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Vamos a dar un fuerte aplauso de bienvenida a todos los campus Más Vida, a todos los que están conectados en línea. Vamos, que se escuche. ¡Bienvenidos! Estamos felices de que estén hoy con nosotros.
Antes de que te sientes, si estás en algún campus Más Vida, estás sentado, si puedes estar de pie, aunque sea un momento, queremos leer la palabra de Dios juntos, de la que hoy vamos a estar meditando.
Lucas 3, verso 16 dice: "Yo los bautizo a ustedes con agua." Respondió Juan a todos: "Pero está por llegar uno más poderoso que yo, a quien ni siquiera merezco desatarle la correa de sus sandalias. Él los bautizará con el Espíritu Santo y fuego."
Hechos 2:1 dice: "Cuando llegó el día de Pentecostés, estaban todos en el mismo lugar. De repente vino del cielo un ruido como el de una violenta ráfaga de viento y llenó toda la casa donde estaban reunidos. Se aparecieron entonces unas lenguas como de fuego que se repartieron sobre cada uno, se posaron sobre cada uno de ellos y todos fueron llenos del Espíritu Santo y comenzaron a hablar en diferentes lenguas según el Espíritu concedía expresarse."
Esta es palabra del Señor. Amén.
Padre celestial, gracias por tu palabra. Gracias por Jesucristo, nuestro Salvador. Gracias por tu Espíritu Santo. No nos has dejado huérfanos, sino que estás con nosotros, sobre nosotros, en nosotros. Y Dios, estos días que estamos aprendiendo del Espíritu Santo y el fuego, el fuego del Espíritu Santo en nosotros, háblanos, enciende un fuego, un fuego, Señor, renovado en nuestras vidas. Te pido que aún el día de hoy tu palabra tú la hagas personal, la hagas particular a cada persona que está escuchando esto. En el nombre de Cristo Jesús, todos decimos: Amén.
Pueden sentarse. Pueden sentarse.
La semana pasada les hablaba de cómo el fuego purifica. Eh, la promesa es que Jesús nos bautiza en Espíritu Santo y fuego. Y vemos que el Espíritu Santo trae un fuego a nuestras vidas y cómo el fuego purifica y activa. El fuego purifica cosas, pero también enciende, mueve cosas. Y veíamos como el fuego de purificación, por ejemplo, el agua hasta el agua purifica. ¿Alguien se acuerda antes de los tiempos del garrafón que había que hervir el agua este para poder tomar el agua? ¿Alguien hizo eso o no? Okay. Los que no son demasiados jóvenes, los que sí ya sabemos tu edad, ¿verdad? Pero yo crecí en Lázaro Cárdenas, Michoacán, de niño, y ahí sí el agua se hervía siempre porque había mucha enfermedad por eso. Entonces, el el fuego purifica el agua también y el Espíritu Santo es como un fuego que purifica nuestras vidas también. A eso se le llama en teología, en doctrina, el proceso de santificación. Dios está purificando, transformando. Es un proceso, no es de la noche a la mañana. Dile a tu vecino: "No me juzgues tanto, estoy en proceso, ¿verdad? Estoy en proceso. Estoy en santificación. Ahí voy, ahí voy." Okay.
Entonces, se va purificando cosas en nuestras vidas. La semana pasada les hablé que cuando llegué, regresé a Cristo, fui lleno del Espíritu Santo. Eh, él me dio el fuego del amor de Dios para amar a Dios, amar a la iglesia, a la gente, a mí mismo.
