Transcription
Fui a la cuarta brigada, eh, hablé con el comandante, con el general, eh, y él me dijo, eh, "Pero, ¿por qué quiere entrar aquí?" Le dije, "Pues es que yo estoy escribiendo una novela que tiene que ver con soldados y si quiere yo a cambio les explico a ellos, les enseño a escribir sus propias historias."
En el rush literario. Hoy estamos en un café hermoso, un café para los amigos, un café para las historias y sobre todo un café que tiene la literatura viva eh en todo el valle de la burrada y con Juan Diego Mejía en otra parte. Aquí hay una magia especial, Juan, y agradecemos que que tengas este tiempo para que hoy la invitación sea a encontrar las claves de lectura de Y si acaso yo muero en la guerra en editorial Tusquex de el grupo Planeta con Juan Diego Mejía. Hoy vamos a trotar, encontrar un ritmo en la conversación y especialmente en los procesos de creación. Juan Diego, gracias por aceptar la invitación y este lugar tiene cierta magia. ¿Cómo lo recibís vos estar aquí en otra parte y también como el espíritu de Fernando González por aquí eh nos habita? Para vos este lugar, ¿qué qué importancia tiene?
William, pues muchas gracias. Eh, me encanta esta invitación a conversar sobre literatura y con esa metáfora que propones de que vamos a a correr a correr. Pero sabes que el hecho de que estemos en otra parte, además esto es casual, nos citamos a conversar y estamos en otra parte, en el café otra parte que es un lugar que está e dentro de esta novela. ocurren unas escenas en en otra parte, en este mismo lugar y que seguramente ahorita con la conversación tocaremos ese tema. Claro, habíamos podido encontrarnos para Rush Literario, los amigos que nos acompañan, que sabemos que están generando lecturas, escritura, buscando, abriendo caminos en otro lugar de la ciudad, de de los ámbitos culturales, pero tenía que suceder acá y yo creo que así así deben ser las cosas. Hay hay invitaciones, pareciera que el cuerpo, el movimiento sucede según también el paisaje y este paisaje que hoy vamos a trotar, o sea, vamos a conversar trotadito y seguramente vamos a conversar también corriendo un poco y obviamente pues tratemos de que el café no se nos derrame porque vamos a tomar café mientras que corremos la palabra.
Muchas gracias. que corremos la palabra porque de eso se trata el tema de de del trotar, del correr, de del movimiento, tiene que ver mucho también como con lo interior cuando uno lee la novela y pues he tenido la alegría de leer muchas de tus novelas, cada novela tiene también un movimiento, un ritmo y yo le decía a algunos amigos míos que cuando te leo yo siento que tengo que salir a caminar porque desde los cuentos, desde las primeras novelas, ese muchacho en los años 70s está caminando mucho. Entonces, me gustaría mucho que hablaras, que nos contaras de de esa relación que tiene también el caminar, ser transeunte, eh moverse por la ciudad, además sobre todo el Medellín de los 70s que tanto te ha ayudado a vivir, ¿cierto? ¿Cómo lo llevas a la escritura? Si la escritura tiene ritmos, movimientos similares a los que a los que pasan en la vida. Si a la escritura le queda un poco de esas caminatas, hablemos sobre todo esa primera etapa de cómo se camina y cómo se vive para que vayamos poco a poco encontrando esta otra pista, esta otra ruta.
Pues es que yo no me lo había propuesto, pero es inevitable que lo miremos en perspectiva y que me Ahora me haces pensar en los primeros cuentos, en las primeras novelas, los primeros cuentos. La obra mía tiene como un hilo cronológico. Saquemos los cuentos aparte, ahorita hablamos de ellos, pero las novelas eh digamos el cine era mejor que la vida habla de un personaje que se parece mucho a mí cuando estaba niño. Eh, era en los años 60 en Medellín. Y hay otro caminar cuando se es niño, ¿no? Hay otro. Hay un asombro, hay un eh eh pues el mundo es tan grande, tan inmenso, que que solo cuando uno vuelve ya después de viejo a esos lugares dice, "Esto era lo que a mí me parecía tan tan grande, esto era lo que lo que a mí me asustaba y y no y es una casita chiquita y pero para mí era inmensa esta calle porque la veo muy estrecha, no es una gran avenida, pero para mí era muy importante. Pues era un niño asombrado. Luego aparece eh digamos Camila Todos los fuegos, que ya es un muchacho que tiene 17 años más o menos en la época y está más fuerte, está más fuerte, está más buscador, más quiere emociones, entonces camina no solamente por con la playa, sino que eh va por los caminos que hoy sería muy difícil ir porque son inseguros, Pero, por ejemplo, subir a Santa Elena e o subir al retiro. No, yo me acuerdo que íbamos eh cogíamos un bus de la milagrosa y nos íbamos a caminar por unas trochas que salíamos al retiro e con amigos entrañables de la época que hoy son muy importantes en el cine o en la literatura y antes éramos unos unos unos muchachos que no sin sin ningún otro deseo que disfrutar la vida, eh, tomarnos una botella de vino, eh, en en una manga en Santa Elena, en un bosque, eh regresar caminando hasta que encontrárbamos quién nos bajara. Era una aventura. Después está el dedo índice de Mao, ya un muchacho e que va que está en la universidad y se deja deslumbrar por la izquierda. Claro, por eh por los movimientos de la izquierda y y hace una parodia, dice, se burla, eh, entra entra como burlándose de todos esos militantes y termina atrapado por la revolución y al principio se burla porque dice, "Todos son iguales." Y lo único que los diferencia es cuando echan los discursos en el Camilo Torres, en la Universidad de Antioquia, cómo mueven las manos. Los del Partido Comunista empuñan así la mano, eh, los trosquistas hacen un gesto con estos dos dedos y los maistas lo que hacen es que eh mueven este dedo así. Entonces, por eso se llama el dedo índice de Mao, porque es es una forma como el muchacho entró a la revolución a la militancia y quedó atrapado. Claro. Entonces, ya después aparece una novela eh como soñamos que vendrían por el mar, que es una historia de militancia ya en el monte, en el campo, ya es afuera e y ya tiene unos ritmos distintos y ya es cuidándose de todo lo que puede pasar, ya es cuidando su vida. Y ahora e me estás brincando algunas cosas, pero ahora con esta novela ya me ya me agarra es en un momento de de mucha madurez. Yo ya ni que era madurez, sino de vejez.
