

Le preguntamos a Maya Estina cuánto hay de cierto en la acusación del cónsul ruso de que sus instalaciones colaboran con el ejército estadounidense. Ya sabes, todos quieren tener siempre una gran historia y si algo parece de una película de James Bond, entonces debes tener algo que ver con el ejército. Pero el hecho es que debido al tratado de Svalbard, no podemos operar aquí ninguna instalación militar. Y tampoco podemos descargar datos de satélites militares. Nos despedimos en medio de la tormenta de nieve, fascinados y desconcertados por un lugar que está tan lejos del resto del mundo y que, sin embargo, lo sabe todo sobre él. Sin estas instalaciones, nuestra vida moderna no sería lo que es.

Hemos viajado alrededor del Ártico a través de un mundo que está a punto de pasar del blanco al azul, que está cambiando rápidamente y en el que unos a otros se observan y acechan con recelo. El futuro de la humanidad se decidirá aquí, pero sobre todo es un lugar que nos vuelve humildes frente a la fuerza y la belleza de la naturaleza.

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