Hoy quiero hablarte de el fuego de nuestras palabras. El fuego de nuestras palabras y cómo Dios quiere purificar nuestras palabras. Yo a los 15, 16, 17, 18 años, yo era muy malhablado, pero muy malhablado. Tú no tienes idea de cómo hablaba. Jugaba baloncesto, recuerdo, horas, horas al día de baloncesto y yo le gritaba a todo el mundo, le gritaba a mi equipo, a mis contrarios, a mí mismo, a la pelota, al viento, a lo que fuera. Yo gritaba y gritaba cosas muy, muy feas, muy feas. Hablaba mal de mis maestros, mal de mis compañeros. Este, hablaba mal de mí mismo, también hablaba mal de mis padres. Recuerdo que en la iglesia yo iba solo por obligación, por quienes eran mis padres, pero yo me sentaba en la cabina, a un lado de la cabina de sonido, este, y donde se encontraba en aquel entonces en el auditorio de Morelia, la entrada eh por donde todo el mundo pasaba, ¿verdad? Tú te sentabas ahí, era como una pasarela, o sea, era como la alfombra roja, tú veías a todo el mundo entrar a la iglesia y mis amigos y yo nos sentábamos ahí para criticar a todos y les poníamos apodos y y este, o sea, tijeritas, viboritos, no éramos lo peor, ¿verdad? Eh, que si traían esto, que si tenían el pelo quién sabe cómo o si no tenían pelo. Hoy me arrepiento de varias cosas que dije, ¿verdad? Pero pero yo era muy malhablado y y a los 18 años que que soy lleno del Espíritu Santo, que que Dios me encuentra, me visita y empieza el fuego de Dios a trabajar en mi vida, una de las primeras cosas que empezó a cambiar en mí fue mi manera de hablar y no solo mi lenguaje o mis palabras, sino mi narrativa, porque a veces, por ejemplo, decimos, ya no voy a decir esa palabra o el otro, pero a veces la narrativa sigue. Dios quiere purificar nuestro lenguaje y nuestra narrativa, el mensaje en nuestros pensamientos, el mensaje en nuestra boca.
Eh, de hecho, eh, muchos de nosotros eh tenemos que entender que no es solo, no es solo "me, me, me, no me puedo equivocar hablando así o hablando así", no, no es eso, es de la narrativa. ¿Por qué? Porque aún nuestros pensamientos tienen voz. ¿A poco no? Cuando estás pensando, estás hablando. Te estás hablando a ti mismo o alguien te está hablando o le estás hablando a alguien. Tus pensamientos son voces, son palabras, es una narrativa, es un mensaje. ¿Okay?
Ahora, ¿por qué la pregunta es, por qué el Espíritu Santo está interesado en sanar, en purificar la manera en que hablamos? ¿Por qué? ¿Por qué será que quiere cambiar la manera en que hablamos? De hecho, leímos en Hechos capítulo 2, que cuando llegó el Espíritu Santo, la primera vez que el Espíritu Santo visita la iglesia, llena la iglesia, ¿qué sucede? ¿Cuál es la primera señal? Hay una lengua de fuego sobre cada persona. ¿Y cuál fue el primer resultado de que fueran llenos del Espíritu Santo? Están, ¿qué? Hablando en otras lenguas. Si sigues leyendo el pasaje, dice que hablaban las maravillas de Dios en otros idiomas. O sea, que lo primero que pasó, a ver, pudo haber pasado otras cosas, quizás sus manos se encendían en fuego, sus pies se encendían en fuego, quizás se les llenaron las bolsas de dinero. Iba a decir amén alguien ahí. Pero lo primero que pasó fue que se aparecieron, ¿qué? Lenguas de fuego y hablaron en otras lenguas. O sea, que la primer señal tuvo que ver con las palabras que salen de la boca de la iglesia, como Dios diciendo: "Estos ahora son mis mensajeros. Voy a usar su boca, sus palabras para impactar el mundo, impactar las vidas y e impactar a la gente que les rodea." Es como que hay algo tan poderoso del Espíritu Santo y la forma en que hablamos.
¿Por qué está tan interesado Dios en santificar, purificar nuestro lenguaje, nuestra narrativa? Te voy a decir por qué. Porque nuestras palabras afectan todo en nuestra vida, no algunas cosas, todo en nuestra vida. Y si crees que estoy exagerando, solo tendrías que hacer un pequeño estudio bíblico. Y voy a mencionarte un par de pasajes, pero Proverbios capítulo 18, verso 21 dice que en la lengua hay poder de vida o de muerte. O sea, que nuestras palabras pueden traer vida, salud, fuerza o pueden traer enfermedad, muerte, desánimo. Nuestras palabras.
Isaías 6:5. El profeta Isaías dice: "¡Ay de mí! que estoy perdido. Soy un hombre de labios impuros y vivo en medio de un pueblo de labios impuros." El contexto del pasaje es que Isaías tiene una revelación de Dios, de la gloria de Dios. Isaías: "Wow, he visto a Dios, pero ay, estoy muerto porque he visto a un Dios santo y yo tengo, soy un hombre de labios impuros y vivo en un pueblo de labios impuros." Isaías dice: "Mi principal problema es cómo hablo." Qué impresionante.