Entonces, pero sabes que esa veces es que vos decís, yo la leo también, Juan, como recogimiento. Hay hay esta novela es recogida en el sentido más amoroso de de ese reunir. Vos lo interpretás como vejez, pero con el fervor con el que yo te leo, con el fervor y la admiración que encuentro en tu escritura, que también siento que me ayuda a contar procesos de creación muy personal, como por ejemplo ese caminar buscando al padre, cierta de cierta manera tu personaje lo hace y lo salva. Yo no pude hacerlo. Eh, lo intento hacer, pero en la escritura mi papá muere en ese viejo Guayaquil por un bus que sí, él intenta subirse al bus, se cae y le pasa por encima. ¿En qué parte? Eh, entre Amador, imagínate, Amador y y este Bolívar. Ahí como en en ese cruce de Bolívar, Amador, muy cerca de lo que sería hoy el salón Málaga. en el que eh vivimos cosas tan bellas. Entonces, cuando yo voy al salón Málaga, yo sé que ahí está pasando algo, pero yo dije, o sea, el personaje de Juan salva al padre, pero yo no pude venir temprano. Faltaron 20 días para que yo pudiera recoger a mi papá. Entonces, estaba en el vientre materno y bueno, todo ese cuento. Entonces, no había nacido, no había nacido. Faltaban 20 días. Y entonces yo cuando cuando en el cine era era mejor que la vida, veo que el niño recupera, rescata, salva al padre, eh ahí lo cuidan las muchachas de la calle, todo eso. Yo dije, yo quisiera ser ese niño que sí pudo hacer eso. Claro, subirlo a un taxi, o sea, borrachito, borrachito, porque tomaba mucho y le encantaba las historias de de las canciones. Juan, Juan Arbisu, Margarita Coello, eh obviamente Gardel, Obdulo y Julián. Y también me dado como una tarea y es buscar las canciones de mi papá para ver si de alguna manera demoro al bus que lo va a atropellar. Hay hay un texto donde hago que el señor que va conduciendo, el conductor del bus de Itagüí, está escuchando eh la radionovela y que para, se queda escuchando, siente que la palanca de cambios está fallando y yo digo que se demore más o que la muchacha que le va a dar el próximo aguardiente o el café eh le lleve otro y que no salga. Mientras que yo pago unas cuentas en un centro comercial, en un banco, regreso a ese 1977, a ese mayo. Entonces el cuerpo intenta agitarse, ir, pero no alcanzo a llegar nunca y finalmente sucede lo que lo que sucedió.
Entonces, lo que yo siento es que la novela no es la de un hombre viejo, sino de un hombre que un narrador, un autor que se ha recogido con toda su historia y todo el arsenal de vivencias ahora le es, digamos, tan natural. Eh, una de las cosas que uno nota en la novela es que el personaje el personaje con el que corre el narrador va ganando ritmo. Y yo siento que el muchacho de esas primeras novelas y de los cuentos que que sos vos como autor y como narrador personaje, finalmente en esta novela ya no tiene que mirar cómo va, pero así ayudarle al otro que va haciendo. Siento que ahora eh los que estamos corriendo con vos, trotando con con tu lectura, con esta lectura, eh necesitamos que nos lleves que no, o sea, quiero correr con vos, o sea, eh quiero ser Aníbal, quiero ser tu personaje y agarrar ese ritmo y, ¿por qué no en otra escritura ahora sí salvar a mi papá a la a la manera como como sucede. En el rush literario uno a veces dice cosas que que nunca había dicho y y lo hacemos con ese amor. Entonces, yo veo el asunto de recogimiento con todo lo que ya se ha ganado, porque creo que ya pasado los 5K, los 10K, los 15K, los 20K y seguramente también ya puedes literariamente subir la Concagua, hacer unos 6000 también en altura, porque eso hace parte también de la treta, no solo la pista, sino también la montaña. Juan, entonces esas transiciones a la hora de escribir vos las sentís. Había unas velocidades en esa primera etapa en la escritura, una disposición. Se escribe como se corre, se corre como como se escribe a veces.
