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Mujer que en lo oculto gimes, cuando el alba aún no amanece, tu clamor sube como inciente. Y el cielo tiembla cuando oras como Ana llorando. Rompes cadenas con tus lágrimas. De rodillas edificas reinos. De tus labios nace la victoria.
Levántate, mujer del altar, vestida de fuego, vestida de gloria. Tu voz estremece en los cielos. Tu oración abre puertas eternas. Eres Ester ante el rey. Eres Débora en la guerra. Eres María a los pies del maestro.
Mujer de poder, mujer de promesa, tus manos levantadas son antorchas. Tu fe danza sobre las aguas. Los muros caen ante tu canto. Los cielos responden a tu clamor.
Como Rut sigues al Dios viviente, dejando atrás lo que no da fruto. Y como Elizabeth, das a luz en la vejez, porque para tu Dios no hay imposible.
Levántate, mujer del altar, vestida de fuego, vestida de gloria, tu voz estremece los cielos. Tu oración abre puertas eternas. Eres Ester ante el rey. Eres Débora en la guerra. Eres María a los pies del maestro. Mujer de poder, mujer de promesa.
El Señor dice, "Te he visto en la madrugada. Cuando el mundo duerme y tú me buscas, he contado tus lágrimas como perlas y de tu quebranto haré vino nuevo. Tu voz no será más silenciada, porque he puesto espada en tu boca y fuego en tus huesos."
Mujer de oración, lámpara encendida, portadora de gloria, casa del Espíritu, de tu vientre nace los santos, de tu voz la palabra viva, porque grande es tu galardón. Mujer que ora, mujer que adora, mujer del altar. Oh.