De hecho, en Romanos, los primeros capítulos de Romanos, cuando Pablo está hablando de la humanidad que se ha apartado de Dios, dice: "Aunque tienen señales para reconocer a Dios, la creación es una señal. Tienen señales, rehusaron reconocer a Dios como Dios y darle gracias y adorarle. Lo es hablar."
De hecho, en nuestra vida, ¿verdad?, vemos que las palabras tienen poder creativo. De hecho, Dios, por ejemplo, ¿cómo es que creó la tierra? ¿Qué usó? ¿Qué usó Dios para crear la tierra? El poder de sus palabras, su voz. Jesús es la palabra, el verbo de Dios. En tus Si tú fuiste creado a imagen y semejanza de Dios, hay poder creativo y destructivo en tus palabras. De hecho, Jesús un día pasó por una higuera que parecía que tenía higos, ¿verdad? aparentaba algo que no y le dijo a la higuera: "Por andar de hipócrita, ya no vas a dar higos." Y la higuera se secó. O sea, que hay poder, escuche lo que estoy diciendo, hay poder creativo y poder destructivo en tus palabras. Y Dios quiere enseñarnos a usar nuestras palabras para crear, para producir, para levantar y para dar vida a lo que Dios quiere que haya vida a nuestro alrededor.
Santiago, ahora Santiago capítulo 3, verso 3, dice, sea Santiago el apóstol dice: "Cuando ponemos freno en la boca de los caballos para que nos obedezcan, podemos controlar todo el animal." Fíjense también en los barcos. A pesar de ser tan grandes y ser impulsados por fuertes vientos, se controlan por un pequeño timón a voluntad del piloto. Así también, así como el freno en los caballos, el timón en los barcos, así también la lengua es un miembro muy pequeño del cuerpo, pero hace alarde, se jacta de grandes hazañas. Imagínense qué gran bosque se incendia con tan pequeña chispa. Un gran incendio en el bosque empieza usualmente por una pequeña chispa. También la lengua es un ¿qué? Mira, mira, mira el simbolismo. Espíritu Santo, fuego. Fuego. Lenguas de fuego. Hechos. La lengua es es un fuego, un mundo de maldad entre nuestros órganos. Contamina todo el cuerpo y encendida por el infierno. O sea, que tu lengua puede ser encendida por el Espíritu Santo o encendida por el infierno. Encendida por el infierno prende fuego a todo el curso de la vida. El ser humano sabe domar y en efecto ha domado toda clase de fieras, de aves, reptiles y bestias marinas, pero nadie puede domar la lengua. Es un mal irrefrenable, lleno de veneno mortal. Con la lengua bendecimos a nuestro Señor y Padre y con ella maldecimos a las personas creadas a imagen de Dios. De una misma boca salen bendición y maldición. Hermanos míos, esto no debe ser así."
Dile a tu vecino: "Creo que esta palabra es para ti. Lo sentí ahorita, es para ti esta palabra, ¿verdad?" Está diciendo, escucha, está fuertísimo. Está diciendo que literal nuestras palabras, esto es Nuevo Testamento, ¿okay? Esto es nuevo, esto es nuevo, está diciendo que nuestras palabras afectan todo en nuestra vida y menciona cuatro áreas principales.
Dice: "Número uno, tus palabras, mis palabras impactan mi cuerpo." Es lo que está diciendo. Número uno, mis palabras impactan mi cuerpo, mi salud. Dile a tu vecino: "Tus palabras impactan tu salud." Ahora, si no crees esto, hay estudios ahora, hay estudios recientes, hay investigaciones acerca de la neuroplasticidad del cerebro. De hecho, Caroline Leff, una neurocientífica, ha hecho estudios y ella dice que las narrativas de tu mente, positivas o negativas, si es verdad o es falsedad, si es verdad, construye ADN sano en tu cerebro. Si es falsedad, construye ADN negativo en tu cerebro que te enferma, que literal enferma lo que dices, enferma tu cuerpo. Eh, lo que hablas es capaz de robarte tu autoestima, tu gozo. Mira más tu cara cuando estás ansioso. ¿Qué tienes? No. Y por dentro hay toda una narrativa. Está afectando literal tu cara, está afectando tu salud. Dicen de hecho que alguna gente engorda solo por hablar mal de sí mismos y de verdad, estúdielo. Es neuroplasticidad. En serio, porque estás pensando, viendo, de hecho muchos desórdenes alimenticios tienen que ver con la narrativa que tú crees acerca de quién eres. Te ves en el espejo y estoy feo, miren la arruga que me salió y esto y el otro, estoy envejecido. Todo eso, todo eso afecta tu salud. Imagínese, podrías adelgazar nomás hablando diferente. Bueno, y dejando la coca y las tortas también, eso ayudaría también, ¿verdad? Pero pero afecta tu salud, afecta tu estado de ánimo, afecta tu vida, tu salud. De hecho, Joel 3:10 dice: "Joel 3:10, diga el débil: 'Fuerte soy'." Años antes de todos estos estudios, la Biblia ya nos enseña que tenemos que alinear nuestras palabras a lo que Dios dice de nosotros, a la verdad de quiénes somos en Dios y no de cómo nos sentimos ese día o de lo que alguien dijo de nosotros. Tus palabras afectan tu salud. Tu salud.