¿Sabes que me gustaría hablar un poquitico e lo que tú dices de que esta novela, pues no neguemos que es una novela de hecha ya por un viejo, eh, pero ese viejo sí tiene como ese esa memoria de de las diferentes etapas que le tocó vivir, que poco a poco, digamos, los ritmos eran como de vertiginosos de los 5K que Uno dice, "Yo puedo correr sin coca a una velocidad tremenda porque es que son solamente cinco 5 km. Cuando va a ser 10, bueno, también puedo correr rápido y no son sino 10, son solo 10, ¿eh? Y cuando voy a hacer la media maratón, que son 21, dice, "Bueno, voy, me voy a regular un poquito." Y aquí empieza, tengo que contar con que es posible que el clima cambie, que haya mucho sol, eh es posible que un trago de agua me haga daño en la mitad del camino. Es posible que me empiece a tironear algún músculo, todo lo tengo que prever. Entonces no puedo salir como si fuera en 5K o como como en los primeros cuentos que salía a tirarla toda. Y uno como que tiene que aceptar que hay unas variables porque ya son 21, ¿cierto? Una unas variables que son necesarias tener en cuenta que no vas a controlar todo el todo el tiempo, o sea, vas a estar ahí eh expuesto de todas maneras. Bueno, es muy importante en el rush literario que hablemos de las claves de lectura de si acaso yo muero en la guerra. Y yo creo que el tema fundamental, como ya lo decíamos ahorita, Juan, es el argumento. Y viste que hay argumentos que se extiran mucho y hay argumentos que están como más o menos compactos, que hasta uno los cuenta como como muy fácil. ¿Cómo es el argumento de la novela para ver qué tanto hay que trotar, tanto que hay que correrle precisamente a la idea misma hasta de contarlo. ¿Cómo sería ese argumento? ¿Cómo lo correrías?
Eh, mira, la novela nace de un inclusive de un cuento, de un cuento que yo había escrito hacía unos años que se llama El planeta Cojo. Es la historia de un soldado que pierde una pierna en una mina antipersona en Urabá, en este conflicto tan tremendo que nos ha tocado vivir. El cuento era de un muchacho que le gustaba correr y salía a trotar a porque por cerca del batallón donde él estaba en Urabá, pasaban unas muchachas corriendo, trotando, unas atletas morenas, muy bellas y una de ellas era como una se volvió una fantasía para él. Se llama Estefanía. Estefanía. eh nunca habló con ella, nunca pudo acercársele, esa era como su deuda pendiente y y no alcanzó a hacerlo porque antes de que lo pudiera hacer eh pierde la pierna y lo traen de nuevo para Medellín. Entonces eh la vida de él como que se acaba. Él e él al final le ponen una prótesis, pero una prótesis que no que no es la ideal y él intenta correr, intenta eh recuperar el recuerdo. ese cuento funcionaba bien como cuento, pero eh yo sentía que estaba todavía pendiente otra historia y eran quién es la familia de ese hombre, de ese muchacho, eh cómo fue la vida de ahí en adelante, si es posible recuperarse de un golpe tan tremendo como ese en el que uno pierde eh no solamente una pierna, sino eh la posibilidad de seguir siendo un combatiente, la la posibilidad de hablar con Estefanía, la posibilidad de tener una vida común y corriente. Esas preguntas fueron rondándome la cabeza durante unos años. Entonces resolví crear el universo en el que estaba ese muchacho. El muchacho finalmente se llamó Pablo. Eh, en el cuento no tenía nombre porque era el mismo el que lo narraba y no y no tenía, nunca dijo cómo se llamaba. se llama Pablo y eh resulta que un día un personaje que se llama como yo, que es parecido a mí, va a correr a a una pista en el barrio El Dorado en Medellín y ahí se encuentra con ahí encuentra que un señor viejo eh que no tiene pinta de atleta está intentando correr y es la primera vez que sale a correr. se le acerca el el el tipo que se parece a mí, se le acerca a él y empiezan a hablar y ahí surge la conversación de que es la primera vez que él está corriendo, que él es un mecánico, eh que nunca ha hecho nada de deporte, pero que tiene un hijo que perdió una pierna e en el en un combate con la FAR en Urabá. Entonces esa historia ya se vuelve ya se pega a la del cuento y resulta que el narrador que se parece a mí e tiene 55 años, está próximo a cumplir 55 años en ese momento y tiene que celebrarlos y tiene que celebrarlos y decide que la forma de celebrarlos es corriendo 55 km. Entonces, cuando le cuenta al viejo que apenas está empezando a correr, el viejo dice, "Pero usted, ¿para qué va a hacer eso?" dice, "No, es que yo quiero quiero probar que que soy capaz de hacerlo." Entonces, el el narrador que se parece a mí, eh pues tiene como esa misión, pero luego se va volviendo esa misión, se le va borrando, él va viendo que no es tan importante, porque es más importante lo que le pasa al viejo, al viejo y lo que le pasa al muchacho. Entonces él eh le pide permiso al viejo para conocer al al a su hijo que está en la cuarta brigada en el pabellón de sanidad y el viejo le dice, "Sí, yo voy a hablar con él para que usted vaya." Y voy a hablar con el general también para que lo dejen entrar. Que eso es una cosa muy importante, William, porque la gente es sencilla. Él es un mecánico, nadie te olvide. Claro, una persona e de estrato de un estrato social muy humilde. Le abre todas las puertas de su casa, de su vida, eh y no le cierra nada. Entonces el narrador va, conoce al al muchacho, a Pablo en la cuarta brigada y empieza a conocer la vida y también conoce la vida del padre. Y esa es la novela. Claro, es la historia de de de lo que pasa entre esos dos personajes, el padre que es un mecánico, y el hijo que es un soldado sin tierno.