Estaba yo muy ansioso antes de conferencia, unas semanas antes. Alguien fue a conferencia, alguien quiere que se repita conferencia. Fue increíble, pero unas semanas antes eh tenía bastante ansiedad y nos nos quedaba todavía un buen eh pues un buen para llegar a la meta y yo decía: "Voy a llegar y va a estar vacío aquel lugar." Y un día me levanté como 4 o 5 de la mañana en pánico, así este era yo solo y Kelly en el auditorio y Señor, que yo qué oso. Imagínate, ayúdame, por favor. Y Dios me hizo una pregunta, me dijo: "Andrés, ¿en cuántos días formé la tierra?" Le dije: "En siete." Dice: "No, en seis. El séptimo descansé." Así me estaba corrigiendo en mi en mi Sí, pues está bien, Dios en seis. Este y así me preguntó Dios: "Andrés, si en 6 días pude formar la tierra, ¿no crees que puedo resolverlo de conferencia en lo que falta?" Y la narra, yo creo que Dios me vio que me estaba enfermando, no podía dormir, yo creo. Dijo: "Le voy a ayudar a cambiar la narrativa, pero era mi responsabilidad. Le voy a creer a la narrativa de Dios o voy a creerle a la narrativa de mi realidad y de mis preocupaciones." Tú eres el Espíritu Santo te va a dar nuevas narrativas, te va a dar nuevas palabras. La Biblia te enseña nueva identidad, pero es tu responsabilidad empezar a hablar y crear con una nueva narrativa, nuevas palabras. Lo que Dios dice acerca de ti, eso afecta tu salud.
Segunda cosa, dice Santiago, dice que nuestras palabras, mis palabras afectan mi futuro. Diga conmigo: "Afectan mi futuro." Entonces, eh leímos en el pasaje que las palabras, la lengua, si es incendiada por el infierno, dice, prende fuego a todo el curso de la vida y también si es incendiada por el Espíritu Santo, afecta todo el curso de tu vida. Las dos funcionan. Sí. De hecho, Proverbios dice que del corazón, cuida tu corazón, porque del corazón, ¿qué? Mana la vida. Jesús Jesucristo dijo: "De la abundancia del corazón habla la boca." Y Santiago dice que tu boca, tu lengua afecta todo tu futuro. Afecta todo tu futuro. Demasiadas personas dicen: "Yo nunca voy a, nunca voy a encontrar pareja y menos con esa actitud. Nunca lo haces, nunca jamás. Este o nunca, nunca voy a tener salud financiera o o siempre voy a estar en deudas o o nunca voy a a poder lograr estos sueños o lo otro o no tengo las capacidades." Está demostrado el día de hoy. De nuevo, esto es por científicos cristianos. Demostrado. Esto no es humanismo, esto es Biblia. Demostrado que cuando tú empiezas a alinear tus palabras y tu narrativa con las promesas de Dios, con algo positivo de parte de Dios, que en tu mente se enfoca en lo que tú realmente crees que va a suceder. Entonces, por ejemplo, si tú realmente crees que no puedes hacer algo, tu mente no va a desarrollar ni la creatividad, ni va a buscar las opciones, ni soluciones para llegar a eso. Pero si crees que sí, entonces tu mente Dios la creó de tal forma que empiezas a tener ideas, creatividad, buscar soluciones, tocar puertas hasta que alcanzas y haces lo que tú sabes que Dios puso en tu vida para hacer. ¿Alguien me está siguiendo acá?
Por ejemplo, cuando yo empecé a predicar, cuando yo empecé a predicar, eh, yo predicaba muy mal, muy mal. Predicaba tan mal que la gente, en lugar de hacerse cristiana, se hacía atea. Así era, así era la onda, ¿verdad? Predicaba muy mal. De hecho, mi suegro me dijo el otro día, me dice: "Andrés, hoy en día entiendo más tus mensajes. Vas bien", me dice, "Te soy sincero. Dios bendiga a los suegros, ¿verdad? Sí, Dios los bendiga. Eh, dice, "Cuando empezabas a predicar", dice, "Era difícil, era muy difícil." Así me fue su manera de decirme, "predicarla." Sí. De hecho, un día estaba yo tan frustrado, le dije a mi esposa, le dije a mi papá, que era el pastor de la iglesia, le dije a Dios: "Desde hoy yo nunca más predico. Yo no voy a, amo a Dios, voy a servir a Dios, pero no predicar. No nací para esto." Unas semanas después, mi papá me dice: "Andrés, al otro lado de la ciudad hay una iglesia y no hay predicador. Necesitas ir tú." Le dije: "No, yo ya te dije a ti." Le dije a Kelly y le dije a Dios que yo no predico. Me dijo: "Bueno, trabajas para mí, vas a ir a predicar, ¿no? Ah, así de fácil, ¿no?" Este, y entonces, pues no tenía salida, ¿verdad? Entonces, en la semana eh tuve que cambiar mi narrativa, tuve que decir: "Señor, si tú quieres que predique, tú me vas a ayudar a predicar. Si tú quieres que predique, tú me vas a dar un mensaje. Si tú quieres que predique, me vas a enseñar cómo. Si quieres que predique, me vas a dar la unción para hacerlo." Dios se movió. Era una iglesia pequeña, 150 personas. Llegó el Espíritu Santo, gente fue sana, Dios me usó. Y sabes qué empezó, cambié mi narrativa, dije: "Okay, si Dios me llamó a predicar, entonces yo creo que con su gracia, su ayuda, lo puedo hacer." ¿Sabes qué empecé a hacer? Empecé a buscar libros para enseñar, para aprender a predicar. Empecé a estudiar a predicadores. Empecé a buscar la manera. Empecé a probar diferentes voces, empecé a probar qué me funciona, qué no me funciona. Empecé a probar que si el humor me funciona, no me funciona. Todo. Empecé a aprender a trabajar, a esforzarme, a practicar hasta que empecé a a predicar un poco mejor. Porque lo que tú realmente crees que puede suceder, Dios te formó de tal manera que puedes crear, puedes buscar potencial, buscar soluciones, buscar salidas hasta que lo logras. Vamos. Si va a aplaudir, hágalo con ganas, iglesia.
¿Qué cosas en tu vida, en tu futuro, estás limitando solo por tu narrativa? "No, yo no podría, yo no podría tener un trabajo así, una empresa así, una familia así, yo no puedo ser un buen papá." Pues si sigues creyendo eso, nunca vas a ser un buen papá. Pero si crees que Dios te llamó a ser un buen padre a tus hijos, Dios te va a dar las soluciones para hacerlo. Amén.
Mis palabras, número tres, impactan mi relación con Dios. Eh, Santiago dice que con nuestra boca sí bendecimos a Dios. O sea, que tiene también está conectado en nuestra relación con Dios. ¿No te ha pasado que de pronto has tenido una mala semana o qué sé yo y llegas a una reunión de oración o el domingo y estás alabando, adorando a Dios, estás orando y dices: "Oh, se siente bien, qué buena onda." ¿Qué cambió? Tus palabras. Quizás toda la semana estabas hablando, pensando y empezaste a cantar, a adorar o estás haciendo el trabajo y de pronto dejas ese podcast negativo tantito y empiezas a poner algo de alabanza, algo de la palabra de Dios y tus emociones cambian. ¿Por qué? Porque tus palabras afectan tu relación con Dios.