Yo disfruto mucho esa manera de de argumentar el argumento porque sentí algo muy interesante y es que, bueno, Pablo no tenía en el cuento nombre. Pablo ya en la novela, pues está digamos muy enriquecido por el viejo. Y volvamos a lo al al a lo mismo que decías ahora. Bueno, reconozcamos que esta es una novela de un viejo, ¿cierto? Un hombre, ¿cierto? Que que tiene unas vidas, unas unas maratones ya anteriores, ¿cierto? Eh, ahora el asunto es que el joven Pablo está más enriquecido literariamente por el mundo vivido de Aníbal, del padre y que incluso yo siento que todos están corriendo por Pablo de alguna manera. Eh, finalmente, eh, el muchacho, el hombre, el cincuenteñero, parecido a VZ y Aníbal, el viejo, incluso los dos podrían ser uno solo. Ahí hay como un juego, un intercambio. Finalmente corren por Pablo para que Pablo, la historia de Pablo eh literariamente, vitalmente tenga más vuelo. Entonces, me encanta esa forma porque tal vez sin sin Aníbal Pablo correría como puede en la escritura, en la novela, en el texto, pero con el otro, con el otro, con esos dos la carrera se se convierte, digamos, como en una posibilidad mayor. Eh, yo he visto, por ejemplo, que en este mundo de los atletas, mi esposa Paula es una corredora también montañista. Eh, seguramente todo esto para ella va a significar muchísimo, porque, por ejemplo, en este momento está en Bolivia subiendo eh una montaña de más de 5600, han corrido también a en esa altura, eh, y vive la experiencia. Pero hay algo que me dice mucho y es, hay momentos en los que uno se vuelve más fuerte corriendo con otro. Sí, hay cosas. Entonces, ¿cómo ves ese argumento? Porque también la novela es coral. Vos pusiste a correr y a mí me encanta que en este rush literario miremos como los narradores, ¿cierto?, se bifurcan. O aquí hay eh un narrador, otro narrador, otro narrador, por lo menos hay tres que van a correr juntos. ¿Cómo es ese juego del narrador y los puntos de vista para que los tres corran a su manera en la novela? Porque de pronto habla Ibal, luego habla el hombre parecido a vos, luego es Pablo. A mí eso me encantó y cuando Paula me contó que que uno corre mejor a veces y que alguien lo rescata uno o uno lo hace con otro cuando están juntos. Sí, eso es muy bello.
Es que eh la novela tiene como una propuesta que puede ser como un poco ingenua, pero pero es aplicable en una pequeña en un en un una pequeña escala y es que esa novela lo que está proponiendo es que correr sana, correr alivia, correr libera, correr cura. Entonces, e el viejo mecánico empieza a correr en el estadio del Dorado, que es un lugar donde yo voy habitualmente, y allá se encuentra con un grupo de gente de la edad de él, inclusive mayores, pero que son muy veloces y que e madrugan mucho. Veloces como pájaros. Sí, son incluso se hacen es se hacen llamar de una manera jocosa. Es hermoso eso. Eh, ellos dicen, "La primera vez cuando cuando ven que Pablo que Aníbal llega a correr, lo acogen y le dicen, "Hola, mi señor, eh, bienvenido al club de los pájaros dormidos." Y los pájaros dormidos son esos viejos que que que simplemente llegan al estadio cuando todo el mundo está dormido en la ciudad y empiezan a correr y correr y tienen un una resistencia y una velocidad e que lo que lo sorprende a uno. Entonces intentan que Aníbal corra con ellos, pero Aníbal apenas está dando los primeros pasos. Inclusive Aníbal no se atreve a decir que él trota, sino que utiliza un verbo distinto. Él dice, "Yo vengo a trotear, ¿cierto?" Entonces, e trotear y se da cuenta, él sabe que está diciendo un error, pero pero insiste en decir que es trotear. Es posible que sea una forma de decir, "Es que eh yo al trotear yo lo que hago es que es trotar muy despacio casi caminando." Entonces hay una hay un episodio en el que llegan a este lugar donde estamos ahora, llegan a a escribirse para una maratón. Entonces, el narrador que se parece mucho a mí y Aníbal llegan y se sientan en esta mesa, eh, y él y hacen la inscripción por el computador. Entonces el narrador le dice a Aníbal, "Mire este sitio tan bonito. era la casa donde vivía el maestro Fernando González, e que era un filósofo que le gustaba mucho caminar porque él decía que caminar e y pensar es filosofar. Entonces, eh a nivel dice, "Ah, pero yo yo soy filósofo también, porque yo troto tan despacio que yo lo que hago es casi caminar y pensar que yo también soy filósofo." Es hermoso. Es hermoso. Claro, porque es que Aníbal recrea el mundo que ya tiene conocido, ese hombre parecido a vos y de cierta manera también ese hombre parecido a vos potencia también la mirada, el movimiento, el ritmo y yo diría que hasta el mundo, porque Aníbal empieza a habitar unos lugares que no le que no le eran familiares. En su geografía interior no estaba este café. Ajá. Por eso es que celebró, celebramos que estemos haciéndolo acá. Imaginemos que aquí está también. Imaginemos que que te estás encontrando, que esa es una de las cosas que me encantaría que conversáramos, que te estás encontrando con el hombre parecido a vos. Eso es una cosa bellísima ahora que estamos conversando de las claves de lectura de la novela y en el juego de planos que tiene la literatura, la realidad, la ficción, eh combinar eso, vos sentís que a veces eh cuando volvés a la pista del dorado o hablamos de la novela como acá, empezas a conversar o te encontrás, ves, charlás, corrés con ese hombre parecido a vos, el yo literario, el yo escritor, el yo ciudadano, el yo Juan Diego Mejía, eh, con has tenido como ese e esa pulsión entre los dos, como que sí, te ves con él, el hombre parecido, es que me encanta como lo decís, el Juan Diego Mejía que se encuentra con un hombre parecido a él que está en la novela.