Hay una historia en Marcos capítulo, ¿está bien? ¿Están bien acá? ¿Les ayuda esto? Sí. Marcos capítulo 7, verso 24 al 30 de la mujer sirofenicia. Jesús le dijo a la mujer, lo puedes leer después, le dijo: "Por esto que has dicho, por lo que dijiste, por esto que has dicho, tu hija está sana." Por esto que dijiste. ¿Cuál es el contexto? Esta mujer es sirofenicia, no es del pueblo judío. Es gentil, no es del pueblo judío. Pero se entera que Jesús está cerca de su región, de su casa. Y va a visitar a Jesús y le dice a Jesús: "Jesús, por favor, mi hija está endemoniada, tiene convulsión, está enferma, por favor sánala." Y Jesús le dice algo impresionante. Le dice: "Mira, he sido enviado primero a los judíos y no es justo tomar el pan de los hijos y dárselo a los perros." Yo leo ese pasaje, digo, yo me he ofendido con Cristo solo de leer ese pasaje. O sea, está está mala onda, como que no lo entendía. De esas cosas que tú quieres como páginas que quieres arrancar, esa es una de las que yo quería arrancar en la Biblia. De verdad, está complicado. Hace poco restudiando el pasaje, eh orando eh más a fondo todo eso, entendí que Jesús no estaba diciéndole a la mujer perro. De hecho, sería una incongruencia del carácter de Cristo llamarle a un ser humano perro, porque él dio su vida por nosotros en el calvario. Es incongruente con su amor. Entonces, hay otro mensaje allí. ¿Qué le está diciendo? Le está hablando de orden a la mujer. Le está diciendo a la mujer: "He sido enviado primero en la estrategia del Padre. Primero en esta época predico a los judíos." Luego Jesús muere en la cruz, resucita, envía el Espíritu Santo y luego sale el evangelio a los gentiles. Ahora ha crecido tanto el evangelio entre los gentiles, nosotros que ahora nosotros estamos orando por y evangelizando a también a los judíos. Pero es una estrategia. Tiene sentido esto, ¿no? Hay es una es una estrategia divina. Entonces, Jesús le dice: "Mira, es un orden. Cuando comen las personas, no comen los Es un tema de orden." De hecho, ¿cuántos de ustedes tienen mascota? ¿Ustedes han estudiado cómo entrenar a un perro? Sí, tres de ustedes. Eso explica demasiado este por qué hay cosas, ¿verdad? Pero si estudias un poquito, te voy a dar dos tips. Hay un orden. Okay. Primer primer tip, cuando vas a entrar por una puerta, nunca dejes que el perro entre antes que tú. Mal hecho porque el perro cree que es más importante que tú y que tú lo sigas a él, que él es tu dueño, por eso no te hace caso, porque tiene es un hay psicólogos para perros dicen que es un complejo que el perro tiene y por eso no puede hacerte caso. O sea, que tendrías tú que dejar el perro, no, espérate. Y luego pasas tú y luego pasa el perro para que entienda que tú eres tú estás encargado. Okay. Otra cosa, cuando tú comas no comen los perros, se esperan. Comes tú primero y ya cuando tú terminas de comer, vas y le sirves al perro para que él sepa. Tú estás encargado. Tú tú eres el líder, no él. Okay. Entonces, ¿qué está diciendo Jesús? Simplemente hay un orden. Hay un orden. Ahorita están comiendo los judíos. Va a llegar el tiempo en que coman. No es que no es que le estaba llamando perro, estaba hablando de de orden. Pero la mujer, mire, si hubiéramos sido nosotros, ay, cómo me habló el pastor, yo ya me voy, yo no regreso a esta iglesia, o sea, nos ofendemos por mucho menos, por mucho menos. Malinterpretamos cosas de otros y de Dios muchas veces, pero la mujer dijo: "No, no, no, no. Él es, yo lo he visto actuar, lo he visto hablar. Él es bueno. Por lo tanto, lo que me dijo, lo puedo malinterpretar y ofenderme o puedo creer que él sigue siendo bueno, aunque me está diciendo lo que me está diciendo." Y sabes cómo responde la mujer: le dice: "Sí, ya sé, ya sé, pero aún cuando comen los hijos caen migajas y los perritos se sacian de lo que cae de la mesa. Así que aunque hay un orden, sé que eres tan bueno que algo alguito me puede caer ahorita a mí y a mi hija para que ella sea sana. Porque tú eres bueno. Tú eres bueno." O sea, esta mujer y y Jesús le dice Jesús le dice: "Por esto que has dicho, por tus palabras, escucha, iglesia, por tus palabras, tu hija está sana en este momento." Muchos de nosotros nos ofendemos con Dios. Job perdió todo y Job dijo: "Dios dio, Dios quitó. Bendito sea el nombre del Señor. Yo sé que mi redentor vive." Job en su duda, en su lucha, seguía creyendo que Dios es bueno, que Dios redime y que su nombre es bendito. Estoy hablándole a alguien que está pasando una prueba de fe el día de hoy, alguien que podría ofenderse con algo de lo que está pasando en tu vida y dices: "Quizá, quizá Dios ama a otros, pero no me ama a mí. Quizá Dios está siendo injusto conmigo." ¿Por qué no cambias tu narrativa y empiezas a decir: "Dios, yo sé que tú eres bueno, aunque no lo entiendo. Sé que trabajas todo para mi bien, aunque no lo entiendo. Yo sé que tú estás a mi favor, aunque no lo puedo ver." Tus palabras impactan tu relación con Dios.
Por último, tus palabras impactan a las personas. Impactan a las personas. Dice Santiago que con la boca bendecimos a Dios, pero también con la boca, ¿qué hacemos? Maldecimos. O sea, que hay, hay. Okay. Algunos piensan: "Pastor, no creo que mis palabras afecten tanto a la gente." Okay. Okay. ¿Hay alguna palabra que alguien ha dicho en tu vida que se te ha quedado? ¿Cuáles son las que más se te quedan? Las negativas. Y a veces es de alguien importante en tu vida. Puede ser un hermano, un amigo, un papá, un tío, un hijo, pero a veces hasta un desconocido dice algo y se te queda, se te pega. Ni nada tiene que ver en tu vida. Pues te pegó la palabra. Pues me explico, ¿a poco no? ¿O estoy mintiendo? Claro, tus palabras impactan. Impactan a las personas. Eh, algo está pasando ahorita, de hecho, justo ahorita, pero hay cosas que te han marcado muy fuerte y son las palabras de alguien más. De hecho, mi pastor siempre me enseña esto. Me dice: "Cuando corrijas a tus hijos, corrige la acción, pero construye la identidad. Nunca les destruyas la identidad cuando les corriges la acción." Le dije: "A ver, explíquenme tantito." Me dice: "Mira, por ejemplo, si le dices a tu hijo, mi hijo, recoge la habitación, tu habitación." Y el hijo está así sentado, tú le dices: "No seas flojo y a veces eres tan flojo como tu padre o qué sé yo." ¿Qué está pasando acá? Estoy hablándole a su identidad. Ese niño se va a acordar de la palabra flojo y esa palabra flojo se vuelve una identidad que luego él termina cumpliendo una profecía sobre su vida. Lo que dice mi pastor es: "No hagas eso." Dice: "Lo que tienes que hacer es esto." Tienes que decirle: "Hijo, yo sé que tú eres muy trabajador, muy excelente, muy bien hecho. Ahorita no lo estás demostrando, pero eso es lo que eres y tienes 10 segundos para recoger eso o estás en problemas." O sea, corrige la acción, pero construye la identidad. ¿Por qué? Porque muchos de ustedes quizá un maestro, una un amigo o un padre te dijo: "¿Por qué no entiendes que eres tonto? ¿Qué que eres lento? ¿Eres tonto?" Y quizá tú eres muy inteligente, pero has creído esa mentira por años que hay cosas que no puedes entender, que que que eres tonto, que tienes limitaciones en tu vida, tiene que ver con tu apariencia. ¿Por qué? Porque las palabras impactan. Y te estoy hablando algo tan impresionante. Tus palabras con la gente que trabajas, tus palabras con tu familia, con tus padres, tus hijos, tus palabras en esta ciudad, en este país, impactan. Impactan. Y que se diga de los que seguimos a Cristo Jesús que nuestras palabras animan, crean vida, crean identidad, crean fuerzas nuevas, crean gozo en las personas. Que se diga de los padres y madres cristianas que sabemos decir buenas cosas a nuestros hijos.
La pregunta es, ¿cómo cambiamos nuestras palabras? Santiago dice que es imposible domar la lengua. O sea, estamos fritos, pues. A poco no dices, "Esa es la última vez que digo eso" y te dura el gusto 3 días, 3 horas. No se puede a fuerza de voluntad o a fuerza de religiosidad, no se puede. De hecho, religiosamente podrías dejar de decir ciertas palabras y te las mueres la lengua, pero está la narrativa en tu mente y buscas maneras pasivo-agresivas de seguir diciendo lo mismo sin usar esa palabra, porque el que juzga juzga y no puede dejar de juzgar porque es su identidad.