Sí, uno muchas veces termina termina convertido en los personajes, pues o o desdoblado. Desdoblado, ¿cierto? Uno termina eh como prisionero de esa historia. Uno termina como eh metido. Eso es como la la ese no recuerdo quién fue que escribió ese cuento. No sé si fue Cortasar, creo que es. Sí, el de que termina contando una historia en el que está metido en en la historia y no es la noche boca arriba, no es es es eh es una historia que está ocurriendo algo afuera y y realmente él está leyendo la historia y le está ocurriendo realment Ah, claro. En continuidad de los parques. Creo que es continuidad de los parques. Claro, eso es lo que pasa. O sea, y mira que cuando conversamos de la novela y Juan Diego Mejía habla del hombre parecido a mí en esta novela es continuidad de los parques. La combinación de planos es una novela tan cercana a mí, a pesar de que los personajes son ficticios. Es es la primera novela que tengo con todos los personajes inventados. Todos los demás, las demás novelas eran eh estaban mis amigos, estaban mis padres, estaba, pero en esta todos son inventados, pero es la que más cerca porque siento que que yo sigo siendo ese, ese ese hombre que iba a celebrar sus 55 años en 2000 y pico, en la mitad de los 2000, eh iba a celebrar sus 55 años corriendo 55 km y luego él se da cuenta que la vida de los demás es mucho más importante que la de él, que para qué se va a poner a con esa megalomanía y esa 55 que soy capaz de correr 55 km. Cuando este viejo lo que necesita es correr, darle ejemplo a su hijo de cómo recuperar la vida, cómo recuperar el interés por vivir. Entonces yo ahí eh sentí que mi vida ha estado al servicio de ellos. Claro, no al contrario.
O sea, que hay un juego realmente de intercambio entre el hombre parecido a vos y y vos, porque hay hay aprendizajes mutuos que que se están entregando. Hay un acto de humildad y de gratitud también con ellos, como que le bajo a la altanería y a la arrogancia de que yo soy capaz de hacer 55, incluso hasta 55 novelas. O sea, siento que también ese libro de madurez, así como por ejemplo Camila podría ser, Camila, todos los fuegos puede ser y yo estoy convencido de eso para mí lo es una novela de aprendizaje, de formación espiritual, incluso podríamos llegar también al cine era más que la vida, mejor que la vida. tendríamos el dedo índice también de Mao, o sea, en todas tus novelas pareciera que hay ritos de iniciación, eh acciones de gracias por la vida, pero llegar a esta novela es precisamente decirle eh gracias a todos, ¿cierto? Yo ya no tengo que hacer ni 55 novelas ni 55K. ¿Vos crees que también literariamente pasa un poco ese gesto en ese ya ya no ese hombre parecido a vos, sino en vos?
Sí, en en este es un momento de transición en que no sé, pero pero esta novela me dejó muy muy tranquilo. No tengo el desespero por por escribir mucho. Estoy tranquilo. Yo creo que esta novela me dio una paz, una paz muy especial. Eh, seguramente que voy a a hacer a sacar adelante otros proyectos, pero no me no estoy desesperado por hacerlo. Yo pienso que no sé, no hay no hay no hay no hay tanto fá ya es que y además se siente porque el ritmo el ritmo de los tres es un ritmo muy muy interior. Es un ritmo como que bueno y estamos hablando en la casa de Fernando González donde él lo decía en Viaje a pie y qué hermoso precisamente cierto cuando le preguntaba a su compañero que cuánto faltaba, ¿cierto? Bueno, eso depende del ritmo, ¿cierto? Depende del ritmo. Ahí está pues como la peripatética. Y aquí hay un ritmo que yo creo que es es sereno, es es sin afán, es es consciente, ¿cierto? Estamos en el rush literario viendo cómo se mezclan los tres narradores. Aquí hay una una voz coral, un tiempo un tiempo para cada uno, eh un trote, un trote para cada uno. A mí me encanta el momento, los momentos en los que en los que Pablo y su lanza, que ese es algo que me que me que me seduce mucho, es cómo lograste también manejar el lenguaje el lenguaje de todo este ámbito del ejército, incluso también del paisaje cultural del barrio, ¿cierto? para caracterizar a los personajes, pero como decías ahora, las carreras en Urabá, en esas digamos como en en en esas vías pequeñitas, en los ramales, persiguiendo estas dos muchachas, porque hay hay maneras de correr. Una cosa es correr en la pista de el barrio El Dorado y otra cosa es correr en esos ramales. El ritmo que tanto ahorita hablabas de Estefanía, el lanza y y Pablo, ¿cómo corren cuando están persiguiendo dos muchachas luminosas en esos ramales?