Entonces, ¿cómo dejamos o cómo cambiamos o modificamos? Hay una manera. Jesús lo dijo en Lucas 6:45: "El que es bueno de la bondad que atesora en el corazón produce el bien, pero el que es malo de su maldad produce el mal. Porque de lo que qué de lo que no le escucho, de lo que de lo que abunda en el corazón, ¿qué habla la boca?" Entonces, ¿qué pasó en el Pentecostés? En el día de Pentecostés, ¿qué sucedió sobre esta gente ordinaria que quién sabe cómo hablaba? Llega el Espíritu Santo y en lugar de decirles: "Habla bien, habla bien." ¿Qué hizo el Espíritu Santo? Que es bueno. Es el tesoro bueno. Él es el él es quien nos hace buenos. Yo no soy bueno, pero él es el tesoro bueno que me hace bueno. ¿Qué pasó? El Espíritu Santo, llega el Espíritu Santo, lenguas de fuego llena a esas personas y no tienen otra más que hablar bien. Lo digo de este lado. Cuando eres lleno del Espíritu Santo, no tienes de otra más que empezar a hablar bien. Yo te reto a estar en un momento en donde estás en adoración, lleno del fuego del Espíritu Santo. Está difícil hablar mal porque estás lleno de la bondad del fuego del Espíritu Santo.
¿Qué es lo que tenemos que hacer? Pues dejar de llenar nuestro corazón con cosas negativas, dejar de llenar nuestro corazón con cosas que no son verdad y empezar a llenar el corazón con la abundancia de la palabra, de la verdad de Dios, con la presencia del Espíritu Santo. Necesitas todos los días. ¿Quieres cambiar tu boca? ¿Quieres cambiar tu salud? ¿Quieres cambiar tu futuro? ¿Quieres cambiar? Tienes que empezar a transformar lo que hay en tu corazón. Toma unos momentos todos los días y llénate. Llénate de la presencia de Dios. Quizá en la mañana antes de salir en el metro, en lugar de escuchar a Bad Bunny, pon, pon una de verdad, pon una alabanza. ¿Por qué? Porque las palabras de otros te impactan y tus palabras impactan a otros y empieza a filtrar qué llena tu corazón. Yo le estoy creyendo a Dios que en estas semanas de un fuego en mí, que estamos llegando al día de Pentecostés, el 24 de mayo, Dios va a estar llenando tu vida con un fuego que santifica, purifica, restaura y nos enseña a hablar diferente. Amén.
Oramos. Si quieres ponerte de pie, ¿te ayuda esto? Si quieres cerrar tus ojos, si quieres abrir tus manos un poco al cielo, una postura de oración, lo que tú acostumbres. Espíritu Santo, ven, ven sobre cada uno de nosotros ahí en tu lugar. ¿Por qué no unos momentos dile: "Señor, perdóname por esas palabras que yo he dicho acerca de mí mismo que me han afectado. No puedo, no voy a hacer, no lo voy a lograr." Es más, di conmigo: "Yo cancelo el poder de esas palabras que yo he dicho y que otros han dicho que me han impactado. Yo soy lo que tú dices que soy. Yo puedo hacer lo que tú dices que puedo hacer. Mi futuro será lo que tú me has prometido." Señor, yo cancelo esas palabras. Enséñame a hablar bien, Señor. Transforma mi lenguaje. Transforma la narrativa en mi mente, en mi corazón. Tu palabra dice que llevemos cautivo todo pensamiento al liderazgo de Cristo. Y hoy llevamos cautivo todo pensamiento en el nombre de Jesús. Y Espíritu Santo, te pido que llenes nuestras vidas, llena nuestros corazones, llena nuestras mentes de la bondad, del tesoro de la bondad de Dios. Llénanos, Señor, que entendamos que el proceso para transformar como hablamos es llenarnos nuestro corazón del Espíritu Santo, de la verdad de Dios, de la palabra de Dios, de la presencia del Espíritu Santo.
Gracias por ver este mensaje el día de hoy. Mi deseo es poder ayudarte en tu caminar de fe con Cristo Jesús. Quiero animarte a suscribirte, a compartir el mensaje con amigos y también a seguirnos en redes sociales. Gracias de verdad. Dios te siga bendiciendo.