Es el ritmo, el ritmo que ellos llevan es impetuoso, es eh es eh lleno de ilusión. Sí, es lleno de ilusión, pero pero siempre van conservando una distancia. Es que ellas son atletas, tienen y van rápido y y distingue en el grupo de muchachas que son las primas Padilla, que son las primas de Estefanía. Se distingue Estefanía, se distingue entre todas porque es la más alta, tiene el cuello largo, tiene un pelo afro, eh, y y hay y hay también una cosa como que que Pablo descubre e una cosa que lo que lo mata, pues lo lo enloquece y cuando ve que está oscureciendo eh, pero se recorta así como las figuras de las de las primas y se ve Estefanía y hay un momento en el que Estefanía empieza a cantar y a bailar y todas las demás aplaudir y es porque Estefanía canta muy bien y baila muy bien el bullerengue. Era un término desconocido para Pablo cuando él llegó, porque Pablo es de un barrio de acá de Medellín, del de un barrio de de Belén de Belén, parte alta, que es muy importante. Es muy importante. Una cosa es Belén de abajo. Sí, no es el Belén tradicional, sino un Belén de invasión que que donde él construyó Daníal construyó un ranchito y ahí construyó otros colonos, construyeron sus casas y se convirtió en barrio. Entonces yo muy orgulloso de decir, "Es que nosotros vivimos en Belén, pero parte alta." Y ese vel en parte alta se volvió peligroso por todo lo que ocurrió en esta ciudad en los años 80 y 90 y empezaron a matar muchachos y el y Aníbal por salvar a su hijo lo sacó del barrio y le dijo, "Se tiene que ir para el ejército." Y lo y llega por fin a Urabá y allá él siente que está que encontró el paraíso, pero realmente lo que encuentra es la mina que le vuela a la pierna. Entonces, es es algo que es algo que que es es difícil de decir, pero ese momento de correr a las 5 de la tarde para él es muy importante y más importante cuando logra ver a Estefanía bailar y cantar bullereng y ahí se le abre a él un mundo cultural muy distinto porque nunca había oído bullerengue, no sabía que era eso. Solamente había habido tangos, reggaetón, hip hop, pero jamás. O sea, que también eh se corre, hay movimiento, pero hay danza, cosa que no pasa en la pista del dorado porque ahí hay otras eh otr otros rescates emocionales.
El lenguaje es fundamental, me parece es muy necesario hablar del lenguaje dentro de la investigación que hiciste, porque uno siente la caracterización de el mundo de Pablo, la caracterización de ese mundo que rodea al ejército, además que lo trabaja sin situ. medio de todo ese acontecer, hablemos del lenguaje, Juan Diego, y y como esas y yo diríaes como eh juegos poéticos que también tiene el lenguaje en esas situaciones bélicas o de confrontación que son muy dolorosas. Eh, tu experiencia con el lenguaje también es como un trote, como una carrera también para encontrar el ritmo preciso. No cualquier palabra te va a servir. Ahorita hablabas mucho de yo soy de Belén, parte alta, eso significa mucho. ¿Cómo ha sido el juego con el lenguaje?
Yo creo que, digamos, una de las cosas que más tranquilo me dejuó con esta novela fue que logré un lenguaje sersencillo. Entonces, yo creo que tiene que ver con eso que estás diciendo como un entrenamiento de toda una vida y al final de la vida me di uno como que llega a la conclusión de que se trata es de encontrar la palabra precisa siempre, no meter muchas palabras, sino las pocas palabras que digan lo mismo, que ese es esa es la síntesis como de la literatura, ¿cierto? como el ejercicio, el oficio literario y es no necesitar demasiada eh demasiadas vueltas para decir lo que uno quiere decir. Aquí yo creo que que voy en esa dirección y y me satisface mucho. Ahora, eh yo tenía una dificultad y era que yo no yo no presto servicios militares, yo nunca he estado en el ejército, no sé nada, pero así como lo cuenta el narrador que se parece a mí, eh ese narrador fue fue a la cuarta brigada y se hizo amigo de varios soldados heridos porque el comandante de la cuarta brigada le permitió entrar. En mi caso particular fue así. Yo sabía que tenía esa carencia, que yo no sabía nada del ejército y necesitaba familiarizarme con el lenguaje. Entonces, e fui a la cuarta brigada, eh, hablé con el comandante, con el general, eh, y él me dijo, eh, "Pero, ¿por qué quiere entrar aquí?" Le dije, "Pues es que yo estoy escribiendo una novela que tiene que ver con soldados y si quiere yo a cambio les explico a ellos, les enseño a escribir sus propias historias. Entonces él se entusiasmó mucho y me dijo, "Ah, o sea, que usted les enseña a mis soldados a a escribir" y le di, "Sí, yo lo que pueda se los enseño." Y así empecé a ir cada miércoles, iba todas las mañanas, los miércoles y me reunía con ellos. Pero es un personal que va cambiando mucho porque ellos están en Medellín haciendo unas terapias y unas preparaciones y luego lo mandan a Bogotá donde les hacen el estudio del tipo de prótesis que les van a poner. Entonces, este es un lugar como de paso y y se fueron yendo, se fueron yendo, pero yo seguía en contacto con ellos por teléfono y por correo y y logré conocer muchas historias de ellos y ellos también, como son gente humilde, me abrieron el corazón, me entregaron todo el conocimiento y eso me sirvió mucho. Entonces yo en cierta forma me sentía como un ladrón de de las historias de ellos, ¿cierto? Pero todos los escritores somos ladrones, ¿no? Claro. Y y se y pero se roba también para hacer que esas historias no nos sanen a nosotros también y que de alguna manera uno también pueda eh ser puente para que otros sigan, crucen, eh corran, se detengan. Pero pero también es un ejercicio de de regreso.
Ahora, ¿con quién correrías? Supongamos, pues, porque vamos a hacer lectura para cerrar el rush literario de uno de esos encuentros, digamos, como corriendo, conversando. El diálogo también es eso. Vamos a ir corriendo los dos. Eh, ¿con quién correrías? Imaginemos, no sé, un escritor, un escritor amigo, eh, un Pablo, un Aníbal o un Aníbal y un hombre parecido, el muchacho, el hombre parecido a vos. ¿Con quién te gustaría correr, digamos, metafóricamente? Porque sabes qué, como dice Paula, mi esposa, me mejora, yo ayudo y podemos hacer un 55K algún día si fuera necesario. ¿Con quién correrías, eh, digamos en este en esta pista de la vida?
Pues mira, hace poco e un club de runers de acá me invitó a a un programa. Yo no pues no sabían si yo lo podía hacer o no, pero me invitaron a que corriéramos una hora, un domingo y luego nos sentáramos a desayunar y hablar de esta novela. Todos leyeron la novela. Eso fue una cosa muy emocionante, como como 30 corredores. Yo ese día no pude correr porque tuve un inconveniente de salud. Entonces nos encontramos fue al final cuando ellos habían corrido y desayunamos en en un lugar ahí en el poblado y empezamos a conversar e y ellos hicieron unas preguntas, pero todas desde el punto de vista de los corredores, eh, o sea, de lo que uno siente cuando está corriendo. Entonces, como de todo lo que ellos sienten, yo lo que quisiera es correr hoy con alguien con el que yo pueda conversar, que yo esté en zona dos, como lo llaman ellos, o zona chisme, que que es ese ritmo en el que uno eh puede correr y hablar sin soberbias, sin prepotencia y y no está ahogado, sino que está corriendo y hablando y que es un ritmo bueno, pero que uno puede correr y hablar. ese es o zona chisme, como le dicen ellos. Yo quisiera correr con alguien así. Lo que pasa es que entre los escritores de mi edad no hay muchos que que les guste correr, entonces casi siempre me toca correr con gente más joven a la que retraso porque yo no soy capaz de seguirles el ritmo, pero pero alguno habrá que pueda correr conmigo en son chismo. Me encantaría hacerlo con vos y que la vida sea también, yo creo que la escritura también sea zona dos. Lo que está fuera de la pista también es escritura. La página iluminada de Microsoft es la pista, pero la vida también está pasando ahí en la calle. Entonces, más son dos. Yo creo que eso eso también revitaliza.
Anécdotas. Cuando entramos, un señor con una muy buena amiga me vio el libro y me dijo, "¿Va a hablar con él?" Dije, "¿Con quién?" "Con el escritor." Y te señaló porque te vio ahí. Entonces, sí, voy a hablar con él. Y le pregunté, "¿Y usted qué? ¿Ya lo leyó?" Ya le leyó y me dijo, "Sí." "¿Y qué piensa?" "No, la historia de ese muchacho, qué dolor, qué sufrimiento." Entonces, la otra compañera y ¿qué pasó? No, no, no. Hay que leerlo. Qué dolor, pero hay que leerlo. Imagínate, dijo, "Hay, qué dolor, pero hay que leerlo." Luego en un centro comercial, bueno, luego no, antes de esto, hace por ahí dos meses, en un centro comercial venía haciendo como la tercera lectura de de la novela y un señor se me acercó y venía con la vestimenta de ustedes los corredores de zona uno y de zona dos, pero especialmente de zona uno, un hombre, digamos que dije tiene todo para ser corredor. un domingo en la mañana yo estaba esperando que Paula terminara de hacer también sus ejercicios. Yo estaba haciendo los míos. Entonces me dijo, "Hm, ya se la leyó, me dijo el Señor. Ya se la leyó. Dije, sí, estoy leyéndola ya casi por tercera vez y no sé qué." Y entonces me dice él, "A mí me encantó esa novela." Y yo le dije, "¿Y a usted por qué?" "Porque yo soy parecido al de a los pájaros dormidos." me dijo, "Yo también troto, yo también corro, a mí me encantó y yo también lo hago en el dorado." Así me dijo. Entonces, fue muy tremendo porque yo sentí que se me había salido eh, o sea, el dos dooblamiento fue real y yo estaba embebido disfrutando y siempre en el rou literario, el pensar en rojo es ver el proceso de creación y con un lapicito rayar. El señor me veía rayando con mi trote de zona tres, yo creo, tan can escribiendo y me dijo, "¿Y sabe qué? Le voy a regalar esto." Y me dio, él sacó del maletín, ¿cierto? Donde tenía, digamos, las cositas ahí como de de alimento y me dio esta oración. Jesús, confió en ti. Pero el Señor no tenía ninguna relación, digamos, como con la religión. Creo que me lo dio fue en el sentido de la compañía para Pablo, para Aníbal y para ese muchacho parecido a vos. Y hoy yo te lo voy a dar porque me lo dio uno de los pájaros dormidos, que no es exactamente uno de ellos, pero sí un señor parecido a él. O sea, que si estoy leyendo y aparece un hombre parecido a esos personajes y
Me habla de la novela y y me dice que él es como ellos, ¿no? No sé, o sea, algo pasó, Juan. Te lo voy a regalar para que lo pongas ahí, porque uno de esos muchachos, de esos señores, además que es un señor que puede estar en su 74, 72, no, no estamos hablando de de alguien de 55. Entonces creo que eh hay hay un misterio.
Esta novela reconcilia, reúne, recoge, repara mucho y yo creo que para ese ejercicio precisamente de reparar donde tenía la oración que me dio el Señor, ¿qué tal si hacemos uno de esos diálogos? Yo aquí había señalado, Juan, una parte que me gustó. No sé si de pronto miras acá para que miremos en el diálogo cómo el diálogo también es un trote, el paso de uno, el paso del otro. Y entre esas palabras que se dicen hay epifanías, hay unas revelaciones que que suceden casi de manera espontánea, sin que eso suene mucha filosofía. Es el paso a paso.
Leamos esta que tiene que ver con con esta Pablo y su compañero, o sea, su lanza. Están corriendo por esos ramales. Eh, están hablando de que acaba de de pasar de que vio a Estefanía, pero que Estefanía es una fruta prohibida porque es que es muy muy complicado porque Estefanía es una mujer tan hermosa que el comandante del de la guerrilla del Frente 5 de las FAR se había enamorado de ella desde que estaban muy chiquitas. Entonces ahí hay un abuso que ejercía este comandante contra ella. Eh, y aquí lo comentan.
Entonces dice Pablo, "Un día Pereira y yo, Pereira es el lanza, estábamos decididos a caerles, o sea, a las muchachas, a las a las morenas, a la espadilla. Llevábamos plata metida entre las medias para invitarlas a tomar algo, pero cuando apenas habíamos corrido como 100 met desde la base, nos llamó Ruiz, uno que también hizo el curso para Dragoneante con nosotros. Nos gritaba, "Cos, espérenme." Entonces lo esperamos. El hombre venía con pantaloneta negra y camiseta verde, pero en lugar de tenis traía las botas de campaña. Se veía feliz como si nunca hubiera salido de la base. Como él era de la región y conocía bien los caminos, nos dijo que tomáramos otra dirección por donde podíamos correr en línea recta. Pero nosotros le dijimos que no. Por nada del mundo. Yo iba a dejar de ver a Estefanía esa tarde. Todo el tiempo estuvo al lado de nosotros cantando, diciéndonos cómo se llamaba cada finca por la que pasábamos. Y cuando aparecieron la Padilla, no pude volver a hablarle. Como hacíamos siempre, disminuimos el paso para verlas cuando ellas se nos adelantaran. Al pasar junto a nosotros, Ruis la saludó y Estefanía le dijo, "Oye, Pipe." Y Ruis le contestó igual, "Oye, se fueron y nosotros nos quedamos mudos." Pereira me dio una palmadita en la espalda y seguimos trotando despacio. Cuando estábamos de regreso, Ruis dijo, "Cos, espérenme. Bolas, no se metan con esas peladas." Perdón. Sí. Ruis dijo, "Cos, párenme bolas. No se metan con esas peladas. ¿Por qué lo dice, Curso? Le pregunté. Puso cara de seriedad y repitió, "Dejen esas peladas quietas, se los digo."
Esa noche ambos se le sentaron de frente en el comedor y le dijeron que contara cuál era el rollo de Estefanía y la Espadilla. Ruis se puso las manos en la cabeza y les dijo que ese era un asunto muy delicado. Le dije, "Vamos afuera entonces, si es tan delicada la cosa." Y salimos, dice Pablo. Caminamos hasta donde nos alumbraban las lámparas. Él él prendió un cigarrillo, no se decidía hablar. Yo me le pegué a la espalda hasta que dijo, "Vean mi curso. Ella es la mujer del comandante del Frente 5. No se metan en problemas." Era eso mismo.
Hay hay peladas a las que no se les puede tocar en este país. Hay terrenos que no se pueden tocar. La novela está viva. Es una historia que no se cerró, que no se termina, porque también es Colombia. O sea, todos los que estamos, digamos, viendo las noticias desde que éramos pequeños, vemos historias como la de Pablo, pero creo que hay que aprender a correr con otros también, Juan, y estar en zona dos, en el rush literario que hacemos un homenaje a la escritura que que es así, sin pretensiones, con el regalo de la amistad, eh vamos a celebrar esta novela seguramente en los espacios de de Rush Literario en escrituras creativas, en habilidades comunicativas y especialmente hay que volverlo a leer para aprender a correr en zona dos. Sí, también.
Juan, muchas gracias por este rato tan tan bello, por haber hablado con el hombre parecido a vos y también con vos. Ay, muchas gracias por correr conmigo, por trotear conmigo. Por trotear. Yo prefiero trotear. Y a todos los que trotan, a todos los que corren, a todos los que suben las montañas, mujeres, hombres, hay que seguirlo haciendo con otros. En soledad, en soledad no se corre. Hay que correr con con amigos y encontrar en el camino gente con la que uno pueda comprender que que se hace es con otro, como lo hacía Fernando González en Viaje a pie, como lo hacía Aristóteles, como lo hace tanta gente. La conversación también es es un trotear, prefiero el trotear. Esto es el rush literario. Hemos tenido a Juan Diego Mejía desde los primeros cuentos, desde sus novelas. La carrera, el trote no termina. [Música]